Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

Anís. Cap2

Capítulo 2.

Ueda se despidió rápidamente de Jin y me pidió que lo acompañará hasta la puerta, así hice.
Me dio un abrazo más y me dijo que estaría disponible siempre que llegara a necesitarlo, enseguida; plantó un beso sobre mis labios. No le correspondí en lo absoluto.
Él simplemente sonrió y se fue sin decir nada más.

Aquél acto hostil de su parte me sorprendió y volví hacia donde se encontraba Jin, él actuaba indiferente.
– Esas flores que trajo Ueda, son lindas. ¿Verdad?. – Rompí el silencio.
Pero Jin en su lugar, tomó el florero y lo arrojó hacia el piso así como todo lo que encontraba a su paso; yo seguía perplejo.
Jin no decía nada, simplemente arrojaba todo y pisoteaba las flores pasando sobre ellas una y otra vez.
Cogió sus llaves de su automóvil, su saco y salió dando un fuerte portazo tras de sí.

Me eché a llorar sobre el sofá en el que alguna vez lo había echo antes, no soportaba ver a Jin en ese estado, pero tampoco podía hacer nada.
Era la segunda vez que peleábamos enserio desde que lo conocí, así que no sabía bien como manejar dicha situación.
Las lágrimas fluían velozmente sobre mis mejillas, sentía un gran vacío.
No sabía que hacer así que lo único que logré hacer antes de caer presa del sueño, fue enviar un mensaje de texto.
-”Por favor, regresa… Te amo, Jin”-.

Jin estaba junto a mí, me acariciaba y sonreía…
Sonó el timbre principal, desperté por la insistencia de las timbradas con los ojos hinchados y la vista nublosa. Jin había llegado.
Me miró con despreció y arrojó sus cosas sobre el sofá.
– Jin…
– ¿Qué quieres?. – Dijo fríamente mientras miraba las flores que yacían sobre el piso.
– Jin… – Era todo lo que podía decir.
Me agaché para recoger las flores y los pedazos de vidrio, eran tan finos que no noté cuando algunos trozos se clavaron en mis manos, hasta que comencé a sangrar. Jin se percató enseguida y fue a ver si estaba bien; sangraba mucho y Jin me miraba ahora con cara horrorizada.
Fue por unas vendas, alcohol y unas pinzas para quitar los pedazos de vidrio.

Lo hacía pacientemente intentando no lastimarme.
Cuando terminó, mi mano estaba cubierta de vendas y Jin de mi propia sangre. Me abrazó y pidió perdón.
– Lo siento tanto Kazuya… Perdóname, perdóname.
– ¿Porqué te disculpas?.
– Me enojé, actué torpemente y mira lo que te ha pasado, perdóname…
– Está bien Jin… No siento nada. – Jin pegó más su cuerpo contra el mío y así permanecimos varios minutos.
Cuando fuimos a dormir, me dolía la mano, pero no dije nada.
– Buenas noches Jin… Te… Amo…
– Buenas noches Kazuya… – La respuesta fría de Jin me hizo notar que él seguía molesto. Le dí la espalda en la cama, cosa que nunca hacía, pues siempre dormía abrazándolo.

Al día siguiente, Jin no estaba durmiendo, en su lugar y por toda la habitación había pétalos de diversas flores.
Quedé maravillado y me levanté corriendo para ver sí Jin se encontraba en casa.
– Jin, Jin…
– ¡Kazu-chan!. – Jin lucía tan animado entre todos esos pétalos regados por todos lados. – ¿Dormiste bien?. ¿Cómo se encuentra tú mano?.
– Bien, bien. Jin… ¿Ya no estás enojado?.
– ¿Qué quieres desayunar, Kazu-chan?. – Después de todo, seguía evadiendo el tema.
– Nada… No tengo hambre ahora. – Jin recogió algunos pétalos del piso y los esparció sobre mi.
Luego, dijo que tenía que ir a arreglar algunas cosas y volvería pronto.
La verdad, es que nunca volvió.

Pasó un día y Jin no volvía, algunos pétalos aún estaban frescos, no contestaba a su celular ni los mensajes.
Comenzaba a desesperarme y ya estaba casando de llorar y llorar.
Cerré todo y volví a mi departamento.
Todo estaba igual a como lo había dejado la última vez que viví ahí.

Una semana fue suficiente para que yo me encontrará en un estado denigrante, sentía que podía morir en cualquier momento.
Dejé de comer, sólo dormía y no salía para nada.
Un sobre blanco se deslizó bajo mi puerta.
Fui a ver quien lo había dejado ahí, cual fue mi sorpresa al encontrarme con Ueda otra vez.

– ¡AH!. Kame… No sabía que estabas aquí.
– Estoy aquí… ¿Tú qué haces aquí?.
– ¡No luces nada bien!. ¿Puedo pasar?. Si quieres podemos ir por un café o algo que gustes… ¿Estás bien?.
– ¡NO ESTÚPIDO UEDA!. ¡TODO ES POR TU CULPA!. – Estaba armando tremendo revuelo fuera de mi departamento, así que Ueda se invitó a pasar por sí sólo, después de todo, estaba tan acostumbrado.
– Kame… Sé que no estás con Jin…
– ¡¿QUIÉN TE HA DICHO ESO?, ¿TE LO HA DICHO ÉL?!… – Yo gritaba, lloraba y golpea el pecho de Ueda con todas mis fuerzas.
– La verdad… No. – Dejé de golpearlo porque el me tomó por los hombros y me arrojó contra la pared, luego me besó detrás de la oreja.
– ¡Aléjate de mí!. – Lo empujé también.
– Kame… Quiero, volver contigo.
– ¡Cállate!. – Ueda ya no renegó más y permaneció en silencio.
Luego giró y abrió la puerta; ambos quedamos paralizados al encontrar a Jin del otro lado.
Ueda pasó rápidamente a su lado y se fue corriendo.
Jin iba vestido de la misma manera que el día en que lo conocí, no dijo nada, recogió el sobre blanco que se encontraba en el piso y me lo entregó.

Encima de él tenía escrito ‘Perdóname’ y al reverso, un horrible dibujo de una pequeña tortuga con un corazón y a un sujeto abrazando a la tortuga.
Sabía que eso lo había echo Jin y no Ueda.

Parte 2:
Cuando recogí el sobre y leí lo que venía dentro, me emocioné tanto que abracé fuertemente a Jin y eche a llorar, él tan sólo se reía de mí y también me abrazaba.
Era la primera vez que Jin me escribía una carta, también era primera que me dejaba entrar a su corazón de una manera tan profunda.
Jin había dicho que me necesitaba.

Se separó de mi abrazo y me arrojó lentamente contra la pared del corredor principal y comenzó a besar con pasión; mis finos cabellos castaños se enredaban entre sus dedos cuando él los pasaba sobre mi cabeza.
Suavemente te aferraba a mí y aprovechaba la ocasión para reponer el tiempo perdido entre los dos.
Yo pensé que Jin sólo esperaba besarme hasta que se cansará, pero no fue así; hábilmente mientras besaba, también desabrochaba mis pantalones y me despojaba de la sucia playera que llevaba puesta, así, yo también hacia con él mientras mis manos recorrían su cuerpo bañado en éxtasis.

Jin y yo ahora estábamos completamente desnudos, así que él con sus manos me dirigió hasta el piso del departamento.
Ahí, medio sentados, Jin estaba sobre mí y yo recargado en la pared, él se movía como si aquello fuese un concurso de baile y él quisiera ser el ganador a como de lugar; sus sensuales movimientos me atrapaban por completo.
Nuestros cuerpos rozaban una y otra vez entre sí, por lo que efusivamente nuestros miembros se acariciaban cuando rozaban.
Coloqué mis piernas sobre sus hombros y él quedo arrodillado.
Jin besaba mi entrepierna y dejo a su lengua juguetear un poco con el miembro erecto que se encontraba frente a él. También acariciaba la parte más sensible de éste y después daba un leve mordisco.
Todo en un suave movimiento de caderas por su parte.
Sus rodillas raspaban una y otra vez contra el piso, pero a él parecía no importarle en absoluto, pues a pesar de los raspones, el sudor y el placer culposo, el seguía haciendo lo suyo.
Entre gemidos alcanzó a decir:
– Hacía mucho que no estábamos juntos así, ¿verdad Kazuya?.
– Sí Jin… Te extrañe tanto.
– Y yo a ti.
– No te vayas nunca más, ¿está bien?.
– Lo prometo.

En ese momento, comencé a llorar, ya que para mí una semana sin él era como una eternidad y no podía soportarlo más. Simplemente no imaginaba como sería sí no estuviera más conmigo. No quería pensar en eso.
Jin por su parte, se notaba mucho más tranquilo y lleno de vida, no sé si estaba agradecido conmigo o demasiado excitado, pero cualquiera que fuera el caso, yo lo amaba y me encantaba compartir mi vida con él y poder estar a su lado.
Cuando Jin se detuvo e incluso las caricias y los besos lo hicieron con él, comprendí que todo había terminado.

Jin se levantó y arrojó mis ropas contra mi cara, se sacudió las rodillas que estaban cubiertas de heridas y se vistió de prisa.
– Bueno Kazuya, tenemos que volver a casa.
– Sí, ya voy. – Yo por mi parte, me vestía lentamente mientras notaba como Jin observaba de reojo mi cuerpo.
Me acerqué a él mientras el se quedaba mirando de arriba a bajo pues
apenas llevaba puestos los pantalones desabrochados.
– Vístete rápido Kazuya… – Se agachó para perderme de vista.
Lo tomé por la cara y lo mije fijamente, él apartó mis manos y me besó una vez más, así que vacilamos otro rato.
Luego, él me ayudo a vestirme y nos marchamos.

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