Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

Más que un sueño hecho realidad. Cap 5 -Final-

CAPITULO 5. La promesa que floreció.

Los días pasaban y los ensayos se volvían cada vez más demandantes; la fecha del debut estaba cerca y teníamos que dar lo mejor de nosotros.

La convivencia se había vuelto mayor, todos estábamos más unidos, y justo como el señor Hyung había dicho, eso se veía reflejado en nuestro trabajo en equipo.

Por fin llegó el día que tanto había esperado. Esa mañana el señor Hyung nos había despertado una hora antes de lo habitual, diciendo que ese día no iríamos a la agencia, cosa que a todos nos extrañó. Era día de estudio, nos dijo; todo estaba arreglado para nuestro primer día de grabación. Al escuchar esto hubo lágrimas de felicidad por parte de todos nosotros; hacía ya un par de semanas que habían sido elegidas las canciones que estarían en nuestro sencillo debut. Habíamos estado practicando todos los días y comenzábamos a creer que debía haber algún problema, o que a los directivos aún no les convencía nuestro trabajo porque a pesar de todo, aún no habíamos grabado nada y eso sólo podía significar una cosa: el debut se había pospuesto.

Cuando llegamos al lugar de grabación, nuestras energías estaban a tope. Realmente éramos felices. Sabíamos que tras grabar el sencillo, el siguiente paso sería grabar el video promocional y sería cuestión de pocos días para que nuestro trabajo llegara a los medios. La descarga de adrenalina recorría mi cuerpo de pies a cabeza, casi no podía creerlo…

Pero lo que resultaba aún más increíble, era lo que sentía por él, mis sentimiento se habían vuelto menos confusos y más fuertes con el paso de los días. Desde aquella noche, llegábamos a casa y platicábamos horas enteras hasta que el cansancio y el sueño se apoderaban de nosotros; ahora sentía que lo conocía y sin duda alguna, lo quería… Lo quería mucho… a veces sentía lo quería demasiado; y por la forma en que me miraba, el tono de su voz cuando me hablaba, la delicadeza con que me trataba… todo de él me demostraba que también me quería.

Y todo cuánto sentía ahora me hacía feliz, si bien al principio me asustaba, el temor poco a poco se fue quedando en el pasado; lo único que a veces me perturbaba era la incertidumbre de no saber cómo era que él me quería. A veces era tan dulce y tan atento conmigo… pero otras veces era tan frío e indiferente que dolía. Algunas veces era tan amable y lindo con los demás, sobre todo con Yunho, y eso me molestaba un poco y a él parecía no importarle; otras veces, en cambio, era él quien parecía molesto cuando Jaejoong o Changmin pasaban mucho tiempo conmigo. Ahora le conocía, sí… pero aún así, a veces no podía entenderlo en lo absoluto…

-¿Qué tanto piensas Junsu?- La voz de Yunho era tranquila cuando se puso en cuclillas frente a mí.-Si lo miras así, ¿qué vas a dejarle a sus fans?-

-¡¿Ah?! No! Yo sólo estaba repasando la canción…- Le decía mientras me sonrojaba sujetando un puñado de hojas dentro de una carpeta.

-Jajajaja… si tú lo dices…- Su risa sarcástica me hizo reparar en que tenía las partituras de la canción al revés.

Yunho tenía razón, yo miraba a Yoochun, tratando de encontrar en sus ojos las respuestas a las dudas que me atormentaban. Lo miraba a través del cristal de la cabina mientras cantaba, viendo como me miraba fugazmente de vez en cuando.

No… no podía decirle lo que sentía… era un cobarde, el miedo al rechazo no me dejaba decirle nada… a veces incluso trataba de convencerme a mi mismo diciéndome que así era mejor, no quería que esto que sentía por él fuera un problema para el grupo, y mucho menos ahora que apenas comenzábamos.

-Oye, Yunho… ¿te puedo hacer una pregunta un tanto personal?- Mi vos denotaba inseguridad, y no era para menos, lo que quería preguntarle no era algo fácil de responder.

-Claro!… ¿qué es lo que quieres saber?- La seguridad en su mirada me dio la sensación de que ya sabía lo que quería preguntarle.

-Tú… quieres mucho a Jaejoong, ¿verdad?- No pude mirarlo a los ojos mientras le hablaba, la razón detrás de mi pregunta me hizo enrojecer, así que giré mi rostro hacia otro lado tratando de evitar que se diera cuenta.

-Sí! Así es… lo quiero mucho, ¿Qué no es más que obvio?- Un pícara sonrisa se dibujó del lado derecho de su boca… ¿sabía la intención de mi pregunta?¿Acaso estaba jugando con mi mente? Debía mostrarle determinación…

-No, eso es más que obvio…- Le decía con una sonrisa llena de complicidad. –Me refería más bien a qué tipo de afecto es el que sientes por él.- Sí, creo que eso dejaba más en claro lo que quería saber. –Él es más que un amigo para ti ¿no es así?- Por fin lo había dicho…

-¡Claro que es más que un amigo para mí!…- Sinceramente envidié con todo mi corazón la seguridad en sus palabras. –Él es mío… es mi juguete… pero eso ya lo sabías ¿no? Se lo digo todo el tiempo!- Decía con una gran sonrisa mientras se ponía de pie y colocaba sus brazos cruzados por detrás de su cabeza. –No podría vivir sin él…- Sus palabras fueron más un susurro para sí mismo.

-Yunho, entras a cabina en tres minutos…- Le decía el asistente del ingeniero de audio.

-¡Por fin! Bueno… espero haberte sido de alguna ayuda.- Lo sabía… él lo sabía… sabía lo que yo sentía por Yoochun… lo que no sabía era cómo o por qué… -Y si puedo darte un consejo: siempre es mejor ser sincero… Nunca sabrás lo que puedes tener hasta que te decidas a buscarlo ¿no crees?- Decía guiñándome un ojo mientras se perdía de mi vista al dar vuelta por el pasillo.

Me quedé en silencio sentado en el piso mirando el piso, pensando en lo que iba a hacer con mis sentimientos a partir de ese momento. Aunque la respuesta de Yunho no había sido la que esperaba escuchar, sus palabras me dieron mucho que pensar.

Una sombra tenue me bloqueó la luz. Para mi sorpresa, cuando levante la mirada me encontré directamente con sus ojos.

-Yunho me dijo que me estabas esperando porque tenías algo muy importante que decirme… ¿qué es?- La dulzura en su voz me hizo pasar por alto mi deseo de patear a aquél pequeño demonio…

Me puse de pie torpemente. Los nervios mezclados con los latidos desenfrenados de mi corazón me estaban volviendo loco. Nuevamente sentí como la sangre se agolpaba en mis mejillas.

-Si, tengo algo importante que quiero decirte… pero no creo que aquí sea el mejor lugar para decírtelo… ¿puedes esperar hasta que volvamos a casa?- No podía mirarle, estaba en shock, así que miraba alrededor viendo a toda la gente que pasaba una y otra vez cerca de nosotros, escondí mis manos en los bolsillos de mi chamarra, ver cómo temblaban podía serle hasta preocupante.

-¡No! Ni puedo ni quiero esperar… ¡vamos!- El tono firme y profundo de su voz me sacó del trance hipnótico en que me habían sumergido los latidos de mi corazón. Con un movimiento inesperado y brusco, me tomó del brazo y me arrastró a través de un largo corredor  escaleras arriba.

Conforme caminábamos, las luces comenzaron a atenuarse, hasta volverse un haz a medio desaparecer entre la oscuridad. Por más que miraba a mí alrededor, no encontraba a nadie, y todo cuanto pude ver cuando nos detuvimos, fueron cajas y cajas apiladas unas sobre otras dentro de lo que probablemente era una bodega.

-¡Listo!… aquí no hay nadie… ¿qué es lo que me quieres decir?- Su voz volvía a ser gentil y suave, pero la fuerza con la que sus dedos se cerraban alrededor de mi brazo era todo lo contrario.

-Yoochun… me estás lastimando…- Me daba un poco de miedo su reacción, así que mi voz fue más como un susurro.

-¿Ah? ¿Qué dijiste?- Me decía acercándose un poco a mí con una tierna sonrisa.

-Que… me lastimas…- Le repetía mientras miraba su mano aferrando mi brazo.

-¡Ah! ¡Discúlpame!…- Ahora era él quien se sonrojaba al tiempo que me soltaba y retrocedía un paso. -¿Te hice daño?- Su mirada denotaba una gran preocupación.

-No te preocupes… no pasa nada… más daño me hago yo cuando me caigo de la cama, ¿verdad?- Le decía yo con una gran sonrisa a la vez que suavemente le tocaba el brazo, aunque la verdad era que quería abrazarlo, pero no me atrevía.

Mi comentario había cumplido su cometido, él sonreía. Y mientras yo pensaba en lo que quería y no podía hacer, él sorpresiva e inesperadamente me abrazó, como si supiera exactamente lo que estaba pensando, lo que necesitaba.

-¿te molesta?- Me susurraba dulcemente al oído; sentía cómo los latidos de mi corazón se aceleraban con cada sílaba que salía de su boca. -¿Sabes algo…?- Podía sentir a través de mi camiseta sus latidos, a un ritmo tan desenfrenado como el mío. –Tenía ganas de hacer esto… en verdad deseaba mucho volver a hacer esto…- Sus brazos aferraban mi cuerpo como si temiera que fuera a irme para siempre.

-Yo… no me iré a ningún lado Yoochun… yo voy a estar a tu lado siempre…- Mi corazón hablaba por mi y comenzaba a sentir que mi cerebro cedía ante mis sentimientos en el momento en que mis brazos se cerraron alrededor de su espalda. –Yo quiero estar contigo siempre…- Mis palabras se ahogaron en mi boca en el instante en que él me besó. Suavemente colocó sus manos sobre mis mejillas, gesto que correspondí, poniendo mis manos sobre las suyas.

-Toda mi vida esperé por este momento…- Sus lágrimas rodaban incesantemente a través de sus mejillas, brillando levemente a media luz mientras apoyaba su frente sobre la mía. –Esto era un sueño que creí que jamás se haría realidad… pero apareciste tú aquella tarde y desde ese momento sólo anhelaba poder estar así contigo… me prometí esperar a que te dieras cuenta… de que yo… yo…- Sus palabras se perdieron entre su respiración y su llanto, me dolía verlo llorar, pero la sonrisa que se asomaba en sus labios me hacía entender que sus lágrimas no se debían a ninguna tristeza.

-Yo no podía entender lo que sentía… simplemente porque nunca antes había sentido algo así… ¿pero sabes?…- Le susurraba mientras secaba sus lágrimas tiernamente. –Me alegra que hayas sido tú… me siento inmensamente feliz de que fueras tú la primera persona de quien me enamoré…- Por fin había podido decírselo. Mis sentimientos al fin llegaban a su corazón.

Quise decirle “Te amo”, pero no me dio tiempo de nada, lo único que supe fue que de nuevo me besaba… la calidez de sus manos sobre mi rostro… el roce suave y tibio de sus labios sobre los míos… y el compás de nuestros corazones latiendo al mismo ritmo me decían claramente que todo lo que había soñado hasta ahora, en el momento en que me tomó entre sus brazos, se había vuelto más que un sueño hecho realidad.

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