Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

Archivo para Crossover

Justo como recuerdo (RyoPi)

 

Título: Justo como recuerdo.

Pairing: RyoPi / NewS (y un poco de otros pairings de Kanjani y KAT-TUN)

~Stereo – Nishikido Ryo~

Tipo: One-shot

Género: Shonen-Ai

To: Risa, que ama a los Principitos con locura~ (gomen ne por haber tardado tanto en postear, perdí muchas veces el archivo mientras lo transcribía de mi cuaderno por culpa de mi celular u.uU Espero que te guste.)

 .

 .

El verano por fin había llegado a su fin… El paisaje a mi alrededor había cambiado de color tornándose con los cálidos tonos ocres y marrones del otoño. El bullicio de la ciudad debido a las vacaciones había cesado poco a poco después de que terminaran los festivales y junto con todo lo que dejaba de ser lo que era ayer… el amor que comenzó en mi adolescencia… ese primer amor, el que creí que sería eterno… también llegó a su fin.

“¿Es así cómo se siente un corazón roto?”

“¿Es éste el dolor de la separación?”

“Lo odio…”

No podía sino pensar en todo lo que habíamos compartido juntos. Llorar mientras recordaba cada mínimo detalle suyo, cada hábito y manía. Y las lágrimas no cesaban. Muerto en vida. Así era como me sentía sin su compañía.

Pero no pude odiarlo… Todo lo que soy ahora es gracias a él… Todo lo bueno que hay ahora en mi vida se lo debo a él y a su egoísmo.

¿Cómo pudo una relación de tantos años terminar de este modo?

Caminaba de regreso a mi departamento. Siendo viernes por la noche, Ryo-chan seguramente estaría en casa de Uchi o en algún bar con sus amigos de la banda; lo cual me daría tiempo para tomar una ducha y disimular de algún modo esos ataques de ansiedad que a menudo terminaban en un mar de lágrimas. Busco como siempre, las llaves en el bolsillo de mi pantalón y las deslizo suavemente en la cerradura. De un modo casi mecanizado me quito los zapatos y camino en silencio por el pasillo que lleva del recibidor a la sala, siguiéndome derecho hasta mi habitación. Ni siquiera me molesté en cerrar la puerta. Todo dentro de esas cuatro paredes me recordaba algo de él… su sonrisa mientras me miraba desde la ventana… su rostro dormido cuando se quedaba en el pequeño diván junto al balcón… su delgado cuerpo sobre mi cama hablando de mil y un cosas… su mirada coqueta desde la puerta del baño. En cualquier lugar a dónde mirara había un eco de su paso por mi vida que desaparecía casi tan pronto como aparecía frente a mis ojos.

Simplemente no pude más…

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Sueños y Pesadillas (TakaYama)

Título: Sueños y Pesadillas.

Pairing: TakaYama

To: Dahlia

 

 

“¿Dónde estaba?, no tenía la certeza; había corrido tanto  que ni siquiera recordaba que corría; lo único que tenía en claro era que tenía que seguir corriendo; eso, lo que sea que fuera lo que venía detrás de él estaba cada vez más cerca, si se detenía seguramente  lo atraparía y definitivamente no quería que lo alcanzara.

 

¿Seguía en Tokio? No podía estar del todo seguro, estaba demasiado oscuro, todos los callejones por donde había pasado estaban sucios, húmedos y desiertos… No podía ser Tokio, o sí? Ya no tenía fuerzas  para seguir huyendo… Al llegar a la avenida simplemente no pudo no pudo más y se desplomó sobre el asfalto; ni siquiera había estrellas en ese cielo azul plomizo sobre él, era tan deprimente que prefirió cerrar los ojos; definitivamente sus recuerdos le darían una mejor última imagen.

 

Escuchaba sus pisadas, claqueando en el concreto de la banqueta, acercándose más y más a él… hasta que sintió su aliento pestilente y caliente sobre su rostro. Algo goteaba sobre su rostro, tibio y viscoso resbalando por sus mejillas.

 

¿Había desaparecido? ¿Se había ido? Aquellas desagradables sensaciones habían desaparecido. Sin dar crédito a su buena suerte abrió los ojos sólo para encontrarse con dos pupilas sangrantes y negras que lo miraban fijamente mostrándole una informe hilera de dientes amarillentos pero afilados que se asomaban a través de esa aterradora sonrisa, listos para arrancarle la cara con esa mordida… Su grito desgarrado fue la señal para la acometida, como si la criatura esperara ver justo esa expresión de terror para atacar…”

 

 

 

 

Me desperté gritando empapado en sudor.

-¿Estás bien? Respira… ya pasó…- Me decía Yuto, mi compañero de habitación sentado a mi lado dándome palmaditas en la espalda tratando de hacerme sentir un poco mejoro que por lo menos volviera a respirara con normalidad. Ni siquiera podía hablar. Como cada vez que tenía esa pesadilla, me había despertado justo en el momento en que esa cosa horrible me atacaba y, como siempre, había despertado tan asustado y confundido que ni siquiera estaba seguro de estar realmente despierto y, por tanto, a salvo.

 

Al ver que lo miraba y que parecía más consciente, Yuto se levantó y encendió la luz. De entre todos los chicos de mi clase me alegraba que hubiera sido él mi compañero de habitación porque me llevaba bastante bien con él desde que nos conocimos en primer año de secundaria. La mayoría de los chicos de la escuela eran, o demasiado egocéntricos o demasiado nenas como para poder entablar algún tipo de conversación con ellos, ya no dijéramos una amistad. Y por si eso no fuera suficiente, de los pocos chicos interesantes, muchos eran del grupo de los abusones, “los exprimidores”, como los llamábamos usualmente, pues consideraban a todos los que no fueran parte de su selecto grupo como “naranjas” cuyo propósito en la vida era sólo dar el jugo que, claro, sería bebido por ellos. ¿El resto? Pues los que no estaban dentro de ninguno de los grupos antes mencionados, eran, obviamente, mis amigos: Yuto Nakajima, que como les dije, era mi compañero de cuarto, un chico más alto y delgado que yo y que parecía estar siempre hiperactivo y feliz pero que igual tenía sus ratos de madurez y seriedad; Yuri Chinen, un chico demasiado lindo físicamente para ser un chico, pero como sabe que lo es, lo explota al 1000% para obtener lo que quiere, sí, lo sé, podrían creer que es un poco manipulador, y lo es, pero no lo hace con mala intención, a pesar de eso es un buen chico, es mi otro mejor amigo y a diferencia de Yuto, Chinen es bueno en los deportes, así que me divierto mucho estando con él, además de que me gusta poder cuidar de él ya que es pequeñito; Daiki Arioka,  el inseparable mejor amigo de Chinen de toda la vida, es un chico tranquilo pero divertido que a veces es tan inocente que se vuelve el blanco de nuestras bromas, aunque es mayor que nosotros no lo parece, así que a veces lo confunden con uno de nosotros; Keito Okamoto, nuestro callado amigo que había sido transferido desde Inglaterra a finales del año pasado y que, aunque por lo general era muy reservado, siempre abre la boca para decir algo interesante, sobre todo si lo dice en inglés, además de que gracias a él ya no nos iba tan mal en dicha asignatura; y por último pero no menos importante, estaba Kei Inoo, quien al igual que Daiki, estaba ya en la preparatoria, no era sólo por ser nuestro superior, pero Inoo siempre se esforzaba en darnos un buen ejemplo siendo responsable y estudiando duro, incluso se había nombrado nuestro coordinador de estudios, siempre lo he admirado mucho, aún cuando no puede ser el ejemplo perfecto todo el tiempo debido a su naturaleza bromista y risueña.

 

Sí, esos chicos se habían vuelto mis mejores amigos aquí dentro… ¿Qué? ¿No lo había mencionado? Sí, la nuestra era una Academia varonil que abarca desde primaria hasta preparatoria y donde sólo los chicos más sobresalientes tanto física como intelectualmente o aquellos con el dinero suficiente son admitidos, pues tanto los administrativos como los docentes creen firmemente que cultivarán los frutos perfectos del futuro de la sociedad.

 

Debo admitir que a pesar de lo idiotas o pesados que fuesen muchos de los de por aquí, el nivel académico nunca había defraudado mis expectativas. Al paso que iba, con toda seguridad obtendría mi acceso directo a la Universidad, que aunque estaba cerca de la Academia y pertenecía al mismo corporativo, se manejaba como una institución educativa aparte; incluso estaba seguro de que obtendría una beca completa debido a mis notas sobresalientes y a mi desempeño deportivo, sobre todo en el equipo de soccer. Además, gracias a Inoo, seguramente los demás también podrían lograr entrar y seguiríamos juntos por varios años más. Podría resultar duro o drástico, pero aquí, si no cumples con las expectativas  de la Academia eres expulsado; claro que hay cierto grupo inmune no sólo a ésta sino a todas las demás reglas gracias a los gordos cheques mensuales que expedían sus padres… Exacto… Los exprimidores. Así que no era de extrañar que muchos se convirtieran en sus lamebotas sólo por la remota posibilidad de que alguno de ellos intercediera a su favor en caso de que fuera necesario; cosa que no era muy probable siendo objetivos, pues ellos no son del tipo que hacen algo por alguien a quien no consideren parte de ellos.

 

Sí, en efecto, aunque parecen ser un montón, lo cierto es que en realidad son un grupo muy reducido. A nosotros, en secundaria, nos hacen nefasta la existencia un grupito de chicos de primer año: Yuma Nakayama, su lidercillo, un chico con carita de ángel que manipula descaradamente a toda la gente a su alrededor sin tentarse siquiera el corazón con tal de sacar ventaja o hacerlos sufrir, y quien además de ser bueno en los estudios destacaba también en los deportes, razón por la que se había realmente popular aún a pesar de ser bastante tímido e introvertido. Su mejor amigo y mano derecha, Kento Nakajima, un chico listo y amigable con una personalidad atractiva que lo llenaba de seguidores, confieso que me agrada bastante pero por precaución es mejor mantenerse alejado de ellos; luego estaba Fuma Kikuchi, un chico dulce y tímido que siempre anda cerca de Kento de Kento y que resulta peligroso porque de alguna manera siempre se entera de lo que pasa tanto en la escuela como en el dormitorio; y por último Misaki Takahata, quien a pesar de su apariencia frágil y educada, era el que siempre amenazaba e intimidaba a los demás, por lo general no habla mucho, lo cual es bueno porque cuando lo hace deja por lo menos llorando a los demás, muchos dicen que tiene una lengua venenosa.

 

Por otro lado, en la preparatoria mandaba Yuya Takaki, un chico alto y delgado de apariencia delicada y rostro inocente, que siempre se veía melancólico y taciturno, no solía hablar mucho, algunos decían que no necesitaba hacerlo para obtener lo que quería, otros creían que era porque era un estúpido y arrogante de primera, la verdad es que ninguna de las dos era cierta, simplemente no le gustaba mucho hablar pero tenía una voz hermosa. Con él estaban siempre Kota Yabu y Hikaru Yaotome; el primero mayor y el segundo menos que él, eran sus mejores amigos desde primaria. Aunque no lo pareciera, Takaki no era muy paciente y a menudo perdía los estribos y prefería arreglar las cosas a golpes; en esos casos nadie lo detenía por temor a que se desquitara con ellos; no obstante, Yabu, que siempre actuaba racional y desaprobaba la violencia, era quien intervenía para calmarlo, sólo si consideraba que las acciones de su amigo no eran justificables porque de lo contrario se limitaba a mirar a otro lado; Hikaru, por el contrario, era bromista y escandaloso, amaba llamar la atención pero al mismo tiempo era un poco sádico, era él quien daba las órdenes para “castigar” a los que se lo merecían, e incluso muchas veces daba las golpizas en persona.

 

Aún cuando había otros chicos más fuerte y agresivos en la Academia, este trío había sido siempre el más temido, pues si te ganabas su odio lo más seguro es que suplicarías por el infierno antes que seguir a su merced.

 

Los siete caminaban a menudo por los pasillos y jardines; aún cuando entre ambos grupitos no se consideraban realmente amigos, por algún vínculo extraño habían acordado mantenerse unidos. Personalmente creo que los mayores lo habían decidido pues pronto dejarían la escuela y necesitaban dejar su legado en “buenas manos”; después de todo, una vez que se graduaran y comenzaran a asistir a la Universidad ya no les resultaría tan sencillo seguir controlando todo por aquí, además de que no creo que le vieran beneficios a eso pues tendrían un nuevo territorio que conquistar y nuevas almas que atormentar, imagino que para alguien como ellos eso sería lo más lógico, no?

 

-¿De nuevo la misma pesadilla?- Se sentó nuevamente en mi cama; ya me había acostumbrado a ver aquella expresión angustiada en sus ojos cuando me miraba en estas circunstancias. Así es, no era la primera y con toda seguridad, no sería la última vez que me pasaría esto. Mi pesadilla de la infancia se había vuelto recurrente ahora y aún después de tantos años, seguía sin encontrarle el más mínimo significado.

-Sí… me estoy hartando de esto, sabes?… Ya no tengo cuatro años como para seguir teniendo pesadillas…- Alguien llamó a la puerta, miré mi despertador seguro de que no era una hora conveniente para hacer o recibir visitas. Yuto se levantó para abrir mientras yo me quitaba la playera y me limpiaba el exceso de sudor con ella.

-Chii-chan… ¿qué pasó?- Tenía un par de lagrimitas a punto de desbordársele. Estaba un poco pálido, ni siquiera llevaba puestas sus pantuflas.

-Estaba asustado… Morimoto-kun no me ha dejado en paz toda la noche… cuando se metió al baño me escapé de la habitación…- El nudo en su garganta le entrecortaba la voz. -¿Puedo quedarme aquí esta noche?… por favor…- Nos miró suplicante, sus palabras fueron un hilito apenas audible de voz.

-Seguro… ven aquí…- Levanté las cobijas para que se metiera en mi cama. Digo, ¿cómo decirle que no a este chico? Sobre todo con esas lagrimitas rodando por sus mejillas. Y es que por supuesto que no lo iba a dejar con ese acólito del diablo, ¿qué?, ¿olvidé mencionarlo? ¿Sí? Ryutaro Morimoto es uno de los de primero, el lamebotas por excelencia de Yuma, un escuincle bajito como Chinen con un horrible sentido del humor que siempre estaba molestando a nuestro amigo porque le gusta y como es Morimoto quien siempre le va a Yuma con los chismes que tienen que ver con él, pues como agradecimiento lo hizo el compañero de cuarto de nuestro pobre Chinen, ya que su anterior compañero era Kento pero ahora estaba en su habitación… Todo un enredo, no? Pero espero que hayan entendido. La cosa es que ese pequeño mequetrefe disfrutaba molestar y acosar a chinen a cualquier hora, le gustaba hacerlo llorar porque decía que era como ver a una chica, y como ya casi no lo lograba porque le habíamos aconsejado que se aguantara de llorar frente a él, se había ensañado más con él en las últimas semanas.

 

Una vez que se metió entre las cobijas a mi lado, lo arropé y Yuto apagó nuevamente la luz. Despertarlo por la mañana fue toda una odisea. Cuando llegamos a su habitación, Morimoto ya no estaba. Se bañó y se vistió a toda prisa y corrimos a clase. Keito ya estaba ahí. Logramos llegar justo antes de que el profesor entrara. Matemáticas me gustaba mucho, así que no me importaba que tuviéramos esa clase en la primera hora, pero no a todos les agradaba la idea y el profesor despertaba a algún incauto con frecuencia a mitad de la clase. Esta  vez no había sido la excepción. De ahí en más la clase transcurrió de lo más tranquila; a las diez nos dirigimos al comedor para desayunar. Como de costumbre, Takaki, Yuma y sus amigos ya estaban comiendo cuando llegamos.

 

Aún cuando no quería hacerlo, miré discretamente hacia su mesa porque sentí que alguien me miraba fijamente, sólo para descubrir que era Takaki. Mi corazón dio un vuelco increíble y desvié la mirada de inmediato, ¿por qué me estaría viendo?, ¿no hice nada malo o sí? Sentí que alguien tomaba mi mano.

-¿Estás bien Yama-chan?- Chinen había notado mi preocupación de inmediato, él siempre había sido quien mejor me conocía.

-sí, no pasa nada…- No quería preocuparlo por algo sin sentido así que me apresuré en sonreír y tomamos asiento. Takaki aún me miraba, su rostro inexpresivo me desquiciaba, nunca sabías qué era lo que ese chico estaba pensando. En verdad di gracias de que Yabu robara su atención en ese momento. Estaba tan confundido que en cuanto terminamos del desayuno les propuse que nos fuéramos al jardín, aún faltaban veinte minutos para que comenzara la siguiente clase y lo cierto es que no quería seguir en la mira del chico más temido de la escuela.

-Te ves pálido Yamada…- Yuto y Keito se sentaron junto a mí mientras Chinen y Daiki jugaban con un perrito que suele rondar por los jardines de la escuela.

-Van a creer que estaba alucinando, pero Takaki me estuvo mirando todo el rato en el comedor… Apenas si pude terminar lo que había en mi plato…- Me dejé caer de espaldas sobre el pasto.

-Me di cuenta… y también él…- Yuto señalaba con la cabeza a Chinen, quien volteó y nos sonrió.

-¿Hiciste algo que pudiera molestarlo?- Keito se veía en verdad preocupado. Por más que lo pensé sólo volví a negar con la cabeza.

 

Al poco rato escuchamos la campana anunciando el inicio de la siguiente clase. Historia era el fuerte de Yuto pero el calvario de Keito, al resto de nosotros realmente nos daba igual la clase, así que siempre se nos pasaban rápido las dos horas.

 

El profesor acababa de salir del salón cuando comenzamos a escuchar un escándalo en el pasillo. Chinen y Yuto, siempre movidos por su insaciable curiosidad, corrieron para salir a ver qué pasaba. Chinen al ser más rápido llegó primero a la puerta y cuando la abrió se topó directamente con Takaki que lo miraba con molestia, venía escoltado por Yabu y Hikaru como de costumbre. Takaki miró de reojo a Chinen y luego a Yuto, los dos estaban inmóviles frente a él. Luego, como me temía, sus ojos se posaron directo sobre mí; nuevamente sentía aquella extraña sensación flotándome en el estómago. Vi llegar a Daiki por detrás de ellos, pero no dijo nada, se quedó entre la multitud que estaban afuera de nuestro salón como espectadores.

 

Esperaba que en cualquier momento abriera la boca para decir algo, pero nunca lo hizo. Después de mirarme por casi un minuto, se dio media vuelta y se fue, empujando un poco a Daiki que estorbaba en su camino, sus dos inseparables amigos lo siguieron mirándose el uno al otro con cara de incomprensión total.

-Nunca me había dado cuenta de que Takaki-senpai tiene una cara muy linda… Si no fuera tan malvado la mayor parte del tiempo, seguramente lo haría mi amigo…- El modo en que lo dijo y su mirada me dejaron en claro que no lo decía en broma, si Chinen creía que ese chico podía tener remedio era porque así era.

-¡Chii-chan! ¡Cállate!… Te puede oír…- Yuto lo regañó, tomándolo por los hombros y girándolo contra sí para que lo mirara a los ojos mientras le decía aquello. Ante su carita de puchero, daiki caminó hasta ellos y puso las manos sobre las mejillas de Chinen, gesto que siempre hacía para tranquilizarlo o regañarlo dulcemente.

-Yuri… sé que no lo dices en juego y eso es lo que nos preocupa. Entiende que tus inocentes palabras podrían ser malentendidas tanto por Takaki-san como por sus amigos y lo que menos queremos es que te pase algo malo…- Apoyó su frente contra la de Chinen y lo abrazó.

 

Mi corazón dejó de latir descontroladamente y esa sensación oprimiendo mi pecho desapareció por completo gracias a las palabras de Daiki y a la sonrisa de Chinen, la cual significaba que había entendido perfectamente lo que tratábamos de decirle.

-¿Están bien?- Inoo entró corriendo a nuestro salón. Parecía fantasma de lo blanco que estaba.

-¿Tan pronto te enteraste?- No me extrañaba, él iba en la misma clase que ellos.

-Era de lo único que hablaban todos desde que entramos a clase después del desayuno… pero no creí que se refirieran a ustedes…- No estaba acostumbrado a hacer actividades físicas, así que se esforzaba en recuperar el aliento después de haber corrido hasta aquí.

-¿Y que fue lo que dijeron?- que fuera Keito y no Yuto quien preguntara me tomó por sorpresa y al mismo tiempo me dio a entender que estaba más preocupado de lo que parecía.

-Dijeron que Takaki estaba buscando a uno de los de tercero… uno de los amigos de Chinen Yuri…- Dijo lo último con un tinte de angustia en la voz al tiempo que miraba a Chinen que seguía en brazos de Daiki sentado en sus piernas.

-¿Sabe mi nombre?- Chinen no pudo evitar sobre emocionarse al oírlo. Pero el resto de nosotros teníamos el mismo pensamiento en mente: éso no era nada bueno.

-Chii-chan… eso no es bueno. Si sabe tu nombre no es porque esté interesado en volverse tu amigo sino porque seguramente Ryutaro se lo dijo. Si Takaki-kun tiene algo contra Yama-chan y Ryutaro lo ayuda, entonces tú sales perdiendo, ¿entiendes a lo que me refiero?- Chinen nos miró a todos a los ojos y luego se echó a llorar en brazos de Daiki por lo que Yuta le había dicho.

-Sólo tengan cuidado, si?… Si algo llegara a pesar, que espero no suceda, iré a hablar con Takaki personalmente. Nunca hemos estado en malos términos, así que sé que al menos me escuchara…- Se despidió de nosotros y regresó a su salón pues la próxima clase estaba por empezar. Daiki se llevó a Chinen al baño para que se lavara la cara y nosotros tres nos quedamos en el aula. Teníamos que idear un plan para mantenernos lejos de problemas, sobre todo por el bien de Chinen, porque el que me dieran una paliza no era nada comparado con exponerlo a algo que le pudiera hacer su simpático compañero de habitación.

 

La clase de ciencias siempre pasaba volando, a todos nos fascinaba estar en el laboratorio haciendo experimentos; aunque el profesor era un poco amargado, sus clases eran por demás interesantes. Incluso Chinen terminó poniéndose de buenas mientras los líquidos dentro de  los tubos de ensaye cambiaban de color al agregar algunos reactivos.

 

Nuestra siguiente clase era deportes, así que tuvimos que ir al gimnasio para cambiarnos de ropa, como de costumbre terminé quedándome al último. De pronto alguien abrió la puerta, esperaba ver a Yuto o a Chinen que habían olvidado alguna cosa, pero el rostro con el que me encontré me sorprendió por completo.

-Yamada-san, verdad?- Yuma nunca me había dirigido la palabra, así que el hecho de que supiera mi nombre me hizo suponer que venía de parte de Takaki.

-Sí, ¿puedo ayudarte en algo Nakayama-san?- Que lo llamara por su nombre podía ofenderlo por mi exceso de confianza y si hacía como si no supiera quien era podía llegar a molestarlo. Su risa fue tan malintencionada que me desagrado bastante su actitud.

-¿A mí? Lo dudo… no veo en que podría servirme alguien como tú. Sólo vine a darte algo porque me lo pidieron…- Sacó un sobre de papel beige doblado por la mitad de su bolsillo del saco y me lo arrojó a los pies. Se dio media vuelta y se fue por donde vino son decir nada o mirarme siquiera.

 

Me quedé tan desconcertado por su pésimo carácter que seguí mirándolo hasta que lo perdí de vista. Levanté el sobre y vi que al frente en una esquina tenía escritas las iniciales “Y.R.”, por lo que deduje que de trataba de mi nombre. Ni siquiera se habían tomado la molestia de cerrar el sobre. De pronto me pregunté si Yuma había leído lo que estaba dentro, bueno, daba igual. Saqué la hojita de papel que estaba dentro y la leí.

 

-¡Yama-chan!… ¿Yama-chan?…- Cuando levanté las manos vi a Chinen mirándome lleno de curiosidad por aquello que robaba mi atención con tanta vehemencia. -¿Estás bien? Te estaba llamando pero parecías no escucharme… ¿Qué es éso?- Puso su dedito índice contra el papel que estaba en mis manos por encima de su cabeza.

-¿Esto?- Asintió con una sonrisita cuando  moví la carta en el aire. –Es sólo una nota, la encontré ahí tirada…- Apunté bajo la banca que estaba en medio del vestidor. Traté de no prestarle mucha atención al pedazo de papel, digo, si yo apenas si alcanzaba a entender lo que acababa de leer, ¿cómo iba a explicarles  a los demás? Además no tenía sentido, seguramente no era más que una broma o una excusa para darme una paliza al caer en su engaño. Lo mejor era olvidarme de todo y ya.

-¿Nos vamos a la clase? Y están haciendo los equipos…- Se me colgó de las manos, le gustaba hacer eso, sobre todo con Yuto porque era más alto.

-Claro… antes de que nos dejen con los malos…- Hice bolita el papel y lo tiré a la basura. Chinen y yo nos integramos al juego de voleibol que ya habían organizado.

 

Al finalizar la clase regresamos al vestidor, nos duchamos y nos volvimos a poner el uniforme para dirigirnos nuevamente al comedor. Exacto, lo primero que hice antes de entrar fue mirar al fondo, donde ellos siempre se sentaban. Se me escapó un suspiro de tranquilidad al ver que sólo estaban los de primero. No había señales de Takaki ni de sus amigos, a veces comían en su habitación, así que no se me hizo raro que no estuvieran por aquí.

 

Entramos y después de ir por nuestra comida caminamos hasta la mesa donde usualmente nos sentábamos, nos gustaba ese lugar porque estaba junto a la ventana y lo suficientemente cerca de la puerta como para correr en caso de ser necesario, lo cual sucedía a menudo por culpa de los “exprimidores”.

 

Al ver que Yabu y hikaru entraban al comedor se me heló la sangre, pero el miedo dio paso a la duda cuando no lo vi entrar a él. ¿Podría ser que…? No… ¡Claro que no!… Pero que tonto que era.

 

Aún quedaba media hora para que se terminara la hora de la comida pero ya todos habíamos terminado; incluso Keito e Inoo que siempre repiten plato. Estábamos platicando sobre lo que haríamos el fin de semana, que era cuando nos permitían salir de la Academia, cuando alguien abrió la puerta de una patada. No pude evitar sudar frío cuando vi que era Takaki. Un silencio sepulcral se apoderó de toda la estancia. Nadie se atrevía a hacer o decir nada mientras pasaba por temor a llamar su atención y que se desquitara con el primero que se le acercara lo suficiente.

-Parece estar bastante molesto…- Susurró Chinen cuando se acercaba a donde estábamos nosotros.

-Yuri… shhh…- Daiki lo hizo callar justo a tempo para que no lo escuchara. Pero el pánico me envolvió cuando se detuvo justo después de habernos pasado y giró el rostro en dirección a donde estábamos.

 

Fue sólo por unos segundos, lo sé, pero estoy seguro de que me miró sólo a mí. Se volvió y reanudó su camino. Se dejó caer sobre su silla haciendo mucho ruido al mover todo lo que estaba sobre la mesa. Sus amigos lo miraban estupefactos sin saber lo que estaba pasando.

 

Hikaru comenzó a hablar rompiendo por fin la horrible atmósfera que nos rodeaba. Al poco rato todo había vuelto a la normalidad. Takaki sonreía de vez en cuando por lo que le decían, pero en cuanto miraba hacía donde yo estaba, regresaba esa mirada que me erizaba la piel.

-¿Estás bien?- Inoo se inclinaba lo más que podía por sobre la mesa para hablarme en voz baja, como temiendo que los chicos al fondo del enorme comedor pudieran escucharlo.

-Creo que no lo estaré dentro de poco…- La verdad es que no pensé mucho lo que decía.

-¿Eh? ¿Por qué dices eso, Yama-chan?- Yuto tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no decirlo a gritos.

-Es que cuando estaba en los vestidores…- No pude terminar de decirlo; justo en ese instante sentí su fría y penetrante mirada fija sobre mí. Algo dentro de mi cabeza me aconsejó guardarlo en secreto. -…golpeé a Yuma sin querer, nos sabía que estaba ahí dentro…- Me sabía mal por ellos mentirles pero ese chico tenía un modo de saber casi todo lo que pasaba dentro de la escuela y su estaba enojado conmigo no quería que tomara represalias contra mis amigos, así que era mejor mantenerlos lo más alejados que fuera posible de todo esto.

-¿Cómo crees?- Yuto parecía totalmente engañado y preocupado debido a mi “altercado” con Yuma.

-Mmm… supongo que te disculpaste y no le importó en lo más mínimo, verdad?- Asentí sólo una vez. –Mmm… sí, yuma-kun es un poco arrogante a veces, pero ya se le olvidará, no te preocupes Yamada…- Inoo tenía una particular forma de hacer sentir mejor a la gente.

-¿y si nos vamos un rato al jardín?- Propuso Keito, lo cual sinceramente me pareció una excelente idea, así que no me opuse para nada.

 

Aún cuando no podía verlo, sentía cómo no me quitaba los ojos de encima. El resto de la tarde estuve lo bastante distraído como para vaciarme incluso la harina encima durante la clase de economía doméstica. Chinen no paraba de reír diciendo que parecía un daifuku. No tuve más remedio que ir al lavabo cerca de la cancha de fútbol, que era lo más cercano que tenía, para sacudirme el polvo blanco de la ropa y el cabello y lavarme la cara para dejar de parecer fantasma.

 

Mientras caminaba me quité el saco para sacudirlo. Al llegar me remangue un poco la camisa blanca y abrí el grifo para que comenzara a correr el agua, a veces salía un poco sucia al principio, por eso era mejor dejarla pasar un rato antes de usarla. Como tenía mucho calor, sentir el agua fría sobre mi piel fue realmente agradable. Como no se me quitaba la que tenía en el cabello, opté por meter la cabeza, lo cual fue de bastante ayuda. Creo que mi cerebro sufría de un sobre-calentamiento por haber estado pensando tanto sobre Takaki y la nota; y claro, las consecuencias que todo esto podría traerme a mí y a mis amigos. Me quedé bajo el chorro un par de minutos y luego cerré la llave. Me quité un poco del exceso de agua con las manos, luego sacudí un poco la cabeza y me enderecé. Fue hasta entonces que me di cuenta de que los de tercero de preparatoria estaban en deportes porque podía ver a Yabu caminando por un lado de la cancha animando a Hikaru que corría durante el partido. Lo cual me pareció bastante ilógico y contraproducente pues acabábamos de comer y hacer actividad física con el estómago lleno era algo horrible, por no decir que estúpido.

 

Me giré porque escuché a alguien detrás de mí. Todo pasó tan rápido que ni siquiera tuve tiempo de pensar, mucho menos de reaccionar. Ni siquiera parpadeé. El peso de su cuerpo sobre el mío me obligó a sentarme por lo que se me mojó un poco el trasero. Su mano resultaba extraña y agradablemente cálida sobre mi mejilla, a la vez que la otra se apoyaba sobre el bebedero por mi costado derecho pues al ser mucho más alto que yo tuvo que agacharse bastante. Este chico me estaba besando y yo era incapaz de reaccionar en lo más mínimo para impedírselo… porque… de algún modo… sentir sus labios tibios y suaves sobre los míos… me gustaba más de lo que era capaz de admitir.

 

¿Cuánto había durado? ¿Unos segundos? ¿O acaso habían sido horas? ¿Tenía importancia? ¡Al diablo con el tiempo!

 

Vi como abría los ojos lentamente sonrojándose al notar que lo miraba, tras lo cual agachó la mirada y escondió las manos en los bolsillos.

-¡Yuyan~!- No podía verlo pero sabía que era Hikaru quien lo llamaba. –Con que aquí estabas… es hora.- Hasta entonces reparó en mi presencia. -¿es él?- Takaki le aventó su celular cuando sacó la mano, la forma en que me miró antes de darse la vuelta para ir con su amigo fue tan extraña que por un momento olvidé quien era Takaki en realidad y todo lo que hasta ahora había hecho. Parecía una persona completamente diferente la que me miraba a través de esos ojos claros e inocentes.

-¡Yama-chaaan~!- Chinen llegó corriendo pasándolos de largo como si ni siquiera los hubiera visto y se echó a mis brazos. Cosa que no pasó desapercibida a Takaki que seguía con la mirada a mi pequeño amigo desde que lo vio acercarse. –Yama-chan, ¿estás bien? ¿te hizo algo?- Fue hasta que escuché su pregunta que caí en cuenta de lo que acababa de pasar. No pude evitar ruborizarme hasta las orejas. -¿Yama-chan?, ¿te sientes mal?, ¿estás enfermo?… Tu cara se puso un poco roja… ¿fiebre?- Puso primero su mano sobre mi frente para revisar mi temperatura y luego me abrazó dulcemente. –Vamos, Yama-chan, volvamos; si te sientes mal yo cuidaré de ti…- Tiró de mi brazo con fuerza haciendo que me pusiera de pie, estiré la manos para tomar mi saco que estaba sobre el barandal que servía de protección contra posibles balonazos y fui arrastrado rumbo al aula donde teníamos clase en ese momento.

 

Takaki no se movió ni un centímetro hasta que no pasamos de él. Lo último que vi fue nuevamente aquella máscara inexpresiva, pero esta vez no era a mí a quien miraba sino a Chinen, quien había sacado su pañuelo para secarme las gotas de agua que todavía rodaban por mi rostro. ¿Por qué Takaki lo miraba de ésa manera? ¿Cómo saber qué era lo que pasaba por su mente si estaba sólo ahí, inmóvil, mirándonos fijamente como si nonos mirara al mismo tiempo? ¿Acaso estaba celoso? ¿Tal vez enojado? De pronto, cuando Chinen abrió la puerta y me topé con una extraña mirada por parte de Daiki al verlo tomando mi mano, entendí que tal vez, y sólo tal vez, Takaki había sentido y pensado lo mismo, yo ya me había dado cuenta de que a este chico le gustaba Chinen, pero si él no hacía ni decía nada yo no era nadie para interferir. Sin saber por qué, me dieron ganas de echar a correr de regreso y explicarle que se equivocaba, que Chinen y yo sólo éramos muy buenos amigos… Momento… ¿por qué tendría que hacer éso? ¿en qué demonios estaba pensando? ¿qué rayos pasaba conmigo? Comencé a sentirme un poco mareado.

 

Con lo despistado que estaba y lo decaído que me veía no fue para nada difícil que todos, incluida la profesora, se convencieran de que “estaba enfermo”, por lo que me mandaron a la enfermería a recostarme un rato.

 

El doctor no me preguntó nada, cuando me miré en el espejo entendí porque todos daban por hecho que me pasaba algo; me veía un poco pálido pero mis mejillas estaban teñidas de una leve coloración roja, en parte debida probablemente a que no podía quitarme de la cabeza el recuerdo de mi primer beso.

 

Corrí la cortina del último cubículo y me tiré de espaldas sobre la cama. Mi corazón seguía latiendo demasiado aprisa. Por temor a que regresara la pesadilla me quedé sumido en un sueño superficial, por lo cual pude escuchar cuando alguien llamó a la puerta, no estaba muy consciente del tiempo así que no supe cuánto había transcurrido desde que había llegado.

-Doctor, ¿podría venir un momento?- Por su voz sabía que era Hikaru, no oí a nadie más. Volví a cerrar los ojos. Escuché cómo se cerraba la puerta quedándome a solas dentro de la habitación blanca. Comenzaba a quedarme realmente dormido cuando regresaron.

-Sí, polo ahí… tráeme éso…- Era la voz del doctor, sonaba un poco desesperado… como preocupado. Por entre las cortinas que me rodeaban sólo podía ver al doctor de espaldas a mí atendiendo a alguien que estaba acostado sobre la cama y que como no hablaba ni nada, supuse que estaba inconsciente. Hikaru permanecía de pie del otro lado, nunca había visto esa expresión en su rostro, así que di por hecho que debía ser Yabu quien yacía frente a él; todos sabíamos que ellos eran mucho más que simples amigos. No podía verlo porque el doctor me tapaba la mitad superior de su cuerpo, pero por cómo estaba Hikaru, no podía ser otro que Yabu. Al parecer estaba herido. Había muchas gasas manchadas de sangre dentro de un recipiente metálico que estaba sobre el carrito de primeros auxilios. Aunque la curiosidad me decía que siguiera mirando, el cansancio me obligó a volver a recostarme y dormirme un rato. Creo que después de todo, haberme mojado con agua fría con todo el calor que tenía no fue muy mala porque le provoqué un choqué de temperaturas a mi organismo y ahora pagaba por ello. Sería mejor que descansara un poco antes de irme al dormitorio.

 

Cuando abrí los ojos, la habitación estaba inundada de un agradable tono anaranjado. Todo estaba demasiado silencioso. Me asomé por entre la cortina pero no pude ver nada, la otra cortina también había sido corrida. Me incorporé y me volví a anudar la corbata y a ponerme los zapatos. Había un olor en el cuarto que me resultaba bastante familiar de alguna manera pero no podía recordar de dónde o por qué.

 

Justo cuando iba hacia la puerta me di cuenta de que la cortina no estaba del todo cerrada. El chico que yacía sobre la cama lloraba, podía ver como temblaba debido a los sollozos que se esforzaba en reprimir tapándose el rostro con el brazo izquierdo para evitar que alguien pudiera llegar a verlo así. El otro estaba cubierto por un vendaje de color blanco desde el antebrazo hasta los nudillos de la mano derecha. No sabía por qué pero no podía quitarle los ojos de encima. Sentí un deseo casi irrefrenable de correr a su lado y abrazarlo. Obvio, ni siquiera pude moverme. Su celular sonó. Se quitó el brazo de la cara para tomar el aparato del bolsillo de su saco, que estaba lleno de polvo y lo que seguramente sería su sangre. Justo en ese instante nuestras miradas volvieron a encontrarse. No podía decir nada; se veía tan frágil y vulnerable con las lágrimas en sus ojos y esa expresión infantil, que pensé que desaparecería en cualquier segundo. De cierto modo me costaba creer que era el mismo Takaki Yuya que yo conocía.

 

¿Miedo? ¿Cobardía? Sinceramente no lo sé… pero no pude seguir mirándolo a los ojos; agaché la vista y me di media vuelta para salir de ahí. De todos modos no iba a decir o hacer nada que lo ayudara. Simplemente no podía.

-No te vayas… por favor…- Su voz fue apenas un susurro que me atrapó por completo. Me quedé justo donde estaba, mi cuerpo se negaba a obedecer lo que le decía mi cerebro. Un extraño e incomprensible silencio se apoderó de todo mientras seguíamos mirándonos sin decir nada. Por la ventana podía ver un hermoso cielo. Al final caminé hacia él y me senté en una silla que estaba junto a la cama.

-¿Te duele?- Fue lo primero que se me ocurrió preguntar. Lo cual fue estúpido porque era seguro que dolía. Sabía que seguramente había golpeado a alguien después de que me fuera con Chinen.

-No por ahora… Creo que me inyectaron algo para evitarlo…- De nuevo cubría su rostro; seguía llorando, podía ver sus finas lágrimas cayendo sobre los mechones de cabello castaño cobrizo que estaban sobre la almohada.

-Oh… ya veo… menos mal… Parece doloroso… debió ser un buen golpe…- Sólo respondió inclinando un poco la cabeza en señal de afirmación. Lo que hizo después me tomó por sorpresa: se giró al lado izquierdo de la cama, dándome la espalda, otra vez sollozaba tratando de ahogar el llanto contra la almohada. Ni siquiera entendí por qué, pero cuando menos pensé, mi mano ya estaba sobre su cabeza acariciándolo con ternura, tratando de reconfortarlo del sufrimiento que parecía envolverlo. Sentí su mano sobre la mía. –todo va a estar bien…- Le dije en voz baja cerca del oído cuando me senté sobre la cama a su lado. Inexplicablemente estalló en llanto como un niño perdido al escuchar mis palabras. Se giró con brusquedad sentándose con el impulso y se abrazó a mí con desesperación. Lentamente mis brazos alcanzaron su espalda y correspondieron el abrazo. No volví a decir nada. Me pregunté hacía cuánto que no lloraba así. Era mejor que lo dejara desahogarse. Tal vez le hacía muchísima falta.

 

Poco a poco se calmó. Pero seguía sin apartarse de mí. Suspiraba y sollozaba de vez en cuando tratando de recuperar la compostura. Lo tomé por los hombros para echarlo hacia atrás y ver su rostro, pero se aferró a mí con más fuerza.

-No, por favor… debo verme horrible…- Decía escondiéndose más entre mi hombro izquierdo y mi cuello.

-No seas tonto… nunca podrías verte horrible…- ¿Qué acababa de decir? No me dio miedo haberlo dicho sino darme cuenta de que lo decía porque lo sentía de corazón. Cedió al segundo intento. Saque de mi bolsillo mi pañuelo y le sequé los restos de agua salada que aún se deslizaban por su piel. Él estaba equivocado. De algún modo, me resultaba definitivamente adorable. Reparé en que no dejaba de mirarme y me sonrojé.

-No lo entiendo… ¿por qué Yamada?- sus palabras me resultaron tan angustiadas que dolían, sin embargo no sabía de qué hablaba.

-¿Por qué qué? No sé a que te refieres…- Ni mentía ni me hacía el loco. En verdad no entendía lo que decía.

-¿Recibiste el sobre? ¡Leíste la carta?- Encogió las piernas contra su pecho y escondió el rostro entre las rodillas y su brazo.

-Sí, Nakayama-san me la dio, la leí después de que se fuera… pero la verdad creí que era una broma…- No estaba muy seguro de si debía decir eso último.

-Entonces, ¿por qué? Te dije que lo que te diría en esa carta sería verdad y que entendería si no acudías, como que estabas rechazándome porque yo…- No era mi intención interrumpirlo, pero lo que decía no tenía sentido para mí y necesitaba respuestas.

-¡¿Eh?! ¿De qué hablas?… La nota solo decía que tenías algo importante que decirme y que estarías esperándome detrás de la biblioteca a las 4:00 pm…- Éso era todo lo que había leído al abrir el sobre, así que todo lo demás que él mencionaba no tenía cabida dentro de mi cabeza.

-No, ¿cómo?, ésa era sólo la segunda nota…- Su mirada decía que no mentía.

-Yo… sólo recibí una nota dentro del sobre… eso fue todo lo que leí…- Lentamente todo iba tomando forma dentro de mi mente. Yuma estaba detrás de todo ésto.

-Eso quiere decir… ¿qué no me estabas rechazando?- Ahora era él quien se sonrojaba mientras mi miraba.

-¿Rechazarte? ¿A qué te refieres?- No podía ser verdad lo que pensaba, era tan absurdo que ni siquiera podía creer que lo haya considerado siquiera como una posibilidad. No podía ser que estuviera enamorado de mí. Me miró en silencio por unos segundos.

-Yamada…- Aún cuando aferraba con fuerza su rodilla podía ver que su mano temblaba. –Tú… a mí…- La sangre se agolpaba en sus mejillas, podía notarlo aún a pesar de la escasa luz rojiza que se colaba por la ventana. -¡Me gustas!- Sólo así, lo dijo tan fuerte y claro que no quedó espacio a dudas. Lo ridículo de mis pensamientos se había vuelto un verdad absoluta.

-Takaki, yo…- apenas si podía creer lo que pasaba. No me dio tiempo de decir algo. Nuevamente me besaba haciendo que me olvidara de todo lo demás. Había algo en este chico melancólico y dulce que comenzaba a atraerme de un modo irracional. De pronto me descubrí a mi mismo correspondiendo con absoluta seguridad y naturalidad ese beso.

 

Alguien llamaba a la puerta. Me dio un susto de muerte, haciendo latir aún más aprisa mi, ya de por si, acelerado corazón, con tanta fuerza que me obligó a saltar lo más lejos que pude de él. Suspiró resignado.

-Ay… Yabu si que sabe ser inoportuno…- Se levantó y estiró la mano para alcanzar sus zapatos para ponérselos.

-No, no te levantes… Yo abriré… No deberías mover tu mano…- lo empujé con cuidado de regreso a la cama y fui hacia la puerta.

-¡Yama-chan~! ¿Ya te sientes mejor?- Lo que encontré del otro lado  no fue a su amigo sino al mío; que apenas si me vio tras abrirle, se echó a mis brazos. Conociendo a este pequeño, seguramente estaba preocupadísimo por mí.

-Sí, la fiebre se ha ido…- Su sonrisa siempre lograba ponerme de buen humor. Puse mi mano sobre su cabeza y lo despeiné un poco.

-Ah~ menos mal… Vamos, debes probar el pastel que hice en la clase, como no pudiste estar con nosotros lo hice para ti; logré convencer a la maestra de que nos dejara sacarlo del salón para llevarlo al dormitorio…- Chinen parecía tan feliz de verme recuperado. Como de costumbre, me jaló para llevarme con él. Ni siquiera reparó en la presencia de Takaki, quien no estaba enojado cómo pensé que estaría cuando lo miré de reojo; en vez de eso noté que había bajado la mirada y que ocultaba el rostro con su brazo.

 

Todo el camino hasta el dormitorio fui sumido en mis pensamientos. Chinen no paraba de hablarme pero yo apenas si había prestado atención a algo de lo que decía. Subíamos las escaleras hacia el segundo piso, que era donde dormíamos los de tercero de secundaria y primero de preparatoria, y yo me había tropezado un par de veces por no fijarme por donde iba. Había un único pensamiento haciendo eco en mi cabeza sonando cada vez con más fuerza, al grado que terminó por obligarme a detenerme en seco haciendo que Chinen se sacudiera bruscamente y se volviera para mirarme con cara de preocupación.

-¿De nuevo te sientes mal, Yama-chan?- su voz me pareció en extremo dulce.

-Debo volver… olvidé algo…  y es muy importante…- La voz que me susurraba “regresa” terminó por gritarlo tan alto que no pude seguir ignorándola.

-¿Yama-chan…?- Me solté de su pequeña mano y eché a correr escaleras abajo tan rápido como era capaz de hacer.

 

Crucé el enorme jardín que separaba el dormitorio del resto de la Academia como si fuera perseguido por el diablo. A la pasada abrí la puerta de cristal de un empujón y corrí por el pasillo del primer piso hasta llegar a la enfermería, lo único que se escuchaba era el eco de mis pisadas resonando por todo el lugar a medida que pasaba.

 

No vi ninguna luz encendida, pero él tenía que seguir ahí, no? Supongo que no sería bueno que se moviera con la mano tan lastimada como la tenía. Abrí la puerta sin llamar siquiera. Tal como me temía, él ya no estaba ahí. Entré buscando indicios de donde pudiera haber ido, o peor aún, esperando que siguiera por ahí, en algún lugar. Pateé algo en el piso al acercarme a la cama donde había estado. Regresé y encendí la luz. Su celular estaba medio despedazado y esparcido por el piso. Reuní todas las partes y lo prendí. Por suerte aún funcionaba.

 

Me asusté mucho cuando sonó mientras cerraba la tapa. Era Yabu. No respondí, pero a los pocos segundos después, volvió a timbrar. Esta vez era Hikaru. Después nuevamente Yabu. Su insistencia me parecía rara y al final decidí responder.

-¿Si?… no… Soy Yamada… ¿eh?… ¡no!, lo encontré en la enfermería… no, él no está aquí…- Lo que Hikaru dijo después hizo que me sentará. Después de que terminara de decirme todo lo que había pasado, me di cuenta de que tenía que encontrarlo inmediatamente porque de lo contrario podía pasar algo terrible… él estaba planeando escaparse de la escuela. No se había lastimado por haber golpeado a alguien como yo había pensado. Había discutido con su padre por teléfono después de la comida. Estaba tan enojado que rompió la ventana del salón de un puñetazo; se había cortado el brazo al hacerlo. Su padre le acababa de dar la noticia de que su madre estaba gravemente herida en el hospital debido a un accidente y había dado órdenes a la escuela de que no le permitieran  salir bajo ninguna circunstancia de las instalaciones; lo cual incluía no haberlo llevado al hospital para tratar la herida que se había buscando salir de aquí aunque fuera lastimándose a si mismo. Takaki había amenazado al director con escaparse si no lo dejaban salir por las buenas. Hikaru me explicó que su madre era la persona más importante en la vida de Takaki y no quería que muriera sin haberse despedido de ella.

 

Hikaru dijo que Takaki conocía un lugar por el cual era fácil salir de la Academia sin que nadie se percatara siquiera, pero por desgracia no sabía cual era ese lugar. Pero yo tenía una ligera idea al respecto. Cuando le pregunté si sabía qué había detrás de la biblioteca, dijo que ése era el único sitio a donde ellos nunca lo acompañaban, pues Takaki decía que ése era un lugar importante y especial para él y nunca, bajo ninguna circunstancia los había dejado acompañarlo cuando iba ahí.

 

Creo que iba a preguntarme cómo era que yo sabía de la existencia de ese sitio pero ni siquiera le di tiempo de que lo hiciera. Algo me dijo que fuera allí enseguida y no quise desobedecer mi presentimiento. Todavía sentía mis piernas como de gelatina, pero les ordené que corrieran como nunca antes. Sabía que tenía que darme prisa. Si él trataba de trepar o saltar alguna barda con la herida que tenía, lo más seguro es que no acabaría nada bien.

 

Era la primera vez que me aventuraba en aquella parte de la escuela, así que no la conocía en absoluto y si a eso le sumábamos las pésimas condiciones de iluminación que había, no era para nada extraño que me fuera tropezando o resbalando con cuanta cosa me topaba en el camino. Un poco más delante de donde yo estaba escuché un ruido, como algo que se arrastraba. Aguanté la respiración para ver si el sonido seguía y tratar de identificarlo pero no podía. Traté de levantarme pero algo de lo que me había caído encima mantenía mi pierna atrapada y la otra me dolía mucho probablemente debido al golpe que me di. El celular de Takaki sonaba en alguna parte… ¿dónde estaba? ¿Qué acaso no lo traía en la mano mientras corría? Vi la pequeña luz azul intermitiendo como a un metro de donde estaba atrapado. Debía alcanzarlo, seguro era Hikaru de nuevo preguntándome si había encontrado a Takaki; aquel sonido aumento de intensidad, como si se acercara a mí  pero ni siquiera me importó, tenía que contestarle, necesitaría ayuda para salir de aquí; pero por más que estiraba la mano no lograba acercarme ni un poco al bendito aparato. Había dejado de sonar. Me enfoqué en quitar las cosas que tenía sobre la espalda para ver si lograba alcanzarlo, las nubes habían ocultado por completo la luna dejándome sumido entre la penumbra. De pronto pude escuchar algo así como pasos. Una espeluznante y familiar sensación me recorrió de pies a cabeza. Lancé un grito de terror al ver justo sobre mi cara un par de círculos rojos iridiscentes y una dentadura afilada que se me acercaba. Era justo como en mi pesadilla… bueno, bastante parecido… pero en ese momento sólo pude pensar en eso y no pude hacer otra cosa más que gritar.

-¿Yamada-kun…?- Alguien había alejado a la cosa ésa de mí y por alguna razón su voz me parecía bastante conocida, así que dejé de gritar. Quien quiera que fuera me hacía sentir a salvo. Comenzó a quitar las cosas que me aprisionaban. –Aguanta, ya casi termino… te sacaré de aquí…- Me hablaba de un modo tan dulce que hasta mi corazón regresó a latir con normalidad.

-Takaki-kun…- No necesitaba verlo para saber que era él. Una vez que el miedo desapareció de mis venas, entendí que todo él estaba anclado con profundidad dentro de mi corazón… su aroma… su voz… su forma de hablar… El dolor me estremeció cuando quitó lo que había caído sobre mi pierna.

-¿Te duele mucho?… ¿puedes levantarte?… Dame la mano…- Puso mi mano en su hombro y me rodeó por la cintura para servirme de apoyo. Aunque dolía bastante no debía ser muy grave; no sentía nada roto y no parecía sangrar de ninguna parte, salvo por los raspones que probablemente tenía en dos o tres partes del cuerpo.

-Menos mal…- Cuando por fin logré entender todo con claridad, me sentí realmente aliviado de que Takaki estuviera sano y salvo y que no hubiera hecho nada estúpido o impulsivo. Poco después lo noté junto a mí sentadito como esperando a que lo acariciara, era el perrito con el que Chinen jugaba a veces, me pregunté qué estaría haciendo en la escuela a esas horas. Y no pude evitar sonrojarme por haberme asustado tanto por un simple cachorro.

 

-¿Menos mal, qué?…- Su voz me trajo de vuelta lejos de mis pesadillas. Podía sentir su tibia respiración muy cerca de mí, lo cual hacía que se me erizara un poco la piel y que sintiera un hueco extraño en el estómago, ¿era esta sensación lo que denominaban “mariposas en el estómago”?

-Que no te pasó nada… que no te escapaste de la Academia… que te encontré…- Era extraño estarle diciendo eso a un chico y que por ése mismo chico me sintiera así.

-¿Cómo supiste?…- Se quedó callado por un momento. –Yamada-kun… ¿estabas preocupado por mi?- Sabía, aunque ciertamente no podía verlo, que se había sonrojado, su voz sonaba bastante apenada y eso me pareció lindo. Era como si ahora empezara a conocer al verdadero Takaki.

-Supongo… no…- Negué con la cabeza. –Sí… realmente no entiendo muy bien porque pero sí, me preocupé mucho por ti… temía no poder volver a verte…- Simplemente no podía frenar las palabras ni los sentimientos que habían comenzado a desbordarse después de haber estado reprimidos por tanto tiempo.

 

Durante algunos minutos no fuimos capaces de decir nada sólo se escuchaban los ladridos del perrito que correteaba por aquí y por allá persiguiendo una bolsa de plástico, pero sentí que me había estrechado más contra su cuerpo y esa sensación de calidez que me envolvía me hizo sonreír. A pesar de todo, él no era la mala persona que todos creímos.

 

Abrió con cuidado la puerta de cristal por donde yo había entrado hacía un rato y caminamos por el mismo pasillo hasta llegar a la enfermería, que continuaba con la luz encendida, tal cual la dejé cuando salí corriendo para buscarlo. Me ayudó a sentarme sobre la cama y subió mi pierna con cuidado para no lastimarme. Me quitó el zapato y el calcetín y subió el pantalón hasta la rodilla. Revisó cuidadosamente mi tobillo. Fue hasta una repisa con puertitas de cristal y tomó un botecito, en cuanto lo vi supe que se trataba del antinflamatorio con anestésico que usábamos para las lesiones deportivas. Me sorprendió que él lo supiera porque nunca lo había visto haciendo algo dentro de la cancha, por lo general sólo se ponía el uniforme deportivo y se saltaba la clase para dormir por ahí o se quedaba sólo mirando a Hikaru y a Yabu. Me miró y sonrió.

-Aunque no lo creas, estoy en el equipo de fútbol desde la primaria… es sólo que no me agrada eso de correr bajo el sol y sudar sin una buena razón…- La forma en que hablaba y se reía era algo nuevo y maravilloso  de ver, algo que no había visto antes, y, por tanto, me había dibujado una sonrisa boba en los labios mientras lo veía aplicándome el ungüento.

-Yo… no lo sabía… y sinceramente, nunca me lo hubiera imaginado…- Me sonrojé un poco, por el hecho de que me hubiera adivinado el pensamiento y por lo que me hacía sentir cuando me miraba; nunca creí que este chico pudiera mirarme porque yo no era para nada parte de su mundo.

-¿Sabes una cosa Yamada-kun…?- Dijo después de un breve silencio mientras me aplicaba el ungüento también en el tobillo.

-¿Qué…?- No sé si me miraba de reojo, pero por inercia negué un par de veces con la cabeza, completamente desconcertado ante su pregunta, al tiempo que lo veía tomar una venda de uno de los cajones del mueble detrás de él. Entonces entendí que pasaba mucho tiempo en esta habitación.

-Creo que no tardarás mucho en darte cuenta de que lo que sientes por mí no es otra cosa que amor… ¿y sabes?, estoy dispuesto a hacer cualquier cosa para que eso pase lo más rápido posible…- Se quedó callado así sin más y sus palabras me dejaron boquiabierto; ¿cómo podía estar tan seguro de lo que siento, si ni siquiera yo estoy muy seguro de lo que es?

 

Durante todo el rato en que estuvo vendándome no me miró ni una vez, estaba totalmente concentrado en lo que hacía. Poco a poco el dolor había comenzado a desaparecer.

-¡Listo!…- Colocó suavemente mi pie sobre la cama debajo de una almohada y me sonrió. –Eso deberá bastar por ahora…- Se levantó y caminó un par de pasos hasta el carrito de primeros auxilios, el cual acercó hasta donde estaba. –Dame tu mano…- Por inercia miré su mano extendida y luego miré la mía, tenía un enorme raspón de un lado que llegaba hasta la muñeca. Tomó mi mano con delicadeza al ver que yo no reaccionaba. ¿Cómo había visto esto si ni siquiera yo me había visto la herida?

 

Destapó un bote, que sólo por el color del que tiñó la gasa, supe que era yodo y me limpió con cuidado para quitar los restos de tierra que pudiera tener; luego mezcló unos líquidos de colores brillantes y me lo aplicó con una bolita de algodón.

-Ah… lo siento…- Comenzó a soplar mientras seguía aplicándolo al ver que había hecho una mueca de dolor; esa cosa ardía como si me hubiera echado limón. Pero ese malestar quedó de lado al ver la actitud tan tierna y protectora que había adoptado conmigo de repente. Mi corazón se aceleró sin control. Había algo en sus labios… su textura… su color… ¿en qué estaba pensado?

-¿Todavía te arde?- Se detuvo súbitamente al ver que sacudía la cabeza para alejar los pensamientos que seguían empeñándose en ocupar mi cabeza pensando que era por el dolor.

-¿Eh?… No… no tanto…- Podía sentir como el rubor teñía de rojo mis mejillas, ni siquiera quise levantar la mirada.

-¿Podrías cerrar tu ojo un momento?- Su pregunta me pareció de lo más rara pero de algún modo sabía que no iba a hacerme nada, así que le hice caso. Sujetó mi barbilla con cuidado y ladeó un poco mi cabeza, sentí algo húmedo y fresco en el pómulo y luego la punzadita de dolor que me hizo apretar los dientes, el dolor disminuyó a medida que él soplaba suavemente sobre la herida. –Espero que no te queden cicatrices… creo que no me lo perdonaría…- Parecía realmente angustiado por ello mientras me ponía una gasa para cubrir el raspón.

-No te preocupes por eso Takaki… Sólo es un raspón…- Su comentario me causó gracia así que también me reí, él me miró extrañado y luego también se rió. Por primera vez escuchaba su risa y veía su verdadera sonrisa. No podía dejar de mirarlo.

-¿Qué pasa…?- Creo que se sintió un poco acosado por mi forma de mirarlo porque se reía nervioso.

-Nada… sólo pensaba que el verdadero Takaki me gusta mucho más que el Takaki que yo había conocido hasta ahora y al que tenía miedo hasta de que me mirara siquiera…- Me incliné hasta alcanzar sus labios. Supongo que él tenía razón. Sólo era cuestión de tiempo que lo admitiera y él ni siquiera tuvo que presionar las cosas. El sólo hecho de que fuera él mismo y de que fuera sincero consigo mismo y conmigo, fue más que suficiente para que lo que había estado guardando dentro de mi corazón pudiera ser demostrado sin miedos.

 

Aunque ahora que lo pienso, sigo temiendo, pero no por lo que Takaki pueda pensar o hacer contra mí, sino por lo que todos los chicos a los que les gusta vayan a hacer cuando se enteren de que a partir de esta noche él y yo hemos decidido estar juntos… pero bueno, dejaré que las cosas sigan fluyendo a su ritmo.

 

Pero por la manera en que reaccionó a ése primer beso mío, sé que nunca dejará que nada malo me suceda, estoy seguro de que me protegerá de cualquiera que lo intente… ¿Qué cómo puedo estar tan seguro?

 

Porque sé que yo estoy dispuesto a morir por él y por eso mismo, quiero simplemente vivir por él… para poder estar siempre a su lado.

 

Parallel World Cap.14

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 14: La ciudad de las flores danzarinas.

 

 

La luz roja sobre la puerta doble se apagó. El doctor salió para darles las buenas noticias: la cirugía había sido un éxito. En la sala de espera, todo eran risas y hasta lágrimas de felicidad. Ahora era donde comenzaba la verdadera batalla, pues de la rehabilitación dependería si podría volver a tocar o no, pero no sería para nada sencillo.

-Muchisimas gracias doctor!- Decían a coro Ueda, Ishigaki y Yodogawa.

-Será mejor que vayan a casa, él no despertara hasta mañana. Con permiso…- Se despidieron del hombre con una reverencia de profunda gratitud y de inmediato Yodogawa se abrazó a Ishigaki, se sentía por demás aliviado de que todo saliera bien. Okura los miraba desde donde estaba sentado; al percatarse, Ueda fue con él.

-Creo que deberías hablar con él…- Puso su mano en su rodilla y le dedicó una sonrisa de complicidad mirando de reojo a Ishigaki. -Dai-chan! ¿Puedes adoptar por esta noche a Okurin?- Dijo de pronto poniéndose de pie dejando desconcertados a Ishigaki y a Okura. Dándose cuenta  de lo que pretendía, Yodogawa fue junto a Kamenashi.

-Sí, Kamenashi y Yonemura se quedarán conmigo, necesito su ayuda chicos, no quiero repetir este curso…- Parecía preocupado por los resultados de su último examen. A Kamenashi realmente le daba igual, así que aceptó. Sin tener nada que decir, Ishigaki tuvo que resignarse a seguir sin querer el plan de Ueda.

 

Bajaron todos juntos a cenar algo en la cafetería. Parecían mucho más relajados ahora que tenían la seguridad de que Fujiie estaría bien. Igo estaba con sus bromas y chistes habituales arrancándoles ataques de risa a Kamenashi y Okura que no los habían escuchado ya por milésima vez cuando timbró su celular.

-Sé que me aman y que me echaran de menos mi querido público, pero debo partir pues requieren mi presencia y mi talento musical en otro lado…- Imitaba a algún personaje de la Edad Media apoyando el pie sobre la silla.

-¿Goto-kun necesita tu ayuda otra vez?- Preguntaba divertido Yonemura pues últimamente éso no era cosa rara.

-Jejejeje… así es. No puedo hacer nada pues mi guitarra es el mejor complemento para su violín…- Se puso la chamarra, se despidió de todos y calió casi corriendo.

-Veo que ser medio mandilones es un mal de este selecto círculo, verdad?- agregaba sarcásticamente Yodogawa moviendo en gesto de desaprobación la cabeza enfatizando con las manos que no tenían remedio.

Al final se despidieron de Ueda y se fueron del hospital, ya volverían mañana para ver a Fujiie.

-Espero que ya dejes de perder el tiempo, a menos que quieras sólo esperar a ver cómo sube de nuevo al tren y se aleja de ti…- Susurró en su oído cuando lo abrazó. Ishigaki se sonrojó y lo miró asustado pues nunca le había dicho a nadie sobre éso.  Al ver la sonrisa de Ueda, entendió que todo había sido idea suya y sólo asintió con una sonrisa.

 

Se disponían a desayunar. Ya que no habían podido dormir mucho, tenían que recuperar energía de alguna manera. Lo primero que vieron cuando encendieron el televisor fue la noticia del escándalo en el mundo de la política: el hijo mayor del candidato Akanishi a Senador por parte del Partido Liberal Democrático había recibido el acta de formal prisión, con lo cual probablemente su imagen como político había terminado debido a todo el escándalo detrás del incidente.

-Dai-chan, será mejor que llamemos a Tatsuya…- Decía sin siquiera mirarlo ni percatarse de que la mermelada de su pan tostado estaba ahora sobre su mano y su pantalón.

-Definitivamente…- Apenas si pudo pasarse el bocado que tenía en la boca. –Tadayoshi…- Señaló su pantalón cuando logró que volteara.

-Waaa~! Pero si seré tonto…- Puso el pan sobre el plato y se levantó buscando un trapo para limpiarse.

-Lo bueno es que todavía no te ponías la camisa…- Decía como burla Ishigaki mirándolo desde el comedor.

-Cállate~…- Se veía adorable apenado ruborizándose mientras se lavaba las manos.

 

Los pétalos de las flores de cerezo caían como copos de nieve por toda la calzada principal que atravesaba la universidad, confiriéndole un aspecto por demás hermoso a la escuela.

Los nervios le estaban destrozando el estómago, sentía que había pasado una eternidad desde la última vez que había estado ahí y se preguntaba qué pasaría de ahora en adelante. Odiaba admitirlo pero estaba asustado. Había demasiados malos recuerdos a su alrededor.

-O-ku-ri-n~!!!- Sabía que era Ueda sólo por el olor de su cabello así que su sonrisa le iluminó el rostro al  momento.

-Uepi, ohayou~!- cuando se giró se encontró directamente con Ishigaki que venía con él.

-Okaeri!- Su expresión de sorpresa dio paso a la felicidad absoluta.

-Tadaima…- Estaba un poco molesto consigo mismo por haberse sonrojado apenas al verlo pues todo el viaje se había dicho a sí mismo que debía comportarse como el chico de la relación, empezando porque era mayor que Ishigaki, pero no podía evitar reaccionar como colegiala enamorada en cuanto lo tenía frente a sus ojos.

Se quedaron mirándose en silencio hasta que por fin Okura lo tomó de la mano y se lo llevó rumbo a la sección de piano para acompañarlo a su salón. Un par de metros adelante fueron abordados por todos los antiguos amigos de Okura, quienes también le daban la bienvenida después de tanto tiempo sin tenerlo por la ciudad. Entre ellos estaba Nishikido acompañado como siempre de Uchi.

-En verdad volviste Tacchon…- Su reacción era en verdad extraña.

-Sí, tenía motivos más que importantes para volver…- Okura le dedicó la más encantadora de sus sonrisas y lo pasó de largo con Ishigaki de la mano, dejando anonadado a Nishikido y asombrados a los demás pues nunca lo habían visto actuar así.

 

Ueda había contemplado aquello divertido… Nishikido se lo merecía por haberle rotó el corazón a su amigo, pero gracias a ello, ahora era realmente feliz con alguien que sí lo amaba, con alguien que sí se merecía a alguien tan maravillosos como su amigo. Metió las manos en los bolsillos de su abrigo negro, había algo pequeño dentro, se disponía a sacarlo para contemplarlo nuevamente cuando algo llamó de pronto su atención haciendo que les quitara los ojos de encima y se olvidara de todo lo demás… Una flor de cerezo caía mecida por el viento… como por inercia estiró la mano dando un paso adelante para tomarla en la palma de su mano, le extrañó que la flor hubiera caído del árbol intacta.

-Veo que no aprendes… es peligroso que hagas eso, sabes? Podrías golpear a alguien y hacer que cayera al suelo…- La voz un poco grave pero llena de ternura con tintes de timidez lo hizo sonreír enseguida.

-No, no creo que sea peligroso… además que sólo funciona contigo… eres el único que está cerca de mí cuando lo hago…- Se dio la vuelta para mirarlo y tenerlo cerca. –Cierra los ojos…- Su expresión era por demás adorable con todos aquellos pequeños pétalos rosa pálido a su alrededor. No quería perderse aquello pero al final lo obedeció.

Aferraba la correa de su mochila con ambas manos, el estuche negro de su bajo colgaba de su hombro izquierdo. Lucía justo como la primera vez que lo vio en el parque. Tomó suavemente su mano derecha y puso con cuidado lo que tenía en su mano sobre ella. Besó sus labios por un par de segundos mientras le entrecerraba la mano cuidando que no aplastara lo que le había dado. Luego lo soltó y dio un paso hacia atrás. Fujiie abrió lentamente los ojos atontado todavía por aquel beso.

-Ah?!…- Abrió la mano para ver lo que le había dado. –Está completa…- Susurro mirándolo con una dulce sonrisa.

-Sip…- Ueda le asintió con una sonrisa de satisfacción al constatar que había obtenido lo que esperaba con aquel detalle, se había ruborizado un poco, volvió a meter las manos en los bolsillos y recordó lo que guardaba dentro, lo tomó y apretó la mano para darse valor. Fujiie bajó la vista para observar la pequeña flor. –Te eligió… así que la atrapé para ti antes de que desapareciera…- Lo miró de inmediato. A veces decía cosas así de raras pero en vez de molestarle, le gustaba. Entrecerró la mano y se acercó a Ueda.

-Pues dice que a cambio te regale algo…- Había terminado por gustarle el seguirle la corriente cuando hablaba de seres fantásticos y cosas por el estilo, no sabía mucho al respecto así que le resultaba fascinante.

-¿Ah sí?… ¿y qué…?- Fujiie lo besó por primera vez en público. Ueda apenas si lo podía creer, nunca antes lo había hecho porque le daba mucha pena. Estaba que no cabía en su cuerpo de la felicidad. Puso sus manos alrededor de su cintura, con cuidado para no tirar lo que sujetaba y lo atrajo contra su cuerpo para corresponderle aquel beso.

Una brisa fresca pasó a través de sus cuerpos agitándoles el cabello y meciendo los árboles que los rodeaban. Cientos de pétalos y pequeñas flores caían por todos lados debido al viento, flotando en el aire como si bailaran a su alrededor. Ambos se miraban contemplando lo más hermoso que sus ojos habían visto jamás. Un momento mágico y eterno que recordarían para siempre. Ueda acercó su mano a la cara de Fujiie y la abrió para que viera lo que tenía. La pequeña cadena de plata que encontró en el piso el día que lo conoció  había sido reparada. Apenas si podía creerlo, incluso se pellizcó para saber si estaba soñando. Ueda soltó una ligera risita al ver la mueca de dolor en su carita de asombro. Tomó la pulsera entre sus dedos y la abrochó en tornó a su muñeca. Fujiie levantó la mano a la altura de sus ojos y contempló las pequeñas iniciales de su nombre que colgaban de los pequeños arillos plateados que las sujetaban a la cadena, justo como había hecho aquel día que vio a su abuela por última vez. Las lágrimas se contenían trabajosamente a punto de desbordarse. Movido por la emoción de haber recuperado algo extremadamente valioso y preciado que creyó haber perdido para siempre, se arrojó contra él para abrazarlo rodeándole el cuello con ambos brazos llenándole la cara de besos, diciéndole una y otra vez “te amo” y “gracias” a lo que Ueda un poco desconcertado pero absolutamente feliz no pudo más que corresponderle el abrazo y sonreírle deseando que pudieran vivir en esa ciudad llena de colores y melodías juntos por siempre.

Parallel World Cap.13

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FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

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CAPITULO 13: Comienzo y reencuentro. 

 

Cuando abrió la puerta se topó directamente con Fujiie quien lo miraba desconcertado pues acababa de despertar y al que esperaba ver era más bien Ueda.

-Ah… buenos días… te llamas Fujiie, verdad?… Yo soy…- Estaba ruborizado a más no poder, no sabía qué hacer o decir.

-Kamenashi-senpai.- Lo interrumpió. Una de las ventajas de ser amigo de Igo y Yonemura era que podías conocer a muchas personas.

-Ya nos habían presentado antes?- Estaba apenado pues no podía recordarlo.

-Sí, Ishigaki nos presentó a principios de año, tocó para ti en tu presentación final del primer período…- Por el contrario, Fujiie tenía buena memoria, además le gustaba mucho la voz de Kamenashi, así que era obvio que lo recordaba.

-Oh, ya veo… disculpa, soy un poco despistado…- De pronto se preocupó, tal vez también sabía de lo suyo con Akanishi.

-No te preocupes… además yo soy alguien fácil de olvidar…- Su risita desvaneció sus temores.

-Oh! Ya se levantaron… Desayunamos?- Ueda entró de pronto cargando un par de bolsas que dejó sobre la mesita de centro, tomó un suéter gris del respaldo del sillón y se lo puso a Fujiie. –Está haciendo un poco de frío…- Le sonreía al tiempo que se lo abotonaba.

 

Después de tomar el desayuno se quedaron viendo una película. El celular de Kamenashi comenzó a sonar. Palideció de inmediato, sólo podía ser Akanishi. Ueda lo miró preocupado. Fujiie no entendía lo que estaba pasando pero no creyó que fuera conveniente preguntar, parecía que era algo delicado. No sabía qué hacer, sólo miraba fijamente la pantalla; Ueda se levantó y le quitó el teléfono de las manos para colgar, tras lo cual se guardo el móvil en el bolsillo.

-Le pediré a Dai-chan que te compre uno nuevo… será mejor que no tenga cómo localizarte en lo que todo se calma.- Su tono de voz no aceptaba un “no” por respuesta y en cierto modo ni siquiera pensó en hacerlo, él también sabía que sería lo mejor.

-Gracias Tatsu…- Fujiie fue el único que se dio cuenta de que temblaba y por eso trataba de esconder sus manos dentro de los bolsillos. Ueda llamó Ishigaki y le pidió que trajera algunas cosas de su casa cuando viniera de camino al hospital. Ishigaki tenía copia de la llave de la casa de Ueda, siempre había sido así desde que se volvieron amigos.

 

No llegó solo. Yonemura venía con él. Los dos parecían molestos al advertir la presencia de Kamenashi en la habitación. Sacaron a Ueda dejándolo a solas con Fujiie, quien cada vez entendía menos lo que estaba pasando.

-Lo siento…- Dijo Kamenashi rompiendo por fin el silencio.

-¿Por qué te disculpas?- Lo miraba extrañado.

-Esto es mi culpa… no debería estar aquí, será mejor que no le cause más problemas a Ueda y que me vaya de una buena vez…- Fujiie se preocupó ante su comportamiento.

-Quédate por favor… Ueda no estará tranquilo si sabe que te puede pasar algo…- Kamenashi lo miraba confundido, le remordía la consciencia.

-Si supieras lo que hice… lo que le hice a Tatsuya… no dirías éso…- Se dejó caer en el sillón sujetando su frente con ambas manos apoyando los codos en las rodillas.

-No me importa… a pesar de lo que haya sido, Ueda se preocupa por ti y te ha perdonado… yo no soy nadie para juzgarte ni a ti ni a él…- Se sorprendió por su reacción, se sentía culpable aunque no le había hecho nada.

-Es que…- El nudo en su garganta le dificultaba continuar. -…Yo fui quien alejó a Jin de Ueda… lo traicioné…- Terminó por romper en llanto al ver que se le acercaba.

-Ya lo sabía…- Se sentó a su lado y lo abrazó. Los tres los miraban desde la entrada intercambiando miradas de aprobación y desaprobación.

-Si a Fujiie no le molesta, ustedes no deberían quejarse… no dejaré solo a Kame para que Jin le haga algo…- Ueda sonaba demasiado serio.

-En éso tiene razón Daisuke… si podemos evitar que alguien más pase por lo mismo que Yori, creo que deberíamos ayudar.- Al verse en desventaja, Ishigaki no tuvo más remedio que aceptar que Ueda cuidara de Kamenashi. Tanto como Fujiie como Ueda tenían razón… a veces era bueno perdonar y dejar atrás el pasado.

 

Para cuando llegó la hora de la comida Igo y Yodogawa ya habían llegado también, sintiéndose sin derecho a opinar, terminaron por aceptar lo que habían decidido los demás. A pesar de todo y de que hasta sentía que se lo merecía, Yodogawa no quería más tragedias en su vida, que hasta ahora había sido muy tranquila, y si Kamenashi estaba dispuesto a testificar contra Akanishi para que pagara por lo que le había hecho a Fujiie, entonces ayudaría a mantenerlo a salvo.

 

Los abogados de Ueda se reunieron con ellos por la tarde, el video en el celular de Akanishi era evidencia suficiente para procesarlo.

-Kame-chan… estás seguro de querer hacer ésto?… Entenderé si prefieres no hacerlo…- Todos miraban a Ueda mientras le decía aquello a su amigo.

-Lo haré!… Si ésto es lo único que puedo hacer para enmendar mis errores del pasado y que puedas volver a ser feliz, lo haré Ueda… No puedo amar a Jin sabiendo de lo que es capaz…- Su determinación dejó a todos sorprendidos.

 

Los días pasaban entre risas y preocupaciones. La fecha para el juicio ya había sido determinada. Tal como lo habían dicho los abogados, las evidencias hablaban por sí solas, así que no hubo mayores problemas. Por su parte el abogado del padre de Akanishi trataba de establecer un acuerdo fuera de los tribunales, no querían que la imagen del futuro senador se estropeara por los escándalos de su hijo mayor, pero todos sus intentos fueron en vano, sabían que ganarían el caso y que Akanishi pasaría un par de años en prisión; definitivamente ni querían ni necesitaban los millones que ofrecían, éso quedó más que claro, después de todo, aún la cantidad más grande era nada en comparación de lo que Ueda tenía en su cuenta personal gracias a sus recitales y su familia.

 

De algún modo les preocupaba que Akanishi no hubiera hecho nada hasta ahora, seguramente estaba planeando algo y la incertidumbre no los dejaba en paz.

 

Ueda se había encargado de tramitar un permiso de ausencia para Fujiie, pronto iniciaría el último trimestre del año escolar y aún no recuperaba por completo la movilidad en su mano. Su segunda cirugía ya estaba programada y dependiendo de los resultados verían si podían iniciar el programa de rehabilitación o si tendrían que operarlo una vez más. El tío de Ueda, que era el director y dueño del hospital, se había encargado de traer a los mejores especialistas; su sobrino se lo había pedido mucho y nunca lo había tan feliz antes.

 

El día de la cirugía había llegado. Todos le dieron palabras de ánimo a Fujiie y salieron de la habitación dejándolo a solas con Ueda.

-¿Tienes miedo?- Preguntaba mientras le ayudaba a desvestirse para ponerse la bata azul-verde que le había llevado antes la enfermera.

-Nop… no tengo por qué…- Su sonrisa era justo la misma que vio la primera vez. Se inclinó y  lo besó.

-Te amo…- Fue lo único que alcanzó a decirle al oído antes de que llamaran a la puerta y entrara el personal médico para llevárselo al quirófano.

 

-¿Uepi?- La voz del otro lado del teléfono sonaba un poco desesperada.

-¿Okurin?- Sabía perfectamente quién era aún cuando llamaba desde un teléfono público.

-Sí… me enteré de lo que pasó… Estoy afuera de tu casa, dónde estás?- Ocurra había viajado desde Osaka en cuánto se enteró por Yasuda de lo que había pasado con Akanishi, aún cuando tenía un enorme motivo para no volver a Tokio.

-Estoy en el Hospital Central… Okurin, no debiste venir Ni…- Le preocupaba su amigo, había sufrido mucho y no quería que por su culpa tuviera que reabrir viejas heridas.

-Voy para allá…- Lo interrumpió al instante; no quería que mencionara siquiera su nombre.

 

Ueda ya lo esperaba en la entrada cuando se bajó del taxi. Tan pronto como lo vio le regalo su mejor sonrisa; hacía mucho que no se veían pero recordaba a la perfección su aroma y la calidez de su abrazo.

-Te eché mucho de menos…- Le decía Ueda estrechándolo tanto como podía sin lastimarlo.

-Yo también… ¿Cómo está él…?- Se sentía un poco mal por no recordar su nombre, pero Yasuda no era la mejor persona para pedir información por teléfono.

-Fujiie…? Aún no sale de cirugía pero confiamos en que todo saldrá bien. ¿Cómo sigues tú?- Después de lo que había pasado con Nishikido y de lo mal que se había portado Akanishi con él, Ocurra había caído en una horrible depresión y prefirió alejarse de todo.

-Bien… ya estoy bien, no te preocupes…- Sabía que podía creer en sus palabras. Habían sido mejores amigos desde hacía mucho tiempo y podía ver que lo decía en serio. Nuevamente era el mismo Ocurra Tadayoshi de antes de su relación con Nishikido.

 

Ueda le explicó lo que había pasado en los últimos tres meses mientras caminaban hacia la sala de operaciones. En cuanto lo vio, corrió a abrazarlo, aunque nunca se lo había dicho, Ishigaki había estado enamorado de él desde que Ueda se lo presentó y aún por encima de eso, lo consideraba un gran amigo y admiraba su talento musical, incluso habían formado una banda en la secundaria junto con otro de sus viejos amigos, Kitayama, quien era el vocalista y vecino de Okura. Las presentaciones vinieron después ya que Kamenashi era el único que ya lo conocía.

-¿Cuánto tiempo te quedarás Tada-chan?- Ishigaki guardaba la esperanza de que algún día decidiera regresar.

-Aún no lo sé… dependerá de un par de cosas… y de un par de personas…- Dijo lo último más como para sí mismo, al ver tal tristeza en sus ojos se preocupó ante la posibilidad de volverlo a perder debido a Nishikido, pues le quedó claro que no quería encontrárselo.

-No le des importancia a lo que no lo tiene, de acuerdo?… Todavía habemos quienes te queremos en nuestra vida y que queremos de vuelta tu batería…- Ueda se sentó a su lado y lo abrazó, a pesar de que Ishigaki nunca se lo había dicho, él se había dado cuenta de lo que sentía por Okura mucho tiempo atrás y ahora era la ocasión perfecta para agradecerle por haberle traído a Fujiie a su vida.

 

Kamenashi se sentía fuera de lugar. De pronto sintió como que no pertenecía a ése lugar… no lo merecía. Salió a la terraza a tomar un poco de aire fresco, eso si que le hacía falta. Se había pasado los últimos dos días encerrado en el departamento de Ishigaki pues Akanishi lo ido a buscar a casa de Ueda, en vano pues Yodogawa había intuido bien esa posibilidad y sugirió que se quedara en su departamento unos días mientras Ishigaki presentaba finales en la escuela para que no se quedara solo, tras lo cual volvió con él para que Yodogawa pudiera hacer lo mismo; pero a estas alturas ya estaba harto de estar de un lado para otro molestando a los amigos de alguien más. Extrañaba su casa, pero sabía que era el lugar menos seguro aún si cambiaba la cerradura porque Akanishi encontraría la forma de entrar y él no tendría forma de salir. Así que no le quedaba más remedio que esperar a que todo terminara. Suspiró. La nieve había comenzado a caer.

 

Parallel World Cap.12

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~Hana no mau machi / Ueda~

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CAPITULO 12: La verdad detrás de un “te amo”.

 

 

El doctor y el guardia por fin habían salido de la habitación. Ueda no lograba entender muy bien el por qué Fujiie había decidido mentirles y ocultar lo que Akanishi había estado a punto de hacerle diciendo solamente que era alguien de la escuela con quien tenía problemas. Le daba la impresión de que no quería causar más problemas y que tampoco deseaba que le pasara nada malo a Akanishi. Fujiie era ese tipo de persona a la cual no le gustaba traer problemas a los demás ni que le sucedieran cosas feas a la gente que apreciaba.

 

Después de que el médico revisara su mano y descartara cualquier daño adicional, por fin volvieron a quedarse a solas dentro de la habitación. Ahora el chico yacía dormido entre sus brazos después de haber estado jugando con su cabello y orejas mientras estaban acostados platicando y comiendo el pastel que disimuladamente Ueda había salido a recoger.

 

Por su parte, el mayor lo miraba suspirando acariciándole el rostro con el dorso de la mano, parecía tan tranquilo y feliz… por primera vez en su vida tenía el fuerte sentimiento de querer proteger algo sin importarle nada. Sonreía tan sólo de verlo respirar, no recordaba cuando había sido la última vez que se había sentido así. Su celular comenzó a sonar; temiendo que Fujiie pudiera despertarse, se levantó tan rápido como pudo tapando la bocina para que el ruido fuera menor. Una vez fuera de la habitación contestó.

-¿Kamenashi?- Apenas si daba crédito a lo que ocurría. Lo reconoció desde el primer segundo en que escuchó su voz.

-Ueda… sé que no tengo ningún derecho a nada, pero necesito tu ayuda…- Estaba desesperado y le costaba trabajo articular correctamente las palabras.

-Kame, ¿qué pasa? ¿Estás bien?- A pesar de cualquier cosa que hubiera pasado, Ueda quería demasiado a Kamenashi y no podía odiarlo por haberse enamorado del chico que él también amaba.

-Jin… no encuentro a Jin… discutimos… en la escuela todos hablan sobre lo que le pasó al amigo de Daisuke… No fue difícil unir los cabos que me llevaron hasta Jin y luego a ti… le dije que era un idiota, que no tenía ningún derecho a haberle hecho eso y mucho menos a meterse en tu felicidad… Ya te imaginarás cómo se puso… amenazó con terminar lo nuestro si me seguía metiendo… Pero no permitiré que te haga más daño….- Las lágrimas se habían vuelto obvias conforme hablaba, no había gota de mentira en sus palabras. Kamenashi seguía siendo el mismo chico dulce y amable que conocía.

-Kame, tranquilo… no te preocupes, él no va a dejarte por algo tan tonto como eso… y yo cuidaré a Fujiie porque lo amo…- Los dos se sorprendieron ante aquellas palabras que pronunciaba sin pensarlas siquiera.

-Ueda…- Aquello fue más un susurro para sí mismo que ocultaba la vergüenza que sentía por todo lo que había pasado entre ellos.

-Kame, será mejor que te sientes… tengo algo que decirte sobre Jin…- Ueda le explicó brevemente lo que había pasado. Veinte minutos más tarde había llegado al hospital. Ueda lo esperaba en recepción. Akanishi seguía inconsciente pero al parecer estaba bien. En cuanto despertara lo llevaría a la estación de policía.

 

Las lágrimas de Kamenashi resbalaban silenciosas hasta caer en sus brazos, que permanecían cruzados sobre su pecho, casi como si se abrazara a sí mismo para brindarse consuelo. Miraba a Akanishi sin dar crédito a sus acciones. Ueda permanecía de pie junto a la puerta, no quería entrar, sabía que si lo veía, sería capaz de matar a Akanishi en ese momento. Se autoprogramaba diciéndose una y otra vez que tenía que hacer lo mejor por Fujiie. Al verlo salir de la habitación se sorprendió. Se apoyó de lado en el marco de la puerta.

-Kame… estás bien?- Parecía más un caparazón sin vida que su amigo. No podía contestarle, aferraba entre las manos el celular de Akanishi mientras negaba dos veces con la cabeza a la pregunta que había oído a lo lejos.

 

Ueda se acercó a él y le quitó el teléfono. Kamenashi se llevó las manos al rostro y de nuevo estalló en un llanto silencioso dejándose caer de rodillas al piso incapaz de sostener su propio cuerpo. Alguien le había mandado a Jin un video… alguien lo había grabado mientras golpeaba a Fujiie… alguien lo había visto todo y no había hecho nada para ayudarlo. Apenas si podía creerlo. Escuchaba todo lo que le había dicho mientras lo golpeaba y lo pateaba estando en el suelo. Debía irse de ahí, sólo había un pensamiento en su cabeza haciéndole eco con fuerza: desollar vivo a Akanishi.

-Kazu… eres tú?…- Su voz… su maldita voz lo regresó a la realidad. Se guardó el celular en el bolsillo. Kamenashi levantó la cabeza un poco pero no volteó a verlo, no pudo.

-Jin… yo… yo ya no…- Kamenashi no podía pronunciar bien lo que quería decirle, ver al hombre que amaba de ese modo había sido más de lo que hubiera podido soportar. Respiró hondo y se levantó lentamente. –Yo ya no quiero volver a verte jamás!- Cerró la puerta de un jalón. Tomó a Ueda por el brazo y lo arrastró lejos de ahí. Dentro de la habitación, Akanishi se había quedado sin habla, la forma en que su adorado Kamenashi lo había mirado lo había dejado en shock.

 

-Ya no te preocupes más por él, sí? Te voy a ayudar… lo que hizo no se va a quedar así… te lo juro!- Ueda veía a su pequeño amigo ir de un lado a otro hasta que por fin volvió acompañado de dos hombres de seguridad. Pocos segundos después una patrulla se estacionaba afuera y Akanishi era conducido esposado hacia el vehículo, en silencio y con la cabeza baja.

Esperaba ver a Kamenashi correr tras él en cualquier momento, pero no sucedió. El auto se le perdió de vista, lo mismo que su ex compañero de casa. Aquello hizo que la sangre se le bajara de la cabeza y que volviera a pensar con claridad: tenía que encontrarlo. Sabía que seguramente estaría siendo devorado despiadadamente por la culpa. Buscó la salida de emergencias más cercana; conociéndolo, estaría llorando en algún lugar donde nadie pudiera verlo. Abrió la puerta. Podía escucharlo cerca. Subió un tramo de escaleras y lo vio acurrucado contra el barandal. Se veía tan pequeño y vulnerable que no pudo hacer otra cosa más que sentarse a su lado y abrazado. En cuanto lo sintió ahí, se aferró a él y por fin pudo desahogarse… Ueda siempre había sido el único con quien podía sentirse así de seguro y sacar todo lo que llevaba dentro. Todo lo que había sido reprimido los últimos meses terminó por desbordarse de aquel delgado y pequeño cuerpecito.

-Estás mejor…?- Preguntaba en voz baja extendiéndole la mano para ayudarlo a ponerse de pie.

-Lo siento… no he hecho más que causarte problemas…- Su carita había perdido su brillo, se veía realmente cansado, sintiéndose de lo peor por todo lo que había pasado.

-Te equivocas… no puedo más que estar agradecido por haberte conocido… Ven.- Lo rodeó con el brazo y lo llevó hacia la habitación de Fujiie.

 

Estaba un poco desordenado. Cayendo en cuenta de que había sido cosa de Akanishi, se detuvo. Una dulce expresión en el rostro del chico que lo acompañaba logró tranquilizarlo. La persona en la cama seguía dormida con una tierna sonrisa abrazando una almohada, a pesar de lo que había pasado su semblante era tan relajado que a Kamenashi le pareció que todo había sido sólo una pesadilla.

-¿Lo ves? Ésa es mi razón  para seguir adelante… ésa es mi razón para estarte agradecido por siempre…- Caminó hasta la cama y le dio un beso en la frente. Lo arropó bien y acomodó su mano sobre la almohada  para que no se fuera a lastimar. Kamenashi le sonreía enternecido conteniendo en vano sus lágrimas.

-Tatsu… me alegro por ti… no sabes cuánto he rogado para que encontraras la felicidad que yo… que yo te quité…- Ueda lo abrazó indicándole con el dedo en sus labios que no dijera nada más.

-Vamos, lávate la cara…- Lo condujo hasta el baño y cerró la puerta. Levantó los trozos del jarrón y los puso en el bote de basura.

-Será mejor que me vaya a casa…- Lo escuchó desde atrás.

-Estás seguro?… podrías quedarte en mi casa…- Le preocupaba que el padre de Akanishi lograra sacarlo usando sus influencias… Sabía que estaría como fiera enjaulada por lo que había pasado. –Kame… creo que sería mejor si te quedas aquí… por favor…. No quiero preocuparme por ti cuando te vayas.- Había cambiado… el chico tímido e introvertido que había conocido tres años atrás cuando entró a la Universidad se había vuelto un hombre amable y maduro que ya no dependía de Akanishi. Ahora era Ueda quien cuidaba de él y no al revés.

-De acuerdo… me quedaré aquí esta noche si así te quedas tranquilo…- La verdad es que él también estaba asustado; sabía que sería el primero a quien Akanishi buscara y por esa misma razón no quería estar ahí, no quería causarle más malos recuerdos a Ueda o a Fujiie. No pasaron mucho tiempo hablando antes de que se quedara dormido, Ueda lo acomodó en el sillón y lo cubrió con una manta.

Parallel World Cap.11

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~Hana no mau machi / Ueda~

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CAPITULO 11: La magia de dos palabras.

 

 

Akanishi continuaba sentado en el lobby leyendo una revista; se le hizo un poco raro ver a Ueda tomar el ascensor; al ver que llevaba puesto el abrigo y que traía la bufanda en la mano, entendió que saldría del hospital y preguntándose a donde podría ir a esas horas, vio como la luz iluminaba los numeritos en orden descendente.

 

Convencido de que no volvería en un buen rato, se dirigió hacia la última habitación del lado derecho del pasillo. Tocó la puerta como Ueda solía hacerlo y abrió despacio.

-¿Olvidaste alg…?- La sonrisa se le desdibujó del rostro en cuanto lo vio entrar.

-Si, al parecer olvidé deshacerme de un estorbo…- Nuevamente lo miraba con ese aire desdeñoso que tanto le molestaba. Esta vez, sin embargo, había algo diferente… estaba completamente indefenso y solo en medio de aquella habitación que acababa de ser cerrada con seguro. Fujiie se quedó paralizado un momento. Que Akanishi estuviera ahí sólo significaba que Ueda ya se había ido del hospital. El shock le duró sólo un par de segundos, pero para cuando quiso girarse para oprimir el botón de emergencias había sido ya muy tarde; Akanishi reaccionó más rápido y sujetó bruscamente su mano lanzándolo a la orilla de la cama con una sonrisa maliciosa dibujada en su rostro. A diferencia de la vez anterior, Fujiie sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo… estaba asustado… Akanishi le resultaba aterrador en ese momento.

 

Ueda caminaba más deprisa de lo normal. A un par de calles del hospital encontró una cafetería abierta… era perfecto. No estaba lejos, tenían café, los pasteles se veían deliciosos y además vendían comida italiana… así no se tardaría tanto como había pensado pues podría comprar todo en el mismo lugar. La chica del  mostrador lo recibió con una linda sonrisa; mientras esperaba a que estuviera su orden, se sentó a beber tranquilamente un café. Al mirar por la ventana notó que había comenzado a llover. Como por arte de magia, su rostro se iluminó con su sonrisa… se sentía completa e incomprensiblemente feliz.

-La próxima vez lo traeré aquí…- De pronto  se percató de que aún cuando no estaba con él, Fujiie seguía con él.

-Disculpe?…- Preguntaba la chica pensando que le había dicho algo y no le había prestado atención.

-Ah! No, nada…- Era imposible no caer ante aquella expresión.

En menos de diez minutos ya estaba caminando de regreso. La gente pasaba corriendo a su lado, él sólo disfrutaba del clima y de su paseo, sosteniendo con cuidado la cajita blanca con letras rojas dentro de una bolsa de platico donde llevaba el pastel.

 

Tal cual le había dicho la enfermera, no había nadie cuando volvió, las voces se escuchaban dentro del cuarto rotulado con letras blancas que decía “personal”, como si fuera un niño a punto de hacer una travesura, caminaba de puntitas, casi corriendo para no hacer ruido hacia el corredor. Se detuvo a medio camino… Algo en el piso había llamado su atención… cerca de una de las macetas estaba tirado un llavero en forma de tortuga y con unas estrellas moradas colgando junto a ella… el mismo que le habían regalado él y Kamenashi a Akanishi en su último cumpleaños.

 

Un frío escalofrío le recorrió la espalda dejándole un extraño hueco en el estómago… ahora su mal presentimiento tenía nombre e inclusive rostro… Akanishi Jin. Corrió hasta el cuarto de Fujiie. La puerta no abría. La desesperación lo empezaba a devorar por dentro. Dejó la caja en el piso debajo de la ventana al final del pasillo. Corrió hacia la estación de enfermeras, ahí debía estar la llave de esa puerta. Removió entro los cajones tan rápido como podía mover las manos pero no aparecía.

-Piensa Tatsuya… si fueras esa mujer, dónde pondrías las benditas llaves?- Apoyó ambas manos sobre el escritorio y cerró los ojos tratando de concentrarse.

De pronto reparó en una pequeña caja hecha de palitos de madera, como esas que hacen los niños en la escuela como regalo para sus madres. Levantó la tapa y en efecto, encontró un arillo con todas las llaves. Corrió de regreso pasando llaves hasta encontrar la que tenía la etiqueta con el número “708”. La puerta abrió de inmediato, pero lo que le reveló le heló la sangre haciendo que el llavero se le cayera de las manos un ruido como de cascabeles al tocar el piso.

-…Ue-da…- Susurraba trabajosamente entre lágrimas mirándolo suplicante que lo ayudara. La camisa de su pijama estaba a medio desabotonar, su labio inferior sangraba… Akanishi estaba sobré él sujetándolo por los hombros contra la cama, como si el pobre chico pudiera hacer siquiera el intento de zafársele. El sólo pensar en lo que Akanishi estaba a punto de hacerle detonó todo el odio que le era posible contener dentro del cuerpo; la mezcla de repulsión y decepción hacia el sujeto que tenía enfrente lo obligó a actuar.

-Creí haber sido… lo suficientemente claro… cuando te dije que no volvieras a poner un dedo encima a Fujiie!!!…- Su tono de voz en nada se parecía al dulce y melodioso sonido que estaban acostumbrados a escuchar; ni siquiera Akanishi lo había visto así antes, por lo que también lo miraba con asombro.

-Esto es lo que pasa cuando alguien no satisface mis deseos… entiendes… Tat-chan?… Si no te hubieras negado a ser mío… No… Si tú no quieres acostarte conmigo nunca más… entonces me aseguraré de que él tampoco quiera acostarse ni contigo ni con nadie…- Cínicamente mostraba una mueca perversa mientras enterraba sus uñas en la blanca piel del chico al quitársele de encima, quien no podía evitar dejar escapar un grito ahogado de dolor al tiempo que encogía las piernas tratando de alejarse de él.

-Me das asco Jin… no! Me das lastima!- Apretó los puños y se le dejó ir sujetándolo por el cuello cayendo junto con él de la cama. Ueda le dio un par de puñetazos a Jin cegado por su ira, sin notar que se habían traído junto con ellos sin querer a Fujiie también, pues Akanishi se había sujeto de lo primero que alcanzó en su intento por no caer. Al percatarse, Ueda se arrastró preocupado hasta llegar a su lado tras dejar al otro oprimiéndose la nariz después de un golpe. Su pecho estaba lleno de chupetones y marcas rojas que probablemente se volverían moretones. El pobre temblaba a la vez que finas lágrimas seguían rodando por sus mejillas. Detrás de ellos Akanishi continuaba quejándose por la sofocada al caer contra el piso y el dolor provocado por el último golpe, intentando sin éxito levantarse. Ueda se levantó tras cubrir a Fujiie con la manta que colgaba de la cama y oprimió el botón blanco sobre la cabecera de la cama justo antes de que Akanishi lo sujetara por la espalda y lo arrastrara hacia la sala.

-Ya te lo dije! Eres mío! No dejaré que un mocoso inútil como ése se quedé contigo!- Señalaba a Fujiie completamente molesto mientras zarandeaba a Ueda como si fuera un muñeco de trapo entre sus manos. Comenzaba a marearse, trataba de zafarse pero no podía… Akanishi le hacía daño y estando sobre él le inmovilizaba las piernas. Sin estar muy seguro de si lograría lo que se proponía, lanzó un fuerte puñetazo a donde creía que estaba su rostro y aunque el golpe no dio de lleno como esperaba, logró sorprenderlo lo suficiente como para darle tiempo de liberar la otra mano. Agua fría y pequeños pétalos blancos caían de pronto sobre su rostro. Akanishi cayó a un lado inconsciente dejándolo ver a Fujiie de pie, pálido al haberle rotó el florero en la nuca a Akanishi. Por fin un doctor y la enfermera entraban corriendo a la habitación arrastrando el carrito con los aparatos y materiales de emergencia médica, ambos contemplaban la escena sin dar crédito a lo que veía.

-Yo… no… es que él… tú…- Sus ojos iban asustados de los de Ueda a Akanishi, quien seguía en el suelo inmóvil. El doctor miró a la enfermera y ésta salió corriendo llamando al guardia de seguridad.

Ueda se levantó tan pronto como pudo y rodeó a fujiie con sus brazos, ocultándole el rostro entre su pecho y su abrigo para que no observara más aquello.

-No pasa nada, de acuerdo?… Gracias… por salvarme…- Apoyó el rostro en su hombro una vez que revisó discretamente su mano lastimada y se aseguró de que no le había hecho más daño. El pequeño se aferró con fuerza a su ropa negando suavemente un par de veces.

 

El doctor revisó a Akanishi y en cuanto entró el hombre vestido de azul con pantalón oscuro, le pidió que lo sacara de ahí.

-No es grave, en un par de horas estará bien…- Decía el médico al ver que Ueda seguía al policía con la mirada mientras cargaba el cuerpo fuera de la habitación.

-Necesitaré su testimonio más tarde chicos…- Agregó el hombre diciendo más bien un “será mejor que no se vayan” pues el agredido estaba desmayado y no tenían idea de lo que había sucedido.

-Ok… sólo llévenselo de aquí por favor…-El doctor salió junto con el policía. Ueda seguía furioso y quería darle una paliza mil veces peor que la que le había dado a Fujiie; pero ahora lo más importante estaba justo ahí, sollozando entre sus brazos y en ese instante sólo quería hacerlo sentir seguro, así que lo llevó de regreso a la cama, cerró la puerta, levantó el pantalón de franela del piso y volvió a vestirlo. Fujiie no podía mirarlo a los ojos. Sólo era capaz de mirar sus largos y delgados dedos mientras le abotonaba nuevamente la camisa.

-Lo siento… Soy tan inútil… yo…- Ueda cerró sus labios con un beso. No quería que comenzara a torturarse y menos después de todo lo que ya había pasado.

-Discúlpame tú a mí… por no haber estado aquí para evitar esto… Te dije que no permitiría que te volviera a pasar algo y…- Fujiie le regresó el beso.

-Gracias… Por haber evitado que me pasara algo…- Aún cuando sus lágrimas continuaban cayendo, una dulce sonrisa se le dibujó en la cara; gesto que trajo consigo una mueca de dolor.

-Te pegó?- Ueda miraba preocupado su labio mientras limpiaba con cuidado la sangre con el pañuelo que había sacado de su bolsillo derecho. Fujiie asintió sólo una vez con la cabeza, resultaba obvio que no estaba muy seguro de hacerlo.

-Le dije que no eras algo que pudiera ser poseído… Que por su egoísta forma de amar terminaría solo…- Lo miró fugazmente. Se sonrojó al ver que Ueda lo miraba sorprendido. Aún sabiendo que le haría daño había decidido defenderlo.

-Gracias Fujiie… es la primera vez que la persona que amo me ve como un ser humano y no como algo que presumir y poseer…- El pequeño lo miraba enternecido mientras le sonreía terminando de limpiarle el labio.

Parallel World Cap.10

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 10: El adiós incomprendido.

 

 

Akanishi se veía absolutamente estupefacto, si Ueda hubiera tardado un solo segundo más en abrir, probablemente le hubiera pegado en la cara, por lo que fue inevitable que se le dibujara una sonrisa estúpida sólo de imaginar la escena; Ueda por el contrario no le devolvió la sonrisa al verlo, ni siquiera lo saludo por cortesía… de alguna manera, la expresión de su rostro le daba la impresión de que estaba enojado… con él. Aquella sonrisa se esfumó de inmediato, seguramente estaba enojado por todos los mensajes en la contestadora…

-Ho-hola Tatsuya… ¡Vaya! Después de todo estamos en sintonía, ¿no te p…- Ni siquiera lo dejó terminar de hablar, soltó lo que llevaba en la mano. El puñetazo fue tan duro que en cuanto Akanishi se llevó la mano al labio, la sangre le manchó de rojo los dedos.

-¡Escúchame  bien Jin!- Ueda se inclinó para tomarlo por el cuello de la chamarra y levantarlo del piso sin tacto alguno. -¡Si le vuelves a poner un dedo encima a Fujiie o a cualquiera de mis amigos, vas a desear nunca haberme conocido!- Una vez que le dijo todo lo que quería, lo aventó con fuerza hacia la calle, se giró para tomar el bolso y su bufanda y luego cerró la puerta. Aquella mirada tan fiera y esa actitud tan salvaje y dominante le habían resultado simplemente fascinantes, nunca antes había visto ese lado suyo y ahora más que nunca quería hacerlo suyo. Todo aquel deseo terminó en un impulso que lo obligó a empujarlo contra la puerta y comenzar a besarle el cuello y la oreja, pasando sus manos sin control a través de su entrepierna y bajo su camisa blanca. Nunca antes se había podido resistir a eso… Ueda siempre caía directo a sus labios. Pero no había respuesta de su parte, de ningún tipo. De pronto sujetó con fuerza sus muñecas… con demasiada fuerza… se volteó y estampó a Akanishi contra la pared.

-Lo siento… yo no te pertenezco… no vuelvas a acercarte a mí por favor…- Se quedó boquiabierto mirando cómo se alejaba calle abajo mientras se frotaba las manos y la mandíbula. Nunca se hubiera esperado que ese chico, al que siempre defendía, tuviera tanta fuerza. No podía dejarlo ir, no, eso era mentira, la verdad es que no quería dejarlo ir… ahora menos que nunca.

 

Cuando menos pensó, ya lo había seguido hasta el Hospital. Lo perdió de vista cuando la puerta del elevador se cerró… al menos sabía que se dirigía al sexto piso. Por un momento le pareció que el hospital era demasiado lujoso para que el chico ése pudiera pagarlo, pero luego concluyó que con toda seguridad era cosa de Ueda, después de todo, era el hospital de su tío. Entró al ascensor y oprimió el botón marcado con el número seis; el único problema ahora era saber en qué habitación estaban… pensó que tal vez debía ser su día de suerte: Ishigaki y  sus amigos iban saliendo del cuarto al final del pasillo. Se escondió cerca del lobby, entre toda la gente no sabrían siquiera que era él. Se quedó ahí un rato más, por si acaso regresaban; gracias a sus continuas paranoias de persecución, Yodogawa no pudo verlo cuando regresó, Ueda corría por el pasillo con una chamarra en la mano.

-Gracias Ueda…- Decía con una sonrisa tomando la prenda.

-Ah, no hay de que, hace mucho frío afuera… Yodogawa, ¿podrías dárselos a Dai-chan, por favor? Debe cuidar sus manos- Recibió los guantes que le extendía algo tímido y los guardó en el bolsillo de la chamarra que se acababa de poner. Ueda tenía razón en algo: estaba haciendo frío, Ishigaki era un poco friolento y a menudo se le acalambraban los dedos cuando hacía frío, estaban en finales, así que debía cuidarse.

-Gracias… sí, yo se los doy… Ueda…- Se giró al escuchar que lo llamaba.

-¿Qué pasa?- De nuevo estaba aquella sonrisa.

-Cuida de Fujiie por favor…- Le sorprendió que le pidiera aquello pero de inmediato entendió que había aprobado su relación. Yodogawa se dio media vuelta y entró al elevador diciéndole adiós por última vez con la mano. Ueda no pudo evitar poner una sonrisa tonta, se sentía demasiado feliz. A diferencia de Akanishi que había despedazado por completo el vaso de unicel  que tenía en la mano. Ueda regresó al cuarto, el celular de Akanishi comenzó a sonar, por el timbre sólo podía ser Kamenashi. Ueda se detuvo, a lo lejos le pareció escuchar el teléfono de Akanishi sonando… Aquella cancioncita desapareció de repente.

-Debe ser mi imaginación…- Pensó en voz alta y echó a andar mientras Akanishi tapaba desesperadamente la bocina de su móvil para atenuar el ruido, no iba a colgarle, sabía que si no le respondía se preocuparía y seguiría marcando, era mejor responderle y dejarlo tranquilo aunque fuera con mentiras.

 

-¿Cenaste algo delicioso mientras estaban en casa?- Dentro de la habitación, Fujiie lo esperaba con una sonrisa.

-Noup…- Se acercó a él y lo besó. –Sólo saqué la basura… se había apilado por toda la casa sin que me diera cuenta…- Ueda reía traviesamente, tal vez por la verdad oculta tras aquellas palabras.

-¿En serio? Bueno, al menos ya no está ahí, verdad?, así que eso es bueno…- Fujiie jugaba con su cabello pues lo había despeinado un poco cuando le quitó la bufanda; a Ueda le gustaba tenerlo así de cerca, así que no le molestaba en lo más mínimo.

-¿Ya cenaste?, ¿tienes hambre?- Por su expresión al escuchar su pregunta supo de inmediato que la respuesta sería un “no”; por lo poco que comió durante el almuerzo y la comida, fácilmente se podía deducir que la comida no le había gustado; pero no podía culparlo, incluso la de la cafetería era mala, por eso él mismo había pedido tantas cosas, tenía la esperanza de que al menos una de entre todas tendría que estar buena, a pesar de su apariencia, también era de buen apetito pero no cualquier cosa le resultaba deliciosa.

-Tenía hambre… pero no me gustó lo que me trajeron… sólo me comí la fruta y la gelatina…- Estaba un poco apenado, no quería que lo considerara quisquilloso con la comida. –Le cambié el resto a Igo por unos chocolates…- Señalaba la envoltura vacía junto a la charola con los trates sucios.

-Mmm… pero todavía tienes hambre, cierto?- Lo miraba un tanto preocupado, siempre se comportaba así cuando se trataba de comer, no por nada él era un chico sano.

-Si…- Fujiie se ruborizaba mientras asentía tímidamente. –Un poco…- Ahora le resultaba inclusive más adorable mirándolo de ese modo.

-¡Ya sé!… ya que no te prohibieron nada de alimentos, iré a traerte algo saludable pero delicioso… te gusta el pastel? Me gusta comerlo como postre…- La idea también le agradaba en demasía.

-Sí… también me gusta…- Jugueteaba con los dedos sobre el dorso de la mano de Ueda. Alguien llamaba a la puerta. La enfermera de guardia les sonreía amablemente. Revisó los medicamentos y tomó la bandeja para llevársela.

-Disculpe… tengo un poco de hambre, la cafetería ya cerró y no quiero dejarlo solo por mucho tiempo… ¿hay problema si voy por comida y ceno aquí?…- Ante aquella carita y ese tono de voz era casi imposible decirle que no.

-Ah, no te preocupes hijo, si vas ahora, te tocará el cambio de guardia de la noche y nadie te prestará mucha atención, anda, ve…- La mujer, que se veía ya un poco mayor, le hablaba pausada y amablemente sonriéndole.

-Será mejor que vayas antes de que cierren los lugares cercanos… Estaré bien, te prometo que no iré a ningún lado…- Aún a pesar de su condición, bromeaba y sonreía.

-Ok… te creeré… pero mejor no me tardo… Si no encuentro nada cerca, tendré que probar suerte con las maquinas despachadoras del piso de abajo…- Los dos se despidieron entre risas. Ueda no mentía ni exageraba, no quería dejarlo solo mucho rato, aquel mal presentimiento continuaba y no quería averiguar a qué se debía.