Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

Archivo para RyOkura

Glorious (RyOkura)

.

Título: Glorious.
Pairing: Ryo & Okura / Kanjani 8
~Glorious – Kanjani 8~

Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai 
To: Hanashi que gracias a su dedicacion y amor por los eito, me ha hecho amarlos cada vez un mucho más 😉 sin contar q x su culpa desde anoche traigo esta canción en la cabeza 😛

05/Nov/2012

.
.

La suave y cálida luz del sol se colaba a través de las vaporosas cortinas de su habitación haciéndole sentir una tibia sensación en la mejilla que poco a poco le dejó en claro que ya era hora de levantarse aún cuando no quería, aún cuando prefería seguir sumergido en medio de sus sueños. No, no de cualquier sueño, tan sólo de ese que acaba de tener y que le había hecho sentir la más grande felicidad recorriendo cada célula de su cuerpo, ese cosquilleo que parecía seguir revoloteando en su interior y que a pesar de la inconformidad por saber que no ha sido mas que un sueño, lo hace despertar con una enorme y boba sonrisa enamorada que le ilumina el rostro.
Porque gracias a ese sueño, por fin lo ha entendido todo; ha sido capaz de darse cuenta de lo que tanto había tratado de negarse por temor, verguenza y hasta por orgullo. Porque había sido ese sueño el que le había mostrados la felicidad que él mismo se había obligado a reprimir por miedo al rechazo y a lo que diría la sociedad.
Pero ahora que había tocado el cielo con las yemas de los dedos y que le había gustado tanto aquello que quería sumergirse por completo, no podía seguir haciendo de cuenta que no sentía nada por su mejor amigo, que no se le aceleraba el corazón cada que lo veía caminar dentro de su habitación, que no suspiraba cada que lo veía mirar a la nada a través de la ventana perdido en sus pensamientos, que no sentía mariposas en el estómago cada que sonreía con esa ternura que sólo él sabe desprender, que no sentía ese intenso rubor en las mejillas cuando lo miraba y le hablaba con esa voz tan profunda y seductora. No, ya no podría ser capaz de seguir ocúltando que lo amaba con locura, que era sólo por él que sus días le parecían la cosa más gloriosa y celestial tan sólo por vivir en el mismo planeta, porque era gracias a él que su propia existencia había adquirido color y forma y sería sólo por él que estaría completo por fin su corazón.
Y sin otro pensamiento en mente, saltó fuera de la cama para alcanzar el teléfono y llamarlo, porque en ese momento sólo pensaba en lo mucho que necesitaba escuchar su voz.
Porque sabía de antemano que oír su voz sería la motivación que necesitaba para buscarlo y confesarle sus sentimientos. Porque seguía marcada sobre su corazón aquella sensación de ensueño diciéndole que sería correspondido sin lugar a dudas.
Porque después de colgar sólo tendría algo en claro: quería volver realidad ese sueño. Tomarlo entre sus brazos apenas lo tuviera enfrente y estrecharlo contra su cuerpo fundiendo sus labios con los suyos en un primer beso que se convertiría en la llave al paraíso anhelado que significaría recorrer cada centímetro de su piel al ritmo de sus respiraciones agitadas y tímidos susurros encendidos de deseo escapando desde su garganta mientras pronunciaba su nombre con vehemencia. Lo quería. Lo necesitaba. Lo amaba. Y estaba dispuesto a ir al mismo infierno con tal de tenerlo tan sólo para él. Porque sólo por él había aprendido el significado de conceptos tan humanos como los celos y la mentira. Porque se sabía capaz de engañar hasta al mismísimo Dios con tal de alejarlo de cualquiera que pusiera sus ojos sobre él.
-Okura…-
-Ryo?… Qué pasa?… Son las… seis de la mañana? Estás bien?-
-Sí, mejor que nunca!… Voy para tu casa, no te vayas a ningún lado, entendiste?-
-No pienso salir de mi cama en todo el día…-
-No te preocupes, no planeo dejarte salir de ahí en un buen rato…-
-Eh?-
-Te veo en una hora!-
-Ok~…-
Anuncios

Un poco más… (RyOkura)

TITULO: Un poco más…

~Mamoritai/Okura Tadayoshi~

PAIRIRNG: RyOkura.

TO: Nat (JH)

Mi celular sonaba en alguna parte de mi habitación; anoche había llegado tan cansado que ni siquiera me había puesto la pijama para dormir, así que no me extrañó no poder recordar donde había dejado mi telefóno.

¿Quién podía estarme llamando tan temprano? Y en domingo… Mi día de anhelado descanso… ¿Domingo? ¡Ay no!

Aunque todavía estaba medio dormido salté fuera de la cama, tan apresuradamente que casi me caigo. ¿Qué hora era ya? ¿Dónde estaba el bendito celular? Nuevamente timbraba. Ahora que estaba totalmente despierto sabía que probable, sino es que seguramente, sería Tatsuya quien llamaba.

Hacía mucho que nuestras agendas no coincidían como para ir a tomar algo o salir a algún lugar, ahora que se había vuelto un compositor famoso tenía mucho más trabajo. Sí, a muchos  podría parecerles extraño, pero ese chico, con todo y su rara forma de ser, era mi mejor amigo y aún a pesar de todas las cosas que habían pasado desde que nos conocimos, el vínculo que se había formado entre nosotros nunca se había visto afectado.

Me iba a matar… Después de todo, había sido yo quien estuvo insistiendo en que debíamos vernos hoy y él había aceptado aún a pesar de todo el trabajo que tenía. En verdad que me iba a matar… si había algo que en verdad detestaba era la impuntualidad y pese a su aspecto dulce e inocente, lo cierto es que daba miedo cuando se enojaba.

¡Aquí está! En cuanto lo tuve entre mis manos le llamé.

-Okura… ¿Dónde estás? Hace más de una hora que te estoy esperando… Cuando no respondiste el telefóno me preocupé muchísimo…- Hablaba tan aprisa que se le atropellaban las palabras. -Estuve a punto de llamar a Nishikido-san…- Por su tono de voz podía saber que se había sonrojado.

-Perdóname Tatsuya… No te preocupes, ¿de acuerdo? Llego en menos de 20 minutos…- Ni siquiera habíamos colgado y yo ya estaba en la regadera. Pobre, en verdad debio estar muy preocupado para que incluso considerara el llamar a Ryo… Me lavé los dientos mientras me terminaba de bañar y me vesti tan rápido como pude. Tomé el celular y las llaves y salí corriendo.

-Ueda…- Lo vi sentado junto a la fuente donde solíamos vernos. Corrí tanto desde la avenida que cuando llegué hasta donde estaba apenas si podía respirar. -Lo siento tanto…- Estaba preparado para ser golpeado o regañado, pero no para la reacción que tuvo. Me miró con los ojos abiertos de par en par y apenas si me tuvo cerca me rodeó con fuerza con ambos brazos.

-Menos mal que estás bien…- Dijo en mi oído con un nudo en la garganta. Le devolví el abrazo. Un par de minutos después ya era el mismo Ueda de siempre.

El resto de la mañana la dedicamos a pasear por el centro comercial y a comprar cuanta cosa nos gustaba. Ir de compras con él siempre era así, sólo que a diferencia de él, yo tenía que ser más cuidadoso con mi dinero si no quería quedarme sin comida y sin casa para la siguiente quincena, pero igual siempre era entretenido pasar tiempo a su lado porque era alguien con quien podía hablar de todo lo que me gustaba y que me entendía. Estando con él las horas se me pasaban volando y aunque para nosotros era lo más genial del mundo, había a quienes no les parecía en lo más mínimo. Mi celular sonó.

-¿Ryo?- Se me hizo raro que me llamara ya que apenas unas horas antes habíamos estado juntos. -¿Ahora?… En Shinjuku… No… Con Ueda…- Como era de esperarse, el sólo hecho de escuchar su nombre fue suficiente para que se pusiera de malas. Pero, ¿qué le iba a hacer? La verdad es que aunque a veces era un cínido y sádico medio manipulador de sangre fría, conmigo siempre había sido realmente lindo y entregado. Cualquiera que viera al Ryo que yo amaba, juraría que no era otro que su hermano gemelo perdido; empezando por Tatsuya, su pareja y cualquiera de los de la oficina, pues él y Ueda  nunca se habían llevado muy bien… y en gran parte éso era culpa mía.

La verdad es que desde aquel entonces Ryo ha estado celoso de mi estrecha relación con Ueda, pero ¿qué derecho tenía él de reclamarme cualquier cosa después de todo lo que había vivido y compartido con Yamashita? Era simplemente egoísta de su parte, empezando por el hecho de que Ueda y yo nunca habíamos sido mas que amigos. Sus celos y su desconfianza a veces me lastimaban tanto que sentía que no lo podría soportar; y todas esas veces en las que mis lágrimas ya no podían ser contenidas, era precisamente Ueda quien me brindaba esperanza y consuelo. Cosa que sólo lograba hacer crecer el odio que Ryo sentía por él. Y en cierto modo no lo culpo, sabía cuánto lo había amado y creo que en realidad sólo teme que en algún momento Tatsuya pueda fijarse en mí y alejarme de él, pero siendo objetivos, éso no pasó entonces y mucho menos pasaría ahora.

-Lo siento Ueda… Tengo que irme…-

-No te preocupes… Él es lo más importante de tu vida, no? Entonces debes estar a su lado… Además hoy es un día especial para ambos, pero sobre todo para él, así que deja de perder el tiempo aquí conmigo y ve a verlo…-

Pese a cualquier cosa que Ryo pudiera atreverse a decir de Tatsuya, para mí era todo un ejemplo a seguir. Gracias a él había aprendido a aceptar y amar a Ryo tal y cómo era; además, de no ser por él, tal vez nunca habría conocido al amor de mi vida. Ambos sabíamos que Ryo se sentía del mismo modo, pero probablemente era su orgullo el que no le permitía aceptarlo y eran sus inseguridades las que no querían a Ueda en mi vida. Ryo jamás olvidaría el pasado, aún si fue gracias a él que ocurrió el milagro de nuestro encuentro.

3 AÑOS ANTES. Abril.

-Okura-kun… ¡Felicidades por tu graduación!-

-Senpai… Muchas gracias!… Creo que sin todo tu apoyo nunca hubiera podido lograrlo…-

-No digas esas cosas. Fue gracias a tu esfuerzo. “Sólo tú mismo eres capaz de volar tan alto como quieras…”, ¿recuerdas?-

-Senpai…-

-Oh, cierto… Tengo algo para ti…- Ueda puso la mano sobre su rostro para cerrarle los ojos al tiempo que metía la otra mano en su bolsillo para sacar el regalo que había mandado a hacer para su kohai. Rodeó su cuello para cerrar el pequeño broche de la cadena plateada y se apartó. Al sentir que su superior se había separado de él, Okura abrió los ojos para ver qué era lo que colgaba sobre su pecho.

El pequeño dije en forma de pluma, cuidadosa y delicadamente trabajado en oro blanco le arrancó una dulce y tímida sonrisa.

-¿Te gusta?… Ahora siempre tendrás contigo tus alas y podrás volar para alcanzar tus sueños…-

-Ueda-senpai… Gracias…- Sentía que moriría de felicidad en ese preciso momento. El chico del que había estado enamorado los últimos cuatro años estaba ahí frente a él con esa sonrisa suya que tante le gustaba y mirándolo a él, sólo a él. -Ueda-senpai… Yo…-

-Sí, dime… ¿Qué pasa?, Okura, ¿te sientes mal? Tu cara está un poco roja…- Al sentir su mano sobre su mejilla, un millón de sentimientos le recorrieron el cuerpo de pies a cabeza haciendo que se sintiera aún más nervioso. No era siquiera capaz de mirarlo a los ojos.

-No, estoy bien… Es que yo… yo tengo algo que decirte…-

-¡Tat-chan~!- Apenas si escuchó aquella voz, Ueda volteó de inmediato dejando a Okura con las palabras a punto de desbordársele de los labios.

-¡¿Jin?!- El chico venía acompañado por otros dos muchachos; los tres resultaban una imagen digna de ser contemplada: atractivos, bien vestidos y con un gran carisma desbordandóseles.

Llegó hasta donde estaban, puso una mano en la cintura de Ueda para acercarlo un poco contra sí y la otra en su nuca. Lo besó.

-Había estado buscándote… Con que aquí te estabas escondiendo… ¿Este es el chico del que me hablaste?- Así como sólo lo besó, lo soltó con la misma naturalidad para mirar a su acompañante. La radiante sonrisa y ese brillo en sus ojos que nunca antes le había visto, rompieron las esperanzas de Okura al tiempo que apenas lograba  entender lo que pasaba.

-Sí, él es Okura Tadayoshi… El chico al que quiero que contrates en la agencia…-

-Mucho gusto, soy Akanishi Jin y si no tienes inconveniente, me gustaría que fueras mañana a mi oficina para una entrevista de trabajo…- Le extendió su tarjeta de presentación. -Ellos son Yamashita y Nishikido, mis socios…- Los dos saludaron educadamente permaneciendo por un lado de su jefe.

Okura estaba tan confundido que constantemente pasaba la vista con disimulo de Ueda a su pareja y del piso a la tarjeta que tenía en las manos. Su punto de salvación fue el chico delgado de cabello lacio y oscuro que estaba a la izquierda de Akanishi. Ésa fue la primera vez que vio a Ryo, y de alguna manera, algo en él le había parecido fascinante.

Apenas si había logrado conciliar el sueño durante la noche. El shock provocado por haber visto así al chico del que había estado enamorado todo este tiempo había sido simplemente demasiado para su frágil corazón.

Para cuando sonó su despertador ya estaba en la cocina tomando el desayuno. Se levantó para ir hasta la recamara y apagarlo, luego entró al baño para ducharse. Ueda le había mandado un enorme mail con todos los consejos que se le habían ocurrido para impresionar a Jin. Lo leyó mas no le día mayor importancia. Debía aceptar que de no ser por la relación que su prospecto a jefe tenía con su superior, éste sería el trabajo de sus sueños. Lo sería, de no ser porque no estaba muy seguro de poder soportar verlos juntos. Aún así había decidido ir a la entrevista; de cualquier forma ganaba más de lo que podía perder.

Desde la fachada, aquel edificio desbordaba lujo y estilo. El interior, por supuesto, no dejaba nada que desear. Definitivamente éste era el tipo de lugar en el que quería trabajar. La chica de la recepción, que era una verdadera belleza, cabe mencionar, en cuanto dijo a qué venía llamó a un chico delgado que usaba un elegante traje gris oscuro.

-Uchi-san, ¿sería tan amable de llevarlo a la oficina de Akanishi-san?-

-¿Es el chico al que espera el jefe?- La chica se limitó a asentirle con una sonrisa y luego se puso a pasarle un montón de recados y papeles. Okura miró a su alrededor y de pronto se preguntó si ser excesivamente atractivo era un requisito para trabajar en la AYN Records, porque a donde quiera que mirara, tanto los chicos como las muchachas eran todos unas bellezas en toda la extensión de la palabra que encajaban perfectamente con la elegancia y el estilo de la empresa.

-¿Cómo te llamas?… Ah, por aquí…- Su voz atrajo de vuelta su atención al chico que ahora le sonreía cortesmente indicándole el camino que tomarían.

-Okura Tadayoshi…- Aunque trataba de no parecer nervioso, la verdad es que siempre había sido tímido.

-Yo soy Uchi Hiroki… Director de Arte Publicitario…- La puerta del ascensor se abrió. -Oh, Kato-san! Buenos días…- Saludó al chico que llevaba un par de cámaras y que salía cuando ellos se disponían a entrar. -Él es uno de nuestros mejores fotográfos… tal vez no te toque trabajar mucho con él pero siempre es bueno conocer a todo el equipo.-

-Sí, entiendo… En éso tienes razón Uchi-san…-

-Oh, no, por favor, deja la cortesía para con el jefe; además por lo que veo eres un año más grande que yo…- Le decía mientras cerraba el folder negro que llevaba en las manos.

-¿En verdad?, ¿entonces aún estás estudiando en la universidad?…-

-Sí, mi último año…-

-Oh, vaya,,, pareces tener bastante experiencia, cualquiera diría que hace años que trabajas aquí…-

-Algo así… Trabajo aquí desde que iba al instituto…. Creo que nadie se hubiera imaginado que el chico de los recados terminaría siendo Director de algún departamento…- lo miró seriamente pero de inmediato echó a reír haciendo que Okura riera también.

Caminaron por un pasillo largo hasta un amplio lobby. El lugar era precioso, con todo el lujoso decorado en blanco, negro y roho, colores predominantes por todas partes en el edificio.

-Buenos días Takada-san, ¿podrías decirle a Akanishi-san que ya llegó la persona a la que espera?-

-Sí, enseguida…- Era la chica más bella que había hasta ése momento. Tras hacer una llamada, seguramente a Jin, se levantó y con un suave movimiento de su mano les indicó que la siguieran; la puerta doble de madera estaba a un par de metros. Tocó delicadamente y les abrió.

-¡Oh, Okura-kun, buenos días!… Uchi, Ryo te estaba buscando, en este momento debe estar en tu oficina…-

-Ok, con permiso…- Salió junto con la chica que cerró la puerta tras de sí. Okura estaba nervioso, pero más que por la entrevista por el recuerdo de aquel beso entre el sujeto que veía y Ueda.

-Toma asiento…- Apagó el cigarrillo y abrió la ventana que tenía detrás de sí para que se fuera el olor. -No se lo digas a Tatsuya, odia que fume, pero me ayuda a relajarme, tú sabes, el estrés y las presiones…- Había algo en él, en su forma de hablar, en su lenguaje corporal, que lo hacía diabólicamente seductor. Okura no pudo más que encogerse de hombros ante su petición. No le agradaba el hecho de que le ocultara cosas a Ueda, pero lo que pasara entre ellos realmente no era su problema.

Alguien llamó suavemente a la puerta antes de abrirla. Yamashita entró acompañado de un chico tan atractivo como él aunque de mayor edad. Se sentaron en el sillón frente a Okura. Jin se les unió y dio inicio a las presentaciones.

-Takizawa, gracias por venir. Él es Okura Tadayoshi, nuestro candidato al puesto de Asistente de Director Creativo…- Okura no pudo evitar abrir desmesuradamente los ojos al escuchar por primera vez el nombre de la vacante que se suponía que ocuparía. Hasta ese instante creía que empezaría desde abajo como había hecho Uchi pero no parecía ser el plan de Jin. -Takizawa es el Presidente de la agencia de Talentos que trabaja con nosotros; a Yamashita ya lo conoces, es el Director de Relaciones Públicas y Nishikido, que no dene tardar en llegar, es el Director Creativo. Nosotros cuatro somos los pilares de la empresa, así que la decisión de contratarte no dependerá sólo de mí, ¿estás de acuerdo?-

-Sí, lo entiendo perfectamente…- Los nervios desaparecieron cuando dejo de estar a solas con Akanishi. Por alguna razón empezaba a agradarle cada vez más la idea de trabajar ahí, tal vez fue bastante alentador y tranquilizante el escuchar que no trabajaría directamente para él.

La puerta se abrió y Nishikido entró disculpándose con una sonrisa encantadora por su retraso. Esa dulce expresión en su rostro le resultó adorable. De algún modo le dio la impresión de que Ryo eran en verdad un chico verdaderamente sensible. El recién llegado clavó su mirada directo en sus ojos que lo miraban y luego se sentó a su lado. Ambos se sonreían por vez primera.

Al terminar la entrevista, Akanishi se puso de pie y llamó a Uchi por telefóno. Estaban despidiéndose cuando llegó, por lo que entendió que estaba ahí para acompañarlo de regreso. Era una educada manera de decirle que ya se podía ir, por lo que no le molestó.

Una semana más tarde, cuando creía que obviamente no tenía lo necesario como para trabajar entre tanta gente bella, recibio por fin la llamada para notificarle que el puesto era suyo y que debía presentarse a trabajar el lunes.

Y aunque lo primero que pensó fue en llamar a Ueda para darle la noticia, el sólo recordar aquel beso con su ahora jefe, lo frenó por completo haciendo que desechara la idea tan pronto como se le ocurrió. Al final terminó caminando solo. Estaba en plena avenida cuando comenzó a llover.

-No deberías estar caminando bajo la lluvia… No querrás presentarte enfermo a tu primer día de trabajo, ¿Verdad?- Reconoció la voz de inmediato. De nueva cuenta había una sonrisa en su rostro, pero esta vez era una expresión completamente diferente.

-Nishikido-san…- Notó de pronto que no podía seguir mirándolo a los ojos. La forma en que lo miraba lo hizo sonrojarse.

-Oh no, por favor… Fuera de la oficina llámame por mi nombre, ¿quieres?- El gesto de incomprensión en la carita mojada  de Okura le arrancó una carcajada. -Oh, vamos, a partir del lunes serás mi asistente y tendremos que pasar mucho, pero mucho tiempo juntos, es parte del trabajo el llevarnos bien, no?- Okura lo pensó un poco y luego asintió no muy convencido. -¿Vas a tu casa? ¿Te llevo?… En verdad no quieres enfermarte trabajando para Jin, podrías decir que a partir de ahora tendrás prohibido enfermarte.- La forma en que lo dijo le resultó graciosa, así que no pudo evitar reírse. -Vamos, sube…- Se estiró hacia un lado y le abrió la puerta. Terminó subiendo al auto aunque no estaba muy seguro de querer hacerlo, él tenía un punto a su favor: si seguía mojándose con ese frío terminaría enfermo y no quería éso.

Okura habló poco durante todo el camino. Nishikido en cambio, hablaba hasta por los codos, preguntando cosas constantemente, que, para suerte de su acompañante, no requerían más que de un “sí” o un “no” como respuesta.

Por fin se había detenido frente al edificio de tres pisos de color blanco donde vivía Okura desde que se mudó de Osaka. Se disponía a abrir la puerta para dar las gracias y despedirse, pero para su total sorpresa, en ese mismo instante, Nishikido bajó a toda prisa y rodeó el coche cubriéndose de la lluvia con un paraguas, le abrió la puerta y le acercó un poco la sombrilla para que saliera, cosa que hizo aún cuando se sentía un poco confundido.

-Odio el temporal de lluvias, aunque debo confesar que me gusta mucho más que la temporada de tifones…- Su forma de hablar era chistosa así que lo hizo sonreír de nuevo.

-A mí no me desagrada realmente, aunque tampoco es mi época favorita del año…- Llegaron hasta las escaleras.

-Bueno, supongo que nos veremos pronto…- Ryo sacó un elegante pañuelo de su bolsillo y se quitó las gotas de agua que había logrado llegar hasta su cabello y saco.

-Muchas gracias por todo…- Tadayoshi le dedicó una de sus mejores sonrisas. y aunque Ryo no parecía que fuera a moverse de ahí, al final volvió a abrir la sombrilla y subió a su auto, perdiendósele de vista al doblar en la esquina.

El sábado pasó más lento de lo que se hubiera imagino. Aunque se sorprendió bastante con su llegada, la verdad es que la visita de Ueda le alegró totalmente el díz. No le extrañó para nada escuchar que fue Akanishi quien le dio la noticia, lo que le pareció raro fue el reproche con que vino acompañado el comentario. Pero igual no le quizo dar mucha importancia ya que al poco rato volvio a ser el mismo Ueda de siempre.

El domingo por el contrario, transcurrió más rápido de lo que hubiera querido. Y cuando menos se lo esperó, abrió los ojos y ya era hora de levantarse y comenzar un día en su nueva vida.

Todo en la empresa se veía igual que la última vez que había estado ahí. En la recepción estaba esperándolo Uchi, cuando se acercó hasta donde estaba se dio cuenta de que estaba con alguien más, aunque era menudito y se veía un tanto aniñado, resultaba atractivamente encantador. Al principio creyó que no era más que un mensajero, dejándose llevar por su apariencia confuncidéndolo con un chico de preparatoria, pero luego notó el gaffete que colgaba sobre su corbata con el título de “Director de Proyectos” debajo de su fotografía y nombre.

-¡Okura, buenos días!- Le agradó ver que le alegraba volverlo a ver.

-Buenos días Uchi… san…- No quería parecer igualado, así que se dirigió a él con cortesía y le devolvió la sonrisa.

-Ah mira, él es Kamenashi Kazuya… nuestro Director de Proyectos, estarás trabajando con él y su equipo. Akanishi debe haber visto mucho potencial en ti, es la primera vez que pone a trabajar a Kamenashi-san con Ryo…- Algo en la forma en que dijo aquello le dejó en claro que Kame no era su persona favorita y que con Nishikido era completamente lo opuesto. De inmediato consideró que era preferible no mencionar siquiera su encuentró con él del viernes.

-Kamenashi-san, mucho gusto, mi nombre es Okura Tadayoshi, estaré esperando ansiosamente trabajar son usted…- Tras escuchar que alguien que pasaba lo llamaba “Kame”, pensó que probablemente era el mismo Kame al que Ueda consideraba su mejor amigo.

-¡Oh vaya! Ueda habla mucho de ti… Pero no me hables de usted, por favor, me haría snetir raro…-

-De acuerdo… Sí, Ueda-senpai también habla mucho de ti…-

-Chicos, ya tendrán tiempo más tarde de ponerse al tanto, será mejor que vayamos a la oficina de Ryo antes de que se ponga de malas y comiencen a rodar cabezas…- Los tres echaron a reír por la cara que había hecho Uchi y caminaron al ascensor para ir a la sala de juntas que estaba al lado de la oficina.

-¡Oh! ¡Vaya! Miren lo que tenemos aquí, que buena manera de empezar la semana… Tomen asiento…- no había que ser un genio para darse cuenta de que estaba siendo sarcástico. Al haber sido Kame el único que no se rió, pudo deducir que lo había dicho por él y se preguntó por qué a Ryo no le caía bien un chico tan educado y carismático como Kamenashi, pero igual no le dio mayor importancia.

-De acuerdo, empecemos de una vez si es que queremos salir a comer a tiempo. Él es Okura Tadayoshi, mi asistemte a partir de hoy y jefe inmediato para muchos de ustedes…- Era raro verlo actuar con tanta seriedad y autoritarismo. Se volteó hacía él. -Te presentaré al equipo con el que estarás trabajando por los próximos 10 o 12 meses…-  Le puso la mano en el hombro. -A Hiroki ya lo conoces, es el encargado del departamento de Arte Publicitario; con él trabajan Kato Shigeaki, nuestro mejor fotográfo y Masuda Takahisa y Kusano Hironori, los diseñadores gráficos. Por el otro lado, ya conociste a Kamenashi, el director de proyectos; su equipo: Koyama Keiichiro y Tegoshi Yuya, encargados de imagen y vestuario; Taguchi Junnosuke, el coreográfo; Tanaka Koki y Ueda Tatsuya, que como verás, o mejor dicho no verás, rara vez está aquí en la oficina, son los escritores y compositores; y Nakamaru Yuichi, el ingeniero de audio… Bien, creo que con ésto estamos listos para trabajar. Jin tiene altas espectativas en nosotros, será mejor que se las superemos con creces, ¿entendido?- Si bien había sido una orden directa, nadie pareció haberla sentido como tal, pues la sonrisa con la que se los había dicho suavizó la intención. Aún así, todos asintieron de lo más felices como si se tratara más de una oportunidad que de un reto. Una oportunidad de mostrar su potencial.

Okura miraba otra vez al grupo que tenía frente a él. Comenzó a preguntarse cuánto tiempo duraría en el puesto, de nuevo tenía ese pensamiento en su cabeza: “todos son un grupo de ikemen, ¿qué hago yo aquí?”

Después de las presentaciones, Nishikido les explicó en qué consistiría el proyecto que tenían que desarrollar: el debut del nuevo grupo de pop de la AYN Records.

Habían comenzado su relación de trabajo entre los aparentes triángulos amorosos de su jefe y sus drásticos cambios de humor y personalidad que parecían desquiciar a medio oficina más una vez al día. Y auqneue no era parte de sus planes, terminó viéndose envuelto en el caos de apellido Nishikido. Cuando menos se lo esperó, ya se lo había tenido que llevar perdido de ebrio a su propio departamento en un par de ocasiones, ya que no sabía dónde vivía y no lo dejaría a su suerte en ese estado; Okura no entendía del todo el por qué se dejaba llevar por Akanishi como para terminar en ese estado pero sabía que con seguridad tenían mucho que ver sus “encuentros casuales” tanto con Uchi como con Yamashita.

Llegados a ese punto, ya había visto muchas facetas de Ryo que nunca se imaginó que pudiera tener. A tres meses de conocerlo había podido ver por debajo de esa cubierta llena de espinas al verdadero Nishikido Ryo; y aunque no era su más mínima intención, empezaba a verlo como una persona diferente, una persona con la que le gustaba estar y con quien podía ser sincero… Una persona muy parecida y, al mismo tiempo, muy diferente a su primer amor.

No pasó mucho para que se diera cuenta de que le gustaba Ueda. No lo culpó ni le recriminó nada, ¿quién era él para hacerlo?, después de todo, lo entendía, él mismo estaba aferrado a Yamashita aún cuando estaba con Kamenashi. La única diferencia y que era justo lo que lo volvía peligroso y hacía que se preocupara por él, era que Ueda estaba con Jin y quién sabe cómo podría reaccionar si se enteraba. Akanishi no era como la persona más predecible del planeta.

Sin embargo, Ryo había guardado bien su secreto. Okura en verdad quería este trabajo y estaba esforzándose con todas sus fuerzas en dejar a Ueda en el pasado, desde el primer momento entendió que no podían ser algo más; y pese a que ni él mismo lo creía, con el paso de los meses había empezado a verlo más y más como sólo un amigo, incluso se habían vuelto más cercanos y  eran capaces de disfrutar más de su compañía.

Al mismo tiempo su relación con Ryo se había vuelto más estrecha y hasta había llegado a tomarle gran cariño. En muchas ocasiones le había sorprendido y enternecido su preocupación  cuando estaba triste o angustiado, tenía un modo raro pero lindo de demostrarle aprecio y prodigarle cuidados, como cuando se sentía mal o la vez que cayó enfermo.

A medida que iba sacando a Ueda de su corazón alguien más había comenzado a abrirse camino hasta alcanzarlo. Pero si bien su primer amor nunca sería correspondido y se había convertido en una espina que le había herido mucho el corazón, su segundo amor parecía tener incluso un peor destino… Aunque el chico era lindo y entregado, el parecer había sido muy lastimado en el pasado y la coraza que se había construido para protegerse tal vez nunca le permitiría llegar hasta su corazón.

Okura se sentía tan miserable que incluso consideró el alejarse de todo y de todos y buscar un lugar dónde comenzar de nuedo. Pero así como la idea se formaba dentro de su cabeza, evocar su sonrisa la esfumaba en un segundo. Siendo incapaz de hacer algo, no tuvo más remedio que continuar con la vida que había estado llevando los últimos ocho meses. Una vida con ellos y sin ellos.

Al menos había algo bueno en todo esto, había logrado hacer bueno amigos. Ueda le había presentado a la gente con la que Koki, Nakamaru y él trabajaban en el estudio de grabación. Después de unas semanas ya salía a menudo con Ueda y Kitayama, cosa que por alguna razón no parecía hacerle mucha gracia a Ryo.

-No me parece conveniente que salgas tanto con Ueda…- Había dicho en más de una ocasión.

-No te preocupes. Ahora sólo somos buenos amigos. Además tambíen irá Hiromitsu…- Era la respuesta de siempre que en vez de calmar a su jefe lo enojaba aún más, al grado de hacerlo salir del lugar para no terminar discutiendo.

Navidad cada vez estaba más cerca. Lo mismo que la fecha del debut. Todo el trabajo marchaba de acuerdo a lo planeado, así que no había necesidad de estresarse y ponerse como locos. Casi todo lo que quedaba por hacerse era trabajo de Yamashita y el equipo de mercadotecnia a cargo de Yokoyama Yuu y Subaru Shibutani, con quienes salía a menudo pues eran amigos cercanos de Nishikido. A no ser por Uchi, el resto del equipo se pudo tomar un descanso después de los primeros seis meses de trabajo a marchas forzadas.

Ahora los preparativos que se hacían eran sólo para la fiesta de Navidad que daría la empresa; este año le había tocado al Equipo creativo desarrollarla, por lo que todo el mundo tenía altas espectativas en el evento. A menudo, las sesiones de planificación se prolongaban hasta después del trabajo y ya se había vuelto común terminar en casa de Ryo o de Kame hasta la una de la mañana.

Fuera en casa de cualquiera de los dos, no fue raro que terminaran más ebrios que otra cosa, Okura se dio cuenta de que ésa era la única manera de que se ese par pudiera tolerarse. Además nadie parecía molesto con el hecho de que el Señor Alcohol se volviera un miembro habitual del grupo; aún cuando no todos bebían, la mayoría eran más agradables con un par de tragos encima que tenerlos que aguantar toda la noche quejándose por tenet que estar ahí fuera de horas laborales y con todo el estres acumulado del día.

Y aunque Okura prefería evitar discuciones, siempre disfrutaba viendo y escuchando los desfiguros que luego solían amenizar las reuniones, aparte de que era el más emocionado con todo ésto de la fiesta, después de todo, sería su primer año celebrando Navidad después de mucho tiempo.

Por desición unánime, él y Ueda habían sido designados para elegir y comprar el pastel perfecto para la fiesta; Masu y Ryo estarían a cargo del menú para la cena; Kame y Uchi serían responsables de las bebidas; Koyama y Tegoshi se encargarían de la decoración; el resto del equipo tenían la obligación de ayudarles.

Nishikido no estaba para nada feliz con la delegación del trabajo pero no pudo hacer nada para salirse con la suya.

Los copos de nieve habían comenzado a caer por fin en la bulliciosa y colorida ciudad. Ueda y Okura caminaban por las calles de Tokio cuando la nieve comenzó a cubrirlo todo en medio de la noche. No tenían mucho tiempo, Akanishi pasaría a recoger a Ueda para ir a cenar, pues era su aniversario y de por si no estaba muy feliz con el hecho de haberse tenido que quedar en la oficina por trabajo.

Pero mientras se hacían las diez, ellos caminaban tranquilamente hacia la próxima pastelería. Los últimos tres días se la habían pasado comiendo pastel hasta hartarse y si bien habían probado varios postres que les gustaron, aún no habían encontrado el ideal.

Después de haber probado más de ocho pasteles diferentes, ahora caminaban rumbo a la avenida donde Akanishi y Ueda se habían quedado de ver. Tadayoshi llevaba en la mano una cajita con los dos pasteles que más les haían gustado. Ryo y Masu querían darles el visto bueno antes de decidir.

La gente se amontonaba aquí y allá en medio de sus compras desesperadas de última hora llenando el aire con un bullicio ininteligible a tavés del cual apenas si escuchaba lo que se decían. Sin embargo pudo reconocer de inmediato la voz de Nishikido. ¿Estaba discutiendo con alguien? ¿Estaba molesto? ¿Frustrado? Trató de localizalo por sobre la muchedumbre sin mucho éxito. Ni siquiera le importó lo que le dijo su amigo antes de que se despidiera de él y subiera al auto de su novio.

Se dio la vuelta y caminó lentamente siguiendo el sonido. ¿Estaba llorando? Llegó hasta la esquina. Vio su auto estacionado ahí. Se disponía a hablarle cuando su reacción lo detuvo. Lanzó su telefóno celular al piso en un arrebato más de dolor que de ira. Tadayoshi se quedó inmóvil sin saber qué o qué decir cuando lo vio girarse para volver a su auto. Apenas si podía reconocerlo por debajo de esa expresión extraña que tenía en el rostro. Lo miró sólo un instante antes de bajar la mirada avergonzado. Sabía que tenía que decir algo porque de lo contrario su cuerpo terminaría reaccionando más rápido.

-Oh, que coincidencia… Justo estaba pensando en ti…- Levantó la mirada del piso al escuchar su voz, clavándola directamente en sus ojos se acercó a grandes pasos hacia él de un modo casi amenazador. Estaba seguro de que o le iba a gritar por meterse en sus asuntos o le iba a pegar para desquitar lo que tenía. -…estaba a punto de llamarte para…- Sus palabras se perdieron entre el frío, las luces y ese abrazo que ahora le robaba la respiración preguntándose cómo fue que habían terminado las cosas así.

-Déjame estar así un segundo… por favor…- Su voz se escuchaba ahogada, probablemente debido al llanto contenido. Sentirlo tan frágil estando contra su pecho aferrándose con ambas manos a su chamarra, hizo despertar en Okura el dese que quererlo proteger por siempre. Levantó despacio los brazos, como no estando muy seguro de lo que hacía, y lo abrazó estrechándolo un poco más contra su cuerpo cuando lo sintió sollozar. Apoyó suavemente la mejilla contra su oreja.

-Todo el tiempo que quieras…- Fue como si hubiera estado esperando escuchar éso para que sus lágrimas comenzaran a rodar.

A lo lejos el repicar de las campanas anunciaba la media noche cuando Ryo por fin se soltó y se hizo a un lado para limpiarse las lágrimas. Tadayoshi lo miraba un tanto confundido y angustiado. ¿Qué haría con respecto a él a partir de este momento? ¿Se alejaría de él?¿Lo alejaría de su lado? Comenzó a sentirse asustado. No quería que las cosas entre ellos cambiaran si no iba a ser para algo mejor.

-Oh, lo siento… ¿qué me estabas diciendo?- Si no fuera por lo irritados y cansados que se veían sus ojos hubiera podido venderle fácilmente aquella sonrisa.

-Ryo… No te fuerces… por favor… Vamos, te llevaré a casa…- Se acercó hasta él y metió la mano en el bolsillo del saco, que era donde solía llevar las llaves, pero lo encontró vacío. Esta vez su sonris no fue forzada mientras le señalaba el interior del aunto donde aún estaban las llavez.

-Me dijiste que no hablara por telefóno mientras conducía, no?- Ante su cinismo, Okura le lanzó una mirada asesina.

-Lo cual no implicaba que hicieras algo tan estúpido como dejarlas ahí, ¿qué hubiera pasado si en vez de mí, te hubieras topado con algún delincuente?- Nishikido estalló a carcajadas.

-Tadayoshi, eres demasiado dramático; anda, está bien, te dejare llevarme a casa…- Rodeó el auto y se sentó en el lugar del copiloto. Okura lo siguió con la mirad, movió la cabeza a modo de desaprobación ante el comportamiento tan despreocupado de su jefe y luego subió al carro; aunque a veces lo sacara de quicio, no quería dejarlo solo esta vez, definitivamente no dormiría si lo dejaba conducir en ese estado hasta su casa.

-Toma…- Le dio la cajita color vino con lazo dorado. -Asegúrate de que lleguen sanos y slavos a tu casa, de acuerdo?…- Se abrochó el cinturón, hizo el asiento un poco hacia atrás y se puso en marcha.

El camino ya le resultaba por demás conocido. Inclusive se sabía un par de atajos que Ryo ni siquiera conocía. Esa noche, sin embargo, tomó el camino largo. Por primera vez no era acosado por las preguntas intermibables de Nishikido… Se había quedado profundamente dormido sujetando la cajita sobre sus piernas con ambas manos. Y aunque inevitablemente llegó hasta su casa, prefirió dejarlo descansar un poco más; así que sólo le reclinó el asiento  y bajó un poco el volumen de la música. Era la primera vez que lo veía tan cansado. Simplemente no fue capaz de despertarlo.

Tadayoshi comenzaba a quedarse dormido también apoyado contra el cristal de la ventana después de un par de horas de haber estado en silencio contemplándolo dormir.

-¿Dónde estamos…?- Su voz adormilada le pareció encantadora. Le devolvió la cajita.

-Afuera de tu casa… ¿te sientes mejor?- Se apresuró a preguntarle al ver que abría la puerta para bajarse.

-Supongo que lo estaré… Pasa…- Respondió mientras bajaba sus cosas del asiento trasero.

-Será mejor que me vaya a casa… son… las tres… ¿de la mañana?…- Se asustó al corroborar en su celular la hora.

-Mmm… No, quédate… Por favor…- Algo en el modo en que escuchó su voz al decir las últimas dos palabras, le impidió decirle que no aún cuando su cerebro le ordenaba a gritos que lo hiciera.

Como siempre su casa estaba demasiado ordenada. Cosa que le gustaba mucho a Okura de él. Ryo entró quitándose el saco y la corbata, dejándolos en el respaldo del sillón más cercano. Se desabotonó la camisa de camino a la habitación. Lo perdió de vista justo en el momento en que se la quitaba. Okura respiró aliviado. Ya había tenido muchas emociones fuertes por un día.

-Ponte cómodo… No me tardo…- Casi se le sale el corazón cuando lo vio pasar al baño con nada más que una toalla azul alrededor de la cintura.

Si bien no lo había considerado, sus piernas lo obligaron a sentarse para no caer al piso. Apoyó la cabeza en el respaldo del sofá. ¿Qué estaba haciendo ahí? No quería volverse su premio de consolación. Lo que sentía por él no daba para éso. No estaba ni preparado ni dispuesto para ser plato de segunda mesa. ¿Se enojaría mucho si se iba sólo así? ¿Éste era el único modo en que Ryo lo veía como parte de su vida?

Asustado… Confundido… Enojado… Dolido… Ilusionado… ¿Cómo podía sentir tantas cosas al mismo tiempo?

Cerró los ojos suplicando porque las lágrimas se quedaran donde estaban, esperando despertar o quedarse dormido. No supo cuánto tiempo transcurrió, de pronto notó que el silencio se había vuelto absoluto.

-¿Tadayoshi…?- Sintió su cálido tacto  sobre su mejilla. Las malditas se habían logrado escapar y aunque no quería hacerlo, abrío los ojos al escuchar que lo llamaba.

-Oh, perdón…- Se esforzó en tratar de firngir una sonrisa que alejra esa angustia de su cara. -Creo que estaba soñando algo raro… Yo est…- Le puso el dedo índice sobre los labrios mirándolo directo a los ojos.

Llevaba un pantalón de franela a cuadros en varios tonos de gris y una camiseta sin mangas color blanco. Su cabello lacio, oscuro y húmedo enmarcaba y resaltaba prefectamente las facciones de su cara.

-No te atrevas… Eres la única persona en este mundo que jamás me ha mentido…- Lo veía con una mezcla de angustia y suplica. Tadayoshi se quedó callado y bajó la mirada. Algo en su brazo le llamó la atención.

-¿Qué te pasó?…- Le tomó la muñeca para examinar el moretón. -¿Quién te hizo ésto?…- Resultaba más que obvio que no había sido producto de un golpe accidental. Ryo se safó intentando ocultar la marca con la otra mano.

-No fue nada… A veces las cosas no acaban del modo en que uno espera…- Se levantó bruscamente del sillón. -…probemos su trofeo de hoy, la verdad es qu…- Tadayoshi no podía entender el por qué se forzaba tanto a guardarse todo ese dolor para él mismo. Al ver que nuevamente de disponía a huir, algo en su cabeza lo obligó a reaccionar. Se levantó y dio un largo paso hasta alcanzarlo y lo rodeó con ambos brazos.

-No lo hagas Ryo… no estás solo… no tiene por qué soportar todo tú solo… déjame estar ahí para ti…- En algún lugar dentro de su corazón, algo dolía mucho. Nishikido estaba inmóvil, se sabía culpable de aquellas silenciosas lágrimas.

-Tadayoshi…- Sus palabras tocaron profundamente un lugar que hbía permanecido oculto y olvidado por demasiado tiempo. Se sentía condenadamente bien estar entre sus brazos. Aferró el brazo de Okura con su mano. Aunque no llegaba a entender muy bien la razón, sabía que no quería perder la reconfortante y cálida sensación que este chico le transmitía.

Simplemente le apeteció hacerlo.

Se dio la vuelta y puso sus manos sobre aquellas húmedas y sonrojadas mejillas.

-Tadayoshi… mírame…- El tenue rubor desapreció en cuanto escuchó su vos. Ryo notó que se había estremecido un poco. Okura estaba aterrado. Éso que había estado manteniendo en secreto todos estos meses, se había escapado de la nada con tanta facilidad. El temor de su reacción era peor de lo que se había imaginado.

-Te lo suplico… mírame…- Era la primera vez que le escuchaba ese tono de voz tan dulce. Se moría de miedo pero abrió los ojos. Nada en su rostro se acercaba ni un poco a la expresión que tantas veces había pensado. -Lo que dijiste antes…- Quería volver a cerrar los ojos y salir de ahí a toda prisa, pero no podía, Ryo se puso de puntitas para mirarlo a los ojos. -…¿es verdad?… ¿es lo que sientes por mí?…- Parecía que su voz había sido la única que lograra escapar. Reunió todo el valor que pudo en ese momento y asintió tímidamente. -…¿en verdad?- Estaba un poco confundido ante su insistente incredulidad. Volvió a asentir. -…¿en serio quieres estar conmigo?- La pregunta le provocó un vuelco en el corazón, que ya de por sí, parecía encarrerado en perseguir a su voz a donde quiera que se hubiera ido. Le asintió por tercera vez. Su repentino silencio incrementó sus miedos, por primera vez anhelaba su lluvia de preguntas.

-¿No debería…?- Por fin logró que sus pensamientos se hicieran escuchar. Ryo le sonrió con toda la ternura del mundo.

-No es éso… perdón… me cuesta un poco creer que alguien se pueda enamorar de alguien como yo… Sobre todo tú…- Se sonrojó al decir lo último. Okura sintió como sus manos se ponían frías sobre su rostro.

-Pero yo…- Estaba dispuesto a confesarse otra vez de ser necesario. Mientras le quedaran en claro sus sentimientos, no importaba lo que tuviera que hacer.

-No digas nada… espera…- Suspiró y respiró. -…Pero precisamente el hecho de que seas tú, me hace la persona más feliz del mundo…- Sin ser brusco lo atrajo un poco hacia él y lo besó.

¿Cuánto tiempo duró ese primer beso? ¿Cómo si a alguno de los dos les hubiera interesado en algún segundo? Después del primero hubo un segundo y un tercero; apenas si tomaban separarse un breve instante para tomar aire antes de volver a embriagarse entre sus labios.

Naturalmente, los tiernos besos dieron paso a los apasionados; y aún cuando los dos se morían por continuar, decidieron detenerse.

Trataban de recuperar el aliento. Ryo estaba de frente a Tadayoshi, que estaba sentado en el sillón con la camisa a medio desabotonar, llenándole la cara de besos mientras le acariciaba el rostro y jugaba con su cabello.

-Tendrás que confiar en mí y dejar que te lleve de la mano en esto… nunca antes había hecho algo como ésto, verdad?… no quiero ir más rápido de lo que quieras y debas avanzar…- Se inclinó sobre él y le besó la frente, luego el labio inferior y terminó besándole el labio superior. -Quiero que ames cada recuerdo de mí…- Besó sus labios una vez más y continuó con sus mejillas hasta llegar a sus orejas. -Quiero que ames cada segundo conmigo…- Le susurró al oído.

-Ryo…- Para su total sorpresa, él era justo cómo Okura imaginó cuando se enamoró de él. Un chico dulce y lindo atrapado dentro de una coraza llena de espinas.

-Quiero que estés conmigo y proteger cada pequeño detalle que te hace ser tú…- Pasó suavemente los dedos por su cabello para dejarlo detrás de sus orejas mientras lo miraba lleno de fascinación.

Tadayoshi le rodeó la espalda con ambos brazos y lo atrajó contra sí estrechándolo como si quisiera que se volvieran uno con ese abrazo. Nichikido se dejó envolver por el desbordante sentimiento que le prodigaba.

-Te amo…- Susurró tímidamente en su oído. -… desde hace mucho tiempo…- Ryo de pronto sintió que no existía nada más perfecto que ese instante. Sonrió.

-Es bueno saber que no era el único que se sentía de este modo…- Dijo en un tono de complicidad. Lo dejó sin palabras. Con el corazón a punto de desbocársele.

Aquella fue le primera noche que se quedó a dormir en su casa. Simplemente dormir a su lado, acurrucado contra la calidez de su piel, arruyado por el sonido de sus melódicos latidos, envuelto por el olor de su cabello, sinitiendo su tibia y tranquila respiración mientras dormía. Y Ryo se quedó contemplándolo un par de horas… Pensando… Sintiendo… Viviendo… Feliz… ¿Así era como se sentía la felicidad? Las lágrimas comenzaron a nublarle la vista pero no le borraron la sonrisa que decoraba sus labios.

-No cometeré contigo los errores que hicieron conmigo… no dejaré que Yamapi se siga robando mi vida… ahora ni mi cuerpo ni mi corazón le pertenecen… No supe en qué momento pasó pero, cuando menos le pensé, ya te pertenecían a ti…- Besó tiernamente su frente, Okura se rebulló entre sus brazos. Lo hizo sonreír de nuevo. Apartó de su vista el moretó que la mano de Yamashita le había dejado tras su última discusión. -Quiero protegerte de cada herida que me provocaron… Quiero que seas siempre feliz… Conmigo o sin mí…- Se entregó al sueño que había vuelto a hacerlo presa del cansancia, que por cursi que pudiera parecer, no era tanto como los días anteriores.

No sé por qué pero el camino hasta su casa me pareció increíblemente largo. La verdad es que no tenía ganas de escuchar reclamos o falsas acusaciones de su parte el día de hoy. Cerré el libro de mis recuerdos cuando llegué a la estación que tenía por destino. Me hubiera gustado pasar más tiempo con Ueda, pero si algo había aprendido de su relación con Akanishi-san, era que había que estar dispuesto a cualquier cosa por la persona que amada; criterio que nunca había encajado muy bien con muchas personas de la oficina.

Aunque caminaba a paso lento, cuando menos pensé ya había llegado a la puerta. La puesta de sol era hermosa. Me recordó una de tiempo atrás cuando despertamos juntos en mi casa por vez primera. ¿Aún recordaría él esa tarde? ¿Ese cielo multicolor en el que nos perdimos mientras nos amábamos?

Todas las luces estaban apagadas cuando eentré y aún cuando intenté encenderlas, no pude; aparentemente no había luz o un corto había fundido los fusibles. Daba igual, ya lo arreglaría Ryo-chan más tarde.

Caminé con cuidado a travás de la sala valiéndome de la tenue luz azulada que irradiaba mi celular. Llegué hasta la puerta de la habitación. No parecía haber señales de él por ningún lado.

La luz del sol desapareció por completo un par de minutos después, y aún cuando ya me había resignado a esperarlo a escuras, la luz de la luna se coló por la ventana llenando el cuarto con un agradable todo azulado. Entonces las vi. Al principio me extraño que hubiera dejado tanto tiradero por todos lados porque él no era del tipo desordenado, pero al mirar bien de cerca me di cuenta de que todo lo que estaba esparcido sobre la cama y el piso no eran más que viejas fotografías.

Decenas y decenas de pequeños fragmentos de escenas de nuestras vidas, memorias compartidas con todas las personas cuyos rostros veía en ellas. ¿Qué estaban haciendo ahí? Ryo no era del tipo que tenían albúms o fotografías enmarcadas por aquí y por allá, no por nada las fotos seguían acumulándose dentro de la caja que tenía frente a mí.

Al ver las que estaban dispersas sobre el edredón, me di cuenta de que todas formaban parte del mismo capítulo… Y de pronto me pregunté por qué estaba Ryo-chan recordando cosas que siempre dijo querer olvidar…

3 AÑOS ANTES. Diciembre.

La blanca nieve amontonada en el paisaje le confería cierta atmóferma de calidez a la escena. A pesar del tremendo frío que hacía en la ciudad, ellos sólo eran conscientes de la temperatura de sus cuerpos. Llevaban saliendo las últimas dos semanas pero parecían una pareja de años. Aunque al principio había sido Nishikido quien decidió mantenerlo todo en secreto, fue él mismo quien terminó gritándolo a los cuatro vientos estando en el pasillo mientras discutía sobre mil y un cosas con Yamshita; quien aún a pesar de tener años saliendo con Kamenashi, se había atrevido a jugar con sus sentimientos los últimos dos años y medio. Para él, Ryo no era más que un juguete en caso de que su novio estuviera “ocupado”, y aunque la relación de esos dos le parecía bastante malsana, no pudo evitar quedar atrapado en medio de la telaraña, porque cuando menos pensó ya estaba completamente enamorado de su mejor amigo de la universidad.

Los últimos dos meses, Ryo había estado tratando de terminar definitivamente su “relación”, pero Yamshita se negaba a aceptar el hecho de que su eterno enamorado se había enamorado de alguien más, por lo que sus charlas cada vez se volvieron discusiones más violentas.

-¡Yamapi, entiéndelo! ¡Esto no es amor! Llámalo deseo, atracción, codependencia, lastima si quieres… pero ambos sabemos que no es amor… y yo ya no lo necesito. Creo que por primera vez encontré lo que estaba buscando. Y ahora entiendo que nunca lo hubiera encontrado contigo…- Le dolía ver toda esa sinceridad reflejada en sus ojos.

-¡Cállate Ryo-chan!… No estoy seguro de querer escuchar estas cosas viniendo de tu boca… Sólo cállate, si? Voy a hacer de cuenta que no dijiste nada, ok?… Y sigamos como estábamos hasta ahora…- Se acercó y le besó el cuello acariciándole el pecho, pero al igual que otras veces, ni siquiera disfrutó de aquel gesto, pero por primera vez se apartó sin más dejándo al otro confundido.

-Ya no seguiré con tu juego Yamapi…- Hizo a un lado su mano y tomó su mochila que estaba sobre la cajuela del auto de Yamashita para dirigirse al suyo, que estaba un par de metros adelante.

-¡Ryo!¿Qué crees que haces?- Lo tomó con fuerza del brazo y lo jaló de regreso. -¡Sube! Pensemos  en ésto con calma, quieres?- Abrió la puerta del copiloto y lo empujó dentro. Se apresuró a subir.

Ryo tenía una mueca de dolor mientras se sujetaba el antebrazo. Yamashita permanecía inmóvil, como si estuviera pensando en todo y en nada al mismo tiempo.

-No podemos seguir así Yamapi… ¿por qué te estás aferrando a mí? No soy yo a quien amas…- Nunca antes había sido capaz de decirle algo así, sólo por el temor a perderlo, pero por fin se había dado cuenta de que en realidad no tenía nada que perder, porque simplemente nunca lo había tenido.

No tenía argumentos para refutarle aquello, cualquier cosa que pudiera decir evidenciaría la dependencia que tenía por él; no quería que nadie, mucho menos Nishikido, estuviera consciente de lo mucho que lo necesitaba para sentirse completo. Y es que en algo tenía razón: no era la persona a quien amaba. Ese lugar sólo podía ser ocupado por una persona: Kamenashi. Y aún cuando había tenido que aprender a resignarse al hecho de compartirlo antes que perderlo, la idea de compartir su propio corazón no solía pasearse por su mente, porque ambos sabían que aunque compartieran su cama con alguien más, su amor sólo le pertenecía al otro. Ésa había sido la regla inpronunciada desde que comenzaron a salir juntos.

-Hasta el lunes… vete con cuidado Yamapi…- Abrió la puerta y se deslizó fuera del coche, la falta de intención  de seguirlo reteniendo por la fuerza por parte de Yamashita, le dejó en claro que era su forma de decirle que había sido suficiente por un día y que se fuera antes de que se arrepintiera. Cerró suavemente la puerta y caminó hacia donde estaba su carro. Tenía tantas cosas que pensar. De algún modo sentía como si los últimos treinta meses de su vida hubieran sido sólo un sueño a duermevela, de ésos en los que ni sueñas ni puedes despertar.

Condujo sin rumbo definido. No quería ir a casa, sabía que se sentiría solo y miserable, pero ahora no tenía un lugar donde esconderse de aquel desesperanzador sentimiento. Siguió girando a la derecha en una esquina y a la izquiera dos calles después hasta llegar a Shinjuku. El bullicio del espíritu navideño ayudaría a distraer su mente en lo que sentía el suficiente cansancio como para caer cual tabla sobre su sueve cama.

Por fin se detuvo. Al dar vuelta a la izquierda se encontró en un callejón. Se aferró al volante con ambas mano y se inclinó hacia adelante hasta tocarlo con la frente. Suspiró. Su cabeza confundida y llena de temores no dejaba de trabajar. Parecía el engranaje de un enorme reloj que nunca para de dar vueltas. Y mientras se preguntaba qué haría con todo de ahora en adelante, su celular somenzó a sonar. Al sacarlo del bolsillo vio de inmediato quién era. No quería escucharlo pero tampoco quería colgarle o ignorarlo. Sabía que si no fuera importante, no le estaría llamando. Yamashita no era ese tipo de persona que te molesta por teléfono por nada. Terminó contestando al tiempo que apoyaba la nuca en el respaldo del asiento.

-Sí, dime…- Se escuchaba tranquilo, así que se alegró por lo bien que había tomado las cosas, pero poco a poco, lo que parecía ser un “adiós, déjemos las cosas en sólo amigos” se volvió un “no, quiero que las cosas sigan como estaban” que Ryo no estaba dispuesto a soportar y por lo que la discusión fue inevitable cuando Yamashita comenzó con el chantaje emocional de “le das sentido a mi vida…” con el que siempre lo hacía volver a su lado cuando se le había ocurrido dejarlo. ¿Cómo podía ser tan egoísta? ¿Por qué simplemente no colgaba y lo dejaba hablando solo? La gente que pasaba miraba en su dirección al escucharlo gritar lleno de frustración. Necesitaba moverse o terminaría destrozando el interior de su auto. Salió y comenzó a caminar en pequeños círculos y líneas cerca de la puerta. Pasando del enojo a la desesperación en lapsos de segundos. Terminó explotando. Lloraba, aunque no era precisamente de tristeza. Treinta meses de aguantarse tanto terminaron desbondándose tras aquel comentario estúpido y arrogante. ¿Qué se arrepentiría de dejarlo porque no había nadie mejor que él?

-¡Vete al diablo Tomohisa!… Maldita la hora en la que creí que éso era verdad… Y maldigo el momento en el que quise que lo fuera…- No quería seguir escuchándolo. Estaba tan molesto. Sin más ni más lanzó el celular contra el pavimento.

Se resifnó a irse a casa y beber… deseando poder ser consolado de todo éso que sentía estando entre sus brazos, pero sabía que era imposible, él no estaría ahí para hacerlo.

Levantó la mirada. Ahí estaba. ¿Alucinaba? No. Era él. En verdad era él. Justo frente a sus ojos. No pudo seguirlo mirando. Estaba a punto de estallar en llanto pero no quería que lo viera así. Un silencio extraño. Su dulce y profunda voz rompiéndolo. Un impulso imposible de reprimir. Era todo i nada. Una apuesta arriesgada sobre ése primer paso que terminó llevándolo hasta su pecho.

-Déjame estar así un segundo… por favor…- Un esfuerzo sobrehumano por seguir conteniendo el llanto. ¿Lo odiaría?¿Se asustaría?¿Repudiaría su verdadero yo? ¿Sus sentimientos? Un tímido e inseguro abrazo que lo hizo sentir que estaba en el lugar más seguro del mundo. Una lágrima resbaló por cada una de sus mejillas como marcando el sendero para que se desbordara un río silencioso de sentimientos.

El tiempo perdió sentido e importancia hasta que las campanadas lejanas marcaron la media noche. No podía quedarse ahí por siempre, verdad? Se separó un paso para secar los rastros de agua salada que aún quedaba sobre su piel. Nuevamente aquel silencio. Tenía que recuperar la compostura. No quería parecer patético ante sus ojos, que seguían mirándolo llenos de preocupación.

Con una sincera expresión le dejó en claro que se preocupaba por él. ¿Llevarlo a casa?¿Por qué no? Sólo a su lado podía ser él mismo y sentirse bien consigo mismo por ello. Una mundana y simplona conversación que lograba arrancarle una sonrisa.

La música tranquila. El sonido de su voz. La calidez del calefactor encendido. El movimiento constante y suave del auto. Ni siquiera supo cuándo se quedó dormido. Sólo sintió que podía estar tranquilo y olvidarse de todo porque lo tenía a su lado, y cerró los ojos para escuchar cada nota de su voz mientras le hablaba de pasteles.

¿Cuánto tiempo se había quedado dormido? No tenía ni la más remota idea. Cuando abrió los ojos lo encontró mirando el cielo nocturno a través del cristal, apoyando un poco la cabeza en su antebrazo. En cuanto lo escuchó volteó. Eran las tres de la mañana y si bien no estaba muy convencido, lo hizo quedarse en su casa. Se moriría de preocupación si se iba a casa solo a esas horas, y ya tenía demasiado como para cargar con la culpa si algo le llégase a pasar.

Necesitaba relajarse. Un baño ayudaría. Dejó a Okura en la sala. Se dio prisa. Temía que terminara yéndose a casa si era real o que hubiera desaparecido cuando saliera si era producto de su traicionera imaginación.

Parecía agobiado por tantas cosas, ahí contra el sofá. ¿Eran acaso lágrimas? Se acercó y lo llamó en voz baja porque no sabía si dormía, al tiempo que secaba aquella pequeña gota que resbalaba desde su ojo. Abrió los ojos lentamente. Su mirada volvió evidente que no quería preocuparlo y por éso había estado a punto de decirle una mentira que calló de inmediato. Aún si no resultaba herido por su inocente acción, no quería que existiera. Él, todo él, representaba algo por demás valioso y preciado para Ryo. No quería que ese todo se viera manchado por una mentira piadosa. Para él, Okura representaba todo lo que había anhelado siempre y estaba dispuesto a cualquier cosa para protegerlo. Aún si éso significaba protegerlo de él mismo.

Las palabras y las emociones siguieron fluyendo cmabiando de colorers, alcanzando rincones olvidados dentro de su corazón, que de pronto le llevaron un rayo de luz a su habitual oscura y fría soledad interior.

¿Qúe le había dicho? ¿En verdad había dicho éso? Estaba tan feliz que no podía ni creerlo. Pero ahí estaba él diciéndole que quería estar a su lado, diciéndole que correspondía sus sentimientos. ¿Cómo podía ser posible? ¿En serio no estaba soñando? No. Él, su piel, el latido de su corazón, su rostro, sus ojos, todo le decía que era cierto. Dejó salir lo que guardaba en el pecho y sin más lo besó. Un beso entregado y sincero. El beso ajeno al tiempo y al espacio que se volvió el cimiento más fuerte de su relación.

Y los días pasaban y todo tomó el lugar que debía. Su mundo se volvió perfecto… a excepción de un pequeño inconveniente de nombre Ueda Tatsuya. Pero aún cuando siguiera temiendo que él fuese el único que podría arrebatarle el amor de Tadayoshi si se lo proponía, no le quedó más que aceptar que iba a seguir siendo parte de sus vidas… ¿por siempre? No era que lo odiara. Era simplemente que estaba perfectamente consciente de que era mucho mejor para Tadayoshi y viceversa, y éso lo hacía repudiar su sola existencia; porque sabía que su amado Okura alguna vez había estado profundamente enamorado de él y temía que esos sentimientos permanecieran latentes en algún lugar dentro de su ser; pero los detalles y los momentos habían empezado a convencerlo de que éso no sucedería.

Sí. Habían acordado guardarlo en secreto. Ryo por protegerlo, Tadayoshi por no contradecirlo aunque no entendía muy bien sus razones. Pero ante la egoísta actitud de Yamashita, Nishikido terminó gritandóselo un día a medio pasillo para que de una buena vez le quedara claro que él ya no era nada más que un compañero de trabajo.

Además no fue tan malo. Ya que el chisme había corrido en menos de diez minutos por toda la empresa, al menos pudieron asistir felizmente juntos a la fiesta de Navidad. Okura y Ueda, que fueron los menos ebrios ya que preferían no beber dada su poca resistencia al alcohol, se la pasaron tomando fotos a diestra y siniestra. La celebración había sido mejor de lo que habían planeado, incluso Akanishi y Takizawa habían comentado que era la mejor fiesta que se había dado hasta ahora. Y a pesar de que no era del tipo de los que se aferran a los recuerdos, esa noche jamás se borraría de su cabeza. Esa noche estuvo llena de su primera vez en muchos aspectos… La primera navidad celebrada entre amigos. La primera vez besándose en público. La primera fiesta a la que iban como pareja. La primera vez que Okura le cantó. La primera vez que se tomaban una foto juntos. La primera vez que Ryo recibió un regalo de navidad de alguien que no era su familia. La primera vez que Okura festejó navidad desde que era niño. Su primer paseo tomados de la mano por la madrugada de regreso. Su primer amanecer juntos mirando desaparecer las estrellas en el parque. La primera vez que hicieron el amor…

Y por vez primera sintió que todas esas fotografía no serían inútiles trozos de papel, pues le permitirían recordar lo más importante de aquella noche mágica, si es que algún día pudiera ser capaz de olvidarla.

No era mi intenció, pero terminé llorando al revivr tantos recuerdos. Pensando que sería mejor darme un respiro para seguir con mi regalo, salí a caminar. El viento frío al atardecer fue estrañamente agradable mientras estaba sentado en el parquecito cerca de mi casa donde solíamos hablar y ver la puesta del sol, y a veces también el amanecer, estando juntos.

De pronto todo se quedó en un oscuro silencio. ¿Un apagón? Las estrellas brillaban tenuemente entre los tono rosas y violáceos del cielo luchando contra la luz de los últimos rayos del sol. Suspiré como un idiota enamorado tan sólo por recordarlo. ¿Cómo demonios podía extrañarlo tanto? ¿La recordaría?… Aquella promesa de hace tres años… Miles de imágenes atravesaron velozmente mi cabeza. Seguí siendo muy feliz. ¿Qué estaría haciendo? Quería escuchar su voz. Amaba el tiembre de su voz.

¿Qué rayos hacía con él en un día tan especial para nosotros? ¿Acaso lo había olvidado? No pude evitar molestarme. Lo quería a mi lado. Me había salido con la mía pero Tacchon parecía no estar tan satisfecho como yo. Debía enfriar mis pensamientos. No quería arruinar la noche por mi mal genio. Sería mejor que fuera por provisones mientras aún quedaba luz. Nunca se podía estar seguro de cuánto duraría el apagó.

Caminaba sin prisa de regreso a casa. Lo más probable era que aún demoraras un par de horas en volver. Hacía mucho que no veías a tu mejor amigo, lo entendía perfectamente aunque no me agradara la idea. Desde que se había vuelto un famoso compositor, su agenda de trabajo le había dejado escaso o nulo tiempo incluso para Jin; así que a pesar de que me hacía feliz, me dolía que tampoco se había visto contigo en los últimos meses, simple y sencillamente porque sabía que lo extrañabas.

Sin las luces de la ciudad, el cielo se veía simplemente hermoso. ¿También lo estarías contemplando? Ver la luna resplandecer y todas esas estrellas, me recordó tanto a ti. Tú brillabas aún con más fuerza en mi mundo.

De vuelta en casa. ¿Qué hacer ahora? Tal vez no podría terminar mi regalo… ¿Había olvidado cerrar con llave? Dejé las bolsas con las compras sobre el desayunador de la cocina.

Un destello azulado bañaba el pasillo proveniente del ventanal de la recamara. ¿Había dejado la puerta abierta? No. Estaba seguro de que no. ¿Alguien estaba dentro? Traté de hacer el menos ruido posible y caminé hacia allá. Desde la puerta pude observar una escena tan perfecta que casi parecía irreal. Estabas de espaldas a mí sentado sobre la cama mirando las fotografías que había dejado regadas por la habitación. La luz de la luna te daba un aire casi celestial. Avancé silenciosamente hasta llegar a ti, envolviéndote con mis brazos.

-Lo siento, ¿te asusté?…- Susurré apenado en tu oído al tiempo que apoyaba mi barbilla en tu hombro.

-Si, tonto… casi me matas del susto… En verdad que no te escuché entrar…- Había brincado cuando me le acerqué. Aún sin verlo sabía que se había sonrojado.

-¿Qué haces aquí?… Creí que llegarías más tarde…- Esperaba que no me lo tomara a mal.

-Alguien muy sabio me aconsejó venir a cuidar lo más importante de mi vida…- Sabía lo que éso significaba así que guardé silencio. Sus largos y finos dedos se cerraron sobre mis antebrazos que seguían contra su pecho. -Además…- Giró un poco la cabeza y me besó la mejilla. -… tenía algo realmente importante que decirte…-

-¿Ah sí?… ¿Y qué es?…- Me emocioné como un tonto al escucharle decir aquello.

-Dije “tenía”… ya no quiero decirlo…- Se levantó y se quedó frente a mí un segundo antes de caminar hacia afuera dejándome confundido. Fui detrás de él. No entendía lo que pasaba por su loca cabeza. Su rostro inexpresivo me heló la sangre. Entró a mi estudio. Descorrió la cortina y sentó en el banquillo. Un par de notas salieron del piano.

-Tacchon… ¿qué sucede?…- No pude disimular la angustia que me recorría en mi voz. Me miró por un par de segundos y bajó la vista. Di tres pasos dentro de la habitación. Lo que tenía frente a mí era perfecto y hermoso. No iba a perderlo, ¿o sí? La incertidumbre y su silencio me mataban.

-Ryo-chan… ¿me amas?- Su sonrisa tímida me tomó por sorpresa. Comenzó a tocar una dulce melodía.

-Con toda mi alma…- Respondí sin pensarlo siquiera.

-¿A pesar de todo y sin importar qué?…- Su pregunta me extrañó.

-Sí… como ayer… como hoy… Por siempre…- Me daba miedo lo que decía por su expresión contradictoria. Otra vez permaneció callado. Las notas cesaron de golpe.

-Éso me hace feliz… Porque me sigues amando tanto como yo a ti…- Su sonrisa fue tan hermosa como la primera. No. Mil veces más hermosa. Comenzó a tocar una canción que no me sonó de nada. De pronto su voz se volvió una bella melodía con cada nota. Había tanto de él, de mí, de ambos en lo que cantaba, que inevitablemente comencé a llorar.

Tras la última nota se levantó y avanzó hasta mí abrazándome.

-Gracias… por todo lo que hemos vivido juntos… y por todo lo que nos queda por vivir… te amor…- Me besó con tanto amor que sentí que moriría de felicidad. Éste era el único amor de mi vida. El chico al que quería amar y proteger por el resto de mi vida. El que me amaba y me protegía cada día de su vida.

Correspondí su cálido abrazo. Quería un poco más de sus abrazos… un poco más de sus besos… mirarlo un poco más… amarlo un poco más… Un segundo… una eternidad… lo que fuera, daba lo mismo estando a su lado… sólo quería seguir sintiendo lo que sentía y no perderlo jamás.

-Te amo…-

“-Hoy no me dejaste decirlo… Pero… Si en tres años estamos nuevamente aquí y seguimos amándonos de este modo… te confesaré  mis sentimientos correctamente…-

-¿Es una promesa?…-

-Te lo prometo…”