Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

Archivo para Ishigaki Daisuke

Parallel World Cap.14

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 14: La ciudad de las flores danzarinas.

 

 

La luz roja sobre la puerta doble se apagó. El doctor salió para darles las buenas noticias: la cirugía había sido un éxito. En la sala de espera, todo eran risas y hasta lágrimas de felicidad. Ahora era donde comenzaba la verdadera batalla, pues de la rehabilitación dependería si podría volver a tocar o no, pero no sería para nada sencillo.

-Muchisimas gracias doctor!- Decían a coro Ueda, Ishigaki y Yodogawa.

-Será mejor que vayan a casa, él no despertara hasta mañana. Con permiso…- Se despidieron del hombre con una reverencia de profunda gratitud y de inmediato Yodogawa se abrazó a Ishigaki, se sentía por demás aliviado de que todo saliera bien. Okura los miraba desde donde estaba sentado; al percatarse, Ueda fue con él.

-Creo que deberías hablar con él…- Puso su mano en su rodilla y le dedicó una sonrisa de complicidad mirando de reojo a Ishigaki. -Dai-chan! ¿Puedes adoptar por esta noche a Okurin?- Dijo de pronto poniéndose de pie dejando desconcertados a Ishigaki y a Okura. Dándose cuenta  de lo que pretendía, Yodogawa fue junto a Kamenashi.

-Sí, Kamenashi y Yonemura se quedarán conmigo, necesito su ayuda chicos, no quiero repetir este curso…- Parecía preocupado por los resultados de su último examen. A Kamenashi realmente le daba igual, así que aceptó. Sin tener nada que decir, Ishigaki tuvo que resignarse a seguir sin querer el plan de Ueda.

 

Bajaron todos juntos a cenar algo en la cafetería. Parecían mucho más relajados ahora que tenían la seguridad de que Fujiie estaría bien. Igo estaba con sus bromas y chistes habituales arrancándoles ataques de risa a Kamenashi y Okura que no los habían escuchado ya por milésima vez cuando timbró su celular.

-Sé que me aman y que me echaran de menos mi querido público, pero debo partir pues requieren mi presencia y mi talento musical en otro lado…- Imitaba a algún personaje de la Edad Media apoyando el pie sobre la silla.

-¿Goto-kun necesita tu ayuda otra vez?- Preguntaba divertido Yonemura pues últimamente éso no era cosa rara.

-Jejejeje… así es. No puedo hacer nada pues mi guitarra es el mejor complemento para su violín…- Se puso la chamarra, se despidió de todos y calió casi corriendo.

-Veo que ser medio mandilones es un mal de este selecto círculo, verdad?- agregaba sarcásticamente Yodogawa moviendo en gesto de desaprobación la cabeza enfatizando con las manos que no tenían remedio.

Al final se despidieron de Ueda y se fueron del hospital, ya volverían mañana para ver a Fujiie.

-Espero que ya dejes de perder el tiempo, a menos que quieras sólo esperar a ver cómo sube de nuevo al tren y se aleja de ti…- Susurró en su oído cuando lo abrazó. Ishigaki se sonrojó y lo miró asustado pues nunca le había dicho a nadie sobre éso.  Al ver la sonrisa de Ueda, entendió que todo había sido idea suya y sólo asintió con una sonrisa.

 

Se disponían a desayunar. Ya que no habían podido dormir mucho, tenían que recuperar energía de alguna manera. Lo primero que vieron cuando encendieron el televisor fue la noticia del escándalo en el mundo de la política: el hijo mayor del candidato Akanishi a Senador por parte del Partido Liberal Democrático había recibido el acta de formal prisión, con lo cual probablemente su imagen como político había terminado debido a todo el escándalo detrás del incidente.

-Dai-chan, será mejor que llamemos a Tatsuya…- Decía sin siquiera mirarlo ni percatarse de que la mermelada de su pan tostado estaba ahora sobre su mano y su pantalón.

-Definitivamente…- Apenas si pudo pasarse el bocado que tenía en la boca. –Tadayoshi…- Señaló su pantalón cuando logró que volteara.

-Waaa~! Pero si seré tonto…- Puso el pan sobre el plato y se levantó buscando un trapo para limpiarse.

-Lo bueno es que todavía no te ponías la camisa…- Decía como burla Ishigaki mirándolo desde el comedor.

-Cállate~…- Se veía adorable apenado ruborizándose mientras se lavaba las manos.

 

Los pétalos de las flores de cerezo caían como copos de nieve por toda la calzada principal que atravesaba la universidad, confiriéndole un aspecto por demás hermoso a la escuela.

Los nervios le estaban destrozando el estómago, sentía que había pasado una eternidad desde la última vez que había estado ahí y se preguntaba qué pasaría de ahora en adelante. Odiaba admitirlo pero estaba asustado. Había demasiados malos recuerdos a su alrededor.

-O-ku-ri-n~!!!- Sabía que era Ueda sólo por el olor de su cabello así que su sonrisa le iluminó el rostro al  momento.

-Uepi, ohayou~!- cuando se giró se encontró directamente con Ishigaki que venía con él.

-Okaeri!- Su expresión de sorpresa dio paso a la felicidad absoluta.

-Tadaima…- Estaba un poco molesto consigo mismo por haberse sonrojado apenas al verlo pues todo el viaje se había dicho a sí mismo que debía comportarse como el chico de la relación, empezando porque era mayor que Ishigaki, pero no podía evitar reaccionar como colegiala enamorada en cuanto lo tenía frente a sus ojos.

Se quedaron mirándose en silencio hasta que por fin Okura lo tomó de la mano y se lo llevó rumbo a la sección de piano para acompañarlo a su salón. Un par de metros adelante fueron abordados por todos los antiguos amigos de Okura, quienes también le daban la bienvenida después de tanto tiempo sin tenerlo por la ciudad. Entre ellos estaba Nishikido acompañado como siempre de Uchi.

-En verdad volviste Tacchon…- Su reacción era en verdad extraña.

-Sí, tenía motivos más que importantes para volver…- Okura le dedicó la más encantadora de sus sonrisas y lo pasó de largo con Ishigaki de la mano, dejando anonadado a Nishikido y asombrados a los demás pues nunca lo habían visto actuar así.

 

Ueda había contemplado aquello divertido… Nishikido se lo merecía por haberle rotó el corazón a su amigo, pero gracias a ello, ahora era realmente feliz con alguien que sí lo amaba, con alguien que sí se merecía a alguien tan maravillosos como su amigo. Metió las manos en los bolsillos de su abrigo negro, había algo pequeño dentro, se disponía a sacarlo para contemplarlo nuevamente cuando algo llamó de pronto su atención haciendo que les quitara los ojos de encima y se olvidara de todo lo demás… Una flor de cerezo caía mecida por el viento… como por inercia estiró la mano dando un paso adelante para tomarla en la palma de su mano, le extrañó que la flor hubiera caído del árbol intacta.

-Veo que no aprendes… es peligroso que hagas eso, sabes? Podrías golpear a alguien y hacer que cayera al suelo…- La voz un poco grave pero llena de ternura con tintes de timidez lo hizo sonreír enseguida.

-No, no creo que sea peligroso… además que sólo funciona contigo… eres el único que está cerca de mí cuando lo hago…- Se dio la vuelta para mirarlo y tenerlo cerca. –Cierra los ojos…- Su expresión era por demás adorable con todos aquellos pequeños pétalos rosa pálido a su alrededor. No quería perderse aquello pero al final lo obedeció.

Aferraba la correa de su mochila con ambas manos, el estuche negro de su bajo colgaba de su hombro izquierdo. Lucía justo como la primera vez que lo vio en el parque. Tomó suavemente su mano derecha y puso con cuidado lo que tenía en su mano sobre ella. Besó sus labios por un par de segundos mientras le entrecerraba la mano cuidando que no aplastara lo que le había dado. Luego lo soltó y dio un paso hacia atrás. Fujiie abrió lentamente los ojos atontado todavía por aquel beso.

-Ah?!…- Abrió la mano para ver lo que le había dado. –Está completa…- Susurro mirándolo con una dulce sonrisa.

-Sip…- Ueda le asintió con una sonrisa de satisfacción al constatar que había obtenido lo que esperaba con aquel detalle, se había ruborizado un poco, volvió a meter las manos en los bolsillos y recordó lo que guardaba dentro, lo tomó y apretó la mano para darse valor. Fujiie bajó la vista para observar la pequeña flor. –Te eligió… así que la atrapé para ti antes de que desapareciera…- Lo miró de inmediato. A veces decía cosas así de raras pero en vez de molestarle, le gustaba. Entrecerró la mano y se acercó a Ueda.

-Pues dice que a cambio te regale algo…- Había terminado por gustarle el seguirle la corriente cuando hablaba de seres fantásticos y cosas por el estilo, no sabía mucho al respecto así que le resultaba fascinante.

-¿Ah sí?… ¿y qué…?- Fujiie lo besó por primera vez en público. Ueda apenas si lo podía creer, nunca antes lo había hecho porque le daba mucha pena. Estaba que no cabía en su cuerpo de la felicidad. Puso sus manos alrededor de su cintura, con cuidado para no tirar lo que sujetaba y lo atrajo contra su cuerpo para corresponderle aquel beso.

Una brisa fresca pasó a través de sus cuerpos agitándoles el cabello y meciendo los árboles que los rodeaban. Cientos de pétalos y pequeñas flores caían por todos lados debido al viento, flotando en el aire como si bailaran a su alrededor. Ambos se miraban contemplando lo más hermoso que sus ojos habían visto jamás. Un momento mágico y eterno que recordarían para siempre. Ueda acercó su mano a la cara de Fujiie y la abrió para que viera lo que tenía. La pequeña cadena de plata que encontró en el piso el día que lo conoció  había sido reparada. Apenas si podía creerlo, incluso se pellizcó para saber si estaba soñando. Ueda soltó una ligera risita al ver la mueca de dolor en su carita de asombro. Tomó la pulsera entre sus dedos y la abrochó en tornó a su muñeca. Fujiie levantó la mano a la altura de sus ojos y contempló las pequeñas iniciales de su nombre que colgaban de los pequeños arillos plateados que las sujetaban a la cadena, justo como había hecho aquel día que vio a su abuela por última vez. Las lágrimas se contenían trabajosamente a punto de desbordarse. Movido por la emoción de haber recuperado algo extremadamente valioso y preciado que creyó haber perdido para siempre, se arrojó contra él para abrazarlo rodeándole el cuello con ambos brazos llenándole la cara de besos, diciéndole una y otra vez “te amo” y “gracias” a lo que Ueda un poco desconcertado pero absolutamente feliz no pudo más que corresponderle el abrazo y sonreírle deseando que pudieran vivir en esa ciudad llena de colores y melodías juntos por siempre.

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Parallel World Cap.13

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FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

CAPITULO 13: Comienzo y reencuentro. 

 

Cuando abrió la puerta se topó directamente con Fujiie quien lo miraba desconcertado pues acababa de despertar y al que esperaba ver era más bien Ueda.

-Ah… buenos días… te llamas Fujiie, verdad?… Yo soy…- Estaba ruborizado a más no poder, no sabía qué hacer o decir.

-Kamenashi-senpai.- Lo interrumpió. Una de las ventajas de ser amigo de Igo y Yonemura era que podías conocer a muchas personas.

-Ya nos habían presentado antes?- Estaba apenado pues no podía recordarlo.

-Sí, Ishigaki nos presentó a principios de año, tocó para ti en tu presentación final del primer período…- Por el contrario, Fujiie tenía buena memoria, además le gustaba mucho la voz de Kamenashi, así que era obvio que lo recordaba.

-Oh, ya veo… disculpa, soy un poco despistado…- De pronto se preocupó, tal vez también sabía de lo suyo con Akanishi.

-No te preocupes… además yo soy alguien fácil de olvidar…- Su risita desvaneció sus temores.

-Oh! Ya se levantaron… Desayunamos?- Ueda entró de pronto cargando un par de bolsas que dejó sobre la mesita de centro, tomó un suéter gris del respaldo del sillón y se lo puso a Fujiie. –Está haciendo un poco de frío…- Le sonreía al tiempo que se lo abotonaba.

 

Después de tomar el desayuno se quedaron viendo una película. El celular de Kamenashi comenzó a sonar. Palideció de inmediato, sólo podía ser Akanishi. Ueda lo miró preocupado. Fujiie no entendía lo que estaba pasando pero no creyó que fuera conveniente preguntar, parecía que era algo delicado. No sabía qué hacer, sólo miraba fijamente la pantalla; Ueda se levantó y le quitó el teléfono de las manos para colgar, tras lo cual se guardo el móvil en el bolsillo.

-Le pediré a Dai-chan que te compre uno nuevo… será mejor que no tenga cómo localizarte en lo que todo se calma.- Su tono de voz no aceptaba un “no” por respuesta y en cierto modo ni siquiera pensó en hacerlo, él también sabía que sería lo mejor.

-Gracias Tatsu…- Fujiie fue el único que se dio cuenta de que temblaba y por eso trataba de esconder sus manos dentro de los bolsillos. Ueda llamó Ishigaki y le pidió que trajera algunas cosas de su casa cuando viniera de camino al hospital. Ishigaki tenía copia de la llave de la casa de Ueda, siempre había sido así desde que se volvieron amigos.

 

No llegó solo. Yonemura venía con él. Los dos parecían molestos al advertir la presencia de Kamenashi en la habitación. Sacaron a Ueda dejándolo a solas con Fujiie, quien cada vez entendía menos lo que estaba pasando.

-Lo siento…- Dijo Kamenashi rompiendo por fin el silencio.

-¿Por qué te disculpas?- Lo miraba extrañado.

-Esto es mi culpa… no debería estar aquí, será mejor que no le cause más problemas a Ueda y que me vaya de una buena vez…- Fujiie se preocupó ante su comportamiento.

-Quédate por favor… Ueda no estará tranquilo si sabe que te puede pasar algo…- Kamenashi lo miraba confundido, le remordía la consciencia.

-Si supieras lo que hice… lo que le hice a Tatsuya… no dirías éso…- Se dejó caer en el sillón sujetando su frente con ambas manos apoyando los codos en las rodillas.

-No me importa… a pesar de lo que haya sido, Ueda se preocupa por ti y te ha perdonado… yo no soy nadie para juzgarte ni a ti ni a él…- Se sorprendió por su reacción, se sentía culpable aunque no le había hecho nada.

-Es que…- El nudo en su garganta le dificultaba continuar. -…Yo fui quien alejó a Jin de Ueda… lo traicioné…- Terminó por romper en llanto al ver que se le acercaba.

-Ya lo sabía…- Se sentó a su lado y lo abrazó. Los tres los miraban desde la entrada intercambiando miradas de aprobación y desaprobación.

-Si a Fujiie no le molesta, ustedes no deberían quejarse… no dejaré solo a Kame para que Jin le haga algo…- Ueda sonaba demasiado serio.

-En éso tiene razón Daisuke… si podemos evitar que alguien más pase por lo mismo que Yori, creo que deberíamos ayudar.- Al verse en desventaja, Ishigaki no tuvo más remedio que aceptar que Ueda cuidara de Kamenashi. Tanto como Fujiie como Ueda tenían razón… a veces era bueno perdonar y dejar atrás el pasado.

 

Para cuando llegó la hora de la comida Igo y Yodogawa ya habían llegado también, sintiéndose sin derecho a opinar, terminaron por aceptar lo que habían decidido los demás. A pesar de todo y de que hasta sentía que se lo merecía, Yodogawa no quería más tragedias en su vida, que hasta ahora había sido muy tranquila, y si Kamenashi estaba dispuesto a testificar contra Akanishi para que pagara por lo que le había hecho a Fujiie, entonces ayudaría a mantenerlo a salvo.

 

Los abogados de Ueda se reunieron con ellos por la tarde, el video en el celular de Akanishi era evidencia suficiente para procesarlo.

-Kame-chan… estás seguro de querer hacer ésto?… Entenderé si prefieres no hacerlo…- Todos miraban a Ueda mientras le decía aquello a su amigo.

-Lo haré!… Si ésto es lo único que puedo hacer para enmendar mis errores del pasado y que puedas volver a ser feliz, lo haré Ueda… No puedo amar a Jin sabiendo de lo que es capaz…- Su determinación dejó a todos sorprendidos.

 

Los días pasaban entre risas y preocupaciones. La fecha para el juicio ya había sido determinada. Tal como lo habían dicho los abogados, las evidencias hablaban por sí solas, así que no hubo mayores problemas. Por su parte el abogado del padre de Akanishi trataba de establecer un acuerdo fuera de los tribunales, no querían que la imagen del futuro senador se estropeara por los escándalos de su hijo mayor, pero todos sus intentos fueron en vano, sabían que ganarían el caso y que Akanishi pasaría un par de años en prisión; definitivamente ni querían ni necesitaban los millones que ofrecían, éso quedó más que claro, después de todo, aún la cantidad más grande era nada en comparación de lo que Ueda tenía en su cuenta personal gracias a sus recitales y su familia.

 

De algún modo les preocupaba que Akanishi no hubiera hecho nada hasta ahora, seguramente estaba planeando algo y la incertidumbre no los dejaba en paz.

 

Ueda se había encargado de tramitar un permiso de ausencia para Fujiie, pronto iniciaría el último trimestre del año escolar y aún no recuperaba por completo la movilidad en su mano. Su segunda cirugía ya estaba programada y dependiendo de los resultados verían si podían iniciar el programa de rehabilitación o si tendrían que operarlo una vez más. El tío de Ueda, que era el director y dueño del hospital, se había encargado de traer a los mejores especialistas; su sobrino se lo había pedido mucho y nunca lo había tan feliz antes.

 

El día de la cirugía había llegado. Todos le dieron palabras de ánimo a Fujiie y salieron de la habitación dejándolo a solas con Ueda.

-¿Tienes miedo?- Preguntaba mientras le ayudaba a desvestirse para ponerse la bata azul-verde que le había llevado antes la enfermera.

-Nop… no tengo por qué…- Su sonrisa era justo la misma que vio la primera vez. Se inclinó y  lo besó.

-Te amo…- Fue lo único que alcanzó a decirle al oído antes de que llamaran a la puerta y entrara el personal médico para llevárselo al quirófano.

 

-¿Uepi?- La voz del otro lado del teléfono sonaba un poco desesperada.

-¿Okurin?- Sabía perfectamente quién era aún cuando llamaba desde un teléfono público.

-Sí… me enteré de lo que pasó… Estoy afuera de tu casa, dónde estás?- Ocurra había viajado desde Osaka en cuánto se enteró por Yasuda de lo que había pasado con Akanishi, aún cuando tenía un enorme motivo para no volver a Tokio.

-Estoy en el Hospital Central… Okurin, no debiste venir Ni…- Le preocupaba su amigo, había sufrido mucho y no quería que por su culpa tuviera que reabrir viejas heridas.

-Voy para allá…- Lo interrumpió al instante; no quería que mencionara siquiera su nombre.

 

Ueda ya lo esperaba en la entrada cuando se bajó del taxi. Tan pronto como lo vio le regalo su mejor sonrisa; hacía mucho que no se veían pero recordaba a la perfección su aroma y la calidez de su abrazo.

-Te eché mucho de menos…- Le decía Ueda estrechándolo tanto como podía sin lastimarlo.

-Yo también… ¿Cómo está él…?- Se sentía un poco mal por no recordar su nombre, pero Yasuda no era la mejor persona para pedir información por teléfono.

-Fujiie…? Aún no sale de cirugía pero confiamos en que todo saldrá bien. ¿Cómo sigues tú?- Después de lo que había pasado con Nishikido y de lo mal que se había portado Akanishi con él, Ocurra había caído en una horrible depresión y prefirió alejarse de todo.

-Bien… ya estoy bien, no te preocupes…- Sabía que podía creer en sus palabras. Habían sido mejores amigos desde hacía mucho tiempo y podía ver que lo decía en serio. Nuevamente era el mismo Ocurra Tadayoshi de antes de su relación con Nishikido.

 

Ueda le explicó lo que había pasado en los últimos tres meses mientras caminaban hacia la sala de operaciones. En cuanto lo vio, corrió a abrazarlo, aunque nunca se lo había dicho, Ishigaki había estado enamorado de él desde que Ueda se lo presentó y aún por encima de eso, lo consideraba un gran amigo y admiraba su talento musical, incluso habían formado una banda en la secundaria junto con otro de sus viejos amigos, Kitayama, quien era el vocalista y vecino de Okura. Las presentaciones vinieron después ya que Kamenashi era el único que ya lo conocía.

-¿Cuánto tiempo te quedarás Tada-chan?- Ishigaki guardaba la esperanza de que algún día decidiera regresar.

-Aún no lo sé… dependerá de un par de cosas… y de un par de personas…- Dijo lo último más como para sí mismo, al ver tal tristeza en sus ojos se preocupó ante la posibilidad de volverlo a perder debido a Nishikido, pues le quedó claro que no quería encontrárselo.

-No le des importancia a lo que no lo tiene, de acuerdo?… Todavía habemos quienes te queremos en nuestra vida y que queremos de vuelta tu batería…- Ueda se sentó a su lado y lo abrazó, a pesar de que Ishigaki nunca se lo había dicho, él se había dado cuenta de lo que sentía por Okura mucho tiempo atrás y ahora era la ocasión perfecta para agradecerle por haberle traído a Fujiie a su vida.

 

Kamenashi se sentía fuera de lugar. De pronto sintió como que no pertenecía a ése lugar… no lo merecía. Salió a la terraza a tomar un poco de aire fresco, eso si que le hacía falta. Se había pasado los últimos dos días encerrado en el departamento de Ishigaki pues Akanishi lo ido a buscar a casa de Ueda, en vano pues Yodogawa había intuido bien esa posibilidad y sugirió que se quedara en su departamento unos días mientras Ishigaki presentaba finales en la escuela para que no se quedara solo, tras lo cual volvió con él para que Yodogawa pudiera hacer lo mismo; pero a estas alturas ya estaba harto de estar de un lado para otro molestando a los amigos de alguien más. Extrañaba su casa, pero sabía que era el lugar menos seguro aún si cambiaba la cerradura porque Akanishi encontraría la forma de entrar y él no tendría forma de salir. Así que no le quedaba más remedio que esperar a que todo terminara. Suspiró. La nieve había comenzado a caer.

 

Parallel World Cap.12

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FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 12: La verdad detrás de un “te amo”.

 

 

El doctor y el guardia por fin habían salido de la habitación. Ueda no lograba entender muy bien el por qué Fujiie había decidido mentirles y ocultar lo que Akanishi había estado a punto de hacerle diciendo solamente que era alguien de la escuela con quien tenía problemas. Le daba la impresión de que no quería causar más problemas y que tampoco deseaba que le pasara nada malo a Akanishi. Fujiie era ese tipo de persona a la cual no le gustaba traer problemas a los demás ni que le sucedieran cosas feas a la gente que apreciaba.

 

Después de que el médico revisara su mano y descartara cualquier daño adicional, por fin volvieron a quedarse a solas dentro de la habitación. Ahora el chico yacía dormido entre sus brazos después de haber estado jugando con su cabello y orejas mientras estaban acostados platicando y comiendo el pastel que disimuladamente Ueda había salido a recoger.

 

Por su parte, el mayor lo miraba suspirando acariciándole el rostro con el dorso de la mano, parecía tan tranquilo y feliz… por primera vez en su vida tenía el fuerte sentimiento de querer proteger algo sin importarle nada. Sonreía tan sólo de verlo respirar, no recordaba cuando había sido la última vez que se había sentido así. Su celular comenzó a sonar; temiendo que Fujiie pudiera despertarse, se levantó tan rápido como pudo tapando la bocina para que el ruido fuera menor. Una vez fuera de la habitación contestó.

-¿Kamenashi?- Apenas si daba crédito a lo que ocurría. Lo reconoció desde el primer segundo en que escuchó su voz.

-Ueda… sé que no tengo ningún derecho a nada, pero necesito tu ayuda…- Estaba desesperado y le costaba trabajo articular correctamente las palabras.

-Kame, ¿qué pasa? ¿Estás bien?- A pesar de cualquier cosa que hubiera pasado, Ueda quería demasiado a Kamenashi y no podía odiarlo por haberse enamorado del chico que él también amaba.

-Jin… no encuentro a Jin… discutimos… en la escuela todos hablan sobre lo que le pasó al amigo de Daisuke… No fue difícil unir los cabos que me llevaron hasta Jin y luego a ti… le dije que era un idiota, que no tenía ningún derecho a haberle hecho eso y mucho menos a meterse en tu felicidad… Ya te imaginarás cómo se puso… amenazó con terminar lo nuestro si me seguía metiendo… Pero no permitiré que te haga más daño….- Las lágrimas se habían vuelto obvias conforme hablaba, no había gota de mentira en sus palabras. Kamenashi seguía siendo el mismo chico dulce y amable que conocía.

-Kame, tranquilo… no te preocupes, él no va a dejarte por algo tan tonto como eso… y yo cuidaré a Fujiie porque lo amo…- Los dos se sorprendieron ante aquellas palabras que pronunciaba sin pensarlas siquiera.

-Ueda…- Aquello fue más un susurro para sí mismo que ocultaba la vergüenza que sentía por todo lo que había pasado entre ellos.

-Kame, será mejor que te sientes… tengo algo que decirte sobre Jin…- Ueda le explicó brevemente lo que había pasado. Veinte minutos más tarde había llegado al hospital. Ueda lo esperaba en recepción. Akanishi seguía inconsciente pero al parecer estaba bien. En cuanto despertara lo llevaría a la estación de policía.

 

Las lágrimas de Kamenashi resbalaban silenciosas hasta caer en sus brazos, que permanecían cruzados sobre su pecho, casi como si se abrazara a sí mismo para brindarse consuelo. Miraba a Akanishi sin dar crédito a sus acciones. Ueda permanecía de pie junto a la puerta, no quería entrar, sabía que si lo veía, sería capaz de matar a Akanishi en ese momento. Se autoprogramaba diciéndose una y otra vez que tenía que hacer lo mejor por Fujiie. Al verlo salir de la habitación se sorprendió. Se apoyó de lado en el marco de la puerta.

-Kame… estás bien?- Parecía más un caparazón sin vida que su amigo. No podía contestarle, aferraba entre las manos el celular de Akanishi mientras negaba dos veces con la cabeza a la pregunta que había oído a lo lejos.

 

Ueda se acercó a él y le quitó el teléfono. Kamenashi se llevó las manos al rostro y de nuevo estalló en un llanto silencioso dejándose caer de rodillas al piso incapaz de sostener su propio cuerpo. Alguien le había mandado a Jin un video… alguien lo había grabado mientras golpeaba a Fujiie… alguien lo había visto todo y no había hecho nada para ayudarlo. Apenas si podía creerlo. Escuchaba todo lo que le había dicho mientras lo golpeaba y lo pateaba estando en el suelo. Debía irse de ahí, sólo había un pensamiento en su cabeza haciéndole eco con fuerza: desollar vivo a Akanishi.

-Kazu… eres tú?…- Su voz… su maldita voz lo regresó a la realidad. Se guardó el celular en el bolsillo. Kamenashi levantó la cabeza un poco pero no volteó a verlo, no pudo.

-Jin… yo… yo ya no…- Kamenashi no podía pronunciar bien lo que quería decirle, ver al hombre que amaba de ese modo había sido más de lo que hubiera podido soportar. Respiró hondo y se levantó lentamente. –Yo ya no quiero volver a verte jamás!- Cerró la puerta de un jalón. Tomó a Ueda por el brazo y lo arrastró lejos de ahí. Dentro de la habitación, Akanishi se había quedado sin habla, la forma en que su adorado Kamenashi lo había mirado lo había dejado en shock.

 

-Ya no te preocupes más por él, sí? Te voy a ayudar… lo que hizo no se va a quedar así… te lo juro!- Ueda veía a su pequeño amigo ir de un lado a otro hasta que por fin volvió acompañado de dos hombres de seguridad. Pocos segundos después una patrulla se estacionaba afuera y Akanishi era conducido esposado hacia el vehículo, en silencio y con la cabeza baja.

Esperaba ver a Kamenashi correr tras él en cualquier momento, pero no sucedió. El auto se le perdió de vista, lo mismo que su ex compañero de casa. Aquello hizo que la sangre se le bajara de la cabeza y que volviera a pensar con claridad: tenía que encontrarlo. Sabía que seguramente estaría siendo devorado despiadadamente por la culpa. Buscó la salida de emergencias más cercana; conociéndolo, estaría llorando en algún lugar donde nadie pudiera verlo. Abrió la puerta. Podía escucharlo cerca. Subió un tramo de escaleras y lo vio acurrucado contra el barandal. Se veía tan pequeño y vulnerable que no pudo hacer otra cosa más que sentarse a su lado y abrazado. En cuanto lo sintió ahí, se aferró a él y por fin pudo desahogarse… Ueda siempre había sido el único con quien podía sentirse así de seguro y sacar todo lo que llevaba dentro. Todo lo que había sido reprimido los últimos meses terminó por desbordarse de aquel delgado y pequeño cuerpecito.

-Estás mejor…?- Preguntaba en voz baja extendiéndole la mano para ayudarlo a ponerse de pie.

-Lo siento… no he hecho más que causarte problemas…- Su carita había perdido su brillo, se veía realmente cansado, sintiéndose de lo peor por todo lo que había pasado.

-Te equivocas… no puedo más que estar agradecido por haberte conocido… Ven.- Lo rodeó con el brazo y lo llevó hacia la habitación de Fujiie.

 

Estaba un poco desordenado. Cayendo en cuenta de que había sido cosa de Akanishi, se detuvo. Una dulce expresión en el rostro del chico que lo acompañaba logró tranquilizarlo. La persona en la cama seguía dormida con una tierna sonrisa abrazando una almohada, a pesar de lo que había pasado su semblante era tan relajado que a Kamenashi le pareció que todo había sido sólo una pesadilla.

-¿Lo ves? Ésa es mi razón  para seguir adelante… ésa es mi razón para estarte agradecido por siempre…- Caminó hasta la cama y le dio un beso en la frente. Lo arropó bien y acomodó su mano sobre la almohada  para que no se fuera a lastimar. Kamenashi le sonreía enternecido conteniendo en vano sus lágrimas.

-Tatsu… me alegro por ti… no sabes cuánto he rogado para que encontraras la felicidad que yo… que yo te quité…- Ueda lo abrazó indicándole con el dedo en sus labios que no dijera nada más.

-Vamos, lávate la cara…- Lo condujo hasta el baño y cerró la puerta. Levantó los trozos del jarrón y los puso en el bote de basura.

-Será mejor que me vaya a casa…- Lo escuchó desde atrás.

-Estás seguro?… podrías quedarte en mi casa…- Le preocupaba que el padre de Akanishi lograra sacarlo usando sus influencias… Sabía que estaría como fiera enjaulada por lo que había pasado. –Kame… creo que sería mejor si te quedas aquí… por favor…. No quiero preocuparme por ti cuando te vayas.- Había cambiado… el chico tímido e introvertido que había conocido tres años atrás cuando entró a la Universidad se había vuelto un hombre amable y maduro que ya no dependía de Akanishi. Ahora era Ueda quien cuidaba de él y no al revés.

-De acuerdo… me quedaré aquí esta noche si así te quedas tranquilo…- La verdad es que él también estaba asustado; sabía que sería el primero a quien Akanishi buscara y por esa misma razón no quería estar ahí, no quería causarle más malos recuerdos a Ueda o a Fujiie. No pasaron mucho tiempo hablando antes de que se quedara dormido, Ueda lo acomodó en el sillón y lo cubrió con una manta.

Parallel World Cap.11

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FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

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CAPITULO 11: La magia de dos palabras.

 

 

Akanishi continuaba sentado en el lobby leyendo una revista; se le hizo un poco raro ver a Ueda tomar el ascensor; al ver que llevaba puesto el abrigo y que traía la bufanda en la mano, entendió que saldría del hospital y preguntándose a donde podría ir a esas horas, vio como la luz iluminaba los numeritos en orden descendente.

 

Convencido de que no volvería en un buen rato, se dirigió hacia la última habitación del lado derecho del pasillo. Tocó la puerta como Ueda solía hacerlo y abrió despacio.

-¿Olvidaste alg…?- La sonrisa se le desdibujó del rostro en cuanto lo vio entrar.

-Si, al parecer olvidé deshacerme de un estorbo…- Nuevamente lo miraba con ese aire desdeñoso que tanto le molestaba. Esta vez, sin embargo, había algo diferente… estaba completamente indefenso y solo en medio de aquella habitación que acababa de ser cerrada con seguro. Fujiie se quedó paralizado un momento. Que Akanishi estuviera ahí sólo significaba que Ueda ya se había ido del hospital. El shock le duró sólo un par de segundos, pero para cuando quiso girarse para oprimir el botón de emergencias había sido ya muy tarde; Akanishi reaccionó más rápido y sujetó bruscamente su mano lanzándolo a la orilla de la cama con una sonrisa maliciosa dibujada en su rostro. A diferencia de la vez anterior, Fujiie sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo… estaba asustado… Akanishi le resultaba aterrador en ese momento.

 

Ueda caminaba más deprisa de lo normal. A un par de calles del hospital encontró una cafetería abierta… era perfecto. No estaba lejos, tenían café, los pasteles se veían deliciosos y además vendían comida italiana… así no se tardaría tanto como había pensado pues podría comprar todo en el mismo lugar. La chica del  mostrador lo recibió con una linda sonrisa; mientras esperaba a que estuviera su orden, se sentó a beber tranquilamente un café. Al mirar por la ventana notó que había comenzado a llover. Como por arte de magia, su rostro se iluminó con su sonrisa… se sentía completa e incomprensiblemente feliz.

-La próxima vez lo traeré aquí…- De pronto  se percató de que aún cuando no estaba con él, Fujiie seguía con él.

-Disculpe?…- Preguntaba la chica pensando que le había dicho algo y no le había prestado atención.

-Ah! No, nada…- Era imposible no caer ante aquella expresión.

En menos de diez minutos ya estaba caminando de regreso. La gente pasaba corriendo a su lado, él sólo disfrutaba del clima y de su paseo, sosteniendo con cuidado la cajita blanca con letras rojas dentro de una bolsa de platico donde llevaba el pastel.

 

Tal cual le había dicho la enfermera, no había nadie cuando volvió, las voces se escuchaban dentro del cuarto rotulado con letras blancas que decía “personal”, como si fuera un niño a punto de hacer una travesura, caminaba de puntitas, casi corriendo para no hacer ruido hacia el corredor. Se detuvo a medio camino… Algo en el piso había llamado su atención… cerca de una de las macetas estaba tirado un llavero en forma de tortuga y con unas estrellas moradas colgando junto a ella… el mismo que le habían regalado él y Kamenashi a Akanishi en su último cumpleaños.

 

Un frío escalofrío le recorrió la espalda dejándole un extraño hueco en el estómago… ahora su mal presentimiento tenía nombre e inclusive rostro… Akanishi Jin. Corrió hasta el cuarto de Fujiie. La puerta no abría. La desesperación lo empezaba a devorar por dentro. Dejó la caja en el piso debajo de la ventana al final del pasillo. Corrió hacia la estación de enfermeras, ahí debía estar la llave de esa puerta. Removió entro los cajones tan rápido como podía mover las manos pero no aparecía.

-Piensa Tatsuya… si fueras esa mujer, dónde pondrías las benditas llaves?- Apoyó ambas manos sobre el escritorio y cerró los ojos tratando de concentrarse.

De pronto reparó en una pequeña caja hecha de palitos de madera, como esas que hacen los niños en la escuela como regalo para sus madres. Levantó la tapa y en efecto, encontró un arillo con todas las llaves. Corrió de regreso pasando llaves hasta encontrar la que tenía la etiqueta con el número “708”. La puerta abrió de inmediato, pero lo que le reveló le heló la sangre haciendo que el llavero se le cayera de las manos un ruido como de cascabeles al tocar el piso.

-…Ue-da…- Susurraba trabajosamente entre lágrimas mirándolo suplicante que lo ayudara. La camisa de su pijama estaba a medio desabotonar, su labio inferior sangraba… Akanishi estaba sobré él sujetándolo por los hombros contra la cama, como si el pobre chico pudiera hacer siquiera el intento de zafársele. El sólo pensar en lo que Akanishi estaba a punto de hacerle detonó todo el odio que le era posible contener dentro del cuerpo; la mezcla de repulsión y decepción hacia el sujeto que tenía enfrente lo obligó a actuar.

-Creí haber sido… lo suficientemente claro… cuando te dije que no volvieras a poner un dedo encima a Fujiie!!!…- Su tono de voz en nada se parecía al dulce y melodioso sonido que estaban acostumbrados a escuchar; ni siquiera Akanishi lo había visto así antes, por lo que también lo miraba con asombro.

-Esto es lo que pasa cuando alguien no satisface mis deseos… entiendes… Tat-chan?… Si no te hubieras negado a ser mío… No… Si tú no quieres acostarte conmigo nunca más… entonces me aseguraré de que él tampoco quiera acostarse ni contigo ni con nadie…- Cínicamente mostraba una mueca perversa mientras enterraba sus uñas en la blanca piel del chico al quitársele de encima, quien no podía evitar dejar escapar un grito ahogado de dolor al tiempo que encogía las piernas tratando de alejarse de él.

-Me das asco Jin… no! Me das lastima!- Apretó los puños y se le dejó ir sujetándolo por el cuello cayendo junto con él de la cama. Ueda le dio un par de puñetazos a Jin cegado por su ira, sin notar que se habían traído junto con ellos sin querer a Fujiie también, pues Akanishi se había sujeto de lo primero que alcanzó en su intento por no caer. Al percatarse, Ueda se arrastró preocupado hasta llegar a su lado tras dejar al otro oprimiéndose la nariz después de un golpe. Su pecho estaba lleno de chupetones y marcas rojas que probablemente se volverían moretones. El pobre temblaba a la vez que finas lágrimas seguían rodando por sus mejillas. Detrás de ellos Akanishi continuaba quejándose por la sofocada al caer contra el piso y el dolor provocado por el último golpe, intentando sin éxito levantarse. Ueda se levantó tras cubrir a Fujiie con la manta que colgaba de la cama y oprimió el botón blanco sobre la cabecera de la cama justo antes de que Akanishi lo sujetara por la espalda y lo arrastrara hacia la sala.

-Ya te lo dije! Eres mío! No dejaré que un mocoso inútil como ése se quedé contigo!- Señalaba a Fujiie completamente molesto mientras zarandeaba a Ueda como si fuera un muñeco de trapo entre sus manos. Comenzaba a marearse, trataba de zafarse pero no podía… Akanishi le hacía daño y estando sobre él le inmovilizaba las piernas. Sin estar muy seguro de si lograría lo que se proponía, lanzó un fuerte puñetazo a donde creía que estaba su rostro y aunque el golpe no dio de lleno como esperaba, logró sorprenderlo lo suficiente como para darle tiempo de liberar la otra mano. Agua fría y pequeños pétalos blancos caían de pronto sobre su rostro. Akanishi cayó a un lado inconsciente dejándolo ver a Fujiie de pie, pálido al haberle rotó el florero en la nuca a Akanishi. Por fin un doctor y la enfermera entraban corriendo a la habitación arrastrando el carrito con los aparatos y materiales de emergencia médica, ambos contemplaban la escena sin dar crédito a lo que veía.

-Yo… no… es que él… tú…- Sus ojos iban asustados de los de Ueda a Akanishi, quien seguía en el suelo inmóvil. El doctor miró a la enfermera y ésta salió corriendo llamando al guardia de seguridad.

Ueda se levantó tan pronto como pudo y rodeó a fujiie con sus brazos, ocultándole el rostro entre su pecho y su abrigo para que no observara más aquello.

-No pasa nada, de acuerdo?… Gracias… por salvarme…- Apoyó el rostro en su hombro una vez que revisó discretamente su mano lastimada y se aseguró de que no le había hecho más daño. El pequeño se aferró con fuerza a su ropa negando suavemente un par de veces.

 

El doctor revisó a Akanishi y en cuanto entró el hombre vestido de azul con pantalón oscuro, le pidió que lo sacara de ahí.

-No es grave, en un par de horas estará bien…- Decía el médico al ver que Ueda seguía al policía con la mirada mientras cargaba el cuerpo fuera de la habitación.

-Necesitaré su testimonio más tarde chicos…- Agregó el hombre diciendo más bien un “será mejor que no se vayan” pues el agredido estaba desmayado y no tenían idea de lo que había sucedido.

-Ok… sólo llévenselo de aquí por favor…-El doctor salió junto con el policía. Ueda seguía furioso y quería darle una paliza mil veces peor que la que le había dado a Fujiie; pero ahora lo más importante estaba justo ahí, sollozando entre sus brazos y en ese instante sólo quería hacerlo sentir seguro, así que lo llevó de regreso a la cama, cerró la puerta, levantó el pantalón de franela del piso y volvió a vestirlo. Fujiie no podía mirarlo a los ojos. Sólo era capaz de mirar sus largos y delgados dedos mientras le abotonaba nuevamente la camisa.

-Lo siento… Soy tan inútil… yo…- Ueda cerró sus labios con un beso. No quería que comenzara a torturarse y menos después de todo lo que ya había pasado.

-Discúlpame tú a mí… por no haber estado aquí para evitar esto… Te dije que no permitiría que te volviera a pasar algo y…- Fujiie le regresó el beso.

-Gracias… Por haber evitado que me pasara algo…- Aún cuando sus lágrimas continuaban cayendo, una dulce sonrisa se le dibujó en la cara; gesto que trajo consigo una mueca de dolor.

-Te pegó?- Ueda miraba preocupado su labio mientras limpiaba con cuidado la sangre con el pañuelo que había sacado de su bolsillo derecho. Fujiie asintió sólo una vez con la cabeza, resultaba obvio que no estaba muy seguro de hacerlo.

-Le dije que no eras algo que pudiera ser poseído… Que por su egoísta forma de amar terminaría solo…- Lo miró fugazmente. Se sonrojó al ver que Ueda lo miraba sorprendido. Aún sabiendo que le haría daño había decidido defenderlo.

-Gracias Fujiie… es la primera vez que la persona que amo me ve como un ser humano y no como algo que presumir y poseer…- El pequeño lo miraba enternecido mientras le sonreía terminando de limpiarle el labio.

Parallel World Cap.10

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~Hana no mau machi / Ueda~

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CAPITULO 10: El adiós incomprendido.

 

 

Akanishi se veía absolutamente estupefacto, si Ueda hubiera tardado un solo segundo más en abrir, probablemente le hubiera pegado en la cara, por lo que fue inevitable que se le dibujara una sonrisa estúpida sólo de imaginar la escena; Ueda por el contrario no le devolvió la sonrisa al verlo, ni siquiera lo saludo por cortesía… de alguna manera, la expresión de su rostro le daba la impresión de que estaba enojado… con él. Aquella sonrisa se esfumó de inmediato, seguramente estaba enojado por todos los mensajes en la contestadora…

-Ho-hola Tatsuya… ¡Vaya! Después de todo estamos en sintonía, ¿no te p…- Ni siquiera lo dejó terminar de hablar, soltó lo que llevaba en la mano. El puñetazo fue tan duro que en cuanto Akanishi se llevó la mano al labio, la sangre le manchó de rojo los dedos.

-¡Escúchame  bien Jin!- Ueda se inclinó para tomarlo por el cuello de la chamarra y levantarlo del piso sin tacto alguno. -¡Si le vuelves a poner un dedo encima a Fujiie o a cualquiera de mis amigos, vas a desear nunca haberme conocido!- Una vez que le dijo todo lo que quería, lo aventó con fuerza hacia la calle, se giró para tomar el bolso y su bufanda y luego cerró la puerta. Aquella mirada tan fiera y esa actitud tan salvaje y dominante le habían resultado simplemente fascinantes, nunca antes había visto ese lado suyo y ahora más que nunca quería hacerlo suyo. Todo aquel deseo terminó en un impulso que lo obligó a empujarlo contra la puerta y comenzar a besarle el cuello y la oreja, pasando sus manos sin control a través de su entrepierna y bajo su camisa blanca. Nunca antes se había podido resistir a eso… Ueda siempre caía directo a sus labios. Pero no había respuesta de su parte, de ningún tipo. De pronto sujetó con fuerza sus muñecas… con demasiada fuerza… se volteó y estampó a Akanishi contra la pared.

-Lo siento… yo no te pertenezco… no vuelvas a acercarte a mí por favor…- Se quedó boquiabierto mirando cómo se alejaba calle abajo mientras se frotaba las manos y la mandíbula. Nunca se hubiera esperado que ese chico, al que siempre defendía, tuviera tanta fuerza. No podía dejarlo ir, no, eso era mentira, la verdad es que no quería dejarlo ir… ahora menos que nunca.

 

Cuando menos pensó, ya lo había seguido hasta el Hospital. Lo perdió de vista cuando la puerta del elevador se cerró… al menos sabía que se dirigía al sexto piso. Por un momento le pareció que el hospital era demasiado lujoso para que el chico ése pudiera pagarlo, pero luego concluyó que con toda seguridad era cosa de Ueda, después de todo, era el hospital de su tío. Entró al ascensor y oprimió el botón marcado con el número seis; el único problema ahora era saber en qué habitación estaban… pensó que tal vez debía ser su día de suerte: Ishigaki y  sus amigos iban saliendo del cuarto al final del pasillo. Se escondió cerca del lobby, entre toda la gente no sabrían siquiera que era él. Se quedó ahí un rato más, por si acaso regresaban; gracias a sus continuas paranoias de persecución, Yodogawa no pudo verlo cuando regresó, Ueda corría por el pasillo con una chamarra en la mano.

-Gracias Ueda…- Decía con una sonrisa tomando la prenda.

-Ah, no hay de que, hace mucho frío afuera… Yodogawa, ¿podrías dárselos a Dai-chan, por favor? Debe cuidar sus manos- Recibió los guantes que le extendía algo tímido y los guardó en el bolsillo de la chamarra que se acababa de poner. Ueda tenía razón en algo: estaba haciendo frío, Ishigaki era un poco friolento y a menudo se le acalambraban los dedos cuando hacía frío, estaban en finales, así que debía cuidarse.

-Gracias… sí, yo se los doy… Ueda…- Se giró al escuchar que lo llamaba.

-¿Qué pasa?- De nuevo estaba aquella sonrisa.

-Cuida de Fujiie por favor…- Le sorprendió que le pidiera aquello pero de inmediato entendió que había aprobado su relación. Yodogawa se dio media vuelta y entró al elevador diciéndole adiós por última vez con la mano. Ueda no pudo evitar poner una sonrisa tonta, se sentía demasiado feliz. A diferencia de Akanishi que había despedazado por completo el vaso de unicel  que tenía en la mano. Ueda regresó al cuarto, el celular de Akanishi comenzó a sonar, por el timbre sólo podía ser Kamenashi. Ueda se detuvo, a lo lejos le pareció escuchar el teléfono de Akanishi sonando… Aquella cancioncita desapareció de repente.

-Debe ser mi imaginación…- Pensó en voz alta y echó a andar mientras Akanishi tapaba desesperadamente la bocina de su móvil para atenuar el ruido, no iba a colgarle, sabía que si no le respondía se preocuparía y seguiría marcando, era mejor responderle y dejarlo tranquilo aunque fuera con mentiras.

 

-¿Cenaste algo delicioso mientras estaban en casa?- Dentro de la habitación, Fujiie lo esperaba con una sonrisa.

-Noup…- Se acercó a él y lo besó. –Sólo saqué la basura… se había apilado por toda la casa sin que me diera cuenta…- Ueda reía traviesamente, tal vez por la verdad oculta tras aquellas palabras.

-¿En serio? Bueno, al menos ya no está ahí, verdad?, así que eso es bueno…- Fujiie jugaba con su cabello pues lo había despeinado un poco cuando le quitó la bufanda; a Ueda le gustaba tenerlo así de cerca, así que no le molestaba en lo más mínimo.

-¿Ya cenaste?, ¿tienes hambre?- Por su expresión al escuchar su pregunta supo de inmediato que la respuesta sería un “no”; por lo poco que comió durante el almuerzo y la comida, fácilmente se podía deducir que la comida no le había gustado; pero no podía culparlo, incluso la de la cafetería era mala, por eso él mismo había pedido tantas cosas, tenía la esperanza de que al menos una de entre todas tendría que estar buena, a pesar de su apariencia, también era de buen apetito pero no cualquier cosa le resultaba deliciosa.

-Tenía hambre… pero no me gustó lo que me trajeron… sólo me comí la fruta y la gelatina…- Estaba un poco apenado, no quería que lo considerara quisquilloso con la comida. –Le cambié el resto a Igo por unos chocolates…- Señalaba la envoltura vacía junto a la charola con los trates sucios.

-Mmm… pero todavía tienes hambre, cierto?- Lo miraba un tanto preocupado, siempre se comportaba así cuando se trataba de comer, no por nada él era un chico sano.

-Si…- Fujiie se ruborizaba mientras asentía tímidamente. –Un poco…- Ahora le resultaba inclusive más adorable mirándolo de ese modo.

-¡Ya sé!… ya que no te prohibieron nada de alimentos, iré a traerte algo saludable pero delicioso… te gusta el pastel? Me gusta comerlo como postre…- La idea también le agradaba en demasía.

-Sí… también me gusta…- Jugueteaba con los dedos sobre el dorso de la mano de Ueda. Alguien llamaba a la puerta. La enfermera de guardia les sonreía amablemente. Revisó los medicamentos y tomó la bandeja para llevársela.

-Disculpe… tengo un poco de hambre, la cafetería ya cerró y no quiero dejarlo solo por mucho tiempo… ¿hay problema si voy por comida y ceno aquí?…- Ante aquella carita y ese tono de voz era casi imposible decirle que no.

-Ah, no te preocupes hijo, si vas ahora, te tocará el cambio de guardia de la noche y nadie te prestará mucha atención, anda, ve…- La mujer, que se veía ya un poco mayor, le hablaba pausada y amablemente sonriéndole.

-Será mejor que vayas antes de que cierren los lugares cercanos… Estaré bien, te prometo que no iré a ningún lado…- Aún a pesar de su condición, bromeaba y sonreía.

-Ok… te creeré… pero mejor no me tardo… Si no encuentro nada cerca, tendré que probar suerte con las maquinas despachadoras del piso de abajo…- Los dos se despidieron entre risas. Ueda no mentía ni exageraba, no quería dejarlo solo mucho rato, aquel mal presentimiento continuaba y no quería averiguar a qué se debía.

Parallel World Cap.9

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~Hana no mau machi / Ueda~

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CAPITULO 9: La caja desbordante de recuerdos.

 

 

A primera vista creyó que era una chica, nunca antes lo había visto con lentes, así que se sorprendió al reconocerlo una vez que pasó junto a él. No lo había visto, caminaba escribiendo algo en su celular. Así era mejor, seguía demasiado impactado por todo, no tenía cabeza para hablar con el chico en ese momento. Lo vio caminar hasta el mostrador. Por todo lo que llevaba en la bandeja pudo deducir que era de buen apetito, lo miraba divertido.

-¿Yodogawa-san?- Era imposible que Ueda no lo viera pues no le quitaba los ojos de encima aún cuando según Yodogawa estaba siendo discreto.

-Yodogawa, está bien…- Al final, terminó invitándolo a sentarse.

-Ok, entonces llámame Ueda, si?- A pesar de lo cansado que se veía, su sonrisa era amable y reconfortante, casi como si brillara. Ishigaki amaba esa sonrisa… probablemente Fujiie también se había enamorado de aquella sonrisa.

-De acuerdo…- Ya que no le quedaría de otra más que convivir con él, trató de hacerlo más agradable para ambos. -¿No has ido a casa desde ayer? Pareces cansado…- Al verlo recordó lo que a menudo mencionaba Ishigaki a modo de broma: para Ueda  dormir y comer eran cosas tan sagradas como la música.

-Estoy bien… sólo debo comer algo y estaré como nuevo…- Un bostezo cortó sus palabras. –También te ves cansado, estuviste tan preocupado que no dormiste, verdad?- Se sorprendió de que a pesar de que apenas si se conocían, pudo ver a través de él con tanta facilidad.

-Ah… no pasa nada… ya tendré tiempo para dormir…-

-Si, verdad? Yo también creo lo mismo… aunque no perdono mis horas de sueño…- Nuevamente sonreía. Le dolía admitirlo, pero era un buen chico y seguramente haría feliz a Fujiie.

 

Antes de que se diera cuenta, ya estaba sonriendo y disfrutando de su compañía. Ambos eran un poco tímidos cuando no conocían mucho a las personas pero aún así, en cuanto empezaron a hablar de música, congeniaron de inmediato. La verdad es que Ishigaki se sorprendió bastante al verlos llegar juntos.

-¡Yodi!- Fujiie se veía realmente feliz de verlo. -¿Cómo te fue en el examen?- Recogió sus pies haciéndole un ademan con la mano para que se sentara.

-Ah! Genial!… ¡Hubieras visto! Hasta Okamoto-sensei elogió mi batería!- Parecían dos niños platicando emocionados.

-¿De verdad? ¡Ah~! ¡Felicidades!- Verlos así le recordaba bastante a Ishigaki a cómo siempre habían sido él y Ueda desde la secundaria.

 

La enfermera había terminado de quitarle el suero a Fujiie y le había suministrado algunos medicamentos en la sonda para mitigarle el dolor que comenzado a sentir cuando el efecto de la anestesia empezó a desaparecer.

Poco rato después, Yonemura e Igo llegaban a la habitación con las mochilas repletas de bocadillos, dulces y comida chatarra. La enfermera tuvo que ir a pedirles que guardaran silencio pues sus risas se escuchaban por todo el pasillo. Al final decidieron llevar su fiesta a la azotea para no molestar a los otros pacientes. El resto de la tarde fue divertida y hasta un poco musical, pues de la nada Yonemura y Fujiie habían empezado a cantar y el resto no se pudo resistir a unírseles cuando, quien sabe porque, comenzaron a canciones de L´Arc~en~Ciel. Siempre se divertían mucho cuando estaban juntos, pero hoy era aún más porque, contrario a su apariencia calmada y taciturna, Ueda estaba igual de zafadito que ellos, así que de inmediato encajó en su mundo como una pieza de rompecabezas faltante.

 

Para cuando llegó la noche ya estaban muchos más calmados, habían brincado, corrido y jugado tanto que habían quedado exhaustos; ahora estaban quietecitos, sentados en la salita mirando un concierto de X-Japan en la televisión.

-Creo que iré a casa a darme un baño y a cambiarme de ropa aprovechando que están ellos aquí, no quiero dejarte solo… está bien? Sólo voy y vengo, lo prometo…- A Fujiie le pareció simplemente adorable; más que avisarle, le daba la impresión de que le estaba pidiendo permiso, sin duda era demasiado educado.

-No te preocupes, quieres? Tómate tu tiempo, te aseguro que no me pasara nada si te vas un par de horas… por mucho que te extrañe y aún si siento que muero, te prometo que no moriré…-  Fujiie era así, bromista y dulce, por eso no era cosa rara que todos y todas creyeran que era “lindo” y “divertido”.

-Fujiie…- Ueda se había sonrojado al escuchar aquello… Miró hacia donde estaban los demás y al ver que nadie los estaba mirando, puso su mano sobre la mejilla de Fujiie y se inclinó para besar tiernamente sus labios. –Volveré enseguida…- Fue lo que susurro sobre su boca antes de verlo sonreírle.

-Sip… ver con cuidado….- Ese detalle de Ueda le había gustado bastante, además de ser educado era caballeroso. De algún modo se sentía como una princesa, y aunque la idea no le resultaba del todo encantadora, tampoco le desagradaba mucho si el príncipe era Ueda. Lo último que vio fue su cabello meciéndose suavemente al compás de sus pasos antes de que se cerrara la puerta. De algún modo esa imagen le produjo un escalofrío a través de toda la espalda… era como una especie de mal presentimiento al cual por supuesto no quizo prestarle mucha atención, después de todo, no había nada más que pudiera pasar después de lo que le había hecho Akanishi…

 

Ueda caminaba por la avenida a paso un poco más aprisa de lo habitual. Por primera vez en su vida sentía que tenía que llegar lo más rápido posible a casa, ¿la razón?, simplemente quería volver al lado de Fujiie lo más pronto posible. Unas cuantas cuadras después de salir del hospital, las pequeñas y frías gotas de lluvia comenzaron a resbalar a través de los cristales de sus anteojos, por lo que volvió a guárdalos en el bolsillo interior de su suéter negro, el cual prefirió abotonarse.

 

Todo en su casa estaba tal cual lo había dejado. Sobre la mesita brillaba la lucecita roja de la contestadora. La miró con desdén; probablemente sería de nuevo Akanishi dejando como mil mensajes en otro de sus arranques de ebriedad y nostalgia mezclados con soledad en los que lo echaba de menos porque no estaba Kamenashi a su lado… no sería la primera ni la última vez que lo hacía desde que se había ido de casa vivir con su “nuevo amor”.

 

Aún así oprimió el botón para reproducirlos… en efecto era él… furioso como muy pocas veces se sentía, sacó el pequeño casete de la máquina y jaló con brusquedad la cinta; no quería volver a escuchar su voz adictiva y venenosa diciéndole que lo extrañaba, que lo necesita ni mucho menos que dijera que aún lo amaba… estaba harto de él. Ahora que tenía a Fujiie podía ver claramente que lo que tenía con Akanishi no era más que una vil mentira. Todo este tiempo había sido usado por la persona a la que amaba con todo su corazón… la persona que le daba todo su amor a alguien más.

 

Su enojo era tan grande que, sin pensarlo dos veces, tomó la caja del último amplificador que había comprado y comenzó a meter dentro todas las cosas de Akanishi que aún estaban en la casa. Para cuando  terminó, estaba sentado junto a la caja, apoyando la espalda contra la pared y con las piernas extendidas, mirando como parecía que las cosas terminarían por desbordarse… ropa, discos, tazas, fotografías, libros y un montón de cosas más eran arrastrados por el pasillo y colocados afuera junto al resto de la basura.

-¡Bien!… Ahora a darme una ducha…- Cerró la puerta con fuerza al entrar y comenzó a desvestirse de camino al baño, nada disfrutaba más después del ejercicio que tomar una larga ducha con agua caliente, sólo que esta vez, su baño tendría que durar cuando mucho 15 minutos pues ya hacía más de dos horas que se había ido del hospital y quería volver ya, de algún modo había empezado a sentirse inquieto y eso le desagradaba, pues no sabía la razón. Aún así se sentía mucho más relajado una vez que salió. Se vistió rápido, un pantalón de mezclilla oscuro y una camisa de vestir blanca, medio anudó su corbata negra y se puso los calcetines; secó un poco el exceso de agua en su cabello, se lavó los dientes y se puso los zapatos, un poco de mouse en el cabello, un saco y casual junto con sus guantes. Entró a su habitación, tomó el bolso que a veces hacía de maleta de mano y metió dentro un par de pijamas que aún no habían sido sacadas de su empaque junto con algunos productos de uso personal como shampoo,  cepillos y pasta de dientes, jabón y cosas por el estilo que pensó que podrían necesitar, cerró el bolso y salió de la habitación. Dio un vistazo alrededor antes de abrir la puerta… ahora era sólo su casa, ya no quedaba ni rastro del paso de Akanishi, mirara por donde mirara ya no había ya no había nada que les hubiera pertenecido ni a Akanishi ni a Kamenashi. Y aunque todavía quedaban recuerdos por toda la casa, en ese momento se dio cuenta de que hacía ya un par de semanas que habían empezado a tornarse borrosos… era como si de algún modo hubieran empezado a desaparecer. Y aunque por un instante se sintió triste porque eran demasiados años de memorias juntos, al mismo tiempo sentía que por fin podría cambiar de página e iniciar algo nuevo… algo real. Dio una última mirada, como despidiéndose de lo que ya nunca más sería y tomó el picaporte. Al abrir la puerta se topó directamente con él, quien al parecer estaba a punto de llamar a la puerta.

Parallel World Cap.8

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~Hana no mau machi / Ueda~

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CAPITULO 8: La sonrisa que borró los pecados.

Los chicos se fueron temprano. El doctor les había dicho que su amigo no despertaría en un par de horas; probablemente ya estaría despierto por la tarde. Aunque no quería irse, Yonemura e Ishigaki terminaron por llevarse a Yodogawa casi a rastras, no habían dormido nada y tenían exámenes temprano. Al final, sólo Ueda se quedó en el hospital pues haciendo uso de sus excelentes notas y fama dentro de la Universidad, había conseguido que le aplazaran sus exámenes junto con los de Fujiie; se llevaba bien con el director de la sección, así que no hubo mayor problema.

Para cuando despertó, se encontró con un techo que no conocía; la luz que se colaba entre las blancas y delgadas cortinas le decía que probablemente era mediodía, se sentía un poco confundido y adolorido. Al ver la férula plástica alrededor de su mano y sentirla completamente adormecida, recordó la pelea con Akanishi… “Te quitaré todo lo que ames… Tu música! Tu bandita! Tus amigos! A Tatsuya!… Todo!”, le había dicho mientras pisoteaba frenético su mano una y otra vez. Sus lágrimas comenzaron a rodar silenciosas a través de sus mejillas ante la sola posibilidad de no poder tocar nunca más… Giró su rostro tratando de engañarse a sí mismo al no ver su mano vendada e inmovilizada. El apacible rostro que dormía a su lado calmó de pronto la tormenta que azotaba su corazón deteniendo el caudal interminable de agua salada que llevaba sus temores; con cuidado apartó los mechones de cabello que cubrían ese rostro indescriptible, ahora contemplaba un cuadro que, sin proponérselo siquiera, le robaba una boba sonrisa enamorada.

Sentía algo agradablemente cálido sobre su rostro… no quería despertar, pero al final terminó abriendo los ojos poco a poco hasta encontrarse directamente con una dulce y tierna sonrisa que lo contemplaba con absoluta fascinación. Estaba realmente feliz de que Fujiie abriera los ojos. Llevó su mano hasta su mejilla, dejando entre ellas la mano de Fujiie para preservar aquella caricia… quería sintiéndola aunque fuera un poco más. Volvió a cerrar los ojos, era una sensación por demás agradable, quería preservarla detalladamente por siempre en su memoria.

Ninguno de los dos quiso decir algo… ninguno pensó siquiera en moverse… simplemente era increíblemente placentero permanecer así.

-¿Te sientes mal? ¿Llamo a la enfermera?- Preguntó Ueda al ver que ponía carita de dolor. Fujiie no podía más que negarle con la cabeza. –Lo siento… por mi culpa tú…- Ueda contenía las lágrimas, no quería que lo viera llorar. Fujiie tomó con todas sus fuerzas la mano del chico a su lado, casi como diciendo “no te vayas!. Se quitó la mascarilla del oxígeno que lo había ayudado a respirar durante toda la noche debido a los golpes en el pecho y la espalda que le provocaron fallas respiratorias.

-Es…toy bi…en…- Esa sonrisa no podía ser mentira. –No fue… tu culpa… ok?…- Su expresión tan dulce y a la vez tan determinante, le robó una sonrisa.

-¿Está bien si me quedo contigo…?- La intención escondida detrás de sus palabras provocaba un rubor intenso en sus mejillas tan sólo de pronunciarlas.

Fujiie aferró lo más fuerte que podía la mano que sujetaba entre la suya, asintiendo con una radiante sonrisa.

-No dejaré que te vuelva a pasar algo…- No había necesidad de ser un genio para saber que no había ni una gota de mentira o exageración en sus palabras.

-Gracias…- Esa sonrisa en particular… ésa que le regaló mientras acariciaba su mejilla y lo miraba desbordante de sentimientos, ésa única y maravillosa fue la culpable de que Ueda no pudiera contenerse más y de que terminara besándole delicadamente los labios, dejándolo completamente en shock observándolo con los ojos abiertos de par en par, incapaz de reaccionar. Un beso breve y profundo que apenas si duró unos segundos.

-Sé que esto será problemáticos para ti pero… en verdad quiero estar contigo…- Casi susurró esa frase sobre sus labios. Una mirada de total incomprensión. -¡Ah! Lo siento…- Se incorporó sobre la silla. –Estoy siendo muy egoísta… no pensé en que tú ni siquie…- Si algo más iba a salir de su boca, quedó eternamente sepultado  cuando su mano lo tomó de la sudadera y lo jaló contra sí para besarlo también.

-Si puedo estar contigo, todo estará bien…- El miedo, la culpa y todas sus angustias desaparecieron con aquella sonrisa. Ya no había nada entre ellos, en ese preciso instante estaban juntos, compartiendo la misma sonrisa en sus labios.

El doctor les explicó la gravedad de la lesión y su recomendación a partir de ese momento para tratar de minimizar lo más posible las secuelas. Si bien la operación había sido un éxito, algunos de sus nervios habían sido bastante dañados y no podían asegurarle que su mano volviera a funcionar del mismo modo que antes. Las lágrimas terminaron por desbordarse sobre su rostro mientras le aferraban con fuerza la mano tratando de brindarle consuelo. Una vez que el doctor dejó la habitación, Ueda lo abrazó y Fujiie terminó por romper en llanto.

-¿Qué haré si no puedo volver a tocar?- Hablaba bajito y pausado entre lágrimas y sollozos llenos de angustia y desesperación aferrándose al brazo del mayor, quien apoyaba la barbilla sobre su nuca tratando de hacerle ver que estaba con él.

-No dejaré que eso pase, de acuerdo?… Buscaré por todo el mundo de ser preciso, a los mejores especialistas. Definitivamente volverás a tocar… te lo prometo…- Sus palabras lograron tranquilizar al pequeño y frágil chico que aún se estremecía sollozando entre sus brazos.

Se había quedado profundamente dormido. Ueda lo acomodó con cuidado y suma delicadeza sobre la cama… se veía tan lindo durmiendo que no podía evitar sonreír mientras la observaba. Intentó deslizar su brazo para levantarse y dejarlo levantar, pero no pudo hacerlo, Fujiie se rebulló un poco atrapándole de nueva cuenta el brazo debajo de su cuerpo. Temía lastimarlo si lo movía demasiado, así que mejor se recostó a su lado. Aunque la verdad es que quería simplemente abrazarlo un rato más.

Yodogawa llegó al hospital acompañado de Ishigaki, estaba tan  ansioso por ver a su “querido Yori”, que apenas si había podido prestar atención en clase. Llamó despacio a la puerta pero nadie respondió; suponiendo que Ueda habría vuelto a casa abrió lentamente la puerta. Verlos durmiendo juntos fue más de lo que hubiera podido soportar… aquella escena lo había dejado conmocionado.

-¡¡¿Eh?!- Ishigaki había terminado estampándose contra Yodogawa cuando éste se paró de súbito después de haber dado sólo un paso dentro de la habitación. Su asombro fue aún mayor al ver a aquel par acurrucados el uno contra el otro como si fueran un par de gatitos.

Lo que a él le robaba una sonrisita de satisfacción y alegría, al chico parado frente a él le borró por completo la sonrisa dejándole el corazón hecho añicos. Amaba muchísimo a Fujiie y por eso mismo, sólo quería su felicidad, sin importar si no era a su lado… pero aún así… verlo con otro era mucho más doloroso de lo que había imaginado.

-¿Yodi…?- Estaba tan feliz de que aparentemente Fujiie y Ueda habían decidido darse una oportunidad y estar juntos, que no notó que su otro mejor amigo estaba sufriendo con ello. En un segundo todo tomó sentido ante sus ojos… ¿Cómo no se había dado cuenta antes?

-Creo que después de todo si iré a comer algo a la cafetería…- Nada en él denotaba cómo se sentía, pero lo conocía demasiado, siempre le había costado mucho trabajo demostrar sus sentimientos… su única salida para ello era la música, así que ya no le sorprendió tanto que incluso pudiera ser que estuviera odiándolos a él ya Ueda por quitarle de alguna manera a Fujiie.

-Dai-chan?…- Ueda tenía el sueño un poco ligero, así que no fue nada extraño que se despertara cuando se le cayó a Ishigaki el celular. Sacó con cuidado el brazo que Fujiie le atrapaba, lo sentía un poco entumecido. Camino un poco adormilado hasta la salita donde estaba sentado su amigo ordenando algunas cosas dentro de su mochila.

-Hola Tat-chan…- Volvió a la normalidad, después de todo, ni Ueda ni Fujiie tenían la culpa del dolor de Yodogawa, seguramente ninguno de los dos estaban enterados de sus sentimientos… y no era para menos, ni siquiera se habían percatado de lo que sentían el uno por el otro desde el primer momento.

-No has desayunado, cierto? Tienes cara de que no lo has hecho…- Decía entretenido mirando el aspecto infantil y amodorrado de su amigo. -¿Por qué no aprovechas que Yori está dormido y vas a comer algo?- A pesar de que era dos años más joven que Ueda, siempre se mostraba un tanto sobreprotector con él, probablemente debido a su personalidad y apariencia.

-Tienes razón…- Sonreía un poco apenado ya que Ishigaki lo conocía muy bien. –Sí, creo que debería ir a comer algo…- Parecía un poco serio y cansado, Ishigaki se preguntaba si no estaba exigiéndose demasiado. -Dai-chan~… muero de hambre~…- Hacía un lindo puchero mientras se sentada a su lado. Ése sí era el Ueda que estaba acostumbrado a ver, una vez que vio que había robado una sonrisa a su amigo que parecía un poco preocupado, dejó de lado su voz aniñada. –Cuídalo por mí un rato, quieres?…- Miraba de reojo a Fujiie mientras dormía.

-No tienes que ser tan informal Tat-chan… ahora con mayor razón cuidaría de él… ya no sólo es importante para mí sino también para ti…- Ueda entendió a la perfección lo que Ishigaki le estaba diciendo con aquellas palabras así que se ruborizó un poco.

-Dai-chan… gracias… no quieres nada?- Le dijo desde la puerta antes de salir.

-Nop… yo almorcé hace como una hora…- Respondía cerrando bien las cortinas para que no le molestara a Fujiie la luz mientras dormía. Ueda bajó en el elevador, en realidad se sentía mucho más cansada de lo que se veía pues no solía desvelarse ni malpasarse.