Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

Archivo para Angst

The Only One (RyoDa)

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Título: The Only One

Pairing: Ueda Tatsuya + Nishikido Ryo

Fandom: JE’s
notita-1~Faraway – Apocalyptica~

Género: Shonen-ai, Angst,  AU, Todo público

Tipo: One-shot
To: 
Patito que ayer fue su cumple y cada año sumado en nuestra cuenta me hace sentir una persona bendecida por seguirla teniendo en mi vida aún a pesar de las tormentas y el tiempo que todo lo cambian… sin importar la distancia o los silencios, ella sigue siendo parte de mi vida. 

Felicidades, mi niña hermosa, y ojala que la chispa RyoDa jamás se extinga entre nosotras~

I luv U ♥ ma girl~

18/04/15

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No era la primera vez que lo miraba a escondidas desde la distancia.

Su silueta sumergida entre las corrientes melódicas que formaban sus delicados dedos al volar con gentileza y maestría por sobre las teclas de aquel hermoso piano negro era un espectáculo tan irresistible, que a menudo me devoraban las horas extasiado en su contemplación. Yo era una presa indefensa ante el poder hipnótico de su delicado y frágil rostro de porcelana. Ante aquellos ojos cristalinos y fríos que contrastaban con el fuego apasionado que emanaban sus labios. Y de todo cuanto era consciente mientras lo observaba cuidadosamente a la luz del ocaso, nada era tan exquisito como esos efímeros segundos en los que tenía la suerte de ser testigo de alguna de sus casi inexistentes sonrisas. Esos segundos que le daban significado a mis horas y le brindaban una nueva coloración a la luz de mi vida. Yo podía morir y vivir por esa sonrisa… Esa sonrisa que vivía cautiva dentro de la máscara de hielo que era su rostro inmaculado la mayor parte del tiempo.

¿Cuánto tiempo hacía que me dedicaba a mirarlo mientras tocaba?

¿Habían sido días? ¿Semanas? ¿Meses? Años…

Pero hasta ahora, nunca había tenido el valor de levantar mi trasero de la silla que a menudo ocupaba en el café de enfrente, seguía sin ser capaz de cruzar la calle, abrir la puerta y entrar en la tienda de instrumentos musicales donde, al parecer, él trabajaba desde mucho antes de que yo llegara a Tokio y lo viera por vez primera ocupando el banquillo desde el cual conjuraba la magia que me tenía completamente cautivado. Tres otoños habían pasado desde entonces, y yo seguía como aquella primera vez… Mirándolo embobado desde el otro lado del cristal de la ventana, con una taza de capuccino moka entre las manos, aferrándome con fuerza a la calidez de la pequeña pieza de cerámica, como si ella pudiera ser capaz de controlar la tormenta que azotaba mi interior. En más de una ocasión había sentido una irrefrenable necesidad de correr hasta donde él estaba y decirle todas las cosas que mis silencios gritaban dentro de mi pecho. Pero nunca había logrado llegar más allá del cristal de la ventana junto a la cual se encontraba el piano de cola.

¿Miedo? ¿Cobardía? ¿Inseguridad? ¿Qué era lo que me detenía? A veces ni yo mismo lo sabía. Pero una cosa era cierta… Todo lo que sentía se me desbordaba en un segundo y me dejaba los pies anclados a la banqueta como si fueran uno con el cemento apenas si me percataba de que estaba lo suficientemente cerca de él como para tocarlo. Pero nunca podría alcanzarlo… Una delgada capa de cristal nos mantendría por siempre lejos el uno del otro. Mientras no tuviera el coraje para cruzar la puerta, jamás lograría descubrir cómo sonaba su voz, qué olor desprendía su piel, cómo sonaba su respiración.

Sí, a veces yo mismo me sentía como un acosador.

Ni yo mismo entendía qué estaba mal conmigo. No era como si me gustasen las personas de mí mismo sexo. En mis veinticinco años de vida, jamás me había atraído un chico… eso era lo que más me aterraba, ser consciente de que ese chico me gustaba. Y ese miedo…  era lo que aún después de tres años seguía frenándome de dar el último paso y abrir esa puerta que nos separaba. Si algo estaba mal conmigo… eso no significaba que él iba a compartir mi mismo mal, ¿verdad? Darle vueltas a ese asunto me provocaba dolores de cabeza y eso me ponía de mal humor cuando regresaba al mundo real. A menudo me decía a mí mismo que no volvería a aquel café… Pero tan solo unas semanas después me encontraba sentado en la mesa de siempre mirando hacia la ventana de la tienda de enfrente. No podía evitarlo. Para mí…ese chico… era el único.

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