Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

Parallel World Cap.9

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 9: La caja desbordante de recuerdos.

 

 

A primera vista creyó que era una chica, nunca antes lo había visto con lentes, así que se sorprendió al reconocerlo una vez que pasó junto a él. No lo había visto, caminaba escribiendo algo en su celular. Así era mejor, seguía demasiado impactado por todo, no tenía cabeza para hablar con el chico en ese momento. Lo vio caminar hasta el mostrador. Por todo lo que llevaba en la bandeja pudo deducir que era de buen apetito, lo miraba divertido.

-¿Yodogawa-san?- Era imposible que Ueda no lo viera pues no le quitaba los ojos de encima aún cuando según Yodogawa estaba siendo discreto.

-Yodogawa, está bien…- Al final, terminó invitándolo a sentarse.

-Ok, entonces llámame Ueda, si?- A pesar de lo cansado que se veía, su sonrisa era amable y reconfortante, casi como si brillara. Ishigaki amaba esa sonrisa… probablemente Fujiie también se había enamorado de aquella sonrisa.

-De acuerdo…- Ya que no le quedaría de otra más que convivir con él, trató de hacerlo más agradable para ambos. -¿No has ido a casa desde ayer? Pareces cansado…- Al verlo recordó lo que a menudo mencionaba Ishigaki a modo de broma: para Ueda  dormir y comer eran cosas tan sagradas como la música.

-Estoy bien… sólo debo comer algo y estaré como nuevo…- Un bostezo cortó sus palabras. –También te ves cansado, estuviste tan preocupado que no dormiste, verdad?- Se sorprendió de que a pesar de que apenas si se conocían, pudo ver a través de él con tanta facilidad.

-Ah… no pasa nada… ya tendré tiempo para dormir…-

-Si, verdad? Yo también creo lo mismo… aunque no perdono mis horas de sueño…- Nuevamente sonreía. Le dolía admitirlo, pero era un buen chico y seguramente haría feliz a Fujiie.

 

Antes de que se diera cuenta, ya estaba sonriendo y disfrutando de su compañía. Ambos eran un poco tímidos cuando no conocían mucho a las personas pero aún así, en cuanto empezaron a hablar de música, congeniaron de inmediato. La verdad es que Ishigaki se sorprendió bastante al verlos llegar juntos.

-¡Yodi!- Fujiie se veía realmente feliz de verlo. -¿Cómo te fue en el examen?- Recogió sus pies haciéndole un ademan con la mano para que se sentara.

-Ah! Genial!… ¡Hubieras visto! Hasta Okamoto-sensei elogió mi batería!- Parecían dos niños platicando emocionados.

-¿De verdad? ¡Ah~! ¡Felicidades!- Verlos así le recordaba bastante a Ishigaki a cómo siempre habían sido él y Ueda desde la secundaria.

 

La enfermera había terminado de quitarle el suero a Fujiie y le había suministrado algunos medicamentos en la sonda para mitigarle el dolor que comenzado a sentir cuando el efecto de la anestesia empezó a desaparecer.

Poco rato después, Yonemura e Igo llegaban a la habitación con las mochilas repletas de bocadillos, dulces y comida chatarra. La enfermera tuvo que ir a pedirles que guardaran silencio pues sus risas se escuchaban por todo el pasillo. Al final decidieron llevar su fiesta a la azotea para no molestar a los otros pacientes. El resto de la tarde fue divertida y hasta un poco musical, pues de la nada Yonemura y Fujiie habían empezado a cantar y el resto no se pudo resistir a unírseles cuando, quien sabe porque, comenzaron a canciones de L´Arc~en~Ciel. Siempre se divertían mucho cuando estaban juntos, pero hoy era aún más porque, contrario a su apariencia calmada y taciturna, Ueda estaba igual de zafadito que ellos, así que de inmediato encajó en su mundo como una pieza de rompecabezas faltante.

 

Para cuando llegó la noche ya estaban muchos más calmados, habían brincado, corrido y jugado tanto que habían quedado exhaustos; ahora estaban quietecitos, sentados en la salita mirando un concierto de X-Japan en la televisión.

-Creo que iré a casa a darme un baño y a cambiarme de ropa aprovechando que están ellos aquí, no quiero dejarte solo… está bien? Sólo voy y vengo, lo prometo…- A Fujiie le pareció simplemente adorable; más que avisarle, le daba la impresión de que le estaba pidiendo permiso, sin duda era demasiado educado.

-No te preocupes, quieres? Tómate tu tiempo, te aseguro que no me pasara nada si te vas un par de horas… por mucho que te extrañe y aún si siento que muero, te prometo que no moriré…-  Fujiie era así, bromista y dulce, por eso no era cosa rara que todos y todas creyeran que era “lindo” y “divertido”.

-Fujiie…- Ueda se había sonrojado al escuchar aquello… Miró hacia donde estaban los demás y al ver que nadie los estaba mirando, puso su mano sobre la mejilla de Fujiie y se inclinó para besar tiernamente sus labios. –Volveré enseguida…- Fue lo que susurro sobre su boca antes de verlo sonreírle.

-Sip… ver con cuidado….- Ese detalle de Ueda le había gustado bastante, además de ser educado era caballeroso. De algún modo se sentía como una princesa, y aunque la idea no le resultaba del todo encantadora, tampoco le desagradaba mucho si el príncipe era Ueda. Lo último que vio fue su cabello meciéndose suavemente al compás de sus pasos antes de que se cerrara la puerta. De algún modo esa imagen le produjo un escalofrío a través de toda la espalda… era como una especie de mal presentimiento al cual por supuesto no quizo prestarle mucha atención, después de todo, no había nada más que pudiera pasar después de lo que le había hecho Akanishi…

 

Ueda caminaba por la avenida a paso un poco más aprisa de lo habitual. Por primera vez en su vida sentía que tenía que llegar lo más rápido posible a casa, ¿la razón?, simplemente quería volver al lado de Fujiie lo más pronto posible. Unas cuantas cuadras después de salir del hospital, las pequeñas y frías gotas de lluvia comenzaron a resbalar a través de los cristales de sus anteojos, por lo que volvió a guárdalos en el bolsillo interior de su suéter negro, el cual prefirió abotonarse.

 

Todo en su casa estaba tal cual lo había dejado. Sobre la mesita brillaba la lucecita roja de la contestadora. La miró con desdén; probablemente sería de nuevo Akanishi dejando como mil mensajes en otro de sus arranques de ebriedad y nostalgia mezclados con soledad en los que lo echaba de menos porque no estaba Kamenashi a su lado… no sería la primera ni la última vez que lo hacía desde que se había ido de casa vivir con su “nuevo amor”.

 

Aún así oprimió el botón para reproducirlos… en efecto era él… furioso como muy pocas veces se sentía, sacó el pequeño casete de la máquina y jaló con brusquedad la cinta; no quería volver a escuchar su voz adictiva y venenosa diciéndole que lo extrañaba, que lo necesita ni mucho menos que dijera que aún lo amaba… estaba harto de él. Ahora que tenía a Fujiie podía ver claramente que lo que tenía con Akanishi no era más que una vil mentira. Todo este tiempo había sido usado por la persona a la que amaba con todo su corazón… la persona que le daba todo su amor a alguien más.

 

Su enojo era tan grande que, sin pensarlo dos veces, tomó la caja del último amplificador que había comprado y comenzó a meter dentro todas las cosas de Akanishi que aún estaban en la casa. Para cuando  terminó, estaba sentado junto a la caja, apoyando la espalda contra la pared y con las piernas extendidas, mirando como parecía que las cosas terminarían por desbordarse… ropa, discos, tazas, fotografías, libros y un montón de cosas más eran arrastrados por el pasillo y colocados afuera junto al resto de la basura.

-¡Bien!… Ahora a darme una ducha…- Cerró la puerta con fuerza al entrar y comenzó a desvestirse de camino al baño, nada disfrutaba más después del ejercicio que tomar una larga ducha con agua caliente, sólo que esta vez, su baño tendría que durar cuando mucho 15 minutos pues ya hacía más de dos horas que se había ido del hospital y quería volver ya, de algún modo había empezado a sentirse inquieto y eso le desagradaba, pues no sabía la razón. Aún así se sentía mucho más relajado una vez que salió. Se vistió rápido, un pantalón de mezclilla oscuro y una camisa de vestir blanca, medio anudó su corbata negra y se puso los calcetines; secó un poco el exceso de agua en su cabello, se lavó los dientes y se puso los zapatos, un poco de mouse en el cabello, un saco y casual junto con sus guantes. Entró a su habitación, tomó el bolso que a veces hacía de maleta de mano y metió dentro un par de pijamas que aún no habían sido sacadas de su empaque junto con algunos productos de uso personal como shampoo,  cepillos y pasta de dientes, jabón y cosas por el estilo que pensó que podrían necesitar, cerró el bolso y salió de la habitación. Dio un vistazo alrededor antes de abrir la puerta… ahora era sólo su casa, ya no quedaba ni rastro del paso de Akanishi, mirara por donde mirara ya no había ya no había nada que les hubiera pertenecido ni a Akanishi ni a Kamenashi. Y aunque todavía quedaban recuerdos por toda la casa, en ese momento se dio cuenta de que hacía ya un par de semanas que habían empezado a tornarse borrosos… era como si de algún modo hubieran empezado a desaparecer. Y aunque por un instante se sintió triste porque eran demasiados años de memorias juntos, al mismo tiempo sentía que por fin podría cambiar de página e iniciar algo nuevo… algo real. Dio una última mirada, como despidiéndose de lo que ya nunca más sería y tomó el picaporte. Al abrir la puerta se topó directamente con él, quien al parecer estaba a punto de llamar a la puerta.

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