Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

Archivo para Nishikido Ryo

Entre mis brazos (OkeDa)

 

Título: Entre mis brazos.
Saga: REQUIEM
Pairing: Ueda / KAT-TUN & Okura / Kanjani 8
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai / Lemmon
N/A: Bueno, pues este es el inicio de un proyecto de vampiros que tenía mucho pensando y que sólo se había quedado en borradores y storylines en mi cuaderno, pero que gracias a mi ociosidad y a mi Pato, me decidí a desarrollar por fin y claro, compartirlo con ustedes ^^b… 
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[EPÍLOGO]
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La luz de la luna bañaba la enorme ciudad de destellos de plata. Los sonidos más alucinógenos rebotaban de aquí a allá manteniendo alerta mi sentidos. No había nada comparable a la vida de la noche. Las luces, las personas, el sexo, los vicios… Eso era vivir a lo grande. Y para alguien como yo que ya estaba cansado de vivir monótona y aburridamente durante un par de siglos, la excentricidad del Tokio del siglo XXI era como una bocanada de la mejor droga.
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Los bares de Ginza estaban como de costumbre abarrotados hasta reventar. Las chicas hermosas sonreían y saludaban en ambos lados de la acera intentando atraer a los peces gordos dentro de la sartén. Un delicioso bocadillo de media noche. Sin embargo nunca podrían llegar a ser considerados el plato fuerte dentro de mi menú. Un chico hermoso y virgen. Eso era lo único que podía dejarme satisfecho al llegar la mañana. Así había sido desde la primera vez que me entregué a la oscuridad y así seguiría siendo hasta que me hartara de ellos y del sabor dulce y adictivo de su sangre.
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Su aroma me atrajo como abeja a la miel. Debía encontrarlo. Necesitaba tenerlo entre mis brazos. Sentir el sabor de su piel húmeda con cada beso. Beber avídamente de sus labios extasiados  Sí. Debía poseerlo hasta el último suspiro.
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Corrí entre callejones oscuros habitados tan sólo por aquellos que se entregan sumisos a los placeres carnales y los que se esconden tras cometer crímenes atroces. Podía escuchar claramente los latidos desbocados de su corazón. Algo sabía perfectamente: destilaba miedo con cada respiración. Debía apresurarme. Uno nunca sabía cuando estaba un camarada cerca que pudiera quitarte el festín de la mesa. Hoy en día ya no respetaban territorios ni cofradías. Reinaba la ley del más fuerte y no pensaba perder esta presa.
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Una vez más. (RyoTego)

Título: Una vez más.

Pairing: Ryo & Tegoshi/ NEWS

 ~One more time, one more chance – Yamasaki Masayoshi~

Tipo: One-shot

Género: Shonen-Ai

To: Luz (partner, espero que te guste la conti tanto como la primera parte y que dejes de odiar a la Hime por hacer llorar a la Hebi XD  en el prox shot lo perdonarás)

N/T: Esta es la secuela del fic “Una Mentira” )

 

Se había ido. Todo mi mundo era una prueba de su paso por mi vida. Mi cama, mi ropa, mi almohada, todo aquí seguía oliendo a él. Todas las noches me despertaba empapado en sudor llorando debido a la angustia y al miedo de estar solo y veía su rostro desvanecerse de mi lado cuando trataba de tocarlo buscando un poco de consuelo en su sonrisa dulce.

Sabía que no estaba ahí, no tenía por qué estar ahí, lo entendía a la perfección, pero aún así, tontamente lo buscaba en cada rincón de la casa al llegar, esperando que hubiera vuelto mientras no estaba y que me diera la bienvenida como siempre en medio de un abrazo y miles de besos, pero la respuesta era siempre la misma: un silencio absoluto que me oprimía el pecho hasta hacer que mis lágrimas fluyeran sin cesar, hasta que ya no podía llorar más.

Lo veía en todas partes. Fuera a dónde fuera e hiciera lo que hiciera, él siempre estaba ahí en algún lugar. ¿Cuántas veces me había desviado de mi camino a casa al salir de la oficina por ir detrás de alguien que juraba que era él sólo para comprobar al final que no era más que una mala pasada de mi imaginación desesperada por recuperarlo?

Ah… estaba tan cansado de ver su figura en alguna estación del tren,  cruzando alguna calle, dentro de alguna tienda, saliendo del centro comercial. Tan cansado de escucharlo llamarme de pronto mientras yo caminaba cabisbajo en medio de la multitud haciéndome voltear súbitamente tan sólo para comprobar que no estaba ahí. ¿Hasta cuándo se iba a prolongar esta pesadilla? Mi mente estaba a punto de cruzar esa delgada y apenas perceptible línea entre la imaginación y la locura. Sí, sabía que no tenía por qué estar ahí… pero mi mente no dejaba de evocarlo a cada segundo, alimentada por mi corazón con cada recuerdo vivido que evidenciaba su ausencia haciendo del vacío que me había dejado, un abismo oscuro, temible y eterno al que estaba a punto de caer inevitablemente. ¿Cómo no pude presentir el final de esta historia? Creí que lo conocía, que sabía lo que sentía, cómo pensaba. Me equivoqué… puede que así haya sido siempre, que sólo haya sido su entretenimiento, un premio de consolación, o que algo ajeno a su voluntad lo apartara de mi vida… eso era lo que yo quería creer, que se había ido porque no tenía más remedio que hacerlo… tal vez nunca lo sabré. Estaba tan felizmente enamorado de cada milímetro de su existencia que no pude ver lo que estaba pasando. Tal vez no quise verlo.

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Justo como recuerdo (RyoPi)

 

Título: Justo como recuerdo.

Pairing: RyoPi / NewS (y un poco de otros pairings de Kanjani y KAT-TUN)

~Stereo – Nishikido Ryo~

Tipo: One-shot

Género: Shonen-Ai

To: Risa, que ama a los Principitos con locura~ (gomen ne por haber tardado tanto en postear, perdí muchas veces el archivo mientras lo transcribía de mi cuaderno por culpa de mi celular u.uU Espero que te guste.)

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El verano por fin había llegado a su fin… El paisaje a mi alrededor había cambiado de color tornándose con los cálidos tonos ocres y marrones del otoño. El bullicio de la ciudad debido a las vacaciones había cesado poco a poco después de que terminaran los festivales y junto con todo lo que dejaba de ser lo que era ayer… el amor que comenzó en mi adolescencia… ese primer amor, el que creí que sería eterno… también llegó a su fin.

“¿Es así cómo se siente un corazón roto?”

“¿Es éste el dolor de la separación?”

“Lo odio…”

No podía sino pensar en todo lo que habíamos compartido juntos. Llorar mientras recordaba cada mínimo detalle suyo, cada hábito y manía. Y las lágrimas no cesaban. Muerto en vida. Así era como me sentía sin su compañía.

Pero no pude odiarlo… Todo lo que soy ahora es gracias a él… Todo lo bueno que hay ahora en mi vida se lo debo a él y a su egoísmo.

¿Cómo pudo una relación de tantos años terminar de este modo?

Caminaba de regreso a mi departamento. Siendo viernes por la noche, Ryo-chan seguramente estaría en casa de Uchi o en algún bar con sus amigos de la banda; lo cual me daría tiempo para tomar una ducha y disimular de algún modo esos ataques de ansiedad que a menudo terminaban en un mar de lágrimas. Busco como siempre, las llaves en el bolsillo de mi pantalón y las deslizo suavemente en la cerradura. De un modo casi mecanizado me quito los zapatos y camino en silencio por el pasillo que lleva del recibidor a la sala, siguiéndome derecho hasta mi habitación. Ni siquiera me molesté en cerrar la puerta. Todo dentro de esas cuatro paredes me recordaba algo de él… su sonrisa mientras me miraba desde la ventana… su rostro dormido cuando se quedaba en el pequeño diván junto al balcón… su delgado cuerpo sobre mi cama hablando de mil y un cosas… su mirada coqueta desde la puerta del baño. En cualquier lugar a dónde mirara había un eco de su paso por mi vida que desaparecía casi tan pronto como aparecía frente a mis ojos.

Simplemente no pude más…

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Cielo sin estrellas (TegoMasu)

Título: Cielo sin estrellas
Pairing:Tego & Masu / NewS
~Yoru wa hoshi wo nagameteokure / Tegomass~
One-shot
To: Meli (gomen x el retraso, espero q te guste)
29-03-11

Bajó del tren con la mirada clavada en el piso y el corazón hecho un completo caos. Había pasado las últimas cuatro horas de viaje sentado en el mismo lugar sin moverse siquiera y mirando a la nada, pensando en todo lo que había vivido hasta ahora, en todas las personas que habían sido parte importante de su vida, en todos los problemas que había tenido que superar, en cada una de las lágrimas que seguramente estaría derramando la persona a la que había amado con todo su corazón durante el último año. El chico que le había entregado por completo su corazón y de quien se había enamorado profundamente. De una manera tan pura y desinteresada como nunca más pensó que podría amar a alguien. No después de su primer amor.
Había sido tanto lo que sufrió cuando lo dejó sin decir una palabra que terminó por hacerse a la idea de que todo había sido su culpa, sí, así debía ser, porque era tan caprichoso, mimado y egoísta, porque siempre quería ser el centro y fin de su universo, seguramente había terminado hartándose de él y de su amor y por eso se había ido de su lado sin decir siquiera un “adiós”. ¿Cuánto había sufrido debido a aquella separación? ¿Cuántas lágrimas había derramado por su ausencia?… Y sin embargo, ahora era él quien se iba sin decir más y dejaba atrás a la persona que más lo había amado llorando de la misma manera en que él mismo lo había hecho en aquel entonces cuando su vida terminó.
¿Estaba haciendo lo correcto? ¿Se arrepentiría después por la decisión que había tomado? ¿Sería perdonado algún día? ¿Seguiría llorando aún ahora? ¿Estaría solo dentro de la habitación esperando a que volviera? Sentía que merecía el infierno por lo que estaba haciendo, pero necesitaba verle, quería respuestas… respuestas del pasado… respuestas para el futuro. Y sólo él podía dárselas.
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Un poco más… (RyOkura)

TITULO: Un poco más…

~Mamoritai/Okura Tadayoshi~

PAIRIRNG: RyOkura.

TO: Nat (JH)

Mi celular sonaba en alguna parte de mi habitación; anoche había llegado tan cansado que ni siquiera me había puesto la pijama para dormir, así que no me extrañó no poder recordar donde había dejado mi telefóno.

¿Quién podía estarme llamando tan temprano? Y en domingo… Mi día de anhelado descanso… ¿Domingo? ¡Ay no!

Aunque todavía estaba medio dormido salté fuera de la cama, tan apresuradamente que casi me caigo. ¿Qué hora era ya? ¿Dónde estaba el bendito celular? Nuevamente timbraba. Ahora que estaba totalmente despierto sabía que probable, sino es que seguramente, sería Tatsuya quien llamaba.

Hacía mucho que nuestras agendas no coincidían como para ir a tomar algo o salir a algún lugar, ahora que se había vuelto un compositor famoso tenía mucho más trabajo. Sí, a muchos  podría parecerles extraño, pero ese chico, con todo y su rara forma de ser, era mi mejor amigo y aún a pesar de todas las cosas que habían pasado desde que nos conocimos, el vínculo que se había formado entre nosotros nunca se había visto afectado.

Me iba a matar… Después de todo, había sido yo quien estuvo insistiendo en que debíamos vernos hoy y él había aceptado aún a pesar de todo el trabajo que tenía. En verdad que me iba a matar… si había algo que en verdad detestaba era la impuntualidad y pese a su aspecto dulce e inocente, lo cierto es que daba miedo cuando se enojaba.

¡Aquí está! En cuanto lo tuve entre mis manos le llamé.

-Okura… ¿Dónde estás? Hace más de una hora que te estoy esperando… Cuando no respondiste el telefóno me preocupé muchísimo…- Hablaba tan aprisa que se le atropellaban las palabras. -Estuve a punto de llamar a Nishikido-san…- Por su tono de voz podía saber que se había sonrojado.

-Perdóname Tatsuya… No te preocupes, ¿de acuerdo? Llego en menos de 20 minutos…- Ni siquiera habíamos colgado y yo ya estaba en la regadera. Pobre, en verdad debio estar muy preocupado para que incluso considerara el llamar a Ryo… Me lavé los dientos mientras me terminaba de bañar y me vesti tan rápido como pude. Tomé el celular y las llaves y salí corriendo.

-Ueda…- Lo vi sentado junto a la fuente donde solíamos vernos. Corrí tanto desde la avenida que cuando llegué hasta donde estaba apenas si podía respirar. -Lo siento tanto…- Estaba preparado para ser golpeado o regañado, pero no para la reacción que tuvo. Me miró con los ojos abiertos de par en par y apenas si me tuvo cerca me rodeó con fuerza con ambos brazos.

-Menos mal que estás bien…- Dijo en mi oído con un nudo en la garganta. Le devolví el abrazo. Un par de minutos después ya era el mismo Ueda de siempre.

El resto de la mañana la dedicamos a pasear por el centro comercial y a comprar cuanta cosa nos gustaba. Ir de compras con él siempre era así, sólo que a diferencia de él, yo tenía que ser más cuidadoso con mi dinero si no quería quedarme sin comida y sin casa para la siguiente quincena, pero igual siempre era entretenido pasar tiempo a su lado porque era alguien con quien podía hablar de todo lo que me gustaba y que me entendía. Estando con él las horas se me pasaban volando y aunque para nosotros era lo más genial del mundo, había a quienes no les parecía en lo más mínimo. Mi celular sonó.

-¿Ryo?- Se me hizo raro que me llamara ya que apenas unas horas antes habíamos estado juntos. -¿Ahora?… En Shinjuku… No… Con Ueda…- Como era de esperarse, el sólo hecho de escuchar su nombre fue suficiente para que se pusiera de malas. Pero, ¿qué le iba a hacer? La verdad es que aunque a veces era un cínido y sádico medio manipulador de sangre fría, conmigo siempre había sido realmente lindo y entregado. Cualquiera que viera al Ryo que yo amaba, juraría que no era otro que su hermano gemelo perdido; empezando por Tatsuya, su pareja y cualquiera de los de la oficina, pues él y Ueda  nunca se habían llevado muy bien… y en gran parte éso era culpa mía.

La verdad es que desde aquel entonces Ryo ha estado celoso de mi estrecha relación con Ueda, pero ¿qué derecho tenía él de reclamarme cualquier cosa después de todo lo que había vivido y compartido con Yamashita? Era simplemente egoísta de su parte, empezando por el hecho de que Ueda y yo nunca habíamos sido mas que amigos. Sus celos y su desconfianza a veces me lastimaban tanto que sentía que no lo podría soportar; y todas esas veces en las que mis lágrimas ya no podían ser contenidas, era precisamente Ueda quien me brindaba esperanza y consuelo. Cosa que sólo lograba hacer crecer el odio que Ryo sentía por él. Y en cierto modo no lo culpo, sabía cuánto lo había amado y creo que en realidad sólo teme que en algún momento Tatsuya pueda fijarse en mí y alejarme de él, pero siendo objetivos, éso no pasó entonces y mucho menos pasaría ahora.

-Lo siento Ueda… Tengo que irme…-

-No te preocupes… Él es lo más importante de tu vida, no? Entonces debes estar a su lado… Además hoy es un día especial para ambos, pero sobre todo para él, así que deja de perder el tiempo aquí conmigo y ve a verlo…-

Pese a cualquier cosa que Ryo pudiera atreverse a decir de Tatsuya, para mí era todo un ejemplo a seguir. Gracias a él había aprendido a aceptar y amar a Ryo tal y cómo era; además, de no ser por él, tal vez nunca habría conocido al amor de mi vida. Ambos sabíamos que Ryo se sentía del mismo modo, pero probablemente era su orgullo el que no le permitía aceptarlo y eran sus inseguridades las que no querían a Ueda en mi vida. Ryo jamás olvidaría el pasado, aún si fue gracias a él que ocurrió el milagro de nuestro encuentro.

3 AÑOS ANTES. Abril.

-Okura-kun… ¡Felicidades por tu graduación!-

-Senpai… Muchas gracias!… Creo que sin todo tu apoyo nunca hubiera podido lograrlo…-

-No digas esas cosas. Fue gracias a tu esfuerzo. “Sólo tú mismo eres capaz de volar tan alto como quieras…”, ¿recuerdas?-

-Senpai…-

-Oh, cierto… Tengo algo para ti…- Ueda puso la mano sobre su rostro para cerrarle los ojos al tiempo que metía la otra mano en su bolsillo para sacar el regalo que había mandado a hacer para su kohai. Rodeó su cuello para cerrar el pequeño broche de la cadena plateada y se apartó. Al sentir que su superior se había separado de él, Okura abrió los ojos para ver qué era lo que colgaba sobre su pecho.

El pequeño dije en forma de pluma, cuidadosa y delicadamente trabajado en oro blanco le arrancó una dulce y tímida sonrisa.

-¿Te gusta?… Ahora siempre tendrás contigo tus alas y podrás volar para alcanzar tus sueños…-

-Ueda-senpai… Gracias…- Sentía que moriría de felicidad en ese preciso momento. El chico del que había estado enamorado los últimos cuatro años estaba ahí frente a él con esa sonrisa suya que tante le gustaba y mirándolo a él, sólo a él. -Ueda-senpai… Yo…-

-Sí, dime… ¿Qué pasa?, Okura, ¿te sientes mal? Tu cara está un poco roja…- Al sentir su mano sobre su mejilla, un millón de sentimientos le recorrieron el cuerpo de pies a cabeza haciendo que se sintiera aún más nervioso. No era siquiera capaz de mirarlo a los ojos.

-No, estoy bien… Es que yo… yo tengo algo que decirte…-

-¡Tat-chan~!- Apenas si escuchó aquella voz, Ueda volteó de inmediato dejando a Okura con las palabras a punto de desbordársele de los labios.

-¡¿Jin?!- El chico venía acompañado por otros dos muchachos; los tres resultaban una imagen digna de ser contemplada: atractivos, bien vestidos y con un gran carisma desbordandóseles.

Llegó hasta donde estaban, puso una mano en la cintura de Ueda para acercarlo un poco contra sí y la otra en su nuca. Lo besó.

-Había estado buscándote… Con que aquí te estabas escondiendo… ¿Este es el chico del que me hablaste?- Así como sólo lo besó, lo soltó con la misma naturalidad para mirar a su acompañante. La radiante sonrisa y ese brillo en sus ojos que nunca antes le había visto, rompieron las esperanzas de Okura al tiempo que apenas lograba  entender lo que pasaba.

-Sí, él es Okura Tadayoshi… El chico al que quiero que contrates en la agencia…-

-Mucho gusto, soy Akanishi Jin y si no tienes inconveniente, me gustaría que fueras mañana a mi oficina para una entrevista de trabajo…- Le extendió su tarjeta de presentación. -Ellos son Yamashita y Nishikido, mis socios…- Los dos saludaron educadamente permaneciendo por un lado de su jefe.

Okura estaba tan confundido que constantemente pasaba la vista con disimulo de Ueda a su pareja y del piso a la tarjeta que tenía en las manos. Su punto de salvación fue el chico delgado de cabello lacio y oscuro que estaba a la izquierda de Akanishi. Ésa fue la primera vez que vio a Ryo, y de alguna manera, algo en él le había parecido fascinante.

Apenas si había logrado conciliar el sueño durante la noche. El shock provocado por haber visto así al chico del que había estado enamorado todo este tiempo había sido simplemente demasiado para su frágil corazón.

Para cuando sonó su despertador ya estaba en la cocina tomando el desayuno. Se levantó para ir hasta la recamara y apagarlo, luego entró al baño para ducharse. Ueda le había mandado un enorme mail con todos los consejos que se le habían ocurrido para impresionar a Jin. Lo leyó mas no le día mayor importancia. Debía aceptar que de no ser por la relación que su prospecto a jefe tenía con su superior, éste sería el trabajo de sus sueños. Lo sería, de no ser porque no estaba muy seguro de poder soportar verlos juntos. Aún así había decidido ir a la entrevista; de cualquier forma ganaba más de lo que podía perder.

Desde la fachada, aquel edificio desbordaba lujo y estilo. El interior, por supuesto, no dejaba nada que desear. Definitivamente éste era el tipo de lugar en el que quería trabajar. La chica de la recepción, que era una verdadera belleza, cabe mencionar, en cuanto dijo a qué venía llamó a un chico delgado que usaba un elegante traje gris oscuro.

-Uchi-san, ¿sería tan amable de llevarlo a la oficina de Akanishi-san?-

-¿Es el chico al que espera el jefe?- La chica se limitó a asentirle con una sonrisa y luego se puso a pasarle un montón de recados y papeles. Okura miró a su alrededor y de pronto se preguntó si ser excesivamente atractivo era un requisito para trabajar en la AYN Records, porque a donde quiera que mirara, tanto los chicos como las muchachas eran todos unas bellezas en toda la extensión de la palabra que encajaban perfectamente con la elegancia y el estilo de la empresa.

-¿Cómo te llamas?… Ah, por aquí…- Su voz atrajo de vuelta su atención al chico que ahora le sonreía cortesmente indicándole el camino que tomarían.

-Okura Tadayoshi…- Aunque trataba de no parecer nervioso, la verdad es que siempre había sido tímido.

-Yo soy Uchi Hiroki… Director de Arte Publicitario…- La puerta del ascensor se abrió. -Oh, Kato-san! Buenos días…- Saludó al chico que llevaba un par de cámaras y que salía cuando ellos se disponían a entrar. -Él es uno de nuestros mejores fotográfos… tal vez no te toque trabajar mucho con él pero siempre es bueno conocer a todo el equipo.-

-Sí, entiendo… En éso tienes razón Uchi-san…-

-Oh, no, por favor, deja la cortesía para con el jefe; además por lo que veo eres un año más grande que yo…- Le decía mientras cerraba el folder negro que llevaba en las manos.

-¿En verdad?, ¿entonces aún estás estudiando en la universidad?…-

-Sí, mi último año…-

-Oh, vaya,,, pareces tener bastante experiencia, cualquiera diría que hace años que trabajas aquí…-

-Algo así… Trabajo aquí desde que iba al instituto…. Creo que nadie se hubiera imaginado que el chico de los recados terminaría siendo Director de algún departamento…- lo miró seriamente pero de inmediato echó a reír haciendo que Okura riera también.

Caminaron por un pasillo largo hasta un amplio lobby. El lugar era precioso, con todo el lujoso decorado en blanco, negro y roho, colores predominantes por todas partes en el edificio.

-Buenos días Takada-san, ¿podrías decirle a Akanishi-san que ya llegó la persona a la que espera?-

-Sí, enseguida…- Era la chica más bella que había hasta ése momento. Tras hacer una llamada, seguramente a Jin, se levantó y con un suave movimiento de su mano les indicó que la siguieran; la puerta doble de madera estaba a un par de metros. Tocó delicadamente y les abrió.

-¡Oh, Okura-kun, buenos días!… Uchi, Ryo te estaba buscando, en este momento debe estar en tu oficina…-

-Ok, con permiso…- Salió junto con la chica que cerró la puerta tras de sí. Okura estaba nervioso, pero más que por la entrevista por el recuerdo de aquel beso entre el sujeto que veía y Ueda.

-Toma asiento…- Apagó el cigarrillo y abrió la ventana que tenía detrás de sí para que se fuera el olor. -No se lo digas a Tatsuya, odia que fume, pero me ayuda a relajarme, tú sabes, el estrés y las presiones…- Había algo en él, en su forma de hablar, en su lenguaje corporal, que lo hacía diabólicamente seductor. Okura no pudo más que encogerse de hombros ante su petición. No le agradaba el hecho de que le ocultara cosas a Ueda, pero lo que pasara entre ellos realmente no era su problema.

Alguien llamó suavemente a la puerta antes de abrirla. Yamashita entró acompañado de un chico tan atractivo como él aunque de mayor edad. Se sentaron en el sillón frente a Okura. Jin se les unió y dio inicio a las presentaciones.

-Takizawa, gracias por venir. Él es Okura Tadayoshi, nuestro candidato al puesto de Asistente de Director Creativo…- Okura no pudo evitar abrir desmesuradamente los ojos al escuchar por primera vez el nombre de la vacante que se suponía que ocuparía. Hasta ese instante creía que empezaría desde abajo como había hecho Uchi pero no parecía ser el plan de Jin. -Takizawa es el Presidente de la agencia de Talentos que trabaja con nosotros; a Yamashita ya lo conoces, es el Director de Relaciones Públicas y Nishikido, que no dene tardar en llegar, es el Director Creativo. Nosotros cuatro somos los pilares de la empresa, así que la decisión de contratarte no dependerá sólo de mí, ¿estás de acuerdo?-

-Sí, lo entiendo perfectamente…- Los nervios desaparecieron cuando dejo de estar a solas con Akanishi. Por alguna razón empezaba a agradarle cada vez más la idea de trabajar ahí, tal vez fue bastante alentador y tranquilizante el escuchar que no trabajaría directamente para él.

La puerta se abrió y Nishikido entró disculpándose con una sonrisa encantadora por su retraso. Esa dulce expresión en su rostro le resultó adorable. De algún modo le dio la impresión de que Ryo eran en verdad un chico verdaderamente sensible. El recién llegado clavó su mirada directo en sus ojos que lo miraban y luego se sentó a su lado. Ambos se sonreían por vez primera.

Al terminar la entrevista, Akanishi se puso de pie y llamó a Uchi por telefóno. Estaban despidiéndose cuando llegó, por lo que entendió que estaba ahí para acompañarlo de regreso. Era una educada manera de decirle que ya se podía ir, por lo que no le molestó.

Una semana más tarde, cuando creía que obviamente no tenía lo necesario como para trabajar entre tanta gente bella, recibio por fin la llamada para notificarle que el puesto era suyo y que debía presentarse a trabajar el lunes.

Y aunque lo primero que pensó fue en llamar a Ueda para darle la noticia, el sólo recordar aquel beso con su ahora jefe, lo frenó por completo haciendo que desechara la idea tan pronto como se le ocurrió. Al final terminó caminando solo. Estaba en plena avenida cuando comenzó a llover.

-No deberías estar caminando bajo la lluvia… No querrás presentarte enfermo a tu primer día de trabajo, ¿Verdad?- Reconoció la voz de inmediato. De nueva cuenta había una sonrisa en su rostro, pero esta vez era una expresión completamente diferente.

-Nishikido-san…- Notó de pronto que no podía seguir mirándolo a los ojos. La forma en que lo miraba lo hizo sonrojarse.

-Oh no, por favor… Fuera de la oficina llámame por mi nombre, ¿quieres?- El gesto de incomprensión en la carita mojada  de Okura le arrancó una carcajada. -Oh, vamos, a partir del lunes serás mi asistente y tendremos que pasar mucho, pero mucho tiempo juntos, es parte del trabajo el llevarnos bien, no?- Okura lo pensó un poco y luego asintió no muy convencido. -¿Vas a tu casa? ¿Te llevo?… En verdad no quieres enfermarte trabajando para Jin, podrías decir que a partir de ahora tendrás prohibido enfermarte.- La forma en que lo dijo le resultó graciosa, así que no pudo evitar reírse. -Vamos, sube…- Se estiró hacia un lado y le abrió la puerta. Terminó subiendo al auto aunque no estaba muy seguro de querer hacerlo, él tenía un punto a su favor: si seguía mojándose con ese frío terminaría enfermo y no quería éso.

Okura habló poco durante todo el camino. Nishikido en cambio, hablaba hasta por los codos, preguntando cosas constantemente, que, para suerte de su acompañante, no requerían más que de un “sí” o un “no” como respuesta.

Por fin se había detenido frente al edificio de tres pisos de color blanco donde vivía Okura desde que se mudó de Osaka. Se disponía a abrir la puerta para dar las gracias y despedirse, pero para su total sorpresa, en ese mismo instante, Nishikido bajó a toda prisa y rodeó el coche cubriéndose de la lluvia con un paraguas, le abrió la puerta y le acercó un poco la sombrilla para que saliera, cosa que hizo aún cuando se sentía un poco confundido.

-Odio el temporal de lluvias, aunque debo confesar que me gusta mucho más que la temporada de tifones…- Su forma de hablar era chistosa así que lo hizo sonreír de nuevo.

-A mí no me desagrada realmente, aunque tampoco es mi época favorita del año…- Llegaron hasta las escaleras.

-Bueno, supongo que nos veremos pronto…- Ryo sacó un elegante pañuelo de su bolsillo y se quitó las gotas de agua que había logrado llegar hasta su cabello y saco.

-Muchas gracias por todo…- Tadayoshi le dedicó una de sus mejores sonrisas. y aunque Ryo no parecía que fuera a moverse de ahí, al final volvió a abrir la sombrilla y subió a su auto, perdiendósele de vista al doblar en la esquina.

El sábado pasó más lento de lo que se hubiera imagino. Aunque se sorprendió bastante con su llegada, la verdad es que la visita de Ueda le alegró totalmente el díz. No le extrañó para nada escuchar que fue Akanishi quien le dio la noticia, lo que le pareció raro fue el reproche con que vino acompañado el comentario. Pero igual no le quizo dar mucha importancia ya que al poco rato volvio a ser el mismo Ueda de siempre.

El domingo por el contrario, transcurrió más rápido de lo que hubiera querido. Y cuando menos se lo esperó, abrió los ojos y ya era hora de levantarse y comenzar un día en su nueva vida.

Todo en la empresa se veía igual que la última vez que había estado ahí. En la recepción estaba esperándolo Uchi, cuando se acercó hasta donde estaba se dio cuenta de que estaba con alguien más, aunque era menudito y se veía un tanto aniñado, resultaba atractivamente encantador. Al principio creyó que no era más que un mensajero, dejándose llevar por su apariencia confuncidéndolo con un chico de preparatoria, pero luego notó el gaffete que colgaba sobre su corbata con el título de “Director de Proyectos” debajo de su fotografía y nombre.

-¡Okura, buenos días!- Le agradó ver que le alegraba volverlo a ver.

-Buenos días Uchi… san…- No quería parecer igualado, así que se dirigió a él con cortesía y le devolvió la sonrisa.

-Ah mira, él es Kamenashi Kazuya… nuestro Director de Proyectos, estarás trabajando con él y su equipo. Akanishi debe haber visto mucho potencial en ti, es la primera vez que pone a trabajar a Kamenashi-san con Ryo…- Algo en la forma en que dijo aquello le dejó en claro que Kame no era su persona favorita y que con Nishikido era completamente lo opuesto. De inmediato consideró que era preferible no mencionar siquiera su encuentró con él del viernes.

-Kamenashi-san, mucho gusto, mi nombre es Okura Tadayoshi, estaré esperando ansiosamente trabajar son usted…- Tras escuchar que alguien que pasaba lo llamaba “Kame”, pensó que probablemente era el mismo Kame al que Ueda consideraba su mejor amigo.

-¡Oh vaya! Ueda habla mucho de ti… Pero no me hables de usted, por favor, me haría snetir raro…-

-De acuerdo… Sí, Ueda-senpai también habla mucho de ti…-

-Chicos, ya tendrán tiempo más tarde de ponerse al tanto, será mejor que vayamos a la oficina de Ryo antes de que se ponga de malas y comiencen a rodar cabezas…- Los tres echaron a reír por la cara que había hecho Uchi y caminaron al ascensor para ir a la sala de juntas que estaba al lado de la oficina.

-¡Oh! ¡Vaya! Miren lo que tenemos aquí, que buena manera de empezar la semana… Tomen asiento…- no había que ser un genio para darse cuenta de que estaba siendo sarcástico. Al haber sido Kame el único que no se rió, pudo deducir que lo había dicho por él y se preguntó por qué a Ryo no le caía bien un chico tan educado y carismático como Kamenashi, pero igual no le dio mayor importancia.

-De acuerdo, empecemos de una vez si es que queremos salir a comer a tiempo. Él es Okura Tadayoshi, mi asistemte a partir de hoy y jefe inmediato para muchos de ustedes…- Era raro verlo actuar con tanta seriedad y autoritarismo. Se volteó hacía él. -Te presentaré al equipo con el que estarás trabajando por los próximos 10 o 12 meses…-  Le puso la mano en el hombro. -A Hiroki ya lo conoces, es el encargado del departamento de Arte Publicitario; con él trabajan Kato Shigeaki, nuestro mejor fotográfo y Masuda Takahisa y Kusano Hironori, los diseñadores gráficos. Por el otro lado, ya conociste a Kamenashi, el director de proyectos; su equipo: Koyama Keiichiro y Tegoshi Yuya, encargados de imagen y vestuario; Taguchi Junnosuke, el coreográfo; Tanaka Koki y Ueda Tatsuya, que como verás, o mejor dicho no verás, rara vez está aquí en la oficina, son los escritores y compositores; y Nakamaru Yuichi, el ingeniero de audio… Bien, creo que con ésto estamos listos para trabajar. Jin tiene altas espectativas en nosotros, será mejor que se las superemos con creces, ¿entendido?- Si bien había sido una orden directa, nadie pareció haberla sentido como tal, pues la sonrisa con la que se los había dicho suavizó la intención. Aún así, todos asintieron de lo más felices como si se tratara más de una oportunidad que de un reto. Una oportunidad de mostrar su potencial.

Okura miraba otra vez al grupo que tenía frente a él. Comenzó a preguntarse cuánto tiempo duraría en el puesto, de nuevo tenía ese pensamiento en su cabeza: “todos son un grupo de ikemen, ¿qué hago yo aquí?”

Después de las presentaciones, Nishikido les explicó en qué consistiría el proyecto que tenían que desarrollar: el debut del nuevo grupo de pop de la AYN Records.

Habían comenzado su relación de trabajo entre los aparentes triángulos amorosos de su jefe y sus drásticos cambios de humor y personalidad que parecían desquiciar a medio oficina más una vez al día. Y auqneue no era parte de sus planes, terminó viéndose envuelto en el caos de apellido Nishikido. Cuando menos se lo esperó, ya se lo había tenido que llevar perdido de ebrio a su propio departamento en un par de ocasiones, ya que no sabía dónde vivía y no lo dejaría a su suerte en ese estado; Okura no entendía del todo el por qué se dejaba llevar por Akanishi como para terminar en ese estado pero sabía que con seguridad tenían mucho que ver sus “encuentros casuales” tanto con Uchi como con Yamashita.

Llegados a ese punto, ya había visto muchas facetas de Ryo que nunca se imaginó que pudiera tener. A tres meses de conocerlo había podido ver por debajo de esa cubierta llena de espinas al verdadero Nishikido Ryo; y aunque no era su más mínima intención, empezaba a verlo como una persona diferente, una persona con la que le gustaba estar y con quien podía ser sincero… Una persona muy parecida y, al mismo tiempo, muy diferente a su primer amor.

No pasó mucho para que se diera cuenta de que le gustaba Ueda. No lo culpó ni le recriminó nada, ¿quién era él para hacerlo?, después de todo, lo entendía, él mismo estaba aferrado a Yamashita aún cuando estaba con Kamenashi. La única diferencia y que era justo lo que lo volvía peligroso y hacía que se preocupara por él, era que Ueda estaba con Jin y quién sabe cómo podría reaccionar si se enteraba. Akanishi no era como la persona más predecible del planeta.

Sin embargo, Ryo había guardado bien su secreto. Okura en verdad quería este trabajo y estaba esforzándose con todas sus fuerzas en dejar a Ueda en el pasado, desde el primer momento entendió que no podían ser algo más; y pese a que ni él mismo lo creía, con el paso de los meses había empezado a verlo más y más como sólo un amigo, incluso se habían vuelto más cercanos y  eran capaces de disfrutar más de su compañía.

Al mismo tiempo su relación con Ryo se había vuelto más estrecha y hasta había llegado a tomarle gran cariño. En muchas ocasiones le había sorprendido y enternecido su preocupación  cuando estaba triste o angustiado, tenía un modo raro pero lindo de demostrarle aprecio y prodigarle cuidados, como cuando se sentía mal o la vez que cayó enfermo.

A medida que iba sacando a Ueda de su corazón alguien más había comenzado a abrirse camino hasta alcanzarlo. Pero si bien su primer amor nunca sería correspondido y se había convertido en una espina que le había herido mucho el corazón, su segundo amor parecía tener incluso un peor destino… Aunque el chico era lindo y entregado, el parecer había sido muy lastimado en el pasado y la coraza que se había construido para protegerse tal vez nunca le permitiría llegar hasta su corazón.

Okura se sentía tan miserable que incluso consideró el alejarse de todo y de todos y buscar un lugar dónde comenzar de nuedo. Pero así como la idea se formaba dentro de su cabeza, evocar su sonrisa la esfumaba en un segundo. Siendo incapaz de hacer algo, no tuvo más remedio que continuar con la vida que había estado llevando los últimos ocho meses. Una vida con ellos y sin ellos.

Al menos había algo bueno en todo esto, había logrado hacer bueno amigos. Ueda le había presentado a la gente con la que Koki, Nakamaru y él trabajaban en el estudio de grabación. Después de unas semanas ya salía a menudo con Ueda y Kitayama, cosa que por alguna razón no parecía hacerle mucha gracia a Ryo.

-No me parece conveniente que salgas tanto con Ueda…- Había dicho en más de una ocasión.

-No te preocupes. Ahora sólo somos buenos amigos. Además tambíen irá Hiromitsu…- Era la respuesta de siempre que en vez de calmar a su jefe lo enojaba aún más, al grado de hacerlo salir del lugar para no terminar discutiendo.

Navidad cada vez estaba más cerca. Lo mismo que la fecha del debut. Todo el trabajo marchaba de acuerdo a lo planeado, así que no había necesidad de estresarse y ponerse como locos. Casi todo lo que quedaba por hacerse era trabajo de Yamashita y el equipo de mercadotecnia a cargo de Yokoyama Yuu y Subaru Shibutani, con quienes salía a menudo pues eran amigos cercanos de Nishikido. A no ser por Uchi, el resto del equipo se pudo tomar un descanso después de los primeros seis meses de trabajo a marchas forzadas.

Ahora los preparativos que se hacían eran sólo para la fiesta de Navidad que daría la empresa; este año le había tocado al Equipo creativo desarrollarla, por lo que todo el mundo tenía altas espectativas en el evento. A menudo, las sesiones de planificación se prolongaban hasta después del trabajo y ya se había vuelto común terminar en casa de Ryo o de Kame hasta la una de la mañana.

Fuera en casa de cualquiera de los dos, no fue raro que terminaran más ebrios que otra cosa, Okura se dio cuenta de que ésa era la única manera de que se ese par pudiera tolerarse. Además nadie parecía molesto con el hecho de que el Señor Alcohol se volviera un miembro habitual del grupo; aún cuando no todos bebían, la mayoría eran más agradables con un par de tragos encima que tenerlos que aguantar toda la noche quejándose por tenet que estar ahí fuera de horas laborales y con todo el estres acumulado del día.

Y aunque Okura prefería evitar discuciones, siempre disfrutaba viendo y escuchando los desfiguros que luego solían amenizar las reuniones, aparte de que era el más emocionado con todo ésto de la fiesta, después de todo, sería su primer año celebrando Navidad después de mucho tiempo.

Por desición unánime, él y Ueda habían sido designados para elegir y comprar el pastel perfecto para la fiesta; Masu y Ryo estarían a cargo del menú para la cena; Kame y Uchi serían responsables de las bebidas; Koyama y Tegoshi se encargarían de la decoración; el resto del equipo tenían la obligación de ayudarles.

Nishikido no estaba para nada feliz con la delegación del trabajo pero no pudo hacer nada para salirse con la suya.

Los copos de nieve habían comenzado a caer por fin en la bulliciosa y colorida ciudad. Ueda y Okura caminaban por las calles de Tokio cuando la nieve comenzó a cubrirlo todo en medio de la noche. No tenían mucho tiempo, Akanishi pasaría a recoger a Ueda para ir a cenar, pues era su aniversario y de por si no estaba muy feliz con el hecho de haberse tenido que quedar en la oficina por trabajo.

Pero mientras se hacían las diez, ellos caminaban tranquilamente hacia la próxima pastelería. Los últimos tres días se la habían pasado comiendo pastel hasta hartarse y si bien habían probado varios postres que les gustaron, aún no habían encontrado el ideal.

Después de haber probado más de ocho pasteles diferentes, ahora caminaban rumbo a la avenida donde Akanishi y Ueda se habían quedado de ver. Tadayoshi llevaba en la mano una cajita con los dos pasteles que más les haían gustado. Ryo y Masu querían darles el visto bueno antes de decidir.

La gente se amontonaba aquí y allá en medio de sus compras desesperadas de última hora llenando el aire con un bullicio ininteligible a tavés del cual apenas si escuchaba lo que se decían. Sin embargo pudo reconocer de inmediato la voz de Nishikido. ¿Estaba discutiendo con alguien? ¿Estaba molesto? ¿Frustrado? Trató de localizalo por sobre la muchedumbre sin mucho éxito. Ni siquiera le importó lo que le dijo su amigo antes de que se despidiera de él y subiera al auto de su novio.

Se dio la vuelta y caminó lentamente siguiendo el sonido. ¿Estaba llorando? Llegó hasta la esquina. Vio su auto estacionado ahí. Se disponía a hablarle cuando su reacción lo detuvo. Lanzó su telefóno celular al piso en un arrebato más de dolor que de ira. Tadayoshi se quedó inmóvil sin saber qué o qué decir cuando lo vio girarse para volver a su auto. Apenas si podía reconocerlo por debajo de esa expresión extraña que tenía en el rostro. Lo miró sólo un instante antes de bajar la mirada avergonzado. Sabía que tenía que decir algo porque de lo contrario su cuerpo terminaría reaccionando más rápido.

-Oh, que coincidencia… Justo estaba pensando en ti…- Levantó la mirada del piso al escuchar su voz, clavándola directamente en sus ojos se acercó a grandes pasos hacia él de un modo casi amenazador. Estaba seguro de que o le iba a gritar por meterse en sus asuntos o le iba a pegar para desquitar lo que tenía. -…estaba a punto de llamarte para…- Sus palabras se perdieron entre el frío, las luces y ese abrazo que ahora le robaba la respiración preguntándose cómo fue que habían terminado las cosas así.

-Déjame estar así un segundo… por favor…- Su voz se escuchaba ahogada, probablemente debido al llanto contenido. Sentirlo tan frágil estando contra su pecho aferrándose con ambas manos a su chamarra, hizo despertar en Okura el dese que quererlo proteger por siempre. Levantó despacio los brazos, como no estando muy seguro de lo que hacía, y lo abrazó estrechándolo un poco más contra su cuerpo cuando lo sintió sollozar. Apoyó suavemente la mejilla contra su oreja.

-Todo el tiempo que quieras…- Fue como si hubiera estado esperando escuchar éso para que sus lágrimas comenzaran a rodar.

A lo lejos el repicar de las campanas anunciaba la media noche cuando Ryo por fin se soltó y se hizo a un lado para limpiarse las lágrimas. Tadayoshi lo miraba un tanto confundido y angustiado. ¿Qué haría con respecto a él a partir de este momento? ¿Se alejaría de él?¿Lo alejaría de su lado? Comenzó a sentirse asustado. No quería que las cosas entre ellos cambiaran si no iba a ser para algo mejor.

-Oh, lo siento… ¿qué me estabas diciendo?- Si no fuera por lo irritados y cansados que se veían sus ojos hubiera podido venderle fácilmente aquella sonrisa.

-Ryo… No te fuerces… por favor… Vamos, te llevaré a casa…- Se acercó hasta él y metió la mano en el bolsillo del saco, que era donde solía llevar las llaves, pero lo encontró vacío. Esta vez su sonris no fue forzada mientras le señalaba el interior del aunto donde aún estaban las llavez.

-Me dijiste que no hablara por telefóno mientras conducía, no?- Ante su cinismo, Okura le lanzó una mirada asesina.

-Lo cual no implicaba que hicieras algo tan estúpido como dejarlas ahí, ¿qué hubiera pasado si en vez de mí, te hubieras topado con algún delincuente?- Nishikido estalló a carcajadas.

-Tadayoshi, eres demasiado dramático; anda, está bien, te dejare llevarme a casa…- Rodeó el auto y se sentó en el lugar del copiloto. Okura lo siguió con la mirad, movió la cabeza a modo de desaprobación ante el comportamiento tan despreocupado de su jefe y luego subió al carro; aunque a veces lo sacara de quicio, no quería dejarlo solo esta vez, definitivamente no dormiría si lo dejaba conducir en ese estado hasta su casa.

-Toma…- Le dio la cajita color vino con lazo dorado. -Asegúrate de que lleguen sanos y slavos a tu casa, de acuerdo?…- Se abrochó el cinturón, hizo el asiento un poco hacia atrás y se puso en marcha.

El camino ya le resultaba por demás conocido. Inclusive se sabía un par de atajos que Ryo ni siquiera conocía. Esa noche, sin embargo, tomó el camino largo. Por primera vez no era acosado por las preguntas intermibables de Nishikido… Se había quedado profundamente dormido sujetando la cajita sobre sus piernas con ambas manos. Y aunque inevitablemente llegó hasta su casa, prefirió dejarlo descansar un poco más; así que sólo le reclinó el asiento  y bajó un poco el volumen de la música. Era la primera vez que lo veía tan cansado. Simplemente no fue capaz de despertarlo.

Tadayoshi comenzaba a quedarse dormido también apoyado contra el cristal de la ventana después de un par de horas de haber estado en silencio contemplándolo dormir.

-¿Dónde estamos…?- Su voz adormilada le pareció encantadora. Le devolvió la cajita.

-Afuera de tu casa… ¿te sientes mejor?- Se apresuró a preguntarle al ver que abría la puerta para bajarse.

-Supongo que lo estaré… Pasa…- Respondió mientras bajaba sus cosas del asiento trasero.

-Será mejor que me vaya a casa… son… las tres… ¿de la mañana?…- Se asustó al corroborar en su celular la hora.

-Mmm… No, quédate… Por favor…- Algo en el modo en que escuchó su voz al decir las últimas dos palabras, le impidió decirle que no aún cuando su cerebro le ordenaba a gritos que lo hiciera.

Como siempre su casa estaba demasiado ordenada. Cosa que le gustaba mucho a Okura de él. Ryo entró quitándose el saco y la corbata, dejándolos en el respaldo del sillón más cercano. Se desabotonó la camisa de camino a la habitación. Lo perdió de vista justo en el momento en que se la quitaba. Okura respiró aliviado. Ya había tenido muchas emociones fuertes por un día.

-Ponte cómodo… No me tardo…- Casi se le sale el corazón cuando lo vio pasar al baño con nada más que una toalla azul alrededor de la cintura.

Si bien no lo había considerado, sus piernas lo obligaron a sentarse para no caer al piso. Apoyó la cabeza en el respaldo del sofá. ¿Qué estaba haciendo ahí? No quería volverse su premio de consolación. Lo que sentía por él no daba para éso. No estaba ni preparado ni dispuesto para ser plato de segunda mesa. ¿Se enojaría mucho si se iba sólo así? ¿Éste era el único modo en que Ryo lo veía como parte de su vida?

Asustado… Confundido… Enojado… Dolido… Ilusionado… ¿Cómo podía sentir tantas cosas al mismo tiempo?

Cerró los ojos suplicando porque las lágrimas se quedaran donde estaban, esperando despertar o quedarse dormido. No supo cuánto tiempo transcurrió, de pronto notó que el silencio se había vuelto absoluto.

-¿Tadayoshi…?- Sintió su cálido tacto  sobre su mejilla. Las malditas se habían logrado escapar y aunque no quería hacerlo, abrío los ojos al escuchar que lo llamaba.

-Oh, perdón…- Se esforzó en tratar de firngir una sonrisa que alejra esa angustia de su cara. -Creo que estaba soñando algo raro… Yo est…- Le puso el dedo índice sobre los labrios mirándolo directo a los ojos.

Llevaba un pantalón de franela a cuadros en varios tonos de gris y una camiseta sin mangas color blanco. Su cabello lacio, oscuro y húmedo enmarcaba y resaltaba prefectamente las facciones de su cara.

-No te atrevas… Eres la única persona en este mundo que jamás me ha mentido…- Lo veía con una mezcla de angustia y suplica. Tadayoshi se quedó callado y bajó la mirada. Algo en su brazo le llamó la atención.

-¿Qué te pasó?…- Le tomó la muñeca para examinar el moretón. -¿Quién te hizo ésto?…- Resultaba más que obvio que no había sido producto de un golpe accidental. Ryo se safó intentando ocultar la marca con la otra mano.

-No fue nada… A veces las cosas no acaban del modo en que uno espera…- Se levantó bruscamente del sillón. -…probemos su trofeo de hoy, la verdad es qu…- Tadayoshi no podía entender el por qué se forzaba tanto a guardarse todo ese dolor para él mismo. Al ver que nuevamente de disponía a huir, algo en su cabeza lo obligó a reaccionar. Se levantó y dio un largo paso hasta alcanzarlo y lo rodeó con ambos brazos.

-No lo hagas Ryo… no estás solo… no tiene por qué soportar todo tú solo… déjame estar ahí para ti…- En algún lugar dentro de su corazón, algo dolía mucho. Nishikido estaba inmóvil, se sabía culpable de aquellas silenciosas lágrimas.

-Tadayoshi…- Sus palabras tocaron profundamente un lugar que hbía permanecido oculto y olvidado por demasiado tiempo. Se sentía condenadamente bien estar entre sus brazos. Aferró el brazo de Okura con su mano. Aunque no llegaba a entender muy bien la razón, sabía que no quería perder la reconfortante y cálida sensación que este chico le transmitía.

Simplemente le apeteció hacerlo.

Se dio la vuelta y puso sus manos sobre aquellas húmedas y sonrojadas mejillas.

-Tadayoshi… mírame…- El tenue rubor desapreció en cuanto escuchó su vos. Ryo notó que se había estremecido un poco. Okura estaba aterrado. Éso que había estado manteniendo en secreto todos estos meses, se había escapado de la nada con tanta facilidad. El temor de su reacción era peor de lo que se había imaginado.

-Te lo suplico… mírame…- Era la primera vez que le escuchaba ese tono de voz tan dulce. Se moría de miedo pero abrió los ojos. Nada en su rostro se acercaba ni un poco a la expresión que tantas veces había pensado. -Lo que dijiste antes…- Quería volver a cerrar los ojos y salir de ahí a toda prisa, pero no podía, Ryo se puso de puntitas para mirarlo a los ojos. -…¿es verdad?… ¿es lo que sientes por mí?…- Parecía que su voz había sido la única que lograra escapar. Reunió todo el valor que pudo en ese momento y asintió tímidamente. -…¿en verdad?- Estaba un poco confundido ante su insistente incredulidad. Volvió a asentir. -…¿en serio quieres estar conmigo?- La pregunta le provocó un vuelco en el corazón, que ya de por sí, parecía encarrerado en perseguir a su voz a donde quiera que se hubiera ido. Le asintió por tercera vez. Su repentino silencio incrementó sus miedos, por primera vez anhelaba su lluvia de preguntas.

-¿No debería…?- Por fin logró que sus pensamientos se hicieran escuchar. Ryo le sonrió con toda la ternura del mundo.

-No es éso… perdón… me cuesta un poco creer que alguien se pueda enamorar de alguien como yo… Sobre todo tú…- Se sonrojó al decir lo último. Okura sintió como sus manos se ponían frías sobre su rostro.

-Pero yo…- Estaba dispuesto a confesarse otra vez de ser necesario. Mientras le quedaran en claro sus sentimientos, no importaba lo que tuviera que hacer.

-No digas nada… espera…- Suspiró y respiró. -…Pero precisamente el hecho de que seas tú, me hace la persona más feliz del mundo…- Sin ser brusco lo atrajo un poco hacia él y lo besó.

¿Cuánto tiempo duró ese primer beso? ¿Cómo si a alguno de los dos les hubiera interesado en algún segundo? Después del primero hubo un segundo y un tercero; apenas si tomaban separarse un breve instante para tomar aire antes de volver a embriagarse entre sus labios.

Naturalmente, los tiernos besos dieron paso a los apasionados; y aún cuando los dos se morían por continuar, decidieron detenerse.

Trataban de recuperar el aliento. Ryo estaba de frente a Tadayoshi, que estaba sentado en el sillón con la camisa a medio desabotonar, llenándole la cara de besos mientras le acariciaba el rostro y jugaba con su cabello.

-Tendrás que confiar en mí y dejar que te lleve de la mano en esto… nunca antes había hecho algo como ésto, verdad?… no quiero ir más rápido de lo que quieras y debas avanzar…- Se inclinó sobre él y le besó la frente, luego el labio inferior y terminó besándole el labio superior. -Quiero que ames cada recuerdo de mí…- Besó sus labios una vez más y continuó con sus mejillas hasta llegar a sus orejas. -Quiero que ames cada segundo conmigo…- Le susurró al oído.

-Ryo…- Para su total sorpresa, él era justo cómo Okura imaginó cuando se enamoró de él. Un chico dulce y lindo atrapado dentro de una coraza llena de espinas.

-Quiero que estés conmigo y proteger cada pequeño detalle que te hace ser tú…- Pasó suavemente los dedos por su cabello para dejarlo detrás de sus orejas mientras lo miraba lleno de fascinación.

Tadayoshi le rodeó la espalda con ambos brazos y lo atrajó contra sí estrechándolo como si quisiera que se volvieran uno con ese abrazo. Nichikido se dejó envolver por el desbordante sentimiento que le prodigaba.

-Te amo…- Susurró tímidamente en su oído. -… desde hace mucho tiempo…- Ryo de pronto sintió que no existía nada más perfecto que ese instante. Sonrió.

-Es bueno saber que no era el único que se sentía de este modo…- Dijo en un tono de complicidad. Lo dejó sin palabras. Con el corazón a punto de desbocársele.

Aquella fue le primera noche que se quedó a dormir en su casa. Simplemente dormir a su lado, acurrucado contra la calidez de su piel, arruyado por el sonido de sus melódicos latidos, envuelto por el olor de su cabello, sinitiendo su tibia y tranquila respiración mientras dormía. Y Ryo se quedó contemplándolo un par de horas… Pensando… Sintiendo… Viviendo… Feliz… ¿Así era como se sentía la felicidad? Las lágrimas comenzaron a nublarle la vista pero no le borraron la sonrisa que decoraba sus labios.

-No cometeré contigo los errores que hicieron conmigo… no dejaré que Yamapi se siga robando mi vida… ahora ni mi cuerpo ni mi corazón le pertenecen… No supe en qué momento pasó pero, cuando menos le pensé, ya te pertenecían a ti…- Besó tiernamente su frente, Okura se rebulló entre sus brazos. Lo hizo sonreír de nuevo. Apartó de su vista el moretó que la mano de Yamashita le había dejado tras su última discusión. -Quiero protegerte de cada herida que me provocaron… Quiero que seas siempre feliz… Conmigo o sin mí…- Se entregó al sueño que había vuelto a hacerlo presa del cansancia, que por cursi que pudiera parecer, no era tanto como los días anteriores.

No sé por qué pero el camino hasta su casa me pareció increíblemente largo. La verdad es que no tenía ganas de escuchar reclamos o falsas acusaciones de su parte el día de hoy. Cerré el libro de mis recuerdos cuando llegué a la estación que tenía por destino. Me hubiera gustado pasar más tiempo con Ueda, pero si algo había aprendido de su relación con Akanishi-san, era que había que estar dispuesto a cualquier cosa por la persona que amada; criterio que nunca había encajado muy bien con muchas personas de la oficina.

Aunque caminaba a paso lento, cuando menos pensé ya había llegado a la puerta. La puesta de sol era hermosa. Me recordó una de tiempo atrás cuando despertamos juntos en mi casa por vez primera. ¿Aún recordaría él esa tarde? ¿Ese cielo multicolor en el que nos perdimos mientras nos amábamos?

Todas las luces estaban apagadas cuando eentré y aún cuando intenté encenderlas, no pude; aparentemente no había luz o un corto había fundido los fusibles. Daba igual, ya lo arreglaría Ryo-chan más tarde.

Caminé con cuidado a travás de la sala valiéndome de la tenue luz azulada que irradiaba mi celular. Llegué hasta la puerta de la habitación. No parecía haber señales de él por ningún lado.

La luz del sol desapareció por completo un par de minutos después, y aún cuando ya me había resignado a esperarlo a escuras, la luz de la luna se coló por la ventana llenando el cuarto con un agradable todo azulado. Entonces las vi. Al principio me extraño que hubiera dejado tanto tiradero por todos lados porque él no era del tipo desordenado, pero al mirar bien de cerca me di cuenta de que todo lo que estaba esparcido sobre la cama y el piso no eran más que viejas fotografías.

Decenas y decenas de pequeños fragmentos de escenas de nuestras vidas, memorias compartidas con todas las personas cuyos rostros veía en ellas. ¿Qué estaban haciendo ahí? Ryo no era del tipo que tenían albúms o fotografías enmarcadas por aquí y por allá, no por nada las fotos seguían acumulándose dentro de la caja que tenía frente a mí.

Al ver las que estaban dispersas sobre el edredón, me di cuenta de que todas formaban parte del mismo capítulo… Y de pronto me pregunté por qué estaba Ryo-chan recordando cosas que siempre dijo querer olvidar…

3 AÑOS ANTES. Diciembre.

La blanca nieve amontonada en el paisaje le confería cierta atmóferma de calidez a la escena. A pesar del tremendo frío que hacía en la ciudad, ellos sólo eran conscientes de la temperatura de sus cuerpos. Llevaban saliendo las últimas dos semanas pero parecían una pareja de años. Aunque al principio había sido Nishikido quien decidió mantenerlo todo en secreto, fue él mismo quien terminó gritándolo a los cuatro vientos estando en el pasillo mientras discutía sobre mil y un cosas con Yamshita; quien aún a pesar de tener años saliendo con Kamenashi, se había atrevido a jugar con sus sentimientos los últimos dos años y medio. Para él, Ryo no era más que un juguete en caso de que su novio estuviera “ocupado”, y aunque la relación de esos dos le parecía bastante malsana, no pudo evitar quedar atrapado en medio de la telaraña, porque cuando menos pensó ya estaba completamente enamorado de su mejor amigo de la universidad.

Los últimos dos meses, Ryo había estado tratando de terminar definitivamente su “relación”, pero Yamshita se negaba a aceptar el hecho de que su eterno enamorado se había enamorado de alguien más, por lo que sus charlas cada vez se volvieron discusiones más violentas.

-¡Yamapi, entiéndelo! ¡Esto no es amor! Llámalo deseo, atracción, codependencia, lastima si quieres… pero ambos sabemos que no es amor… y yo ya no lo necesito. Creo que por primera vez encontré lo que estaba buscando. Y ahora entiendo que nunca lo hubiera encontrado contigo…- Le dolía ver toda esa sinceridad reflejada en sus ojos.

-¡Cállate Ryo-chan!… No estoy seguro de querer escuchar estas cosas viniendo de tu boca… Sólo cállate, si? Voy a hacer de cuenta que no dijiste nada, ok?… Y sigamos como estábamos hasta ahora…- Se acercó y le besó el cuello acariciándole el pecho, pero al igual que otras veces, ni siquiera disfrutó de aquel gesto, pero por primera vez se apartó sin más dejándo al otro confundido.

-Ya no seguiré con tu juego Yamapi…- Hizo a un lado su mano y tomó su mochila que estaba sobre la cajuela del auto de Yamashita para dirigirse al suyo, que estaba un par de metros adelante.

-¡Ryo!¿Qué crees que haces?- Lo tomó con fuerza del brazo y lo jaló de regreso. -¡Sube! Pensemos  en ésto con calma, quieres?- Abrió la puerta del copiloto y lo empujó dentro. Se apresuró a subir.

Ryo tenía una mueca de dolor mientras se sujetaba el antebrazo. Yamashita permanecía inmóvil, como si estuviera pensando en todo y en nada al mismo tiempo.

-No podemos seguir así Yamapi… ¿por qué te estás aferrando a mí? No soy yo a quien amas…- Nunca antes había sido capaz de decirle algo así, sólo por el temor a perderlo, pero por fin se había dado cuenta de que en realidad no tenía nada que perder, porque simplemente nunca lo había tenido.

No tenía argumentos para refutarle aquello, cualquier cosa que pudiera decir evidenciaría la dependencia que tenía por él; no quería que nadie, mucho menos Nishikido, estuviera consciente de lo mucho que lo necesitaba para sentirse completo. Y es que en algo tenía razón: no era la persona a quien amaba. Ese lugar sólo podía ser ocupado por una persona: Kamenashi. Y aún cuando había tenido que aprender a resignarse al hecho de compartirlo antes que perderlo, la idea de compartir su propio corazón no solía pasearse por su mente, porque ambos sabían que aunque compartieran su cama con alguien más, su amor sólo le pertenecía al otro. Ésa había sido la regla inpronunciada desde que comenzaron a salir juntos.

-Hasta el lunes… vete con cuidado Yamapi…- Abrió la puerta y se deslizó fuera del coche, la falta de intención  de seguirlo reteniendo por la fuerza por parte de Yamashita, le dejó en claro que era su forma de decirle que había sido suficiente por un día y que se fuera antes de que se arrepintiera. Cerró suavemente la puerta y caminó hacia donde estaba su carro. Tenía tantas cosas que pensar. De algún modo sentía como si los últimos treinta meses de su vida hubieran sido sólo un sueño a duermevela, de ésos en los que ni sueñas ni puedes despertar.

Condujo sin rumbo definido. No quería ir a casa, sabía que se sentiría solo y miserable, pero ahora no tenía un lugar donde esconderse de aquel desesperanzador sentimiento. Siguió girando a la derecha en una esquina y a la izquiera dos calles después hasta llegar a Shinjuku. El bullicio del espíritu navideño ayudaría a distraer su mente en lo que sentía el suficiente cansancio como para caer cual tabla sobre su sueve cama.

Por fin se detuvo. Al dar vuelta a la izquierda se encontró en un callejón. Se aferró al volante con ambas mano y se inclinó hacia adelante hasta tocarlo con la frente. Suspiró. Su cabeza confundida y llena de temores no dejaba de trabajar. Parecía el engranaje de un enorme reloj que nunca para de dar vueltas. Y mientras se preguntaba qué haría con todo de ahora en adelante, su celular somenzó a sonar. Al sacarlo del bolsillo vio de inmediato quién era. No quería escucharlo pero tampoco quería colgarle o ignorarlo. Sabía que si no fuera importante, no le estaría llamando. Yamashita no era ese tipo de persona que te molesta por teléfono por nada. Terminó contestando al tiempo que apoyaba la nuca en el respaldo del asiento.

-Sí, dime…- Se escuchaba tranquilo, así que se alegró por lo bien que había tomado las cosas, pero poco a poco, lo que parecía ser un “adiós, déjemos las cosas en sólo amigos” se volvió un “no, quiero que las cosas sigan como estaban” que Ryo no estaba dispuesto a soportar y por lo que la discusión fue inevitable cuando Yamashita comenzó con el chantaje emocional de “le das sentido a mi vida…” con el que siempre lo hacía volver a su lado cuando se le había ocurrido dejarlo. ¿Cómo podía ser tan egoísta? ¿Por qué simplemente no colgaba y lo dejaba hablando solo? La gente que pasaba miraba en su dirección al escucharlo gritar lleno de frustración. Necesitaba moverse o terminaría destrozando el interior de su auto. Salió y comenzó a caminar en pequeños círculos y líneas cerca de la puerta. Pasando del enojo a la desesperación en lapsos de segundos. Terminó explotando. Lloraba, aunque no era precisamente de tristeza. Treinta meses de aguantarse tanto terminaron desbondándose tras aquel comentario estúpido y arrogante. ¿Qué se arrepentiría de dejarlo porque no había nadie mejor que él?

-¡Vete al diablo Tomohisa!… Maldita la hora en la que creí que éso era verdad… Y maldigo el momento en el que quise que lo fuera…- No quería seguir escuchándolo. Estaba tan molesto. Sin más ni más lanzó el celular contra el pavimento.

Se resifnó a irse a casa y beber… deseando poder ser consolado de todo éso que sentía estando entre sus brazos, pero sabía que era imposible, él no estaría ahí para hacerlo.

Levantó la mirada. Ahí estaba. ¿Alucinaba? No. Era él. En verdad era él. Justo frente a sus ojos. No pudo seguirlo mirando. Estaba a punto de estallar en llanto pero no quería que lo viera así. Un silencio extraño. Su dulce y profunda voz rompiéndolo. Un impulso imposible de reprimir. Era todo i nada. Una apuesta arriesgada sobre ése primer paso que terminó llevándolo hasta su pecho.

-Déjame estar así un segundo… por favor…- Un esfuerzo sobrehumano por seguir conteniendo el llanto. ¿Lo odiaría?¿Se asustaría?¿Repudiaría su verdadero yo? ¿Sus sentimientos? Un tímido e inseguro abrazo que lo hizo sentir que estaba en el lugar más seguro del mundo. Una lágrima resbaló por cada una de sus mejillas como marcando el sendero para que se desbordara un río silencioso de sentimientos.

El tiempo perdió sentido e importancia hasta que las campanadas lejanas marcaron la media noche. No podía quedarse ahí por siempre, verdad? Se separó un paso para secar los rastros de agua salada que aún quedaba sobre su piel. Nuevamente aquel silencio. Tenía que recuperar la compostura. No quería parecer patético ante sus ojos, que seguían mirándolo llenos de preocupación.

Con una sincera expresión le dejó en claro que se preocupaba por él. ¿Llevarlo a casa?¿Por qué no? Sólo a su lado podía ser él mismo y sentirse bien consigo mismo por ello. Una mundana y simplona conversación que lograba arrancarle una sonrisa.

La música tranquila. El sonido de su voz. La calidez del calefactor encendido. El movimiento constante y suave del auto. Ni siquiera supo cuándo se quedó dormido. Sólo sintió que podía estar tranquilo y olvidarse de todo porque lo tenía a su lado, y cerró los ojos para escuchar cada nota de su voz mientras le hablaba de pasteles.

¿Cuánto tiempo se había quedado dormido? No tenía ni la más remota idea. Cuando abrió los ojos lo encontró mirando el cielo nocturno a través del cristal, apoyando un poco la cabeza en su antebrazo. En cuanto lo escuchó volteó. Eran las tres de la mañana y si bien no estaba muy convencido, lo hizo quedarse en su casa. Se moriría de preocupación si se iba a casa solo a esas horas, y ya tenía demasiado como para cargar con la culpa si algo le llégase a pasar.

Necesitaba relajarse. Un baño ayudaría. Dejó a Okura en la sala. Se dio prisa. Temía que terminara yéndose a casa si era real o que hubiera desaparecido cuando saliera si era producto de su traicionera imaginación.

Parecía agobiado por tantas cosas, ahí contra el sofá. ¿Eran acaso lágrimas? Se acercó y lo llamó en voz baja porque no sabía si dormía, al tiempo que secaba aquella pequeña gota que resbalaba desde su ojo. Abrió los ojos lentamente. Su mirada volvió evidente que no quería preocuparlo y por éso había estado a punto de decirle una mentira que calló de inmediato. Aún si no resultaba herido por su inocente acción, no quería que existiera. Él, todo él, representaba algo por demás valioso y preciado para Ryo. No quería que ese todo se viera manchado por una mentira piadosa. Para él, Okura representaba todo lo que había anhelado siempre y estaba dispuesto a cualquier cosa para protegerlo. Aún si éso significaba protegerlo de él mismo.

Las palabras y las emociones siguieron fluyendo cmabiando de colorers, alcanzando rincones olvidados dentro de su corazón, que de pronto le llevaron un rayo de luz a su habitual oscura y fría soledad interior.

¿Qúe le había dicho? ¿En verdad había dicho éso? Estaba tan feliz que no podía ni creerlo. Pero ahí estaba él diciéndole que quería estar a su lado, diciéndole que correspondía sus sentimientos. ¿Cómo podía ser posible? ¿En serio no estaba soñando? No. Él, su piel, el latido de su corazón, su rostro, sus ojos, todo le decía que era cierto. Dejó salir lo que guardaba en el pecho y sin más lo besó. Un beso entregado y sincero. El beso ajeno al tiempo y al espacio que se volvió el cimiento más fuerte de su relación.

Y los días pasaban y todo tomó el lugar que debía. Su mundo se volvió perfecto… a excepción de un pequeño inconveniente de nombre Ueda Tatsuya. Pero aún cuando siguiera temiendo que él fuese el único que podría arrebatarle el amor de Tadayoshi si se lo proponía, no le quedó más que aceptar que iba a seguir siendo parte de sus vidas… ¿por siempre? No era que lo odiara. Era simplemente que estaba perfectamente consciente de que era mucho mejor para Tadayoshi y viceversa, y éso lo hacía repudiar su sola existencia; porque sabía que su amado Okura alguna vez había estado profundamente enamorado de él y temía que esos sentimientos permanecieran latentes en algún lugar dentro de su ser; pero los detalles y los momentos habían empezado a convencerlo de que éso no sucedería.

Sí. Habían acordado guardarlo en secreto. Ryo por protegerlo, Tadayoshi por no contradecirlo aunque no entendía muy bien sus razones. Pero ante la egoísta actitud de Yamashita, Nishikido terminó gritandóselo un día a medio pasillo para que de una buena vez le quedara claro que él ya no era nada más que un compañero de trabajo.

Además no fue tan malo. Ya que el chisme había corrido en menos de diez minutos por toda la empresa, al menos pudieron asistir felizmente juntos a la fiesta de Navidad. Okura y Ueda, que fueron los menos ebrios ya que preferían no beber dada su poca resistencia al alcohol, se la pasaron tomando fotos a diestra y siniestra. La celebración había sido mejor de lo que habían planeado, incluso Akanishi y Takizawa habían comentado que era la mejor fiesta que se había dado hasta ahora. Y a pesar de que no era del tipo de los que se aferran a los recuerdos, esa noche jamás se borraría de su cabeza. Esa noche estuvo llena de su primera vez en muchos aspectos… La primera navidad celebrada entre amigos. La primera vez besándose en público. La primera fiesta a la que iban como pareja. La primera vez que Okura le cantó. La primera vez que se tomaban una foto juntos. La primera vez que Ryo recibió un regalo de navidad de alguien que no era su familia. La primera vez que Okura festejó navidad desde que era niño. Su primer paseo tomados de la mano por la madrugada de regreso. Su primer amanecer juntos mirando desaparecer las estrellas en el parque. La primera vez que hicieron el amor…

Y por vez primera sintió que todas esas fotografía no serían inútiles trozos de papel, pues le permitirían recordar lo más importante de aquella noche mágica, si es que algún día pudiera ser capaz de olvidarla.

No era mi intenció, pero terminé llorando al revivr tantos recuerdos. Pensando que sería mejor darme un respiro para seguir con mi regalo, salí a caminar. El viento frío al atardecer fue estrañamente agradable mientras estaba sentado en el parquecito cerca de mi casa donde solíamos hablar y ver la puesta del sol, y a veces también el amanecer, estando juntos.

De pronto todo se quedó en un oscuro silencio. ¿Un apagón? Las estrellas brillaban tenuemente entre los tono rosas y violáceos del cielo luchando contra la luz de los últimos rayos del sol. Suspiré como un idiota enamorado tan sólo por recordarlo. ¿Cómo demonios podía extrañarlo tanto? ¿La recordaría?… Aquella promesa de hace tres años… Miles de imágenes atravesaron velozmente mi cabeza. Seguí siendo muy feliz. ¿Qué estaría haciendo? Quería escuchar su voz. Amaba el tiembre de su voz.

¿Qué rayos hacía con él en un día tan especial para nosotros? ¿Acaso lo había olvidado? No pude evitar molestarme. Lo quería a mi lado. Me había salido con la mía pero Tacchon parecía no estar tan satisfecho como yo. Debía enfriar mis pensamientos. No quería arruinar la noche por mi mal genio. Sería mejor que fuera por provisones mientras aún quedaba luz. Nunca se podía estar seguro de cuánto duraría el apagó.

Caminaba sin prisa de regreso a casa. Lo más probable era que aún demoraras un par de horas en volver. Hacía mucho que no veías a tu mejor amigo, lo entendía perfectamente aunque no me agradara la idea. Desde que se había vuelto un famoso compositor, su agenda de trabajo le había dejado escaso o nulo tiempo incluso para Jin; así que a pesar de que me hacía feliz, me dolía que tampoco se había visto contigo en los últimos meses, simple y sencillamente porque sabía que lo extrañabas.

Sin las luces de la ciudad, el cielo se veía simplemente hermoso. ¿También lo estarías contemplando? Ver la luna resplandecer y todas esas estrellas, me recordó tanto a ti. Tú brillabas aún con más fuerza en mi mundo.

De vuelta en casa. ¿Qué hacer ahora? Tal vez no podría terminar mi regalo… ¿Había olvidado cerrar con llave? Dejé las bolsas con las compras sobre el desayunador de la cocina.

Un destello azulado bañaba el pasillo proveniente del ventanal de la recamara. ¿Había dejado la puerta abierta? No. Estaba seguro de que no. ¿Alguien estaba dentro? Traté de hacer el menos ruido posible y caminé hacia allá. Desde la puerta pude observar una escena tan perfecta que casi parecía irreal. Estabas de espaldas a mí sentado sobre la cama mirando las fotografías que había dejado regadas por la habitación. La luz de la luna te daba un aire casi celestial. Avancé silenciosamente hasta llegar a ti, envolviéndote con mis brazos.

-Lo siento, ¿te asusté?…- Susurré apenado en tu oído al tiempo que apoyaba mi barbilla en tu hombro.

-Si, tonto… casi me matas del susto… En verdad que no te escuché entrar…- Había brincado cuando me le acerqué. Aún sin verlo sabía que se había sonrojado.

-¿Qué haces aquí?… Creí que llegarías más tarde…- Esperaba que no me lo tomara a mal.

-Alguien muy sabio me aconsejó venir a cuidar lo más importante de mi vida…- Sabía lo que éso significaba así que guardé silencio. Sus largos y finos dedos se cerraron sobre mis antebrazos que seguían contra su pecho. -Además…- Giró un poco la cabeza y me besó la mejilla. -… tenía algo realmente importante que decirte…-

-¿Ah sí?… ¿Y qué es?…- Me emocioné como un tonto al escucharle decir aquello.

-Dije “tenía”… ya no quiero decirlo…- Se levantó y se quedó frente a mí un segundo antes de caminar hacia afuera dejándome confundido. Fui detrás de él. No entendía lo que pasaba por su loca cabeza. Su rostro inexpresivo me heló la sangre. Entró a mi estudio. Descorrió la cortina y sentó en el banquillo. Un par de notas salieron del piano.

-Tacchon… ¿qué sucede?…- No pude disimular la angustia que me recorría en mi voz. Me miró por un par de segundos y bajó la vista. Di tres pasos dentro de la habitación. Lo que tenía frente a mí era perfecto y hermoso. No iba a perderlo, ¿o sí? La incertidumbre y su silencio me mataban.

-Ryo-chan… ¿me amas?- Su sonrisa tímida me tomó por sorpresa. Comenzó a tocar una dulce melodía.

-Con toda mi alma…- Respondí sin pensarlo siquiera.

-¿A pesar de todo y sin importar qué?…- Su pregunta me extrañó.

-Sí… como ayer… como hoy… Por siempre…- Me daba miedo lo que decía por su expresión contradictoria. Otra vez permaneció callado. Las notas cesaron de golpe.

-Éso me hace feliz… Porque me sigues amando tanto como yo a ti…- Su sonrisa fue tan hermosa como la primera. No. Mil veces más hermosa. Comenzó a tocar una canción que no me sonó de nada. De pronto su voz se volvió una bella melodía con cada nota. Había tanto de él, de mí, de ambos en lo que cantaba, que inevitablemente comencé a llorar.

Tras la última nota se levantó y avanzó hasta mí abrazándome.

-Gracias… por todo lo que hemos vivido juntos… y por todo lo que nos queda por vivir… te amor…- Me besó con tanto amor que sentí que moriría de felicidad. Éste era el único amor de mi vida. El chico al que quería amar y proteger por el resto de mi vida. El que me amaba y me protegía cada día de su vida.

Correspondí su cálido abrazo. Quería un poco más de sus abrazos… un poco más de sus besos… mirarlo un poco más… amarlo un poco más… Un segundo… una eternidad… lo que fuera, daba lo mismo estando a su lado… sólo quería seguir sintiendo lo que sentía y no perderlo jamás.

-Te amo…-

“-Hoy no me dejaste decirlo… Pero… Si en tres años estamos nuevamente aquí y seguimos amándonos de este modo… te confesaré  mis sentimientos correctamente…-

-¿Es una promesa?…-

-Te lo prometo…”

Una Mentira. (RyoTego)

UNA MENTIRA

One-Shot

RyoTego

~After love / FT Island~

11-08-10

To: Luz

 

 

 

 

“Amor”…

Me pregunto en qué maldito momento bajé la guardia…

Ni siquiera lo vi venir… cuando menos pensé ya estaba tonta e irremediablemente enamorado de su sonrisa boba e inocente, de sus labios seductores que siempre buscaban un beso, del brillo casi demoníaco de sus ojos cuando me miraba… estaba enamorado como un estúpido del calor de su cuerpo entre mis brazos, de su maldad y su cinismo, del molesto y ridículo timbre de su voz cuando me susurraba con su vocecita infantil al oído, del olor de su piel por las mañanas… En verdad que soy un idiota! Sabía que había alguien más… Siempre hubo alguien más… y aún así creí ciegamente en cada una de sus palabras, creí completamente en su “amor”

“Volveré a tu lado…”

¿Cómo pude haber sido tan tonto como para creerle? ¿Qué me dio? ¿Qué me hizo? Derribó mi mundo, traspasó las barreras de mis propias limitaciones, me desarmó de pies a cabeza, me volvió adicto a su aroma, a sus caricias, a sus besos, me trastornó por completo… y luego me dejó… con una promesa… una promesa que aún lo espera para ser cumplida…

 

 

 

 

Como cada viernes por la noche, la avenida estaba atestada de personas que buscaban escapar por un par de horas de su rutina cotidiana. Cafés, bares, restaurantes, karaokes, cines, salas de juego… todos estaban a reventar, El ruido de las conversaciones ininteligibles de la multitud comenzaban a darle un espantoso dolor de cabeza, no era para menos, había bebido demasiado… Era la única manera de soportar que Yamashita se acostara con él pensando en su eterno amor imposible, llamándolo por su nombre. Sabía perfectamente que todo éso sólo lograba destruir poco a poco su corazón, pero también entendía que era el único amor que podrían recibir de él.

 

Hacía tanto que se había percatado de lo que sentía por él, el mismo tiempo desde que aquel chico de cuerpo escultural e irresistible y labios tentadores le había dicho que nunca podría corresponder sus sentimientos. Las mismas noches desde que lo hizo suyo en su departamento a pesar de lo que le había dicho. Sin embargo había una sola parte de él que nunca había tocado: sus labios. “Lo siento Ryo-chan…”, le había dicho volviendo el rostro para impedir que lo besara. Así había sido desde entonces y comprendió que a pesar de todo lo que habían compartido juntos, éso nunca iba a cambiar: lo amaba. Sus labios, al igual que su corazón le seguirían perteneciendo a aquel fantasma de su pasado pero aún así lo amaba.

 

Debía protegerse de algún modo… a ese paso terminaría como un juguete carente de emociones… esconder sus sentimientos, sí lo mejor para ambos sería dejar de anhelar que lo correspondiera. A Yamashita le gustaba su nuevo “yo”. Se había vuelto perverso, cínico, extrovertido, cosa que iba a la perfección con su forma tan fría y despreocupada de ser. Por fin había desistido en sus intentos por ocupar un lugar que jamás le pertenecería, ahora era sólo lo que necesitaba… alguien con quien desahogar sus ansías locas de estar con Kamenashi otra vez, alguien que no se lo recordara en lo más mínimo, alguien totalmente opuesto a su tierno, educado y sonriente inolvidable primer amor.

 

Los ladridos de ese perro le taladraban la cabeza. Con toda seguridad lo patearía hasta Sapporo si lo encontraba. Y ahí estaba, su perfecta oportunidad para liberar todo el odio y la frustración que sentía contra sí mismo en ese momento por empeñarse en usar esa máscara que tanto parecía gustarle a Yamashita.

-¿A qué diablos le está ladrando?- Reparó de pronto en la pequeña figura agazapada sobre la barda baja alrededor de aquella casa, que trataba en vano de ahuyentar a la criatura que lo amenazaba agitando la mano con desesperación. No alcanzaba a escuchar con claridad su voz debido al escándalo del animal pero estaba casi seguro de que era una chica, por su complexión y la forma en que se sostenía de la rama del árbol por el que probablemente había trepado en su intento por ponerse a salvo.

 

Miró a su alrededor en busca de algo que le pudiera servir para lanzarle y espantarlo, pero por la zona donde estaba era obvio que no lo iba a encontrar, así que terminó por aventarle su termo del café. No había sido tan satisfactorio como esa patada que tenía pensada pero igual consiguió que se alejara a toda prisa chillando de dolor pues le había dado justo en la cabeza.

 

Se acercó para recoger su termo y volver a meterlo en su mochila. Vio desparramadas en el piso las cosas que probablemente habían estado dentro de la bolsa de papel que yacía hecha trizas a unos pasos del árbol.

-Ya puedes bajar…- Dijo sin mirar hacía arriba, recogiendo lo que había quedado intacto.

-No puedo…- levantó la vista de inmediato. Pese a su dulzura, definitivamente ésa no era la voz de una chica.

-¿Eh? ¿Por qué?- su respuesta le había parecido estúpida.

 

El chico estiró la mano para mostrársela. Estaba cubierta de sangre. Una de dos: o el perro lo había mordido o se había cortado al escapar de él.

-Te ayudaré… apoya los pies ahí…- Decía señalando una de las ramas al tiempo que dejaba las cosas en el piso y se subía a la rejilla de metal que rodeaba el árbol.

-No puedo…- De pronto notó que su voz sonaba desesperada pero Ryo no era muy paciente y no estaba de muy buen humor debido a su velada y el dolor de cabeza.

-Ok… entonces quédate ahí…- Se bajó de un salto, se sacudió el pantalón y se agachó para recoger sus pertenencias.

-No! Por favor… no te vayas…- Se inclinó demasiado perdiendo el equilibrio, pero sus reflejos fueron lo suficientemente rápidos como para evitar que se cayera. No hubo ninguna mueca de dolor cuando cerró con fuerza la mano sobre la madera, cosa que le pareció extraña a Ryo porque ciertamente estaba herido, no?

 

Algo en su voz le impidió dejarlo hay, tal cual le decía su cabeza. Volvió a subir, aferrándose de una rama y apoyando uno de los pies en la pared le ofreció la otra mano. El chico se movió lento y apoyó el pie izquierdo donde Ryo había indicado. Sus ojos se cerraron por un segundo, ahí estaba la mueca de dolor, pero Ryo no alcanzó a verla. Respiró hondo y aguantó su peso para bajar de la barda y pasar al árbol. Tomó su mano para ayudarlo, estaba muy fría pero su tacto le resultó agradable. Se distrajo un instante, algo había caído frente a sus ojos. La pequeña mancha en la banqueta se veía roja a pesar de la tenue luz amarillenta de la lámpara de la esquina… una más… y luego otra. Alzó la mirada, su pierna desnuda ostentaba unas delgadas líneas del mismo color. El chico se resbaló cuando trató de mover la herida para bajar. Ambos estaban contra las losetas de cemento. Ryo se llevó la mano a la cabeza, estaba un poco mareado por el golpe y sofocado pues el chico le había caído encima. Sintió que se levantaba un poco apoyando ambas manos sobre su pecho, entrecerró los ojos buscando verlo con claridad: el rostro sobre él era hermoso, “demasiado lindo para ser un chico…” pensó divertido. Trató de levantarse pero el gestó de dolor le desfiguró la expresión, de inmediato se llevó la mano a la pierna.

-No deberías hacer eso, se puede infectar… ¿Vives por aquí? ¿Hay cerca un hospital?- El chico lo miró y asintió a sus dos preguntas.

-A unas calles por allá…- Señaló al norte, se sentó de lado ayudado por Ryo, quien ya estaba de pie analizando lo que haría.

-Ok… sube…  te llevaré… No quiero agregar una muerte a mi nefasto repertorio del día de hoy…- A pesar del dolor, logro robarle una sonrisa. Ah, qué agradable le había parecido aquel leve sonido y qué maravillosa sonrisa la suya. Yamashita casi nunca sonreía y casi siempre que lo hacía era solamente para quedar bien con los demás. Tomó su mochila y se la colgó por enfrente. Se puso en cuclillas de espaldas a él.

-Gracias…- Le dijo por fin mientras rodeaba su cuello con ambos brazos y un par de manos cálidas lo sujetaban con fuerza. Le costó un poco de trabajo pero se puso de pie al primer intento, en cuanto lo levantó tomó sus piernas por los costados y echó a andar calle arriba.

-¿Cómo te llamas?- Necesitaba distraerse con algo, la punzada en su cabeza no ayudaba a facilitar el esfuerzo de cargarlo en una calle de subida.

-Tegoshi… Yuya Tegoshi… ¿y tú?- Por alguna extraña razón, aún cuando su timbre de voz le parecía estúpido, le resultaba agradable y hasta relajante.

-Nishikido… Ryo…- Respondió tan cortante como solía ser siempre con los desconocidos.

-¿Vives por aquí? Creo que te había visto antes… ¿Dónde fue…?- Le molestaba la gente parlanchina, pero esta vez no le importó en lo más mínimo. –Ah! Ya sé!… Sueles visitar el parque junto a la estación a media noche, no?- Parecía orgulloso de sí mismo por haberlo recordado. Al contrario de Ryo, quien estaba sorprendido de que lo supiera.

-¿Tú también vas ahí a esa hora?- Le pareció raro que alguien más aparte de él gustara de los paseos nocturnos.

-Sí, cada noches… siento que es el único lugar donde puedo respirar, ser yo y relajarme… me gusta mucho escucharte cantar…- Se quedó callado, eso lo había pensado en voz alta sin querer; lo bueno de que no pudiera verle el rostro, era que no vería que se había sonrojado al escucharlo. Temía que se hubiera enojado ante su silencio por el comentario, pero su risa lo desconcertó.

-Vaya! Al menos a alguien le gusta…- Notó cierto grado de ironía en sus palabras. No importaba. Al menos era mejor que un reclamo furioso de su parte.

 

Cuando menos pensaron ya habían llegado al hospital. La herida no era muy grave pero tenía que ser tratada de inmediato.

-¡¿Eh?!- Parecía desesperado al no encontrar algo en sus bolsillos. –No está! ¿Dónde está?-

-¿Qué buscas?- Se preocupó un poco ante su reacción.

-Mi celular… no está…- Por fin dio con la razón… el bolsillo de un costado de su bermuda estaba rasgada, tal vez cuando fue mordido, debió habérsele  cuando trepó al árbol para evitar que lo atacara una segunda vez, había logrado distraerlo con sus compras el tiempo suficiente para subir hasta la barda del jardín.

-Toma…- Le extendió un celular en color negro, poco llamativo y demasiado anticuado para alguien de su edad, pero igual lo tomó. Su madre debía estar horriblemente preocupada por él, siempre lo estaba; y su abuela era incluso capaz de salir a buscarlo con semejante frío.

-Ma…? Sí, soy yo… lo siento… lo sé… tranquila… sí… sí… escucha… es que pasó algo… sí… en el hospital… No grites!!!- Se despegó por un instante el teléfono de la oreja. Ryo no pudo evitar soltar una risita al escuchar hasta donde estaba la voz preocupada de la mujer al otro lado del teléfono.

 

Al finalizar la llamada le regresó el celular dándole a cambio una sonrisa encantadora, tras lo cual se despidieron uno del otro, ambos con la esperanza de volver a verse algún día aún cuando ninguno de los dos se atrevió a decir palabra alguna.

 

Sí, Ryo recordaba cada detalle de aquel primer encuentro cómo si hubiera sido ayer. Algo en ese ser lo había cautivado. Su monótona y aburrida vida continuaba entre latas de cerveza y las caricias de Yamashita, siempre oculto de los ojos de los demás dentro de su apartamento. De pronto se sintió harto de esa vida. Quería algo más. Quería volver a escuchar su tonta voz y su risa infantil y escandalosa… ¿En qué demonios estaba pensando? ¿Cómo esperaba volverlo a ver si ni siquiera tenía su número? Y por principio de cuentas… ¿Por qué esperaba verlo aparecer ahí en el parque si seguramente todavía no podía caminar?

 

Un par de días más pasaron obviando el hueco que se había formado entre ellos. Estaba decidido. Terminaría con su senpai de una vez por todas. A final de cuentas, esa relación no le deparaba nada a futuro… ¿podía siquiera considerarse éso una relación? Todo se volvió claro de repente.

 

¿Había tomado la decisión correcta? Caminaba un tanto cabizbajo, chocando de tanto en tanto con algún joven estudiante o un aburrido oficinista. Todo se arreglaba con una de sus sonrisas y una expresión de arrepentimiento. Como siguiendo más una necesidad que un impulso, sus pies terminaron por llevarlo hasta el sitio donde siempre e sentía relajado y en el cual conseguía olvidarse de todo. Los últimos destellos de luz solar teñían de un bello color naranja el cielo entremezclado con algunos tonos purpúreos  en el cielo nocturno. Las primeras estrellas comenzaban a decorar la noche. Un celular sonaba en alguna parte… que importaba.

-Es bonito, verdad?- alguien le hablaba desde atrás al tiempo que empujaba el columpio donde se había sentado. Quería volverse,  mirarlo, preguntarle cómo estaba, preguntar tantas cosas; pero no se atrevía… tenía miedo de que su figura se desvaneciera en el aire como tantas otras veces, así que permanecía observando ese cielo entre las copas de los árboles.

 

Cuando el columpio por fin se detuvo, lo vio apoyado sobre uno de los tubos, mirándolo con una sonrisa. Ryo lo miraba incapaz de hablar.

-Creí que tampoco vendrías hoy… supongo que fue un mal día… ¿quieres que te haga compañía?- Se sentó en el columpio a un lado de donde estaba regalándole sonrisas al por mayor.

-¿Esperabas verme?- Por fin rompió el silencio en que se hallaba sumergido desde que se percató de su presencia.

-Me costó mucho contenerme de llamarte…- Que rostro más inocente. –No sabía si me recordarías…- Se levantó de un salto y se paró justo frente a él, como si se debatiera consigo mismo de hacer algo o no. –Tampoco quería que te enojaras por haber guardado tu número sin tu permiso…-

-Yo también… quería llamarte… pero no lo hice…- Cuando lo vio dar un paso hacía él acortando la distancia que los separaba, comenzó a ponerse un poco nervioso. El chico ya no le pareció tan inocente.

-Debiste hacerlo, sabes?… Así no hubiera tenido que esperar aquí en vano los últimos cinco días…- Dio un paso más, sus piernas tocaron las de Ryo, quien no podía ni moverse ni quitarle los ojos de encima. –Tendrás que compensarme de algún modo, sabes?- Tegoshi tomó sus manos, que se aferraban a la cadena, entre las suyas. Un escalofrío le recorrió la espalda a Ryo.

-A-ah… sí?… y… q-qué quieres a c-cambio?…- Su corazón comenzó a latir más aprisa, se sentía estúpido tartamudeando así. Le sonreía.

-A ti…- Su respuesta fue concisa y directa. Se inclinó hasta alcanzar sus labios y lo besó… así sin más… lo besó. Para Ryo era la primera vez que experimentaba aquellas sensaciones. Si bien al principio no supo qué hacer, tan pronto como liberó sus manos y las llevó hasta la nuca del menos, el beso no hizo más que profundizarse y las emociones que recorrían su cuerpo no hacían más que volverse más intensas- ¿Éso era besar? ¡Por todos los cielos! ¿Cómo había pasado todos estos años privándose de ello?

 

Tegoshi permanecía sentado en sus piernas disfrutando de aquellas ansías salvajes de devorarlo entero que parecían haber estado suprimidas en algún rincón pequeño y que sin saber haber desbordado en un segundo. La manera en que lo besaba y lo acariciaba comenzaba a excitarlo en sobremanera. Su espalda era sensible u ahora sentía sus dedos largos y un poco fríos mientras lo aferraba contra su cuerpo besando su cuello como si quisiera deshacerse de toda barrera material entre ellos en ese preciso momento. Le rodeó el cuello con sus brazos, lo besaba como si pusiera la vida en ello. Se recorrió un poco más contra su pecho. Su pierna notó lo que había despertado con sus besos dentro de los pantalones del chico que lo abrazaba y al que abrazaba envueltos en una pasión desmedida.

-Vayamos a tu casa…- Le susurró al oído jadeando. Ryo pudo ver sus mejillas sonrojadas y ese brillo ardiente de deseo en sus ojos. Rodeó su cintura con sus brazos y lo besó mientras se ponía de pie levantándolo consigo sin el menos esfuerzo, en realidad le pareció bastante ligero. Teniendo su cuerpo tan cerca del suyo, se dio cuenta de que no era el único que se sentía así de estimulado. Su sonrisa, aunque un poco perversa debido a esa mirada, no pudo más que arrancarle una risita de complicidad al chico. Sus pies volvían a tocar el piso. Ryo lo había soltado, tomó sus cosas del piso y echó a andar. Se volvió y le hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera. Tegoshi entrelazó sus dedos por detrás, le sonrió y echó a correr tras él.

 

El elevador hasta el quinto piso les sirvió para continuar con el juego de caricias y besos que parecía haber terminado en el momento en que salieron del parque. Su actitud se había vuelto un poco más salvaje y dominante, cosa que le parecía encantadora a Ryo, quien pensaba que el pequeño sólo estaba tratando de seguirle el paso. A esa hora de la madrugada no era para nada raro que no hubiera nadie que los viera y se persignara al ver lo que se hacían por el pasillo. Sólo había cuatro puertas en ese piso, avanzaron entre risas nerviosas y botones abiertos hasta la segunda del lado derecho. Estaba tan ansioso que no podía ni meter la llave, al final se le cayeron al piso y Tegoshi fue quien abrió riéndose de él por su poca habilidad, ganándose un par de mordidas en el hombro.

 

Apenas se cerró la puerta tras ellos, comenzaron a deshacerse de  esas molestas prendas que separaban sus manos del resto de su piel; chocando en su camino hacía la recamara con cuanta cosa tenía Ryo en la casa. Pero, ¿a quién rayos le importaba?, ya lo recogería… luego… si se acordaba.

 

Que diferente lucía el chico sobre la cama de lo que estaba acostumbrado a ver sobre esas sábanas. La piel era blanca y tersa, carente de musculatura, casi como una chica… y bien podría ser una, de no ser por el miembro erecto bajó sus pantalones desabrochados que lo incitaba a abalanzarse sobre él, quien lo miraba respirando agitadamente casi como suplicándole que lo hiciera… No sería educado de su parte seguir haciéndolo esperar, verdad? Su adorable e inocente Tegoshi podía pescar un resfriado por llevar tan poca ropa si no lo hacía entrar en calor.

-Date prisa!…- Le lanzó una de las almohadas que estaban sobre la cama en la cara. Esa diabólica sonrisa trajo consigo una mirada de lo más pervertida que fascinó a Tego de la cabeza a los pies, era la primera vez que veía ese tipo de expresión en el rostro de Ryo; quien avanzaba hacía él abrazando la almohada con ambas manos cubriéndose el pecho y parte de la cara con ella; cuando se acercó lo suficiente, la dejó por un costado y lo tomó por los tobillos jalándolo un poco a la orilla de la cama para quitarle el pantalón. Un pequeño gemido se le escapó de los labios en el proceso. Estaba acostumbrado a ser quien tomara control de la situación. Yamapi, que era cómo sus amigos llamaban a Yamashita, nunca tomaba la iniciativa cuando estaban en la cama, así que ya se había hecho a la idea de que esta vez también tendría que marcar el ritmo de la noche. Se quitó la camiseta blanca de tirantes y el pantalón sin dejar de mirar a su amante. Tegoshi miraba su cuerpo marcado por el ejercicio mientras se mordía suavecito el labio inferior, Ryo había logrado su cometido al desnudarse frente a él. Se sentó apoyando los codos en la cama para contemplarlo mejor. Ryo subió avanzando de rodillas lentamente como si acechara a su presa antes de atacarla. Pero su dulce presa soltó una carcajada maliciosa… apenas lo tuvo a su alcance, rodeó su cuello con sus delgados brazos y lo giró ayudado de sus piernas para dejarlo boca arriba contra el colchón. Estaba un poco confundido, ¿podía un gatito ser capaz de devorar a un león? Sus pensamientos se alejaron con ese primer gemido que salió de su boca sin control cuando sintió la calidez y la humedad de su lengua sobre su sexo… sus manos estaban ocupadas acariciándolo y tocándolo por aquí y por allá. Por primera vez le tocaba recibir lo que tantas veces él mismo había dado. Y si su lengua se sentía así de bien, la sensación fue mil veces mejor cuando lo metió por completo dentro de su boca sin previo aviso. Su espalda se arqueó debido al desborde de placer que lo inundó de repente. Una de sus manos jugaba ahora a través de su pecho, subiendo y bajando acariciándolo apenas con las yemas de los dedos para luego pellizcar sus pezones a la vez que entraba de nuevo en su boca mientras la otra mano seguía el mismo moviendo que sus labios. Su lengua lo recorría de la base a la punta para perderse otra vez dentro de su boca. ¿Cómo podía Yamapi permanecer tan tranquilo mientras le hacía lo mismo, si él con trabajo podía callarse lo suficiente como para volver a tomar aire?

-Tegoshi… para… si sigues… yo… voy a…- Decía entrecortadamente mientras gemía y se aferraba con ambas manos de las sábanas. Tegoshi, quien no le había quitado los ojos de encima más que para parpadear, lo miraba satisfecho mientras le daba lo que al parecer era su mejor noche. Al suponer lo que Ryo trataba de decirle, aumentó la velocidad en el movimiento de su mano rozando levemente con la lengua mientras lo tenía dentro. La expresión  de su rostro vino acompañada de aquel chorro caliente y espero que le llenó la boca. Ahora veía su pecho subir y bajar tratando de recuperar el aliento. Lo había hecho terminar como nunca.

Tegoshi lo miraba con una perversa sonrisa dibujada en los labios, lamiéndose los dedos. Se recostó a su lado y comenzó a besar y mordisquear su cuello y su oreja. Ryo se entregaba a su juego sin protestas, correspondiendo sus caricias y besos. Una vez que recuperó un poco sus fuerzas, se puso sobre él y lo despojó de la ropa interior con una mano al tiempo que lo acariciaba con la otra. Su mano se movía haciéndolo estremecer con cada arriba-abajo que daba; verlo disfrutar así lo excitaba también; al poco tiempo ya estaba nuevamente listo. Llevó sus dedos hasta su entrada posterior, qué agradable le resultaba escucharlo gemir de ese modo mientras introducía poco a poco su dedo… y la reacción fue aún mayor cuando metió un segundo dedo. No tomó mucho tiempo prepararlo, así que no lo hizo esperar más. Lo tomó suave y firmemente por la cadera y lo echó un poco hacia arriba poniendo debajo la almohada. Pensó en hacerlo lentamente para no lastimarlo, pero su vocecita exigiéndole que lo hiciera ya, lo llevó a penetrarlo de una sola vez… ¿Dónde había estado ese chico y todo su libido durante estos años desperdiciados en hacerle el amor a un cascarón programado para sentir placer evocando un recuerdo?

 

Aquella noche de tórrido romance y pasión desenfrenada se prolongó hasta que las estrellas desaparecieron. Ryo no podía más… Tegoshi también terminaba una vez más, cayendo rendido sobre su pecho. Sólo un par de minutos más tarde lo tenía profundamente dormido, en esa misma posición lo rodeó con los brazos y se giró para ponerlo sobre la cama; el pequeño gatito se acurrucaba desnudo contra su cuerpo buscando su calor. Se peleó un segundos con las sábanas y el edredón que estaban desparramados entre la cama y la alfombra hasta que logró sacarlas de debajo de su cuerpo y las echó encima. También sería la primera vez que dormía con la persona con la que había hecho el amor… ¿el amor? Sí, mientras contemplaba su carita durmiente se dio cuenta de que se había enamorado perdidamente de la frágil y seductora inocencia que yacía entre sus brazos; apartó con el dedo índice el cabello de su rostro, le besó por milésima vez los labios dulces.

-Buenas noches mi gatito…- dio un toquecito con la punta del dedo sobre su nariz y luego se quedó dormido abrazándolo.

 

Lo despertó el sonido del agua al caer que provenía de algún lugar. Se negaba a abrir los ojos, aún quería dormir, se sentía cansado. Palpaba la cama con la mano notando que algo le hacía falta. Al reparar en lo que era se levantó de inmediato. Tan sólo de recordar lo que habían hecho durante toda la noche se sintió excitado otra vez. ¿Qué más daba? Se enredó la sábana y bajó de la cama rumbo al baño. Ni siquiera tocó. Sólo se limitó a abrir la puerta dejando caer la tela que lo envolvía. Vio su cuerpo delgado, de tez un poco más oscura que la suya, difuminado a través de la puerta plástica color humo de la regadera. Abrió lentamente. Ni siquiera lo escuchó entrar, sólo sintió unas manos pequeñas y delgadas aferrándose a su pecho desde atrás mientras le besaban el cuello y los hombros. Aquella se volvió la ducha más larga y placentera de su vida.

 

Su ropa le quedaba un poco larga y holgada, cosa que no hizo más que volverlo aún más adorable mientras lo vestía. Era un consentido, le quedó más que claro que le encantaba en sobremanera ser mimado. A su lado Ryo podía volver a ser él mismo, ser quien era antes de Yamashita. Se complementaban de un modo más diabólico que divino. Incluso le había preparado el desayuno. Si bien Tegoshi se había empeñado en hacerlo al principio, Ryo temió por sus estómagos al ver lo que planeaba preparar con todos esos ingredientes que esperaban sobre la barra a ser agregados a la sartén que tenía en el fuego; así que sutilmente lo sacó de la cocina entre besos y trozos de fruta en los labios.

 

Con él se divertía todo el tiempo. No hubo necesidad de que salieron del departamento. Ambos prefirieron quedarse en el sillón viendo películas y comiendo cuanta comida chatarra encontraron en la alacena y el refrigerar, ni soñar que pudiera hacer algo así con Yamapi quien siempre estaba cuidando lo que comía. Sólo se separaron el rato en el que Tegoshi salió a la terraza para responder el celular. Pero no le dio mayor importancia y fue a la cocina para rellenar el bowl de las palomitas; sabía que lo más probable era que fuera su madre sermoneándolo por no haber llegado a dormir; su risa burlesca se volvió una carcajada ruidosa cuando lo vio despegarse bruscamente el teléfono, seguramente debido a unos de los gritos de la mujer. Volvió al sofá, se puso el refractario de cristal sobre el estómago, se rebulló entre los cojines y le puso play a la película.

 

Para cuando volvió a la sala después de una segunda llamada telefónica que se alargó más de lo que tenía previsto, ryo ya se había quedado dormido. Peses a cualquier cosa, le pareció realmente tierno mientras dormía.

-Parece un cachorrito…- levantó un poco el cojín sobre el que estaba recostado deteniendo su cabeza cuidando de no despertarlo y se sentó, recargándolo sobre su pierna izquierda. Ni siquiera notó cuando comenzó a hacerle piojito. Ya lo tenía como hábito, era una de esas cosas que le gustaba hacer pero no que le hicieran… le traía recuerdos un tanto dolorosos… de alguien más.

 

Por fin fueron usadas aquellas velas compradas hacía tantos años atrás que habían estado guardadas en una caja; ni siquiera recordaba muy bien donde las había dejado, cosa que divertía al chico descalzo sentado a media luz sobre el desayunador con los ojos vendados a la espera de que su amado terminara lo que estaba haciendo. Fueron el toque perfecto para aquella velada que comenzó con una deliciosa cena en la alfombra de la sala y terminó con todo un festín en la alcoba.

 

La siguiente mañana despertó entre sus brazos fuertes y bien torneados. Ryo lo miraba un poco ruborizado por haber sido descubierto mirándolo como un tonto mientras dormía.

-Buenos días… Tegonyan~- De nuevo ese golpecito en la punta de la nariz acompañado de una sonrisa enternecida.

-¿Ahora soy tu gato?- Decía el otro pegándose más a su cuerpo simulando el comportamiento empalagoso de aquel animal, apoyando la oreja contra su pecho.

-sí, así es… eres mi gatito, Tegorin…- Lo abrazó con fuerza enredando también sus piernas alrededor de su cuerpo pero sin hacerle el menor daño, sólo para hacerlo suyo, rodearlo por completo, protegerlo. Una carcajada.

-¡Entonces adóptame y dame amor todos los días como un buen amo!- Ahora él también reía ante semejante ocurrencia por parte del menor. Aunque la idea no le desagrado para nada, sino todo lo contrario.

-Lo estoy considerando bastante, sabes?- Le gustaba seguirle la corriente, quería saber si sólo lo había dicho como broma.

-¿Para que lo piensas? Sólo hazlo… Te amo…- Cerró los ojos entregándose de lleno a la melodía que escuchaba ahí dentro y que de pronto aumentó de ritmo.

-Entonces ya no te dejaré ir nunca…- Lo estrechó con fuerza, sintiendo como suya la tibieza de su piel suave y el dulce aroma de su cuerpo.

-No quiero ir a ningún lado si no estás tú, Ryo-chan… Quiero estar así contigo por siempre…- Se acurrucaba entre su pecho y sus brazos cual gatito ronroneando al recibir caricias amorosas mientras Ryo pasaba su mano por su cabello despeinándolo un poco. Esos besos… los besos más tiernos y profundos del universo.

 

Un par de días después de ese fin de semana fugaz y eterno, se lo llevó a vivir a su departamento. Siguiendo su pequeña roma privada, le había comprado inclusive un dije en forma de calavera de gato con las iniciales de sus nombres grabadas por la parte posterior, el cual Tegoshi siempre llevaba puesto. No había amor más entregado y verdadero que el que ellos se profesaban.

 

Cuando se enteró por terceros, casi se desmaya. No podía creer que Ryo, “su Ryo”, estaba viviendo con alguien. Lo había empezado a ver diferente, algo en él había cambiado volviéndolo fascinante e irresistible, pero nunca se imaginó que fuera debido a un amorío.

-Lo siento Yamashita-senpai…- Más que el haberle rechazado el beso, lo que le dolió profundamente fue que lo llamara así y no cómo siempre hacía cuando estaban a solas… como cuando lo amaba.

-¿Por qué Ryo-chan?- Ni siquiera podía decir si lloraba de dolor o de coraje mientras se abrazaba a él bruscamente producto de su propia desesperación.

-Tenías razón senpai… los labios sólo deben pertenecerle a la persona que amas…- Se sentía increíblemente bien asestarle el golpe de gracia con sus propias palabras, ésas que él le había dicho en aquel entonces cuando se le había confesado, cuando se habían entregado a su deseo por primera vez. Sujetó sus brazos para quitárselo de encima y de fue, dejándolo estupefacto mirando la nada.

 

Un mes más después Ryo fue ascendido. Ahora Yamashita trabajaría para él. Si acaso existía el karma, ahora se hacía presente, pero no lo disfrutaba tanto como había imaginado. Hasta cierto punto, el repentino cambio en Yamapi le preocupaba. Pero no quería preocuparse por ello. Estaba demasiado feliz por su logro personal. Llegó temprano a casa y en compañía de su pequeño y lindo novio fue a comprarse un auto, el cual por supuesto que se dieron a la tarea de estrenar aparcados justo bajo el árbol donde se habían encontrado por vez primera.

-Jamás amaré a nadie más… seré tuyo por siempre…- Le había dicho Tegoshi al oído jadeando mientras Ryo le hacía el amor.

 

Un año pasó como si hubiera sido un suspiro. Ryo subía corriendo las escaleras destrozada su calma por la desesperación y la angustia que se habían apoderado de su cuerpo, incapaz de creer en las palabras que había escuchado media hora antes en un mensaje en el buzón de voz de su celular. Sus manos temblaban, las llaves estuvieron a punto de caérsele un par de veces. No podía ver nada en el interior. Todas las luces estaban apagadas cuando llegó. Ni siquiera se molestó en encenderlas. Cruzó toda la estancia librando obstáculos en dirección a la recamara. Nada parecía haber cambiado, todo estaba perfectamente acomodado en su lugar… No. Todo había terminado. Había demasiado orden… Su corazón latía descontroladamente como si quisiera escapársele del pecho para ir a donde estuviera Tegoshi. Sudaba frío. Cerró los ojos y prendió la luz de la lámpara. Respiró hondo repitiéndose en voz baja que todo estaría bien, que éso no era más que producto de su imaginación, abrió los ojos. Sus cosas habían desaparecido. No estaban sus botines favoritos bajo la cama, la sudadera negra con calaveritas que usaba cuando salían a caminar por la noche al parque no estaba sobre el respaldo del pueblecito de la esquina donde se sentaba a leer. No fue necesario abrir el closet para saber que el resto de su ropa tampoco estaría. Cayó de rodillas al piso derramando amargas lágrimas que rodaban por sus mejillas… un rostro carente de vida. Su corazón estaba hecho añicos esparcido por todo el departamento junto con todos los besos y sonrisas que habían compartido. Su alma desgarrada expresaba todo el dolor que sentía con gritos de agonía.

 

Yamashita permanecía de pie en el marco de la puerta; él lo había traído a casa, preocupado al extremo al ver su semblante inexpresivo tras haber escuchado el mensaje de Tegoshi. De no haber si do porque estaba a su lado, Ryo probablemente se hubiera desmayado en ése mismo instante; estaba tan pálido, temblando… luego salió corriendo de la oficina sin decir nada. Yamapi pensó lo peor. Sí, lo amaba. Al perderlo se había dado cuenta de cuánto lo necesitaba y de cuánto lo amaba pero… se había dado cuenta demasiado tarde. Aún así no quiso alejarse de él. Ahora lo miaba impotente, tan frágil y herido acurrucado sobre sí mismo en el piso, llorando. Quería acercarse… tomarlo entre sus brazos… brindarle consuelo… hacerlo sentir que él estaba ahí, a su lado… decirle que lo amaba… que él no había ido ni iría nunca a ningún sitio… pero no lo hizo, sabía que no serviría de nada. El corazón de Ryo había sido envenenado con la peor toxina del planeta… el adiós. Un mar de lágrimas podrían no ser suficientes para curarlo. Por primera vez Yamapi odio a Tegoshi con todo su corazón; no por haberle robado a Ryo, no por haberlo alejado de él durante todo este tiempo, no por haberlo amado del modo en que él nunca quizo hacerlo… sino por haber jugado con él de esa manera… por todas sus mentiras… por cada una de las lágrimas que ahora derramaba por su culpa… por la forma en que egoístamente decidió terminarlo todo… por la estúpida promesa con la que lo dejó solo en esa habitación que ahora le parecía tan oscura y fría… Lo odió con toda su alma por saber que jamás volvería… Y se odió a sí mismo… por no haber hecho nada para evitar todo su sufrimiento.

 

No… ya no podía contemplar aquella escena. Se dio la vuelta y recargó la espalda contra el muro exterior de la habitación para dejarse caer hasta quedar sentado con los codos apoyados en las rodillas y el rostro escondido entre el cabello y sus brazos… Tapando sus orejas con las manos para no seguir escuchando, deseando no poder oír cuánto sufrió su amado Ryo.

 

“¿Ryo-chan?… Debes estar ocupado, verdad? Te he estado llamando toda la tarde… se alargó tu junta?… Mmm… Lo siento… escucha, no quiero que llores ni que corras detrás de mí después de escuchar esto… Quiero que sepas que he sido muy feliz contigo, te lo juro… lo sabes, verdad?… Pero la vida me dio una segunda oportunidad… No te estoy dejando… Te prometo que si ésto no funciona volveré a tu lado y nunca más me alejaré de ti… Si ya no queda nada en mi pasado para mí, quiero un futuro contigo… Te amo… por siempre…”

 

Parallel World Cap.14

Parallel World

FicxCap

FuDa

~Hana no mau machi / Ueda~

To: Lexi

 

CAPITULO 14: La ciudad de las flores danzarinas.

 

 

La luz roja sobre la puerta doble se apagó. El doctor salió para darles las buenas noticias: la cirugía había sido un éxito. En la sala de espera, todo eran risas y hasta lágrimas de felicidad. Ahora era donde comenzaba la verdadera batalla, pues de la rehabilitación dependería si podría volver a tocar o no, pero no sería para nada sencillo.

-Muchisimas gracias doctor!- Decían a coro Ueda, Ishigaki y Yodogawa.

-Será mejor que vayan a casa, él no despertara hasta mañana. Con permiso…- Se despidieron del hombre con una reverencia de profunda gratitud y de inmediato Yodogawa se abrazó a Ishigaki, se sentía por demás aliviado de que todo saliera bien. Okura los miraba desde donde estaba sentado; al percatarse, Ueda fue con él.

-Creo que deberías hablar con él…- Puso su mano en su rodilla y le dedicó una sonrisa de complicidad mirando de reojo a Ishigaki. -Dai-chan! ¿Puedes adoptar por esta noche a Okurin?- Dijo de pronto poniéndose de pie dejando desconcertados a Ishigaki y a Okura. Dándose cuenta  de lo que pretendía, Yodogawa fue junto a Kamenashi.

-Sí, Kamenashi y Yonemura se quedarán conmigo, necesito su ayuda chicos, no quiero repetir este curso…- Parecía preocupado por los resultados de su último examen. A Kamenashi realmente le daba igual, así que aceptó. Sin tener nada que decir, Ishigaki tuvo que resignarse a seguir sin querer el plan de Ueda.

 

Bajaron todos juntos a cenar algo en la cafetería. Parecían mucho más relajados ahora que tenían la seguridad de que Fujiie estaría bien. Igo estaba con sus bromas y chistes habituales arrancándoles ataques de risa a Kamenashi y Okura que no los habían escuchado ya por milésima vez cuando timbró su celular.

-Sé que me aman y que me echaran de menos mi querido público, pero debo partir pues requieren mi presencia y mi talento musical en otro lado…- Imitaba a algún personaje de la Edad Media apoyando el pie sobre la silla.

-¿Goto-kun necesita tu ayuda otra vez?- Preguntaba divertido Yonemura pues últimamente éso no era cosa rara.

-Jejejeje… así es. No puedo hacer nada pues mi guitarra es el mejor complemento para su violín…- Se puso la chamarra, se despidió de todos y calió casi corriendo.

-Veo que ser medio mandilones es un mal de este selecto círculo, verdad?- agregaba sarcásticamente Yodogawa moviendo en gesto de desaprobación la cabeza enfatizando con las manos que no tenían remedio.

Al final se despidieron de Ueda y se fueron del hospital, ya volverían mañana para ver a Fujiie.

-Espero que ya dejes de perder el tiempo, a menos que quieras sólo esperar a ver cómo sube de nuevo al tren y se aleja de ti…- Susurró en su oído cuando lo abrazó. Ishigaki se sonrojó y lo miró asustado pues nunca le había dicho a nadie sobre éso.  Al ver la sonrisa de Ueda, entendió que todo había sido idea suya y sólo asintió con una sonrisa.

 

Se disponían a desayunar. Ya que no habían podido dormir mucho, tenían que recuperar energía de alguna manera. Lo primero que vieron cuando encendieron el televisor fue la noticia del escándalo en el mundo de la política: el hijo mayor del candidato Akanishi a Senador por parte del Partido Liberal Democrático había recibido el acta de formal prisión, con lo cual probablemente su imagen como político había terminado debido a todo el escándalo detrás del incidente.

-Dai-chan, será mejor que llamemos a Tatsuya…- Decía sin siquiera mirarlo ni percatarse de que la mermelada de su pan tostado estaba ahora sobre su mano y su pantalón.

-Definitivamente…- Apenas si pudo pasarse el bocado que tenía en la boca. –Tadayoshi…- Señaló su pantalón cuando logró que volteara.

-Waaa~! Pero si seré tonto…- Puso el pan sobre el plato y se levantó buscando un trapo para limpiarse.

-Lo bueno es que todavía no te ponías la camisa…- Decía como burla Ishigaki mirándolo desde el comedor.

-Cállate~…- Se veía adorable apenado ruborizándose mientras se lavaba las manos.

 

Los pétalos de las flores de cerezo caían como copos de nieve por toda la calzada principal que atravesaba la universidad, confiriéndole un aspecto por demás hermoso a la escuela.

Los nervios le estaban destrozando el estómago, sentía que había pasado una eternidad desde la última vez que había estado ahí y se preguntaba qué pasaría de ahora en adelante. Odiaba admitirlo pero estaba asustado. Había demasiados malos recuerdos a su alrededor.

-O-ku-ri-n~!!!- Sabía que era Ueda sólo por el olor de su cabello así que su sonrisa le iluminó el rostro al  momento.

-Uepi, ohayou~!- cuando se giró se encontró directamente con Ishigaki que venía con él.

-Okaeri!- Su expresión de sorpresa dio paso a la felicidad absoluta.

-Tadaima…- Estaba un poco molesto consigo mismo por haberse sonrojado apenas al verlo pues todo el viaje se había dicho a sí mismo que debía comportarse como el chico de la relación, empezando porque era mayor que Ishigaki, pero no podía evitar reaccionar como colegiala enamorada en cuanto lo tenía frente a sus ojos.

Se quedaron mirándose en silencio hasta que por fin Okura lo tomó de la mano y se lo llevó rumbo a la sección de piano para acompañarlo a su salón. Un par de metros adelante fueron abordados por todos los antiguos amigos de Okura, quienes también le daban la bienvenida después de tanto tiempo sin tenerlo por la ciudad. Entre ellos estaba Nishikido acompañado como siempre de Uchi.

-En verdad volviste Tacchon…- Su reacción era en verdad extraña.

-Sí, tenía motivos más que importantes para volver…- Okura le dedicó la más encantadora de sus sonrisas y lo pasó de largo con Ishigaki de la mano, dejando anonadado a Nishikido y asombrados a los demás pues nunca lo habían visto actuar así.

 

Ueda había contemplado aquello divertido… Nishikido se lo merecía por haberle rotó el corazón a su amigo, pero gracias a ello, ahora era realmente feliz con alguien que sí lo amaba, con alguien que sí se merecía a alguien tan maravillosos como su amigo. Metió las manos en los bolsillos de su abrigo negro, había algo pequeño dentro, se disponía a sacarlo para contemplarlo nuevamente cuando algo llamó de pronto su atención haciendo que les quitara los ojos de encima y se olvidara de todo lo demás… Una flor de cerezo caía mecida por el viento… como por inercia estiró la mano dando un paso adelante para tomarla en la palma de su mano, le extrañó que la flor hubiera caído del árbol intacta.

-Veo que no aprendes… es peligroso que hagas eso, sabes? Podrías golpear a alguien y hacer que cayera al suelo…- La voz un poco grave pero llena de ternura con tintes de timidez lo hizo sonreír enseguida.

-No, no creo que sea peligroso… además que sólo funciona contigo… eres el único que está cerca de mí cuando lo hago…- Se dio la vuelta para mirarlo y tenerlo cerca. –Cierra los ojos…- Su expresión era por demás adorable con todos aquellos pequeños pétalos rosa pálido a su alrededor. No quería perderse aquello pero al final lo obedeció.

Aferraba la correa de su mochila con ambas manos, el estuche negro de su bajo colgaba de su hombro izquierdo. Lucía justo como la primera vez que lo vio en el parque. Tomó suavemente su mano derecha y puso con cuidado lo que tenía en su mano sobre ella. Besó sus labios por un par de segundos mientras le entrecerraba la mano cuidando que no aplastara lo que le había dado. Luego lo soltó y dio un paso hacia atrás. Fujiie abrió lentamente los ojos atontado todavía por aquel beso.

-Ah?!…- Abrió la mano para ver lo que le había dado. –Está completa…- Susurro mirándolo con una dulce sonrisa.

-Sip…- Ueda le asintió con una sonrisa de satisfacción al constatar que había obtenido lo que esperaba con aquel detalle, se había ruborizado un poco, volvió a meter las manos en los bolsillos y recordó lo que guardaba dentro, lo tomó y apretó la mano para darse valor. Fujiie bajó la vista para observar la pequeña flor. –Te eligió… así que la atrapé para ti antes de que desapareciera…- Lo miró de inmediato. A veces decía cosas así de raras pero en vez de molestarle, le gustaba. Entrecerró la mano y se acercó a Ueda.

-Pues dice que a cambio te regale algo…- Había terminado por gustarle el seguirle la corriente cuando hablaba de seres fantásticos y cosas por el estilo, no sabía mucho al respecto así que le resultaba fascinante.

-¿Ah sí?… ¿y qué…?- Fujiie lo besó por primera vez en público. Ueda apenas si lo podía creer, nunca antes lo había hecho porque le daba mucha pena. Estaba que no cabía en su cuerpo de la felicidad. Puso sus manos alrededor de su cintura, con cuidado para no tirar lo que sujetaba y lo atrajo contra su cuerpo para corresponderle aquel beso.

Una brisa fresca pasó a través de sus cuerpos agitándoles el cabello y meciendo los árboles que los rodeaban. Cientos de pétalos y pequeñas flores caían por todos lados debido al viento, flotando en el aire como si bailaran a su alrededor. Ambos se miraban contemplando lo más hermoso que sus ojos habían visto jamás. Un momento mágico y eterno que recordarían para siempre. Ueda acercó su mano a la cara de Fujiie y la abrió para que viera lo que tenía. La pequeña cadena de plata que encontró en el piso el día que lo conoció  había sido reparada. Apenas si podía creerlo, incluso se pellizcó para saber si estaba soñando. Ueda soltó una ligera risita al ver la mueca de dolor en su carita de asombro. Tomó la pulsera entre sus dedos y la abrochó en tornó a su muñeca. Fujiie levantó la mano a la altura de sus ojos y contempló las pequeñas iniciales de su nombre que colgaban de los pequeños arillos plateados que las sujetaban a la cadena, justo como había hecho aquel día que vio a su abuela por última vez. Las lágrimas se contenían trabajosamente a punto de desbordarse. Movido por la emoción de haber recuperado algo extremadamente valioso y preciado que creyó haber perdido para siempre, se arrojó contra él para abrazarlo rodeándole el cuello con ambos brazos llenándole la cara de besos, diciéndole una y otra vez “te amo” y “gracias” a lo que Ueda un poco desconcertado pero absolutamente feliz no pudo más que corresponderle el abrazo y sonreírle deseando que pudieran vivir en esa ciudad llena de colores y melodías juntos por siempre.