Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

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Glorious (RyOkura)

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Título: Glorious.
Pairing: Ryo & Okura / Kanjani 8
~Glorious – Kanjani 8~

Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai 
To: Hanashi que gracias a su dedicacion y amor por los eito, me ha hecho amarlos cada vez un mucho más 😉 sin contar q x su culpa desde anoche traigo esta canción en la cabeza 😛

05/Nov/2012

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La suave y cálida luz del sol se colaba a través de las vaporosas cortinas de su habitación haciéndole sentir una tibia sensación en la mejilla que poco a poco le dejó en claro que ya era hora de levantarse aún cuando no quería, aún cuando prefería seguir sumergido en medio de sus sueños. No, no de cualquier sueño, tan sólo de ese que acaba de tener y que le había hecho sentir la más grande felicidad recorriendo cada célula de su cuerpo, ese cosquilleo que parecía seguir revoloteando en su interior y que a pesar de la inconformidad por saber que no ha sido mas que un sueño, lo hace despertar con una enorme y boba sonrisa enamorada que le ilumina el rostro.
Porque gracias a ese sueño, por fin lo ha entendido todo; ha sido capaz de darse cuenta de lo que tanto había tratado de negarse por temor, verguenza y hasta por orgullo. Porque había sido ese sueño el que le había mostrados la felicidad que él mismo se había obligado a reprimir por miedo al rechazo y a lo que diría la sociedad.
Pero ahora que había tocado el cielo con las yemas de los dedos y que le había gustado tanto aquello que quería sumergirse por completo, no podía seguir haciendo de cuenta que no sentía nada por su mejor amigo, que no se le aceleraba el corazón cada que lo veía caminar dentro de su habitación, que no suspiraba cada que lo veía mirar a la nada a través de la ventana perdido en sus pensamientos, que no sentía mariposas en el estómago cada que sonreía con esa ternura que sólo él sabe desprender, que no sentía ese intenso rubor en las mejillas cuando lo miraba y le hablaba con esa voz tan profunda y seductora. No, ya no podría ser capaz de seguir ocúltando que lo amaba con locura, que era sólo por él que sus días le parecían la cosa más gloriosa y celestial tan sólo por vivir en el mismo planeta, porque era gracias a él que su propia existencia había adquirido color y forma y sería sólo por él que estaría completo por fin su corazón.
Y sin otro pensamiento en mente, saltó fuera de la cama para alcanzar el teléfono y llamarlo, porque en ese momento sólo pensaba en lo mucho que necesitaba escuchar su voz.
Porque sabía de antemano que oír su voz sería la motivación que necesitaba para buscarlo y confesarle sus sentimientos. Porque seguía marcada sobre su corazón aquella sensación de ensueño diciéndole que sería correspondido sin lugar a dudas.
Porque después de colgar sólo tendría algo en claro: quería volver realidad ese sueño. Tomarlo entre sus brazos apenas lo tuviera enfrente y estrecharlo contra su cuerpo fundiendo sus labios con los suyos en un primer beso que se convertiría en la llave al paraíso anhelado que significaría recorrer cada centímetro de su piel al ritmo de sus respiraciones agitadas y tímidos susurros encendidos de deseo escapando desde su garganta mientras pronunciaba su nombre con vehemencia. Lo quería. Lo necesitaba. Lo amaba. Y estaba dispuesto a ir al mismo infierno con tal de tenerlo tan sólo para él. Porque sólo por él había aprendido el significado de conceptos tan humanos como los celos y la mentira. Porque se sabía capaz de engañar hasta al mismísimo Dios con tal de alejarlo de cualquiera que pusiera sus ojos sobre él.
-Okura…-
-Ryo?… Qué pasa?… Son las… seis de la mañana? Estás bien?-
-Sí, mejor que nunca!… Voy para tu casa, no te vayas a ningún lado, entendiste?-
-No pienso salir de mi cama en todo el día…-
-No te preocupes, no planeo dejarte salir de ahí en un buen rato…-
-Eh?-
-Te veo en una hora!-
-Ok~…-
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Such a fool (RyoDa)

 

Título: Such a fool.
Pairing: Ueda / KAT-TUN & Ryo / Kanjani8
~Glorious – Kanjani 8~
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai
To: Omocha,  my lovely RyoDa-girl, que siempre me hace feliz con sus ocurrencias y que inspira muchos de mis fics debido a su amor por la Hime y la Hebi ^w^
11/Nov/2011
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-Qué vas a hacer durante tu súper semana de vacaciones, Ryo?-
-Ah… Ni idea… Qué propones?-
-Mmm… Pues por órdenes del Jefezazo tendré que pasar esta semana con los chicos… Ya sabes, toda esa mierda sobre integración de grupo y sentimentalismos estúpidos que tanto le importan para poder vender la imagen de la “familia feliz”…-
-No pareces muy entusiasmado con la idea de pasar todo un fin de semana con tu querido Kamenashi, eh?-
-Ay y que lo digas… Últimamente está insoportable!… Todo el santo día se la pasa hablando de su sobrina y riendo como idiota mientras está con el teléfono viendo los videos que ha grabado de ella en su celular o los que le manda cada cinco minutos su hermano… Me está volviendo loco!… Te juro que ese maldito aparatejo va a terminar saliendo a gran velocidad por la ventana del octavo piso de mi apartamento un día de estos…-
-Tranquilo, Akanishi… Respira… Te va a dar algo por enojarte así… Como si tú no hubieras tenido tu etapa así con tu “hija”…-
-Ah… Pero… No!… Es diferente…-
-Jajajajaja! Ajá… Si tampoco hacías otra cosa más que hablarnos de la hermanita de Shirota todo el condenado día y mostrarnos las miles de fotos que le tomabas… Vaya, qué no recuerdas que hasta te encaprichaste en salir con ella en el calendario del año antepasado…-
-Ah… bueno… Pero… Es que es mi hija!-
-Pues es la sobrina de Kamenashi…-
-Te odio, sabes?-
-Sí, yo también te odio… Chuuu~-
-Pero volviendo al tema inicial… Pues si no quieres estar cerca de Yamapi, por qué no pasas unos días con los eitos?…-
-Ay, no sé… Yoko y Maru andan siempre en su nube… Yassu y Hina iban a viajar al extranjero con la familia de Baru… Lo cual sólo me deja una opción…-
-Jajajaja comer y dormir durante ocho días enteros con Okura?… Pobre de ti, man… Por qué no vienes con nosotros?… No te prometo las mejores vacaciones de tu vida, pero por lo menos verás la luz del sol fuera de la habitación de tu eito green… Cómo puede Ueda disfrutar tanto quedarse con él…-
-Ah… pues eso es porque su Princesa de las Hadas no hace más que comer y dormir… igual que Okura!-
-Te pasas… Pero pues si quieres, puedes unirte a nosotros… Okinawa no es tan malo si tienes a quien molestar… Y siempre está el estúpido de Taguchi para liberar frustraciones…-
-Y dices que yo me paso?!-
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-Jin… no quisiera herir tus sentimientos pero… Qué hace Nishikido-kun aquí?… Este viaje no es meramente por placer, recuerdas?… Johnny-san está preocupado por nuestra convivencia como grupo fuera del escenario…-
-Tranquila, Tortuga… Sólo viene a cargar mis maletas… No lo iba a dejar solo en su casa cuando pasa por un mal momento…-
-Qué le sucede?!-
-Tranquilo… Creo que no quiere preocupar a nadie con sus problemas… No quiere que nadie se entere…-
-Oh… entiendo… Bueno, vale, puede venir… Pero que no cause problemas! Y entiendes a lo que me refiero, verdad?-
-No me veas así, Tortuguita… Te prometo que se va a portar bien… Hasta le traje su bozal y su cadena…-
-Ja-ja~… Que gracioso…-
-Oh, vamos, Kame… dónde quedó tu sentido del humor?…-
-Pues más te vale que se mantenga lo más alejadito de Tat-chan… La última vez que quiso volverse “nuestro amigo” terminó haciéndolo llorar en televisión nacional…-
-Ay, Kame! Por favor… No seas exagerado… Ya pasó toda una vida de éso…-
-Pues tú y él pueden pensar eso, pero Tat-chan aún tiene esa cicatriz en su pobre corazón…-
-Mmm… Mejor me guardo mis pensamientos al respecto para mí mismo…-
-Sí, si eres tan amable… Sabes que no me gusta que se metan con Tat-chan…-
-Kame, no eres su madre, lo sabes, verdad?-
-Pues no seré su madre pero sí soy su amigo… Y suponiéndose que tú también lo eres, deberías cuidar de él aunque fuera un poquito en vez de estar viendo como le terminas de fastidiar el fin de semana…-
-Eh?… Yo?… Y ahora qué hice?-
-Ni pongas esa carita de inocente que esta vez no va a funcionar conmigo… Bien que sabes que Tat-chan ya tenía planes con su familia, pero te empeñaste tanto en hacerte el interesante, que ahora toda la prensa cree que nos odiamos!… Y gracias a este viajecito que nos agenciaste, nuestras vacaciones tan esperadas se fueron al caño… Ya madura, Jin…-
-Kaaame~…-

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Una noche vale más que mil palabras. (Sho)

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Prota: Sho / Arashi
~T.A.B.O.O. / Sakurai Sho~
One-shot – FanAi
Shoujo
To: Xo (Happy B-Day neechan! ^3^)
10-04-11
N.A: Lo que está en cursivas lo hablan en español ^^b

 

La blanca nieve había comenzado a caer nuevamente en la colorida y bulliciosa ciudad de Tokio anunciando la llegada de un frío invierno. En el aeropuerto las personas iban y venian con lágrimas o sonrisas en el rostro. Contemplar todo aquello siempre me ponía de buen húmor, observar a la gente siempre me ha resultado fascinante, así que en situaciones como esta, me gusta ver el amplio abanico de expresiones que posee el ser humano para demostrar sus emociones. Caminaba sin prisas mirando a quienes llegaba y a quienes se iban y a las personas que les daban la bienvenida o les decían adiós. Personas de todas partes del mundo. Todo tipo de reacciones. Diferentes culturas y formas de pensamientos. Y estaban ahí frente a mis ojos. Llegué a la sala general con mi pequeño bolso en la mano. La cantidad de gente era aún mayor ahí, pero no me importaba, en esta época del año nadie me prestaría atención, además viajaba solo, una entrevista en Corea me había sacado del país a una semana de Navidad, pero eso tampoco me molestaba, trabajo era trabajo y el mío me gustaba bastante, además pude volver a casa a tiempo. Seguí rumbo a la salida con mi mente absorta en cosas tan triviales como comprar regalos, hacer preparativos para la cena familiar, salir con los chicos, estar con mi familia y terminar cosas de trabajo. Me detuve cerca de la puerta, acomodé mi bufanda y me puse los guantes, aún llevaba puestos los lentes que usaba para leer así que me aparté un poco el cabello de la frente para ver bien. Podría sonar tonto, pero algo tan sencillo como llevar los lentes era realmente efectivo para pasar desapercibido entre la multitud.
Perdón!…- Alguien pasó a mi lado y me empujó con su maleta al pasar mientras me acomodaba el gorro. No hubiera sido necesario que me molestara en voltear para saber que había sido una chica, pero lo hice porque su voz me resoltó agradable y porque entedí lo que había dicho en español.
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Una Mentira. (RyoTego)

UNA MENTIRA

One-Shot

RyoTego

~After love / FT Island~

11-08-10

To: Luz

 

 

 

 

“Amor”…

Me pregunto en qué maldito momento bajé la guardia…

Ni siquiera lo vi venir… cuando menos pensé ya estaba tonta e irremediablemente enamorado de su sonrisa boba e inocente, de sus labios seductores que siempre buscaban un beso, del brillo casi demoníaco de sus ojos cuando me miraba… estaba enamorado como un estúpido del calor de su cuerpo entre mis brazos, de su maldad y su cinismo, del molesto y ridículo timbre de su voz cuando me susurraba con su vocecita infantil al oído, del olor de su piel por las mañanas… En verdad que soy un idiota! Sabía que había alguien más… Siempre hubo alguien más… y aún así creí ciegamente en cada una de sus palabras, creí completamente en su “amor”

“Volveré a tu lado…”

¿Cómo pude haber sido tan tonto como para creerle? ¿Qué me dio? ¿Qué me hizo? Derribó mi mundo, traspasó las barreras de mis propias limitaciones, me desarmó de pies a cabeza, me volvió adicto a su aroma, a sus caricias, a sus besos, me trastornó por completo… y luego me dejó… con una promesa… una promesa que aún lo espera para ser cumplida…

 

 

 

 

Como cada viernes por la noche, la avenida estaba atestada de personas que buscaban escapar por un par de horas de su rutina cotidiana. Cafés, bares, restaurantes, karaokes, cines, salas de juego… todos estaban a reventar, El ruido de las conversaciones ininteligibles de la multitud comenzaban a darle un espantoso dolor de cabeza, no era para menos, había bebido demasiado… Era la única manera de soportar que Yamashita se acostara con él pensando en su eterno amor imposible, llamándolo por su nombre. Sabía perfectamente que todo éso sólo lograba destruir poco a poco su corazón, pero también entendía que era el único amor que podrían recibir de él.

 

Hacía tanto que se había percatado de lo que sentía por él, el mismo tiempo desde que aquel chico de cuerpo escultural e irresistible y labios tentadores le había dicho que nunca podría corresponder sus sentimientos. Las mismas noches desde que lo hizo suyo en su departamento a pesar de lo que le había dicho. Sin embargo había una sola parte de él que nunca había tocado: sus labios. “Lo siento Ryo-chan…”, le había dicho volviendo el rostro para impedir que lo besara. Así había sido desde entonces y comprendió que a pesar de todo lo que habían compartido juntos, éso nunca iba a cambiar: lo amaba. Sus labios, al igual que su corazón le seguirían perteneciendo a aquel fantasma de su pasado pero aún así lo amaba.

 

Debía protegerse de algún modo… a ese paso terminaría como un juguete carente de emociones… esconder sus sentimientos, sí lo mejor para ambos sería dejar de anhelar que lo correspondiera. A Yamashita le gustaba su nuevo “yo”. Se había vuelto perverso, cínico, extrovertido, cosa que iba a la perfección con su forma tan fría y despreocupada de ser. Por fin había desistido en sus intentos por ocupar un lugar que jamás le pertenecería, ahora era sólo lo que necesitaba… alguien con quien desahogar sus ansías locas de estar con Kamenashi otra vez, alguien que no se lo recordara en lo más mínimo, alguien totalmente opuesto a su tierno, educado y sonriente inolvidable primer amor.

 

Los ladridos de ese perro le taladraban la cabeza. Con toda seguridad lo patearía hasta Sapporo si lo encontraba. Y ahí estaba, su perfecta oportunidad para liberar todo el odio y la frustración que sentía contra sí mismo en ese momento por empeñarse en usar esa máscara que tanto parecía gustarle a Yamashita.

-¿A qué diablos le está ladrando?- Reparó de pronto en la pequeña figura agazapada sobre la barda baja alrededor de aquella casa, que trataba en vano de ahuyentar a la criatura que lo amenazaba agitando la mano con desesperación. No alcanzaba a escuchar con claridad su voz debido al escándalo del animal pero estaba casi seguro de que era una chica, por su complexión y la forma en que se sostenía de la rama del árbol por el que probablemente había trepado en su intento por ponerse a salvo.

 

Miró a su alrededor en busca de algo que le pudiera servir para lanzarle y espantarlo, pero por la zona donde estaba era obvio que no lo iba a encontrar, así que terminó por aventarle su termo del café. No había sido tan satisfactorio como esa patada que tenía pensada pero igual consiguió que se alejara a toda prisa chillando de dolor pues le había dado justo en la cabeza.

 

Se acercó para recoger su termo y volver a meterlo en su mochila. Vio desparramadas en el piso las cosas que probablemente habían estado dentro de la bolsa de papel que yacía hecha trizas a unos pasos del árbol.

-Ya puedes bajar…- Dijo sin mirar hacía arriba, recogiendo lo que había quedado intacto.

-No puedo…- levantó la vista de inmediato. Pese a su dulzura, definitivamente ésa no era la voz de una chica.

-¿Eh? ¿Por qué?- su respuesta le había parecido estúpida.

 

El chico estiró la mano para mostrársela. Estaba cubierta de sangre. Una de dos: o el perro lo había mordido o se había cortado al escapar de él.

-Te ayudaré… apoya los pies ahí…- Decía señalando una de las ramas al tiempo que dejaba las cosas en el piso y se subía a la rejilla de metal que rodeaba el árbol.

-No puedo…- De pronto notó que su voz sonaba desesperada pero Ryo no era muy paciente y no estaba de muy buen humor debido a su velada y el dolor de cabeza.

-Ok… entonces quédate ahí…- Se bajó de un salto, se sacudió el pantalón y se agachó para recoger sus pertenencias.

-No! Por favor… no te vayas…- Se inclinó demasiado perdiendo el equilibrio, pero sus reflejos fueron lo suficientemente rápidos como para evitar que se cayera. No hubo ninguna mueca de dolor cuando cerró con fuerza la mano sobre la madera, cosa que le pareció extraña a Ryo porque ciertamente estaba herido, no?

 

Algo en su voz le impidió dejarlo hay, tal cual le decía su cabeza. Volvió a subir, aferrándose de una rama y apoyando uno de los pies en la pared le ofreció la otra mano. El chico se movió lento y apoyó el pie izquierdo donde Ryo había indicado. Sus ojos se cerraron por un segundo, ahí estaba la mueca de dolor, pero Ryo no alcanzó a verla. Respiró hondo y aguantó su peso para bajar de la barda y pasar al árbol. Tomó su mano para ayudarlo, estaba muy fría pero su tacto le resultó agradable. Se distrajo un instante, algo había caído frente a sus ojos. La pequeña mancha en la banqueta se veía roja a pesar de la tenue luz amarillenta de la lámpara de la esquina… una más… y luego otra. Alzó la mirada, su pierna desnuda ostentaba unas delgadas líneas del mismo color. El chico se resbaló cuando trató de mover la herida para bajar. Ambos estaban contra las losetas de cemento. Ryo se llevó la mano a la cabeza, estaba un poco mareado por el golpe y sofocado pues el chico le había caído encima. Sintió que se levantaba un poco apoyando ambas manos sobre su pecho, entrecerró los ojos buscando verlo con claridad: el rostro sobre él era hermoso, “demasiado lindo para ser un chico…” pensó divertido. Trató de levantarse pero el gestó de dolor le desfiguró la expresión, de inmediato se llevó la mano a la pierna.

-No deberías hacer eso, se puede infectar… ¿Vives por aquí? ¿Hay cerca un hospital?- El chico lo miró y asintió a sus dos preguntas.

-A unas calles por allá…- Señaló al norte, se sentó de lado ayudado por Ryo, quien ya estaba de pie analizando lo que haría.

-Ok… sube…  te llevaré… No quiero agregar una muerte a mi nefasto repertorio del día de hoy…- A pesar del dolor, logro robarle una sonrisa. Ah, qué agradable le había parecido aquel leve sonido y qué maravillosa sonrisa la suya. Yamashita casi nunca sonreía y casi siempre que lo hacía era solamente para quedar bien con los demás. Tomó su mochila y se la colgó por enfrente. Se puso en cuclillas de espaldas a él.

-Gracias…- Le dijo por fin mientras rodeaba su cuello con ambos brazos y un par de manos cálidas lo sujetaban con fuerza. Le costó un poco de trabajo pero se puso de pie al primer intento, en cuanto lo levantó tomó sus piernas por los costados y echó a andar calle arriba.

-¿Cómo te llamas?- Necesitaba distraerse con algo, la punzada en su cabeza no ayudaba a facilitar el esfuerzo de cargarlo en una calle de subida.

-Tegoshi… Yuya Tegoshi… ¿y tú?- Por alguna extraña razón, aún cuando su timbre de voz le parecía estúpido, le resultaba agradable y hasta relajante.

-Nishikido… Ryo…- Respondió tan cortante como solía ser siempre con los desconocidos.

-¿Vives por aquí? Creo que te había visto antes… ¿Dónde fue…?- Le molestaba la gente parlanchina, pero esta vez no le importó en lo más mínimo. –Ah! Ya sé!… Sueles visitar el parque junto a la estación a media noche, no?- Parecía orgulloso de sí mismo por haberlo recordado. Al contrario de Ryo, quien estaba sorprendido de que lo supiera.

-¿Tú también vas ahí a esa hora?- Le pareció raro que alguien más aparte de él gustara de los paseos nocturnos.

-Sí, cada noches… siento que es el único lugar donde puedo respirar, ser yo y relajarme… me gusta mucho escucharte cantar…- Se quedó callado, eso lo había pensado en voz alta sin querer; lo bueno de que no pudiera verle el rostro, era que no vería que se había sonrojado al escucharlo. Temía que se hubiera enojado ante su silencio por el comentario, pero su risa lo desconcertó.

-Vaya! Al menos a alguien le gusta…- Notó cierto grado de ironía en sus palabras. No importaba. Al menos era mejor que un reclamo furioso de su parte.

 

Cuando menos pensaron ya habían llegado al hospital. La herida no era muy grave pero tenía que ser tratada de inmediato.

-¡¿Eh?!- Parecía desesperado al no encontrar algo en sus bolsillos. –No está! ¿Dónde está?-

-¿Qué buscas?- Se preocupó un poco ante su reacción.

-Mi celular… no está…- Por fin dio con la razón… el bolsillo de un costado de su bermuda estaba rasgada, tal vez cuando fue mordido, debió habérsele  cuando trepó al árbol para evitar que lo atacara una segunda vez, había logrado distraerlo con sus compras el tiempo suficiente para subir hasta la barda del jardín.

-Toma…- Le extendió un celular en color negro, poco llamativo y demasiado anticuado para alguien de su edad, pero igual lo tomó. Su madre debía estar horriblemente preocupada por él, siempre lo estaba; y su abuela era incluso capaz de salir a buscarlo con semejante frío.

-Ma…? Sí, soy yo… lo siento… lo sé… tranquila… sí… sí… escucha… es que pasó algo… sí… en el hospital… No grites!!!- Se despegó por un instante el teléfono de la oreja. Ryo no pudo evitar soltar una risita al escuchar hasta donde estaba la voz preocupada de la mujer al otro lado del teléfono.

 

Al finalizar la llamada le regresó el celular dándole a cambio una sonrisa encantadora, tras lo cual se despidieron uno del otro, ambos con la esperanza de volver a verse algún día aún cuando ninguno de los dos se atrevió a decir palabra alguna.

 

Sí, Ryo recordaba cada detalle de aquel primer encuentro cómo si hubiera sido ayer. Algo en ese ser lo había cautivado. Su monótona y aburrida vida continuaba entre latas de cerveza y las caricias de Yamashita, siempre oculto de los ojos de los demás dentro de su apartamento. De pronto se sintió harto de esa vida. Quería algo más. Quería volver a escuchar su tonta voz y su risa infantil y escandalosa… ¿En qué demonios estaba pensando? ¿Cómo esperaba volverlo a ver si ni siquiera tenía su número? Y por principio de cuentas… ¿Por qué esperaba verlo aparecer ahí en el parque si seguramente todavía no podía caminar?

 

Un par de días más pasaron obviando el hueco que se había formado entre ellos. Estaba decidido. Terminaría con su senpai de una vez por todas. A final de cuentas, esa relación no le deparaba nada a futuro… ¿podía siquiera considerarse éso una relación? Todo se volvió claro de repente.

 

¿Había tomado la decisión correcta? Caminaba un tanto cabizbajo, chocando de tanto en tanto con algún joven estudiante o un aburrido oficinista. Todo se arreglaba con una de sus sonrisas y una expresión de arrepentimiento. Como siguiendo más una necesidad que un impulso, sus pies terminaron por llevarlo hasta el sitio donde siempre e sentía relajado y en el cual conseguía olvidarse de todo. Los últimos destellos de luz solar teñían de un bello color naranja el cielo entremezclado con algunos tonos purpúreos  en el cielo nocturno. Las primeras estrellas comenzaban a decorar la noche. Un celular sonaba en alguna parte… que importaba.

-Es bonito, verdad?- alguien le hablaba desde atrás al tiempo que empujaba el columpio donde se había sentado. Quería volverse,  mirarlo, preguntarle cómo estaba, preguntar tantas cosas; pero no se atrevía… tenía miedo de que su figura se desvaneciera en el aire como tantas otras veces, así que permanecía observando ese cielo entre las copas de los árboles.

 

Cuando el columpio por fin se detuvo, lo vio apoyado sobre uno de los tubos, mirándolo con una sonrisa. Ryo lo miraba incapaz de hablar.

-Creí que tampoco vendrías hoy… supongo que fue un mal día… ¿quieres que te haga compañía?- Se sentó en el columpio a un lado de donde estaba regalándole sonrisas al por mayor.

-¿Esperabas verme?- Por fin rompió el silencio en que se hallaba sumergido desde que se percató de su presencia.

-Me costó mucho contenerme de llamarte…- Que rostro más inocente. –No sabía si me recordarías…- Se levantó de un salto y se paró justo frente a él, como si se debatiera consigo mismo de hacer algo o no. –Tampoco quería que te enojaras por haber guardado tu número sin tu permiso…-

-Yo también… quería llamarte… pero no lo hice…- Cuando lo vio dar un paso hacía él acortando la distancia que los separaba, comenzó a ponerse un poco nervioso. El chico ya no le pareció tan inocente.

-Debiste hacerlo, sabes?… Así no hubiera tenido que esperar aquí en vano los últimos cinco días…- Dio un paso más, sus piernas tocaron las de Ryo, quien no podía ni moverse ni quitarle los ojos de encima. –Tendrás que compensarme de algún modo, sabes?- Tegoshi tomó sus manos, que se aferraban a la cadena, entre las suyas. Un escalofrío le recorrió la espalda a Ryo.

-A-ah… sí?… y… q-qué quieres a c-cambio?…- Su corazón comenzó a latir más aprisa, se sentía estúpido tartamudeando así. Le sonreía.

-A ti…- Su respuesta fue concisa y directa. Se inclinó hasta alcanzar sus labios y lo besó… así sin más… lo besó. Para Ryo era la primera vez que experimentaba aquellas sensaciones. Si bien al principio no supo qué hacer, tan pronto como liberó sus manos y las llevó hasta la nuca del menos, el beso no hizo más que profundizarse y las emociones que recorrían su cuerpo no hacían más que volverse más intensas- ¿Éso era besar? ¡Por todos los cielos! ¿Cómo había pasado todos estos años privándose de ello?

 

Tegoshi permanecía sentado en sus piernas disfrutando de aquellas ansías salvajes de devorarlo entero que parecían haber estado suprimidas en algún rincón pequeño y que sin saber haber desbordado en un segundo. La manera en que lo besaba y lo acariciaba comenzaba a excitarlo en sobremanera. Su espalda era sensible u ahora sentía sus dedos largos y un poco fríos mientras lo aferraba contra su cuerpo besando su cuello como si quisiera deshacerse de toda barrera material entre ellos en ese preciso momento. Le rodeó el cuello con sus brazos, lo besaba como si pusiera la vida en ello. Se recorrió un poco más contra su pecho. Su pierna notó lo que había despertado con sus besos dentro de los pantalones del chico que lo abrazaba y al que abrazaba envueltos en una pasión desmedida.

-Vayamos a tu casa…- Le susurró al oído jadeando. Ryo pudo ver sus mejillas sonrojadas y ese brillo ardiente de deseo en sus ojos. Rodeó su cintura con sus brazos y lo besó mientras se ponía de pie levantándolo consigo sin el menos esfuerzo, en realidad le pareció bastante ligero. Teniendo su cuerpo tan cerca del suyo, se dio cuenta de que no era el único que se sentía así de estimulado. Su sonrisa, aunque un poco perversa debido a esa mirada, no pudo más que arrancarle una risita de complicidad al chico. Sus pies volvían a tocar el piso. Ryo lo había soltado, tomó sus cosas del piso y echó a andar. Se volvió y le hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera. Tegoshi entrelazó sus dedos por detrás, le sonrió y echó a correr tras él.

 

El elevador hasta el quinto piso les sirvió para continuar con el juego de caricias y besos que parecía haber terminado en el momento en que salieron del parque. Su actitud se había vuelto un poco más salvaje y dominante, cosa que le parecía encantadora a Ryo, quien pensaba que el pequeño sólo estaba tratando de seguirle el paso. A esa hora de la madrugada no era para nada raro que no hubiera nadie que los viera y se persignara al ver lo que se hacían por el pasillo. Sólo había cuatro puertas en ese piso, avanzaron entre risas nerviosas y botones abiertos hasta la segunda del lado derecho. Estaba tan ansioso que no podía ni meter la llave, al final se le cayeron al piso y Tegoshi fue quien abrió riéndose de él por su poca habilidad, ganándose un par de mordidas en el hombro.

 

Apenas se cerró la puerta tras ellos, comenzaron a deshacerse de  esas molestas prendas que separaban sus manos del resto de su piel; chocando en su camino hacía la recamara con cuanta cosa tenía Ryo en la casa. Pero, ¿a quién rayos le importaba?, ya lo recogería… luego… si se acordaba.

 

Que diferente lucía el chico sobre la cama de lo que estaba acostumbrado a ver sobre esas sábanas. La piel era blanca y tersa, carente de musculatura, casi como una chica… y bien podría ser una, de no ser por el miembro erecto bajó sus pantalones desabrochados que lo incitaba a abalanzarse sobre él, quien lo miraba respirando agitadamente casi como suplicándole que lo hiciera… No sería educado de su parte seguir haciéndolo esperar, verdad? Su adorable e inocente Tegoshi podía pescar un resfriado por llevar tan poca ropa si no lo hacía entrar en calor.

-Date prisa!…- Le lanzó una de las almohadas que estaban sobre la cama en la cara. Esa diabólica sonrisa trajo consigo una mirada de lo más pervertida que fascinó a Tego de la cabeza a los pies, era la primera vez que veía ese tipo de expresión en el rostro de Ryo; quien avanzaba hacía él abrazando la almohada con ambas manos cubriéndose el pecho y parte de la cara con ella; cuando se acercó lo suficiente, la dejó por un costado y lo tomó por los tobillos jalándolo un poco a la orilla de la cama para quitarle el pantalón. Un pequeño gemido se le escapó de los labios en el proceso. Estaba acostumbrado a ser quien tomara control de la situación. Yamapi, que era cómo sus amigos llamaban a Yamashita, nunca tomaba la iniciativa cuando estaban en la cama, así que ya se había hecho a la idea de que esta vez también tendría que marcar el ritmo de la noche. Se quitó la camiseta blanca de tirantes y el pantalón sin dejar de mirar a su amante. Tegoshi miraba su cuerpo marcado por el ejercicio mientras se mordía suavecito el labio inferior, Ryo había logrado su cometido al desnudarse frente a él. Se sentó apoyando los codos en la cama para contemplarlo mejor. Ryo subió avanzando de rodillas lentamente como si acechara a su presa antes de atacarla. Pero su dulce presa soltó una carcajada maliciosa… apenas lo tuvo a su alcance, rodeó su cuello con sus delgados brazos y lo giró ayudado de sus piernas para dejarlo boca arriba contra el colchón. Estaba un poco confundido, ¿podía un gatito ser capaz de devorar a un león? Sus pensamientos se alejaron con ese primer gemido que salió de su boca sin control cuando sintió la calidez y la humedad de su lengua sobre su sexo… sus manos estaban ocupadas acariciándolo y tocándolo por aquí y por allá. Por primera vez le tocaba recibir lo que tantas veces él mismo había dado. Y si su lengua se sentía así de bien, la sensación fue mil veces mejor cuando lo metió por completo dentro de su boca sin previo aviso. Su espalda se arqueó debido al desborde de placer que lo inundó de repente. Una de sus manos jugaba ahora a través de su pecho, subiendo y bajando acariciándolo apenas con las yemas de los dedos para luego pellizcar sus pezones a la vez que entraba de nuevo en su boca mientras la otra mano seguía el mismo moviendo que sus labios. Su lengua lo recorría de la base a la punta para perderse otra vez dentro de su boca. ¿Cómo podía Yamapi permanecer tan tranquilo mientras le hacía lo mismo, si él con trabajo podía callarse lo suficiente como para volver a tomar aire?

-Tegoshi… para… si sigues… yo… voy a…- Decía entrecortadamente mientras gemía y se aferraba con ambas manos de las sábanas. Tegoshi, quien no le había quitado los ojos de encima más que para parpadear, lo miraba satisfecho mientras le daba lo que al parecer era su mejor noche. Al suponer lo que Ryo trataba de decirle, aumentó la velocidad en el movimiento de su mano rozando levemente con la lengua mientras lo tenía dentro. La expresión  de su rostro vino acompañada de aquel chorro caliente y espero que le llenó la boca. Ahora veía su pecho subir y bajar tratando de recuperar el aliento. Lo había hecho terminar como nunca.

Tegoshi lo miraba con una perversa sonrisa dibujada en los labios, lamiéndose los dedos. Se recostó a su lado y comenzó a besar y mordisquear su cuello y su oreja. Ryo se entregaba a su juego sin protestas, correspondiendo sus caricias y besos. Una vez que recuperó un poco sus fuerzas, se puso sobre él y lo despojó de la ropa interior con una mano al tiempo que lo acariciaba con la otra. Su mano se movía haciéndolo estremecer con cada arriba-abajo que daba; verlo disfrutar así lo excitaba también; al poco tiempo ya estaba nuevamente listo. Llevó sus dedos hasta su entrada posterior, qué agradable le resultaba escucharlo gemir de ese modo mientras introducía poco a poco su dedo… y la reacción fue aún mayor cuando metió un segundo dedo. No tomó mucho tiempo prepararlo, así que no lo hizo esperar más. Lo tomó suave y firmemente por la cadera y lo echó un poco hacia arriba poniendo debajo la almohada. Pensó en hacerlo lentamente para no lastimarlo, pero su vocecita exigiéndole que lo hiciera ya, lo llevó a penetrarlo de una sola vez… ¿Dónde había estado ese chico y todo su libido durante estos años desperdiciados en hacerle el amor a un cascarón programado para sentir placer evocando un recuerdo?

 

Aquella noche de tórrido romance y pasión desenfrenada se prolongó hasta que las estrellas desaparecieron. Ryo no podía más… Tegoshi también terminaba una vez más, cayendo rendido sobre su pecho. Sólo un par de minutos más tarde lo tenía profundamente dormido, en esa misma posición lo rodeó con los brazos y se giró para ponerlo sobre la cama; el pequeño gatito se acurrucaba desnudo contra su cuerpo buscando su calor. Se peleó un segundos con las sábanas y el edredón que estaban desparramados entre la cama y la alfombra hasta que logró sacarlas de debajo de su cuerpo y las echó encima. También sería la primera vez que dormía con la persona con la que había hecho el amor… ¿el amor? Sí, mientras contemplaba su carita durmiente se dio cuenta de que se había enamorado perdidamente de la frágil y seductora inocencia que yacía entre sus brazos; apartó con el dedo índice el cabello de su rostro, le besó por milésima vez los labios dulces.

-Buenas noches mi gatito…- dio un toquecito con la punta del dedo sobre su nariz y luego se quedó dormido abrazándolo.

 

Lo despertó el sonido del agua al caer que provenía de algún lugar. Se negaba a abrir los ojos, aún quería dormir, se sentía cansado. Palpaba la cama con la mano notando que algo le hacía falta. Al reparar en lo que era se levantó de inmediato. Tan sólo de recordar lo que habían hecho durante toda la noche se sintió excitado otra vez. ¿Qué más daba? Se enredó la sábana y bajó de la cama rumbo al baño. Ni siquiera tocó. Sólo se limitó a abrir la puerta dejando caer la tela que lo envolvía. Vio su cuerpo delgado, de tez un poco más oscura que la suya, difuminado a través de la puerta plástica color humo de la regadera. Abrió lentamente. Ni siquiera lo escuchó entrar, sólo sintió unas manos pequeñas y delgadas aferrándose a su pecho desde atrás mientras le besaban el cuello y los hombros. Aquella se volvió la ducha más larga y placentera de su vida.

 

Su ropa le quedaba un poco larga y holgada, cosa que no hizo más que volverlo aún más adorable mientras lo vestía. Era un consentido, le quedó más que claro que le encantaba en sobremanera ser mimado. A su lado Ryo podía volver a ser él mismo, ser quien era antes de Yamashita. Se complementaban de un modo más diabólico que divino. Incluso le había preparado el desayuno. Si bien Tegoshi se había empeñado en hacerlo al principio, Ryo temió por sus estómagos al ver lo que planeaba preparar con todos esos ingredientes que esperaban sobre la barra a ser agregados a la sartén que tenía en el fuego; así que sutilmente lo sacó de la cocina entre besos y trozos de fruta en los labios.

 

Con él se divertía todo el tiempo. No hubo necesidad de que salieron del departamento. Ambos prefirieron quedarse en el sillón viendo películas y comiendo cuanta comida chatarra encontraron en la alacena y el refrigerar, ni soñar que pudiera hacer algo así con Yamapi quien siempre estaba cuidando lo que comía. Sólo se separaron el rato en el que Tegoshi salió a la terraza para responder el celular. Pero no le dio mayor importancia y fue a la cocina para rellenar el bowl de las palomitas; sabía que lo más probable era que fuera su madre sermoneándolo por no haber llegado a dormir; su risa burlesca se volvió una carcajada ruidosa cuando lo vio despegarse bruscamente el teléfono, seguramente debido a unos de los gritos de la mujer. Volvió al sofá, se puso el refractario de cristal sobre el estómago, se rebulló entre los cojines y le puso play a la película.

 

Para cuando volvió a la sala después de una segunda llamada telefónica que se alargó más de lo que tenía previsto, ryo ya se había quedado dormido. Peses a cualquier cosa, le pareció realmente tierno mientras dormía.

-Parece un cachorrito…- levantó un poco el cojín sobre el que estaba recostado deteniendo su cabeza cuidando de no despertarlo y se sentó, recargándolo sobre su pierna izquierda. Ni siquiera notó cuando comenzó a hacerle piojito. Ya lo tenía como hábito, era una de esas cosas que le gustaba hacer pero no que le hicieran… le traía recuerdos un tanto dolorosos… de alguien más.

 

Por fin fueron usadas aquellas velas compradas hacía tantos años atrás que habían estado guardadas en una caja; ni siquiera recordaba muy bien donde las había dejado, cosa que divertía al chico descalzo sentado a media luz sobre el desayunador con los ojos vendados a la espera de que su amado terminara lo que estaba haciendo. Fueron el toque perfecto para aquella velada que comenzó con una deliciosa cena en la alfombra de la sala y terminó con todo un festín en la alcoba.

 

La siguiente mañana despertó entre sus brazos fuertes y bien torneados. Ryo lo miraba un poco ruborizado por haber sido descubierto mirándolo como un tonto mientras dormía.

-Buenos días… Tegonyan~- De nuevo ese golpecito en la punta de la nariz acompañado de una sonrisa enternecida.

-¿Ahora soy tu gato?- Decía el otro pegándose más a su cuerpo simulando el comportamiento empalagoso de aquel animal, apoyando la oreja contra su pecho.

-sí, así es… eres mi gatito, Tegorin…- Lo abrazó con fuerza enredando también sus piernas alrededor de su cuerpo pero sin hacerle el menor daño, sólo para hacerlo suyo, rodearlo por completo, protegerlo. Una carcajada.

-¡Entonces adóptame y dame amor todos los días como un buen amo!- Ahora él también reía ante semejante ocurrencia por parte del menor. Aunque la idea no le desagrado para nada, sino todo lo contrario.

-Lo estoy considerando bastante, sabes?- Le gustaba seguirle la corriente, quería saber si sólo lo había dicho como broma.

-¿Para que lo piensas? Sólo hazlo… Te amo…- Cerró los ojos entregándose de lleno a la melodía que escuchaba ahí dentro y que de pronto aumentó de ritmo.

-Entonces ya no te dejaré ir nunca…- Lo estrechó con fuerza, sintiendo como suya la tibieza de su piel suave y el dulce aroma de su cuerpo.

-No quiero ir a ningún lado si no estás tú, Ryo-chan… Quiero estar así contigo por siempre…- Se acurrucaba entre su pecho y sus brazos cual gatito ronroneando al recibir caricias amorosas mientras Ryo pasaba su mano por su cabello despeinándolo un poco. Esos besos… los besos más tiernos y profundos del universo.

 

Un par de días después de ese fin de semana fugaz y eterno, se lo llevó a vivir a su departamento. Siguiendo su pequeña roma privada, le había comprado inclusive un dije en forma de calavera de gato con las iniciales de sus nombres grabadas por la parte posterior, el cual Tegoshi siempre llevaba puesto. No había amor más entregado y verdadero que el que ellos se profesaban.

 

Cuando se enteró por terceros, casi se desmaya. No podía creer que Ryo, “su Ryo”, estaba viviendo con alguien. Lo había empezado a ver diferente, algo en él había cambiado volviéndolo fascinante e irresistible, pero nunca se imaginó que fuera debido a un amorío.

-Lo siento Yamashita-senpai…- Más que el haberle rechazado el beso, lo que le dolió profundamente fue que lo llamara así y no cómo siempre hacía cuando estaban a solas… como cuando lo amaba.

-¿Por qué Ryo-chan?- Ni siquiera podía decir si lloraba de dolor o de coraje mientras se abrazaba a él bruscamente producto de su propia desesperación.

-Tenías razón senpai… los labios sólo deben pertenecerle a la persona que amas…- Se sentía increíblemente bien asestarle el golpe de gracia con sus propias palabras, ésas que él le había dicho en aquel entonces cuando se le había confesado, cuando se habían entregado a su deseo por primera vez. Sujetó sus brazos para quitárselo de encima y de fue, dejándolo estupefacto mirando la nada.

 

Un mes más después Ryo fue ascendido. Ahora Yamashita trabajaría para él. Si acaso existía el karma, ahora se hacía presente, pero no lo disfrutaba tanto como había imaginado. Hasta cierto punto, el repentino cambio en Yamapi le preocupaba. Pero no quería preocuparse por ello. Estaba demasiado feliz por su logro personal. Llegó temprano a casa y en compañía de su pequeño y lindo novio fue a comprarse un auto, el cual por supuesto que se dieron a la tarea de estrenar aparcados justo bajo el árbol donde se habían encontrado por vez primera.

-Jamás amaré a nadie más… seré tuyo por siempre…- Le había dicho Tegoshi al oído jadeando mientras Ryo le hacía el amor.

 

Un año pasó como si hubiera sido un suspiro. Ryo subía corriendo las escaleras destrozada su calma por la desesperación y la angustia que se habían apoderado de su cuerpo, incapaz de creer en las palabras que había escuchado media hora antes en un mensaje en el buzón de voz de su celular. Sus manos temblaban, las llaves estuvieron a punto de caérsele un par de veces. No podía ver nada en el interior. Todas las luces estaban apagadas cuando llegó. Ni siquiera se molestó en encenderlas. Cruzó toda la estancia librando obstáculos en dirección a la recamara. Nada parecía haber cambiado, todo estaba perfectamente acomodado en su lugar… No. Todo había terminado. Había demasiado orden… Su corazón latía descontroladamente como si quisiera escapársele del pecho para ir a donde estuviera Tegoshi. Sudaba frío. Cerró los ojos y prendió la luz de la lámpara. Respiró hondo repitiéndose en voz baja que todo estaría bien, que éso no era más que producto de su imaginación, abrió los ojos. Sus cosas habían desaparecido. No estaban sus botines favoritos bajo la cama, la sudadera negra con calaveritas que usaba cuando salían a caminar por la noche al parque no estaba sobre el respaldo del pueblecito de la esquina donde se sentaba a leer. No fue necesario abrir el closet para saber que el resto de su ropa tampoco estaría. Cayó de rodillas al piso derramando amargas lágrimas que rodaban por sus mejillas… un rostro carente de vida. Su corazón estaba hecho añicos esparcido por todo el departamento junto con todos los besos y sonrisas que habían compartido. Su alma desgarrada expresaba todo el dolor que sentía con gritos de agonía.

 

Yamashita permanecía de pie en el marco de la puerta; él lo había traído a casa, preocupado al extremo al ver su semblante inexpresivo tras haber escuchado el mensaje de Tegoshi. De no haber si do porque estaba a su lado, Ryo probablemente se hubiera desmayado en ése mismo instante; estaba tan pálido, temblando… luego salió corriendo de la oficina sin decir nada. Yamapi pensó lo peor. Sí, lo amaba. Al perderlo se había dado cuenta de cuánto lo necesitaba y de cuánto lo amaba pero… se había dado cuenta demasiado tarde. Aún así no quiso alejarse de él. Ahora lo miaba impotente, tan frágil y herido acurrucado sobre sí mismo en el piso, llorando. Quería acercarse… tomarlo entre sus brazos… brindarle consuelo… hacerlo sentir que él estaba ahí, a su lado… decirle que lo amaba… que él no había ido ni iría nunca a ningún sitio… pero no lo hizo, sabía que no serviría de nada. El corazón de Ryo había sido envenenado con la peor toxina del planeta… el adiós. Un mar de lágrimas podrían no ser suficientes para curarlo. Por primera vez Yamapi odio a Tegoshi con todo su corazón; no por haberle robado a Ryo, no por haberlo alejado de él durante todo este tiempo, no por haberlo amado del modo en que él nunca quizo hacerlo… sino por haber jugado con él de esa manera… por todas sus mentiras… por cada una de las lágrimas que ahora derramaba por su culpa… por la forma en que egoístamente decidió terminarlo todo… por la estúpida promesa con la que lo dejó solo en esa habitación que ahora le parecía tan oscura y fría… Lo odió con toda su alma por saber que jamás volvería… Y se odió a sí mismo… por no haber hecho nada para evitar todo su sufrimiento.

 

No… ya no podía contemplar aquella escena. Se dio la vuelta y recargó la espalda contra el muro exterior de la habitación para dejarse caer hasta quedar sentado con los codos apoyados en las rodillas y el rostro escondido entre el cabello y sus brazos… Tapando sus orejas con las manos para no seguir escuchando, deseando no poder oír cuánto sufrió su amado Ryo.

 

“¿Ryo-chan?… Debes estar ocupado, verdad? Te he estado llamando toda la tarde… se alargó tu junta?… Mmm… Lo siento… escucha, no quiero que llores ni que corras detrás de mí después de escuchar esto… Quiero que sepas que he sido muy feliz contigo, te lo juro… lo sabes, verdad?… Pero la vida me dio una segunda oportunidad… No te estoy dejando… Te prometo que si ésto no funciona volveré a tu lado y nunca más me alejaré de ti… Si ya no queda nada en mi pasado para mí, quiero un futuro contigo… Te amo… por siempre…”

 

Kojiciento. Cap1

Capítulo 1

.
Era un día soleado en Tokio, Japón. Todas las personas aprovechaban la última semana de vacaciones; los parques de diversiones estaban a reventar y por las noches en los karaokes ya no cabía nadie más.
Todos vivían sus vidas, excepto Seto Koji.

Las palabras de Dori y Tomo, resonaban en su cabeza:
“¡Debes de hacer algo de tú vida!. ¡One piece está por terminar!”.
Ese fue el detonante, Seto estaba ‘perdiendo el tiempo esperando mes con mes el nuevo tomo de One piece’… Después de todo, sus amigos de la infancia no se equivocaban.

– ¡Bien, lo tengo decidido!. – Anunció eufórico.
– ¿Qué cosa, See-chan?. Preguntó Dori interesado.
– ¿Venderás tú colección de Luffy para poder sobrevivir?. – Puntualizó Tomo.
– ¡NO!… ¡Haré el castina para entrar a los D-Johnnys!.
– ¡¡¿¿QUÉEEEEEE??!!. – Era demasiada la sorpresa. – Además, con soportarte todos los días en casa tenemos suficiente como para que también nos sigas al trabajo. – Agregó Tomo.
– Ya sé… Pero quiero valerme por mi mismo. Además, en D-Johnnys puedo superarme y pasar tiempo con ustedes y los demás.
– No querrás…

Dos días después, Seto estaba formado esperando su turno en una fila sin fin.
Sentía mariposas en el estómago y estaba sudando.
– ¡Siguiente!. – Anunció una voz desde un punto en la sala.
– Soy yo… Buenas tardes. Soy… Seto… Seto Koji.
– Sí hombre, y yo soy Yamashita Tomohisa, pero puedes llamarme Yamapi, ya sabes. – Hizo un guiño. El sujeto del otro lado de la ventanilla lucía amigable.
– Bue… Buenas tardes. Mucho gusto… He… Vine a hacer el…
– ¿Casting?. ¡Ah!, no es necesario. ¡Estás dentro de los D-Johnnys!.
– ¿Habla enserio?… Seto no podía creer la magia de los sueños…
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– Shhh shh, Seto, llegó el correo, creo que te interesa. ¡Despierta!.
– Mmm… Tomo… Eres muy molestoooo… Estaba soñando… Con Yamapi…. Mmm.
¡EHH!. ¿Te das cuenta de qué acabas de hacer?. ¡Estaba soñando con Yamapi!.
– Sí sí, Yamashita-san te agradece que seas su fan desde Shinrei… – Dijo Tomo sarcásticamente mientras señalaba el póster en el clóset de Seto. – El punto aquí, es que… ¡Estas dentro de los P-Ponnys!. ¡Woooah!.
– ¿P-PONNYS?.- Gritó Seto. – ¡Eran los D-Johnnys idiota!.
– ¿Ah sí?… Ups… Igual, estas dentro.

Anís. Cap4 -Final-

Capítulo 4.

Entrámos a la casa que más bien parecía fábrica de tábaco.
Comencé a limpiar todo mientras Jin se quedaba dormido sobre el sofá. Fuí por una cobija y su almohada favorita (aparte de mi brazo o mi pecho) y lo acomodé para que durmiera cómodo.
Una vez que terminé de limpiar y mientras aquél aroma tan desagradable desaparecía, cogí mis llaves y salí.

Cuando llegué al café, Ueda ya estaba ahí.
– ¿Para que me buscaste Kame?. – Preguntó desinteresado.
– Tú me buscaste a mí primero, así que esa pregunta en realidad me corresponde a mí.
– Quería pedirte perdón, pero ya es muy tarde. ¿No?.
– Sí…
– Además, no quiero intervenir entre tú y él… Sólo me dí cuenta de que hice mal.
– Así es Ueda, pero ya es tarde. Se terminó hace mucho y si no mal recuerdo, fue todo tú culpa.
– Lo sé. – Ueda jugaba con la chuchara del café.
– Además, ¿no estabas con alguien?.
– Sí, pero sólo me engañó…
– Ah… Pues yo no estaré disponible cuando quieras o cuando alguien te tiré a la basura. Parece que tomaste un poco de tú propio chocolate, Ueda.
– Lo siento Kame… De verdad, les deseo lo mejor. – Ueda dejó algo de dinero sobre la mesa y se fue.
– Tan considerado como siempre… – Pensé.
En ese momento, Jin ya estaba despierto, pues me llamó.

– Kazu-chan… ¿Dónde estás?. – Aún sonaba adormecido.
– Salí a comprar comida. ¿Qué quieres de comer?.
– Lo que sea… Apúrate ¿sí?… Te amo.
– Sí, ya voy… – Colgué.

Cuando volví, Jin estaba durmiendo de nuevo, fuí a desperarlo con un beso y serví la cena que acababa de comprar.
Jin comió rápidamente y se puso a mirar televisión. Me senté a su lado.
– Jin… En un mes es tú cumpleaños ¿verdad?.
– Sí… ¿Me darás algo?. ¿Harás pastel para mí?.
– No te gusta tanto… ¿Quiéres?.
– Pero Kazuya sí me gusta… Mucho. – Jin se recargó en mi hombro y cerró los ojos.
Estaba muy cansado.

El día antes de su cumpleaños, discretamente preparé todo mientras Jin estaba fuera de casa.
Cuando dieron las 11:55pm, le llamé y lo llevé directo a la azotea. Él iba totalmente nervioso aunque no era propio de él.
– Cierra los ojos o arruinarás la sorpresa.
– Sí, sí. – Jin cubrió su rostro con las palmas de sus manos tal como lo hacen los niños pequeños.
Encendí las velas del pastel envinado que había preparado en la mañana y que tuve que ocultar de la vista de Jin por completo.
Luego, le pedí que abriera los ojos mientras cantaba para él.
Jin estaba emocionado y dejó escapar algunas lágrimas mientras aplaudía presa del sentimiento.
Le entregué el pastel y encendí los fuegos artificiales.
El cielo se llenó de colores y pequeñas figuras.
Jin dejó la torta sobre el piso y corrió hasta mis brazos, lo llené de profundos besos.
– ¡Gracias Kazuya!, ¡Gracias!. ¡Te amo tanto!. – Besaba más.

Le pedí que volviéramos al departamento para comer el pastel y darle sus regalos.
– ¡Ah!. ¿Aún hay más?. – Preguntó emocionado.
– Sí, claro. – Bajamos y comímos, lo llené de pastel cuando pedía su deseo.
Luego, cuando regresó de lavarse la cara, se encontró sobre la cama pequeñas notas mezcladas entre pétalos de rosas blancas que leyó una por una.
“Te amo”. “Gracias por todo”. “Siempre contigo”. “Te extraño cuando no estámos juntos”. “Te adoro”. “Eres mi vida”. Y cosas como esas eran las que cuidadosamente había escrito para él.
Miraba fascinado.
Su teléfono móvil no paraba de sonar, así que terminó apagándolo.
Saqué una pequeña caja de mi bolsillo y se la entregué, él la abrió llenó de emoción y se iluminó su rostro al ver el contenido.
Eran un par de zarcillos pequeños de plata cuya forma era un corazón y dentro de éste, había una pequeña cruz de cristál incrustrada.
– Son muy lindos Kazuya. – Me acerqué paa ponéselos, él me pidió que sólo le pusiera uno del lado derecho.
– Se te ve bien. – Dije.
– Tú te pondrás el otro. – Jin lo tomó y lo colocó del lado izquierdo de mi oído. Besó mi mejilla.
– Gracias Kazuya. – Jin se tiró contra la cama y cuando me coloqué encima de él, me miró fascinado.

Comenzámos besándonos, dejando que nuestras lenguas se cruzarán, pasando mis manos sobre su torso bajo la playera que llevaba puesta y que enseguida le quité. Mis labios se deslizaban sobre su pecho y suavemente lo acariciaba.
Jin me desvistió también y besó mi vientre. Se acomodó en su posición favorita y me dejó penetrar en él.
Dejó escapar pequeños gémidos de placer.
Después de entrar, salí y lo seguí besando.
Jin no paraba de gemir y repetir que me amaba y que le encantaba.
– ¿Te gusta?. – Me detuve para preguntar
– No te detengas Kazuya…
– Si te gusta, puedo tomar el video del recuerdo para tí. – Jin rió y con su cabeza señaló hacia el sitio donde guardábmos la videocámara a modo de broma.
Seguí besándolo y acariciándo mientras nuestras piernas se empapaban poco a poco de todo ese placer que habíamos dejado escapar.
– Kazuya. – Decía entre gémidos mientras me envolvía entre sus brazos y me acercaba a su cara para que yo lo besara más. Jin me acariciaba y mordía el cuello también.
Se aferraba a las sábanas de la cama mientras yo me movía en su interor.
Salí una vez más y detuve todo; pero Jin quería más, así que retomó su sitio habitual, sobre mí y no tardó en penetrarme por su cuenta, moviéndose como sólo él lo hacía.
– ¡Ahh Jin! … ¡Ahhh ahh me… duele…”. – Si, era un ligero dolor totalmente placentero. Jin sabía que lo amaba, por eso no se detenía; al contrario, se movía hacia atrás y hacia adelante, izquierda, derecha, arriba, abajo.
También gemía y sudaba.

Jin recogió un poco del líquido que se encontraba cerca de nuestras piersnas y que había salpicado todo.
Lo introdujo en mi boca, enseguida me besó.
– Gracias por hoy Kazuya…
– Te amo Jin.
– Y yo a tí… – Jin se levantó y con la lengua limpió los restros de líquido que yacían sobre mis piernas, luego, al advertir que ya era demasiado tarde, dijo que lo mejor sería dormir. Nos envolvió entre las sábanas y se acurrucó entre mis brazos y mi pecho, como tanto le gustaba hacer.
– Buenas noches.
– Kazuya, buenas noches. Gracias, fue mi mejor cumpleaños.
– Te amo.
– Buenas noches Jin. Feliz cumpleaños otra vez.
– Hoy hueles muchísimo más a mí que de costumbre.
– Es un día especial. – Besé su frente.

Anís. Cap3

Capítulo 3.

Cuando volvímos a casa, el aroma a nicotina estaba esparcido por todos lados.
No tardé en darme de que Jin había fumado más de la cuenta, pues había muchísimas colillas en el piso, sobre la mesa, en los muebles de la recámara y hasta en el lavabo del balo.
– ¡Jin has fumado mucho!. – Lo reprimí.
– Desde que te fuíste… Una cajetilla diaria.
– ¡Eso es mucho!. Que irresponsable de tú parte… ¡Puedes enfermar!.
– Perdón, te extrañaba… – Me arrojé hacia sus brazos y lo besé en la mejilla.
– Kazuya… Ha pasado algo… Malo.
– ¿Qué cosa?. – Notaba la preocupación en su voz.
– El día en que me fuí… Recibí una llamada… Mi hermano… Murió… Y hoy, le harán una ceremonia en su honor o algo así… ¿Puedes acompañarme?. No quiero ir sólo. – Las lágrimas ya empapaban sus mejillas.
– Lo siento tanto Jin… – Lo abracé mucho más fuerte y lo llené de besos en la cabeza mientras el hundía su rostro contra mi pecho.
Yo estaba dispuesto a acomparño en todo lo que necesitara.

Nos metímos a bañar, Jin miraba hacia el suelo y no decía nada; simplemente dejaba que el agua recorriera su cuerpo. Yo permanecía en silencio.
Incluso, lo bañé como si él fuera un bebé, cuidadosamente le llené el cabello de shampoo y lo enjaboné por completo. Él sólo se limitaba a acariciarme las manos.
Luego, lo besé y él también me beso muy despacio.
Cuando terminó la ducha, también lo vestí yo mismo.
– Kazuya, cuando regresemos… ¿Me ayudarás a desvestirme también?. – Eché a reír y lo perfumé con su característico aroma en frasco; el cual yo no tenía que usar, pues Jin se encargaba de impregnarme de él.
Jin tomó otro cigarrilo de una cajetilla a medio consumir y se disponía a encenderlo cuando me encargué de arrebatárselo y aplastarlo con el pie. Él miró atónito.
– No quiero que fumes ya…
– Está bien, no lo haré.

Cuando llegamos a la ceremonia, Jin estacionó lejos de los demás, así que tuvimos que caminar un buen tramo. Jin tomó mi mano y así arribámos hasta donde estaban sus familiares.
Sus padres se acercaron sorprendidos al ver nuestro enlance.
– Jin que bueno que viniste… – Lo saludó su madre. – Buenas tardes… – Se dirigió a mi mientras echaba una ojeada rápida hacia nuestras manos y se ponía totalmente pálida. Solté a Jin y mejor le extendí mi mano para saludarla.
– Buenas tardes, soy Kamenashi Kazuya…
– Jin, no has cambiado tus gustos ¿eh?… Buenas tardes.
– Madre, padre… Kazuya es… Mi pareja. – Les dijo Jin. Sus padres trataron de ocultar la sorpresa que ya era totalmente evidente.
– Kamenashi-kun, por favor cuída bien de Jin. ¿Sí?. – Me dijo su madre. Asentí.
Sabía que tenía que cuidarlo, pues Jin fumaba muchísimo y en etapas tenía que toamr pastillas para no caer en depresión. Hacía varios meses que no las tomaba.

La ceremonia era cerca de un río y hacía un buen día; todos se acercaron a la orilla del río a dejar que la corriente se llevara pequeñas tablas con veladoras encendidas y trozos de papel rojo que llevaban las condolencias hacia la familia por parte de los asistentes.
Jin simplemente escribió: “Espero que estés bien. Mejor. Por favor cuídanos a Kazuya y a mí. Como ya no puedo estar contigo, el resto de mi vida quiero estar junto a él”.
Dobló el papel y lo amarró a la vela, encendió está y la dejo ir…
Nos sentamos a la orilla de río mientras mirábamos como se iban alejando todos los pequeños pedazos de madera.
Me recosté sobre el césped y Jin se colocó sobre mó. Tenía una expresión mucho más serena e incluso sonreía.
– Gracias Kazua. Te amo. – Me dijo al oído.
– ¿Por qué agradeces?.
– Porque eres el único que me está acompañando en ésto… – Me besaba la frente y luego mientras nos besábamos en los labios, llegaron sus padres e interrumpierón.
– Disculpen… Jin, deberías comportarte por hoy.
– Lo siento. – Jin siguió besándome mientras yo sonreía y sus familiares se acercaban para presenciar aquél espectáculo.
Algunos miraban perplejos, otros murmuraban. Jin se detuvo y se puso de pie.
– Bueno bueno, se acabó el show… – Me ofreció la mano para que me levantara y abrió paso entre la multitud.

Llégamos al automóvil y de regreso a casa, nos pusimos a charlar.
– ¿Por qué hiciste eso?. – Era la ceremonia de tú hermano…
– A él le hubiera encantando ver como soy feliz.
– Pero… Tú familia…
– No importan, ellos no me importan ya…
– ¡No puedes decir algo así!. – Jin frenó de imprevisto.
– Sí puedo… Él único que me importa ahora, eres tú Kazuya. – Un beso más selló sus palabras.

Cuando llegámos había alguien afuera del departamento. Cuando vió a Jin se levantó y lo saludó.
– Akanishi, tenemos que hablar… – Jin puso cara de molestia y le pidió que se marchara.
– Pensé que hace tiempo te dije que no me buscaras más… – El chico pelinegro pareció incomodarse con las palabras de Jin y volteó a verme.
Su cara se iluminó y yo también estaba sorprendido.
– ¿No eres tú… Kamenashi?. – Preguntó.
– Sí… – Respondí aún impactado.
– Por favor, no le digas nada a Ueda. – Salió corriendo.
– ¿Lo conoces Kazuya?.
– Sí… Ueda comenzó a salir con él mientras estaba conmigo…
– Ah… Pues él venía conmigo estándo con Ueda entonces…