Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

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Tres Deseos (Akame)

Tres deseos

One-Shot

AKame

~Teardrops in the rain / CN BLUE~

To: Kath

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Aquella escena era por demás dolorosa… El chico más alto ocultaba sus lágrimas detrás de esos lentes oscuros y el sombrero aterciopelado que llevaba puestos mientras el chico delgado de rostro aniñado lloraba desconsoladamente sin preocuparse de ser visto públicamente en ese estado.

-Será mejor que te vayas Kazu…-

-¡No Jin!… ¡No quiero separarme de ti!… No todavía…-

-Si no te vas ahora quedarás atrapado entre la prensa…-

-Jin… no… yo…-

Si iba a decir algo más, jamás lo sabremos… sus palabras se perdieron para siempre entre aquellos besos apasionados que parecían estar a punto de hacerlos perder el control sobre sí mismos para ahogarse por completo en aquel éxtasis que sólo conocían cuando hacían el amor.

Akanishi salió de la sala de espera dejando a Kamenashi desplomado en su asiento, incapaz de ponerse de pie o de recuperar siquiera el aliento; sólo para perderse entre las cámaras, micrófonos y miradas cuestionando su decisión de dejar nuevamente KAT-TUN.

Ahora, estando a solas en el asiento solitario del lujoso avión que le pagaron, un río interminable de agua salada fluía silenciosamente profundizando la herida que destrozaba su corazón.

-Kazu… mantendré mi promesa… definitivamente…-

La voz del amor de su vida sonaba dulce en sus oídos a medida que subía el volumen de su iPod; tratando de huir de su sufrimiento prefirió cerrar los ojos y evocar su figura… ahora era la única manera que tenía de estar con él.

Las transitadas calles de Los Ángeles le parecían aún más grises y solitarias de lo que recordaba… Separarse de nueva cuenta de Kamenashi era aún más duro de lo que pensaba. Para Akanishi, el último año había sido de lo peor… Tras haber terminado su relación  a finales del 2008, Jin Akanishi recibió el 2009 entregándose de lleno a los vicios y excesos para intentar ignorar el dolor y el vacío que inundaban su pecho… y mientras el resto de sus amigos se alejaban poco a poco de él debido a su horrible actitud, al final fue Kamenashi quien estuvo a su lado justo a tiempo para evitar que cayera a un abismo del cual no podría regresar… Así el 2010 fue recibido entre besos y caricias enredados entre sabanas de seda… Pero justo cuando todo parecía no poder ser más perfecto, la noticia de una inevitable separación llegó a sus vidas: El Jefe había decidido enviar a Jin a Estados Unidos para un evento solista.

Como era de esperarse, Akanishi se negó rotundamente a aceptar la decisión, definitivamente no estaba dispuesto a separarse nuevamente de Kamenashi; no le importaba si ya no podían estar juntos “públicamente”, pues todos seguían en la idea de que ya nada existía entre ellos, pero así estaba mejor, de ese modo nadie se metía en su relación, no le importaba mientras pudiera estar con él. Pero a final de cuentas, el titiritero movió los hilos necesarios para asegurarse de que su pequeña y valiosa marioneta continuara con el show del modo en que estaba planeado… Akanishi jamás se hubiera imaginado que Johnny-san había manipulado a los chicos sin que se dieran cuenta para que convencieran a su querido amigo de no dejar pasar una gran oportunidad en su carrera, so pretexto de que al grupo le haría bien estar un tiempo lejos de Jin debido a todos los problemas que habían pasado el último año debido a su actitud. Y mucho menos hubiera pensado que su pequeño y adorado Kamenashi también había sido víctima de aquella boca fría y calculadora que siempre se salía con la suya, ya que realmente fueron las palabras de Kame las que lograron que Jin aceptará marcharse; después de todo, tal vez Kamenashi ya no lo recordaba, habían pasado ya siete años desde que aquella promesa fue pronunciada, pero para Akanishi seguía siendo la llama que lo mantenía con vida y que lo motivaba a seguir adelante cada día.

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La cámara mostraba un Jin Akanishi completamente diferente del que ese enorme y oscuro cuarto de hotel escondía… Una sonrisa seductora envuelta en una actitud soberbia, adjuntas a una mirada indiferente y movimientos de baile provocativos… La locura y fascinación de las fans que gritaban y lloraban de emoción sólo de tenerlo a menos de 10 metros… Su voz sexy y las melodías adictivas robaban todas las miradas a donde quiera que iba volviéndose el centro de atención… La nueva estrella brillaba con fuerza sobre los escenarios americanos… La misma estrella que carecía de brillo propio cuando nadie la miraba… La que ahora lloraba a la luz de la luna anhelando los brazos del Sol que lo proveía de luz y calor en esta noche fría y lluviosa de verano.

-¿Jin?-

-Kazu…-

-¡Ah! ¡Por fin contestas!-

-¿Eeh?-

-Te había estado llamando todos estos días pero tu manager me dijo que estabas muy ocupado y que no podrías responder el teléfono y que te diría que me llamaras cuando estuvieras libre…-

-¡¿Qué?! ¿El señor Collins respondió mi celular?-

-S-sí… ¿por qué Jin? ¿Qué pasa?…-

-Nada Kazu… nada…-

-¿Qué pasa Jin?-

-Es sólo que ya te extraño muchísimo…-

-Yo también Jin… no sabes cuánto te echo de menos…-

A pesar de lo mucho que lo conocía, había algo que Kamenashi nunca sabría de Akanishi: cuando estaba llorando… Ni siquiera esta vez que el nudo en su garganta lo hacía un poco obvio, Kame pudo darse cuenta de que Jin estaba llorando aún mientras hablaban… tal vez era un hipócrita… tal vez sólo fingía… tal vez era sólo que en realidad no quería que el amor de su vida lo viera así… Lo único cierto es que era bueno actuando como que todo estaba bien.

El verano llegó más rápido de lo que cualquiera de los dos hubiera pensado… Jin estaba ansioso contando los días para su regreso… harto de la soledad y de no tener a Kame a su lado, había recaído en el alcohol… en algún punto conoció a una chica que le recordaba a Kame en muchos aspectos… pero que nunca sería él… Su estado de frivolidad y depresión terminaban por lastimarlo constantemente, sobre todo al llegar la mañana cuando se encontraba con algún rostro extraño que ni siquiera recordaba haber visto antes. Sí… quería volver ya… necesitaba regresar ya… Había tenido tiempo suficiente estos últimos días como para pesar en todo y darse cuenta de que si seguía así se destruiría por completo… pero no podía desobedecer al hombre que había hecho sus sueños realidad, al que le había dado todo lo que tenía; así que sólo trataba de aferrarse a aquella promesa y esperar por el día en que fuera abrazado nuevamente por Kame.

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Apenas si habían estado en contacto; ambos entendieron que no eran más que piezas sobre un tablero, incapaces de moverse libremente mientras estuvieran en su juego… el hecho de estar incomunicados no les impedía decirse de algún modo o de otro lo que sentían… ambos confiaban en que el otro estaría viéndole a través del televisor.

Octubre llegó más rápido de lo que Akanishi imaginó, sabiendo que en un par de días regresaría a casa, su habitual y boba sonrisa regresó a su rostro; su concierto había sido todo un éxito, al grado de que habían abierto dos fechas más en septiembre aprovechando que Jin estaría ahí hasta finales de año; por alguna razón que ni siquiera el mismo Johnny-san llegaba a entender, el ánimo de Jin había mejorado considerablemente desde entonces, pareciera como si de repente hubiera vuelto a ser el mismo Akanishi que era cuando junior.

Pero como siempre suele pasar, toda esa felicidad no le duró mucho tiempo… Tres días antes de la fecha en que estaba programado su regreso a Japón, el manager lo despertó en la madrugada… el Jefe estaba al teléfono y quería hablar con él de inmediato… Jin tendría que quedarse hasta diciembre… el nuevo contrato no estaba a discusión. Sin decir siquiera una palabra, el manager salió de su habitación, Akanishi parecía estar en shock. Desde el pasillo se podían escuchar sus gritos y el ruido de las cosas que lanzaba por todas partes chocando contra el piso y las paredes.

Los rayos del Sol se colaban ligeramente por entre las cortinas… una fría y lluviosa mañana le daba los buenos días a la figura depresiva que estaba agazapada en el recoveco que quedaba entre la cama y la mesita de noche. Las visibles ojeras sobre aquel rostro demacrado e inexpresivo volvían evidente que no había dormido nada durante los últimos días; el cuarto que hasta hace poco estaba impecable, ahora parecía haber sido atacado por un tornado devastador. Y en medio del caos que era su mundo en ese momento, Akanishi no pudo hacer otra cosa más que llorar.

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Sus drásticos y repentinos cambios de personalidad, lejos de asustar o molestar a sus fans, lo volvían ante sus ojos aún más atractivo y genial, cosa que ya pasaba a darle igual a estas alturas. Nuevamente era Jin Akanishi, el pedante y egocéntrico chico sobrevaluado que trataba a todos con desprecio y sin interés como en la época con LANDS… Pero, ¿a quién le importaba? Elevaba hasta el cielo los raitings de cada programa donde se presentaba, tenía lleno total en todos los conciertos que tenía programados… Su problema de actitud no era más que lo natural en un artista de su talla.

Lo único que de verdad lo atormenta al grado de hacerlo perder la compostura era la ausencia de Kamenashi; sabía perfectamente que era obra del viejo… Seguramente les había prohibido llamarlo para asegurarse de que no saldría corriendo a Tokyo en el primer avión que encontrara; después de todo, que lograra controlar a Kazuya no era novedad, pero que Ueda también hubiera dejado de llamar definitivamente no era normal… y por más que trataba de llamarlos, su teléfono parecía no poder hacer llamadas de larga distancia… era como su hubiera sido bloqueado.

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El primer concierto de diciembre había terminado sin ningún altercado… y mientras estaba tirado en el sofá de su camerino esperando que lo fueran a recoger para llevarlo de regreso al hotel, la puerta de madera se abrió de golpe revelando una delgada figura vestida de negro con el rostro oculto bajo la capucha de su elegante abrigo… Aquellos rasgos finos y delicados en la cara del intruso hicieron que Jin se cayera al piso al tratar de sentarse creyendo que alucinaba… ¿Cómo iba a ser posible que Ueda estuviera ahí frente a sus ojos?

-¿Así que era verdad?-

-¿Eeh?-

-¡Que mientras Kamenashi está debatiéndose entre la vida y la muerte, tú sigues jugando a la estrella pop del momento!- No era la primera vez que Akanishi veía ese lado de Ueda que pocas veces mostraba y que casi nadie había visto… Y tampoco era la primera vez que el enojo era contra Jin… Sin embargo, por vez primera Jin no logró entender lo que su querido Tat-chan había dicho tan fuerte y claro. Algo en sus palabras  lo había shockeado al grado de dejarlo fuera de la realidad… Vio como  Ueda se acercaba a él y cómo lo tomaba por el cuello de la gabardina levantándolo sin mayor problema… Al ver la expresión vacía de total incomprensión en los ojos de Jin, Ueda, que lo conocía extremadamente bien, se dio cuenta de que Akanishi no sabía nada al respecto… y de inmediato la idea de golpearlo pasó a ser sustituida por un abrazo desesperado.

-Jin… no lo sabías, verdad? Todo este tiempo estuviste aquí sin saber nada, verdad? Por eso no nos llamaste y no podíamos contactarte…- Las lágrimas de Tatsuya trajeron de regreso a Jin, quien correspondió aquel abrazo tan familiar con todas sus fuerzas, después de todo, no soportaba verlo llorar y menos por su culpa.

-Tat-chan… ¿qué fue lo que dijiste de Kazu?…-  Akanishi hablaba de modo atropellado, el impacto de la situación había sido demasiado para él. Ueda lo aferró más entre sus brazos.

-Jin… Kamenashi está en el hospital… hace unas semanas tuvieron un accidente mientras volvían de pasar el fin de semana en casa de Koki… Un conductor ebrio los sacó de la carretera… Juri-kun, Nakamaru y Koki ya están fuera de peligro… pero Kamenashi está gravemente herido, él se llevó la mayor parte del daño porque era quien iba manejando y fue de ese lado donde recibieron el golpe del otro auto… Los doctores dicen que Kame…- Ni siquiera lo dejó terminar de decir lo que quería explicarle, Jin se zafó de entre sus brazos y echó a correr por el largo pasillo hasta la salida de emergencia de la parte trasera… conocía bien aquel camino, ya lo había usado la vez pasada para escapar de los fans que habían logrado colarse después del show.

Ahora Jin corría como nunca de regreso a su hotel en busca de su pasaporte… y aunque no lograba ordenar las ideas dentro de su cabeza, lo único que sabía con certeza era que tenía que llegar hasta Kame. Su celular sonaba en el bolsillo de su pantalón… era él… el culpable del sufrimiento que pasaba justo en ese momento.

-¿Dónde demonios estás Jin? La rueda de prensa está por empezar y tú…-

-¡¿A quién le importa?! ¡¿Creíste que por mantenerme lejos de ellos ibas a romper el vínculo que hemos forjado durante los últimos 10 años?! ¡Ya no somos los niños a los que manejabas a tu antojo!-

Johnny-san miraba incrédulo su celular… era la primera vez que Jin se le revelaba al grado de haberle colgado el teléfono a media conversación… La maliciosa sonrisa dibujada en sus labios fue vista sólo por aquella pequeña figura encapuchada que se ocultaba tras la puerta y que salió sigilosamente en busca del amigo que seguramente estaría en problemas gracias a aquel hombre.

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-Sí… buenas noches… quiero un boleto de ida a Tokyo en el vuelo más próximo que tenga…- Para cuando Akanishi vio realizada su meta, la señorita del mostrador le regresó la tarjeta de crédito.

-Lo siento señor… su tarjeta está bloqueada…-

-¡¿Qué?!-

Su sorpresa dio paso al enojo para finalmente terminar riendo un poco histéricamente al darse cuenta de que esto era obra de él.

-Que sean dos boletos…- Al reconocer de inmediato esa voz un poco grave pero bastante dulce, Jin vio cuando Ueda pagaba en efectivo al tiempo que le dedicaba una sonrisa un tanto burlona.

-Tat-chan…-

-Jin… ¿aún después de tanto tiempo sigues sin entender de lo que él es capaz cuando algo se interpone en su camino?-

El vuelo fue horriblemente largo… ni siquiera pudo dormir. Ueda lo miraba de reojo mientras se rebullía entre su abrigo y el asiento al despertar tras haber aterrizado… Apenas bajaron del avión uno se echó encima la capucha y el otro se puso sus lentes oscuros, no tenían tiempo que perder… Subieron a un taxi con destino al Hospital General de Tokyo. Conforme se acercaban, Jin perdió el control sobre su corazón… ya no sabía que sentir o qué pensar… La culpa lo devoraba poco a poco… La calidez de la mano que se cerraba con fuerza sobre la suya lo tranquilizaba en sobremanera, siempre había sido así… Ahora sabía perfectamente qué hacer… Sólo estaría con Kame de ahora en adelante. Todo lo demás no tenía importancia.

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Aquellos ojos de mirada inocente lo veían como si fuera un espejismo o una ilusión… él era la última persona que esperaba ver entrar por esa puerta… pero de alguna manera se alegró de que lo fuera.

-¿Taguchi…?-

-Jin… ¡en verdad eres tú!-

Al escucharlo se levantó de súbito de donde estaba y le dio la bienvenida. A pesar de lo mal que solía tratarlo el 90% del tiempo, Junno no podía odiar  a Jin… lo quería mucho y de cierto modo sabía que esa era la manera de Jin de mostrarle cariño, aún si a veces pensaba que no era la mejor manera, había dejado de molestarle.

Akanishi había esperado tanto por ese momento… el momento en que pudiera reunirse nuevamente con su amada tortuguita, pero ahora que por fin estaba a solas con él, no podía hacer otra cosa que mirarlo al borde del llanto.

Kamenashi yacía inconsciente sobre aquella cama, su cuerpo lucía más frágil de lo que podía recordar en toda su vida juntos, cubierto por vendajes y moretones; al ver los clavos en su brazo izquierdo comenzó a llorar… la carita que tanto amaba no le sonreía… raspones y puntadas debían esconderse debajo de esas gasas sujetas con cinta micropore… Su dulce voz no le daba la bienvenida… los tubos conectados al respirador le obstruían la garganta… Verlo así le dolía… más de lo que podía soportar… Pero nunca volvería a separarse de él.

-Kazu… soy yo… ¿puedes oírme?- Sujetaba temblorosamente su mano susurrándole tiernamente al oído, aún en esa situación, no quería que supiera que lloraba. –Ne~… Kazu… perdóname, si? Nuevamente llego tarde, no?… Pero sabes?… esta vez no volveré a seararme de ti por nada del mundo…- Jin le apartaba los mechones de cabello sobre la frente cuidadosamente con el dedo… nadie hubiera nunca creído que aquel chico tan brusco y arrogante pudiera llegar a ser tan amoroso; después de todo, el único que conocía ese lado suyo, era el chico que permanecía inmóvil y en silencio profundamente dormido frente a sus ojos. -¿Recuerdas?… ¿Aquella promesa que te hice hace tanto tiempo? ¿Recuerdas que te prometí decirte lo que había deseado cuando soplé las velitas de mi pastel de cumpleaños número 19 una vez que se hubieran hecho realidad?… Volví Kazu… volví para cumplir mi promesa… Mi tercer deseo se ha realizado… Logramos debutar como KAT-TUN… mi primer deseo… logré hacer mi concierto solista en el extranjero… mi segundo deseo… y finalmente fui capaz de enfrentarme a todo y a todos… por ti… mi tercer deseo eras tú… ser capaz de hacer cualquier cosa por ti… ser capaz de todo por estar a tu lado… Así que abre los ojos por favor Kazu… Quédate conmigo… eres mi deseo concedido… no te quiero perder…- Ya no pudo contenerse, sus lágrimas caían sobre las mejillas de Kamenashi mientras Jin le cubría la carita de besos para finalmente acurrucar su rostro entre la almohada y el rostro de Kame.

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Aquellas tibias gotas sobre su piel le recordaron la primera vez que estuvieron juntos… Jin acababa de bañarse y mientras estaba sobre él, finas gotas de agua escurrían de su cabello acariciando su rostro… En algún lugar escuchaba lejana la voz de Akanishi hablándole con tanta ternura que lo creía parte del sueño eterno en el que parecía haber estado… Pero no podía ser un simple sueño… Recordaba esa promesa… no la había olvidado ni un solo día durante estos 7 años… y Jin tampoco… ¿Acaso lloraba?… ¿Jin lloraba por él?… Eso significaba que estaba ahí… ¿era él quién sujetaba su mano?… Esa era sin duda la sensación anhelada de sus labios… el olor de su cabello… ¿Estaba soñando?… No podía ser verdad… ¿o sí?

Kame intentaba abrir los ojos… se sentía terriblemente  débil y cansado… todo le dolía…  quería seguir durmiendo… pero Jin estaba ahí… lo estaba llamando…

Akanishi sintió aquel ligero movimiento en los deditos que sujetaba con fuerza entre su mano… Se incorporó de inmediato creyendo que imaginaba cosas, sólo para encontrarse directamente con ese par de ojitos que le sonreían y le daban la bienvenida.

-Kazu…- Las lágrimas de Jin no se detenían… pero por su hermosa sonrisa, Kamenashi entendió que se debían a la felicidad de tenerlo consigo… La felicidad de haber obtenido sus 3 deseos de cumpleaños.

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Canción de Amor (AKame)

Canción de Amor.

One-Shot

AKame

~Neiro / KAT-TUN~

09-05-10

To: Johnnys Himitsu

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Aquella vez no pudimos despedirnos siquiera… Ya había pasado  un mes desde aquella noche en la que dijiste “tea amo” con tanto sentimiento, pero aún ahora tus palabras siguen flotando en mi cabeza… Sí, habíamos hablado ya varias veces desde esa última llamada… pero por alguna razón, parecía no ser lo mismo… yo usualmente no estaba solo, y ambos estábamos tan ocupados que apenas podíamos dormir…
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¿Estarás bien?. ¿Tendrás frío al despertar?, ¿Reirás tan libremente? Si hubiera sabido que esa sería nuestra última conversación, te hubiera dicho tantas veces que te amaba, te hubiera dicho todo lo que sentía… te hubiera dicho tantas cosas… justo cómo lo habías hecho tú… ¿es que acaso ya lo sabías?…
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Siempre era tan idiota… ahora era demasiado tarde para darme cuenta… estabas extraño esa noche… parecías al borde de las lágrimas… yo lo sabía… y aún así no me di cuenta… saqué mis propias conclusiones… pensé solamente en mí mismo… debiste haber estado sufriendo mientras yo bostezaba sin saber nada en absoluto… Pero, algo estaba mal en todo esto, por qué si lo sabías, si sabías que me iría al día siguiente… ¿por qué no fuiste a despedirme? ¿Por qué casi no me habías llamado en estos días? ¿No podías? ¿No querías? O era más bien que ¿no te lo permitían?
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Estaba solo, del otro lado del mundo, sin ti… sin saber cómo te sentías… ¿también me extrañabas? ¿me necesitabas tanto como yo  a ti? ¿Siquiera pensabas en mí? ¿Me recordabas?
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Sí… todos creían que yo era quien siempre llevó nuestra relación, pensando que yo era un gran sujeto… tan confiado, tan seguro, tan orgulloso… pero todo eso no era más que la fachada que el mundo conocía de mí… y tú lo sabías… siempre fui el débil, el tonto… era yo quien se sentía desprotegido… quien gritaba por atención… quien necesitaba cariño… y tú me habías aceptado cómo era… y me habías tomado entre tus brazos y habías decidido amarme… A pesar del tipo de persona que en realidad era, tú me amabas de un modo tan puro y verdadero que casi me parecía una ilusión.
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Pero ahora parecía que por fin estaba por despertar y no me gustaba para nada la realidad… Ni siquiera podía comunicarme contigo desde hacía tres días… ¿Acaso te había sucedido algo? Mis miedo y preocupaciones comenzaron finalmente a hacerse visibles, pero so pretexto de que todo lo de la promoción y los conciertos habían sido mucho más pesados que en Japón, nadie había preguntado nada más allá.
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Ese día por fin respondiste, pero no fue tu voz la que escuché del otro lado del teléfono… era Tegoshi quien había contestado… ¿Qué demonios hacías con ese mocoso a las dos de la mañana? Sí, estaba celoso… tan celoso que ni siquiera podía pensar con claridad… para cuando me di cuenta ya estaba reclamándole mil y un cosas… a pesar de su infantil apariencia, Tegoshi poseía un carácter mucho más fuerte que el mío, así que cuando menos pensé, era yo el que recibía insultos y gritos… los cuales terminaron cuando me colgó el teléfono.
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¿Te habías enojado? Ni siquiera hiciste por llamarme y aclarar las cosas… y yo comencé a pensar más y más al respecto… ¡Pero que tonto que era! ¿Cómo no me di cuenta? Ustedes estuvieron trabajando juntos en el drama con Uchi…. ¡Lo sabía! Fue extraño cómo habían terminado acercándose tanto en tan poco tiempo, como cada vez llegabas más tarde a casa, que siempre estabas cansado, que hablaras tanto de él… ¿Cómo no me di cuenta de que Tegoshi había comenzado a gustarte? Pero si era así… ¿por qué habías permanecido conmigo? Diciéndome que me amabas… que era tu todo…
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Un mes más pasó mientras me torturaba a mi mismo al pensar que habías fácilmente ocupado mi lugar con alguien más… ¿en verdad lo habías hecho?… Mi corazón se llenaba de más y más heridas… si mis miedos eran reales, entonces yo ya no tenía un lugar al cual volver… ¿qué pasaría conmigo de ahora en adelante? ¿qué debía hacer?
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Al final dejé de intentar llamarte, de todos modos no respondías el teléfono… por Nakamaru y Ueda sabía que estabas bien, eso para mí era lo importante… Seguía sintiendo que algo no estaba bien, pero si no me dejabas llegar a ti, ¿cómo podía saberlo?
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Los días seguían pasando convirtiéndose en semanas… Agosto había llegado antes de lo esperado… permanecí a solas en mi habitación, había soñado algo horrible y simplemente quería quedarme ahí y llorar… el ventilador giraba incesantemente provocándome un dolor de cabeza que comenzaba a volverse insoportable… Los boletos de avión fechados a 9 de mayo me arrancaban lágrimas entremezcladas con sonrisas, si no me hubiera ido ese día, esos boletos nos hubieran llevado a un lugar sólo nuestro… pero ahora ya no valían nada. Y tras haberlos guardados por tanto tiempo, esa mañana terminaron hechos pedacitos entre mi cama y mi desesperación.
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A estas alturas, seguramente el World Tour estaba por llegar a su fin, ¿no?… ¿Dos semanas? ¿Una semana? A mí sinceramente ya me daba igual, sin ti, el grupo, la agencia, mi vida entera, todo carecía de significado… y tú seguías en algún lugar lejos de mí… donde ni siquiera podía alcanzarme el sonido de tu voz.
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Ya no sabía ni qué día era… Mi celular sonaba en alguna parte… el ruido me molestaba… además probablemente sería Ueda… ya era el único que me llamaba seguido y aunque me hacía feliz, no era él con quien quería hablar… Pero para mi total sorpresa, no era su nombre sino el tuyo el que aparecía en la pantalla.
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Algo estaba mal… lo supe apenas respondí… el nudo en tu garganta te dificultaba hablar con claridad… Entre uno de tus silencios y el ruido que te rodeaba, reconocí un sonido que ahora me resultaba de lo más familiar… ¿Podría ser acaso que estuvieras a menos de dos cuadras de donde yo estaba? La sola posibilidad fue suficiente para que mi cuerpo entero reaccionara, no habían pasado ni tres minutos desde que estabas al teléfono y yo ya estaba en el elevador esperando a que la puerta se abriera para echar a correr hasta la cafetería donde casi podía jurar que estabas. No te dije nada, sólo te mantuve en la línea para escuchar lo que había a tu alrededor y asegurarme de que estaba en la dirección correcta.
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La fachada verde olvido con amplios ventanales, que tantas veces antes había visto por las mañanas al salir a correr se alzaba frente a mis ojos… desde donde estaba podía escuchar aquella musiquita de la heladería de la esquina… ¿Dónde podías estar? Comencé a mirar a todos a mi alrededor… definitivamente no estabas ahí… tras un breve silencio rompiste en llanto… entonces lo oí… fuerte y claro… el agua de alguna fuente caía cerca de donde estabas… miré hacia enfrente… de espaldas a mí, sentado en cuclillas mientras levantabas una hoja seca del piso… Ni siquiera pensé lo que hacía, sólo corrí entre los autos… parecías destrozado cuando te colgué, aferrando con todas tus fuerzas el celular entre tus manos mirando el cielo como esperando un milagro… Sólo tenía una cosa en mente: quería abrazarte.
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Tus ojos me miraban estupefactos cuando te giraste resignado para volver… yo sólo corrí hasta donde estabas y te tomé con fuerza entre mis brazos… esta sensación… Tenerte así era todo lo que me hacía sentir vivo. Sentir tu tibia respiración en mi cuello… el tacto cálido y suave de tus manos sobre mi espalda mientras te aferrabas a mí… el olor dulce de tu cabello… la fragilidad de tu cuerpo contra el mío… y ese sabor que tanto amaba… tus labios seductores y tiernos que me hacían perderme en ti… eras tú… mi razón de ser… la piedra sobre la que me sentía seguro para no caer en el vacío y la oscuridad que era mi vida… eras tú… mi principio y fin… el aire que respiraba… mi sueño… mi pasado… mi futuro… mi amor… eras tú… mi todo.
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“¿Estoy soñando?”, te dije cuando por fin pude hablar… Negando suavemente, pusiste, como tantas otras veces, tus manos sobre mis mejillas, un poco por detrás de mis orejas, justo antes de sellar mis labios con un beso… ¡No eras un sueño!… En verdad estabas ahí… estabas justo ahí… a mi lado… ¿Cómo?… ¿Por qué?… En verdad no entendía nada… y creo que ya no me importaba entender… al ver tus ojos me di cuenta de todo… sí, algo había pasado… pero en nada se acercaba a lo que yo había estado pensando… por alguna razón ajena a ti, no habías podido estar en contacto conmigo… pero nada había cambiado entre nosotros… nuestro amor seguía siendo más fuerte que el tiempo y la distancia… incluso se había vuelto más grande.
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Si esto era o no cosa de él, no me importaba, no había nada que quisiera más en este mundo que estar contigo y estaba dispuesto a enfrentarme a él con tal de estar a tu lado.
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“¿Vendrás conmigo?”, preguntaste tímidamente… Sólo tomé tu mano… la luz de tus ojos era la guía que necesitaba… para encontrar nuevamente el camino de vuelta a casa… ese camino que se escondía en el sonido de tu voz.
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Sí… tu voz me mostraba el camino… a través de mis miedos e inseguridades… a través de este enorme mundo… Nuestra historia simplemente no tenía final.
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Y te amé… con toda la pasión reprimida… con cada centímetro de mi cuerpo… te amé como si fuera la primera y última vez que te tenía…
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A la mañana siguiente caminábamos por el aeropuerto de Narita… teníamos un concierto que dar… Tenía un grupo al cual volver… amigos a los que quería ver… fans a las que debía compensar por mi larga ausencia… pero sobre todo… te tenía a ti a mi lado… y eso era lo único que necesitaba para ser feliz.

Promesa Distante (AKame)

PROMESA DISTANTE

One-Shot

AKame

~Care~

19-04-10


Los años habían pasado tan rápido, pero aún así sentía como si hubiera sido ayer cuando te vi por primera vez… Muchas cosas habían cambiado pero lo que había entre tú y yo seguía su curso como un río que no estaba sujeto a las leyes del tiempo y el espacio.
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Para nadie era un secreto que te amaba aún cuando a ojos de todos, hacía mucho que había terminado todo entre nosotros… Pero esa era sólo una farsa que habíamos decidido mentar para que nos dejaran tranquilos… Y después de siete años estaba claro que habíamos hecho un excelente trabajo. Tus novias… mis novias… no eran más que malentendidos que no nos preocupábamos en aclarar; en primera porque servían a nuestros intereses y en segunda, porque realmente no nos importaba; mientras no se dijera nada de entre tú y yo fuera de nuestra “amistad” y nuestra “relación laboral”, no nos afectaba mucho si éramos el pan de cada día de todos los sitios WEB y revistas. Incluso, cuando mejor estaban las cosas entre nosotros, nos divertíamos fingiendo peleas y discusiones que para nosotros siempre terminaban en mi cama. La única desventaja de todo esto, es que no podíamos tomarnos la libertad de hacer lo que más queríamos: vivir juntos. Pero como fuera, ya nos habíamos acostumbrado y éramos incluso más felices que el resto de las parejas que conocíamos tanto dentro como fuera del medio. Y aunque a veces nos sentíamos mal por engañar hasta a nuestros mejores amigos, sabíamos que no había otro modo de estar juntos; sabíamos perfectamente que si el “Jefe” se enteraba, volvería a hacer algo para separarnos, pues que el AKame fuera real detrás del escenario atentaba contra sus intereses. Hacía mucho que lo habíamos decidido, el silencio era un precio insignificante comparado con el hecho de poder estar a tu lado, así que para ambos estaba todo bien del modo en que hasta ahora eran las cosas.
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-¿A qué hora llegarás el sábado?- Después de dos horas hablando por teléfono contigo, mis orejas estaban muy adoloridas; pero como esa noche no te iba a ver, así como no te había visto mucho esa última semana, al menos quería escuchar tu voz mientras llevaba puesta la camisa blanca con olor a perfume, sudor y tabaco que llevabas puesta aquella última vez.
-Mmm… ¿Quieres que llegue temprano?- Ese tono tan sensual que usabas para preguntarlo me dejó en claro tus intenciones.
-¡Por supuesto!… Además dudo que haya otra cosa que quieras más que el estar conmigo…- Me gustaba jugar tu juego; esa lucha constante por demostrarnos quien tenía el poder volvía las cosas un poco más excitantes…
-Dices eso porque tú no tienes a nadie más…- La risa perversa que usabas cuando querías ponerme celoso me hacía pensar que a pesar de ser más grande, eras más niño que yo… aún así, ese lado tuyo me gustaba bastante, porque podías ser alguien que me cuidara y a quien cuidar.
-¿Realmente estás seguro de eso?- El modo en que dije eso te obligó a guardar silencio… por primera vez en mucho tiempo.
-De acuerdo… Supongo que puedo desocuparme antes…- Te escuchabas nervioso… casi preocupado… y eso me dolió… ¿En verdad me creías capaz de estar con alguien que no fueras tú?…
-Ok… entonces, será mejor que ya te duermas, mañana temprano tienes que ir a la embajada, ¿verdad?- No pude evitar sonar un poco triste. Ya era oficial que volverías a irte… pero era una gran oportunidad para ti, así que no pude retenerte; y menos cuando sabía perfectamente que si lo estabas dudando era porque no querías dejarme solo por segunda vez… Pero a final de cuentas, era algo que no podríamos evitar… Él ya lo había decidido…
-Tienes razón… No lo recordaba… Ah~ Kazu… no sé que haría sin ti…- El breve silencio me dijo que también habías reparado en el hecho de nuestra separación… No quería que los últimos días a tu lado fueran momentos tristes antes de decirnos adiós.
-Ne, Jin… ¿me amas?- Pregunté de pronto sin esperar realmente una respuesta de tu parte… sólo quería decirlo… -Porque te amo tanto como para estar contigo aún cuando nos separen miles de kilómetros…- Ese breve suspiro tuyo fue más que suficiente para mí… Aunque no podía verte, sabía perfectamente que estaba en tu cara esa boba sonrisa que siempre me hacía feliz.
-Eres un tonto…- Te escuchabas apenado. -…pero eres el único tonto al que amaré por el resto de mi vida…- Escuchar que dijeras esas cosas me hacía inmensamente feliz… Sí, el que te ibas era inevitable… pero al menos nos despediríamos con una sonrisa… sin culpas ni arrepentimientos… sabiendo que nos volveríamos a ver… lo habíamos prometido…
-Si es así, asegúrate de no sucumbir ante ninguna rubia sensual, porque si lo haces me mudaré a otro departamento, ¿entendido?- Ambos sabíamos que eso no pasaría, pero desde que se dio la noticia habíamos estado bromeando al respecto con los chicos; después de todo, nuestro teatro bien montado no se iba a venir abajo por tu proyecto de trabajo.
-¿Entonces tendré que sacarme los ojos o regresarte de una vez la llave?…- Sabía que lo hacías a propósito pero aún así me molestó tu comentario.
-Mmm… Entonces deberías devolvérmela ahora mismo y cancelar nuestros planes para el fin de semana, ¿no crees?- Si tú sabías ser arrogante y maldito, yo podía ser el sentido y exagerado.
-Ne~ Kazu~, estoy jugando… no seas así…- Ahora era yo quien guardaba silencio, sabía que eso te era una tortura, pero la verdad es que si me habían herido un poco tus palabras.
-Lo sé… aún así no me gusta que digas esas cosas…- A veces eras un tanto idiota y no te dabas cuenta de que las cosas que hacías o decías podían lastimar o molestar a las personas, por eso tenía que decírtelo sin rodeos.
-Lo siento…- No era común escucharte decir eso, así que cuando lo decías era porque en verdad lo hacías de corazón.
-¿Crees que podamos ir de vacaciones juntos cuando regreses?- Lo cierto es que había montones de cosas que todavía quería hacer contigo y me preocupaba que por alguna razón ajena a nosotros, no pudiéramos llevarlas a cabo.
-¡Por supuesto!… Cuando vuelva, haremos todo lo que quieras ¿ok?- Me tranquilizaba bastante tu optimismo, después de todo, esa era unas de las cosas que más me gustaban de ti.
-¿En serio? Entonces deberemos tomarnos unas largas vacaciones… serán muchos los meses que no estés aquí…- Las emociones comenzaban a amontonarse descontroladamente dentro de mí…
-Sí… habrá que recuperar mucho tiempo… Así que cuando yo no esté y quieras hacer algo conmigo, deberás escribirlo, ¿de acuerdo? Mínimo espero que me des seis cuadernos escritos para cuando regrese…- Me preguntaba si tú lo sabías ya… no… supongo que no… Probablemente yo era el primero o tal vez el único que lo sabía… pues había sido yo quien había tomado la llamada hace unos días.
-Ne, Jin… ¿ya has terminado de empacar?… Recuerda que Johnny-san te dijo que debías tener todo listo ya por cualquier cosa…- Yo siempre era así cuando se trataba de viajar, y no sólo estaba al pendiente de ti, sino de todos los demás, incluso de los chibikos.
-Sí, sí~… todo listo… me lo han dicho demasiado como para ignorarlo u olvidarlo…- Esa risa boba se debía sin lugar a dudas a que apenas habías terminado de hacerlo; conociéndote, habías estado empacando mientras hablabas conmigo… a menudo hacías otras cosas estando al teléfono.
-Debes asegurarte de dormir y comer apropiadamente, ¿ok?… no podré cuidarte si llegas a enfermarte…- Eso era algo que en verdad me preocupaba, ¿Qué pasaría contigo si te enfermaras estando lejos de mí? Hasta ahora siempre había sido yo quien cuidaba de ti… después de todo, era parte de mis responsabilidades dentro del grupo… No, la verdad es que no me gustaba que nadie más lo hiciera, ni siquiera Ueda.
-Eeeh… no, si Kazu no va a cuidarme, entonces no tiene caso enfermarme… Así que si de todos modos me llegara a enfermar, haré que te lleven hasta el otro lado del mundo para que estés conmigo…- Tal vez lo decías en juego, pero me hacías feliz… Amaba todo de ti, incluso si a veces eras un poco Bakanishi.
-Ne… Jin…- Quería seguir escuchando tu voz un poco más… pero ya habías bostezado un par de veces y tenías que levantarte temprano, así que lo mejor era dejarte descansar.
-¿Qué pasa?… No me digas que ya has comenzado a extrañarme si todavía no me voy…- El tono alegre y un poco egocéntrico en que dijiste aquello me obligó a reír logrando deshacer el nudo en mi garganta.
-Baaaaaka~… Por supuesto que te extraño, hoy no te vi en todo el día… Tengo sueño, tú también ¿verdad?- Debíamos colgar ahora, no quería que me escucharas llorar.
-Sí, podría caer dormido de un segundo a otro…- Por tu risita supe que ya estabas acostado y listo para dormir; seguramente ya estabas abrazando la almohada y sólo tenías el teléfono sobre tu oreja.
-Ne… Jin… Te amo…- Había miles de cosas que querían hacerse escuchar… había millones de sentimientos que querían alcanzarte… Pero para mí el hecho de que te amaba, era lo más importante de todo.
-Yo también te amo Kazu… Buenas noches…- Aún cuando sabía que ya no escucharía tu voz del otro lado, todavía sujetaba con fuerza el teléfono contra mi mejilla. Aquellas habían sido nuestras palabras de despedida… Al final alguien había descubierto nuestro engaño y por eso te alejaba de mí… No podía oponerme a su voluntad, no si eso podía significar que ya no pudiera verte nunca más…
.

Para cuando me alcanzó la luz del día, ya no tenía más lágrimas que llorar… Probablemente a esta hora ya estarías abordando el avión sin saber que ese hombre sentado a tu lado sonriéndote mientras repasaban tu agenda, fue quien lo había planeado todo, no porque le importase  tu carrera, sino porque no te quería a mi lado.

Una palabra más (AKamePi)

UNA PALABRA MÁS
One-Shot
AKamePi
~Ai nante~ / NEWS
22-10-09

“Perdóname…”
Me pregunto cuántas veces te escuché decir esa maldita palabra…
Si simplemente no podías amarme como yo te amaba… si todavía amabas a Pi… entonces y sólo entonces, debiste usar esa palabra… para ser sincero contigo y ser sincero conmigo y decirme la verdad que estaba dentro de tu corazón… y no para regresar a mi lado una y otra vez después de engañarme en sus brazos, pidiéndome otra oportunidad con el rostro bañado en lágrimas.

Pero el único culpable de todo esto era yo… por haber sido tu estúpido durante tantos años… por haberme enamorado de ti… por no ser capaz de verte sólo como un amigo… por haberme hecho amigo de Pi sólo para estar cerca de ti… por haber aceptado ser su sombra… por haberme dejado utilizar como un simple juguete. Sí, de todo yo era el culpable… sólo por amarte.

Recuerdo la primera vez que me tomaste entre tus brazos… Estábamos en el vestidor después de un largo día de ensayos antes del Kaizokuban. Yo no me sentía muy bien, como no me salían algunos pasos de la coreografía me había quedado practicando durante el almuerzo; ya era de noche y yo sólo había desayunado fruta con yogurt y cereales. Me sentía mareado y exhausto. A pesar de que no te lo había dicho, tú lo habías notado, porque permaneciste a mi lado todo el rato. Cuando todos se fueron y nos quedamos a solas, te acercaste a mí preocupado y me preguntaste si me sentía muy mal poniendo suavemente tu mano sobre mi hombro, cuando me giré para responderte con una inocente mentira, sentí como las fuerzas abandonaban mi cuerpo y de no ser por ti hubiera terminado en el piso. Me sujetaste con fuerza contra tu pecho desnudo, tu corazón latía desquiciadamente, la preocupación era evidente en tus ojos. Los minutos transcurrieron y aunque ya me sentía mejor, no te lo dije para quedarme entre tus brazos un momento más.

Ese fue el primero de muchos abrazos. Era obvio que ambos nos sentíamos atraídos el uno por el otro. La conexión entre nosotros más que mágica fue diabólica desde el primer día que comenzamos a trabajar juntos en la agencia y a pesar de eso, ninguno se atrevía a dar un paso adelante… ¿Miedo? ¿Estupidez? ¿Ego? Nunca lo supimos. Lo único que supimos en el instante, fue que después de aquél abrazo jamás seríamos capaces de vivir el uno sin el otro.

A partir de esa noche el destino comenzó a mover sus hilos tejiendo nuestra historia. Íbamos y volvíamos juntos, el día libre también lo pasábamos juntos, las largas horas dentro de la agencia ahora se me pasaban rápida y felizmente… Y comprendí lo que mi madre siempre decía cuando hablaba de mi padre: el amor hace que todo sea posible. Hasta que me enamoré de ti entendí el verdadero significado de esas palabras. Lo que sentía por ti me hacía volar, soñar despierto, ver el futuro, me hacía sentir estar fuera de mi para poder estar contigo, distorsionaba el tiempo y la realidad, me daba fuerza, consuelo, alegrías, enojos… tu amor era todo lo que creí que no podía ser posible en este mundo. Existía y era todo mío.

Mi vida no podía ser más perfecta… Estaba profundamente enamorado. Las cosas con mi familia eran mejor que nunca. Nuestra popularidad como grupo aumentaba rápidamente. Tenía grandes amigos dentro y fuera de la agencia. Sentía mi vida completa y era increíblemente feliz.

Recuerdo la primera vez que me dijiste “perdóname…”. Habíamos quedado de ir juntos al acuario pero nunca apareciste. Te llamé mil veces pero nunca respondiste. Incluso fui a buscarte a tu casa pero tu madre me dijo que hacía horas que habías salido. Estaba realmente preocupado. Le llamé a Pi para que me ayudara a buscarte pero nunca contestó. En su casa me dijeron que no lo habían visto desde la mañana. Y de repente sentí como se destrozaba mi corazón cuando su mamá me dijo que tú habías pasado a buscarlo temprano.

Volví a casa y poco antes de llegar me encontré con Yuu, que se dirigía para allá. Aunque traté de evitarlo, terminé llorando frente a él escondido entre mis almohadas hasta quedarme dormido. Aún ahora creo que él fue quien te golpeó en la cara. Nunca te creí aquello de que te habías pegado en el baño; además ustedes debieron encontrarse cerca de mi casa cuando él se fue y tú venias. Sí, estaba seguro de que él te había gritado y te golpeó porque estaba furioso, nunca me había visto llorar de esa manera. Yuu era mi mejor amigo y nunca pudo perdonarte por todas las lágrimas que me hiciste derramar. Cuando desperté estabas sentado en el piso junto a mi cama. Llorabas. Te pregunté si estabas bien y te lanzaste sobre mi pidiéndome perdón por lo que habías hecho diciendo que me amabas y que lo de Pi había sido un error… Y yo, estúpido como era, te creí…

Recuerdo el aspecto angelical que le daba a tu rostro dormido la luz del sol que se colaba a través de mi ventana. La calidez de tu cuerpo acurrucado contra mi pecho. La tranquilidad con la que respirabas. Te miré durante casi una hora aquella mañana y fui consciente de que nunca estaríamos más cerca el uno del otro de lo que estuvimos ese día… esa noche. Abriste los ojos lentamente. Acariciaste suavemente mi mejilla mientras me dedicabas una hermosa sonrisa y te besé… Eras mío y no iba a permitir que Pi te apartara de mi lado. Sin importar qué tan importante fuera él para mí. Tú eras lo más importante en mi vida.

Esa noche no volvimos juntos. Dijiste que debías volver a casa porque tu madre necesitaba tu ayuda; me ofrecí a ir contigo pero te negaste. Querías que descansara, que me hacia falta dormir dijiste dulcemente y luego me besaste y te vi desaparecer entre la gente. No quería volver a casa. Todo parecería frío y vacío sin ti, así que caminé solo buscando algún lugar donde cenar. De pronto oí que me llamaba una voz bastante familiar. En la acera de enfrente vi a Nakamaru y a Ueda entre la multitud que esperaba la luz roja para cruzar. Como me notaron triste me invitaron a cenar con ellos. Ueda quería ir al Festival de verano. La idea me pareció perfecta. Intentaría distraerme entre la música y las luces. Me divertiría un rato con mis amigos y no tendría que cenar solo, así que acepté con gusto su invitación. La única verdad en todo eso era que no quería estar sin ti.

La gente iba y venía entre risas y platicas amenas. Ueda parecía un niño pequeño mirando todo con fascinación. Nakamaru iba a su lado señalando cosas. Ambos se reían, me dio gusto ver que se divertían. Yo tenía una sensación extraña y desagradable oprimiendo mi pecho mientras me preguntaba una y otra vez si estabas bien. A pesar de su misteriosa forma de ser, ese día vi una parte de Ueda que no solía mostrar con facilidad a los demás; supongo que fue en ese momento cuando se volvió uno de mis mejores amigos y mi confidente. Yo nunca me percaté de que me observaba constantemente. Luego de cenar Nakamaru se despidió y nos quedamos a solas. De pronto él rompió el silencio preguntándome qué tenía y agregando un “y ni siquiera te atrevas a decirme que no tienes nada porque sé que es mentira…”; me tomó por sorpresa así que levanté bruscamente la cabeza para mirarlo y reprocharle su comentario por muy cierto que fuera… pero él no me veía, con las manos en los bolsillos contemplaba la luna. El gorro de su sudadera me impedía ver completamente su rostro pero alancé a ver sincera preocupación en sus ojos. Él me conocía. Todo este tiempo él me había observado y había aprendido a entenderme… eso me pareció increíble y aunque no supe muy bien por qué, terminé abriéndole mi corazón hablándole sobre mis sentimientos por ti. Sus palabras me brindaron esperanza y fuerza. Él tenía razón: debía luchar por lo que quería… y yo sólo te quería a ti. Caminábamos nuevamente entre las personas cuando te vi. Estabas a no más de cinco metros delante de mí; sentí como se aceleraba mi corazón. “Ve con él” me decía Ueda apoyando suavemente sus manos sobre mis hombros para empujarme. Entonces lo vi y entendí porque sonreías de esa manera… estabas con él. Me quedé inmóvil por la impresión. Me habías mentido… para verte con él.

Las lágrimas rodaban a través de mis mejillas. Tu mirada cruzó fugazmente con la mía. Sorprendido volviste de nuevo la cabeza hacia donde me encontraba como si fuera una alucinación tuya. Tu gran sonrisa se desvaneció instantáneamente. Te quedaste ahí viéndome. Pi te llamó, me miraste, lo miraste y seguiste caminando hacia donde él estaba esperándote. Me di la vuelta y eché a correr tropezando directamente con Ueda… él lo había visto todo y por la expresión de su rostro me di cuenta de que estaba tan sorprendido como yo por tu actitud. Me abrazó y me sacó de aquel lugar. Caminamos largo rato sin rumbo y sin decir nada. Cuando procese lo que había pasado rompí en llanto. Ueda se sentía frustrado y pateaba los botes de basura que estaba en la calle al tiempo que gritaba “¡es un estúpido!”… Luego se acercó a mí y apoyo mi cabeza contra su hombro y me abrazó. Aquella sensación me recordó aquel primer abrazo… No pude dejar de llorar por horas, y él se quedó conmigo siendo la piedra que me sostenía evitando que cayera al abismo al que me habías lanzado. Quiso llevarme a mi casa pero me rehusé. Me preocupaba que le pasara algo cuando volviera a su casa, aún así me obligó a volver a la mía en taxi, también él estaba preocupado por mí.

Cuando llegué estabas sentado en la entrada. Habías estado llorando y era evidente que morías de frío. Al verme te levantaste lo más rápido que pudiste y corriste a abrazarme diciendo una y otra vez “perdóname…”. Ambos llorábamos… tú de arrepentimiento y yo de dolor. Aunque no se lo dijo a nadie, Ueda comenzó a tratarte diferente y no lo culpaba, ni siquiera yo te había perdonado del todo aunque te habías quedados conmigo toda la noche.

Los meses pasaban y las cosas parecían volver a la normalidad. La gira del Kaizokuban estaba por terminar. Luego de eso todo mejoró notablemente. Por fin se anunció nuestro debut. Todos estábamos super emocionados, pero la felicidad no duró mucho. Poco después de nuestra gira de debut se anunció la suspensión de actividades de NewS. Aunque todos seguirían teniendo trabajo en solitario, ahora tendrían más tiempo libre. Eso era bueno para ellos pero malo para mí…yo estaría fuera del país por unos meses. Takki me lo había dicho, el jefe no estaba de acuerdo con que el Akame fuera verdad detrás de las cámaras porque podría afectar al grupo… y en el fondo sabía que tenía razón, pero aún así no lo aceptaba.

Recuerdo que estando allá no hacia otra cosa que pensar en ti. Al principio nos hablábamos todos los días, después comenzó a serme difícil el comunicarme contigo; luego de cuatro meses ya no contestabas ni mis llamadas ni mis mensajes. Estaba tan preocupado que estuve a punto de regresar de no ser porque Ueda que me llamaba a menudo para saber cómo estaba y que fue quien me dijo que estabas bien. El tono de su voz confirmó mis sospechas: todo este tiempo habías estado con él.

Una noche sonó mi celular mientras me bañaba. Suponiendo que sería mi madre o tal vez Ueda, no me apresuré en salir, sabía que volverían a llamar pero al escuchar la insistencia, salí del baño lo más rápido que pude y atendí el teléfono sin ver quién llamaba. La voz de la mujer me pareció familiar diciendo “ahora lo comunico…”. Johnny-san era quien llamaba. Mi fecha de regreso se había adelantado. Debía volver a Japón por la mañana, ya todo estaba preparado. Algo me ocultaba, lo sabía, todo eso me resultaba muy raro. Llamé a Ueda, por primera vez tardó en contestar, así que me preocupé más. Ni siquiera lo dejé hablar, en cuanto respondió la llamada le pregunté qué había pasado. No quería decírmelo por teléfono pero lo obligué.

Lloré largo rato sujetando el celular con fuerza contra mi oreja. No era lo mismo pero al menos escuchar su respiración me hacía sentir que no estaba solo. No pude dormir. Después de las tres de la mañana ya ni siquiera tenía lágrimas que llorar. Mi equipaje estaba listo. Me quedé acurrucado en la cama abrazando una almohada. A primera hora de la mañana estaba en el avión pensando repetidamente “no mueras Kame… no mueras…”

Aunque no se lo pedí, sabía que Ueda iba a estar esperándome en el aeropuerto. Me recibió con una sonrisa y un abrazo que bastante falta me hacía. Cargó mi maleta y fuimos directo a verte al hospital. Dormías pero era obvio que no descansabas por la expresión de tu rostro. Yamapi había estado contigo todo el tiempo. Lo supe por sus ojeras. Se veía agotado. Había llorado por eso llevaba puestas las gafas de sol, odiaba como se veía su cara cuando lloraba. Una enfermera entró y me pidió que saliera para cambiarte el suero y hacer la revisión de rutina. Me acerqué a Pi para preguntarle qué rayos te había pasado.

Cuando me fui quedaste devastado. Johnny-san te prohibió que fueras detrás de mí como querías. Entiendo que sufrieras y que no quisieras aceptarlo pero no tenías porque someterte a tanta tortura. No podía entender por qué preferiste escapar del dolor con ayuda del alcohol. Pi volvió a romper en llanto después de decirme que no fue capaz de detenerte y que habías terminado por alejarte de él porque te dijo que estabas equivocado. Ueda intervino en la conversación mientras me sentaba junto a Pi y lo abrazaba, estaba realmente destrozado por tu estado y no era para menos, yo también lo estaba. Fue Uepi quien me contó que tu vida de excesos te estaba alejando de todos tus amigos y que terminó por acercarte a pésimas compañías con quienes te embriagabas y recorrías las calles todas las noches hasta el amanecer, por culpa de tus malas decisiones habías terminado aquella noche en el auto de un ebrio desconocido que se salió de la carretera cuando te llevaba a su departamento. Tenían razón, era un verdadero milagro que tú hubieras salido vivo, pero tu estado era muy malo y no sabíamos si ibas a sobrevivir.

Me sentía culpable… Si hubiera estado contigo esto no te habría pasado. Me sentía molesto… ¿cómo pudiste ser tan idiota y actuar así?. Me sentía impotente… ¿acaso lo único que podía hacer por ti era quedarme a tu lado y esperar? Lloré amargamente sin consuelo.

Recuerdo el intenso dolor cuando después de un par de días en que sufriste tantas complicaciones, por fin el doctor nos dijo lo que tanto temíamos oír: ibas a morir. Tu corazón y tus pulmones estaban muy dañados y esperar por un donante tomaría meses y a ti sólo te quedaban algunos días de vida. Pi casi se desmayó de la impresión. Ueda lo sostuvo en sus brazos. Yo me derrumbé hasta el suelo bañado en lágrimas. Eso no podía ser verdad. Ninguno lo podía creer. Tus padres se aferraban el uno al otro llorando. Pasé toda la noche sujetando tu mano, diciéndote cuánto te amaba, prometiéndote que a pesar de lo que pasara yo siempre iba a estar contigo.

Esa mañana cuando Ueda y Pi volvieron yo fui a mi casa. Necesitaba estar solo. Te besé dulcemente, tal vez fuera la última oportunidad que tendría para hacerlo. Abracé a Pi y te dejé a su cuidado. Cerré la puerta al salir. Ueda estaba fuera, insistía en quererme llevar a mi casa pero me negué rotundamente. Lo abracé diciéndole que sin duda lo vería más tarde. Cuidadosamente metí una nota en su bolsillo y me despedí de él saliendo del hospital.

“Lo amo… no lo dejaré morir… aunque me cueste la vida…”
Aquellas apalabras que escribí hacían eco en mi cabeza mientras abría la puerta y veía el lugar donde habíamos compartido tantas cosas juntos.

Lo último que recuerdo es que entré al baño y puse el seguro. Destapé todos los frascos de pastillas que encontré y me las tomé. Fue lento y doloroso… pero si mi amor te había puesto así, mi amor te salvaría la vida. Escuché a Uepi entrar llamándome. Uno de los frascos se cayó al suelo rompiéndose cerca de donde yo estaba tirado. Él trató de abrir la puerta pero obviamente no pudo, así que la abrió a patadas, justo como lo había planeado, para que me diera el tiempo suficiente para que yo actuara. Corrió hasta mi y me tomó entre sus brazos… se sentía tan cálido… tal vez era sólo que yo estaba muy frío. Trataba de mantenerme consciente. “¿Qué te hiciste?” me decía llorando al ver los frascos vacíos. Escuché la sirena de la ambulancia… sabía que él lo haría a tiempo para que todo resultara bien. Lo último que escuché fue un suave y dulce “¡quédate conmigo Jin!… vas a estar bien…” cuando llegamos al hospital. Le regalé mi última sonrisa como agradecimiento por todo lo que había por mí. Todo se volvió un obscuro silencio.

Kazu…
¿Aún me recuerdas?…
Yo nunca te he olvidado…
¿Puedes sentir mi amor latiendo con fuerza dentro de tu pecho?…
Te prometí que te iba a amar sin importar qué pasara y que iba a estar a tu lado por siempre, ¿lo recuerdas?…
No hay por qué llorar… a pesar de todo he cumplido mi promesa…
Sólo quiero que vuelvas a sonreír…
Ahora soy yo quien quiere decirte una palabra más…
Perdóname…

*Nota de la autora: La notita musical indica la canción que inspiró el Fic. Así que si escuchan la canción después de leerlo, el sentimiento de la canción será un poco diferente, ne?