Johnnylandia

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Parallel World Cap.12

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 12: La verdad detrás de un “te amo”.

 

 

El doctor y el guardia por fin habían salido de la habitación. Ueda no lograba entender muy bien el por qué Fujiie había decidido mentirles y ocultar lo que Akanishi había estado a punto de hacerle diciendo solamente que era alguien de la escuela con quien tenía problemas. Le daba la impresión de que no quería causar más problemas y que tampoco deseaba que le pasara nada malo a Akanishi. Fujiie era ese tipo de persona a la cual no le gustaba traer problemas a los demás ni que le sucedieran cosas feas a la gente que apreciaba.

 

Después de que el médico revisara su mano y descartara cualquier daño adicional, por fin volvieron a quedarse a solas dentro de la habitación. Ahora el chico yacía dormido entre sus brazos después de haber estado jugando con su cabello y orejas mientras estaban acostados platicando y comiendo el pastel que disimuladamente Ueda había salido a recoger.

 

Por su parte, el mayor lo miraba suspirando acariciándole el rostro con el dorso de la mano, parecía tan tranquilo y feliz… por primera vez en su vida tenía el fuerte sentimiento de querer proteger algo sin importarle nada. Sonreía tan sólo de verlo respirar, no recordaba cuando había sido la última vez que se había sentido así. Su celular comenzó a sonar; temiendo que Fujiie pudiera despertarse, se levantó tan rápido como pudo tapando la bocina para que el ruido fuera menor. Una vez fuera de la habitación contestó.

-¿Kamenashi?- Apenas si daba crédito a lo que ocurría. Lo reconoció desde el primer segundo en que escuchó su voz.

-Ueda… sé que no tengo ningún derecho a nada, pero necesito tu ayuda…- Estaba desesperado y le costaba trabajo articular correctamente las palabras.

-Kame, ¿qué pasa? ¿Estás bien?- A pesar de cualquier cosa que hubiera pasado, Ueda quería demasiado a Kamenashi y no podía odiarlo por haberse enamorado del chico que él también amaba.

-Jin… no encuentro a Jin… discutimos… en la escuela todos hablan sobre lo que le pasó al amigo de Daisuke… No fue difícil unir los cabos que me llevaron hasta Jin y luego a ti… le dije que era un idiota, que no tenía ningún derecho a haberle hecho eso y mucho menos a meterse en tu felicidad… Ya te imaginarás cómo se puso… amenazó con terminar lo nuestro si me seguía metiendo… Pero no permitiré que te haga más daño….- Las lágrimas se habían vuelto obvias conforme hablaba, no había gota de mentira en sus palabras. Kamenashi seguía siendo el mismo chico dulce y amable que conocía.

-Kame, tranquilo… no te preocupes, él no va a dejarte por algo tan tonto como eso… y yo cuidaré a Fujiie porque lo amo…- Los dos se sorprendieron ante aquellas palabras que pronunciaba sin pensarlas siquiera.

-Ueda…- Aquello fue más un susurro para sí mismo que ocultaba la vergüenza que sentía por todo lo que había pasado entre ellos.

-Kame, será mejor que te sientes… tengo algo que decirte sobre Jin…- Ueda le explicó brevemente lo que había pasado. Veinte minutos más tarde había llegado al hospital. Ueda lo esperaba en recepción. Akanishi seguía inconsciente pero al parecer estaba bien. En cuanto despertara lo llevaría a la estación de policía.

 

Las lágrimas de Kamenashi resbalaban silenciosas hasta caer en sus brazos, que permanecían cruzados sobre su pecho, casi como si se abrazara a sí mismo para brindarse consuelo. Miraba a Akanishi sin dar crédito a sus acciones. Ueda permanecía de pie junto a la puerta, no quería entrar, sabía que si lo veía, sería capaz de matar a Akanishi en ese momento. Se autoprogramaba diciéndose una y otra vez que tenía que hacer lo mejor por Fujiie. Al verlo salir de la habitación se sorprendió. Se apoyó de lado en el marco de la puerta.

-Kame… estás bien?- Parecía más un caparazón sin vida que su amigo. No podía contestarle, aferraba entre las manos el celular de Akanishi mientras negaba dos veces con la cabeza a la pregunta que había oído a lo lejos.

 

Ueda se acercó a él y le quitó el teléfono. Kamenashi se llevó las manos al rostro y de nuevo estalló en un llanto silencioso dejándose caer de rodillas al piso incapaz de sostener su propio cuerpo. Alguien le había mandado a Jin un video… alguien lo había grabado mientras golpeaba a Fujiie… alguien lo había visto todo y no había hecho nada para ayudarlo. Apenas si podía creerlo. Escuchaba todo lo que le había dicho mientras lo golpeaba y lo pateaba estando en el suelo. Debía irse de ahí, sólo había un pensamiento en su cabeza haciéndole eco con fuerza: desollar vivo a Akanishi.

-Kazu… eres tú?…- Su voz… su maldita voz lo regresó a la realidad. Se guardó el celular en el bolsillo. Kamenashi levantó la cabeza un poco pero no volteó a verlo, no pudo.

-Jin… yo… yo ya no…- Kamenashi no podía pronunciar bien lo que quería decirle, ver al hombre que amaba de ese modo había sido más de lo que hubiera podido soportar. Respiró hondo y se levantó lentamente. –Yo ya no quiero volver a verte jamás!- Cerró la puerta de un jalón. Tomó a Ueda por el brazo y lo arrastró lejos de ahí. Dentro de la habitación, Akanishi se había quedado sin habla, la forma en que su adorado Kamenashi lo había mirado lo había dejado en shock.

 

-Ya no te preocupes más por él, sí? Te voy a ayudar… lo que hizo no se va a quedar así… te lo juro!- Ueda veía a su pequeño amigo ir de un lado a otro hasta que por fin volvió acompañado de dos hombres de seguridad. Pocos segundos después una patrulla se estacionaba afuera y Akanishi era conducido esposado hacia el vehículo, en silencio y con la cabeza baja.

Esperaba ver a Kamenashi correr tras él en cualquier momento, pero no sucedió. El auto se le perdió de vista, lo mismo que su ex compañero de casa. Aquello hizo que la sangre se le bajara de la cabeza y que volviera a pensar con claridad: tenía que encontrarlo. Sabía que seguramente estaría siendo devorado despiadadamente por la culpa. Buscó la salida de emergencias más cercana; conociéndolo, estaría llorando en algún lugar donde nadie pudiera verlo. Abrió la puerta. Podía escucharlo cerca. Subió un tramo de escaleras y lo vio acurrucado contra el barandal. Se veía tan pequeño y vulnerable que no pudo hacer otra cosa más que sentarse a su lado y abrazado. En cuanto lo sintió ahí, se aferró a él y por fin pudo desahogarse… Ueda siempre había sido el único con quien podía sentirse así de seguro y sacar todo lo que llevaba dentro. Todo lo que había sido reprimido los últimos meses terminó por desbordarse de aquel delgado y pequeño cuerpecito.

-Estás mejor…?- Preguntaba en voz baja extendiéndole la mano para ayudarlo a ponerse de pie.

-Lo siento… no he hecho más que causarte problemas…- Su carita había perdido su brillo, se veía realmente cansado, sintiéndose de lo peor por todo lo que había pasado.

-Te equivocas… no puedo más que estar agradecido por haberte conocido… Ven.- Lo rodeó con el brazo y lo llevó hacia la habitación de Fujiie.

 

Estaba un poco desordenado. Cayendo en cuenta de que había sido cosa de Akanishi, se detuvo. Una dulce expresión en el rostro del chico que lo acompañaba logró tranquilizarlo. La persona en la cama seguía dormida con una tierna sonrisa abrazando una almohada, a pesar de lo que había pasado su semblante era tan relajado que a Kamenashi le pareció que todo había sido sólo una pesadilla.

-¿Lo ves? Ésa es mi razón  para seguir adelante… ésa es mi razón para estarte agradecido por siempre…- Caminó hasta la cama y le dio un beso en la frente. Lo arropó bien y acomodó su mano sobre la almohada  para que no se fuera a lastimar. Kamenashi le sonreía enternecido conteniendo en vano sus lágrimas.

-Tatsu… me alegro por ti… no sabes cuánto he rogado para que encontraras la felicidad que yo… que yo te quité…- Ueda lo abrazó indicándole con el dedo en sus labios que no dijera nada más.

-Vamos, lávate la cara…- Lo condujo hasta el baño y cerró la puerta. Levantó los trozos del jarrón y los puso en el bote de basura.

-Será mejor que me vaya a casa…- Lo escuchó desde atrás.

-Estás seguro?… podrías quedarte en mi casa…- Le preocupaba que el padre de Akanishi lograra sacarlo usando sus influencias… Sabía que estaría como fiera enjaulada por lo que había pasado. –Kame… creo que sería mejor si te quedas aquí… por favor…. No quiero preocuparme por ti cuando te vayas.- Había cambiado… el chico tímido e introvertido que había conocido tres años atrás cuando entró a la Universidad se había vuelto un hombre amable y maduro que ya no dependía de Akanishi. Ahora era Ueda quien cuidaba de él y no al revés.

-De acuerdo… me quedaré aquí esta noche si así te quedas tranquilo…- La verdad es que él también estaba asustado; sabía que sería el primero a quien Akanishi buscara y por esa misma razón no quería estar ahí, no quería causarle más malos recuerdos a Ueda o a Fujiie. No pasaron mucho tiempo hablando antes de que se quedara dormido, Ueda lo acomodó en el sillón y lo cubrió con una manta.

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