Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

Archivo para RyoTego

Imborrable (RyoTego)

Título: Imborrable
Pairing: Tegoshi & Ryo / NewS

Tipo: One-shot
~Kesenai – Tegoshi Yuya
Género: Shonen-Ai 
To: Luz, mi partner hermosa que se ha vuelto adicta al RyoTego por mi culpa y sigue queriendo más de esta historia XD pero por gracia o desgracia, con este shot se cumple la trilogía y la historia llega a su final ^^b
N/A: Secuela del fic “Una mentira” y paralelo al fic “Una vez más”

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Todo en Tokio seguía tal cual como lo había dejado cuando me fui hacía varios meses, ni siquiera recordaba cuántos. Lo único que había cambiado era el color de los árboles, comenzaban a tornarse anaranjados y a perder sus hojas, sin duda el otoño estaba por terminarse pronto para dar paso al invierno. El viento, un tanto frío para mí pues venía de haber estado en un lugar más templado, me lastimaba los ojos, que aún seguían irritados de tanto llorar, mientras el taxi avanzaba a gran velocidad sobre el asfalto. Él, el chico que había sido mi primer amor y que se había ido un día sin decir una sola palabra dejándome una profunda herida que tardó mucho tiempo en sanar, de pronto me llamó un día para decirme que quería verme, que necesitaba arreglar las cosas conmigo, rogando que lo perdonara, que volviera a estar a su lado, amándolo como cuando éramos adolescentes. Y yo, en un arranque de estupidez y melancolía, salí corriendo detrás de un fantasma de mi pasado en busca de respuestas, sin detenerme a pensar en cuánto lastimaría a la persona que ahora amaba y que sin duda alguna, también me amaba, al chico de ojos tristes y hermosa sonrisa que seguramente lloraría amargamente días enteros preguntándose qué había pasado. Y durante todo el camino en el autobús rumbo a mi pueblo natal, las lágrimas habían surcado mi rostro sin descanso. Me odiaba. Me odié con todo el corazón por herir de ese modo a quien con tanto amor había cuidado de mí hasta sanar mi corazón destrozado. Me odié por hacerle lo mismo que él me había hecho a mí años atrás. Por dejarlo sin explicaciones, con sólo un estúpido y confuso mensaje de voz cuyas palabras no pensé bien y que sin duda le habrán destrozado el corazón en cuestión de segundos. Me odié porque no pretendía hacerle daño, tan sólo quería cerrar una vieja herida para poder dar por fin vuelta a la página y continuar escribiendo nuestra historia… juntos. Sí. Porque en el momento en que subí al autobús y cerré los ojos dejando que los recuerdos de mi vida antes de Ryo regresarán a mi mente, me di cuenta de que nunca podría perdonar a mi primer amor, me había dejado una marca imborrable y por mucho que llenara los huecos que tenía en mi pasado, jamás podría volver a ser mi presente,  mucho menos mi futuro. Aunque lograra volver a unir los fragmentos de mi corazón, las grietas y marcas seguirían siendo evidentes. Sí. Fui a buscarlo para decirle todo lo que no había podido gritarle cuando me dejó, para decirle cuánto lo odiaba por todo el dolor que me hizo pasar, y finalmente, agradecerle, pues había sido a causa de su egoísmo y su falta de sinceridad que yo había encontrado a Ryo y había superado por fin su impronunciado adiós. Después de eso volvería a casa, le pediría perdón a Ryo por haberme ido de ese modo, le explicaría todo lo que pasó y si me perdonaba, le haría el amor hasta que no pudiera recordar lo sucedido nunca más.

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Una vez más. (RyoTego)

Título: Una vez más.

Pairing: Ryo & Tegoshi/ NEWS

 ~One more time, one more chance – Yamasaki Masayoshi~

Tipo: One-shot

Género: Shonen-Ai

To: Luz (partner, espero que te guste la conti tanto como la primera parte y que dejes de odiar a la Hime por hacer llorar a la Hebi XD  en el prox shot lo perdonarás)

N/T: Esta es la secuela del fic “Una Mentira” )

 

Se había ido. Todo mi mundo era una prueba de su paso por mi vida. Mi cama, mi ropa, mi almohada, todo aquí seguía oliendo a él. Todas las noches me despertaba empapado en sudor llorando debido a la angustia y al miedo de estar solo y veía su rostro desvanecerse de mi lado cuando trataba de tocarlo buscando un poco de consuelo en su sonrisa dulce.

Sabía que no estaba ahí, no tenía por qué estar ahí, lo entendía a la perfección, pero aún así, tontamente lo buscaba en cada rincón de la casa al llegar, esperando que hubiera vuelto mientras no estaba y que me diera la bienvenida como siempre en medio de un abrazo y miles de besos, pero la respuesta era siempre la misma: un silencio absoluto que me oprimía el pecho hasta hacer que mis lágrimas fluyeran sin cesar, hasta que ya no podía llorar más.

Lo veía en todas partes. Fuera a dónde fuera e hiciera lo que hiciera, él siempre estaba ahí en algún lugar. ¿Cuántas veces me había desviado de mi camino a casa al salir de la oficina por ir detrás de alguien que juraba que era él sólo para comprobar al final que no era más que una mala pasada de mi imaginación desesperada por recuperarlo?

Ah… estaba tan cansado de ver su figura en alguna estación del tren,  cruzando alguna calle, dentro de alguna tienda, saliendo del centro comercial. Tan cansado de escucharlo llamarme de pronto mientras yo caminaba cabisbajo en medio de la multitud haciéndome voltear súbitamente tan sólo para comprobar que no estaba ahí. ¿Hasta cuándo se iba a prolongar esta pesadilla? Mi mente estaba a punto de cruzar esa delgada y apenas perceptible línea entre la imaginación y la locura. Sí, sabía que no tenía por qué estar ahí… pero mi mente no dejaba de evocarlo a cada segundo, alimentada por mi corazón con cada recuerdo vivido que evidenciaba su ausencia haciendo del vacío que me había dejado, un abismo oscuro, temible y eterno al que estaba a punto de caer inevitablemente. ¿Cómo no pude presentir el final de esta historia? Creí que lo conocía, que sabía lo que sentía, cómo pensaba. Me equivoqué… puede que así haya sido siempre, que sólo haya sido su entretenimiento, un premio de consolación, o que algo ajeno a su voluntad lo apartara de mi vida… eso era lo que yo quería creer, que se había ido porque no tenía más remedio que hacerlo… tal vez nunca lo sabré. Estaba tan felizmente enamorado de cada milímetro de su existencia que no pude ver lo que estaba pasando. Tal vez no quise verlo.

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Una Mentira. (RyoTego)

UNA MENTIRA

One-Shot

RyoTego

~After love / FT Island~

11-08-10

To: Luz

 

 

 

 

“Amor”…

Me pregunto en qué maldito momento bajé la guardia…

Ni siquiera lo vi venir… cuando menos pensé ya estaba tonta e irremediablemente enamorado de su sonrisa boba e inocente, de sus labios seductores que siempre buscaban un beso, del brillo casi demoníaco de sus ojos cuando me miraba… estaba enamorado como un estúpido del calor de su cuerpo entre mis brazos, de su maldad y su cinismo, del molesto y ridículo timbre de su voz cuando me susurraba con su vocecita infantil al oído, del olor de su piel por las mañanas… En verdad que soy un idiota! Sabía que había alguien más… Siempre hubo alguien más… y aún así creí ciegamente en cada una de sus palabras, creí completamente en su “amor”

“Volveré a tu lado…”

¿Cómo pude haber sido tan tonto como para creerle? ¿Qué me dio? ¿Qué me hizo? Derribó mi mundo, traspasó las barreras de mis propias limitaciones, me desarmó de pies a cabeza, me volvió adicto a su aroma, a sus caricias, a sus besos, me trastornó por completo… y luego me dejó… con una promesa… una promesa que aún lo espera para ser cumplida…

 

 

 

 

Como cada viernes por la noche, la avenida estaba atestada de personas que buscaban escapar por un par de horas de su rutina cotidiana. Cafés, bares, restaurantes, karaokes, cines, salas de juego… todos estaban a reventar, El ruido de las conversaciones ininteligibles de la multitud comenzaban a darle un espantoso dolor de cabeza, no era para menos, había bebido demasiado… Era la única manera de soportar que Yamashita se acostara con él pensando en su eterno amor imposible, llamándolo por su nombre. Sabía perfectamente que todo éso sólo lograba destruir poco a poco su corazón, pero también entendía que era el único amor que podrían recibir de él.

 

Hacía tanto que se había percatado de lo que sentía por él, el mismo tiempo desde que aquel chico de cuerpo escultural e irresistible y labios tentadores le había dicho que nunca podría corresponder sus sentimientos. Las mismas noches desde que lo hizo suyo en su departamento a pesar de lo que le había dicho. Sin embargo había una sola parte de él que nunca había tocado: sus labios. “Lo siento Ryo-chan…”, le había dicho volviendo el rostro para impedir que lo besara. Así había sido desde entonces y comprendió que a pesar de todo lo que habían compartido juntos, éso nunca iba a cambiar: lo amaba. Sus labios, al igual que su corazón le seguirían perteneciendo a aquel fantasma de su pasado pero aún así lo amaba.

 

Debía protegerse de algún modo… a ese paso terminaría como un juguete carente de emociones… esconder sus sentimientos, sí lo mejor para ambos sería dejar de anhelar que lo correspondiera. A Yamashita le gustaba su nuevo “yo”. Se había vuelto perverso, cínico, extrovertido, cosa que iba a la perfección con su forma tan fría y despreocupada de ser. Por fin había desistido en sus intentos por ocupar un lugar que jamás le pertenecería, ahora era sólo lo que necesitaba… alguien con quien desahogar sus ansías locas de estar con Kamenashi otra vez, alguien que no se lo recordara en lo más mínimo, alguien totalmente opuesto a su tierno, educado y sonriente inolvidable primer amor.

 

Los ladridos de ese perro le taladraban la cabeza. Con toda seguridad lo patearía hasta Sapporo si lo encontraba. Y ahí estaba, su perfecta oportunidad para liberar todo el odio y la frustración que sentía contra sí mismo en ese momento por empeñarse en usar esa máscara que tanto parecía gustarle a Yamashita.

-¿A qué diablos le está ladrando?- Reparó de pronto en la pequeña figura agazapada sobre la barda baja alrededor de aquella casa, que trataba en vano de ahuyentar a la criatura que lo amenazaba agitando la mano con desesperación. No alcanzaba a escuchar con claridad su voz debido al escándalo del animal pero estaba casi seguro de que era una chica, por su complexión y la forma en que se sostenía de la rama del árbol por el que probablemente había trepado en su intento por ponerse a salvo.

 

Miró a su alrededor en busca de algo que le pudiera servir para lanzarle y espantarlo, pero por la zona donde estaba era obvio que no lo iba a encontrar, así que terminó por aventarle su termo del café. No había sido tan satisfactorio como esa patada que tenía pensada pero igual consiguió que se alejara a toda prisa chillando de dolor pues le había dado justo en la cabeza.

 

Se acercó para recoger su termo y volver a meterlo en su mochila. Vio desparramadas en el piso las cosas que probablemente habían estado dentro de la bolsa de papel que yacía hecha trizas a unos pasos del árbol.

-Ya puedes bajar…- Dijo sin mirar hacía arriba, recogiendo lo que había quedado intacto.

-No puedo…- levantó la vista de inmediato. Pese a su dulzura, definitivamente ésa no era la voz de una chica.

-¿Eh? ¿Por qué?- su respuesta le había parecido estúpida.

 

El chico estiró la mano para mostrársela. Estaba cubierta de sangre. Una de dos: o el perro lo había mordido o se había cortado al escapar de él.

-Te ayudaré… apoya los pies ahí…- Decía señalando una de las ramas al tiempo que dejaba las cosas en el piso y se subía a la rejilla de metal que rodeaba el árbol.

-No puedo…- De pronto notó que su voz sonaba desesperada pero Ryo no era muy paciente y no estaba de muy buen humor debido a su velada y el dolor de cabeza.

-Ok… entonces quédate ahí…- Se bajó de un salto, se sacudió el pantalón y se agachó para recoger sus pertenencias.

-No! Por favor… no te vayas…- Se inclinó demasiado perdiendo el equilibrio, pero sus reflejos fueron lo suficientemente rápidos como para evitar que se cayera. No hubo ninguna mueca de dolor cuando cerró con fuerza la mano sobre la madera, cosa que le pareció extraña a Ryo porque ciertamente estaba herido, no?

 

Algo en su voz le impidió dejarlo hay, tal cual le decía su cabeza. Volvió a subir, aferrándose de una rama y apoyando uno de los pies en la pared le ofreció la otra mano. El chico se movió lento y apoyó el pie izquierdo donde Ryo había indicado. Sus ojos se cerraron por un segundo, ahí estaba la mueca de dolor, pero Ryo no alcanzó a verla. Respiró hondo y aguantó su peso para bajar de la barda y pasar al árbol. Tomó su mano para ayudarlo, estaba muy fría pero su tacto le resultó agradable. Se distrajo un instante, algo había caído frente a sus ojos. La pequeña mancha en la banqueta se veía roja a pesar de la tenue luz amarillenta de la lámpara de la esquina… una más… y luego otra. Alzó la mirada, su pierna desnuda ostentaba unas delgadas líneas del mismo color. El chico se resbaló cuando trató de mover la herida para bajar. Ambos estaban contra las losetas de cemento. Ryo se llevó la mano a la cabeza, estaba un poco mareado por el golpe y sofocado pues el chico le había caído encima. Sintió que se levantaba un poco apoyando ambas manos sobre su pecho, entrecerró los ojos buscando verlo con claridad: el rostro sobre él era hermoso, “demasiado lindo para ser un chico…” pensó divertido. Trató de levantarse pero el gestó de dolor le desfiguró la expresión, de inmediato se llevó la mano a la pierna.

-No deberías hacer eso, se puede infectar… ¿Vives por aquí? ¿Hay cerca un hospital?- El chico lo miró y asintió a sus dos preguntas.

-A unas calles por allá…- Señaló al norte, se sentó de lado ayudado por Ryo, quien ya estaba de pie analizando lo que haría.

-Ok… sube…  te llevaré… No quiero agregar una muerte a mi nefasto repertorio del día de hoy…- A pesar del dolor, logro robarle una sonrisa. Ah, qué agradable le había parecido aquel leve sonido y qué maravillosa sonrisa la suya. Yamashita casi nunca sonreía y casi siempre que lo hacía era solamente para quedar bien con los demás. Tomó su mochila y se la colgó por enfrente. Se puso en cuclillas de espaldas a él.

-Gracias…- Le dijo por fin mientras rodeaba su cuello con ambos brazos y un par de manos cálidas lo sujetaban con fuerza. Le costó un poco de trabajo pero se puso de pie al primer intento, en cuanto lo levantó tomó sus piernas por los costados y echó a andar calle arriba.

-¿Cómo te llamas?- Necesitaba distraerse con algo, la punzada en su cabeza no ayudaba a facilitar el esfuerzo de cargarlo en una calle de subida.

-Tegoshi… Yuya Tegoshi… ¿y tú?- Por alguna extraña razón, aún cuando su timbre de voz le parecía estúpido, le resultaba agradable y hasta relajante.

-Nishikido… Ryo…- Respondió tan cortante como solía ser siempre con los desconocidos.

-¿Vives por aquí? Creo que te había visto antes… ¿Dónde fue…?- Le molestaba la gente parlanchina, pero esta vez no le importó en lo más mínimo. –Ah! Ya sé!… Sueles visitar el parque junto a la estación a media noche, no?- Parecía orgulloso de sí mismo por haberlo recordado. Al contrario de Ryo, quien estaba sorprendido de que lo supiera.

-¿Tú también vas ahí a esa hora?- Le pareció raro que alguien más aparte de él gustara de los paseos nocturnos.

-Sí, cada noches… siento que es el único lugar donde puedo respirar, ser yo y relajarme… me gusta mucho escucharte cantar…- Se quedó callado, eso lo había pensado en voz alta sin querer; lo bueno de que no pudiera verle el rostro, era que no vería que se había sonrojado al escucharlo. Temía que se hubiera enojado ante su silencio por el comentario, pero su risa lo desconcertó.

-Vaya! Al menos a alguien le gusta…- Notó cierto grado de ironía en sus palabras. No importaba. Al menos era mejor que un reclamo furioso de su parte.

 

Cuando menos pensaron ya habían llegado al hospital. La herida no era muy grave pero tenía que ser tratada de inmediato.

-¡¿Eh?!- Parecía desesperado al no encontrar algo en sus bolsillos. –No está! ¿Dónde está?-

-¿Qué buscas?- Se preocupó un poco ante su reacción.

-Mi celular… no está…- Por fin dio con la razón… el bolsillo de un costado de su bermuda estaba rasgada, tal vez cuando fue mordido, debió habérsele  cuando trepó al árbol para evitar que lo atacara una segunda vez, había logrado distraerlo con sus compras el tiempo suficiente para subir hasta la barda del jardín.

-Toma…- Le extendió un celular en color negro, poco llamativo y demasiado anticuado para alguien de su edad, pero igual lo tomó. Su madre debía estar horriblemente preocupada por él, siempre lo estaba; y su abuela era incluso capaz de salir a buscarlo con semejante frío.

-Ma…? Sí, soy yo… lo siento… lo sé… tranquila… sí… sí… escucha… es que pasó algo… sí… en el hospital… No grites!!!- Se despegó por un instante el teléfono de la oreja. Ryo no pudo evitar soltar una risita al escuchar hasta donde estaba la voz preocupada de la mujer al otro lado del teléfono.

 

Al finalizar la llamada le regresó el celular dándole a cambio una sonrisa encantadora, tras lo cual se despidieron uno del otro, ambos con la esperanza de volver a verse algún día aún cuando ninguno de los dos se atrevió a decir palabra alguna.

 

Sí, Ryo recordaba cada detalle de aquel primer encuentro cómo si hubiera sido ayer. Algo en ese ser lo había cautivado. Su monótona y aburrida vida continuaba entre latas de cerveza y las caricias de Yamashita, siempre oculto de los ojos de los demás dentro de su apartamento. De pronto se sintió harto de esa vida. Quería algo más. Quería volver a escuchar su tonta voz y su risa infantil y escandalosa… ¿En qué demonios estaba pensando? ¿Cómo esperaba volverlo a ver si ni siquiera tenía su número? Y por principio de cuentas… ¿Por qué esperaba verlo aparecer ahí en el parque si seguramente todavía no podía caminar?

 

Un par de días más pasaron obviando el hueco que se había formado entre ellos. Estaba decidido. Terminaría con su senpai de una vez por todas. A final de cuentas, esa relación no le deparaba nada a futuro… ¿podía siquiera considerarse éso una relación? Todo se volvió claro de repente.

 

¿Había tomado la decisión correcta? Caminaba un tanto cabizbajo, chocando de tanto en tanto con algún joven estudiante o un aburrido oficinista. Todo se arreglaba con una de sus sonrisas y una expresión de arrepentimiento. Como siguiendo más una necesidad que un impulso, sus pies terminaron por llevarlo hasta el sitio donde siempre e sentía relajado y en el cual conseguía olvidarse de todo. Los últimos destellos de luz solar teñían de un bello color naranja el cielo entremezclado con algunos tonos purpúreos  en el cielo nocturno. Las primeras estrellas comenzaban a decorar la noche. Un celular sonaba en alguna parte… que importaba.

-Es bonito, verdad?- alguien le hablaba desde atrás al tiempo que empujaba el columpio donde se había sentado. Quería volverse,  mirarlo, preguntarle cómo estaba, preguntar tantas cosas; pero no se atrevía… tenía miedo de que su figura se desvaneciera en el aire como tantas otras veces, así que permanecía observando ese cielo entre las copas de los árboles.

 

Cuando el columpio por fin se detuvo, lo vio apoyado sobre uno de los tubos, mirándolo con una sonrisa. Ryo lo miraba incapaz de hablar.

-Creí que tampoco vendrías hoy… supongo que fue un mal día… ¿quieres que te haga compañía?- Se sentó en el columpio a un lado de donde estaba regalándole sonrisas al por mayor.

-¿Esperabas verme?- Por fin rompió el silencio en que se hallaba sumergido desde que se percató de su presencia.

-Me costó mucho contenerme de llamarte…- Que rostro más inocente. –No sabía si me recordarías…- Se levantó de un salto y se paró justo frente a él, como si se debatiera consigo mismo de hacer algo o no. –Tampoco quería que te enojaras por haber guardado tu número sin tu permiso…-

-Yo también… quería llamarte… pero no lo hice…- Cuando lo vio dar un paso hacía él acortando la distancia que los separaba, comenzó a ponerse un poco nervioso. El chico ya no le pareció tan inocente.

-Debiste hacerlo, sabes?… Así no hubiera tenido que esperar aquí en vano los últimos cinco días…- Dio un paso más, sus piernas tocaron las de Ryo, quien no podía ni moverse ni quitarle los ojos de encima. –Tendrás que compensarme de algún modo, sabes?- Tegoshi tomó sus manos, que se aferraban a la cadena, entre las suyas. Un escalofrío le recorrió la espalda a Ryo.

-A-ah… sí?… y… q-qué quieres a c-cambio?…- Su corazón comenzó a latir más aprisa, se sentía estúpido tartamudeando así. Le sonreía.

-A ti…- Su respuesta fue concisa y directa. Se inclinó hasta alcanzar sus labios y lo besó… así sin más… lo besó. Para Ryo era la primera vez que experimentaba aquellas sensaciones. Si bien al principio no supo qué hacer, tan pronto como liberó sus manos y las llevó hasta la nuca del menos, el beso no hizo más que profundizarse y las emociones que recorrían su cuerpo no hacían más que volverse más intensas- ¿Éso era besar? ¡Por todos los cielos! ¿Cómo había pasado todos estos años privándose de ello?

 

Tegoshi permanecía sentado en sus piernas disfrutando de aquellas ansías salvajes de devorarlo entero que parecían haber estado suprimidas en algún rincón pequeño y que sin saber haber desbordado en un segundo. La manera en que lo besaba y lo acariciaba comenzaba a excitarlo en sobremanera. Su espalda era sensible u ahora sentía sus dedos largos y un poco fríos mientras lo aferraba contra su cuerpo besando su cuello como si quisiera deshacerse de toda barrera material entre ellos en ese preciso momento. Le rodeó el cuello con sus brazos, lo besaba como si pusiera la vida en ello. Se recorrió un poco más contra su pecho. Su pierna notó lo que había despertado con sus besos dentro de los pantalones del chico que lo abrazaba y al que abrazaba envueltos en una pasión desmedida.

-Vayamos a tu casa…- Le susurró al oído jadeando. Ryo pudo ver sus mejillas sonrojadas y ese brillo ardiente de deseo en sus ojos. Rodeó su cintura con sus brazos y lo besó mientras se ponía de pie levantándolo consigo sin el menos esfuerzo, en realidad le pareció bastante ligero. Teniendo su cuerpo tan cerca del suyo, se dio cuenta de que no era el único que se sentía así de estimulado. Su sonrisa, aunque un poco perversa debido a esa mirada, no pudo más que arrancarle una risita de complicidad al chico. Sus pies volvían a tocar el piso. Ryo lo había soltado, tomó sus cosas del piso y echó a andar. Se volvió y le hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera. Tegoshi entrelazó sus dedos por detrás, le sonrió y echó a correr tras él.

 

El elevador hasta el quinto piso les sirvió para continuar con el juego de caricias y besos que parecía haber terminado en el momento en que salieron del parque. Su actitud se había vuelto un poco más salvaje y dominante, cosa que le parecía encantadora a Ryo, quien pensaba que el pequeño sólo estaba tratando de seguirle el paso. A esa hora de la madrugada no era para nada raro que no hubiera nadie que los viera y se persignara al ver lo que se hacían por el pasillo. Sólo había cuatro puertas en ese piso, avanzaron entre risas nerviosas y botones abiertos hasta la segunda del lado derecho. Estaba tan ansioso que no podía ni meter la llave, al final se le cayeron al piso y Tegoshi fue quien abrió riéndose de él por su poca habilidad, ganándose un par de mordidas en el hombro.

 

Apenas se cerró la puerta tras ellos, comenzaron a deshacerse de  esas molestas prendas que separaban sus manos del resto de su piel; chocando en su camino hacía la recamara con cuanta cosa tenía Ryo en la casa. Pero, ¿a quién rayos le importaba?, ya lo recogería… luego… si se acordaba.

 

Que diferente lucía el chico sobre la cama de lo que estaba acostumbrado a ver sobre esas sábanas. La piel era blanca y tersa, carente de musculatura, casi como una chica… y bien podría ser una, de no ser por el miembro erecto bajó sus pantalones desabrochados que lo incitaba a abalanzarse sobre él, quien lo miraba respirando agitadamente casi como suplicándole que lo hiciera… No sería educado de su parte seguir haciéndolo esperar, verdad? Su adorable e inocente Tegoshi podía pescar un resfriado por llevar tan poca ropa si no lo hacía entrar en calor.

-Date prisa!…- Le lanzó una de las almohadas que estaban sobre la cama en la cara. Esa diabólica sonrisa trajo consigo una mirada de lo más pervertida que fascinó a Tego de la cabeza a los pies, era la primera vez que veía ese tipo de expresión en el rostro de Ryo; quien avanzaba hacía él abrazando la almohada con ambas manos cubriéndose el pecho y parte de la cara con ella; cuando se acercó lo suficiente, la dejó por un costado y lo tomó por los tobillos jalándolo un poco a la orilla de la cama para quitarle el pantalón. Un pequeño gemido se le escapó de los labios en el proceso. Estaba acostumbrado a ser quien tomara control de la situación. Yamapi, que era cómo sus amigos llamaban a Yamashita, nunca tomaba la iniciativa cuando estaban en la cama, así que ya se había hecho a la idea de que esta vez también tendría que marcar el ritmo de la noche. Se quitó la camiseta blanca de tirantes y el pantalón sin dejar de mirar a su amante. Tegoshi miraba su cuerpo marcado por el ejercicio mientras se mordía suavecito el labio inferior, Ryo había logrado su cometido al desnudarse frente a él. Se sentó apoyando los codos en la cama para contemplarlo mejor. Ryo subió avanzando de rodillas lentamente como si acechara a su presa antes de atacarla. Pero su dulce presa soltó una carcajada maliciosa… apenas lo tuvo a su alcance, rodeó su cuello con sus delgados brazos y lo giró ayudado de sus piernas para dejarlo boca arriba contra el colchón. Estaba un poco confundido, ¿podía un gatito ser capaz de devorar a un león? Sus pensamientos se alejaron con ese primer gemido que salió de su boca sin control cuando sintió la calidez y la humedad de su lengua sobre su sexo… sus manos estaban ocupadas acariciándolo y tocándolo por aquí y por allá. Por primera vez le tocaba recibir lo que tantas veces él mismo había dado. Y si su lengua se sentía así de bien, la sensación fue mil veces mejor cuando lo metió por completo dentro de su boca sin previo aviso. Su espalda se arqueó debido al desborde de placer que lo inundó de repente. Una de sus manos jugaba ahora a través de su pecho, subiendo y bajando acariciándolo apenas con las yemas de los dedos para luego pellizcar sus pezones a la vez que entraba de nuevo en su boca mientras la otra mano seguía el mismo moviendo que sus labios. Su lengua lo recorría de la base a la punta para perderse otra vez dentro de su boca. ¿Cómo podía Yamapi permanecer tan tranquilo mientras le hacía lo mismo, si él con trabajo podía callarse lo suficiente como para volver a tomar aire?

-Tegoshi… para… si sigues… yo… voy a…- Decía entrecortadamente mientras gemía y se aferraba con ambas manos de las sábanas. Tegoshi, quien no le había quitado los ojos de encima más que para parpadear, lo miraba satisfecho mientras le daba lo que al parecer era su mejor noche. Al suponer lo que Ryo trataba de decirle, aumentó la velocidad en el movimiento de su mano rozando levemente con la lengua mientras lo tenía dentro. La expresión  de su rostro vino acompañada de aquel chorro caliente y espero que le llenó la boca. Ahora veía su pecho subir y bajar tratando de recuperar el aliento. Lo había hecho terminar como nunca.

Tegoshi lo miraba con una perversa sonrisa dibujada en los labios, lamiéndose los dedos. Se recostó a su lado y comenzó a besar y mordisquear su cuello y su oreja. Ryo se entregaba a su juego sin protestas, correspondiendo sus caricias y besos. Una vez que recuperó un poco sus fuerzas, se puso sobre él y lo despojó de la ropa interior con una mano al tiempo que lo acariciaba con la otra. Su mano se movía haciéndolo estremecer con cada arriba-abajo que daba; verlo disfrutar así lo excitaba también; al poco tiempo ya estaba nuevamente listo. Llevó sus dedos hasta su entrada posterior, qué agradable le resultaba escucharlo gemir de ese modo mientras introducía poco a poco su dedo… y la reacción fue aún mayor cuando metió un segundo dedo. No tomó mucho tiempo prepararlo, así que no lo hizo esperar más. Lo tomó suave y firmemente por la cadera y lo echó un poco hacia arriba poniendo debajo la almohada. Pensó en hacerlo lentamente para no lastimarlo, pero su vocecita exigiéndole que lo hiciera ya, lo llevó a penetrarlo de una sola vez… ¿Dónde había estado ese chico y todo su libido durante estos años desperdiciados en hacerle el amor a un cascarón programado para sentir placer evocando un recuerdo?

 

Aquella noche de tórrido romance y pasión desenfrenada se prolongó hasta que las estrellas desaparecieron. Ryo no podía más… Tegoshi también terminaba una vez más, cayendo rendido sobre su pecho. Sólo un par de minutos más tarde lo tenía profundamente dormido, en esa misma posición lo rodeó con los brazos y se giró para ponerlo sobre la cama; el pequeño gatito se acurrucaba desnudo contra su cuerpo buscando su calor. Se peleó un segundos con las sábanas y el edredón que estaban desparramados entre la cama y la alfombra hasta que logró sacarlas de debajo de su cuerpo y las echó encima. También sería la primera vez que dormía con la persona con la que había hecho el amor… ¿el amor? Sí, mientras contemplaba su carita durmiente se dio cuenta de que se había enamorado perdidamente de la frágil y seductora inocencia que yacía entre sus brazos; apartó con el dedo índice el cabello de su rostro, le besó por milésima vez los labios dulces.

-Buenas noches mi gatito…- dio un toquecito con la punta del dedo sobre su nariz y luego se quedó dormido abrazándolo.

 

Lo despertó el sonido del agua al caer que provenía de algún lugar. Se negaba a abrir los ojos, aún quería dormir, se sentía cansado. Palpaba la cama con la mano notando que algo le hacía falta. Al reparar en lo que era se levantó de inmediato. Tan sólo de recordar lo que habían hecho durante toda la noche se sintió excitado otra vez. ¿Qué más daba? Se enredó la sábana y bajó de la cama rumbo al baño. Ni siquiera tocó. Sólo se limitó a abrir la puerta dejando caer la tela que lo envolvía. Vio su cuerpo delgado, de tez un poco más oscura que la suya, difuminado a través de la puerta plástica color humo de la regadera. Abrió lentamente. Ni siquiera lo escuchó entrar, sólo sintió unas manos pequeñas y delgadas aferrándose a su pecho desde atrás mientras le besaban el cuello y los hombros. Aquella se volvió la ducha más larga y placentera de su vida.

 

Su ropa le quedaba un poco larga y holgada, cosa que no hizo más que volverlo aún más adorable mientras lo vestía. Era un consentido, le quedó más que claro que le encantaba en sobremanera ser mimado. A su lado Ryo podía volver a ser él mismo, ser quien era antes de Yamashita. Se complementaban de un modo más diabólico que divino. Incluso le había preparado el desayuno. Si bien Tegoshi se había empeñado en hacerlo al principio, Ryo temió por sus estómagos al ver lo que planeaba preparar con todos esos ingredientes que esperaban sobre la barra a ser agregados a la sartén que tenía en el fuego; así que sutilmente lo sacó de la cocina entre besos y trozos de fruta en los labios.

 

Con él se divertía todo el tiempo. No hubo necesidad de que salieron del departamento. Ambos prefirieron quedarse en el sillón viendo películas y comiendo cuanta comida chatarra encontraron en la alacena y el refrigerar, ni soñar que pudiera hacer algo así con Yamapi quien siempre estaba cuidando lo que comía. Sólo se separaron el rato en el que Tegoshi salió a la terraza para responder el celular. Pero no le dio mayor importancia y fue a la cocina para rellenar el bowl de las palomitas; sabía que lo más probable era que fuera su madre sermoneándolo por no haber llegado a dormir; su risa burlesca se volvió una carcajada ruidosa cuando lo vio despegarse bruscamente el teléfono, seguramente debido a unos de los gritos de la mujer. Volvió al sofá, se puso el refractario de cristal sobre el estómago, se rebulló entre los cojines y le puso play a la película.

 

Para cuando volvió a la sala después de una segunda llamada telefónica que se alargó más de lo que tenía previsto, ryo ya se había quedado dormido. Peses a cualquier cosa, le pareció realmente tierno mientras dormía.

-Parece un cachorrito…- levantó un poco el cojín sobre el que estaba recostado deteniendo su cabeza cuidando de no despertarlo y se sentó, recargándolo sobre su pierna izquierda. Ni siquiera notó cuando comenzó a hacerle piojito. Ya lo tenía como hábito, era una de esas cosas que le gustaba hacer pero no que le hicieran… le traía recuerdos un tanto dolorosos… de alguien más.

 

Por fin fueron usadas aquellas velas compradas hacía tantos años atrás que habían estado guardadas en una caja; ni siquiera recordaba muy bien donde las había dejado, cosa que divertía al chico descalzo sentado a media luz sobre el desayunador con los ojos vendados a la espera de que su amado terminara lo que estaba haciendo. Fueron el toque perfecto para aquella velada que comenzó con una deliciosa cena en la alfombra de la sala y terminó con todo un festín en la alcoba.

 

La siguiente mañana despertó entre sus brazos fuertes y bien torneados. Ryo lo miraba un poco ruborizado por haber sido descubierto mirándolo como un tonto mientras dormía.

-Buenos días… Tegonyan~- De nuevo ese golpecito en la punta de la nariz acompañado de una sonrisa enternecida.

-¿Ahora soy tu gato?- Decía el otro pegándose más a su cuerpo simulando el comportamiento empalagoso de aquel animal, apoyando la oreja contra su pecho.

-sí, así es… eres mi gatito, Tegorin…- Lo abrazó con fuerza enredando también sus piernas alrededor de su cuerpo pero sin hacerle el menor daño, sólo para hacerlo suyo, rodearlo por completo, protegerlo. Una carcajada.

-¡Entonces adóptame y dame amor todos los días como un buen amo!- Ahora él también reía ante semejante ocurrencia por parte del menor. Aunque la idea no le desagrado para nada, sino todo lo contrario.

-Lo estoy considerando bastante, sabes?- Le gustaba seguirle la corriente, quería saber si sólo lo había dicho como broma.

-¿Para que lo piensas? Sólo hazlo… Te amo…- Cerró los ojos entregándose de lleno a la melodía que escuchaba ahí dentro y que de pronto aumentó de ritmo.

-Entonces ya no te dejaré ir nunca…- Lo estrechó con fuerza, sintiendo como suya la tibieza de su piel suave y el dulce aroma de su cuerpo.

-No quiero ir a ningún lado si no estás tú, Ryo-chan… Quiero estar así contigo por siempre…- Se acurrucaba entre su pecho y sus brazos cual gatito ronroneando al recibir caricias amorosas mientras Ryo pasaba su mano por su cabello despeinándolo un poco. Esos besos… los besos más tiernos y profundos del universo.

 

Un par de días después de ese fin de semana fugaz y eterno, se lo llevó a vivir a su departamento. Siguiendo su pequeña roma privada, le había comprado inclusive un dije en forma de calavera de gato con las iniciales de sus nombres grabadas por la parte posterior, el cual Tegoshi siempre llevaba puesto. No había amor más entregado y verdadero que el que ellos se profesaban.

 

Cuando se enteró por terceros, casi se desmaya. No podía creer que Ryo, “su Ryo”, estaba viviendo con alguien. Lo había empezado a ver diferente, algo en él había cambiado volviéndolo fascinante e irresistible, pero nunca se imaginó que fuera debido a un amorío.

-Lo siento Yamashita-senpai…- Más que el haberle rechazado el beso, lo que le dolió profundamente fue que lo llamara así y no cómo siempre hacía cuando estaban a solas… como cuando lo amaba.

-¿Por qué Ryo-chan?- Ni siquiera podía decir si lloraba de dolor o de coraje mientras se abrazaba a él bruscamente producto de su propia desesperación.

-Tenías razón senpai… los labios sólo deben pertenecerle a la persona que amas…- Se sentía increíblemente bien asestarle el golpe de gracia con sus propias palabras, ésas que él le había dicho en aquel entonces cuando se le había confesado, cuando se habían entregado a su deseo por primera vez. Sujetó sus brazos para quitárselo de encima y de fue, dejándolo estupefacto mirando la nada.

 

Un mes más después Ryo fue ascendido. Ahora Yamashita trabajaría para él. Si acaso existía el karma, ahora se hacía presente, pero no lo disfrutaba tanto como había imaginado. Hasta cierto punto, el repentino cambio en Yamapi le preocupaba. Pero no quería preocuparse por ello. Estaba demasiado feliz por su logro personal. Llegó temprano a casa y en compañía de su pequeño y lindo novio fue a comprarse un auto, el cual por supuesto que se dieron a la tarea de estrenar aparcados justo bajo el árbol donde se habían encontrado por vez primera.

-Jamás amaré a nadie más… seré tuyo por siempre…- Le había dicho Tegoshi al oído jadeando mientras Ryo le hacía el amor.

 

Un año pasó como si hubiera sido un suspiro. Ryo subía corriendo las escaleras destrozada su calma por la desesperación y la angustia que se habían apoderado de su cuerpo, incapaz de creer en las palabras que había escuchado media hora antes en un mensaje en el buzón de voz de su celular. Sus manos temblaban, las llaves estuvieron a punto de caérsele un par de veces. No podía ver nada en el interior. Todas las luces estaban apagadas cuando llegó. Ni siquiera se molestó en encenderlas. Cruzó toda la estancia librando obstáculos en dirección a la recamara. Nada parecía haber cambiado, todo estaba perfectamente acomodado en su lugar… No. Todo había terminado. Había demasiado orden… Su corazón latía descontroladamente como si quisiera escapársele del pecho para ir a donde estuviera Tegoshi. Sudaba frío. Cerró los ojos y prendió la luz de la lámpara. Respiró hondo repitiéndose en voz baja que todo estaría bien, que éso no era más que producto de su imaginación, abrió los ojos. Sus cosas habían desaparecido. No estaban sus botines favoritos bajo la cama, la sudadera negra con calaveritas que usaba cuando salían a caminar por la noche al parque no estaba sobre el respaldo del pueblecito de la esquina donde se sentaba a leer. No fue necesario abrir el closet para saber que el resto de su ropa tampoco estaría. Cayó de rodillas al piso derramando amargas lágrimas que rodaban por sus mejillas… un rostro carente de vida. Su corazón estaba hecho añicos esparcido por todo el departamento junto con todos los besos y sonrisas que habían compartido. Su alma desgarrada expresaba todo el dolor que sentía con gritos de agonía.

 

Yamashita permanecía de pie en el marco de la puerta; él lo había traído a casa, preocupado al extremo al ver su semblante inexpresivo tras haber escuchado el mensaje de Tegoshi. De no haber si do porque estaba a su lado, Ryo probablemente se hubiera desmayado en ése mismo instante; estaba tan pálido, temblando… luego salió corriendo de la oficina sin decir nada. Yamapi pensó lo peor. Sí, lo amaba. Al perderlo se había dado cuenta de cuánto lo necesitaba y de cuánto lo amaba pero… se había dado cuenta demasiado tarde. Aún así no quiso alejarse de él. Ahora lo miaba impotente, tan frágil y herido acurrucado sobre sí mismo en el piso, llorando. Quería acercarse… tomarlo entre sus brazos… brindarle consuelo… hacerlo sentir que él estaba ahí, a su lado… decirle que lo amaba… que él no había ido ni iría nunca a ningún sitio… pero no lo hizo, sabía que no serviría de nada. El corazón de Ryo había sido envenenado con la peor toxina del planeta… el adiós. Un mar de lágrimas podrían no ser suficientes para curarlo. Por primera vez Yamapi odio a Tegoshi con todo su corazón; no por haberle robado a Ryo, no por haberlo alejado de él durante todo este tiempo, no por haberlo amado del modo en que él nunca quizo hacerlo… sino por haber jugado con él de esa manera… por todas sus mentiras… por cada una de las lágrimas que ahora derramaba por su culpa… por la forma en que egoístamente decidió terminarlo todo… por la estúpida promesa con la que lo dejó solo en esa habitación que ahora le parecía tan oscura y fría… Lo odió con toda su alma por saber que jamás volvería… Y se odió a sí mismo… por no haber hecho nada para evitar todo su sufrimiento.

 

No… ya no podía contemplar aquella escena. Se dio la vuelta y recargó la espalda contra el muro exterior de la habitación para dejarse caer hasta quedar sentado con los codos apoyados en las rodillas y el rostro escondido entre el cabello y sus brazos… Tapando sus orejas con las manos para no seguir escuchando, deseando no poder oír cuánto sufrió su amado Ryo.

 

“¿Ryo-chan?… Debes estar ocupado, verdad? Te he estado llamando toda la tarde… se alargó tu junta?… Mmm… Lo siento… escucha, no quiero que llores ni que corras detrás de mí después de escuchar esto… Quiero que sepas que he sido muy feliz contigo, te lo juro… lo sabes, verdad?… Pero la vida me dio una segunda oportunidad… No te estoy dejando… Te prometo que si ésto no funciona volveré a tu lado y nunca más me alejaré de ti… Si ya no queda nada en mi pasado para mí, quiero un futuro contigo… Te amo… por siempre…”