Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

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Parallel World Cap.7

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

 

CAPITULO 7: El odio que consumía recuerdos. 

 

Ueda llegó a casa sin ningún contratiempo. Fue directo a su habitación, ni siquiera encendió las luces, se quedó en el silencio apacible de la noche sintiéndose miserable… no quería que nadie saliera lastimado. Nunca creyó que aquel chico tan carismático y encantador pudiera ser tan patán, ni mucho menos que hubiera sido capaz de hacerle daño.

Estaba molesto consigo mismo, no podía permitir que eso volviera a pasar, si no era capaz de defenderse, sus amigos se volverían a ver involucrados. Le preocupaba lo que Akanishi estuviera tramando, no le parecía normal que hubiera dejado las cosas así como así… por alguna razón, tal vez por sus palabras, Ueda se preocupó por Ishigaki, Akanishi siempre se había sentido celoso de él; y al mismo tiempo ahora le preocupaba Fujiie… Si Akanishi descubría lo que sentía por él, era más que seguro que le haría daño para quitarlo de su camino… Por segunda vez se sentía entre la espada y la pared…. Y nuevamente era debido a Akanishi. Al final se quedó dormido… se sentía terriblemente cansado y el brazo le dolía un poco, el fuerte agarre de Akanishi se había quedado marcado en su piel… seguramente amanecerían con moretones.

 

A pesar de lo que había pasado, Ishigaki y los demás disfrutaban del ambiente y la compañía; incluso Fujiie sonreía como siempre junto a Yodogawa con las ocurrencias de Igo. La noche se había pasado volando, pronto serían las once, no podían desvelarse mucho, mañana tenían que ir a la Universidad. El teléfono de Fujiie comenzó a sonar, tan sólo por el timbre supo quién era, así que lo sacó de su bolsillo tan rápido como pudo: “Olvidé mi celular en la escuela y vine por él, pero no me siento muy bien… puedes venir por mí?”. No hubo necesidad de una llamada, con sólo ese mensaje se había sentido feliz.

-Chicos, creo que me iré primero…- Les anunció tras responderle el mensaje diciendo que ya iba para allá y que no tardaría mucho en llegar pues no estaba muy lejos de ahí.

-Y eso? Todo bien?- A Yonemura le extrañó su aviso siendo que siempre era el último en irse.

-Sí… bueno, es que Ueda me mandó un mensaje, parece que olvidó algo en la escuela…- De algún modo se apenó de decirles aquello a sus amigos, no quería que lo juzgaran.

En serio? Quieres que te acompañe? Aunque Yodogawa estaba un poco celoso, para él lo más importante era Fujiie.

-No, estaré bien… mañana tienes que levantarte temprano, no? Es tu examen del segundo trimestre, será mejor que vayas a casa y descanses…- Su preocupación no era para menos, lo conocía y sabía que probablemente había dormido dos o tres horas los últimos días practicando pues era bastante perfeccionista.

-Tienes razón… lo había olvidado…- Yodogawa a veces era muy despistado, así que los demás solían prestarle más atención, sin embargo, en esta ocasión, su olvido era sólo una mentira.

-Si necesitas algo o pasa algo llámanos, de acuerdo?- Ishigaki siempre se mostraba un poco sobreprotector con ellos dos, aún cuando ambos eran mayores que él los veía como a sus hermanos menores.

-Si, no te preocupes…- Para Fujiie más que su senpai de la escuela, era como un hermano del cual se sentía orgulloso. Se despidió y fue directo a la escuela; como estaba relativamente cerca, decidió irse a pie, al final echó a correr preocupado pues había empezado a hacer más frío.

 

Como era de esperarse, aún había muchas personas en las instalaciones; los exámenes  finales estaban próximos y no todos podían practicar en sus casas. Despreocupado por todos, se dirigió directo a la sección de piano, que fue donde encontraron a Ueda un par de horas antes. Alguien tocaba a lo lejos, cometía demasiados errores así que descartó la posibilidad de que fuera él… pero el sonido se volvía más fuerte conforme se acercaba al salón donde siempre estaba y de pronto recordó que se había lastimado, por lo que prefirió cerciorarse de si era él o no.

Llamó suavemente a la puerta pero no obtuvo respuesta, estaba demasiado oscuro                                                         dentro para ver bien quién era quien tocaba.. Tocó un poco más fuerte y la melodía se detuvo. Alguien abría la puerta recibiéndolo con una sonrisa, pero para su sorpresa e incomprensión, no era Ueda quien lo recibía.

-Mmm… mira nada más lo que tenemos aquí…- Otra vez Akanishi lo miraba con esa cara altanera y déspota.

-Qué haces aquí? Que le hiciste a Ueda?- Fujiie se preocupó de que le hubiera vuelto a hacer algo. Akanishi echó a reír de un modo que casi daba miedo.

-Me pregunto si eres muy inocente o si tan sólo eres muy idiota… En verdad creíste que era Tatsuya quien te pedía ayuda? Jajajaja supongo que tantos años recibiendo sus mensajes sirvieron de algo…- Su risa cínica y sarcástica molestó mucho más a Fujiie. –Mmm…- Comenzó a barrerlo de pies a cabeza. –Qué lástima que sus gustos hayan decaído tanto en tan poco tiempo…- Lo miraba de un modo tan despectivo que cualquier se hubiera sentido menos que nada. Supongo que es tan patético que puede consolarse incluso con alguien como tú… debe sentirse tan poca cosa qu…- Fujiie no pudo soportar más su actitud y lo calló de un puñetazo.

-No me importa que me digas que no valgo nada! Pero no te voy a permitir que digas esas cosas de Ueda!!!- Akanishi lo miraba sorprendido, nunca hubiera pensado que ese chico de apariencia tan frágil e infantil pudiera abrirle el labio de un solo golpe. Comenzó a reír histéricamente…

-Vaya! Vaya! Creo que a alguien le gusta demasiado mi pequeño Tat-chan… y yo que creía que esta vez quería ser él el protector…- Aunque Fujiie no entendía lo que trataba de decir, sintió la mala intención en sus palabras.

-Eso a ti no te importa!!!-

-Pues déjame ponerte algo en claro, estúpido… Tatsuya me pertenece, siempre ha sido así, y no pienso dejar que ni Ishigaki ni nadie lo tenga, mucho menos tú.-

-Ueda no es un objeto que pueda ser poseído por alguien; te agradecería bastante que me regresaras su celular y lo dejaras en paz…- Le estiró la mano mientras inclinaba su cabeza por educación.

-Jajajaja! Tú?… me estás dando órdenes?- Ni siquiera le dio una oportunidad para que reaccionara; el golpe en el estómago lo sofocó  por completo, trató de levantarse pero regresó al piso de una patada, y luego vino otra y otra más, apenas si podía respirar mucho menos gritar. Akanishi había dejado de necesitar un pretexto, simplemente quería golpearlo… sería el modo perfecto de demostrarle a Ueda que iba en serio, de molestar en el camino a Ishigaki y de quitar una piedra del camino. Para cuando Akanishi se cansó de pegarle y patearlo, Fujiie ya ni siquiera se defendía, el algún punto había dejado de moverse… para cuando bajó la escaleras ya no podía decir siquiera si respiraba o no, pero la verdad es que eso era lo que menos le importaba en ese instante, la adrenalina hacía su efecto, sólo encendió un cigarrillo y se fue al departamento de Kamenashi, seguro de que no lo dejaría dormir en un buen rato.

 

-Ah! Lo siento… estabas dormido?- Preguntaba una voz por demás amable.

-Si… pero… no se preocupe…- Contestaba más dormido que nada.

-Tat-chan~… Oye, Yori-kun sigue contigo?- Notó a Ishigaki un tanto preocupado.

-Fujiie? No, no lo he visto desde que nos despedimos… por qué lo preguntas?…- Ya se había incorporado y se frotaba los ojos tratando de abrirlos.

-Queeeeeeeeeeé?!- El grito al otro lado había terminado de despertarlo.

-Por qué? Qué pasó?- Bastó con que mencionara lo del mensaje para que Ueda saliera corriendo rumbo a la escuela, tan a prisa que ni siquiera alcanzó a ponerse el suéter e iba con él en la mano y las agujetas desamarradas. Sin duda alguno esto era cosa de Akanishi.

 

Pasaba ya de la media noche. Los estudiantes que quedaban comenzaban a irse, otros simplemente se tomaban un descanso. Al ver cómo venía, comenzaron a cuchichear entre ellos pero Ueda ni siquiera le dio importancia a su presencia. Se detuvo un segundo para tomar aire, no había señales ni de Akanishi ni de Fujiie. Las luces del edificio donde tomaba clases estaban encendidas, sin duda alguien se había quedado practicando, lo cual le extrañó porque todos los que conocía tenían piano en su casa y no se quedaban por la noche en la escuela pues hacía frío y podían dañarse las articulaciones de sus dedos. De pronto un escalofrío le recorrió la espalda. Corrió con todas sus fuerzas.

-Ueda!- Alguien le hablaba, la voz le parecía familiar.

-Nishikido-kun…- Su voz entrecortada debido a la carrera desde su casa y el sudor en su frente lo preocuparon más que la palidez inusual de su rostro.

-Estás bien? Qué te pasó? Qué haces aquí a estas horas?- Nishikido no podía evitar preocuparse por él, lo conocía desde antes que Akanishi, incluso se había interesado en él antes que el otro, pero cuando por fin se armó de valor para confesar sus sentimientos, ellos ya estaban juntos.

-Jin… has… visto a Jin!- Se esforzaba en respirar para poder hablar, en verdad se veía desesperado. Nishikido no puedo evitar poner cara de fastidio sólo de escucharlo pronunciar su nombre.

-Sí… estuvo desafinándote el piano… se fue hace poco, Yassu lo vio salir cuando llegó…- Ya no le hablaba con una sonrisa, de cierta manera parecía molesto.

-Viste a alguien con él?! Un chico como de tu estatura, delgado de carita medio infantil… Llevaba pantalón negro y una sudadera roja a cuadros anudada a la cintura- De pronto le pareció más preocupado por saber éso que por saber sobre Akanishi. Algo le sonaba… Al no recibir respuesta de su parte y ver su cara de “no sé de qué hablas” Ueda subió corriendo, tenía un mal presentimiento.

 

Deseaba que fuera mentira… Una pequeña figura yacía inmóvil en el piso. Quería que no fuera verdad… Se acercó sintiendo que sus piernas temblaban pues a pesar de las manchas de sangre vio los cuadros de su sudadera. Corrió desesperado y moviéndolo lo menos posible, lo giró para verle el rostro.

-Fujiie!!… Fujiie!…- Lo revisó con cuidado, no respiraba con normalidad, estaba muy golpeado, pero al menos seguía con vida. De pronto una herida en particular llamó su atención: su mano derecha… se veía realmente mal. Algo se le cayó cuando lo movió: su celular. Era imposible que pudiera sujetarlo con fuerza, su mano estaba hecha pedazos. Nishikido contemplaba aquello desde unos escalones más abajo. No podía creer que Akanishi hubiera podido hacer algo así, sus sospechas eran ciertas, el chico al que Ueda describió era Fujiie. Al menos algo lo dejó tranquilo: ya no tendría que hacer las cosas él, Akanishi había hecho todo, incluso mejor de lo que él mismo había pensado. Bajó las escaleras, caminó hasta el final del pasillo, hasta el salón donde había hablado con Fujiie hacía unas horas y donde ahora había alguien de pie esperándolo.

-Ryo-chan, a dónde te habías ido?- El chico le hacía un puchero mientras se echaba al hombro el estuche del violín que estaba apoyado en la puerta.

-A ningún lado Uchi… sólo esperaba a que salieras…- Le decía con una sonrisa al tiempo que lo besaba para luego rodearlo con el brazo y bajar las escaleras. Cuando salieron del edificio Nishikido dio un último vistazo hacia el tercer piso.

-Olvidaste algo?- Le preguntaba dulcemente besándole la mejilla.

-Nop… Tienes frío?- Lo estrechó un poco más contra su cuerpo y caminaron rumbo a la avenida.

 

Por primera vez en todo este tiempo Ueda odió a Akanishi con toda su alma… y se odió a sí mismo por haber involucrado a Fujiie.

-Si? Necesito una ambulancia…- Tras finalizar la llamada, envolvió con cuidado la mano de Fujiie con su pañuelo y lo cubrió con su suéter. Un par de minutos después llegó la ambulancia y se fueron al hospital.

El doctor le dijo que tendría que ser sometido a cirugía de inmediato, su mano estaba muy dañada. Ueda llamó a Ishigaki pues se necesitaba el consentimiento de un familiar para llevar a cabo la operación y en su celular no había ningún contacto que pareciera ser un pariente, sus llamadas frecuentes eran a Ishigaki, Yodogawa o Igo y ninguno de ellos servía. Al final Ishigaki le pasó el teléfono de su casa, una de las internas a cargo del doctor que lo atendía y que estaba de guardia esa noche llamó. Ishigaki e Igo llegaron al hospital poco después de la llamada. Ueda se sentía terriblemente culpable por lo que había pasado, había un nudo en su garganta que le dificultaba hablar mientras les explicaba su condición. Ahora no podían hacer otra cosa más que esperar a que saliera de la sala de operaciones.

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Parallel World Cap.6

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

 

CAPITULO 6: El grito en medio de la desesperación.

 

 

-Oye… Ueda…- Al pasar la estación, Fujiie ya no sabía dónde estaban ni a dónde se dirigían.

-Sí, dime…- Le respondía volviéndose a él para verlo a los ojos.

-A dónde vamos?- A Fujiie le parecía que ya habían caminado bastante, le preocupaba que lo llevara a algún lugar lujoso por el tipo de arquitectura que veía ahora en los vecindarios, pues no había traído mucho dinero consigo.

-De hecho ya llegamos…- De pronto se detuvo fuera de un hermoso edifico de apartamentos. A diferencia de donde vivía, aquí no debía haber más de seis departamentos en el edificio y parecían bastante grandes y caros.

-Vives en uno de estos departamentos?- Sonaba tímido aún mirando la construcción.

-Jajajaja, claro que no!… Vivo ahí…- Señalaba la casa justo enfrente del edificio. De construcción occidental y un enorme jardín alrededor, la casa parecía como sacada de una revista de gente famosa. Cruzaron la calle hasta llegar a la banqueta, Ueda abrió el cancel y caminaron por un caminito de piedras, subieron los cuatro escalones hasta la entrada. –Pasa… Ah no!, no es necesario que te quites los zapatos…- No sólo por fuera sino también por dentro, la casa era de estilo europeo. No había muchas cosas, nada era ostentoso o de mal gusto, todo era sencillo y armonizaba… a Fujiie le pareció que todo era muy propio de Ueda.

-Tu casa es linda… vives solo?- Preguntaba al notar que había dos habitaciones al fondo que parecían estar ocupadas , pues una estaba cerrada, a diferencia del resto y la otra estaba decorada con muchas fotografía, ya que Ueda aparecía en varias supuso que no le pertenecían.

-Sí… ahora vivo solo…- Su sonrisa se veía un poco triste, entendió que le resultaba doloroso tan sólo recordarlo, así que hizo a un lado su curiosidad.

-Aquella es la cocina?- La casa le pareció de pronto enorme y vacía, debía de ser difícil para él vivir solo en esa casa pues se veía que prefería estar acompañado. Prefirió cambiarle el tema, al menos, si estaba en sus mano, quería ayudarlo a olvidar lo que fuera que le provocaba esa tristeza.

-Sí… espera! No!… a dónde vas?- Ueda fue tras él al ver que se dirigía a la cocina.

-Te voy a ayudar, por supuesto…- Al ver esa sonrisa sintió algo en el estómago y rápido se dio la vuelta para sacar algunas cosas de la alacena, no quería que notara que se había sonrojado.

 

Hacía mucho tiempo que Ueda no disfrutaba tanto preparando la comida. Akanishi no solía ayudarle y Kamenashi prefería hacer las cosas a su manera, pues decía que Ueda cocinaba demasiado “italianado”. Fujiie por el contrario se adaptaba a él sin perderse a sí mismo y obviamente disfrutaba lo que hacía… su sonrisa empezaba a volvérsele adictiva.

-Rayos!- Exclamó de repente al ver la hora, estaban tan a gusto que el tiempo se les había ido sin sentir.

-Qué pasa?- Preguntaba Ueda un tanto divertido con su expresión fácil y que casi se ahogaba con un trozo de pollo que se acababa de llevar a la boca.

-Ya son las dos!-

-Qué?!- Si hubiera bebido lo que tenía en la mano, probablemente se lo hubiera escupido en la cara… sacó su celular sólo para comprobar que el reloj de la sala no mentía.

 

Aunque Fujiie no quería, Ueda se empeño en que tomaran un taxi tan pronto como llegaron a la avenida. No más de cinco minutos después ya estaban de regreso en la Universidad.

-Qué demonios hace Tatsuya con ese mocos otra vez?- Mascullaba entre dientes cuando los vio bajar del auto. Akanishi estaba muerto de celos,  pero esta vez no podía hacer nada pues estaba con Kamenashi, quien al ver cómo su novio tensaba los músculos de la mandíbula miró de reojo hacia donde veía… aquello le dolió, pero no dijo nada, no quería que todo aquel enojo estallase en su contra.

 

-Ammm… Supongo que aquí es cuando nos despedimos, verdad?- No parecía estar muy seguro de querer hacerlo.

-Supongo que sí… pero eso sólo significaría que nos volveremos a ver pronto, no?- La forma en que Ueda veía las cosas hacía que Fujiie se fascinara cada vez más con él.

Ninguno de los dos se vio el resto de la tarde, los dos suponían que tendrían clase o que estarían ocupados.

“Nos vemos después del ensayo? Terminamos a las 8:00” decía el mensaje de Ishigaki. Pareciéndole una buena idea le dijo que sí, de todos modos, cualquier cosa era mejor que estar en casa pensando estupideces.

Faltaban quince minutos para que dieran las ocho cuando Ueda salió del salón de piano donde había estado tocando las últimas dos horas desde que su clase de composición había terminado. Bajaba despacio las escaleras mientras escribía un mensaje: “Ya voy para allá” le decía a Ishigaki. Akanishi estaba esperándolo en el descanso del segundo piso.

-Buenas noches Tat-chan…- Decía como siempre solía hacer cuando pasaba por él después de clases.

-Jin! Que haces aquí?- Algo en la manera en la que lo miraba no le agradaba en lo más mínimo. Lo conocía lo suficiente cómo para saber cuando Akanishi se traía algo entre manos.

-Nada en especial… sólo quería verte…- Subió los dos escalones que los separaban para llegar hasta donde estaba Ueda y sin más lo besó. Ueda de inmediato lo apartó de un empujón.

-Qué haces?! Tú y yo ya no tenemos ése tipo de relación!…- El hecho de que se hubiera referido a ellos como “tu y yo” y no como “nosotros”, que era como siempre hacía, molestó bastante a Akanishi.

-Ummm… pues creo que eso no lo decides tú…- Se acercó de nuevo a él sujetándolo por la nuca para volverlo a besar, pero a diferente del primer beso, éste no era ni dulce ni delicado.

-Jin! Ya basta!- Ueda trataba de empujarlo pero sólo conseguía que lo aferrara con más fuerza. –Déjame Jin! Me haces daño!- Ueda continuaba forcejeando, cosa que sólo lograba divertir más a Akanishi. El celular de Ueda sonaba dentro de su bolsillo… debía ser Ishigaki, tardó más en sacarlo que en lo que Akanishi se lo tiró al piso de un manotazo cuando lo empujó contra la pared para poderle desabotonar el abrigo.

-Eres mío… nada ni nadie cambiará eso.- Besaba tan bruscamente sus labios que terminó lastimándolo tras una mordida.

-No! No soy tuyo!- Ueda lo empujó con fuerza cuando Akanishi trató de meter la mano por debajo de su camisa. No logró correr mucho, Akanishi lo aferró por el abrigo, Ueda prefirió quitárselo y bajó un par de escalones más, pero no los suficientes; lo agarró del cabello y luego por el brazo y lo estampó contra el muro.

-Eres mío!… no dejaré que nadie más te tenga!- Gritaba colérico en su oído.

-Jin! Qué demonios crees que haces?- Odiaba tanto la voz de Ishigaki que le resultaba inconfundible. Estaba dispuesto a darle por fin esa paliza que se había estado aguantando los últimos años, pero al ver que no venía solo y que dos de los chicos que lo acompañaban si podrían significarle problemas, optó por soltar a Ueda pasando de largo entre ellos… de pronto reparó en Fujiie, quien lo miraba casi con odio, notando que era el chico con el que lo había visto últimamente.

-Oye! Jin! A dónde crees que vas?- La habitual amabilidad en la voz de Ishigaki había desaparecido por completo.

-Qué quieres, Daisuke? Piensas pelear contra mí? No me hagas reír…- Era obvio que lo retaba… burlándose de él… menospreciándolo.

-Pues no pienso dejar así las cosas…- Ishigaki avanzó hacia él y lo sujetó por el cuello de la camisa.

-Dai-chan!… No!…- Lo hubiera golpeado de no ser porque Ueda se lo impidió. Akanishi zafó las manos de Ishigaki y se sacudió la camisa, definitivamente buscaba pleito.

Fujiie vio su abrigo tirado en la escalera y fue por él para sobreponérselo, no había que ser un genio para darse cuenta de que Ueda era muy susceptible a los cambios de temperatura y que por eso siempre se abrigaba bien.

-Nos vamos? Le dijo con una sonrisa a la vez que le limpiaba con su pañuelo la sangre del labio. Ueda sólo le asintió tomando el pañuelo, su mano estaba helada, tal vez más debido al susto y el coraje reprimido que al frío. Tomó a Ueda de la mano y pasó de largo a Akanishi, entendiendo de inmediato lo que se proponía, Yodogawa se le colgó del brazo a Ishigaki y lo obligó a ir tras ellos, seguidos de Yonemura e Igo.

-Si hubieran caído en su juego, hubiera sido peor para todos y no sólo para ti, verdad?… y no quieres que tenga motivos para hacernos algo, verdad?- Le decía Fujiie suavemente apretando con más fuerza su mano pero son hacerle daño alguno, Ueda asintió agachando la mirada, sorprendido de lo bien que el chico había entendido sus sentimientos y sus acciones.

-Lo conozco… quería que Dai-chan lo golpeara para hacer algo más como venganza…- Miraba preocupado a Ishigaki como pidiéndole perdón por haberse entrometido entre ellos cuando discutían.

-Tat-chan tiene razón… yo también lo sabía! Pero no puedo perdonarlo por haberse atrevido a hacerte daño…- Lo abrazó, estaba furioso, pero su amigo tenía razón, caer en las provocaciones de Akanishi sólo traería más problemas para todos. –Será mejor que hoy te quedes en mi casa…- Más que una invitación sonaba como una orden suplicante, pues temía que pudiera ir a buscarlo a su casa.

-Gracias Dai-chan, pero no es necesario… prefiero irme a casa y descansar… Ustedes ya tenían planes, no quiero que los hagan a un lado por mi culpa… por favor…-

-Estás seguro? No quieres venir con nosotros aunque sea sólo un rato? Más tarde te llevo a casa…- Ishigaki no estaba seguro de que dejarlo solo fuera buena idea, pero sabía que era muy terco y que no estaba logrando persuadirlo.

-Gracias… pero esta vez rechazaré la invitación… me siento cansado… quiero dormir un poco…-

-De acuerdo… entonces vamos para que tomes un taxi, de acuerdo?- Ueda asintió aceptando de buena gana; la verdad es que no quería irse caminando.

-Lamento que nos hayamos conocido en esta situación… pero gracias por todo…- Ueda se despidió de todos y entró al vehículo. Tanto Ishigaki como Fujiie notaron su expresión de dolor al apoyar el brazo izquierdo en el asiento, mismo que se había estado sujetando discretamente mientras se detenía el abrigo. Le desearon buenas noches y lo vieron alejarse calle abajo.

-Iremos al lugar de siempre? Igo intentaba disipar el ambiente tenso y extraño en que habían quedado.

-Sí! Muero de hambre- Respondía Yodogawa de inmediato y ambos echaron a andar seguidos de Yonemura.

-Me pregunto si estará bien?- Fujiie seguía preocupado mirando las luces rojas del taxi alejándose.

-No te preocupes… es más fuerte de lo que parece… El día que Jin lo harte de veras, lo conocerá por las malas…- Le dio una palmadita en el hombro y fueron detrás de los demás.

 

Parallel World Cap.5

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FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

 

CAPITULO 5: La mano que abrazaba el silencio.

  

Hoy también llovía. Su ánimo había mejorado bastante desde el día anterior. Se había quedado hasta entrada la madrugada tocando el piano… Simplemente había llegado a casa con una extraña necesidad de componer algo en el piano… trataba de evocar algo feliz pero, recordar a Akanishi le dolía, y al final, la melodía se tornaba azul melancolía… aunque eran buenas, no eran para nada los colores que estaba buscando para la melodía que había comenzado a flotar en él mientras había estado en la sala de piano el otro día.

 

Así que tras haber dormido un poco y darse un largo baño, ahora caminaba tranquila y distraídamente por la avenida. De pronto se sorprendió a sí mismo pensando en aquel chico de radiante sonrisa. Por eso fue demasiado su asombro cuando se topó con él un par de calles delante de la estación.

-Ueda! Buenos días!- Su voz un poco grave pero dulce también denotaba sorpresa.

-Buenos días Fujiie…- Fue casi aterrador que hubiera aparecido cinco segundos después de haber pensado en él… pensado en que quería verlo… ver nuevamente su sonrisa.

-Siempre vas a esta hora a clase? No te había visto…-

-jejeje… no, de hecho hoy voy un poco tarde porque tomé la “ruta panorámica”…- A Fujiie le pareció adorable esa manera que tenía de hablar… A Ueda le pareció encantadora su manera de sonreír mientras le hablaba… ninguno de los dos conocía lo que el otro sentía en ése entonces pero ambos entendieron que eran felices tan sólo con el hecho de haberse encontrado.

 

Akanishi esperaba a Ueda bajo el cerezo del jardín de la entrada, cuando por fin lo vio, esa sonrisa que tanto amaba le provocó un escalofrío que recorrió toda su espalda… aún lo amaba pero lo que tenía ahora con Kamenashi, seguramente jamás lo encontraría con Ueda… de pronto ese sentimiento de adolescente enamorado dio paso a un ataque incontrolable de celos… esa sonrisa le “pertenecía” y ahora se la estaba dedicando a un completo extraño… lo miró cuidadosamente… dónde le había visto antes?… Un flashback le trajo a la mente aquel encuentro en la escalera, aquel cambio drástico en la forma de tocar de Ueda… Quién demonios era ese mocoso? Qué tenía que ver con Ueda?… Simplemente llegaría y golpearía primero para descargar lo que sentía y haría las preguntas después… su maravilloso plan se esfumó en cuanto vio que Kamenashi lo llamaba.

 

-Hoy tienes piano con Ishigaki, verdad?-

-Sí, cómo lo sabes?- Ueda sonaba sorprendido.

-Él me lo dijo anoche cuando terminamos el ensayo…- Estaba un poco apenado por cómo él había reaccionado a su comentario.

-Ah! Cierto, la banda…- Decía ya más tranquilo.

-Ammm…  si te parece bien… te gustaría almorzar con nosotros?- Su pregunta lo tomó por sorpresa… pero por alguna  razón lo hizo feliz.

-En verdad? No les molestara a los demás?…- Preguntaba inocente pues en realidad no los conocía y oficialmente no habían sido presentados aún.

-No! Todos estuvimos de acuerdo…- Si había algo más detrás de su comentario, a Ueda no le importó. Estaba demasiado feliz, tanto como para no notar siquiera que Nishikido los miraba casi con odio mientras pasaban por el pasillo de la sección de cuerdas del segundo piso rumbo al tercer piso. –Bueno… entonces pasaré por ti y por Ishigaki cuando salda de clase, ok?- Era imposible que le dijera que no con esa carita.

-Ok… nos vemos más tarde…- Se despidieron con una sonrisa al pie de la escalera.  Fujiie regresó por el pasillo para bajar, Ueda se regresó un par de escalones para mirándolo bobamente mientras se alejaba, luego se dio la vuelta y subió, así que ya no vio cuando alguien detuvo a Fujiie al final del pasillo.

-Disculpa… tú eres de la sección de cuerdas eléctricas, no?- El chico le parecía conocido de algún lado pero no estaba realmente seguro.

-S-sí… por qué lo preguntas?- Era raro que alguien que no fuera amigo de sus amigos le hablara, él no era tan extrovertido como Igo o Yonemura, así que no conocía a tantas personas en la escuela, además de que apenas estaba en primer año y los demás estudiantes  solían ignorara a los “nuevos”.

-Akun es amigo tuyo, verdad? Es compañero de uno de mis amigos, Yasu…- Su sonrisa amable desvaneció el mal presentimiento que le había dado al principio.

-Eh? Sí… de hecho conozco a Yasuda-san, es increíble!- Una vez se sintió más en confianza también sonrió y se mostró más amigable.

-Ah sí, mi nombre es Nishikido Ryo, también toco la guitarra, creo que eres muy bueno tocando, Maru-chan también lo cree…- Le extendió la mano y Fujiie le correspondió el saludo.

-Maruyama-senpai? Lo conoces?… Ah, mucho gusto… soy Fujiie Kazuyori… – Si conocía a dos de los senpai que más admiraba en la escuela, entonces debía ser un buen sujeto, Yasuda y Maruyama eran muy agradables y siempre eran buenos con él y sabían elegir bien a sus amigos.

-Ah sí, ellos dos son dos de mis mejores amigos, junto con Murakami de la sección de piano, Yokoyama y Okura de percusiones, aunque Okura se traslado a Osaka hace poco, Subaru y Yamashita de canto… ah, lo siento, creo que llevabas prisa y yo entreteniéndote con tonterías… lo siento, luego nos vemos…- Era un chico bastante agradable y por supuesto que conocía a  todos los senpai que mencionaba, eran bastante destacados dentro de la Universidad, tanto por su personalidad como por su talento.

-Sí, lo siento, tengo clase… pero creo que seguramente nos veremos nuevamente… hasta luego!- Se despidió de él con una sonrisa y dobló a la derecha para bajar las escaleras, por lo que no vio cuando aquella dulce sonrisa dio pasó a una mirada llena de desprecio.

-Fujiie Kazuyori… que hace Ueda con ése chico?…- La puerta contra la que se recargaba sufrió las consecuencias de su enfado, si aquel puñetazo le dolió, ni siquiera le importó.

-Ryo-chan, estás bien? Por qué golpeas la puerta?… Shintaro-sensei te regañara de nuevo…- Le decía entre risas un chico bajito de cabello rubio vestido  con un overol corto a cuadros de colores llamativos.

-Cállate Yassu!… Estoy enojado!… no creo que quieras ponerte en lugar de la puerta, verdad?- Le decía con una sonrisa maliciosa. El chico lo miraba asustado negando insistentemente con la cabeza sin decir nada más, sabía que eso podía ser más que un comentario.

 

El profesor elogiaba si interpretación; fuera lo que fuera que lo tuviese tan inspirado, debía conservarlo, le había dicho. Ueda no pude más que sonreír y sonrojarse un poco ante aquel comentario y la mirada cuestionante de Ishigaki. Por alguna razón se sentía tan de buen humor que la clase le pareció durar apenas unos minutos… su rostro se iluminó al verlo de pie fuera del salón por detrás del profesor… gesto que no pasó para nada desapercibido por parte de Ishigaki, quien sonrió satisfecho de que dos personas a las que quería muchísimo pudieran ser felices juntas, y en ese mismo momento decidió ayudar a ese par… Los conocía lo suficiente, tal vez demasiado, como para saber que podrían pasar mil años antes de que se dieran cuenta por ellos mismos de lo que sentían el uno por el otro y que lo admitieran. De inmediato tomó su celular y puso en marcha su plan.

-Ishigaki-kun!!! No le había dicho ya que no usara esa cosa durante mi clase?!- La voz de profesor hizo eco dentro del salón.

-Lo lamento sensei…- En realidad no se arrepentía, lo había hecho con toda la intención de ser castigado.

-Ueda-kun, ya puede irse… para usted la clase ha terminado por el día de hoy.- Miró a su mejor amigo inseguro de salir, pero de inmediato Ishigaki lo detuvo.

-No te preocupes… mira!  Yori-kun ya está ahí… adelántense, si?-

-Mmm… seguro?… puedo salir y decirle…- Aún no parecía convencido de dejarlo pero de inmediato Ishigaki lo interrumpió.

-Sí, sí, segurísimo… los alcanzo cuando termine…- Por fin Ueda quedó satisfecho tras aquella sonrisa y salió del salón haciendo una reverencia de agradecimiento para el profesor.

 

-Ishigaki no viene?-

-Nop… lo castigaron…- Parecía bastante divertido con la situación, ya que él nunca había sido castigado.

-Oh, ya veo… entonces qué hacemos?, nos vamos?… Supongo que nos alcanzará luego, ne?- Aunque quería esperarlo, no pudo negarse a aquella sonrisa; así que bajaron las escaleras rumbo al jardín cerca del auditorio principal donde ellos solían comer desde que se unieron para formar la banda ya que era un lugar un tanto apartado y pocos iban por ahí. Kamenashi miraba incrédulo la expresión de felicidad de Ueda pero al mismo tiempo se sintió feliz de volver a verlo sonreír así.

-Eh?!… Qué raro!… Igo y Yoshi ya deberían estar aquí… no perdonan la hora del almuerzo…- Su celular empezó a sonar, así que contestó. Ueda lo miraba preguntándose por qué ponía esa cara de desilusión.

-Qué pasó?- Se atrevió a preguntar con miedo a parecer entrometido.

-Yone e Igo tienen examen en cinco minutos…- De nueva cuenta su teléfono había empezado a sonar… leyó el mensaje de texto y se fue al piso hasta quedar en cuclillas llevándose ambas manos a la cabeza y completamente desanimado.

-Estás bien?- Se preocupó pensando que le habían dado malas noticias.

-Yoshi tampoco vendrá… un kohai le pidió ayuda… ah~…- Suspiro jugando con sus agujetas. –Con lo mucho que había esperado este almuerzo…- Ueda podía sentir su decepción casi como si él también la sintiera.

– Y si te invito a comer?- Propuso apenas pensando lo que hacía, al verlo tan afligido sintió que tenía que hacer algo para lograr que volviera a sonreír.

– De verdad?!… Gomen! Era la primera vez que te invitábamos y todo salió mal…- Se veía muy lindo mirándolo desde abajo pasando de la felicidad a la tristeza en segundos.

-No te preocupes… Tal vez era el destino que sólo almorzáramos juntos tú y yo… no crees?- Ueda le sonreía extendiéndole la mano para ayudarlo a levantarse. Fujiie no lo pensó dos veces y tomó aquella mano cuya calidez se evidenció debido a lo fría que estaba su mano. No pudo evitar sonrojarse al ver que Ueda también lo había notado, así que soltó su mano de inmediato.

-Ah!… Lo siento…- Le pareció que había sido un poco brusco.

-No te preocupes… nos vamos?- Fujiie sólo le asintió y echaron a andar. Ueda siempre educado, no le dio mucha importancia a lo que había pasado, por el contrario, le pareció un gesto lindo de su parte, señal de que Fujiie se preocupaba por él. Desde una ventana del tercer piso, Ishigaki y los demás observaron a aquel par mientras se alejaban.

 

Iba tan absortó en la conversación y en su compañía que ni siquiera se percato de que habían salido de la escuela hacía buen rato y de que iban caminando por el mismo camino por donde siempre volvía a casa después de clases. Al notarlo, se paró en seco.

-Ueda… este…- Le daba un poco de pena interrumpirlo porque estaba diciéndole algo sobre recitales de invierno en Inglaterra.

-Qué pasa?- Él parecía de lo más tranquilo y despreocupado.

-Ammm… la cafetería… está para el otro lado, no?-

-Lo sé… es que no vamos para allá…- Respondía él con una sonrisa.

-Eh?!…- A Fujiie no le quedó más remedio que seguirlo pues había retomado el paso, pareciendo seguro de lo que hacía y no estaba seguro de querer arruinárselo.

Parallel World Cap.4

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FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

CAPITULO 4: La melodía que bailaba en la oscuridad.

 

Esos días no le gustaban mucho… sus cosas siempre se mojaban, tenía que usar la secadora del pelo cada noche para secar sus tenis al volver a casa, además hacía frío y eso no era muy de su agrado… lo único que le gustaba de la época de lluvias era que se hacían charcos por toda la ciudad. Le gustaba demasiado correr entre los charcos y mojar a Yodogawa cuando se paraba inocentemente cerca de alguno… no por nada sus tenis siempre terminaban mojados. Hoy sin embargo, ni siquiera había pensado en saltar directo sobre aquel charco cuando llegó a saludar a su mejor amigo… aquella triste expresión que había visto en el rostro de Ueda el día anterior aún estaba presente aunque no cerrara los ojos.

-Oh! Fuka! Buenos días!- Yodogawa miraba extrañado a Yonemura, pues Fujiie parecía no sentirse del todo bien ya que no le había respondido el saludo.

-Fujiie~… la Tierra llamando a Fujiie…- Yonemura agitaba la mano frente a su cara tratando de llamar su atención.

-Eh?!- Más que distraído parecía preocupado por algo… cosa rara en él porque no solía ser del tipo que se hunden en preocupaciones. Esa expresión en su rostro casi les dio miedo.

-Fuka, estás bien?- De entre todas las personas que lo querían, Yodogawa había sido siempre quien más se preocupaba por él… tal vez porque lo conocía desde siempre… tal vez porque eran mejores  amigos… tal vez porque eran compañeros de escuela desde jardín de niños… tal vez porque eran parte de la misma banda… pero la verdad es que por encima de que todas eran razones de sobra… la única que le importaba, era que Fujiie era la persona más especial e importante de su vida.

-Un!… no pasa nada… sólo es algo raro que pasó ayer… aunque nada tenía que ver conmigo…- Pronto volvió a su habitual sonrisa y ése brillo en su mirada que tanto le gustaban; así que su preocupación terminó por desvanecerse por completo cuando esa sonrisa tan particular en sus labios justo antes de saltar donde estaba mojando un poco su pantalón y zapatos.

-Fujiie!- Yonemura detestaba que lo mojar pero al final terminaba en su juego y al poco rato ya estaban todos pateando charcos mojándose unos a otros atacados de la risa. Incluso Ishigaki, quien usualmente era el más serio y tranquilo, terminaba uniéndose al resto de sus amigos… esta vez no había sido la excepción.

 

Amaba tanto los días lluviosos… sobre todo si estaba nublado, tanto como ver el cielo el nocturno o tocar el piano… el extraño pero agradable sentimiento que le provocaba era una gran fuente de inspiración para su música; además, por raro que pudiera parecer, la lluvia y el cielo gris lo ponían de buen humor… odiaba el sol, siempre lo hacía sentir mal físicamente, además hacía calor y él sólo soportaba el calor si venía de la mano de la dorada arena y un profundo mar azul. Apenas si había logrado dormir, no había sido  porque no tuviera sueño ni porque siguiera pensando en aquel beso entre su ex y su amigo, aunque ciertamente Akanishi era el culpable… por alguna razón había bebido demasiado y toda la madrugada había estado llamándolo… primero al celular y una vez que lo apagó tras no contestarle por segunda vez, comenzó a marcar al teléfono de casa… cuando lo dejó descolgado, la víctima fue la contestadora. Lo que más le molestaba era que conociéndolo, estaba 100% seguro de que para cuando despertara no recordaría absolutamente nada, dejando todo el peso de sus palabras sólo para Ueda. Odiaba traer semejantes ojeras, así que decidió usar sus lentes todo el día… En verdad que odiaba a Akanishi en ese momento; se había metido con dos de las cosas más preciadas que tenía: sus horas de sueño y su vanidad. Si no tuviera examen, seguramente no hubiera ido a la Universidad, sabía que estaría de mal humor.

 

A lo lejos vio a Ishigaki… s pesar de cómo se sentía se alegró al verlo, lo siguió un par de metro, tenía curiosidad por saber a dónde iba. Fujiie y un par de chicos le dieron la bienvenida, al verlos le extrañó que estuvieran un poco mojados, pero su duda fue resulta cuando vio que estaban de lo más felices jugando entre los charcos. Se quedó en la distancia contemplando a aquellos cinco chicos… envidiaba un poco a Ishigaki porque a diferencia de él, Ueda nunca había tenido un momento así; Akanishi se había encargado de alejar a la mayoría de los pocos amigos que tenía, dejando al final sólo a Okura, a quien apenas si veía pues estudiaba en Osaka; a Hiromitsu que prefería verlo lo menos posible para no causarle problemas con su pareja prefiriendo mantenerse en contacto por celular; a Kamenashi, su compañero de casa y a Ishigaki, a quien no había conseguido alejar por mucho que lo había intentado. Verlos reír de esa manera lo hizo sentir un poco miserable, ahora comenzaba a ver cuánto daño le había hecho aquel que decía amarlo. De prono, sin que pudiera darse cuenta, se vio atrapado por el brillo de aquella mirada, el encanto de esa sonrisa… por segunda vez en toda su vida sentía aquellas mariposas en el estómago. Asustado ante la simple y pequeña posibilidad de que aquel chico al que miraba le gustara, se alejó de ahí a toda prisa en busca del refugio y consuelo que sólo le daba el sonido del piano. Aquella habitación con escasa luz debido a las pesadas cortinas sobre las ventanas se volvió el lugar más tranquilo para él en ese momento. Ni siquiera se dio cuenta de que se había topado con Akanishi cuando subió corriendo las escaleras y mucho menos se percató de que había ido detrás de él ni de que en ese instante estaba de pie al otro lado de la puerta mirándolo a través de la angosta ventanilla al no poder entrar porque estaba puesto el seguro.

 

Subía los escalones rumbo a las salas de ensayos… por alguna razón se sentía un poco triste… después de todo, ya eran casi las 11 de la mañana y aún no lo había visto… al reparar en cómo se3 sentía se sintió avergonzado.

-… como si te lo toparas todos los días, Kazuyori…- Sus palabras y sus pensamientos quedaron de pronto atrapados por aquel sonido dulce y melancólico que flotaba nota a nota a través del pasillo. Fujiie siguió subiendo las escaleras, sin duda provenía del tercer piso pues era ahí donde se encontraba la sección de piano. Quería saber quién era el dueño de aquel sentimiento que le aceleraba el corazón inundándolo de algo cálido. No pudo evitar que se le escapara una expresión de asombro al ver al chico que miraba Ueda el día anterior bajando las escaleras justamente del sitio a donde él se dirigía. Sintiéndose un poco molesto al saberse conocido por alguien a quien no conocía en lo absoluto, Akanishi lo miró tan fría y despectivamente que Fujiie se sintió absolutamente intimidado tan sólo con su actitud y como por inercia desvió la mirada; pero ahora le quedaba claro que ese chico también estudiaba ahí.

-Será mejor que no me meta con él…- Se dijo a sí mismo pues era una persona a la que no le gustaba meterse en problemas… así que creyó conveniente mantenerse lejos de alguien como él. Siguió su camino en cuanto se aseguró de que Akanishi se había ido.

 

La música desapareció justo cuando llegó al pasillo. Creyendo que y no encontraría a quien tocaba se resignó a seguir hacia donde se dirigía por principio de cuentas. Ahora la melodía era mucho más romántica y colorida… Fujiie se dio la vuelta y avanzó movido por el sonido encantador. Del otro lado de la puerta pudo ver aquella hermosa sonrisa que tanto había anhelado observar desde que se había despertado; mantenía los ojos cerrados dejándose llevar por las notas entremezcladas con sus sentimientos. Simplemente quería seguir mirando a Ueda… aunque no pudiera sentarse a su lado.

Parallel World Cap.3

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FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

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CAPITULO 3: El beso que mató una sonrisa.

 

 

Para cuando terminaron de tocar, la luz de día había desaparecido por completo. Las luces de la ciudad llenaban la noche con cientos de estrellas multicolores. Desde donde estaban, parecía como si la ciudad misma fuera una especie de mar de destellos de colores. Ueda permanecía recargado en el marco de la ventana contemplando aquella vista que tanto le fascinaba y que sólo podía ser vista desde las afueras de la ruidosa ciudad.

 

Lenta y sigilosamente, Ishigaki se acercó a él por la espalda, aguantándose con todas sus fuerzas la risa para no delatarse… sólo para acercarse lo suficiente como para soplar suavemente en su oreja. No podía evitarlo… Ueda siempre reaccionaba de una forma tan linda que cuando tenía la oportunidad, no podía contenerse. Sin embargo esta ve la tan esperada reacción no llegó, a cambio sólo recibió una nostálgica mirada y una sonrisa a medias… Sabiendo que no era bueno preguntar en ese momento, no le quedó de otra más que sonreírle mientras revolvía su lacio y oscuro cabello con los dedos. Fujiie contemplaba a aquel par desde el otro extremo de la habitación donde desconectaba y guardaba los cables de su bajo, preguntándose si acaso ellos dos eran más que amigos.

-Será mejor que me vaya… si no me doy prisa perderé el último tren…- No quería interrumpirlos, pero se hacía cada vez más tarde y ellos parecían no hartarse de no hacer nada mientras estuvieran juntos.

-¿Es tan tarde ya?- Ueda miraba con desgano el reloj que colgaba de la pared sobre la pecera. –Yo también me voy…- Tomó del respaldo del sillón su abrigo negro y comenzó a abotonarlo lentamente, resultaba obvio que no quería irse.

-¿Seguro que quieres irte?- Sabes que puedes quedarte…- Por el modo en que se lo dijo, dedujo que no sería la primera vez.

-No, puedo escuchar a mi almohada llamándome suplicante para que vuelva a casa…- Miró a Ishigaki una última vez sonriéndole de nueva cuenta de aquel modo que tanto le gustaba y los despidió agitando la mano desde la barandilla de la escalera cuando los vio salir a la calle después de perderlos de vista mientras bajaban las escaleras.

-¿También tomarás el tren, Ueda-san?- Tímidamente rompió por fin el silencio que había entre ellos.

-Llámame sólo Ueda, quieres?- Su voz era agradable.

-Seguro?- Le parecía extraño pues acaban de conocerse hacía apenas unas horas.

-Sip…- A través de los mechones de cabello y la capucha de su abrió sobre su cabeza, alcanzó a ver una cálida sonrisa.

 

A medida que se acercaban al parque comenzaron a sentir frío. Ueda caminaba con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo sin notar que era cuidadosamente observado por la delgada figura que caminaba uno o dos pasos detrás de él con las manos rojas por el frío.

-¿Lluvia…?- La suave voz de Ueda lo sacó de sus pensamientos. Ambos miraron hacia arriba al notar que la luz de la luna había desaparecido entre densas y oscuras nubes, finas gotas comenzaron a caer resbalando sobre sus rostros.

 

Para cuando llegaron al andén de la estación, ya estaban empapados de pies a cabeza… aquella leve llovizna se había convertido en tormenta en apenas unos minutos. Tuvieron que correr los últimos metros para no perder el tren. Al verse en el reflejo del cristal los dos echaron a reír al ver el aspecto que tenían. Por suerte su abrigo había impedido que su ropa se mojara, así que Ueda se desabotonó rápido y se lo quitó para atravesarlo en el pasamanos más cercano. Por el contrario Fujiie estaba completamente mojado, así que aunque se quitase la sudadera, no hubiese servido de mucho.

 

Su viaje transcurrió tranquilamente entre risas y una plática amena sobre música y comida… dos de las cosas favoritas de ambos. Su sorpresa fue mucha cuando descubrieron que Ueda vivía cerca de la universidad donde él e Ishigaki estudiaban… y todavía se sorprendió más al saber que Ueda también estudiaba ahí pues no recordaba haberlo visto antes.

 

Lo último que vio antes de que la puerta se cerrara y el tren se alejara de donde estaba parado fue una amplia y hermosa sonrisa de parte de aquel chico que le decía adiós con la mano a través del cristal… su mirada se había tornado más amable conforme habían estado hablando, su cabello oscuro, aún húmedo y despeinado, enmarcaba las delicadas y finas facciones de su rostro; por alguna razón que apenas si lograba entender, aquel chico que lo miraba mientras se despedían le parecía cada vez más fascinante, casi como si fuera algo a lo que se había vuelto adicto.

 

En su pequeño y acogedor apartamento todo seguía cómo lo había dejado cuando se fue… lo único que había cambiado era el brillo en sus ojos. Y mientras se daba un baño caliente, Fujiie se preguntaba si volvería a ver pronto a aquel enigmático chico que se ocultaba del mundo bajo el gorro de su abrigo.

 

Todo estaba oscuro cuando abrió la puerta; había salido con tanta prisa que había olvidado encender la luz del recibidor antes de irse. Una luz pequeña y roja parpadeaba al fondo de la sala. No estaba seguro de querer escuchar, pero podía ser algo importante, así que presionó el botón para oír el mensaje. Como suponía, no era más que su ex… después de haber ido por una toalla para secarse un poco el cabello, estaba completamente decidido a borrar el mensaje sin terminar siquiera de escucharlo… pero algo en el tono de su voz le dijo que algo había pasado… de pronto le pareció que Akanishi estaba conteniéndose el llanto y aunque no sabía la razón, podía sentir como si algo se agolpara en su pecho… el mensaje terminó, pero él seguía sentado junto a la mesita donde estaba el teléfono, apoyando ambos brazos sobre sus rodillas, cabizbajo, ocultando el rostro debajo de la toalla blanca… aunque no quería, sus tibias lágrimas cayeron sobre la duela de madera… Quería odiarlo… pero era demasiado tonto como para seguir preocupándose por él.

 

Ya estaba acostumbrado a levantarse temprano. Aún cuando no hacía más de 15 minutos caminando a la Universidad, le gustaba tomarse su tiempo para arreglarse y dejar todo en orden en su casa antes de marcharse. Ueda siempre había sido así, después de todo, su padre era un político respetado y desde pequeño tuvo que aprender a ser independiente y autosuficiente, aún si eso significaba estar siempre solo; ahora había terminado por disfrutar de la soledad y a veces olvidaba lo que era la compañía de alguien más… así, Akanishi había logrado convertirse en su todo… en un mundo donde la música era su vida, el amor se había convertido en una cálida luz brillante que le recordaba que ya no estaba solo… esa misma luz que empezaba a extinguirse rápida e inevitablemente. Caminó lentamente hacia el recibidor, tomó las llaves y su saco, se puso los zapatos y abrió la puerta. De algún modo, al ver dentro, de pronto su casa le pareció un poco fría y sombría. El sonido de la puerta al cerrarse disipó la nube de pensamientos estúpidos que azotaban su mente en ese momento. Caminar siempre le ayudaba a relajarse, así que al final decidió tomar el camino largo hacia la escuela, al fin y al cabo, tenía mucho tiempo de sobra.

 

Como todos los días, su despertador fue apagado inconscientemente en su afán por dormir un poco más. Ahora era su celular el que llenaba la habitación con una dulce melodía… de pronto abrió los ojos… por el tono sabía que era Yodogawa, lo cual sólo podía significar una cosa: otra vez se había quedado dormido… Se incorporó de la cama de un salto y buscó el celular. Mientras hablaba con su mejor amigo se daba prisa en cambiarse de ropa… el chico al otro lado de la línea le explicaba algunos detalles sobre arreglos que le había hecho a las canciones al tiempo que Fujiie se lavaba los diente, tras lo cual salió corriendo cargando el bajo y su mochila, cerrando de prisa y como podía la puerta. Si corría alcanzaría el tren de las 8:00 y sólo llegaría 15 minutos tarde, con lo cual aún tendría derecho a un retardo en vez de una falta.

 

Ueda caminaba tranquilamente por uno de los amplios jardines de la escuela rumbo al edificio donde tendría su primer clase del día. No pudo evitar quedarse inmóvil en cuanto vio a unos metros de donde estaba a Akanishi con Kamenashi despidiéndose afectuosamente al pie de las escaleras que él tenía que subir. No podía continuar… aún no se sentía capaz de enfrentarse a ellos, mucho menos si estaban, sabía perfectamente que la sonrisa amable de Kamenashi y la mirada cínica de Akanishi no harían más que destrozarle más el corazón… ya estaba harto de llorar, simplemente quería dejarlos atrás.

 

Aunque quiso seguir corriendo para ser el primero a quien le diera los buenos días, al contemplar aquella escena entendió que no obtendría a cambio aquella sonrisa que estaba anhelando volver a ver. Aquel par se alejó tras un largo beso. El rostro de Ueda le pareció el vivo retrato de la tristeza encarnada… y un fuerte dolor comenzó a oprimir su pecho al ver cómo aquel chico que emanaba tanta luz se encogía poco a poco, como si se escondiera del mundo. Fujiie no supo que hacer o que decir en ese momento… simplemente no pudo hacer nada… al final sólo lo vio alejarse y subir los escalones del edificio de la sección de piano y voz.

Parallel World Cap.2

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FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

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CAPITULO 2: El llanto que cantaba en una sonrisa.

Aunque le daba pena por Ishigaki, a Ueda le gustaba que viviera en el quinto piso, porque así podía hacer un poco de ejercicio al tener que subir las escaleras, pues el edificio no tenía elevador, después de todo, no podía vivir en un lugar muy costoso porque su trabajo a medio tiempo no se lo permitía.

Como siempre, tocó el timbre una vez y luego golpeó suavemente con la mano dos veces. De inmediato, aquella voz tan familiar le respondió desde el otro lado y luego su amable sonrisa le dio la bienvenida cuando abrió a puerta.

-Hola! En verdad no creí que fueras a llegar tan rápido…- Se hizo a un lado para que pasara y luego cerró la puerta.

-¿Por qué? Te dije que no tardaría…-

-Es que dijiste que sólo te bañarías y eso… pero siempre tardas horas en arreglarte!- Bromeaban como de costumbre mientras caminaban hacia la cocina.

-En verdad hiciste las crepas?!- Ueda apenas si podía creerlo cuando las vio en un platón, listas para ser preparadas.

-Claro! Dijiste que querías desayunar eso, no?-

-Waa~! Gracias Dai-chan!- No era para nada raro que entre ellos se trataran con bastante cariño, habían sido amigos desde que Ishigaki entró a la escuela secundaria donde Ueda estudiaba, comenzando una gran amistad debido a su afición por la música… su amistad había sido cuidadosamente cultivada todos estos años, y nunca nadie ni nada había logrado perturbarla ni siquiera un poco. Hasta Akanishi a menudo se sentía celoso por la forma en la que amos se trataban, y a pesar de lo que muchos pensaban a veces, ellos nunca habían sido ni serían algo más que amigos.

-Gaki… gracias! Ya dejó de sangrar…- Ueda volteó  enseguida al reconocer aquella voz, podía olvidar los rostros de las personas fácilmente pero no sus voces, aunque apenas si cruzaron palabras, su oído no podría haber olvidado aquella voz… nunca se equivocaba.

-Ah! Yori-kun…- Le respondía amable Ishigaki al verlo en la sala.

-Ustedes… se conocen?- Preguntaba Ueda un tanto incrédulo al ver que Ishigaki, quien generalmente llamaba a todos por su apellido, trataba tan familiarmente a aquel chico.

-Sí, él es mi kohai en la universidad… aunque eso es un poco raro ya que es un año más grande que yo jejeje, como sea!… se llama Fujiie… Fujiie Kazuyori…-

-Mucho gusto… Soy Fujiie…- El chico se puso rojo hasta las orejas y apenas si lo miró cuando le dio la mano.

-Igualmente… yo soy Ueda Tatsuya…- sus miradas se cruzaron inevitablemente cuando Ueda le sonrió, Fujiie no pudo quitarle los ojos de encima, algo en su pecho le había dado un vuelvo increíble… era algo que nunca antes había sentido… y mucho menos con un chico. -Lamento muchísimo lo que pasó hace rato, cómo se encuentra tu rodilla?- Ueda de inmediato fijó su mirada en el vendaje que se había colocado cuidadosamente con cinta micropore.

-Sí, no fue nada grave no te preocupes… apenas si molesta… no te preocupes…- Fujiie se apresuraba a negar con ambas manos, simplemente resultaba adorable aún cuando moría de nervios.

-¿Eh? Ya se conocían? Tat-chan, tú fuiste quién derribó a nuestro pequeño Yori en el parque?…- Al instante sus mejillas se tiñeron del mismo tono rojo intenso de sus labios cuando Ishigaki dedujo lo que había pasado.

-Gaki!… también fue mi culpa por ir corriendo distraído… porque yo sí lo vi… él a mí no…- Ueda miró de reojo a Fujiie y le dirigió una cálida sonrisa mientras volvía inclinarse a modo de disculpa.

-Ok, ok… entre que fue culpa de Tat-chan o fue tu culpa, mejor desayunemos… supongo que te irás antes de que se ponga el Sol, verdad?- Aquellas palabras no obtuvieron la reacción habitual de parte de Ueda, en vez de una tímida sonrisa y su típico “no digas esas cosas!”, esta vez, por un breve instante antes de que girara su rostro hacia otro lado, Ishigaki creyó ver un par de lágrimas luchando por escapar de sus ojos melancólicos… sólo ese par de segundos fueron suficientes para que se diera cuenta de que Ueda y Akanishi habían terminado. Sin embargo, aún cuando él lo sabía perfectamente , lo veía sonreír y actuar como si nada pasara, lo cual no hacía más que preocuparlo por cómo se sentía en realidad, Ueda siempre había tenido problemas para mostrar sus sentimientos, debido a su entorno siempre había sido tímido y muy reservado, así que sí, definitivamente estaba preocupado por él.

Hacía mucho que no tenían un rato tan agradable juntos, la compañía de Akanishi se le había vuelto casi intolerable, odiaba el modo en que trataba a Ueda… sobre todo porque Ishigaki lo había descubierto mucho antes que su mejor amigo… Akanishi se había estado acostando con uno de sus compañeros de clase… un chico delgado de cabello oscuro al que Ueda conocía muy bien y a quien le tenía mucho aprecio… Kamenashi Kazuya… su compañero de casa.

La impresión de encontrarlos juntos había sido demasiada para el pobre chico… Ishigaki lo sabía perfectamente, había sido él quien abrazó a Ueda mientras lloraba desconsoladamente tras dos horas en las que sólo se quedó derrumbado en el piso de su departamento, justo bajo la ventana desde donde ahora miraba el exterior,  sujetando con fuerza su mano sin decir una palabra… casi como si fuera un muerto en vida… y es que en cierta parte, ese día había muerto algo dentro de él.

Ahora no podía evitar sentirse culpable, después de todo había sido idea suya citar a Akanishi para hablar una última vez… Ueda no tenía ni la menor intención de volver a su lado… sólo había algo que no era capaz de perdonar… la traición. Simplemente quería que Akanishi le explicara qué había pasado entre ellos, porque la incertidumbre lo estaba matando… el no saber qué había pasado cómo para que las cosas hubieran terminado así lo estaba torturando al grado de robarle el sueño y e apetito… las dos cosas que más disfrutaba en la vida después de la música. Preocupado por su estado, Ishigaki le sugirió hablar con él una última vez, creyendo que Akanishi no se negaría, después de todo, en un par de días hubiera sido su cuarto aniversario juntos y eso debía ser algo aún para alguien como él. Pero al parecer nada de eso había tenido importancia para Akanishi, al menos ya no.

Y por primera vez en la vida, le dolió verlo sonreír… porque entendió a la perfección que detrás de esa radiante sonrisa que tenía mientras ponía más helado de chocolate en el plato de Fujiie, se escondían amargas y dolorosas lágrimas dentro de su corazón.

-Ishigaki… ¿él es quien te ayuda con tu proyecto de tesis?- Le preguntó Fujiie cuando Ueda se levantó para llevar los platos sucios a la cocina.

-Sí, Tat-chan es en verdad increíble… mucho más talentoso que yo…- Ueda se avergonzaba un poco cuando escuchaba que dijera esas cosas porque le parecían sólo exageraciones de su amigo.

-¡¿eeh?! Me cuesta creer que haya alguien que toque mejor que tú el piano…- Fujiie puso sus ojos sobre aquel misterioso chico.

-Pues deberías creerlo… él fue quien me enseño a tocar y quien despertó en mí el amor por la música…- Ishigaki siempre hablaba así de Ueda, para él era un amigo muy importante y con quien siempre estaría profundamente agradecido.

-¿De verdad?… Me gustaría escucharlo tocar algún día…- Su interés por aquel chico que caminaba hacia el fondo de la habitación seguía creciendo a medida que sabía más de él.

-Será en otra ocasión porque hoy sólo tocará la guitarra para mí…-

-¿Qué…? ¡¿También toca la guitarra?!- Estaba en verdad sorprendido.

-¿Están hablando de mí…?- El repentino aumento en el volumen de voz de Fujiie los delató inevitablemente, por lo que se avergonzó al ver que Ueda lo miraba divertido de que se llevara las manos a la boca como para detener las palabras que ya habían sido pronunciadas.

-Así es… sólo presumo a mi querido Tat-chan…- Realmente disfruta ésa expresión en el rostro de su amigo cuando se ruborizaba.

-Sueles ser exagerado, sabes?- Ueda continuó conectando los cables de la guitarra que tenía en casa de su amigo al amplificador. Aunque a Akanishi  también le gustaba mucho la guitarra, en casa no podía practicar a gusto, pues se ponía de muy mal humor si no lo dejaba dormir por la tarde antes de irse  a trabajar; así que mejor había optado por practicar en casa de Ishigaki durante esas horas.

Fujiie no pudo evitar mirarlo con los ojos abiertos de par en par… aunque Yonemura, su senpai y amigo de la Universidad con quien estaba empezando una banda, era de verdad bueno… No temía equivocarse al afirmar que la técnica de Ueda era mucho mejor… algo en su música… en su forma de tocar… algo en él lo hacía un espectáculo maravilloso… y de pronto le pareció ver a alguien completamente diferente frente a sus ojos… alguien sin ataduras… absolutamente libre como ésa melodía… y entonces entendió que éste era el verdadero Ueda Tatsuya… el que se fusionaba con cada cuerda, cada acorde, cada note… y por varios minutos ni él ni Ishigaki pudieron hacer o decir nada excepto contemplar aquella escena… como si ambos temieran que desapareciera si parpadeaban siquiera.

Parallel World Cap1

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~Hana no mau machi / Ueda~

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CAPITLO:  Las hojas que flotaban en el viento.

La lluvia caía incesantemente al otro lado del ventanal… los acrílicos alrededor de los focos le daban una calidez agradable al café donde Ueda miraba las gotas resbalando a través del cristal, mientras permanecía sentado en una mesa de la esquina jugando con el popote en su vaso… Su abrigo era el único que no estaba mojado… ese detalle aunado a que sus guantes y su bufanda reposaban en el asiento de un lado, denotaban que llevaba por lo menos una hora esperando en la cafetería, pues era más o menos el tiempo que llevaba lloviendo en Kanagawa.

Los minutos continuaban pasando y su teléfono celular seguía sin sonar… poco a poco su rostro dulce y apacible dio paso a la decepción mezclada con tristeza… La leve sonrisa irónica que se dibujó fugazmente en la comisura de sus labios rojos dejaba en claro que la situación  no le resultaba inesperada… después de todo, Akanishi nunca lo había visto como algo serio… no era más que su juguete para las noches en que no podía tener a Kamenashi.

Y al final, lo que había sido planeado como una cena para dos… terminó servida intacta sobre la mesa, ahora vacía, al tiempo en que Ueda salía del lugar acomodándose la bufanda dentro del abrigo y echándose encima la capucha para ocultar su rostro de la gente que lo miraba en la avenida… no debía llorar… no valía la pena.

El frío de la madrugada junto con el timbre de su celular en alguna parte de la alfombra cerca del sillón donde se había quedado dormido, terminaron por despertarlo; a tientas, aún con los ojos cerrados, trataba de alcanzar el móvil para contestar… por la melodía que hacía eco en la quietud de su departamento, sabía que era Ishigaki quien lo llamaba… y siendo él, era seguro que se trataba de algo importante.

-¿Daisuke?-

-¿Tatsuya? Lo siento… ¿Te desperté, ne?-

-No te preocupes… igual no lograba descansar del todo… ¿Qué pasa?-

-¿Tienes planes par ahoy?-

-Realmente no… ¿por qué preguntas?-

-¿Podrías escuchar algunas canciones que compuse para mi examen final de la escuela?-

-Seguro… sabes que siempre puedes contar conmigo.-

Muchas gracias… Sería mejor que te deje dormir un poco más… ¿te veo por la tarde?-

-Mmm… no, sólo me baño y te veo en tu casa… te prepararé el desayuno…-

-¡Ah! No! En todo caso, lo debo prepararé yo… ¿de acuerdo?-

-OK! ¿Podríamos desayunar crepas? En verdad amo tus crepas!…-

-Jajaja… de acuerdo… Aquí te veo…-

La música sonaba un poco alto en sus audífonos mientras iba de pie recargado en un pasamanos cerca de la puerta en el tren, como de costumbre, evitaba que los demás lo miraran demasiado escondiendo su  rostro debajo de los mechones lacios de cabello que caían sobre su frente y mejillas. Si acaso alguien le habló, ni siquiera se dio cuenta; no se percato ni de las dos chicas sentadas frente a él que no habían dejado de coquetearle hasta que bajó del tren… y no es que no las hubiera visto, después de todo, una de ellas le resultaba por demás atractiva, simplemente era que odiaba a las chicas fáciles y en ese momento no quería iniciar una nueva relación, si acaso era que lo que  tenía con Jin podía haber sido considerado una relación.

La caminata hasta el departamento de Ishigaki siempre le resultaba agradable; y nada disfrutaba más del paseo que caminar por el parque en esta época del año cuando el verde de las hojas comenzaba a cambiar de color. El viento un tanto frío sobre su rostro entremezclado con el sonido del requinto de la guitarra eléctrica lo sacaron por un momento de la realidad… un breve instante en el que no pudo darse cuenta de que detrás suyo venía un chico delgado y de rostro infantil corriendo a toda prisa mientras cargaba al hombro un estuche negro de algún instrumento musical, así como su mochila y un montón de papeles entre las manos… un breve instante en el que se detuvo de súbito y extendió la mano para atrapar una hoja de arce color dorada que caía meciéndose suavemente con el viento… un breve instante en el que golpeó a aquel chico haciendo que sus hojas llenas de tablaturas terminaran esparcidas en el aire para caer al suelo.

-Lo siento mucho…- se quitó de inmediato los audífonos.

-… y justo cuando ya voy tarde…- le escuchó decir bastante preocupado.

-Lo siento muchísimo…- Decía una y otra vez inclinando la cabeza.

Ambos levantaban las hojas tan rápido como podían, Ueda estaba tan apenado que apenas si se atrevía a mirarlo a la cara; el otro chico parecía tan angustiado que ni siquiera notó el raspón en su rodilla.

-Toma…- Ueda extendió amablemente el pañuelo, aunque el chico lo miraba desconcertado y no lo tomaba. Ueda lo puso con cuidado sobre el raspón para limpiar los rastros de sangre que comenzaban a salir debido a la posición en la que el chico estaba mientras recogía sus cosas.

-Oh… gracias…-

Ahora era el otro chico quien se sonrojaba un poco mientras Ueda le amarraba cuidadosamente su pañuelo cubriéndole la herida. Acto seguido, le ayudó a levantarse y se despidió de él viendo como se alejaba lo más rápido que podía justo en la dirección a la que él mismo se dirigía… En el momento en que se disponía a seguir su camino, algo que brillaba en el piso llamó su atención, se agachó para levantarlo y lo tomó en la palma de su mano… era una pulsera de plata con unos pequeños dijes colgados… “F” y “K”. De inmediato levantó la mirada pero el dueño de aquella pulsera había desaparecido de su vista entre la multitud que cruzaba la avenida.