Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

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Plan B (RyoDa)

Título: Plan B
Autor: Lilith
Pairing: Ueda Tatsuya & Nishikido Ryo + OC
Fandom: KAT-TUN & Kanjani8
notita-1~Wherever you are – ONE OK ROCK~
Tipo: Fic x Cap (4/4 Terminado)
Género: Shonen-Ai / Angs / Romance / Escolar / AU /
17/05/14
N/A: Sería como genial si escucharan la canción que inspiro el fic en el capítulo 4 cuando Ryo se sube al escenario en el Festival Escolar ^^b Si quieren leer la traducción, sólo deben dar click al título de la canción ^^b
To: Todas las fans que odian el RyoDa porque dicen que Ryo siempre es un bruto con Ueda y que su relación sólo es sexo DoSM. En especial a Tawsuna-sensei que dice que por eso no le gusta y prefiere el MaruDa XD

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PARTE 1: La Princesa que no quería ser rescatada.

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-Hola!…- Como de un metro setenta, piel blanca, cabello lacio y negro recogido a un estilo muy rock star. Un chico bastante “bonito” para ser precisamente un chico. Se detuvo y se sacó los audífonos de un lado. -Soy Nishikido Ryo del departamento de Artes Interpretativas…- Rostro inexpresivo, ropa cara y un poco gótica. Sus grandes ojos oscuros me miraron con tanta frialdad que por un momento quise darme la vuelta y volver a donde estaban mis amigos esperando por mí. Una ligera mueca casi imperceptible se dibujó en sus labios rojos por un segundo. ¿Una sonrisa? ¿Estaba molesto? -Sabes?… Siempre he pensado qu…- Y así, sin más, me dejó ahí a medio pasillo hablando solo.

Llegar, presentarme, mantener su atención en mí por lo menos tres minutos de conversación trivial, conseguir su número y lograr que se despida de mí con una sonrisa. Sería pan comido. Al menos eso pensé cuando acepté la estúpida apuesta de Jin.

 

 

 

 

 

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Parallel World Cap.14

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 14: La ciudad de las flores danzarinas.

 

 

La luz roja sobre la puerta doble se apagó. El doctor salió para darles las buenas noticias: la cirugía había sido un éxito. En la sala de espera, todo eran risas y hasta lágrimas de felicidad. Ahora era donde comenzaba la verdadera batalla, pues de la rehabilitación dependería si podría volver a tocar o no, pero no sería para nada sencillo.

-Muchisimas gracias doctor!- Decían a coro Ueda, Ishigaki y Yodogawa.

-Será mejor que vayan a casa, él no despertara hasta mañana. Con permiso…- Se despidieron del hombre con una reverencia de profunda gratitud y de inmediato Yodogawa se abrazó a Ishigaki, se sentía por demás aliviado de que todo saliera bien. Okura los miraba desde donde estaba sentado; al percatarse, Ueda fue con él.

-Creo que deberías hablar con él…- Puso su mano en su rodilla y le dedicó una sonrisa de complicidad mirando de reojo a Ishigaki. -Dai-chan! ¿Puedes adoptar por esta noche a Okurin?- Dijo de pronto poniéndose de pie dejando desconcertados a Ishigaki y a Okura. Dándose cuenta  de lo que pretendía, Yodogawa fue junto a Kamenashi.

-Sí, Kamenashi y Yonemura se quedarán conmigo, necesito su ayuda chicos, no quiero repetir este curso…- Parecía preocupado por los resultados de su último examen. A Kamenashi realmente le daba igual, así que aceptó. Sin tener nada que decir, Ishigaki tuvo que resignarse a seguir sin querer el plan de Ueda.

 

Bajaron todos juntos a cenar algo en la cafetería. Parecían mucho más relajados ahora que tenían la seguridad de que Fujiie estaría bien. Igo estaba con sus bromas y chistes habituales arrancándoles ataques de risa a Kamenashi y Okura que no los habían escuchado ya por milésima vez cuando timbró su celular.

-Sé que me aman y que me echaran de menos mi querido público, pero debo partir pues requieren mi presencia y mi talento musical en otro lado…- Imitaba a algún personaje de la Edad Media apoyando el pie sobre la silla.

-¿Goto-kun necesita tu ayuda otra vez?- Preguntaba divertido Yonemura pues últimamente éso no era cosa rara.

-Jejejeje… así es. No puedo hacer nada pues mi guitarra es el mejor complemento para su violín…- Se puso la chamarra, se despidió de todos y calió casi corriendo.

-Veo que ser medio mandilones es un mal de este selecto círculo, verdad?- agregaba sarcásticamente Yodogawa moviendo en gesto de desaprobación la cabeza enfatizando con las manos que no tenían remedio.

Al final se despidieron de Ueda y se fueron del hospital, ya volverían mañana para ver a Fujiie.

-Espero que ya dejes de perder el tiempo, a menos que quieras sólo esperar a ver cómo sube de nuevo al tren y se aleja de ti…- Susurró en su oído cuando lo abrazó. Ishigaki se sonrojó y lo miró asustado pues nunca le había dicho a nadie sobre éso.  Al ver la sonrisa de Ueda, entendió que todo había sido idea suya y sólo asintió con una sonrisa.

 

Se disponían a desayunar. Ya que no habían podido dormir mucho, tenían que recuperar energía de alguna manera. Lo primero que vieron cuando encendieron el televisor fue la noticia del escándalo en el mundo de la política: el hijo mayor del candidato Akanishi a Senador por parte del Partido Liberal Democrático había recibido el acta de formal prisión, con lo cual probablemente su imagen como político había terminado debido a todo el escándalo detrás del incidente.

-Dai-chan, será mejor que llamemos a Tatsuya…- Decía sin siquiera mirarlo ni percatarse de que la mermelada de su pan tostado estaba ahora sobre su mano y su pantalón.

-Definitivamente…- Apenas si pudo pasarse el bocado que tenía en la boca. –Tadayoshi…- Señaló su pantalón cuando logró que volteara.

-Waaa~! Pero si seré tonto…- Puso el pan sobre el plato y se levantó buscando un trapo para limpiarse.

-Lo bueno es que todavía no te ponías la camisa…- Decía como burla Ishigaki mirándolo desde el comedor.

-Cállate~…- Se veía adorable apenado ruborizándose mientras se lavaba las manos.

 

Los pétalos de las flores de cerezo caían como copos de nieve por toda la calzada principal que atravesaba la universidad, confiriéndole un aspecto por demás hermoso a la escuela.

Los nervios le estaban destrozando el estómago, sentía que había pasado una eternidad desde la última vez que había estado ahí y se preguntaba qué pasaría de ahora en adelante. Odiaba admitirlo pero estaba asustado. Había demasiados malos recuerdos a su alrededor.

-O-ku-ri-n~!!!- Sabía que era Ueda sólo por el olor de su cabello así que su sonrisa le iluminó el rostro al  momento.

-Uepi, ohayou~!- cuando se giró se encontró directamente con Ishigaki que venía con él.

-Okaeri!- Su expresión de sorpresa dio paso a la felicidad absoluta.

-Tadaima…- Estaba un poco molesto consigo mismo por haberse sonrojado apenas al verlo pues todo el viaje se había dicho a sí mismo que debía comportarse como el chico de la relación, empezando porque era mayor que Ishigaki, pero no podía evitar reaccionar como colegiala enamorada en cuanto lo tenía frente a sus ojos.

Se quedaron mirándose en silencio hasta que por fin Okura lo tomó de la mano y se lo llevó rumbo a la sección de piano para acompañarlo a su salón. Un par de metros adelante fueron abordados por todos los antiguos amigos de Okura, quienes también le daban la bienvenida después de tanto tiempo sin tenerlo por la ciudad. Entre ellos estaba Nishikido acompañado como siempre de Uchi.

-En verdad volviste Tacchon…- Su reacción era en verdad extraña.

-Sí, tenía motivos más que importantes para volver…- Okura le dedicó la más encantadora de sus sonrisas y lo pasó de largo con Ishigaki de la mano, dejando anonadado a Nishikido y asombrados a los demás pues nunca lo habían visto actuar así.

 

Ueda había contemplado aquello divertido… Nishikido se lo merecía por haberle rotó el corazón a su amigo, pero gracias a ello, ahora era realmente feliz con alguien que sí lo amaba, con alguien que sí se merecía a alguien tan maravillosos como su amigo. Metió las manos en los bolsillos de su abrigo negro, había algo pequeño dentro, se disponía a sacarlo para contemplarlo nuevamente cuando algo llamó de pronto su atención haciendo que les quitara los ojos de encima y se olvidara de todo lo demás… Una flor de cerezo caía mecida por el viento… como por inercia estiró la mano dando un paso adelante para tomarla en la palma de su mano, le extrañó que la flor hubiera caído del árbol intacta.

-Veo que no aprendes… es peligroso que hagas eso, sabes? Podrías golpear a alguien y hacer que cayera al suelo…- La voz un poco grave pero llena de ternura con tintes de timidez lo hizo sonreír enseguida.

-No, no creo que sea peligroso… además que sólo funciona contigo… eres el único que está cerca de mí cuando lo hago…- Se dio la vuelta para mirarlo y tenerlo cerca. –Cierra los ojos…- Su expresión era por demás adorable con todos aquellos pequeños pétalos rosa pálido a su alrededor. No quería perderse aquello pero al final lo obedeció.

Aferraba la correa de su mochila con ambas manos, el estuche negro de su bajo colgaba de su hombro izquierdo. Lucía justo como la primera vez que lo vio en el parque. Tomó suavemente su mano derecha y puso con cuidado lo que tenía en su mano sobre ella. Besó sus labios por un par de segundos mientras le entrecerraba la mano cuidando que no aplastara lo que le había dado. Luego lo soltó y dio un paso hacia atrás. Fujiie abrió lentamente los ojos atontado todavía por aquel beso.

-Ah?!…- Abrió la mano para ver lo que le había dado. –Está completa…- Susurro mirándolo con una dulce sonrisa.

-Sip…- Ueda le asintió con una sonrisa de satisfacción al constatar que había obtenido lo que esperaba con aquel detalle, se había ruborizado un poco, volvió a meter las manos en los bolsillos y recordó lo que guardaba dentro, lo tomó y apretó la mano para darse valor. Fujiie bajó la vista para observar la pequeña flor. –Te eligió… así que la atrapé para ti antes de que desapareciera…- Lo miró de inmediato. A veces decía cosas así de raras pero en vez de molestarle, le gustaba. Entrecerró la mano y se acercó a Ueda.

-Pues dice que a cambio te regale algo…- Había terminado por gustarle el seguirle la corriente cuando hablaba de seres fantásticos y cosas por el estilo, no sabía mucho al respecto así que le resultaba fascinante.

-¿Ah sí?… ¿y qué…?- Fujiie lo besó por primera vez en público. Ueda apenas si lo podía creer, nunca antes lo había hecho porque le daba mucha pena. Estaba que no cabía en su cuerpo de la felicidad. Puso sus manos alrededor de su cintura, con cuidado para no tirar lo que sujetaba y lo atrajo contra su cuerpo para corresponderle aquel beso.

Una brisa fresca pasó a través de sus cuerpos agitándoles el cabello y meciendo los árboles que los rodeaban. Cientos de pétalos y pequeñas flores caían por todos lados debido al viento, flotando en el aire como si bailaran a su alrededor. Ambos se miraban contemplando lo más hermoso que sus ojos habían visto jamás. Un momento mágico y eterno que recordarían para siempre. Ueda acercó su mano a la cara de Fujiie y la abrió para que viera lo que tenía. La pequeña cadena de plata que encontró en el piso el día que lo conoció  había sido reparada. Apenas si podía creerlo, incluso se pellizcó para saber si estaba soñando. Ueda soltó una ligera risita al ver la mueca de dolor en su carita de asombro. Tomó la pulsera entre sus dedos y la abrochó en tornó a su muñeca. Fujiie levantó la mano a la altura de sus ojos y contempló las pequeñas iniciales de su nombre que colgaban de los pequeños arillos plateados que las sujetaban a la cadena, justo como había hecho aquel día que vio a su abuela por última vez. Las lágrimas se contenían trabajosamente a punto de desbordarse. Movido por la emoción de haber recuperado algo extremadamente valioso y preciado que creyó haber perdido para siempre, se arrojó contra él para abrazarlo rodeándole el cuello con ambos brazos llenándole la cara de besos, diciéndole una y otra vez “te amo” y “gracias” a lo que Ueda un poco desconcertado pero absolutamente feliz no pudo más que corresponderle el abrazo y sonreírle deseando que pudieran vivir en esa ciudad llena de colores y melodías juntos por siempre.

Parallel World Cap.11

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 11: La magia de dos palabras.

 

 

Akanishi continuaba sentado en el lobby leyendo una revista; se le hizo un poco raro ver a Ueda tomar el ascensor; al ver que llevaba puesto el abrigo y que traía la bufanda en la mano, entendió que saldría del hospital y preguntándose a donde podría ir a esas horas, vio como la luz iluminaba los numeritos en orden descendente.

 

Convencido de que no volvería en un buen rato, se dirigió hacia la última habitación del lado derecho del pasillo. Tocó la puerta como Ueda solía hacerlo y abrió despacio.

-¿Olvidaste alg…?- La sonrisa se le desdibujó del rostro en cuanto lo vio entrar.

-Si, al parecer olvidé deshacerme de un estorbo…- Nuevamente lo miraba con ese aire desdeñoso que tanto le molestaba. Esta vez, sin embargo, había algo diferente… estaba completamente indefenso y solo en medio de aquella habitación que acababa de ser cerrada con seguro. Fujiie se quedó paralizado un momento. Que Akanishi estuviera ahí sólo significaba que Ueda ya se había ido del hospital. El shock le duró sólo un par de segundos, pero para cuando quiso girarse para oprimir el botón de emergencias había sido ya muy tarde; Akanishi reaccionó más rápido y sujetó bruscamente su mano lanzándolo a la orilla de la cama con una sonrisa maliciosa dibujada en su rostro. A diferencia de la vez anterior, Fujiie sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo… estaba asustado… Akanishi le resultaba aterrador en ese momento.

 

Ueda caminaba más deprisa de lo normal. A un par de calles del hospital encontró una cafetería abierta… era perfecto. No estaba lejos, tenían café, los pasteles se veían deliciosos y además vendían comida italiana… así no se tardaría tanto como había pensado pues podría comprar todo en el mismo lugar. La chica del  mostrador lo recibió con una linda sonrisa; mientras esperaba a que estuviera su orden, se sentó a beber tranquilamente un café. Al mirar por la ventana notó que había comenzado a llover. Como por arte de magia, su rostro se iluminó con su sonrisa… se sentía completa e incomprensiblemente feliz.

-La próxima vez lo traeré aquí…- De pronto  se percató de que aún cuando no estaba con él, Fujiie seguía con él.

-Disculpe?…- Preguntaba la chica pensando que le había dicho algo y no le había prestado atención.

-Ah! No, nada…- Era imposible no caer ante aquella expresión.

En menos de diez minutos ya estaba caminando de regreso. La gente pasaba corriendo a su lado, él sólo disfrutaba del clima y de su paseo, sosteniendo con cuidado la cajita blanca con letras rojas dentro de una bolsa de platico donde llevaba el pastel.

 

Tal cual le había dicho la enfermera, no había nadie cuando volvió, las voces se escuchaban dentro del cuarto rotulado con letras blancas que decía “personal”, como si fuera un niño a punto de hacer una travesura, caminaba de puntitas, casi corriendo para no hacer ruido hacia el corredor. Se detuvo a medio camino… Algo en el piso había llamado su atención… cerca de una de las macetas estaba tirado un llavero en forma de tortuga y con unas estrellas moradas colgando junto a ella… el mismo que le habían regalado él y Kamenashi a Akanishi en su último cumpleaños.

 

Un frío escalofrío le recorrió la espalda dejándole un extraño hueco en el estómago… ahora su mal presentimiento tenía nombre e inclusive rostro… Akanishi Jin. Corrió hasta el cuarto de Fujiie. La puerta no abría. La desesperación lo empezaba a devorar por dentro. Dejó la caja en el piso debajo de la ventana al final del pasillo. Corrió hacia la estación de enfermeras, ahí debía estar la llave de esa puerta. Removió entro los cajones tan rápido como podía mover las manos pero no aparecía.

-Piensa Tatsuya… si fueras esa mujer, dónde pondrías las benditas llaves?- Apoyó ambas manos sobre el escritorio y cerró los ojos tratando de concentrarse.

De pronto reparó en una pequeña caja hecha de palitos de madera, como esas que hacen los niños en la escuela como regalo para sus madres. Levantó la tapa y en efecto, encontró un arillo con todas las llaves. Corrió de regreso pasando llaves hasta encontrar la que tenía la etiqueta con el número “708”. La puerta abrió de inmediato, pero lo que le reveló le heló la sangre haciendo que el llavero se le cayera de las manos un ruido como de cascabeles al tocar el piso.

-…Ue-da…- Susurraba trabajosamente entre lágrimas mirándolo suplicante que lo ayudara. La camisa de su pijama estaba a medio desabotonar, su labio inferior sangraba… Akanishi estaba sobré él sujetándolo por los hombros contra la cama, como si el pobre chico pudiera hacer siquiera el intento de zafársele. El sólo pensar en lo que Akanishi estaba a punto de hacerle detonó todo el odio que le era posible contener dentro del cuerpo; la mezcla de repulsión y decepción hacia el sujeto que tenía enfrente lo obligó a actuar.

-Creí haber sido… lo suficientemente claro… cuando te dije que no volvieras a poner un dedo encima a Fujiie!!!…- Su tono de voz en nada se parecía al dulce y melodioso sonido que estaban acostumbrados a escuchar; ni siquiera Akanishi lo había visto así antes, por lo que también lo miraba con asombro.

-Esto es lo que pasa cuando alguien no satisface mis deseos… entiendes… Tat-chan?… Si no te hubieras negado a ser mío… No… Si tú no quieres acostarte conmigo nunca más… entonces me aseguraré de que él tampoco quiera acostarse ni contigo ni con nadie…- Cínicamente mostraba una mueca perversa mientras enterraba sus uñas en la blanca piel del chico al quitársele de encima, quien no podía evitar dejar escapar un grito ahogado de dolor al tiempo que encogía las piernas tratando de alejarse de él.

-Me das asco Jin… no! Me das lastima!- Apretó los puños y se le dejó ir sujetándolo por el cuello cayendo junto con él de la cama. Ueda le dio un par de puñetazos a Jin cegado por su ira, sin notar que se habían traído junto con ellos sin querer a Fujiie también, pues Akanishi se había sujeto de lo primero que alcanzó en su intento por no caer. Al percatarse, Ueda se arrastró preocupado hasta llegar a su lado tras dejar al otro oprimiéndose la nariz después de un golpe. Su pecho estaba lleno de chupetones y marcas rojas que probablemente se volverían moretones. El pobre temblaba a la vez que finas lágrimas seguían rodando por sus mejillas. Detrás de ellos Akanishi continuaba quejándose por la sofocada al caer contra el piso y el dolor provocado por el último golpe, intentando sin éxito levantarse. Ueda se levantó tras cubrir a Fujiie con la manta que colgaba de la cama y oprimió el botón blanco sobre la cabecera de la cama justo antes de que Akanishi lo sujetara por la espalda y lo arrastrara hacia la sala.

-Ya te lo dije! Eres mío! No dejaré que un mocoso inútil como ése se quedé contigo!- Señalaba a Fujiie completamente molesto mientras zarandeaba a Ueda como si fuera un muñeco de trapo entre sus manos. Comenzaba a marearse, trataba de zafarse pero no podía… Akanishi le hacía daño y estando sobre él le inmovilizaba las piernas. Sin estar muy seguro de si lograría lo que se proponía, lanzó un fuerte puñetazo a donde creía que estaba su rostro y aunque el golpe no dio de lleno como esperaba, logró sorprenderlo lo suficiente como para darle tiempo de liberar la otra mano. Agua fría y pequeños pétalos blancos caían de pronto sobre su rostro. Akanishi cayó a un lado inconsciente dejándolo ver a Fujiie de pie, pálido al haberle rotó el florero en la nuca a Akanishi. Por fin un doctor y la enfermera entraban corriendo a la habitación arrastrando el carrito con los aparatos y materiales de emergencia médica, ambos contemplaban la escena sin dar crédito a lo que veía.

-Yo… no… es que él… tú…- Sus ojos iban asustados de los de Ueda a Akanishi, quien seguía en el suelo inmóvil. El doctor miró a la enfermera y ésta salió corriendo llamando al guardia de seguridad.

Ueda se levantó tan pronto como pudo y rodeó a fujiie con sus brazos, ocultándole el rostro entre su pecho y su abrigo para que no observara más aquello.

-No pasa nada, de acuerdo?… Gracias… por salvarme…- Apoyó el rostro en su hombro una vez que revisó discretamente su mano lastimada y se aseguró de que no le había hecho más daño. El pequeño se aferró con fuerza a su ropa negando suavemente un par de veces.

 

El doctor revisó a Akanishi y en cuanto entró el hombre vestido de azul con pantalón oscuro, le pidió que lo sacara de ahí.

-No es grave, en un par de horas estará bien…- Decía el médico al ver que Ueda seguía al policía con la mirada mientras cargaba el cuerpo fuera de la habitación.

-Necesitaré su testimonio más tarde chicos…- Agregó el hombre diciendo más bien un “será mejor que no se vayan” pues el agredido estaba desmayado y no tenían idea de lo que había sucedido.

-Ok… sólo llévenselo de aquí por favor…-El doctor salió junto con el policía. Ueda seguía furioso y quería darle una paliza mil veces peor que la que le había dado a Fujiie; pero ahora lo más importante estaba justo ahí, sollozando entre sus brazos y en ese instante sólo quería hacerlo sentir seguro, así que lo llevó de regreso a la cama, cerró la puerta, levantó el pantalón de franela del piso y volvió a vestirlo. Fujiie no podía mirarlo a los ojos. Sólo era capaz de mirar sus largos y delgados dedos mientras le abotonaba nuevamente la camisa.

-Lo siento… Soy tan inútil… yo…- Ueda cerró sus labios con un beso. No quería que comenzara a torturarse y menos después de todo lo que ya había pasado.

-Discúlpame tú a mí… por no haber estado aquí para evitar esto… Te dije que no permitiría que te volviera a pasar algo y…- Fujiie le regresó el beso.

-Gracias… Por haber evitado que me pasara algo…- Aún cuando sus lágrimas continuaban cayendo, una dulce sonrisa se le dibujó en la cara; gesto que trajo consigo una mueca de dolor.

-Te pegó?- Ueda miraba preocupado su labio mientras limpiaba con cuidado la sangre con el pañuelo que había sacado de su bolsillo derecho. Fujiie asintió sólo una vez con la cabeza, resultaba obvio que no estaba muy seguro de hacerlo.

-Le dije que no eras algo que pudiera ser poseído… Que por su egoísta forma de amar terminaría solo…- Lo miró fugazmente. Se sonrojó al ver que Ueda lo miraba sorprendido. Aún sabiendo que le haría daño había decidido defenderlo.

-Gracias Fujiie… es la primera vez que la persona que amo me ve como un ser humano y no como algo que presumir y poseer…- El pequeño lo miraba enternecido mientras le sonreía terminando de limpiarle el labio.

Parallel World Cap.10

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 10: El adiós incomprendido.

 

 

Akanishi se veía absolutamente estupefacto, si Ueda hubiera tardado un solo segundo más en abrir, probablemente le hubiera pegado en la cara, por lo que fue inevitable que se le dibujara una sonrisa estúpida sólo de imaginar la escena; Ueda por el contrario no le devolvió la sonrisa al verlo, ni siquiera lo saludo por cortesía… de alguna manera, la expresión de su rostro le daba la impresión de que estaba enojado… con él. Aquella sonrisa se esfumó de inmediato, seguramente estaba enojado por todos los mensajes en la contestadora…

-Ho-hola Tatsuya… ¡Vaya! Después de todo estamos en sintonía, ¿no te p…- Ni siquiera lo dejó terminar de hablar, soltó lo que llevaba en la mano. El puñetazo fue tan duro que en cuanto Akanishi se llevó la mano al labio, la sangre le manchó de rojo los dedos.

-¡Escúchame  bien Jin!- Ueda se inclinó para tomarlo por el cuello de la chamarra y levantarlo del piso sin tacto alguno. -¡Si le vuelves a poner un dedo encima a Fujiie o a cualquiera de mis amigos, vas a desear nunca haberme conocido!- Una vez que le dijo todo lo que quería, lo aventó con fuerza hacia la calle, se giró para tomar el bolso y su bufanda y luego cerró la puerta. Aquella mirada tan fiera y esa actitud tan salvaje y dominante le habían resultado simplemente fascinantes, nunca antes había visto ese lado suyo y ahora más que nunca quería hacerlo suyo. Todo aquel deseo terminó en un impulso que lo obligó a empujarlo contra la puerta y comenzar a besarle el cuello y la oreja, pasando sus manos sin control a través de su entrepierna y bajo su camisa blanca. Nunca antes se había podido resistir a eso… Ueda siempre caía directo a sus labios. Pero no había respuesta de su parte, de ningún tipo. De pronto sujetó con fuerza sus muñecas… con demasiada fuerza… se volteó y estampó a Akanishi contra la pared.

-Lo siento… yo no te pertenezco… no vuelvas a acercarte a mí por favor…- Se quedó boquiabierto mirando cómo se alejaba calle abajo mientras se frotaba las manos y la mandíbula. Nunca se hubiera esperado que ese chico, al que siempre defendía, tuviera tanta fuerza. No podía dejarlo ir, no, eso era mentira, la verdad es que no quería dejarlo ir… ahora menos que nunca.

 

Cuando menos pensó, ya lo había seguido hasta el Hospital. Lo perdió de vista cuando la puerta del elevador se cerró… al menos sabía que se dirigía al sexto piso. Por un momento le pareció que el hospital era demasiado lujoso para que el chico ése pudiera pagarlo, pero luego concluyó que con toda seguridad era cosa de Ueda, después de todo, era el hospital de su tío. Entró al ascensor y oprimió el botón marcado con el número seis; el único problema ahora era saber en qué habitación estaban… pensó que tal vez debía ser su día de suerte: Ishigaki y  sus amigos iban saliendo del cuarto al final del pasillo. Se escondió cerca del lobby, entre toda la gente no sabrían siquiera que era él. Se quedó ahí un rato más, por si acaso regresaban; gracias a sus continuas paranoias de persecución, Yodogawa no pudo verlo cuando regresó, Ueda corría por el pasillo con una chamarra en la mano.

-Gracias Ueda…- Decía con una sonrisa tomando la prenda.

-Ah, no hay de que, hace mucho frío afuera… Yodogawa, ¿podrías dárselos a Dai-chan, por favor? Debe cuidar sus manos- Recibió los guantes que le extendía algo tímido y los guardó en el bolsillo de la chamarra que se acababa de poner. Ueda tenía razón en algo: estaba haciendo frío, Ishigaki era un poco friolento y a menudo se le acalambraban los dedos cuando hacía frío, estaban en finales, así que debía cuidarse.

-Gracias… sí, yo se los doy… Ueda…- Se giró al escuchar que lo llamaba.

-¿Qué pasa?- De nuevo estaba aquella sonrisa.

-Cuida de Fujiie por favor…- Le sorprendió que le pidiera aquello pero de inmediato entendió que había aprobado su relación. Yodogawa se dio media vuelta y entró al elevador diciéndole adiós por última vez con la mano. Ueda no pudo evitar poner una sonrisa tonta, se sentía demasiado feliz. A diferencia de Akanishi que había despedazado por completo el vaso de unicel  que tenía en la mano. Ueda regresó al cuarto, el celular de Akanishi comenzó a sonar, por el timbre sólo podía ser Kamenashi. Ueda se detuvo, a lo lejos le pareció escuchar el teléfono de Akanishi sonando… Aquella cancioncita desapareció de repente.

-Debe ser mi imaginación…- Pensó en voz alta y echó a andar mientras Akanishi tapaba desesperadamente la bocina de su móvil para atenuar el ruido, no iba a colgarle, sabía que si no le respondía se preocuparía y seguiría marcando, era mejor responderle y dejarlo tranquilo aunque fuera con mentiras.

 

-¿Cenaste algo delicioso mientras estaban en casa?- Dentro de la habitación, Fujiie lo esperaba con una sonrisa.

-Noup…- Se acercó a él y lo besó. –Sólo saqué la basura… se había apilado por toda la casa sin que me diera cuenta…- Ueda reía traviesamente, tal vez por la verdad oculta tras aquellas palabras.

-¿En serio? Bueno, al menos ya no está ahí, verdad?, así que eso es bueno…- Fujiie jugaba con su cabello pues lo había despeinado un poco cuando le quitó la bufanda; a Ueda le gustaba tenerlo así de cerca, así que no le molestaba en lo más mínimo.

-¿Ya cenaste?, ¿tienes hambre?- Por su expresión al escuchar su pregunta supo de inmediato que la respuesta sería un “no”; por lo poco que comió durante el almuerzo y la comida, fácilmente se podía deducir que la comida no le había gustado; pero no podía culparlo, incluso la de la cafetería era mala, por eso él mismo había pedido tantas cosas, tenía la esperanza de que al menos una de entre todas tendría que estar buena, a pesar de su apariencia, también era de buen apetito pero no cualquier cosa le resultaba deliciosa.

-Tenía hambre… pero no me gustó lo que me trajeron… sólo me comí la fruta y la gelatina…- Estaba un poco apenado, no quería que lo considerara quisquilloso con la comida. –Le cambié el resto a Igo por unos chocolates…- Señalaba la envoltura vacía junto a la charola con los trates sucios.

-Mmm… pero todavía tienes hambre, cierto?- Lo miraba un tanto preocupado, siempre se comportaba así cuando se trataba de comer, no por nada él era un chico sano.

-Si…- Fujiie se ruborizaba mientras asentía tímidamente. –Un poco…- Ahora le resultaba inclusive más adorable mirándolo de ese modo.

-¡Ya sé!… ya que no te prohibieron nada de alimentos, iré a traerte algo saludable pero delicioso… te gusta el pastel? Me gusta comerlo como postre…- La idea también le agradaba en demasía.

-Sí… también me gusta…- Jugueteaba con los dedos sobre el dorso de la mano de Ueda. Alguien llamaba a la puerta. La enfermera de guardia les sonreía amablemente. Revisó los medicamentos y tomó la bandeja para llevársela.

-Disculpe… tengo un poco de hambre, la cafetería ya cerró y no quiero dejarlo solo por mucho tiempo… ¿hay problema si voy por comida y ceno aquí?…- Ante aquella carita y ese tono de voz era casi imposible decirle que no.

-Ah, no te preocupes hijo, si vas ahora, te tocará el cambio de guardia de la noche y nadie te prestará mucha atención, anda, ve…- La mujer, que se veía ya un poco mayor, le hablaba pausada y amablemente sonriéndole.

-Será mejor que vayas antes de que cierren los lugares cercanos… Estaré bien, te prometo que no iré a ningún lado…- Aún a pesar de su condición, bromeaba y sonreía.

-Ok… te creeré… pero mejor no me tardo… Si no encuentro nada cerca, tendré que probar suerte con las maquinas despachadoras del piso de abajo…- Los dos se despidieron entre risas. Ueda no mentía ni exageraba, no quería dejarlo solo mucho rato, aquel mal presentimiento continuaba y no quería averiguar a qué se debía.

Parallel World Cap.9

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 9: La caja desbordante de recuerdos.

 

 

A primera vista creyó que era una chica, nunca antes lo había visto con lentes, así que se sorprendió al reconocerlo una vez que pasó junto a él. No lo había visto, caminaba escribiendo algo en su celular. Así era mejor, seguía demasiado impactado por todo, no tenía cabeza para hablar con el chico en ese momento. Lo vio caminar hasta el mostrador. Por todo lo que llevaba en la bandeja pudo deducir que era de buen apetito, lo miraba divertido.

-¿Yodogawa-san?- Era imposible que Ueda no lo viera pues no le quitaba los ojos de encima aún cuando según Yodogawa estaba siendo discreto.

-Yodogawa, está bien…- Al final, terminó invitándolo a sentarse.

-Ok, entonces llámame Ueda, si?- A pesar de lo cansado que se veía, su sonrisa era amable y reconfortante, casi como si brillara. Ishigaki amaba esa sonrisa… probablemente Fujiie también se había enamorado de aquella sonrisa.

-De acuerdo…- Ya que no le quedaría de otra más que convivir con él, trató de hacerlo más agradable para ambos. -¿No has ido a casa desde ayer? Pareces cansado…- Al verlo recordó lo que a menudo mencionaba Ishigaki a modo de broma: para Ueda  dormir y comer eran cosas tan sagradas como la música.

-Estoy bien… sólo debo comer algo y estaré como nuevo…- Un bostezo cortó sus palabras. –También te ves cansado, estuviste tan preocupado que no dormiste, verdad?- Se sorprendió de que a pesar de que apenas si se conocían, pudo ver a través de él con tanta facilidad.

-Ah… no pasa nada… ya tendré tiempo para dormir…-

-Si, verdad? Yo también creo lo mismo… aunque no perdono mis horas de sueño…- Nuevamente sonreía. Le dolía admitirlo, pero era un buen chico y seguramente haría feliz a Fujiie.

 

Antes de que se diera cuenta, ya estaba sonriendo y disfrutando de su compañía. Ambos eran un poco tímidos cuando no conocían mucho a las personas pero aún así, en cuanto empezaron a hablar de música, congeniaron de inmediato. La verdad es que Ishigaki se sorprendió bastante al verlos llegar juntos.

-¡Yodi!- Fujiie se veía realmente feliz de verlo. -¿Cómo te fue en el examen?- Recogió sus pies haciéndole un ademan con la mano para que se sentara.

-Ah! Genial!… ¡Hubieras visto! Hasta Okamoto-sensei elogió mi batería!- Parecían dos niños platicando emocionados.

-¿De verdad? ¡Ah~! ¡Felicidades!- Verlos así le recordaba bastante a Ishigaki a cómo siempre habían sido él y Ueda desde la secundaria.

 

La enfermera había terminado de quitarle el suero a Fujiie y le había suministrado algunos medicamentos en la sonda para mitigarle el dolor que comenzado a sentir cuando el efecto de la anestesia empezó a desaparecer.

Poco rato después, Yonemura e Igo llegaban a la habitación con las mochilas repletas de bocadillos, dulces y comida chatarra. La enfermera tuvo que ir a pedirles que guardaran silencio pues sus risas se escuchaban por todo el pasillo. Al final decidieron llevar su fiesta a la azotea para no molestar a los otros pacientes. El resto de la tarde fue divertida y hasta un poco musical, pues de la nada Yonemura y Fujiie habían empezado a cantar y el resto no se pudo resistir a unírseles cuando, quien sabe porque, comenzaron a canciones de L´Arc~en~Ciel. Siempre se divertían mucho cuando estaban juntos, pero hoy era aún más porque, contrario a su apariencia calmada y taciturna, Ueda estaba igual de zafadito que ellos, así que de inmediato encajó en su mundo como una pieza de rompecabezas faltante.

 

Para cuando llegó la noche ya estaban muchos más calmados, habían brincado, corrido y jugado tanto que habían quedado exhaustos; ahora estaban quietecitos, sentados en la salita mirando un concierto de X-Japan en la televisión.

-Creo que iré a casa a darme un baño y a cambiarme de ropa aprovechando que están ellos aquí, no quiero dejarte solo… está bien? Sólo voy y vengo, lo prometo…- A Fujiie le pareció simplemente adorable; más que avisarle, le daba la impresión de que le estaba pidiendo permiso, sin duda era demasiado educado.

-No te preocupes, quieres? Tómate tu tiempo, te aseguro que no me pasara nada si te vas un par de horas… por mucho que te extrañe y aún si siento que muero, te prometo que no moriré…-  Fujiie era así, bromista y dulce, por eso no era cosa rara que todos y todas creyeran que era “lindo” y “divertido”.

-Fujiie…- Ueda se había sonrojado al escuchar aquello… Miró hacia donde estaban los demás y al ver que nadie los estaba mirando, puso su mano sobre la mejilla de Fujiie y se inclinó para besar tiernamente sus labios. –Volveré enseguida…- Fue lo que susurro sobre su boca antes de verlo sonreírle.

-Sip… ver con cuidado….- Ese detalle de Ueda le había gustado bastante, además de ser educado era caballeroso. De algún modo se sentía como una princesa, y aunque la idea no le resultaba del todo encantadora, tampoco le desagradaba mucho si el príncipe era Ueda. Lo último que vio fue su cabello meciéndose suavemente al compás de sus pasos antes de que se cerrara la puerta. De algún modo esa imagen le produjo un escalofrío a través de toda la espalda… era como una especie de mal presentimiento al cual por supuesto no quizo prestarle mucha atención, después de todo, no había nada más que pudiera pasar después de lo que le había hecho Akanishi…

 

Ueda caminaba por la avenida a paso un poco más aprisa de lo habitual. Por primera vez en su vida sentía que tenía que llegar lo más rápido posible a casa, ¿la razón?, simplemente quería volver al lado de Fujiie lo más pronto posible. Unas cuantas cuadras después de salir del hospital, las pequeñas y frías gotas de lluvia comenzaron a resbalar a través de los cristales de sus anteojos, por lo que volvió a guárdalos en el bolsillo interior de su suéter negro, el cual prefirió abotonarse.

 

Todo en su casa estaba tal cual lo había dejado. Sobre la mesita brillaba la lucecita roja de la contestadora. La miró con desdén; probablemente sería de nuevo Akanishi dejando como mil mensajes en otro de sus arranques de ebriedad y nostalgia mezclados con soledad en los que lo echaba de menos porque no estaba Kamenashi a su lado… no sería la primera ni la última vez que lo hacía desde que se había ido de casa vivir con su “nuevo amor”.

 

Aún así oprimió el botón para reproducirlos… en efecto era él… furioso como muy pocas veces se sentía, sacó el pequeño casete de la máquina y jaló con brusquedad la cinta; no quería volver a escuchar su voz adictiva y venenosa diciéndole que lo extrañaba, que lo necesita ni mucho menos que dijera que aún lo amaba… estaba harto de él. Ahora que tenía a Fujiie podía ver claramente que lo que tenía con Akanishi no era más que una vil mentira. Todo este tiempo había sido usado por la persona a la que amaba con todo su corazón… la persona que le daba todo su amor a alguien más.

 

Su enojo era tan grande que, sin pensarlo dos veces, tomó la caja del último amplificador que había comprado y comenzó a meter dentro todas las cosas de Akanishi que aún estaban en la casa. Para cuando  terminó, estaba sentado junto a la caja, apoyando la espalda contra la pared y con las piernas extendidas, mirando como parecía que las cosas terminarían por desbordarse… ropa, discos, tazas, fotografías, libros y un montón de cosas más eran arrastrados por el pasillo y colocados afuera junto al resto de la basura.

-¡Bien!… Ahora a darme una ducha…- Cerró la puerta con fuerza al entrar y comenzó a desvestirse de camino al baño, nada disfrutaba más después del ejercicio que tomar una larga ducha con agua caliente, sólo que esta vez, su baño tendría que durar cuando mucho 15 minutos pues ya hacía más de dos horas que se había ido del hospital y quería volver ya, de algún modo había empezado a sentirse inquieto y eso le desagradaba, pues no sabía la razón. Aún así se sentía mucho más relajado una vez que salió. Se vistió rápido, un pantalón de mezclilla oscuro y una camisa de vestir blanca, medio anudó su corbata negra y se puso los calcetines; secó un poco el exceso de agua en su cabello, se lavó los dientes y se puso los zapatos, un poco de mouse en el cabello, un saco y casual junto con sus guantes. Entró a su habitación, tomó el bolso que a veces hacía de maleta de mano y metió dentro un par de pijamas que aún no habían sido sacadas de su empaque junto con algunos productos de uso personal como shampoo,  cepillos y pasta de dientes, jabón y cosas por el estilo que pensó que podrían necesitar, cerró el bolso y salió de la habitación. Dio un vistazo alrededor antes de abrir la puerta… ahora era sólo su casa, ya no quedaba ni rastro del paso de Akanishi, mirara por donde mirara ya no había ya no había nada que les hubiera pertenecido ni a Akanishi ni a Kamenashi. Y aunque todavía quedaban recuerdos por toda la casa, en ese momento se dio cuenta de que hacía ya un par de semanas que habían empezado a tornarse borrosos… era como si de algún modo hubieran empezado a desaparecer. Y aunque por un instante se sintió triste porque eran demasiados años de memorias juntos, al mismo tiempo sentía que por fin podría cambiar de página e iniciar algo nuevo… algo real. Dio una última mirada, como despidiéndose de lo que ya nunca más sería y tomó el picaporte. Al abrir la puerta se topó directamente con él, quien al parecer estaba a punto de llamar a la puerta.

Parallel World Cap.8

Parallel World

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FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

CAPITULO 8: La sonrisa que borró los pecados.

Los chicos se fueron temprano. El doctor les había dicho que su amigo no despertaría en un par de horas; probablemente ya estaría despierto por la tarde. Aunque no quería irse, Yonemura e Ishigaki terminaron por llevarse a Yodogawa casi a rastras, no habían dormido nada y tenían exámenes temprano. Al final, sólo Ueda se quedó en el hospital pues haciendo uso de sus excelentes notas y fama dentro de la Universidad, había conseguido que le aplazaran sus exámenes junto con los de Fujiie; se llevaba bien con el director de la sección, así que no hubo mayor problema.

Para cuando despertó, se encontró con un techo que no conocía; la luz que se colaba entre las blancas y delgadas cortinas le decía que probablemente era mediodía, se sentía un poco confundido y adolorido. Al ver la férula plástica alrededor de su mano y sentirla completamente adormecida, recordó la pelea con Akanishi… “Te quitaré todo lo que ames… Tu música! Tu bandita! Tus amigos! A Tatsuya!… Todo!”, le había dicho mientras pisoteaba frenético su mano una y otra vez. Sus lágrimas comenzaron a rodar silenciosas a través de sus mejillas ante la sola posibilidad de no poder tocar nunca más… Giró su rostro tratando de engañarse a sí mismo al no ver su mano vendada e inmovilizada. El apacible rostro que dormía a su lado calmó de pronto la tormenta que azotaba su corazón deteniendo el caudal interminable de agua salada que llevaba sus temores; con cuidado apartó los mechones de cabello que cubrían ese rostro indescriptible, ahora contemplaba un cuadro que, sin proponérselo siquiera, le robaba una boba sonrisa enamorada.

Sentía algo agradablemente cálido sobre su rostro… no quería despertar, pero al final terminó abriendo los ojos poco a poco hasta encontrarse directamente con una dulce y tierna sonrisa que lo contemplaba con absoluta fascinación. Estaba realmente feliz de que Fujiie abriera los ojos. Llevó su mano hasta su mejilla, dejando entre ellas la mano de Fujiie para preservar aquella caricia… quería sintiéndola aunque fuera un poco más. Volvió a cerrar los ojos, era una sensación por demás agradable, quería preservarla detalladamente por siempre en su memoria.

Ninguno de los dos quiso decir algo… ninguno pensó siquiera en moverse… simplemente era increíblemente placentero permanecer así.

-¿Te sientes mal? ¿Llamo a la enfermera?- Preguntó Ueda al ver que ponía carita de dolor. Fujiie no podía más que negarle con la cabeza. –Lo siento… por mi culpa tú…- Ueda contenía las lágrimas, no quería que lo viera llorar. Fujiie tomó con todas sus fuerzas la mano del chico a su lado, casi como diciendo “no te vayas!. Se quitó la mascarilla del oxígeno que lo había ayudado a respirar durante toda la noche debido a los golpes en el pecho y la espalda que le provocaron fallas respiratorias.

-Es…toy bi…en…- Esa sonrisa no podía ser mentira. –No fue… tu culpa… ok?…- Su expresión tan dulce y a la vez tan determinante, le robó una sonrisa.

-¿Está bien si me quedo contigo…?- La intención escondida detrás de sus palabras provocaba un rubor intenso en sus mejillas tan sólo de pronunciarlas.

Fujiie aferró lo más fuerte que podía la mano que sujetaba entre la suya, asintiendo con una radiante sonrisa.

-No dejaré que te vuelva a pasar algo…- No había necesidad de ser un genio para saber que no había ni una gota de mentira o exageración en sus palabras.

-Gracias…- Esa sonrisa en particular… ésa que le regaló mientras acariciaba su mejilla y lo miraba desbordante de sentimientos, ésa única y maravillosa fue la culpable de que Ueda no pudiera contenerse más y de que terminara besándole delicadamente los labios, dejándolo completamente en shock observándolo con los ojos abiertos de par en par, incapaz de reaccionar. Un beso breve y profundo que apenas si duró unos segundos.

-Sé que esto será problemáticos para ti pero… en verdad quiero estar contigo…- Casi susurró esa frase sobre sus labios. Una mirada de total incomprensión. -¡Ah! Lo siento…- Se incorporó sobre la silla. –Estoy siendo muy egoísta… no pensé en que tú ni siquie…- Si algo más iba a salir de su boca, quedó eternamente sepultado  cuando su mano lo tomó de la sudadera y lo jaló contra sí para besarlo también.

-Si puedo estar contigo, todo estará bien…- El miedo, la culpa y todas sus angustias desaparecieron con aquella sonrisa. Ya no había nada entre ellos, en ese preciso instante estaban juntos, compartiendo la misma sonrisa en sus labios.

El doctor les explicó la gravedad de la lesión y su recomendación a partir de ese momento para tratar de minimizar lo más posible las secuelas. Si bien la operación había sido un éxito, algunos de sus nervios habían sido bastante dañados y no podían asegurarle que su mano volviera a funcionar del mismo modo que antes. Las lágrimas terminaron por desbordarse sobre su rostro mientras le aferraban con fuerza la mano tratando de brindarle consuelo. Una vez que el doctor dejó la habitación, Ueda lo abrazó y Fujiie terminó por romper en llanto.

-¿Qué haré si no puedo volver a tocar?- Hablaba bajito y pausado entre lágrimas y sollozos llenos de angustia y desesperación aferrándose al brazo del mayor, quien apoyaba la barbilla sobre su nuca tratando de hacerle ver que estaba con él.

-No dejaré que eso pase, de acuerdo?… Buscaré por todo el mundo de ser preciso, a los mejores especialistas. Definitivamente volverás a tocar… te lo prometo…- Sus palabras lograron tranquilizar al pequeño y frágil chico que aún se estremecía sollozando entre sus brazos.

Se había quedado profundamente dormido. Ueda lo acomodó con cuidado y suma delicadeza sobre la cama… se veía tan lindo durmiendo que no podía evitar sonreír mientras la observaba. Intentó deslizar su brazo para levantarse y dejarlo levantar, pero no pudo hacerlo, Fujiie se rebulló un poco atrapándole de nueva cuenta el brazo debajo de su cuerpo. Temía lastimarlo si lo movía demasiado, así que mejor se recostó a su lado. Aunque la verdad es que quería simplemente abrazarlo un rato más.

Yodogawa llegó al hospital acompañado de Ishigaki, estaba tan  ansioso por ver a su “querido Yori”, que apenas si había podido prestar atención en clase. Llamó despacio a la puerta pero nadie respondió; suponiendo que Ueda habría vuelto a casa abrió lentamente la puerta. Verlos durmiendo juntos fue más de lo que hubiera podido soportar… aquella escena lo había dejado conmocionado.

-¡¡¿Eh?!- Ishigaki había terminado estampándose contra Yodogawa cuando éste se paró de súbito después de haber dado sólo un paso dentro de la habitación. Su asombro fue aún mayor al ver a aquel par acurrucados el uno contra el otro como si fueran un par de gatitos.

Lo que a él le robaba una sonrisita de satisfacción y alegría, al chico parado frente a él le borró por completo la sonrisa dejándole el corazón hecho añicos. Amaba muchísimo a Fujiie y por eso mismo, sólo quería su felicidad, sin importar si no era a su lado… pero aún así… verlo con otro era mucho más doloroso de lo que había imaginado.

-¿Yodi…?- Estaba tan feliz de que aparentemente Fujiie y Ueda habían decidido darse una oportunidad y estar juntos, que no notó que su otro mejor amigo estaba sufriendo con ello. En un segundo todo tomó sentido ante sus ojos… ¿Cómo no se había dado cuenta antes?

-Creo que después de todo si iré a comer algo a la cafetería…- Nada en él denotaba cómo se sentía, pero lo conocía demasiado, siempre le había costado mucho trabajo demostrar sus sentimientos… su única salida para ello era la música, así que ya no le sorprendió tanto que incluso pudiera ser que estuviera odiándolos a él ya Ueda por quitarle de alguna manera a Fujiie.

-Dai-chan?…- Ueda tenía el sueño un poco ligero, así que no fue nada extraño que se despertara cuando se le cayó a Ishigaki el celular. Sacó con cuidado el brazo que Fujiie le atrapaba, lo sentía un poco entumecido. Camino un poco adormilado hasta la salita donde estaba sentado su amigo ordenando algunas cosas dentro de su mochila.

-Hola Tat-chan…- Volvió a la normalidad, después de todo, ni Ueda ni Fujiie tenían la culpa del dolor de Yodogawa, seguramente ninguno de los dos estaban enterados de sus sentimientos… y no era para menos, ni siquiera se habían percatado de lo que sentían el uno por el otro desde el primer momento.

-No has desayunado, cierto? Tienes cara de que no lo has hecho…- Decía entretenido mirando el aspecto infantil y amodorrado de su amigo. -¿Por qué no aprovechas que Yori está dormido y vas a comer algo?- A pesar de que era dos años más joven que Ueda, siempre se mostraba un tanto sobreprotector con él, probablemente debido a su personalidad y apariencia.

-Tienes razón…- Sonreía un poco apenado ya que Ishigaki lo conocía muy bien. –Sí, creo que debería ir a comer algo…- Parecía un poco serio y cansado, Ishigaki se preguntaba si no estaba exigiéndose demasiado. -Dai-chan~… muero de hambre~…- Hacía un lindo puchero mientras se sentada a su lado. Ése sí era el Ueda que estaba acostumbrado a ver, una vez que vio que había robado una sonrisa a su amigo que parecía un poco preocupado, dejó de lado su voz aniñada. –Cuídalo por mí un rato, quieres?…- Miraba de reojo a Fujiie mientras dormía.

-No tienes que ser tan informal Tat-chan… ahora con mayor razón cuidaría de él… ya no sólo es importante para mí sino también para ti…- Ueda entendió a la perfección lo que Ishigaki le estaba diciendo con aquellas palabras así que se ruborizó un poco.

-Dai-chan… gracias… no quieres nada?- Le dijo desde la puerta antes de salir.

-Nop… yo almorcé hace como una hora…- Respondía cerrando bien las cortinas para que no le molestara a Fujiie la luz mientras dormía. Ueda bajó en el elevador, en realidad se sentía mucho más cansada de lo que se veía pues no solía desvelarse ni malpasarse. 

Parallel World Cap.7

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FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

 

CAPITULO 7: El odio que consumía recuerdos. 

 

Ueda llegó a casa sin ningún contratiempo. Fue directo a su habitación, ni siquiera encendió las luces, se quedó en el silencio apacible de la noche sintiéndose miserable… no quería que nadie saliera lastimado. Nunca creyó que aquel chico tan carismático y encantador pudiera ser tan patán, ni mucho menos que hubiera sido capaz de hacerle daño.

Estaba molesto consigo mismo, no podía permitir que eso volviera a pasar, si no era capaz de defenderse, sus amigos se volverían a ver involucrados. Le preocupaba lo que Akanishi estuviera tramando, no le parecía normal que hubiera dejado las cosas así como así… por alguna razón, tal vez por sus palabras, Ueda se preocupó por Ishigaki, Akanishi siempre se había sentido celoso de él; y al mismo tiempo ahora le preocupaba Fujiie… Si Akanishi descubría lo que sentía por él, era más que seguro que le haría daño para quitarlo de su camino… Por segunda vez se sentía entre la espada y la pared…. Y nuevamente era debido a Akanishi. Al final se quedó dormido… se sentía terriblemente cansado y el brazo le dolía un poco, el fuerte agarre de Akanishi se había quedado marcado en su piel… seguramente amanecerían con moretones.

 

A pesar de lo que había pasado, Ishigaki y los demás disfrutaban del ambiente y la compañía; incluso Fujiie sonreía como siempre junto a Yodogawa con las ocurrencias de Igo. La noche se había pasado volando, pronto serían las once, no podían desvelarse mucho, mañana tenían que ir a la Universidad. El teléfono de Fujiie comenzó a sonar, tan sólo por el timbre supo quién era, así que lo sacó de su bolsillo tan rápido como pudo: “Olvidé mi celular en la escuela y vine por él, pero no me siento muy bien… puedes venir por mí?”. No hubo necesidad de una llamada, con sólo ese mensaje se había sentido feliz.

-Chicos, creo que me iré primero…- Les anunció tras responderle el mensaje diciendo que ya iba para allá y que no tardaría mucho en llegar pues no estaba muy lejos de ahí.

-Y eso? Todo bien?- A Yonemura le extrañó su aviso siendo que siempre era el último en irse.

-Sí… bueno, es que Ueda me mandó un mensaje, parece que olvidó algo en la escuela…- De algún modo se apenó de decirles aquello a sus amigos, no quería que lo juzgaran.

En serio? Quieres que te acompañe? Aunque Yodogawa estaba un poco celoso, para él lo más importante era Fujiie.

-No, estaré bien… mañana tienes que levantarte temprano, no? Es tu examen del segundo trimestre, será mejor que vayas a casa y descanses…- Su preocupación no era para menos, lo conocía y sabía que probablemente había dormido dos o tres horas los últimos días practicando pues era bastante perfeccionista.

-Tienes razón… lo había olvidado…- Yodogawa a veces era muy despistado, así que los demás solían prestarle más atención, sin embargo, en esta ocasión, su olvido era sólo una mentira.

-Si necesitas algo o pasa algo llámanos, de acuerdo?- Ishigaki siempre se mostraba un poco sobreprotector con ellos dos, aún cuando ambos eran mayores que él los veía como a sus hermanos menores.

-Si, no te preocupes…- Para Fujiie más que su senpai de la escuela, era como un hermano del cual se sentía orgulloso. Se despidió y fue directo a la escuela; como estaba relativamente cerca, decidió irse a pie, al final echó a correr preocupado pues había empezado a hacer más frío.

 

Como era de esperarse, aún había muchas personas en las instalaciones; los exámenes  finales estaban próximos y no todos podían practicar en sus casas. Despreocupado por todos, se dirigió directo a la sección de piano, que fue donde encontraron a Ueda un par de horas antes. Alguien tocaba a lo lejos, cometía demasiados errores así que descartó la posibilidad de que fuera él… pero el sonido se volvía más fuerte conforme se acercaba al salón donde siempre estaba y de pronto recordó que se había lastimado, por lo que prefirió cerciorarse de si era él o no.

Llamó suavemente a la puerta pero no obtuvo respuesta, estaba demasiado oscuro                                                         dentro para ver bien quién era quien tocaba.. Tocó un poco más fuerte y la melodía se detuvo. Alguien abría la puerta recibiéndolo con una sonrisa, pero para su sorpresa e incomprensión, no era Ueda quien lo recibía.

-Mmm… mira nada más lo que tenemos aquí…- Otra vez Akanishi lo miraba con esa cara altanera y déspota.

-Qué haces aquí? Que le hiciste a Ueda?- Fujiie se preocupó de que le hubiera vuelto a hacer algo. Akanishi echó a reír de un modo que casi daba miedo.

-Me pregunto si eres muy inocente o si tan sólo eres muy idiota… En verdad creíste que era Tatsuya quien te pedía ayuda? Jajajaja supongo que tantos años recibiendo sus mensajes sirvieron de algo…- Su risa cínica y sarcástica molestó mucho más a Fujiie. –Mmm…- Comenzó a barrerlo de pies a cabeza. –Qué lástima que sus gustos hayan decaído tanto en tan poco tiempo…- Lo miraba de un modo tan despectivo que cualquier se hubiera sentido menos que nada. Supongo que es tan patético que puede consolarse incluso con alguien como tú… debe sentirse tan poca cosa qu…- Fujiie no pudo soportar más su actitud y lo calló de un puñetazo.

-No me importa que me digas que no valgo nada! Pero no te voy a permitir que digas esas cosas de Ueda!!!- Akanishi lo miraba sorprendido, nunca hubiera pensado que ese chico de apariencia tan frágil e infantil pudiera abrirle el labio de un solo golpe. Comenzó a reír histéricamente…

-Vaya! Vaya! Creo que a alguien le gusta demasiado mi pequeño Tat-chan… y yo que creía que esta vez quería ser él el protector…- Aunque Fujiie no entendía lo que trataba de decir, sintió la mala intención en sus palabras.

-Eso a ti no te importa!!!-

-Pues déjame ponerte algo en claro, estúpido… Tatsuya me pertenece, siempre ha sido así, y no pienso dejar que ni Ishigaki ni nadie lo tenga, mucho menos tú.-

-Ueda no es un objeto que pueda ser poseído por alguien; te agradecería bastante que me regresaras su celular y lo dejaras en paz…- Le estiró la mano mientras inclinaba su cabeza por educación.

-Jajajaja! Tú?… me estás dando órdenes?- Ni siquiera le dio una oportunidad para que reaccionara; el golpe en el estómago lo sofocó  por completo, trató de levantarse pero regresó al piso de una patada, y luego vino otra y otra más, apenas si podía respirar mucho menos gritar. Akanishi había dejado de necesitar un pretexto, simplemente quería golpearlo… sería el modo perfecto de demostrarle a Ueda que iba en serio, de molestar en el camino a Ishigaki y de quitar una piedra del camino. Para cuando Akanishi se cansó de pegarle y patearlo, Fujiie ya ni siquiera se defendía, el algún punto había dejado de moverse… para cuando bajó la escaleras ya no podía decir siquiera si respiraba o no, pero la verdad es que eso era lo que menos le importaba en ese instante, la adrenalina hacía su efecto, sólo encendió un cigarrillo y se fue al departamento de Kamenashi, seguro de que no lo dejaría dormir en un buen rato.

 

-Ah! Lo siento… estabas dormido?- Preguntaba una voz por demás amable.

-Si… pero… no se preocupe…- Contestaba más dormido que nada.

-Tat-chan~… Oye, Yori-kun sigue contigo?- Notó a Ishigaki un tanto preocupado.

-Fujiie? No, no lo he visto desde que nos despedimos… por qué lo preguntas?…- Ya se había incorporado y se frotaba los ojos tratando de abrirlos.

-Queeeeeeeeeeé?!- El grito al otro lado había terminado de despertarlo.

-Por qué? Qué pasó?- Bastó con que mencionara lo del mensaje para que Ueda saliera corriendo rumbo a la escuela, tan a prisa que ni siquiera alcanzó a ponerse el suéter e iba con él en la mano y las agujetas desamarradas. Sin duda alguno esto era cosa de Akanishi.

 

Pasaba ya de la media noche. Los estudiantes que quedaban comenzaban a irse, otros simplemente se tomaban un descanso. Al ver cómo venía, comenzaron a cuchichear entre ellos pero Ueda ni siquiera le dio importancia a su presencia. Se detuvo un segundo para tomar aire, no había señales ni de Akanishi ni de Fujiie. Las luces del edificio donde tomaba clases estaban encendidas, sin duda alguien se había quedado practicando, lo cual le extrañó porque todos los que conocía tenían piano en su casa y no se quedaban por la noche en la escuela pues hacía frío y podían dañarse las articulaciones de sus dedos. De pronto un escalofrío le recorrió la espalda. Corrió con todas sus fuerzas.

-Ueda!- Alguien le hablaba, la voz le parecía familiar.

-Nishikido-kun…- Su voz entrecortada debido a la carrera desde su casa y el sudor en su frente lo preocuparon más que la palidez inusual de su rostro.

-Estás bien? Qué te pasó? Qué haces aquí a estas horas?- Nishikido no podía evitar preocuparse por él, lo conocía desde antes que Akanishi, incluso se había interesado en él antes que el otro, pero cuando por fin se armó de valor para confesar sus sentimientos, ellos ya estaban juntos.

-Jin… has… visto a Jin!- Se esforzaba en respirar para poder hablar, en verdad se veía desesperado. Nishikido no puedo evitar poner cara de fastidio sólo de escucharlo pronunciar su nombre.

-Sí… estuvo desafinándote el piano… se fue hace poco, Yassu lo vio salir cuando llegó…- Ya no le hablaba con una sonrisa, de cierta manera parecía molesto.

-Viste a alguien con él?! Un chico como de tu estatura, delgado de carita medio infantil… Llevaba pantalón negro y una sudadera roja a cuadros anudada a la cintura- De pronto le pareció más preocupado por saber éso que por saber sobre Akanishi. Algo le sonaba… Al no recibir respuesta de su parte y ver su cara de “no sé de qué hablas” Ueda subió corriendo, tenía un mal presentimiento.

 

Deseaba que fuera mentira… Una pequeña figura yacía inmóvil en el piso. Quería que no fuera verdad… Se acercó sintiendo que sus piernas temblaban pues a pesar de las manchas de sangre vio los cuadros de su sudadera. Corrió desesperado y moviéndolo lo menos posible, lo giró para verle el rostro.

-Fujiie!!… Fujiie!…- Lo revisó con cuidado, no respiraba con normalidad, estaba muy golpeado, pero al menos seguía con vida. De pronto una herida en particular llamó su atención: su mano derecha… se veía realmente mal. Algo se le cayó cuando lo movió: su celular. Era imposible que pudiera sujetarlo con fuerza, su mano estaba hecha pedazos. Nishikido contemplaba aquello desde unos escalones más abajo. No podía creer que Akanishi hubiera podido hacer algo así, sus sospechas eran ciertas, el chico al que Ueda describió era Fujiie. Al menos algo lo dejó tranquilo: ya no tendría que hacer las cosas él, Akanishi había hecho todo, incluso mejor de lo que él mismo había pensado. Bajó las escaleras, caminó hasta el final del pasillo, hasta el salón donde había hablado con Fujiie hacía unas horas y donde ahora había alguien de pie esperándolo.

-Ryo-chan, a dónde te habías ido?- El chico le hacía un puchero mientras se echaba al hombro el estuche del violín que estaba apoyado en la puerta.

-A ningún lado Uchi… sólo esperaba a que salieras…- Le decía con una sonrisa al tiempo que lo besaba para luego rodearlo con el brazo y bajar las escaleras. Cuando salieron del edificio Nishikido dio un último vistazo hacia el tercer piso.

-Olvidaste algo?- Le preguntaba dulcemente besándole la mejilla.

-Nop… Tienes frío?- Lo estrechó un poco más contra su cuerpo y caminaron rumbo a la avenida.

 

Por primera vez en todo este tiempo Ueda odió a Akanishi con toda su alma… y se odió a sí mismo por haber involucrado a Fujiie.

-Si? Necesito una ambulancia…- Tras finalizar la llamada, envolvió con cuidado la mano de Fujiie con su pañuelo y lo cubrió con su suéter. Un par de minutos después llegó la ambulancia y se fueron al hospital.

El doctor le dijo que tendría que ser sometido a cirugía de inmediato, su mano estaba muy dañada. Ueda llamó a Ishigaki pues se necesitaba el consentimiento de un familiar para llevar a cabo la operación y en su celular no había ningún contacto que pareciera ser un pariente, sus llamadas frecuentes eran a Ishigaki, Yodogawa o Igo y ninguno de ellos servía. Al final Ishigaki le pasó el teléfono de su casa, una de las internas a cargo del doctor que lo atendía y que estaba de guardia esa noche llamó. Ishigaki e Igo llegaron al hospital poco después de la llamada. Ueda se sentía terriblemente culpable por lo que había pasado, había un nudo en su garganta que le dificultaba hablar mientras les explicaba su condición. Ahora no podían hacer otra cosa más que esperar a que saliera de la sala de operaciones.