Johnnylandia

Un lugar de ficción fangirleska de Ikemens asiáticos!!!

Archivo para Yamapi

Una palabra más (AKamePi)

UNA PALABRA MÁS
One-Shot
AKamePi
~Ai nante~ / NEWS
22-10-09

“Perdóname…”
Me pregunto cuántas veces te escuché decir esa maldita palabra…
Si simplemente no podías amarme como yo te amaba… si todavía amabas a Pi… entonces y sólo entonces, debiste usar esa palabra… para ser sincero contigo y ser sincero conmigo y decirme la verdad que estaba dentro de tu corazón… y no para regresar a mi lado una y otra vez después de engañarme en sus brazos, pidiéndome otra oportunidad con el rostro bañado en lágrimas.

Pero el único culpable de todo esto era yo… por haber sido tu estúpido durante tantos años… por haberme enamorado de ti… por no ser capaz de verte sólo como un amigo… por haberme hecho amigo de Pi sólo para estar cerca de ti… por haber aceptado ser su sombra… por haberme dejado utilizar como un simple juguete. Sí, de todo yo era el culpable… sólo por amarte.

Recuerdo la primera vez que me tomaste entre tus brazos… Estábamos en el vestidor después de un largo día de ensayos antes del Kaizokuban. Yo no me sentía muy bien, como no me salían algunos pasos de la coreografía me había quedado practicando durante el almuerzo; ya era de noche y yo sólo había desayunado fruta con yogurt y cereales. Me sentía mareado y exhausto. A pesar de que no te lo había dicho, tú lo habías notado, porque permaneciste a mi lado todo el rato. Cuando todos se fueron y nos quedamos a solas, te acercaste a mí preocupado y me preguntaste si me sentía muy mal poniendo suavemente tu mano sobre mi hombro, cuando me giré para responderte con una inocente mentira, sentí como las fuerzas abandonaban mi cuerpo y de no ser por ti hubiera terminado en el piso. Me sujetaste con fuerza contra tu pecho desnudo, tu corazón latía desquiciadamente, la preocupación era evidente en tus ojos. Los minutos transcurrieron y aunque ya me sentía mejor, no te lo dije para quedarme entre tus brazos un momento más.

Ese fue el primero de muchos abrazos. Era obvio que ambos nos sentíamos atraídos el uno por el otro. La conexión entre nosotros más que mágica fue diabólica desde el primer día que comenzamos a trabajar juntos en la agencia y a pesar de eso, ninguno se atrevía a dar un paso adelante… ¿Miedo? ¿Estupidez? ¿Ego? Nunca lo supimos. Lo único que supimos en el instante, fue que después de aquél abrazo jamás seríamos capaces de vivir el uno sin el otro.

A partir de esa noche el destino comenzó a mover sus hilos tejiendo nuestra historia. Íbamos y volvíamos juntos, el día libre también lo pasábamos juntos, las largas horas dentro de la agencia ahora se me pasaban rápida y felizmente… Y comprendí lo que mi madre siempre decía cuando hablaba de mi padre: el amor hace que todo sea posible. Hasta que me enamoré de ti entendí el verdadero significado de esas palabras. Lo que sentía por ti me hacía volar, soñar despierto, ver el futuro, me hacía sentir estar fuera de mi para poder estar contigo, distorsionaba el tiempo y la realidad, me daba fuerza, consuelo, alegrías, enojos… tu amor era todo lo que creí que no podía ser posible en este mundo. Existía y era todo mío.

Mi vida no podía ser más perfecta… Estaba profundamente enamorado. Las cosas con mi familia eran mejor que nunca. Nuestra popularidad como grupo aumentaba rápidamente. Tenía grandes amigos dentro y fuera de la agencia. Sentía mi vida completa y era increíblemente feliz.

Recuerdo la primera vez que me dijiste “perdóname…”. Habíamos quedado de ir juntos al acuario pero nunca apareciste. Te llamé mil veces pero nunca respondiste. Incluso fui a buscarte a tu casa pero tu madre me dijo que hacía horas que habías salido. Estaba realmente preocupado. Le llamé a Pi para que me ayudara a buscarte pero nunca contestó. En su casa me dijeron que no lo habían visto desde la mañana. Y de repente sentí como se destrozaba mi corazón cuando su mamá me dijo que tú habías pasado a buscarlo temprano.

Volví a casa y poco antes de llegar me encontré con Yuu, que se dirigía para allá. Aunque traté de evitarlo, terminé llorando frente a él escondido entre mis almohadas hasta quedarme dormido. Aún ahora creo que él fue quien te golpeó en la cara. Nunca te creí aquello de que te habías pegado en el baño; además ustedes debieron encontrarse cerca de mi casa cuando él se fue y tú venias. Sí, estaba seguro de que él te había gritado y te golpeó porque estaba furioso, nunca me había visto llorar de esa manera. Yuu era mi mejor amigo y nunca pudo perdonarte por todas las lágrimas que me hiciste derramar. Cuando desperté estabas sentado en el piso junto a mi cama. Llorabas. Te pregunté si estabas bien y te lanzaste sobre mi pidiéndome perdón por lo que habías hecho diciendo que me amabas y que lo de Pi había sido un error… Y yo, estúpido como era, te creí…

Recuerdo el aspecto angelical que le daba a tu rostro dormido la luz del sol que se colaba a través de mi ventana. La calidez de tu cuerpo acurrucado contra mi pecho. La tranquilidad con la que respirabas. Te miré durante casi una hora aquella mañana y fui consciente de que nunca estaríamos más cerca el uno del otro de lo que estuvimos ese día… esa noche. Abriste los ojos lentamente. Acariciaste suavemente mi mejilla mientras me dedicabas una hermosa sonrisa y te besé… Eras mío y no iba a permitir que Pi te apartara de mi lado. Sin importar qué tan importante fuera él para mí. Tú eras lo más importante en mi vida.

Esa noche no volvimos juntos. Dijiste que debías volver a casa porque tu madre necesitaba tu ayuda; me ofrecí a ir contigo pero te negaste. Querías que descansara, que me hacia falta dormir dijiste dulcemente y luego me besaste y te vi desaparecer entre la gente. No quería volver a casa. Todo parecería frío y vacío sin ti, así que caminé solo buscando algún lugar donde cenar. De pronto oí que me llamaba una voz bastante familiar. En la acera de enfrente vi a Nakamaru y a Ueda entre la multitud que esperaba la luz roja para cruzar. Como me notaron triste me invitaron a cenar con ellos. Ueda quería ir al Festival de verano. La idea me pareció perfecta. Intentaría distraerme entre la música y las luces. Me divertiría un rato con mis amigos y no tendría que cenar solo, así que acepté con gusto su invitación. La única verdad en todo eso era que no quería estar sin ti.

La gente iba y venía entre risas y platicas amenas. Ueda parecía un niño pequeño mirando todo con fascinación. Nakamaru iba a su lado señalando cosas. Ambos se reían, me dio gusto ver que se divertían. Yo tenía una sensación extraña y desagradable oprimiendo mi pecho mientras me preguntaba una y otra vez si estabas bien. A pesar de su misteriosa forma de ser, ese día vi una parte de Ueda que no solía mostrar con facilidad a los demás; supongo que fue en ese momento cuando se volvió uno de mis mejores amigos y mi confidente. Yo nunca me percaté de que me observaba constantemente. Luego de cenar Nakamaru se despidió y nos quedamos a solas. De pronto él rompió el silencio preguntándome qué tenía y agregando un “y ni siquiera te atrevas a decirme que no tienes nada porque sé que es mentira…”; me tomó por sorpresa así que levanté bruscamente la cabeza para mirarlo y reprocharle su comentario por muy cierto que fuera… pero él no me veía, con las manos en los bolsillos contemplaba la luna. El gorro de su sudadera me impedía ver completamente su rostro pero alancé a ver sincera preocupación en sus ojos. Él me conocía. Todo este tiempo él me había observado y había aprendido a entenderme… eso me pareció increíble y aunque no supe muy bien por qué, terminé abriéndole mi corazón hablándole sobre mis sentimientos por ti. Sus palabras me brindaron esperanza y fuerza. Él tenía razón: debía luchar por lo que quería… y yo sólo te quería a ti. Caminábamos nuevamente entre las personas cuando te vi. Estabas a no más de cinco metros delante de mí; sentí como se aceleraba mi corazón. “Ve con él” me decía Ueda apoyando suavemente sus manos sobre mis hombros para empujarme. Entonces lo vi y entendí porque sonreías de esa manera… estabas con él. Me quedé inmóvil por la impresión. Me habías mentido… para verte con él.

Las lágrimas rodaban a través de mis mejillas. Tu mirada cruzó fugazmente con la mía. Sorprendido volviste de nuevo la cabeza hacia donde me encontraba como si fuera una alucinación tuya. Tu gran sonrisa se desvaneció instantáneamente. Te quedaste ahí viéndome. Pi te llamó, me miraste, lo miraste y seguiste caminando hacia donde él estaba esperándote. Me di la vuelta y eché a correr tropezando directamente con Ueda… él lo había visto todo y por la expresión de su rostro me di cuenta de que estaba tan sorprendido como yo por tu actitud. Me abrazó y me sacó de aquel lugar. Caminamos largo rato sin rumbo y sin decir nada. Cuando procese lo que había pasado rompí en llanto. Ueda se sentía frustrado y pateaba los botes de basura que estaba en la calle al tiempo que gritaba “¡es un estúpido!”… Luego se acercó a mí y apoyo mi cabeza contra su hombro y me abrazó. Aquella sensación me recordó aquel primer abrazo… No pude dejar de llorar por horas, y él se quedó conmigo siendo la piedra que me sostenía evitando que cayera al abismo al que me habías lanzado. Quiso llevarme a mi casa pero me rehusé. Me preocupaba que le pasara algo cuando volviera a su casa, aún así me obligó a volver a la mía en taxi, también él estaba preocupado por mí.

Cuando llegué estabas sentado en la entrada. Habías estado llorando y era evidente que morías de frío. Al verme te levantaste lo más rápido que pudiste y corriste a abrazarme diciendo una y otra vez “perdóname…”. Ambos llorábamos… tú de arrepentimiento y yo de dolor. Aunque no se lo dijo a nadie, Ueda comenzó a tratarte diferente y no lo culpaba, ni siquiera yo te había perdonado del todo aunque te habías quedados conmigo toda la noche.

Los meses pasaban y las cosas parecían volver a la normalidad. La gira del Kaizokuban estaba por terminar. Luego de eso todo mejoró notablemente. Por fin se anunció nuestro debut. Todos estábamos super emocionados, pero la felicidad no duró mucho. Poco después de nuestra gira de debut se anunció la suspensión de actividades de NewS. Aunque todos seguirían teniendo trabajo en solitario, ahora tendrían más tiempo libre. Eso era bueno para ellos pero malo para mí…yo estaría fuera del país por unos meses. Takki me lo había dicho, el jefe no estaba de acuerdo con que el Akame fuera verdad detrás de las cámaras porque podría afectar al grupo… y en el fondo sabía que tenía razón, pero aún así no lo aceptaba.

Recuerdo que estando allá no hacia otra cosa que pensar en ti. Al principio nos hablábamos todos los días, después comenzó a serme difícil el comunicarme contigo; luego de cuatro meses ya no contestabas ni mis llamadas ni mis mensajes. Estaba tan preocupado que estuve a punto de regresar de no ser porque Ueda que me llamaba a menudo para saber cómo estaba y que fue quien me dijo que estabas bien. El tono de su voz confirmó mis sospechas: todo este tiempo habías estado con él.

Una noche sonó mi celular mientras me bañaba. Suponiendo que sería mi madre o tal vez Ueda, no me apresuré en salir, sabía que volverían a llamar pero al escuchar la insistencia, salí del baño lo más rápido que pude y atendí el teléfono sin ver quién llamaba. La voz de la mujer me pareció familiar diciendo “ahora lo comunico…”. Johnny-san era quien llamaba. Mi fecha de regreso se había adelantado. Debía volver a Japón por la mañana, ya todo estaba preparado. Algo me ocultaba, lo sabía, todo eso me resultaba muy raro. Llamé a Ueda, por primera vez tardó en contestar, así que me preocupé más. Ni siquiera lo dejé hablar, en cuanto respondió la llamada le pregunté qué había pasado. No quería decírmelo por teléfono pero lo obligué.

Lloré largo rato sujetando el celular con fuerza contra mi oreja. No era lo mismo pero al menos escuchar su respiración me hacía sentir que no estaba solo. No pude dormir. Después de las tres de la mañana ya ni siquiera tenía lágrimas que llorar. Mi equipaje estaba listo. Me quedé acurrucado en la cama abrazando una almohada. A primera hora de la mañana estaba en el avión pensando repetidamente “no mueras Kame… no mueras…”

Aunque no se lo pedí, sabía que Ueda iba a estar esperándome en el aeropuerto. Me recibió con una sonrisa y un abrazo que bastante falta me hacía. Cargó mi maleta y fuimos directo a verte al hospital. Dormías pero era obvio que no descansabas por la expresión de tu rostro. Yamapi había estado contigo todo el tiempo. Lo supe por sus ojeras. Se veía agotado. Había llorado por eso llevaba puestas las gafas de sol, odiaba como se veía su cara cuando lloraba. Una enfermera entró y me pidió que saliera para cambiarte el suero y hacer la revisión de rutina. Me acerqué a Pi para preguntarle qué rayos te había pasado.

Cuando me fui quedaste devastado. Johnny-san te prohibió que fueras detrás de mí como querías. Entiendo que sufrieras y que no quisieras aceptarlo pero no tenías porque someterte a tanta tortura. No podía entender por qué preferiste escapar del dolor con ayuda del alcohol. Pi volvió a romper en llanto después de decirme que no fue capaz de detenerte y que habías terminado por alejarte de él porque te dijo que estabas equivocado. Ueda intervino en la conversación mientras me sentaba junto a Pi y lo abrazaba, estaba realmente destrozado por tu estado y no era para menos, yo también lo estaba. Fue Uepi quien me contó que tu vida de excesos te estaba alejando de todos tus amigos y que terminó por acercarte a pésimas compañías con quienes te embriagabas y recorrías las calles todas las noches hasta el amanecer, por culpa de tus malas decisiones habías terminado aquella noche en el auto de un ebrio desconocido que se salió de la carretera cuando te llevaba a su departamento. Tenían razón, era un verdadero milagro que tú hubieras salido vivo, pero tu estado era muy malo y no sabíamos si ibas a sobrevivir.

Me sentía culpable… Si hubiera estado contigo esto no te habría pasado. Me sentía molesto… ¿cómo pudiste ser tan idiota y actuar así?. Me sentía impotente… ¿acaso lo único que podía hacer por ti era quedarme a tu lado y esperar? Lloré amargamente sin consuelo.

Recuerdo el intenso dolor cuando después de un par de días en que sufriste tantas complicaciones, por fin el doctor nos dijo lo que tanto temíamos oír: ibas a morir. Tu corazón y tus pulmones estaban muy dañados y esperar por un donante tomaría meses y a ti sólo te quedaban algunos días de vida. Pi casi se desmayó de la impresión. Ueda lo sostuvo en sus brazos. Yo me derrumbé hasta el suelo bañado en lágrimas. Eso no podía ser verdad. Ninguno lo podía creer. Tus padres se aferraban el uno al otro llorando. Pasé toda la noche sujetando tu mano, diciéndote cuánto te amaba, prometiéndote que a pesar de lo que pasara yo siempre iba a estar contigo.

Esa mañana cuando Ueda y Pi volvieron yo fui a mi casa. Necesitaba estar solo. Te besé dulcemente, tal vez fuera la última oportunidad que tendría para hacerlo. Abracé a Pi y te dejé a su cuidado. Cerré la puerta al salir. Ueda estaba fuera, insistía en quererme llevar a mi casa pero me negué rotundamente. Lo abracé diciéndole que sin duda lo vería más tarde. Cuidadosamente metí una nota en su bolsillo y me despedí de él saliendo del hospital.

“Lo amo… no lo dejaré morir… aunque me cueste la vida…”
Aquellas apalabras que escribí hacían eco en mi cabeza mientras abría la puerta y veía el lugar donde habíamos compartido tantas cosas juntos.

Lo último que recuerdo es que entré al baño y puse el seguro. Destapé todos los frascos de pastillas que encontré y me las tomé. Fue lento y doloroso… pero si mi amor te había puesto así, mi amor te salvaría la vida. Escuché a Uepi entrar llamándome. Uno de los frascos se cayó al suelo rompiéndose cerca de donde yo estaba tirado. Él trató de abrir la puerta pero obviamente no pudo, así que la abrió a patadas, justo como lo había planeado, para que me diera el tiempo suficiente para que yo actuara. Corrió hasta mi y me tomó entre sus brazos… se sentía tan cálido… tal vez era sólo que yo estaba muy frío. Trataba de mantenerme consciente. “¿Qué te hiciste?” me decía llorando al ver los frascos vacíos. Escuché la sirena de la ambulancia… sabía que él lo haría a tiempo para que todo resultara bien. Lo último que escuché fue un suave y dulce “¡quédate conmigo Jin!… vas a estar bien…” cuando llegamos al hospital. Le regalé mi última sonrisa como agradecimiento por todo lo que había por mí. Todo se volvió un obscuro silencio.

Kazu…
¿Aún me recuerdas?…
Yo nunca te he olvidado…
¿Puedes sentir mi amor latiendo con fuerza dentro de tu pecho?…
Te prometí que te iba a amar sin importar qué pasara y que iba a estar a tu lado por siempre, ¿lo recuerdas?…
No hay por qué llorar… a pesar de todo he cumplido mi promesa…
Sólo quiero que vuelvas a sonreír…
Ahora soy yo quien quiere decirte una palabra más…
Perdóname…

*Nota de la autora: La notita musical indica la canción que inspiró el Fic. Así que si escuchan la canción después de leerlo, el sentimiento de la canción será un poco diferente, ne?

Un nuevo día (RyoPi)

UN NUEVO DÍA
One-Shot
RyoPi
~Code~ / NEWS
12-10-09
 

  

Amanecía como todos los días, un nuevo día monótono comenzaba para mí; estaba tan cansado… sólo quería seguir soñando, descansar un poco, dormir… escapar de mi realidad.

Pero como siempre, el ruido infernal de su despertador llegaba hasta la tranquilidad de mi habitación para arrebatarme la paz que tanto apreciaba.

Dentro de cinco minutos entraría gritando alguna estupidez con esa sonrisa tonta en su rostro adormilado, menuda forma de arruinarme la mañana ¿no? Y eso sería sólo el comienzo del día, me pregunto ¿por qué demonios no actúa como una persona de su edad? Aunque lo que en verdad me saca de quicio es que creo que sólo muestra ese lado infantil cuando está conmigo. Es tan molesto…

Y justo como esperaba, aún a través de las almohadas y cobijas sobre mi cabeza pude escuchar como mi puerta se abría de golpe mientras él gritaba un “¡Buenos días Pi!” y saltaba sobre mi cama empujándome bruscamente para que me “despertara”.

“¡Déjame en Paz, maldita sea!” Era lo único que quería decirle, pero como de costumbre, no me atreví. Era ruidoso, molesto y demasiado contradictorio, pero lo amaba, a pesar de todo yo lo amaba como un estúpido y por eso mismo era tan doloroso tenerlo cerca de mí todos los días.

“Venga Pi, despiértate, es hora de desayunar”, decía una y otra vez con ese dulce tono de voz que tanto me gustaba, mientras yo me rebullía boca abajo entre mis cobijas sujetando con fuerza mi almohada contra mi cabeza poniendo todo mi esfuerzo en ignorarlo.

No sé en qué diablos estaba pensando cuando le ofrecí quedarse en mi casa cuando se mudó a Tokio; sabía que no era una buena idea tener tanta convivencia con él sabiendo perfectamente lo que sentía y aún así cuando menos pensé ya se lo había dicho.

Creo que en el fondo la sola idea de que se quedara con alguien más me molestó tanto que lo preferí conmigo que en casa de Yuu, Ikuta o peor aún, con Uchi; sí, creo que la verdad es que no me agradaba que estuviera cerca de Uchi, no lo soportaba, me moría de celos.

A final de cuentas, como de costumbre terminé por salir de mi cama para bajar a desayunar con él, ¿qué más podía hacer?, si no me levantaba, él comenzaría a hacerme cosquillas y alimentando a su demonio interior con mis gritos y mi risa desesperada, terminaría encima de mi espalda picándome por todas partes y no me sentía capaz de controlar todas las sensaciones que detonaba Ryo-chan en mí, así que preferí huir de él, dejándolo totalmente sorprendido de cabeza en el piso ente almohadas y cobijas.

Me dolía admitirlo pero cuando no estábamos frente a los demás prefería tratarlo fríamente para protegerme a mi mismo del dolor de herirlo; era un cobarde y un egoísta, pero sólo actuaba pensando en lo mejor para él.

No quería repetir la historia que viví con Kame hace tantos años por habernos permitido cruzar la delgada línea entre la amistad y el amor; me resultó horrible tener que estar en el mismo lugar que él viendo como le daba a Jin todo lo que antes me había dado a mí, y más sabiendo cuán importante era Jin para mí; sufrí mucho en aquél entonces, y no quería volver a pasar por eso, me preocupaba sobre todo por Ryo, él no era tan cínico como Kame y no lo superaría tan fácil; después de tantos años de convivir con él me habían servido par conocerlo bien y después de estar viviendo juntos había aprendido a no equivocarme con él; aunque no lo demostraba, en realidad era un chico muy tierno y sensible, creo que eso era lo que más me gustaba de él, la contradicción entre su exterior maldito y arrogante y su interior tímido y dulce. Había aprendido a amar las dos caras de la moneda y hasta cierto punto yo era el único que lo conocía lo suficiente para controlarlo cuando era necesario; eso me gustaba, él me hacía sentir que me necesitaba así que yo siempre trataba de protegerlo, incluso de sí mismo y, sobre todo, de mi mismo.

Y era sobre todo por esa necesidad mía de protegerlo que lo había amado en secreto durante todo este tiempo; aún cuando a veces me lo reprochaba viendo como a pesar de mis esfuerzos, tanto Uchi como las estúpidas esas con las que salía de vez en cuando lo lastimaban una y otra vez volviéndolo más frío y reservado, porque una parte de mí me decía repetidamente que yo era el único que podría hacerlo feliz.

Mientras me lavaba la cara, el agua fría se llevaba consigo mis tibias lágrimas, era hora de colocarme mi vieja máscara frente al espejo, del mismo modo en qué lo había hecho estos últimos años para fingir que él no me importaba.

Cuando salí, estaba sentado en mi cama, ya tendida y mis cosas ordenadas sobre la mesita de noche, esperándome, como siempre con una brillante y hermosa sonrisa. Mi celular sonaba en algún lugar de mi habitación, ¿dónde lo había dejado anoche? Tras hacer memoria unos segundos, recordé que lo había guardado en la bolsa de mi chamarra, así que lo encontré ahí.

Era Jin… menos mal, el que llamara tan temprano sólo podía significar una cosa: quería verme. Lo cual era perfecto para evitar tener que quedarme con Ryo-chan. Después de colgar el teléfono y quedar con Jin en treinta minutos, regresé al baño y me encerré para tomar un baño. Su rostro se había ensombrecido un poco aún cuando se esforzaba en sonreír cuando le dije que lamentablemente no podríamos desayunar juntos; ver esa expresión suya me partía el corazón, pero después de haber estado soñando con él toda la noche, lo único que quería era tomarlo entre mis brazos, besarlo, amarlo… Tenía que salir de ahí cuanto antes mientras aún tuviera fuerzas para resistirme a mis deseos.

Cuando salí del baño ya no estaba en mi cuarto; deduje que estaba en la cocina al escuchar el ruido de los trastes cuando los puso en el fregadero. Pobrecillo, había tenido que desayunar solo, con lo mucho que sabía que eso le desagradaba. Me apresuré a arreglarme el cabello, debía aprovechar que había entrado al baño para escapar. Sólo grité “nos vemos más tarde” desde la entrada y salí corriendo al escuchar que se abría la puerta, no quise darle tiempo a que me dijera nada, no podía mirarlo a los ojos; él de seguro debía odiarme por cómo lo trataba, yo mismo me odiaba por ello.

Llegué al parque cinco minutos antes, así que me resigné a tener que esperar a Jin por al menos quince minutos, últimamente la puntualidad no era su fuerte; recliné el asiento y encendí el estéreo. Un sonido familiar me sacó del momento de tranquilidad en que la música me había sumergido. Ryo-chan llamaba; dudé un par de segundos en contestar y cuando lo hice, para mi sorpresa fue Uchi quien me habló… “¿Por qué Uchi tenía el celular de Ryo-chan? ¿Acaso estaba con él?”, fue lo primero que pasó por mi mente, luego un mal presentimiento se apoderó de mí: algo le había pasado a Ryo.

Y mi corazón no estaba equivocado. Uchi había llegado a la casa hacía un par de minutos porque Ryo-chan lo había llamado asustado pidiéndole ayuda. Regresé a casa tan rápido como pude; teníamos que llevar a Ryo-chan al hospital… ¿Cómo pude ser tan idiota? Ryo-chan odiaba lavar trastes, siempre los dejaba sobre la mesa, ese ruido que oí desde la cocina… Debí haber bajado a ver que había pasado, sí lo hubiera hecho él no hubiera entrado al baño para lavarse la herida… Si hubiera bajado en aquél momento, ahora él no estaría tan mal porque lo habría llevado al hospital mucho antes.

Cuando abrí la puerta, Ryo-chan estaba sentado sobre el desayunador, se veía pálido; Uchi presionaba una de las toallas del baño contra su mano diciéndole que no se preocupara, que todo iba a estar bien. Ryo trataba de sonreír para evitar que sus lágrimas fluyeran por el dolor. Miré hacía la cocina… el piso estaba lleno de agua mezclada con sangre y cristales rotos.

El pánico y el remordimiento recorrían mi cuerpo. Debía controlarme, así no le sería de ayuda. “Estoy aquí” les dije estúpidamente, era obvio que escucharon cuando entré. Me acerqué a ellos tan rápido como me lo permitieron mis pies. Teníamos que ir al hospital ya, había demasiada sangre en el piso y en el fregadero, y ya habían usado un par de toallas tratando de controlar en vano la hemorragia. Aunque él se empeñaba en sonreírnos y decir que estaba bien, para los dos fue más que obvio que no era así. Parecía que temblaba, iba a poner mi mano en su frente para ver si tenía fiebre cuando se desplomó en mis brazos, se sentía helado. Le pedí ayuda a Uchi y lo cargué en mi espalda hasta el auto, una vez que Uchi estuvo dentro le pasé a Ryo-chan con cuidado y nos apresuramos para llegar cuanto antes al hospital.

Lo cargué hasta la sala de urgencias, al parecer había perdido mucha sangre; al ver su herida me preocupé aún más, iba a necesitar una transfusión y varias puntadas. Así que sin pensarlo dos veces, me ofrecí como donante, Uchi hizo lo mismo, aunque nuestros tipos de sangre no fuesen compatibles, serviría para que le pusieran la sangre que necesitaba cuanto antes; una enfermera limpiaba cuidadosamente la herida de su mano para suturarla, le supliqué que tratara de ser cuidadosa para que la cicatriz fuera lo más leve posible, ella sonrió y me dijo que haría su mejor esfuerzo para que quedará lo menos visible que se pudiera porque era una gran herida.

Uchi y yo tuvimos que esperar en recepción, debíamos proporcionar los datos de Ryo-chan pues tendría que quedarse internado al menos un par de horas.

¡Jin! Me había olvidado de él… ¡Demonios! Tenía doce llamadas perdidas suyas, debía estar preocupadísimo, yo nunca llegaba tarde ni mucho menos lo había plantado. Debía llamarlo, disculparme con él y explicarle lo que había pasado. También debía llamar a Takizawa-senpai para que le dijera a Johnny-san lo que había sucedido. Llamé primero a la agencia, sabía que la llamada sería breve, tras colgar le marqué a Jin. No me sorprendió en lo absoluto que contestara al primer timbre; estaba histérico, sonaba como si hubiera estado llorando… y así había sido. Tras esperarme diez minutos me llamó sin respuesta y decidió ir a buscarme a mi casa, encontró la puerta sin seguro y cuando entró vio el desorden en la cocina y todas las toallas ensangrentadas, como no respondía el celular se preocupó muchísimo; escuché cómo suspiraba de tranquilidad después de que le dijera unas mil veces que yo estaba bien; cuando por fin se calmó me dijo que iba en camino al hospital, así que me senté a esperar… esperar noticias de Ryo-chan y esperar a que Jin llegara.

Aunque fui consciente de que sólo fueron unos quince minutos, sentí como si hubieran pasado horas. El abrazo de Jin me había tranquilizado bastante; él siempre tenía ese efecto en mí. Cuarenta minutos después de que llegamos, por fin el doctor salió para decirnos cómo se encontraba Ryo-chan. Ya habían detenido la hemorragia, sus heridas estaban suturadas y no habían sido dañados ninguno de los nervios de su mano, su nivel de glóbulos rojos había vuelto a la normalidad gracias a la transfusión y podríamos llevarlo a casa por la noche, por ahora debía permanecer en el hospital para tenerlo en observación. Tras explicarme los cuidados y precauciones que debía tomar con él, el doctor nos permitió entrar a verlo.

Aunque estaba inconsciente, sentí un gran alivio de verlo descansar. Me sentía inútil, Jin sujetó con fuerza mi mano al notar mi frustración. Uchi lloraba mientras apartaba delicadamente el cabello en la cara de Ryo-chan. De pronto de giró hacia mí bruscamente y me golpeó con fuerza. “¿Dónde demonios estabas cuando pasó esto? ¿No dijiste que tú ibas a cuidar de él?” me decía furioso mientras yo me limpiaba la sangre de la boca con el dorso de la mano, Jin me ayudaba a ponerme de pie.

Merecía ese golpe. Él tenía razón… si hubiera estado ahí, nada de esto hubiera pasado. Estaba a punto de romper en llanto… no por lo que Uchi seguía recriminándome, sino por todas las cosas de las que me arrepentía.

Uchi me tenía sujeto de la camisa contra la pared, Jin trataba en vano de que me soltara; nunca había visto a Uchi tan enojado. Aquí venía otro golpe… ni siquiera me iba a tomar la molestia de evadir su puñetazo… sólo cerré los ojos y lo esperé.

Una voz débil y pausada diciendo “Uchi detente por favor…” me hizo volver a abrir los ojos. Sus lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas a la vez que repetía “Uchi, por favor… sabes lo que él significa para mi…” cada que sus fuerzas se lo permitían. La fuerza cedió, de nuevo mis pies tocaban el piso… ¿Uchi estaba llorando?… Me soltó aunque era evidente que no quería hacerlo. Su brazo se movió violentamente… de todos modos iba a golpearme… sentí su puño pasar por un lado de mi cara y lo escuché impactarse contra la pared detrás de mi. Uchi salió de la habitación sin mirar a nadie. No entendí muy bien por qué, pero Jin salió detrás de él, parecía preocupado por él, tal vez se había lastimado.

Estaba a solas con él… y no sabía qué hacer. Había demasiadas emociones circulando por mi cuerpo en ese momento. “¿Estás bien Pi?” me preguntó casi susurrando; pensé mil cosas en cuestión de segundos y por fin me decidí… Ya no me importaba nada ni nadie que no fuera él… Me aproximé a su cama pensando en todo lo que me había dicho Uchi, creo que sus palabras en vez de disuadirme de seguir con Ryo-chan me habían despertado para estar con él.

Me senté sobre la cama cuidando de no hacerle daño y sujeté su mano… “Perdóname Ryo-chan… esto no hubiera pasado si yo hubiera estado contigo…”, apreté su mano sólo un poco para no lastimarlo, suspiré para contener las lágrimas y le dediqué una leve sonrisa. “Pero sabes… eso no volverá a pasar… de ahora en adelante siempre voy a estar contigo… quiero estar ahí para ti… si tu quieres…”, mientras cada palabra salía atropelladamente de mi boca, mis lágrimas recorrían mis mejillas para caer y perderse sobre su pecho.

Su silencio me aterró… después noté que sujetaba tan fuerte como podía mi mano… cuando por fin levante la cabeza para mirarlo, él asentía débilmente, sonriendo y llorando a la vez. Y sin nada más ocupando mi mente, me incliné sobre él y lo besé por vez primera. Ahora comenzaría un nuevo día todos los días… a su lado.