Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

Archivo para Kamenashi Kazuya

Parallel World Cap.3

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 3: El beso que mató una sonrisa.

 

 

Para cuando terminaron de tocar, la luz de día había desaparecido por completo. Las luces de la ciudad llenaban la noche con cientos de estrellas multicolores. Desde donde estaban, parecía como si la ciudad misma fuera una especie de mar de destellos de colores. Ueda permanecía recargado en el marco de la ventana contemplando aquella vista que tanto le fascinaba y que sólo podía ser vista desde las afueras de la ruidosa ciudad.

 

Lenta y sigilosamente, Ishigaki se acercó a él por la espalda, aguantándose con todas sus fuerzas la risa para no delatarse… sólo para acercarse lo suficiente como para soplar suavemente en su oreja. No podía evitarlo… Ueda siempre reaccionaba de una forma tan linda que cuando tenía la oportunidad, no podía contenerse. Sin embargo esta ve la tan esperada reacción no llegó, a cambio sólo recibió una nostálgica mirada y una sonrisa a medias… Sabiendo que no era bueno preguntar en ese momento, no le quedó de otra más que sonreírle mientras revolvía su lacio y oscuro cabello con los dedos. Fujiie contemplaba a aquel par desde el otro extremo de la habitación donde desconectaba y guardaba los cables de su bajo, preguntándose si acaso ellos dos eran más que amigos.

-Será mejor que me vaya… si no me doy prisa perderé el último tren…- No quería interrumpirlos, pero se hacía cada vez más tarde y ellos parecían no hartarse de no hacer nada mientras estuvieran juntos.

-¿Es tan tarde ya?- Ueda miraba con desgano el reloj que colgaba de la pared sobre la pecera. –Yo también me voy…- Tomó del respaldo del sillón su abrigo negro y comenzó a abotonarlo lentamente, resultaba obvio que no quería irse.

-¿Seguro que quieres irte?- Sabes que puedes quedarte…- Por el modo en que se lo dijo, dedujo que no sería la primera vez.

-No, puedo escuchar a mi almohada llamándome suplicante para que vuelva a casa…- Miró a Ishigaki una última vez sonriéndole de nueva cuenta de aquel modo que tanto le gustaba y los despidió agitando la mano desde la barandilla de la escalera cuando los vio salir a la calle después de perderlos de vista mientras bajaban las escaleras.

-¿También tomarás el tren, Ueda-san?- Tímidamente rompió por fin el silencio que había entre ellos.

-Llámame sólo Ueda, quieres?- Su voz era agradable.

-Seguro?- Le parecía extraño pues acaban de conocerse hacía apenas unas horas.

-Sip…- A través de los mechones de cabello y la capucha de su abrió sobre su cabeza, alcanzó a ver una cálida sonrisa.

 

A medida que se acercaban al parque comenzaron a sentir frío. Ueda caminaba con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo sin notar que era cuidadosamente observado por la delgada figura que caminaba uno o dos pasos detrás de él con las manos rojas por el frío.

-¿Lluvia…?- La suave voz de Ueda lo sacó de sus pensamientos. Ambos miraron hacia arriba al notar que la luz de la luna había desaparecido entre densas y oscuras nubes, finas gotas comenzaron a caer resbalando sobre sus rostros.

 

Para cuando llegaron al andén de la estación, ya estaban empapados de pies a cabeza… aquella leve llovizna se había convertido en tormenta en apenas unos minutos. Tuvieron que correr los últimos metros para no perder el tren. Al verse en el reflejo del cristal los dos echaron a reír al ver el aspecto que tenían. Por suerte su abrigo había impedido que su ropa se mojara, así que Ueda se desabotonó rápido y se lo quitó para atravesarlo en el pasamanos más cercano. Por el contrario Fujiie estaba completamente mojado, así que aunque se quitase la sudadera, no hubiese servido de mucho.

 

Su viaje transcurrió tranquilamente entre risas y una plática amena sobre música y comida… dos de las cosas favoritas de ambos. Su sorpresa fue mucha cuando descubrieron que Ueda vivía cerca de la universidad donde él e Ishigaki estudiaban… y todavía se sorprendió más al saber que Ueda también estudiaba ahí pues no recordaba haberlo visto antes.

 

Lo último que vio antes de que la puerta se cerrara y el tren se alejara de donde estaba parado fue una amplia y hermosa sonrisa de parte de aquel chico que le decía adiós con la mano a través del cristal… su mirada se había tornado más amable conforme habían estado hablando, su cabello oscuro, aún húmedo y despeinado, enmarcaba las delicadas y finas facciones de su rostro; por alguna razón que apenas si lograba entender, aquel chico que lo miraba mientras se despedían le parecía cada vez más fascinante, casi como si fuera algo a lo que se había vuelto adicto.

 

En su pequeño y acogedor apartamento todo seguía cómo lo había dejado cuando se fue… lo único que había cambiado era el brillo en sus ojos. Y mientras se daba un baño caliente, Fujiie se preguntaba si volvería a ver pronto a aquel enigmático chico que se ocultaba del mundo bajo el gorro de su abrigo.

 

Todo estaba oscuro cuando abrió la puerta; había salido con tanta prisa que había olvidado encender la luz del recibidor antes de irse. Una luz pequeña y roja parpadeaba al fondo de la sala. No estaba seguro de querer escuchar, pero podía ser algo importante, así que presionó el botón para oír el mensaje. Como suponía, no era más que su ex… después de haber ido por una toalla para secarse un poco el cabello, estaba completamente decidido a borrar el mensaje sin terminar siquiera de escucharlo… pero algo en el tono de su voz le dijo que algo había pasado… de pronto le pareció que Akanishi estaba conteniéndose el llanto y aunque no sabía la razón, podía sentir como si algo se agolpara en su pecho… el mensaje terminó, pero él seguía sentado junto a la mesita donde estaba el teléfono, apoyando ambos brazos sobre sus rodillas, cabizbajo, ocultando el rostro debajo de la toalla blanca… aunque no quería, sus tibias lágrimas cayeron sobre la duela de madera… Quería odiarlo… pero era demasiado tonto como para seguir preocupándose por él.

 

Ya estaba acostumbrado a levantarse temprano. Aún cuando no hacía más de 15 minutos caminando a la Universidad, le gustaba tomarse su tiempo para arreglarse y dejar todo en orden en su casa antes de marcharse. Ueda siempre había sido así, después de todo, su padre era un político respetado y desde pequeño tuvo que aprender a ser independiente y autosuficiente, aún si eso significaba estar siempre solo; ahora había terminado por disfrutar de la soledad y a veces olvidaba lo que era la compañía de alguien más… así, Akanishi había logrado convertirse en su todo… en un mundo donde la música era su vida, el amor se había convertido en una cálida luz brillante que le recordaba que ya no estaba solo… esa misma luz que empezaba a extinguirse rápida e inevitablemente. Caminó lentamente hacia el recibidor, tomó las llaves y su saco, se puso los zapatos y abrió la puerta. De algún modo, al ver dentro, de pronto su casa le pareció un poco fría y sombría. El sonido de la puerta al cerrarse disipó la nube de pensamientos estúpidos que azotaban su mente en ese momento. Caminar siempre le ayudaba a relajarse, así que al final decidió tomar el camino largo hacia la escuela, al fin y al cabo, tenía mucho tiempo de sobra.

 

Como todos los días, su despertador fue apagado inconscientemente en su afán por dormir un poco más. Ahora era su celular el que llenaba la habitación con una dulce melodía… de pronto abrió los ojos… por el tono sabía que era Yodogawa, lo cual sólo podía significar una cosa: otra vez se había quedado dormido… Se incorporó de la cama de un salto y buscó el celular. Mientras hablaba con su mejor amigo se daba prisa en cambiarse de ropa… el chico al otro lado de la línea le explicaba algunos detalles sobre arreglos que le había hecho a las canciones al tiempo que Fujiie se lavaba los diente, tras lo cual salió corriendo cargando el bajo y su mochila, cerrando de prisa y como podía la puerta. Si corría alcanzaría el tren de las 8:00 y sólo llegaría 15 minutos tarde, con lo cual aún tendría derecho a un retardo en vez de una falta.

 

Ueda caminaba tranquilamente por uno de los amplios jardines de la escuela rumbo al edificio donde tendría su primer clase del día. No pudo evitar quedarse inmóvil en cuanto vio a unos metros de donde estaba a Akanishi con Kamenashi despidiéndose afectuosamente al pie de las escaleras que él tenía que subir. No podía continuar… aún no se sentía capaz de enfrentarse a ellos, mucho menos si estaban, sabía perfectamente que la sonrisa amable de Kamenashi y la mirada cínica de Akanishi no harían más que destrozarle más el corazón… ya estaba harto de llorar, simplemente quería dejarlos atrás.

 

Aunque quiso seguir corriendo para ser el primero a quien le diera los buenos días, al contemplar aquella escena entendió que no obtendría a cambio aquella sonrisa que estaba anhelando volver a ver. Aquel par se alejó tras un largo beso. El rostro de Ueda le pareció el vivo retrato de la tristeza encarnada… y un fuerte dolor comenzó a oprimir su pecho al ver cómo aquel chico que emanaba tanta luz se encogía poco a poco, como si se escondiera del mundo. Fujiie no supo que hacer o que decir en ese momento… simplemente no pudo hacer nada… al final sólo lo vio alejarse y subir los escalones del edificio de la sección de piano y voz.

Parallel World Cap.2

Parallel World

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FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 2: El llanto que cantaba en una sonrisa.

Aunque le daba pena por Ishigaki, a Ueda le gustaba que viviera en el quinto piso, porque así podía hacer un poco de ejercicio al tener que subir las escaleras, pues el edificio no tenía elevador, después de todo, no podía vivir en un lugar muy costoso porque su trabajo a medio tiempo no se lo permitía.

Como siempre, tocó el timbre una vez y luego golpeó suavemente con la mano dos veces. De inmediato, aquella voz tan familiar le respondió desde el otro lado y luego su amable sonrisa le dio la bienvenida cuando abrió a puerta.

-Hola! En verdad no creí que fueras a llegar tan rápido…- Se hizo a un lado para que pasara y luego cerró la puerta.

-¿Por qué? Te dije que no tardaría…-

-Es que dijiste que sólo te bañarías y eso… pero siempre tardas horas en arreglarte!- Bromeaban como de costumbre mientras caminaban hacia la cocina.

-En verdad hiciste las crepas?!- Ueda apenas si podía creerlo cuando las vio en un platón, listas para ser preparadas.

-Claro! Dijiste que querías desayunar eso, no?-

-Waa~! Gracias Dai-chan!- No era para nada raro que entre ellos se trataran con bastante cariño, habían sido amigos desde que Ishigaki entró a la escuela secundaria donde Ueda estudiaba, comenzando una gran amistad debido a su afición por la música… su amistad había sido cuidadosamente cultivada todos estos años, y nunca nadie ni nada había logrado perturbarla ni siquiera un poco. Hasta Akanishi a menudo se sentía celoso por la forma en la que amos se trataban, y a pesar de lo que muchos pensaban a veces, ellos nunca habían sido ni serían algo más que amigos.

-Gaki… gracias! Ya dejó de sangrar…- Ueda volteó  enseguida al reconocer aquella voz, podía olvidar los rostros de las personas fácilmente pero no sus voces, aunque apenas si cruzaron palabras, su oído no podría haber olvidado aquella voz… nunca se equivocaba.

-Ah! Yori-kun…- Le respondía amable Ishigaki al verlo en la sala.

-Ustedes… se conocen?- Preguntaba Ueda un tanto incrédulo al ver que Ishigaki, quien generalmente llamaba a todos por su apellido, trataba tan familiarmente a aquel chico.

-Sí, él es mi kohai en la universidad… aunque eso es un poco raro ya que es un año más grande que yo jejeje, como sea!… se llama Fujiie… Fujiie Kazuyori…-

-Mucho gusto… Soy Fujiie…- El chico se puso rojo hasta las orejas y apenas si lo miró cuando le dio la mano.

-Igualmente… yo soy Ueda Tatsuya…- sus miradas se cruzaron inevitablemente cuando Ueda le sonrió, Fujiie no pudo quitarle los ojos de encima, algo en su pecho le había dado un vuelvo increíble… era algo que nunca antes había sentido… y mucho menos con un chico. -Lamento muchísimo lo que pasó hace rato, cómo se encuentra tu rodilla?- Ueda de inmediato fijó su mirada en el vendaje que se había colocado cuidadosamente con cinta micropore.

-Sí, no fue nada grave no te preocupes… apenas si molesta… no te preocupes…- Fujiie se apresuraba a negar con ambas manos, simplemente resultaba adorable aún cuando moría de nervios.

-¿Eh? Ya se conocían? Tat-chan, tú fuiste quién derribó a nuestro pequeño Yori en el parque?…- Al instante sus mejillas se tiñeron del mismo tono rojo intenso de sus labios cuando Ishigaki dedujo lo que había pasado.

-Gaki!… también fue mi culpa por ir corriendo distraído… porque yo sí lo vi… él a mí no…- Ueda miró de reojo a Fujiie y le dirigió una cálida sonrisa mientras volvía inclinarse a modo de disculpa.

-Ok, ok… entre que fue culpa de Tat-chan o fue tu culpa, mejor desayunemos… supongo que te irás antes de que se ponga el Sol, verdad?- Aquellas palabras no obtuvieron la reacción habitual de parte de Ueda, en vez de una tímida sonrisa y su típico “no digas esas cosas!”, esta vez, por un breve instante antes de que girara su rostro hacia otro lado, Ishigaki creyó ver un par de lágrimas luchando por escapar de sus ojos melancólicos… sólo ese par de segundos fueron suficientes para que se diera cuenta de que Ueda y Akanishi habían terminado. Sin embargo, aún cuando él lo sabía perfectamente , lo veía sonreír y actuar como si nada pasara, lo cual no hacía más que preocuparlo por cómo se sentía en realidad, Ueda siempre había tenido problemas para mostrar sus sentimientos, debido a su entorno siempre había sido tímido y muy reservado, así que sí, definitivamente estaba preocupado por él.

Hacía mucho que no tenían un rato tan agradable juntos, la compañía de Akanishi se le había vuelto casi intolerable, odiaba el modo en que trataba a Ueda… sobre todo porque Ishigaki lo había descubierto mucho antes que su mejor amigo… Akanishi se había estado acostando con uno de sus compañeros de clase… un chico delgado de cabello oscuro al que Ueda conocía muy bien y a quien le tenía mucho aprecio… Kamenashi Kazuya… su compañero de casa.

La impresión de encontrarlos juntos había sido demasiada para el pobre chico… Ishigaki lo sabía perfectamente, había sido él quien abrazó a Ueda mientras lloraba desconsoladamente tras dos horas en las que sólo se quedó derrumbado en el piso de su departamento, justo bajo la ventana desde donde ahora miraba el exterior,  sujetando con fuerza su mano sin decir una palabra… casi como si fuera un muerto en vida… y es que en cierta parte, ese día había muerto algo dentro de él.

Ahora no podía evitar sentirse culpable, después de todo había sido idea suya citar a Akanishi para hablar una última vez… Ueda no tenía ni la menor intención de volver a su lado… sólo había algo que no era capaz de perdonar… la traición. Simplemente quería que Akanishi le explicara qué había pasado entre ellos, porque la incertidumbre lo estaba matando… el no saber qué había pasado cómo para que las cosas hubieran terminado así lo estaba torturando al grado de robarle el sueño y e apetito… las dos cosas que más disfrutaba en la vida después de la música. Preocupado por su estado, Ishigaki le sugirió hablar con él una última vez, creyendo que Akanishi no se negaría, después de todo, en un par de días hubiera sido su cuarto aniversario juntos y eso debía ser algo aún para alguien como él. Pero al parecer nada de eso había tenido importancia para Akanishi, al menos ya no.

Y por primera vez en la vida, le dolió verlo sonreír… porque entendió a la perfección que detrás de esa radiante sonrisa que tenía mientras ponía más helado de chocolate en el plato de Fujiie, se escondían amargas y dolorosas lágrimas dentro de su corazón.

-Ishigaki… ¿él es quien te ayuda con tu proyecto de tesis?- Le preguntó Fujiie cuando Ueda se levantó para llevar los platos sucios a la cocina.

-Sí, Tat-chan es en verdad increíble… mucho más talentoso que yo…- Ueda se avergonzaba un poco cuando escuchaba que dijera esas cosas porque le parecían sólo exageraciones de su amigo.

-¡¿eeh?! Me cuesta creer que haya alguien que toque mejor que tú el piano…- Fujiie puso sus ojos sobre aquel misterioso chico.

-Pues deberías creerlo… él fue quien me enseño a tocar y quien despertó en mí el amor por la música…- Ishigaki siempre hablaba así de Ueda, para él era un amigo muy importante y con quien siempre estaría profundamente agradecido.

-¿De verdad?… Me gustaría escucharlo tocar algún día…- Su interés por aquel chico que caminaba hacia el fondo de la habitación seguía creciendo a medida que sabía más de él.

-Será en otra ocasión porque hoy sólo tocará la guitarra para mí…-

-¿Qué…? ¡¿También toca la guitarra?!- Estaba en verdad sorprendido.

-¿Están hablando de mí…?- El repentino aumento en el volumen de voz de Fujiie los delató inevitablemente, por lo que se avergonzó al ver que Ueda lo miraba divertido de que se llevara las manos a la boca como para detener las palabras que ya habían sido pronunciadas.

-Así es… sólo presumo a mi querido Tat-chan…- Realmente disfruta ésa expresión en el rostro de su amigo cuando se ruborizaba.

-Sueles ser exagerado, sabes?- Ueda continuó conectando los cables de la guitarra que tenía en casa de su amigo al amplificador. Aunque a Akanishi  también le gustaba mucho la guitarra, en casa no podía practicar a gusto, pues se ponía de muy mal humor si no lo dejaba dormir por la tarde antes de irse  a trabajar; así que mejor había optado por practicar en casa de Ishigaki durante esas horas.

Fujiie no pudo evitar mirarlo con los ojos abiertos de par en par… aunque Yonemura, su senpai y amigo de la Universidad con quien estaba empezando una banda, era de verdad bueno… No temía equivocarse al afirmar que la técnica de Ueda era mucho mejor… algo en su música… en su forma de tocar… algo en él lo hacía un espectáculo maravilloso… y de pronto le pareció ver a alguien completamente diferente frente a sus ojos… alguien sin ataduras… absolutamente libre como ésa melodía… y entonces entendió que éste era el verdadero Ueda Tatsuya… el que se fusionaba con cada cuerda, cada acorde, cada note… y por varios minutos ni él ni Ishigaki pudieron hacer o decir nada excepto contemplar aquella escena… como si ambos temieran que desapareciera si parpadeaban siquiera.

Parallel World Cap1

Parallel World

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FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi


CAPITLO:  Las hojas que flotaban en el viento.

La lluvia caía incesantemente al otro lado del ventanal… los acrílicos alrededor de los focos le daban una calidez agradable al café donde Ueda miraba las gotas resbalando a través del cristal, mientras permanecía sentado en una mesa de la esquina jugando con el popote en su vaso… Su abrigo era el único que no estaba mojado… ese detalle aunado a que sus guantes y su bufanda reposaban en el asiento de un lado, denotaban que llevaba por lo menos una hora esperando en la cafetería, pues era más o menos el tiempo que llevaba lloviendo en Kanagawa.

Los minutos continuaban pasando y su teléfono celular seguía sin sonar… poco a poco su rostro dulce y apacible dio paso a la decepción mezclada con tristeza… La leve sonrisa irónica que se dibujó fugazmente en la comisura de sus labios rojos dejaba en claro que la situación  no le resultaba inesperada… después de todo, Akanishi nunca lo había visto como algo serio… no era más que su juguete para las noches en que no podía tener a Kamenashi.

Y al final, lo que había sido planeado como una cena para dos… terminó servida intacta sobre la mesa, ahora vacía, al tiempo en que Ueda salía del lugar acomodándose la bufanda dentro del abrigo y echándose encima la capucha para ocultar su rostro de la gente que lo miraba en la avenida… no debía llorar… no valía la pena.

El frío de la madrugada junto con el timbre de su celular en alguna parte de la alfombra cerca del sillón donde se había quedado dormido, terminaron por despertarlo; a tientas, aún con los ojos cerrados, trataba de alcanzar el móvil para contestar… por la melodía que hacía eco en la quietud de su departamento, sabía que era Ishigaki quien lo llamaba… y siendo él, era seguro que se trataba de algo importante.

-¿Daisuke?-

-¿Tatsuya? Lo siento… ¿Te desperté, ne?-

-No te preocupes… igual no lograba descansar del todo… ¿Qué pasa?-

-¿Tienes planes par ahoy?-

-Realmente no… ¿por qué preguntas?-

-¿Podrías escuchar algunas canciones que compuse para mi examen final de la escuela?-

-Seguro… sabes que siempre puedes contar conmigo.-

Muchas gracias… Sería mejor que te deje dormir un poco más… ¿te veo por la tarde?-

-Mmm… no, sólo me baño y te veo en tu casa… te prepararé el desayuno…-

-¡Ah! No! En todo caso, lo debo prepararé yo… ¿de acuerdo?-

-OK! ¿Podríamos desayunar crepas? En verdad amo tus crepas!…-

-Jajaja… de acuerdo… Aquí te veo…-

La música sonaba un poco alto en sus audífonos mientras iba de pie recargado en un pasamanos cerca de la puerta en el tren, como de costumbre, evitaba que los demás lo miraran demasiado escondiendo su  rostro debajo de los mechones lacios de cabello que caían sobre su frente y mejillas. Si acaso alguien le habló, ni siquiera se dio cuenta; no se percato ni de las dos chicas sentadas frente a él que no habían dejado de coquetearle hasta que bajó del tren… y no es que no las hubiera visto, después de todo, una de ellas le resultaba por demás atractiva, simplemente era que odiaba a las chicas fáciles y en ese momento no quería iniciar una nueva relación, si acaso era que lo que  tenía con Jin podía haber sido considerado una relación.

La caminata hasta el departamento de Ishigaki siempre le resultaba agradable; y nada disfrutaba más del paseo que caminar por el parque en esta época del año cuando el verde de las hojas comenzaba a cambiar de color. El viento un tanto frío sobre su rostro entremezclado con el sonido del requinto de la guitarra eléctrica lo sacaron por un momento de la realidad… un breve instante en el que no pudo darse cuenta de que detrás suyo venía un chico delgado y de rostro infantil corriendo a toda prisa mientras cargaba al hombro un estuche negro de algún instrumento musical, así como su mochila y un montón de papeles entre las manos… un breve instante en el que se detuvo de súbito y extendió la mano para atrapar una hoja de arce color dorada que caía meciéndose suavemente con el viento… un breve instante en el que golpeó a aquel chico haciendo que sus hojas llenas de tablaturas terminaran esparcidas en el aire para caer al suelo.

-Lo siento mucho…- se quitó de inmediato los audífonos.

-… y justo cuando ya voy tarde…- le escuchó decir bastante preocupado.

-Lo siento muchísimo…- Decía una y otra vez inclinando la cabeza.

Ambos levantaban las hojas tan rápido como podían, Ueda estaba tan apenado que apenas si se atrevía a mirarlo a la cara; el otro chico parecía tan angustiado que ni siquiera notó el raspón en su rodilla.

-Toma…- Ueda extendió amablemente el pañuelo, aunque el chico lo miraba desconcertado y no lo tomaba. Ueda lo puso con cuidado sobre el raspón para limpiar los rastros de sangre que comenzaban a salir debido a la posición en la que el chico estaba mientras recogía sus cosas.

-Oh… gracias…-

Ahora era el otro chico quien se sonrojaba un poco mientras Ueda le amarraba cuidadosamente su pañuelo cubriéndole la herida. Acto seguido, le ayudó a levantarse y se despidió de él viendo como se alejaba lo más rápido que podía justo en la dirección a la que él mismo se dirigía… En el momento en que se disponía a seguir su camino, algo que brillaba en el piso llamó su atención, se agachó para levantarlo y lo tomó en la palma de su mano… era una pulsera de plata con unos pequeños dijes colgados… “F” y “K”. De inmediato levantó la mirada pero el dueño de aquella pulsera había desaparecido de su vista entre la multitud que cruzaba la avenida.

Kojiciento. Cap 7

Capítulo 7.

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No podían creerlo.
Recogieron todo el desastre que habían echo y se fueron directo a casa de Jin.
Cuando llegaron, volvieron a leer cuidadosamente cada anotación y después, llamaron a Ryo y a los demás.
Cuando ya estaban todos reunidos, Seto y Kenn los miraban totalmente serios.
Y pusieron la carpeta sobre la mesa.
– ¡Somos nosotros!. – Dijo Koki.
– Sí… Pero antes lean la primer página. – Así lo hicieron.

“{¡Ohayou querido Ed-sama!, Takki al habla.
Bueno verá, estaba pensando en hacer otro escándalo o algo así, pero como no se me ocurre nada bueno por el momento, he decidido iniciar un nuevo proyecto.
Claro que una vez fusionados los D-Johnnys y los P-Ponnys, éste iniciará enseguida.

Kenzo está interesado también, así que será bueno.
Bueno, me he tomado la libertad de recolectar toda la información y las ideas para usted, querido señor. Espero que le agraden los colores que elegí para lo que considero importantes.
¡Será todo un éxito!.}”.

Todos se miraron entre sí rascándose la cabeza y deseando dejar de leer. Si se trataba de esos sucios planes que imaginaban, preferían no entrar en detalles.
Avanzaron despacio hacia la siguiente página.
“{Kojiciento}”. Decía en letra demasiado grande.

En la siguiente, venía una foto de Seto con algunas notas moradas y rosas.
“Koji será el protagonista de esta historia… Desde que lo contrató supe que era el indicado… Espero que a estas alturas ya sepa cocinar bien…

Es el típico ama de casa… Amo de casa. Y vive en un mundo de fantasía donde todo es amor y paz. Todos los días  cocina para él y su familia (Akanishi: El hijo mayor, Chinen: La hija menor y Yamada: El hijo adolescente rebelde-descarrillado que sigue a su hermano mayor en todo). También, los domingos lava todas las camisas de su querido esposo (Ueda) y todas las mañanas va con sus amigos y vecinos.
Pero no todo es feliz para Seto, ya que tiene que hacer mucha limpieza y por lo mismo no ha cumplido su sueño de ser cantante… Así que siempre, a cualquier hora del día, lo pueden escuchar cantar y cantar.
(¡Oh, pobrecillo!). Había apuntado Takki.

A la siguiente hoja, venía la foto de Ueda:
Ueda será el esposo de Seto, trabaja mucho y es el esposo ideal.
Todo parece perfecto… Pero puede ser que tenga un amante o algo así.
¡Sí lo tiene!, (Taguchi servirá para esto)… ¡Pero Taguchi también está con Nikishido!
(Todo un cuadrado-amoroso, ¿eh?).

Sakurada y Yanagishita:
Los mejores amigos de Koji.

Las fotografías de Kame, Koki y Juri estában ahí:
Kamenashi y los dos Tanakas; serán los vecinos de la familia de Ueda y Koji.
Son huérfanos, así que el hijo mayor Koki tendrá que cuidarlos bien.
Kamenashi está enamorado del hijo mayor de Koji (¡ah esto no es ficción!).
Koki también vive enamorado de Nakamaru. (Siempre le dejan todo el trabajo sucio a Koki).

Maru y Jun venían a la otra hoja:
Nakamaru y Matsumoto son compañeros de piso y de trabajo…
Familia cercana de Yamashita, Kenn y los demás.
(¡Y que malvado será Matsumoto!).

Luego, aparecieron Tsubasa, Takki, Tamamori y Toma:
Mi querido Tsubasa, yo, Tamamori e Ikuta, formamos otra familia feliz. Donde, no sucederán desgracias y serémos vecinos también de Seto y los demás.

La penúltima serie de fotografías incluía a Yamapi, Kenn y Tegomass.
Tegoshi y Masuda, son hijos de Yamashita y Kenn. (Y por puro fanservice, para aquello del rating, habrá shonen-ai-incesto entre los dos hermanitos).

“{Bueno querido jefe ese es el reparto por ahora, luego hablaremos de la historia… Pero antes, ¡necesito que compre los D-Johnnys ya!.
Kenzo está interesado en mi historia, así que con gusto la producirá.
También es necesario que no le diga nada de esto a los chicos hasta que todo esté echo.

Y con esto, ya hice mucho por mis queridas fans. ¡Dos pájaros de un tiro!}”.

Seto y los demás dejaron de leer y empezaron a reír imaginando la historia y aplaudiendo a la gran imaginación de Takki.
Sus carreras no se acabarían, no harían cosas malas y sucias (del todo), y Kenzo era un famoso productor de doramas y películas.

– Pero esperen… Ryo ha dicho que tendrían que seguir saliendo en…
– Sí, eso es cierto… Pero sólo algunos lo hacen y por voluntad propia. – Dijo Ueda. – Como Ryo.
– ¿Entonces todos nos equivocamos y Takki y Ed-sama sólo planeaban una nueva historia para nosotros?.
– Creo que sí. – Dijo Kenn.
– Bueno… Me siento bien de saber que no es nada malo…
– ¿Lo ves?. ¡Te lo dije!. ¡No te metería en nada malo See-chan!. – Dijo Tomo.
– Sí, como no… – Se quejó Seto.

Kojiciento. Cap4

Capítulo 4.

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Al día siguiente, Seto despertó entre cajas de pizza y latas vacías de Sake barato.
Había sido una noche agitada entre la celebración de quien sabe qué y la evidente diversión que se traían Kame y Jin en la otra habitación.
Sonó el timbre, pero antes de que alguien pudiera ir a abrir, Tomo ya se encontraba dentro.
– ¡See-chan!. ¡Estás vivo!. – Gritaba Tomo mientras se abría paso entre los cuerpos de todos los presentes.
– ¿Dónde está Dori? ¡¿Pensabas que estaba muerto?!.
– Dori no vino… Pero en su lugar, ¡he traído a Ryo!.
– ¡Ryo!. – Fueron corriendo todos a recibirlo, incluidos Kame, Jin y Ueda.
Seto se quedó recostado sobre las cajas vacías de cartón.

– Bueno chicos… – Hizo una pausa. – Y Ueda… He ideado un plan mucho mejor que el anterior.
– ¡Dilo hombre!. – Dijo Koki.
– Hacemos que Seto se venda a Kenzo, lo convence de que lo haga dueño de los P-Ponnys; una vez Seto en el poder, mezcla ambas compañías: D-Johnnys y P-Ponnys… Me entrega el poder a mí, así que quedo como presidente, Tegoshi será mi hermosa secretaria… Ustedes, los empleados, Shige… Pensaré algo útil para él… Taguchi, podría ser el animador que atrae clientela haciendo ridiculeces bajo el rayo del sol… También podemos seguir explotando a Yamapi y sacando provecho del amor de ciertas personitas – señalo hacia Kame y Jin- … Y Seto-kun será… ¡El intendente!. – Ryo exponía los nuevos planes con las latas vacías del piso mientras todos, en círculo observaban perplejos ante tanta inteligencia y perversidad.
– ¡No quiero hacer limpieza nunca más!.
– Es tu destino See-chan. – Dijo Tomo.
– Pero mientras tanto, tenemos que seguir fingiendo que le somos fieles a Ed-sama y tenemos que seguir actuando en esas horribles películas porno…
– ¡PELÍCULAS PORNO!. – Grito Seto mientras saltaba de la basura. – ¡¿SALEN EN PELÍCULAS PORNO?!.
– Así es…
– ¡No quiero!. – Seto se volvió a poner pálido y cayó sobre el piso.
– Bueno, Takizawa podría tener toda clase de planes para nosotros, así que no digan nada y sigan como si nada… Tampoco le digan nada a Kenn ni a Matsumoto, seguro que ellos desde los J-Johnnys también planean algo malo. – Ryo aplastó dos latas y salió del departamento, todos fueron tras de él, excepto Seto que seguía impactado.

Como ya había pasado un buen rato y nadie había vuelto, Seto inconcientemente se puso a levantar todo el desastre y a fregar el piso, sacudir el polvo de los muebles y poner todo en su sitio.
“Quiero salir en revistas y tener 50 photobooks, escuchar mis canciones en la radio y ver mi rostro en la TV… Pero, ¡no salir de muerde almohadas en una película casera!” Pensaba mientras se sonrojaba y mejor cambio sus pensamientos.
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En todo Japón, todo el mundo estaba agitado ya; los adultos preparaban rápidos desayunos e iban rumbo al trabajo, los niños miraban televisión mientras se alistaban para ir al colegio y las jovencitas, despertaban dándole los buenos días a los afiches de sus D-Johnnys y P-Ponnys favoritos que se encontraban pegados sobre corchos y la pared.

En algún lugar, la cabeza de Hideaki Takizawa se llenaba de los “Buenos días” que siempre recibía.
– Buenos días mis queridas fans… ¡Tengo que hacer algo por ustedes!. – Decía en voz alta.
Se levantó, tomó una rápida ducha y emprendió camino hasta su adorado trabajo.
Cuando llegó, fue directo a la oficina de Ed-sama y entró decidido.
– Buenos días Takki, llegas temprano hoy.
– Sí señor, tengo una buena alarma despertadora…
– Bueno, hablemos de los negocios de esta quincena…
– Sí, verá… Parece que D-Johnnys y P-Ponnys se fusionarán, ¿cierto?. Por lo que, tendremos más trabajo y esas cosas… Además, de que los miembros de ambas agencias se han visto envueltos en varios escándalos recientemente…
– Así es, pero siempre lo solucionas tú. – Interrumpió Ed-sama.
– Sí, pero ahora tengo una idea mejor…
– ¿Se trata de un nuevo súper-escándalo?.
– Todo será improvisado, señor.
– Perfecto… Bueno, ¿de cuánto estamos hablando?.
– Aún no es seguro, pero hablaré con ellos y lanzaré la convocatoria.
– Y adviérteles que si no se presentan hoy mismo a verme, no recibirán su parte.
– ¿Y cuándo la han recibido?.
– ¡Ve y llámalos!

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A la semana siguiente, Seto seguía viviendo en el apartamento de Jin con los demás, y de vez en cuando Dori y Tomo iban de visita.
Una de esas ocasiones, llegaron con prisa y anunciaron que dentro de pocas horas se llevaría a cabo el plan de Takizawa.
Todos salieron corriendo, Ueda llevaba casi arrastrando a Seto, quien no quería ir.

Llegaron de nuevo al prostíbulo disfrazado de agencia: El edificio principal de los P-Ponnys.
Ed-sama hizo una mueca perversa al ver a todos los chicos llegar; pero ésta se marcó más cuando notó como Ueda forcejeaba con Seto para hacerlo entrar.
Takki los dirigió a la sala de reuniones, donde tres hambrientas fans por jugosos chismes los esperaban.

– ¡Bienvenidos queridos D-Johnnys y P-Ponnys!. – Decía animosamente Takki. – Hemos organizado esta convivencia con tres afortunadas fans y aquí ellas preguntarán cosas a ustedes como parte de una encuesta comercial.
– Ah~, Takki y su perversa manera de ver los negocios. – Susurró Ryo.
– Bien, les presentaré a los chicos: – Takki hizo música de tambores -.

De los P-Ponnys: Nikishido Ryo -quien traía cara de fastidio-, Akanishi Jin -quien estaba fumando-, Kamenashi Kazuya -que miraba y escuchaba atento-, Ueda Tatsuya -quien impedía que Seto saliera corriendo-, Nakamaru Yuichi -que también miraba con atención y le ayudaba a Takki a hacer la música-, Tanaka Koki -quien cuidaba de su hermano-, Tanaka Juri -quien jugaba con el cabello de Seto-, Yamada Ryosuke -quien alejaba a Chinen de su hombro-, Chinen Yuri -Que dormía sobre el hombre de Ryosuke- y Seto Koji -quien a como de lugar, quería huir-. Así como todos los demás que no están aquí hoy pero que seguro ustedes, las queridas fans, ya conocen.

De los D-Johhnys: Matsumoto Jun -quien se miraba las uñas-, Yamashita Tomohisa -quien molestaba a Jin-, Tegoshi Yuya -quien sonreía y hacia guiños para las fans-, Masuda -quien también interactuaba con las fans-, Kenn -quien se había unido a la fumadera con Jin-, Shige, Tamamori, mi querido Tsubasa -quien estaba al lado de Takki-, Ikuta Toma, y también todos los que faltan el día de hoy.
Después Takki tomó aire y fue a buscar un poco de agua.

– Bueno, la dinámica de hoy es sencilla, ustedes les harán preguntas a los chicos y en base a sus respuestas, veremos si es conveniente mezclar ambas agencias. – Tsubasa había tomado el lugar de su amigo.
– ¿Tenemos que responder todas las preguntas?. – Preguntó Ryosuke desde su asiento.
– ¡Sí!. ¡Comencemos!. – Una fan levantó la mano enseguida.
– ¡¿A quién odian más de ambas agencias?!. – Preguntó.
– ¡Yo sé esa!, ¡Yo sé esa!. – Gritó Ryo. Todos lo miraron de reojo.
– Ryo, no es necesario que contestes a esa. – Dijo Takki quien ya había retomado su puesto como animador y moderador.
– ¡Pero yo sé la respuesta!. ¡Ganaré el premio!.
– ¡Esto no saldrá en la televisión ni en ningún otro medio de comunicación y no hay premios aquí!.
– Ah~~. – Ryo guardó silencio.
– ¡Yo tengo una pregunta para Ueda-sama!. – Dijo otra fan.
– Adelante…
– Ueda-sama… ¿Odias a Ryo?.
– No, para nada, de echo, le he comprado un pececito. – Respondió Ueda mientras sacaba de debajo de la mesa una pecera.
– ¡Que liiiindo!. – Chillaron las fans.- Ryo aceptó su obsequio gustoso.
– Deberíamos llamarlo “El pequeño pececito dorado de Ryo”. – Bromeó Koki.
Todos rieron.
La reunión duró 150 estúpidas preguntas más y aparte una sesión fotográfica y de autógrafos.

Cuando todos se iban, Ryo, pecera en mano, detuvo a Seto.

Kojiciento. Cap3

Capítulo 3

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Seto no entendía nada y hacía demasiadas preguntas.
– ¿Quién eres?. ¿Qué haces aquí?… Sé quien eres… ¿Esto es un secuestro?. Avísale a Dori, no a Tomo…
– ¡Ah no es un secuestro!. Sólo quiero salvarte de tu jefe, Kenzo y Sachiko.
– ¿Porqué?!. – Gritaba Seto.- ¡¿Porqué?!.
– Por que si sigues con ellos, podrías quedar como Yumehito… En la ruina total.
– ¿Qué ese no era el trabajo de Yamashita-sama en Kurosagi?… Salvar gente usada y estafada.
– ¿Lo viste?. ¿Verdad que el final es…? – Ueda se detuvo. – ¡Démonos prisa y dejemos de hablar de doramas!.
– Siento que me voy a desmayar…

Siguieron caminando hasta llegar a un conjunto de departamentos. De inmediato, Ueda lo llevó al 14B y abrió la puerta con la llave que estaba debajo del tapete.
– ¡Ya llegué JiiinJiin!.
– Ruidoso, despertarás a Kame. – Jin se encontraba tocando guitarra en el sofá.
– ¡Tú también con todo el escándalo que haces siempre que prácticas!. Bueno como sea, he traído a Seto Koji y espero que lo cuiden bien…
– Buee…Nas… Tardes. – Dijo totalmente confundido Seto.
– ¿Cuidarlo?. ¿Nosotros?. ¡No, que para eso he traído a Koki!.
– Pensé que él tenía que cuidar a Juri…
– También lo traje… – Koki, Nakamaru y Juri salieron de otra habitación saludando a todos los presentes.
– ¡Maru!. ¡¿Tú qué haces aquí?!. – Dijo Ueda.
– Pensé que necesitarán de mis habilidades y conocimientos adquiridos durante el ‘Rescue’.
– ¡Otra vez presumiendo de eso!. – Dijo Jin.
– Etto… ¿El dorama?. – Intervino Seto.
– ¡Sí!. ¡¿Me has visto?!.
– Sí… Es bueno… Etto… ¡¿Por qué parecemos fugitivos y Tanaka-san nos protegerá mientras nos refugiamos en este pequeño apartamento en casa de su cómplice?!. – El dramatismo de nuevo invadía a Seto.
– No te preocupes, cuando todo este listo, Dori o Tomo vendrán por ti…
– ¡No quiero estar aquí!.
– Es seguro que Ed-sama te esté buscando, antes de vender la mercancía, necesita probarla… Y también necesita a un criado.
– ¿Qué su criado actual no era Chinen?. – Habló Juri.
– ¡Es cierto!. – Dijo Ueda. – Bueno, parece que ahora quiere a Seto como sirviente privado, realmente le interesa.
– ¡Suficiente tengo con limpiar, lavar, planchar y cocinar para Dori y Tomo!. – Se quejaba Seto.
– Bueno bueno, eso no es problema. Sólo te usaremos un poquito. – Habló Jin.
– ¡Ustedes también!. – Seto daba leves golpecitos sobre el torso de Ueda.
– Luego te explicamos el plan, mientras tanto, te quedarás aquí con Jin y Kame… Y los demás.
– ¡No quiero!.
– ¡Deja de lloriquear!. – Se quejó Jin. – ¡Este es el único lugar seguro y no te soportaré demasiado si sigues con esa actitud.
– Entiendo… – Seto se aferró a el brazo de Ueda.
Éste le acarició la cabeza y fue a sentarlo sobre el sofá mientras los demás buscaban cosas en el refrigerador, las alacenas y hasta debajo del televisor.
– ¡Kameeee!, ¡Tenemos haaaambre!. – Gritaba Koki.
– ¡Vas a despertar a Kame!. – Decía Jin mientras iba a darle coscorrones a su compañero.
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Del otro lado de la ciudad, Hideaki Takizawa ordenaba papeles dentro de la oficina de Ed-sama en compañía de Kenzo y su ahora esclavo Yumehito.
– ¡¿Dónde está Seto?!. – Se preguntaban entre sí Kenzo y Ed-sama.
– ¡¿Dónde está Seto?!.
– Señores, como sabrán, esto de llevar los negocios es lo mío… No soy niñera.
– ¡Tenía planeado el futuro de ese chiquillo!.
– Igual que el de todos. – Rió Kenzo.

Anís. Cap4 -Final-

Capítulo 4.

Entrámos a la casa que más bien parecía fábrica de tábaco.
Comencé a limpiar todo mientras Jin se quedaba dormido sobre el sofá. Fuí por una cobija y su almohada favorita (aparte de mi brazo o mi pecho) y lo acomodé para que durmiera cómodo.
Una vez que terminé de limpiar y mientras aquél aroma tan desagradable desaparecía, cogí mis llaves y salí.

Cuando llegué al café, Ueda ya estaba ahí.
– ¿Para que me buscaste Kame?. – Preguntó desinteresado.
– Tú me buscaste a mí primero, así que esa pregunta en realidad me corresponde a mí.
– Quería pedirte perdón, pero ya es muy tarde. ¿No?.
– Sí…
– Además, no quiero intervenir entre tú y él… Sólo me dí cuenta de que hice mal.
– Así es Ueda, pero ya es tarde. Se terminó hace mucho y si no mal recuerdo, fue todo tú culpa.
– Lo sé. – Ueda jugaba con la chuchara del café.
– Además, ¿no estabas con alguien?.
– Sí, pero sólo me engañó…
– Ah… Pues yo no estaré disponible cuando quieras o cuando alguien te tiré a la basura. Parece que tomaste un poco de tú propio chocolate, Ueda.
– Lo siento Kame… De verdad, les deseo lo mejor. – Ueda dejó algo de dinero sobre la mesa y se fue.
– Tan considerado como siempre… – Pensé.
En ese momento, Jin ya estaba despierto, pues me llamó.

– Kazu-chan… ¿Dónde estás?. – Aún sonaba adormecido.
– Salí a comprar comida. ¿Qué quieres de comer?.
– Lo que sea… Apúrate ¿sí?… Te amo.
– Sí, ya voy… – Colgué.

Cuando volví, Jin estaba durmiendo de nuevo, fuí a desperarlo con un beso y serví la cena que acababa de comprar.
Jin comió rápidamente y se puso a mirar televisión. Me senté a su lado.
– Jin… En un mes es tú cumpleaños ¿verdad?.
– Sí… ¿Me darás algo?. ¿Harás pastel para mí?.
– No te gusta tanto… ¿Quiéres?.
– Pero Kazuya sí me gusta… Mucho. – Jin se recargó en mi hombro y cerró los ojos.
Estaba muy cansado.

El día antes de su cumpleaños, discretamente preparé todo mientras Jin estaba fuera de casa.
Cuando dieron las 11:55pm, le llamé y lo llevé directo a la azotea. Él iba totalmente nervioso aunque no era propio de él.
– Cierra los ojos o arruinarás la sorpresa.
– Sí, sí. – Jin cubrió su rostro con las palmas de sus manos tal como lo hacen los niños pequeños.
Encendí las velas del pastel envinado que había preparado en la mañana y que tuve que ocultar de la vista de Jin por completo.
Luego, le pedí que abriera los ojos mientras cantaba para él.
Jin estaba emocionado y dejó escapar algunas lágrimas mientras aplaudía presa del sentimiento.
Le entregué el pastel y encendí los fuegos artificiales.
El cielo se llenó de colores y pequeñas figuras.
Jin dejó la torta sobre el piso y corrió hasta mis brazos, lo llené de profundos besos.
– ¡Gracias Kazuya!, ¡Gracias!. ¡Te amo tanto!. – Besaba más.

Le pedí que volviéramos al departamento para comer el pastel y darle sus regalos.
– ¡Ah!. ¿Aún hay más?. – Preguntó emocionado.
– Sí, claro. – Bajamos y comímos, lo llené de pastel cuando pedía su deseo.
Luego, cuando regresó de lavarse la cara, se encontró sobre la cama pequeñas notas mezcladas entre pétalos de rosas blancas que leyó una por una.
“Te amo”. “Gracias por todo”. “Siempre contigo”. “Te extraño cuando no estámos juntos”. “Te adoro”. “Eres mi vida”. Y cosas como esas eran las que cuidadosamente había escrito para él.
Miraba fascinado.
Su teléfono móvil no paraba de sonar, así que terminó apagándolo.
Saqué una pequeña caja de mi bolsillo y se la entregué, él la abrió llenó de emoción y se iluminó su rostro al ver el contenido.
Eran un par de zarcillos pequeños de plata cuya forma era un corazón y dentro de éste, había una pequeña cruz de cristál incrustrada.
– Son muy lindos Kazuya. – Me acerqué paa ponéselos, él me pidió que sólo le pusiera uno del lado derecho.
– Se te ve bien. – Dije.
– Tú te pondrás el otro. – Jin lo tomó y lo colocó del lado izquierdo de mi oído. Besó mi mejilla.
– Gracias Kazuya. – Jin se tiró contra la cama y cuando me coloqué encima de él, me miró fascinado.

Comenzámos besándonos, dejando que nuestras lenguas se cruzarán, pasando mis manos sobre su torso bajo la playera que llevaba puesta y que enseguida le quité. Mis labios se deslizaban sobre su pecho y suavemente lo acariciaba.
Jin me desvistió también y besó mi vientre. Se acomodó en su posición favorita y me dejó penetrar en él.
Dejó escapar pequeños gémidos de placer.
Después de entrar, salí y lo seguí besando.
Jin no paraba de gemir y repetir que me amaba y que le encantaba.
– ¿Te gusta?. – Me detuve para preguntar
– No te detengas Kazuya…
– Si te gusta, puedo tomar el video del recuerdo para tí. – Jin rió y con su cabeza señaló hacia el sitio donde guardábmos la videocámara a modo de broma.
Seguí besándolo y acariciándo mientras nuestras piernas se empapaban poco a poco de todo ese placer que habíamos dejado escapar.
– Kazuya. – Decía entre gémidos mientras me envolvía entre sus brazos y me acercaba a su cara para que yo lo besara más. Jin me acariciaba y mordía el cuello también.
Se aferraba a las sábanas de la cama mientras yo me movía en su interor.
Salí una vez más y detuve todo; pero Jin quería más, así que retomó su sitio habitual, sobre mí y no tardó en penetrarme por su cuenta, moviéndose como sólo él lo hacía.
– ¡Ahh Jin! … ¡Ahhh ahh me… duele…”. – Si, era un ligero dolor totalmente placentero. Jin sabía que lo amaba, por eso no se detenía; al contrario, se movía hacia atrás y hacia adelante, izquierda, derecha, arriba, abajo.
También gemía y sudaba.

Jin recogió un poco del líquido que se encontraba cerca de nuestras piersnas y que había salpicado todo.
Lo introdujo en mi boca, enseguida me besó.
– Gracias por hoy Kazuya…
– Te amo Jin.
– Y yo a tí… – Jin se levantó y con la lengua limpió los restros de líquido que yacían sobre mis piernas, luego, al advertir que ya era demasiado tarde, dijo que lo mejor sería dormir. Nos envolvió entre las sábanas y se acurrucó entre mis brazos y mi pecho, como tanto le gustaba hacer.
– Buenas noches.
– Kazuya, buenas noches. Gracias, fue mi mejor cumpleaños.
– Te amo.
– Buenas noches Jin. Feliz cumpleaños otra vez.
– Hoy hueles muchísimo más a mí que de costumbre.
– Es un día especial. – Besé su frente.