Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

Anís. Cap1

Anís.

Capítulo 1.

Hace dos años ya que te conocí, Jin.
Yo siempre iba a caminar allí, sin embargo nunca antes te había visto, incluso conociendo a varias personas que frecuentaban el lugar.

Aquél día iba caminando sobre la avenida principal, totalmente solo y cabizabajo. Era la primera vez que no asistía acompañado y me sentía extraño, de pronto me detuve ya que, un chico se paró frente a mí e interrumpió mi camino.
Lo miré pero él no me miraba, era un poco más alto que yo y llevaba gafas oscuras y un sombrero que cubría parte de su rostro, el pelo suelto a la altura del hombro.
Tan sólo se quedó de pie frente a mí.

Me dispuse a dar media vuelta y retomar mi recorrido, después de todo, a eso iba; ciertamente no esperaba que aquél chico hiciera o dijera algo, pero él tomó una tarjeta de un bolsillo en su pantalón y me la acercó al tiempo que susurraba ‘toma esto, por favor’.
Así lo hize y después en lugar de mirarlo, me quedé leyendo aquella tarjetita blanca serigrafeada, solo aparecía un número telefónico acompañado de una dirección.

Levanté suavemente el rostro y le pregunté decididó:
– ¿Quién eres?.
– Akanishi… Llámame. – Luego el se retiró los lentes y guiño el ojo derecho al tiempo que sonreía.
Me pareciá increíble la gentileza de sus gestos pero sólo asentí y seguí caminando.

La calle estaba repleta de parejas que iban a ese sitio para tener algún encuentro; también había grandes tiendas de juguetes, revistas y películas, todo, de una calidad obsena increíble. Parecía el paraíso de la lujuria.
Yo sin encambio, solo acudí a ese sitio para comprar una revista, quería ver al que fue mi amante con su nuevo juguete… Quería también, tomar mi corazón y destrozarlo por completo.
Llegué al último local sobre la calle, el A-801-AB.

– ¡Ah, Kazuya-kun!. ¿Qué te trae por aquí?. – Misaki, el empleado, corrió a darme la bienvenida.
– Hola Misaki, emm he venido a comprar la PikkuPikku 181… ¿La tienes?.
– Sí sí, es muy pedida, pero aún tengo algunos ejemplares. ¿Es esa dónde sale Ueda-san?-
– … Sí… Esa… – Misaki fue a la bodega y volvió con un ejemplar.
– ¡Aquí tienes!… Por cierto, Kazuya… Escuché que Ueda-san y tu…
– ¿Ya no éstamos juntos?. – Interrumpí.
– Sí… Eso… ¿Es cierto?.
– Es cierto…
– ¡Oh Kame-kun!. ¡Lo siento tanto!.

Era repugnante ver a Ueda besar a alguien más, no soportaba nisquiera la idea de saber que alguien más estaba a su lado, totalmente desnudos y uno sobre el otro acariciándose y riéndose de mí sobre esas páginas totalmente impresas a color…
Pero, entre ellas, había una foto particularmente encantadora, era de Ueda, aparecía sólo. Mi Ueda.
El rostro de Ueda, sus ojos totalmente cristalizados a punto de estallar… Perdió el encanto dicha imagen cuando advertí las próximas lágrimas.

– Así que tú nuevo juguete es malo en la cama ¿eh?. – Me atreví a bromear.
La verdad es que por dentro estaba muriendo, pero quería tomarlo todo con humor y olvidar.
Tomé el móvil y comenzé a marcar el número impreso en la tarjeta.

– ¿Sí, diga?. – Contestó alguien desde el otro lado.
– ¿Quién eres?. – Pregunté de nuevo.
– ¿Quién habla?. ¿Quiéres servicio?. – Evadía mi pregunta.
– ¿S… Servicio?.
– Creo saber quien eres, me interesas. ¿Yo te intereso?.
– ¡¿Quién eres?!.
– Sigue la dirección de la tarjeta, te estaré esperando. – Colgó.

No estaba seguro de asistir a aquella reunión improvisada. Sí, tenía curiosidad pero no tanta.
Seguí hojeando la PikkuPikku… Quería morir, gritar, olvidar.
Tomé mi saco, la billetera, las llaves y salí corriendo.

Afuera hacía frío y estaba lloviendo, el lugar no quedaba muy lejos, pero aún así llegué empapado y cansado.
El chico de la tarde abrió la puerta.
– ¡Viniste!. ¡Adelante, pasa!. – De nuevo era amable conmigo.
– Eh… Buenas noches, disculpa que llegará así… Además ahora, estoy ensuciando aquí y vengo empapado…
– No te preocupes, viniste y eso me hace feliz…
– ¿Perdón?.
– Es decir, tú, ese chico con el que tropezé… Aquí, en mi casa… Bueno, eso me hace feliz. – El chico fue por una toalla y me la ofreció.
– Gracias…
Cuando ya estaba algo seco, él me ofreció pasar a su ducha para regular mi temperatura y así no enfermar. Accedí.

Abrí la llave mientras me desvestía y colgué mis ropas allí mismo, el agua era tibia y el baño era simple pero bien decorado, era cómodo.
Después, mientras me estaba mojando, alguien tocó a la puerta, era él.
– Perdón, te traje ropa… Me llevaré la tuya y la pondré a secar en otro sitio. Espero que esta te quede bien.
– Sí gracias, muchas gracias. – No podía verlo por la puerta corrediza de la ducha.
– ¿Estás disfrútando del baño?.
– Sí, es agradable… – De pronto, él corrió la puerta y entró conmigo, había suficiente espacio para los dos y quedé maravillado con ese atrevimiento de su parte. Su cuerpo estaba perfectamente moldeado.
– Y… ¿Qué tal ahora?. – Preguntó suavemente.
– Sí, lo disfruto. – Respondí.
– Me alegra… Por cierto, me llamo Jin, Akanishi Jin. ¿Y tú?.
– Jin… – Susurré. – Mi nombre es Kamenashi, Kamenashi Kazuya.
– ¿Kazu-chan?… Es lindo. – Dijo mientras se acercaba para besarme, correspondí a su beso, la tentación era grande y el agua escurriendo por su cuerpo, seductora.
Luego, él me beso más mientras aferraba sus manos a mi pelo. Me fascinaba aquella actitud decidida, el sabía lo que estaba haciendo.

Aquél encuentro no fue nada más que besos y caricias, incluso si la erección de Jin era notoria, no pasó a más.
Se detuvo mientras me miraba encantado, después me plantó un par más de besos en el cuello. Yo sólo sonreía.
Jin salió de la ducha y me ofreció una toalla, también me mostró el lugar exacto de la crema y cualquier otra cosa que pudiera necesitar… El salió con una toalla encima cubriendo su espalda.

Cuando terminé y salí, Jin llevaba puesta una enorme y suave camisa blanca y pantaloncillos de mezclilla.
– ¿Tienes que salir?. – Dije.
– No, no.
– Ah, entiendo. – Jin me ofreció a tomar asiento sobre el sofá y colocó dos tazas de té sobre la mesa.
– ¿Gustas un poco de té, Kazuya?.
– Sí, gracias… – Me acerqué para tomar un ligero sorbo. El sabor era suave.
Jin se acercó y me acarició el pelo.
– Me gusta como te ves con el cabello húmedo. – Añadió.
– A Ueda también… – Susurré.
– ¿Perdón?. – Me tomó por los hombros y se acomodó de modo que quedáramos de frente. Yo dejé la taza sobre la mesa. – ¿Estás saliendo con alguien?. – Preguntaba con cara de preocupación,
– No, no es eso… – Miré hacia abajo, no podía sostenerle la mirada.
– ¿Estás mintiendo Kazuya?. – Aunque el enojo de su parte era evidente, el me sostenía suavemente.
– No te estoy mintiendo… Eso ya terminó… Hace mucho tiempo. Es sólo que… Lo recordé ahora…
– Kazuya, no seas imbécil. Eso ya terminó, ¿verdad?. Bueno, pues ya olvídalo… Por favor, olvídalo…. – Jin se inclinó para plantarme un beso en la frente.
Yo me sentí seguro una vez más desde aquél día, sentí apoyo de su parte.
Su tacto era caliente y sus besos cálidos.

Seguí bebiendo… Jin se levantó y se fue hacia otra habitación, lo seguí.
Él sólo estaba recostado con los ojos cerrados y una expresión triste, me acosté a su lado y lo abracé, me miró sorprendido.
– Lo siento Kazuya, todo pasó muy rápido. ¿No?.
– No, eso no importa Jin… Esta bien. – Lo abracé mucho más fuerte.
Permanecímos así algunos minutos, luego, nos quedamos dormidos.

Cuando desperté, todo estaba en completa oscuridad y silencio; los automóviles ya no pasaban por las calles. Tomé el móvil para ver la hora ‘3:30am’.
Era tarde, habíamos dormido mucho.
Después, noté que Jin ni se encontraba dormido a mi lado. Salí a buscarlo.

Él estaba en la cocina recalentando sobras de comida.
– ¡Kazuya!, que bueno que despertaste, ¿tienes hambre?. – Preguntó cuando vió que me acercaba.
– Sí… Un poco…
– Toma asiento, en un momento estará listo… – Cuando Jin terminó todo, lo puso sobre la mesa y me invitó a probarlo, así hice…
– Umm… ¡Está rico!. – Le dije.
– ¿Sí, te gustó?. – Preguntó sorprendido.
– ¡Sí!. ¿Qué es?.
– Umm… Bueno… Sobras de Yakimeshi de pollo, un poco de calamar, curry del otro día…
– ¿¡Enserio es todo eso!?. – Y aunque la mezcla era extraña, me gustaba…
– Sí. – Jin mostró una sonrisa sincera y me acercó un trozo de pollo para que lo comiera, luego, él también comío un trozo y así sucesivamente hasta que terminamos.

Después, Jin se llevó los platos y cuando volvió se inclinó a mi lado.
– Quiero pasar más tiempo contigo, Kazuya.
– A mi también me gustaría… – Le dije.
Jin me abrazó de nuevo, un abrazo eterno que disfruté.
En ese momento también pensé, que definitivamente quería pasar todo mi tiempo a su lado.
Tal ves era una situación extraña, yo… Involucrándome con un extrao, comiendo en su casa, duchándome con él… Sí, era extraño pero a mi me parecía bien.
Cualquier persona lo llamaría destino.

Después de eso, Jin me cogió la mano y dijo que me llevaría a un sitio especial…
Me dirigió a unas escalas que se encontraban al lado de su habitación, luego tras subir algunos escales, aún tomados de la mano, llegamos frente a una puerta negra; Jin giró la perilla y el espectácuo que ví enseguida fue maravilloso…
Habíamos llegado a la azotea de su departamento, no había tantos edificios y el paisaje era encantandor, contrastaba con el gran cielo nocturno perfectamente estrellado…

Jin nos llevó hacia un rinconcito sobre el piso, pidió que me recostará… Él se recostó a mi lado una vez más.
– Este lugar es agradable…
– Sí, por eso te traje aquí. – Dijo-. Además, donde éstamos acostados, es el sitio ideal…
– ¿Sueles venir aquí a menudo?.
– No realmente, sólo cuando tengo tiempo…
– ¿Ahora lo tienes?.
– Para tí, siempre lo tendré, Kazuya.
Jin me encantaba cada segundo un poco más. Me acurruqué entre sus brazos mientras el me besaba suavemente.

Al día siguiente, desperté nuevamente en la habitación de Jin. Él todavía estaba durmiendo, era temprano según aseguraba el reloj despertador.
Tomé mi móvil y sigilosamente enfoqué su rostro. ¡Clic!.
Era una fotografía extraordinaria; Jin durmiendo boca abajo con una expresión tranquila y amigable en el rostro, su pelo castaño revuelto por todos lados… Jin abrazando una almohada mientras la sábana le cubría apenas un poco más debajo de la espalda.
Lucía como un ángel y era mí ángel.

Me acosté junto a él de nuevo. Frente a frente.
Unos minutos después, cuando estaba cayendo en un sueño vacilante, sentí como Jin me acariciaba la cabeza, lentamente abrí los ojos y le sonreí, él también me miraba así…
– Buenos días Kazuya… – Dijo en voz baja, luego me plantó un beso en los labios.
– Buenos días Jin… ¿Dormíste bien?.
– Si estabas conmigo, sí. ¿Tú?.
– Sí, dormí muy bien…
– Entonces, tendrás que venir a dormir conmigo todos los días. – Decía pícaro.
– ¿Puedo?. – Y yo, le seguía el juego.
Sonó el timbre del departamento, Jin se puso la misma camisa que la noche anterior y fue a abrir.
Yo me quedé allí esperando a su regreso…
Diez minutos más y no volvía.
Me levanté y me dispuse a espiar por la puerta. Apenas alcanzaba a escuchar la voz de Jin y la de otro hombre.

– Akanishi-san, te necesito…
– Ya te dije que se acabó, no hay más…
– ¡Pero tú eres el que me buscó Akanishi!… Y luego, te necesité… Por favor… Una vez más házme tuyo… Lléname de placer… Te pagaré por eso y lo que te debo… – Aquella persona, sonaba histeríca, comenzaba a gritar.
– ¿Puedas dejar de gritar?. – No te necesito a tí ni a tu dinero. ¡Ya no!. ¡Lárgate de mi casa!.
– Akanishi… – El llanto era evidente en su voz quebrada. – Hace una semana… ¡Te necesito!. ¡Házme el amor de nuevo!. ¡Debe ser fácil para una persona como tú!.
– ¡CÁLLATE Y VETE DE AQUÍ!. – Jin también estaba gritando, se escuchaba enojado.
Yo tenía ganas de salir y detener aquella pelea cuya razón no comprendía del todo, comenzaba a entender la clase de vida que llevaba Jin… Sabía que no debía involucrarme más.

Tomé mi ropa seca, me la puse, hice la cama y me ahogé en lágrimas.
Ya no escuchaba la discusión y Jin entró a la recámara, corrió a abrazarme. Me quedé callado.
– Perdona por todo ese alboroto… Se ha ido. – Me levanté, aparté a Jin de mi lado, tomé mis cosas y salí tan rápido como pude de allí..,

Jin salió corriéndo detrás de mí y logró alcanzárme, me envolvió entre su abrazo por detrás.
Me detuve esperando escuchar una explicación lógica.

– Kazuya… ¿Puedo explicarte?. – Preguntó entre sollozos.
– ¿Qué cosa?. – Dije fríamente.
– Entre… Esa persona y yo… No hay nada, ¿sí?. Kazuya, no te equivoques, el único que me importa eres tú… Yo, me dedicaba… a eso… Pero, hace una semana que lo dejé y luego, llegáste tú y con más razón decidí dejarlo… – La voz de Jin estaba completamente quebrada, él me abrazaba fuertemente.
– Entonces si pensáste dejarlo, ¿qué hacías en aquél lugar?.
– Fuí a un bar… Pero antes de llegar, tropezé contigo… ¿Tú que hacías ahí?.
– Fuí a comprar una revista…
– Kazuya, ¿quiéres volver a mi casa?.
– Sí… – Dí la vuelta, tomé su mano y regresamos.

Cuando entrámos, Jin se sentó en el sillón más grande de la sala; yo me acosté sobre sus piernas.
Jin me acarició el pelo y también detrás del oído, sin saberlo, Jin acariciaba mi punto débil y también mi favorito. Yo, sonreía.

– ¿Te gusta Kazuya?.
– Sí… Me gusta… – Con sus finos dedos fue recorriendo mi cabeza, mi cara y mis labios. Comenzó a llorar de nuevo.
Sus lágrimas cayeron sobre mi rostro.
– Jin… Jin… – Yo también lloraba ahora.
Jin se inclinó más y quedó a pocos centímetros de mi cara, se cubría el rostro con las manos.
– ¿Por qué lloras?.
– Lo siento Kazuya… – Se limpió las lágrimas y me mostró una sonrisa fingida.
– No tienes que hacer eso Jin… – Me levanté y lo abracé tan fuerte como pude, él se aferró a mi abrazo y dejó escapar más lágrimas que antes.
– Kazuya, quiero terminar con esto… Quiero dejar de ser un objeto sexual al que todos recurren para olvidar… Quiero… estar… contigo… Kazuya… – Antes de que yo pudiéra decir algo, él sigió hablando mientras se ahogaba en llanto. – Pero, sé que mi pasado… Eso a lo que me dedicaba…. Probablemente tú no puedas entenderlo…
– ¡No digas eso Jin!, lo entiendo… ¡No me importa a que te dedicabas!; es tú vida, tú sabes lo que haces y además, eres alguien atractivo y joven… Además… Tienes toda una vida por delante, necesitas dinero… – Jin rió.
– ¿Dijiste atractivo?.
– Eh… Sí… No… No es que quise decir eso. – Jin se abalanzó sobre mí y me tiró contra el sofá.
Nos besamos.
– Jin, yo te apoyaré siempre… No te preocupes.
– Gracias Kazuya. – Un beso más… Diez besos más.
– ¿Porqué a mí sólo me besas?.
– ¿Qué quieres decir?… ¿Quiéres ser parte de mí?. ¿Quiéres que sea parte de tí?.
No quiero hacer algo que tú no quieras. – Jin me seguía besando. – Además, no quiero que seas mi objeto y ya. Sí llego a acostarme contigo, será por amor. – Añadió.
– Entonces… Ámame…
– Te amo. – Jin sellaba cada una de sus suaves palabras con un beso.

Una hora después, Jin se estaba duchando y yo miraba televisión cuando salió el anuncio de un nuevo parque de atracciones donde la entrada era gratuita por inaguración.
Jin salió del baño, iba secándose la cabeza y sin prenda alguna, después de todo, era su casa y él era libre de andar por ahí desnudo.
Se detuvo frente al televisor.
– ¿Te gustaría ir allá, kazu-chan?
– ¿Kazu-chan?.
– Me gusta…
– Kazu-chan quiere ir a ese lugar.
– Bien, pues irémos. Voy a vestirme. – Jin se fue hacia su habitación.

Cuando salió, iba vestido con un pantalón pescador de mezclilla, una playera negra de manga corta y encima otra corta a cuadros y rayas rojas con blanco, cuello en “V”.
Además, llevaba el pelo recogido en una coleta y una gorra negra.
– Te ves bien… Además, ¡hueles a anís!.
– Jajaja, gracias… – Jin apagó todo y salímos.
El camino fue corto, pero agradable; cuando llegamos al parque, estaba repleto de personas, había desde parejas y grupos de amigos, hasta familas completas.
Jin y yo ibamos tomados de la mano.
Parámos en un puesto de algodón de azúcar. Jin compró uno de color azul, lo acercó a mí para que comiera, él también se acercó para darle otro mordisco mientras yo comía, la gente nos miraba perpleja.

Conforme segímos caminando, Jin cortaba pequeños trozos y me los ponía en la boca, casi como si estuviera alimentando a un bebé, luego, me besaba mientras el algodón se deshacía en nuestras bocas.
Las personas nos dedicaban miradas reprobatorias, a mí me incomodaban aquellos murmullos y acusaciones, pero Jin me cobijaba entre sus brazos mientras yo me apoyaba en sus hombros… Así, olvidaba todo lo demás.
Subímos y entramos a algunas atracciones, fuímos a comer y así se fue volando la tarde entera.
Volvímos a su departamento.

– ¿Tienes que ir a casa Kazu-chan?.
– No, no tengo que ir…
– Entonces, ¿te quedas conmigo?. – Dijo emocionado.
– Quiero quedarme contigo, tonto. – Fuí por un vaso de agua y cuando regresé Jin no estaba, lo busqué y nada…
Escuché un fuerte ruido en las escaleras, fuí a ver.
Jin se estaba riéndo mientras estaba tumbado sobre el último escalón.
– Tropezé. – Seguía riéndo.
– ¿Estás bien?. – Y a mí, me invadía la preocupación.
– Sí, sí… ¡Mira Kazu-chan, vamos arriba!. – Se levantó y subimos corriendo hacia la azotea.
Otra vez, el paisaje era de admirarse. – Aquí dormirémos hoy. ¿Qué te parece?.
– ¡¿Enserio?!… ¡Es una buena idea!. – Noté que Jin ya había llevado un futón hasta aquél sitio, fuí a acostarme. Jin sólo se sentó.
Así permanecímos un largo rato, charlando, hasta que comenzamos a dormir…
– ¿Estás durmiendo Kazuya?. – Susurró.
– No… – Lo abracé.
– ¿Sabías que te amo?. – Dijo.
– Y yo te amo a tí… – Jin se colocó sobre mi cuerpo y me besó, luego acarició detrás de mi oído y siguió besando.
Lentamente le quité la camisa y la playera, luego desabotoné sus pantalones y también lo despojé de ellos. El también hizo lo mismo conmigo.
– ¿Está bien, Kazu-chan?.
– Sí…
Nos seguímos besando y acariciándo. Jin llevaba el control y besaba suavemente, también me repetía hermosas palabras y besaba por todas partes.
Jin acomodó mis piernas y también su cuerpo, lentamente jugueteó con mi miembro y luego dejó entrar al suyo.
– Ahh Jin… Ahh… – Le arañé la espalda mientras el placer me invadía.
Él entraba y salía, siempre con cuidado intentándo no lastimarme.
El aroma de su cuerpo; anís, invadía todo el ambiente. El viento era fresco, no se escuchaba ruido alguno además de nuestros silenciosos gemidos.
Yo arqueába mi cuerpo, Jin jugueteaba.
– Ahhhh, te amo Kazuya. – Besába, acariciába, jugaba, mordía, disfrutába.
Cuando terminamos, estábamos bañados de pasión y también, estábamos cansados.
– Ahora tú también hueles a anís. – Dijo Jin mientras comenzaba a dormitar.
Su aroma se había impregnado en mi cuerpo tras aquél acto de amor.
Siempre que hacía el amor con Jin, terminaba yo con su olor tan característico

Dos meses después, Jin y yo ya vivíamos juntos. Y un año más tarde, fue suficiente para que decidiéramos estar juntos por siempre.
Un día común y corriente, Jin despertó muy amoroso y no paraba de besarme.
– Jin, amor, tengo una pregunta desde que te conocí…
– ¿Qué cosa?…
– ¿No dicen que las prostitutas no besan en la boca?. – Jin se echó a reír, me dió un leve golpe en la cabeza y añadió…
– Pues yo, sí. – Me besó.

Ya por la tarde, Jin estaba leyendo el periódico y yo preparaba la comida cuando alguien llamó a la puerta, fuí a abrir y me congelé cuando del otro lado del portal encontré a un sonriente Ueda con un enorme ramo de flores.
– Ueda… ¿Qué haces aquí?.
– ¡Kame!… Investigué tu dirección, compré las flores, llegué aquí y tadan~. Además, he venido a felicitarte Kame, me da tanto gusto que seas feliz. ¿Puedo pasar?.
– Sí claro, adelante… – Tomé las flores, lo presenté con Jin y fuí por un jarrón y algo de agua.
Jin y Ueda charlaban, luego se dieron un fuerte apretón de manos y un abrazo.
Eso me sorprendió.
Luego, Ueda volvió conmigo y me abrazó también felicitándome de nueva cuenta.
– Oye Kame, ¿cambiaste tú colonia?. – Preguntó.
– No… ¿Por qué?.
– Hueles como… ¡A anís!. – Dijo… Yo, en el rostro de Jin noté una sonrisa de complicidad dirigida a mí.

¿Recuerdas?…

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