Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

Parallel World Cap.2

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 2: El llanto que cantaba en una sonrisa.

Aunque le daba pena por Ishigaki, a Ueda le gustaba que viviera en el quinto piso, porque así podía hacer un poco de ejercicio al tener que subir las escaleras, pues el edificio no tenía elevador, después de todo, no podía vivir en un lugar muy costoso porque su trabajo a medio tiempo no se lo permitía.

Como siempre, tocó el timbre una vez y luego golpeó suavemente con la mano dos veces. De inmediato, aquella voz tan familiar le respondió desde el otro lado y luego su amable sonrisa le dio la bienvenida cuando abrió a puerta.

-Hola! En verdad no creí que fueras a llegar tan rápido…- Se hizo a un lado para que pasara y luego cerró la puerta.

-¿Por qué? Te dije que no tardaría…-

-Es que dijiste que sólo te bañarías y eso… pero siempre tardas horas en arreglarte!- Bromeaban como de costumbre mientras caminaban hacia la cocina.

-En verdad hiciste las crepas?!- Ueda apenas si podía creerlo cuando las vio en un platón, listas para ser preparadas.

-Claro! Dijiste que querías desayunar eso, no?-

-Waa~! Gracias Dai-chan!- No era para nada raro que entre ellos se trataran con bastante cariño, habían sido amigos desde que Ishigaki entró a la escuela secundaria donde Ueda estudiaba, comenzando una gran amistad debido a su afición por la música… su amistad había sido cuidadosamente cultivada todos estos años, y nunca nadie ni nada había logrado perturbarla ni siquiera un poco. Hasta Akanishi a menudo se sentía celoso por la forma en la que amos se trataban, y a pesar de lo que muchos pensaban a veces, ellos nunca habían sido ni serían algo más que amigos.

-Gaki… gracias! Ya dejó de sangrar…- Ueda volteó  enseguida al reconocer aquella voz, podía olvidar los rostros de las personas fácilmente pero no sus voces, aunque apenas si cruzaron palabras, su oído no podría haber olvidado aquella voz… nunca se equivocaba.

-Ah! Yori-kun…- Le respondía amable Ishigaki al verlo en la sala.

-Ustedes… se conocen?- Preguntaba Ueda un tanto incrédulo al ver que Ishigaki, quien generalmente llamaba a todos por su apellido, trataba tan familiarmente a aquel chico.

-Sí, él es mi kohai en la universidad… aunque eso es un poco raro ya que es un año más grande que yo jejeje, como sea!… se llama Fujiie… Fujiie Kazuyori…-

-Mucho gusto… Soy Fujiie…- El chico se puso rojo hasta las orejas y apenas si lo miró cuando le dio la mano.

-Igualmente… yo soy Ueda Tatsuya…- sus miradas se cruzaron inevitablemente cuando Ueda le sonrió, Fujiie no pudo quitarle los ojos de encima, algo en su pecho le había dado un vuelvo increíble… era algo que nunca antes había sentido… y mucho menos con un chico. -Lamento muchísimo lo que pasó hace rato, cómo se encuentra tu rodilla?- Ueda de inmediato fijó su mirada en el vendaje que se había colocado cuidadosamente con cinta micropore.

-Sí, no fue nada grave no te preocupes… apenas si molesta… no te preocupes…- Fujiie se apresuraba a negar con ambas manos, simplemente resultaba adorable aún cuando moría de nervios.

-¿Eh? Ya se conocían? Tat-chan, tú fuiste quién derribó a nuestro pequeño Yori en el parque?…- Al instante sus mejillas se tiñeron del mismo tono rojo intenso de sus labios cuando Ishigaki dedujo lo que había pasado.

-Gaki!… también fue mi culpa por ir corriendo distraído… porque yo sí lo vi… él a mí no…- Ueda miró de reojo a Fujiie y le dirigió una cálida sonrisa mientras volvía inclinarse a modo de disculpa.

-Ok, ok… entre que fue culpa de Tat-chan o fue tu culpa, mejor desayunemos… supongo que te irás antes de que se ponga el Sol, verdad?- Aquellas palabras no obtuvieron la reacción habitual de parte de Ueda, en vez de una tímida sonrisa y su típico “no digas esas cosas!”, esta vez, por un breve instante antes de que girara su rostro hacia otro lado, Ishigaki creyó ver un par de lágrimas luchando por escapar de sus ojos melancólicos… sólo ese par de segundos fueron suficientes para que se diera cuenta de que Ueda y Akanishi habían terminado. Sin embargo, aún cuando él lo sabía perfectamente , lo veía sonreír y actuar como si nada pasara, lo cual no hacía más que preocuparlo por cómo se sentía en realidad, Ueda siempre había tenido problemas para mostrar sus sentimientos, debido a su entorno siempre había sido tímido y muy reservado, así que sí, definitivamente estaba preocupado por él.

Hacía mucho que no tenían un rato tan agradable juntos, la compañía de Akanishi se le había vuelto casi intolerable, odiaba el modo en que trataba a Ueda… sobre todo porque Ishigaki lo había descubierto mucho antes que su mejor amigo… Akanishi se había estado acostando con uno de sus compañeros de clase… un chico delgado de cabello oscuro al que Ueda conocía muy bien y a quien le tenía mucho aprecio… Kamenashi Kazuya… su compañero de casa.

La impresión de encontrarlos juntos había sido demasiada para el pobre chico… Ishigaki lo sabía perfectamente, había sido él quien abrazó a Ueda mientras lloraba desconsoladamente tras dos horas en las que sólo se quedó derrumbado en el piso de su departamento, justo bajo la ventana desde donde ahora miraba el exterior,  sujetando con fuerza su mano sin decir una palabra… casi como si fuera un muerto en vida… y es que en cierta parte, ese día había muerto algo dentro de él.

Ahora no podía evitar sentirse culpable, después de todo había sido idea suya citar a Akanishi para hablar una última vez… Ueda no tenía ni la menor intención de volver a su lado… sólo había algo que no era capaz de perdonar… la traición. Simplemente quería que Akanishi le explicara qué había pasado entre ellos, porque la incertidumbre lo estaba matando… el no saber qué había pasado cómo para que las cosas hubieran terminado así lo estaba torturando al grado de robarle el sueño y e apetito… las dos cosas que más disfrutaba en la vida después de la música. Preocupado por su estado, Ishigaki le sugirió hablar con él una última vez, creyendo que Akanishi no se negaría, después de todo, en un par de días hubiera sido su cuarto aniversario juntos y eso debía ser algo aún para alguien como él. Pero al parecer nada de eso había tenido importancia para Akanishi, al menos ya no.

Y por primera vez en la vida, le dolió verlo sonreír… porque entendió a la perfección que detrás de esa radiante sonrisa que tenía mientras ponía más helado de chocolate en el plato de Fujiie, se escondían amargas y dolorosas lágrimas dentro de su corazón.

-Ishigaki… ¿él es quien te ayuda con tu proyecto de tesis?- Le preguntó Fujiie cuando Ueda se levantó para llevar los platos sucios a la cocina.

-Sí, Tat-chan es en verdad increíble… mucho más talentoso que yo…- Ueda se avergonzaba un poco cuando escuchaba que dijera esas cosas porque le parecían sólo exageraciones de su amigo.

-¡¿eeh?! Me cuesta creer que haya alguien que toque mejor que tú el piano…- Fujiie puso sus ojos sobre aquel misterioso chico.

-Pues deberías creerlo… él fue quien me enseño a tocar y quien despertó en mí el amor por la música…- Ishigaki siempre hablaba así de Ueda, para él era un amigo muy importante y con quien siempre estaría profundamente agradecido.

-¿De verdad?… Me gustaría escucharlo tocar algún día…- Su interés por aquel chico que caminaba hacia el fondo de la habitación seguía creciendo a medida que sabía más de él.

-Será en otra ocasión porque hoy sólo tocará la guitarra para mí…-

-¿Qué…? ¡¿También toca la guitarra?!- Estaba en verdad sorprendido.

-¿Están hablando de mí…?- El repentino aumento en el volumen de voz de Fujiie los delató inevitablemente, por lo que se avergonzó al ver que Ueda lo miraba divertido de que se llevara las manos a la boca como para detener las palabras que ya habían sido pronunciadas.

-Así es… sólo presumo a mi querido Tat-chan…- Realmente disfruta ésa expresión en el rostro de su amigo cuando se ruborizaba.

-Sueles ser exagerado, sabes?- Ueda continuó conectando los cables de la guitarra que tenía en casa de su amigo al amplificador. Aunque a Akanishi  también le gustaba mucho la guitarra, en casa no podía practicar a gusto, pues se ponía de muy mal humor si no lo dejaba dormir por la tarde antes de irse  a trabajar; así que mejor había optado por practicar en casa de Ishigaki durante esas horas.

Fujiie no pudo evitar mirarlo con los ojos abiertos de par en par… aunque Yonemura, su senpai y amigo de la Universidad con quien estaba empezando una banda, era de verdad bueno… No temía equivocarse al afirmar que la técnica de Ueda era mucho mejor… algo en su música… en su forma de tocar… algo en él lo hacía un espectáculo maravilloso… y de pronto le pareció ver a alguien completamente diferente frente a sus ojos… alguien sin ataduras… absolutamente libre como ésa melodía… y entonces entendió que éste era el verdadero Ueda Tatsuya… el que se fusionaba con cada cuerda, cada acorde, cada note… y por varios minutos ni él ni Ishigaki pudieron hacer o decir nada excepto contemplar aquella escena… como si ambos temieran que desapareciera si parpadeaban siquiera.

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